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eqm_181116.

De la mayoría silenciosa al borreguismo

  • ¿Cómo compatibilizar el sistémico engaño de las campañas plebiscitarias con los falsos análisis derivados del empleo de un sentido común que ya no lo es?
  • ¿Cómo exigir la verdad de/a un electorado inmerso por los candidatos en la corrección política?
  • ¿Cómo esperar sensatez desde el imperio del engaño?

Desde que se han producido los fenómenos sociológicos del Brexit, el refrendo colombiano sobre las FARC o las elecciones presidenciales de EEUU, el establishment, los tres poderes no formales -y ya tradicionales- en las democracias occidentales –mercado, políticos y medios– no han hecho, hacen, otra cosa que acusarse, interna e externamente, de utilizar la mentira como instrumento de manipulación de la ciudadanía.

Cuando llevamos décadas soportando el engaño como moneda de cambio constituyente de esta nueva sociedad basada en una corrección política que todos saben que es radicalmente contraria a lo que tradicionalmente se ha considerado como sentido común.

O del vamos a decir y predicar lo contrario de lo que, en verdad, considera precisamente el común, como estrategia para que el ciudadano acepte la idicocia como animal de íntima compañía a cambio de que sienta que su bienestar se incrementa en proporción a su bobalicona tolerancia.

Bastaría con proponer al Guinness que averiguara quién ha mentido, está mintiendo, más, para saber de la estrafalaria, repugnante y suicida sociedad en que nos hemos convertido.

De tal suerte, deberíamos llegar a la conclusión de que, siendo tan culpable el que da como el que toma, aquí no se libra ni Dios del consciente, rotundo y masivo abandono de la verdad.

Hemos invadido nuestro mundo de tanta y tan cotidiana mentiras, egoísmo, incultura, idioteces, basura, intereses sectarios e incluso miedo y cobardía, que ya no queda prácticamente nadie que se encuentre en condiciones de salir por sí mismo de este embrollo ni tampoco con la esperanza de que unas nuevas élites le saquen de él.

Al ciudadano ya sólo le queda, pues, la posibilidad de aprovechar las consultas para bramar, pero sólo si siente que su capacidad para disfrutar del último iphone ha disminuído. Y eso es, precisamente, lo que está ocurriendo en esta convulsa época, porque la oligarquía de turno ha calculado mal sus habituales excesos y ha dañado a la clase tolerante y plácida donde más le duele: en el consumo de todo aquello que puede apetecer un ciudadano instruído en la pura bobería.

No se trata sólo, por tanto, de la reaparición de un populismo inherente al descontento popular, que también, sino de la conjunción del desnortamiento del poder, la analfabetización generalizada, la invasión de ingente cantidad de medios desnortadores, la tecnología facilitadora de la masiva comunicación irreflexiva, lenguaraz e insultante y de una economía global ineresada únicamente en que el ciudadano consuma inutilidades que le ayuden a enmudecer.

¿Qué ha ocurrido? Muy sencillo: los tres poderes fácticos se han estrellado al fallarles su estrategia. Los políticos, los mercados y los medios se han acabado creyendo sus propias mentiras. Con la implosión, la gente ha optado por las promesas que apuestan por una defensa del proteccionismo, es decir, por una vuelta a la defensa grupal de lo propio frente a la fallida quimera de la internacionalización de la bondad y de la solidaridad pagada por los impuestos de los electores.

La viñeta, habla de España porque este nuestro país está repleto de falsedades, engaños y puertas giratorias protagonizados por la economía global, la oligarquía política y la mass media. Contamos con cientos de ejemplos, pero el más grave, en mi opinión, es haber conseguido liderar el top de los Estados occidentales con peor educación pública. Y cuando la estupidez se convierte en consusbtancial, todo es posible.

Estoy próximo a cansarme de llevar ya tantos años pormenorizando barbaridades sin cuento a tal propