.

eqm_151116.

Los editoriales y su credibilidad

Iceta es ese deleznable lider de un socialismo nacionalista y pro independentista [Partido de los Socialistas de Cataluña/PSC] -famoso tanto por sus bailoteos en la palestra política como sus súplicas divinas en favor de ZPedro o la Clinton– que ve con democrático agrado poder sentarse -con otros 22 representantes de su organización- en el máximo órgano entre Congresos del partido estatal fraterno [Partido Socialista Obrero Español/PSOE], el Comité Federal, sin renunciar a una autonomía de tal calibre que le permite evitar que representante alguno del PSOE se siente en el máximo órgano entre Congresos del PSC, su Consejo Nacional.

Este mismo sujeto político es quien acude con sus 22 compañeros del PSC a la última reunión del Comité Federal del PSOE, vota con ellos en contra del criterio que finalmente triunfa y, ni corto ni perezoso, manifiesta públicamente que a su grupo no le vincula tal democrático resultado y, en consecuencia, aceptará lo que autónomamente establezca el órgano equivalente de su catalanista partido, es decir, su Consejo nacional, que, obviamente, aprueba precisamente lo contrario al día siguiente.

Y no contento con eso, se presenta en el Congreso de los Diputados y, ante el estupor de la Gestora del PSOE, despreciando el protocolo la disciplina de voto que desde 1978 tiene pactado el PSC con el PSOE, él y los demás parlamentarios socialistas catalanes votan en contra de lo establecido por el Grupo Parlamentario Socialista, en el que están voluntariamente integrados.

La Comisión Gestora del PSOE, como es lógico, va a revisar su protocolo con el PSC, con el fin de que la asimetría estos catalanistas pretenden imponer al Estado español deje de producirse entre ambos partidos.

Ante esta situación, hay división de opiniones. Los seguidores de Iceta pretenden proseguir con la bicoca, con el apoyo de los sanchistas del PSOE y en dirección a que, como han confesado públicamente en repetidas ocasiones, España se configure en torno a tres naciones: Cataluña, País Vasco y ,parece, el ‘resto de España‘. Por el contrario, se encuentran los que, mayoritariamente,  tratan de consolidar el sentido común de que o el PSC acepta la disciplina del PSOE o hay que reconstituir en Cataluña la antigua Federación Socialista Catalana del PSOE.

Y en estas que El País, aprovechando que Iceta y el sensato Presidente de la Comisión Gestora del PSOE, Javier Fernández, se reunían ayer en Madrid para iniciar las conversaciones de la citada revisión del protocolo, lanza un editorial en el que, entre otras lindezas, suelta que:

“si el socialismo catalán no tiene cabida en el socialismo español es que Cataluña no tiene acomodo en España”

Lo cual, en mi opinión, es gritar a los cuatro vientos hasta dónde ha llegado la pérdida del sentido de la realidad de los medios, tenidos por medulares, a la hora de informar a sus lectores o conformar opinión entre la sociedad en general.

Como si no cupiera otro socialismo catalán que no fuera en el PSC, que, desde que tomó la deriva secesionista y de supremacía moral del catalanismo, va de derrota en derrota hasta aparecer ya como un partido poco menos que testimonial.

Como si su potencial desvinculación con el PSOE fuera determinante para con el futuro de la constitucional pertenencia española de tal Comunidad Autónoma.

Como si el PSOE arriesgara un mundo si decide refundar la Federación Socialista Catalana del PSOE, cuando somos muchos los que pensamos que hay motivos más que fundados para prever que su éxito podría ser espectacular tanto por lo bajo del suelo actual como porque muchos españoles socialistas abandonados a su suerte en Cataluña podrían vovel a confiar en un partido que históricamente estuvo abismalmente distanciado de cualquier especulación nacionalista.

La barbaridad me resulta de tal calibre que estoy convencido de que a determinados medios españoles aún no les ha llegado la constatación de que su largo trayecto de compromiso político con el poder puede acabar -si no lo abandonan pronto- con una debacle de credibilidad semejante a la que han sufrido muchos medios estadounidenses machacando a diario, linchando, la candidatura republicana.

Cataluña está constitucionalmente en España y nadie en su sano juicio político puede pensar que la soberanía española cambie de criterio. El socialismo catalán sigue y seguirá formando parte del socialismo español pero eso se encuentra absolutamente al margen de cómo se denominen los partidos ni quienes sean las personas que lo lideren: lo importante es el proyecto político común.

Mientras los medios deciden hacérselo ver, la opinión publicada y la opinión pública se irán distanciando cada vez más, desgraciadamente.

La tele y las redes seguirán haciéndose con la influencia social que pierden aquellos, pero ese es tema que nada tiene que ver con el rigor informativo y que merece ser tratado específicamente por su propia entidad y como un factor sustancial del populismo de uno y otro signo.

EQM

Patxi López, diputado socialista y expresidente del Congreso, y Miquel Iceta, primer secretario del PSC, el sábado en Barcelona. Fot. de Marta Pérez (EFE)

.

El PSC y el PSOE

Cataluña cabe en España, el socialismo catalán cabe en el español

Editorial de El País, 141116.

El PSC y el PSOE son dos partidos hermanos que atraviesan una profunda crisis de relación. Una crisis desarrollada a la luz del día, desencadenada por la discrepancia sobre la abstención en la investidura de Mariano Rajoy. Y que se exacerbó por la ruptura del PSC del voto debatido y decidido en la instancia correspondiente, el comité federal del PSOE, en la que participan ambos y a ambos obliga. O debiera obligar, por lealtad mutua, en ese caso olvidada.

El posterior congreso del PSC, al que insólitamente y en un signo de desconexión no asistió una representación de la gestora del PSOE, no arregló las cosas: enfatizó propuestas radicales como la de una República federal o una convergencia de izquierdas que —aunque retóricas— comprometen también a su partido hermano. Aunque el primer secretario del socialismo catalán, Miquel Iceta, se ha empeñado después en reducir las tensiones.

Las dos direcciones buscan ahora, hoy mismo, una salida al problema. La fórmula orgánica que alcancen para suturar las heridas es cuestión que a ellas compete. No debiera costar tanto, pues pese a su notoriedad, la crisis actual es solo la segunda relevante en casi 40 años, una frecuencia manejable.

Pero el imperativo de que, con uno u otro mecanismo, resuelvan su desavenencia interesa a todos los ciudadanos: socialistas o no, votantes o rivales. Porque si la salida fuese de fisura o fractura, el desenlace a todos perjudicaría.

En efecto, si el socialismo catalán no tiene cabida en el socialismo español es que Cataluña no tiene acomodo en España. Porque el PSC es un gozne clave entre la Cataluña ansiosa de autogobierno y la España constitucional que se quiere acogedora e inclusiva.

Si el PSC sale de la órbita central del PSOE, ya por fuego amigo, ya por incuria propia, el diálogo territorial, el federalismo y la reforma constitucional abonados por todo el socialismo carecerán de credibilidad. Y todos perderán. Igualmente, si un socialista catalán no pudiese propulsarse como candidato a la presidencia del Gobierno por el conjunto de su familia —un imposible si el PSC quedase enajenado de los organismos federales—, será casi imposible que cualquier catalán lo sea: defecto de la democracia española que sería internacionalmente reprochable y contribuiría a legitimar al llamado procés soberanista catalán. De hecho, no ha habido ningún primer ministro catalán desde el general Prim, hace ya algún tiempo. Mejor que nadie juegue con fuego.

La familia socialista necesita un buen mecanismo de resolución de litigios internos, que por otra parte suelen registrarse en los partidos democráticos. Mecanismos solventes y no meramente burocráticos o administrativos. Recuerden los más jacobinos que el paradigma de que el partido se fortalece purgándose pertenece a la galaxia estalinista, más que a la cultura socialdemócrata. Y los más federales, que la inclinación a escoger solo los derechos de participación y rehusar los deberes concomitantes es una frivolidad. Mejor que todos sean serios.

••

•••

 

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios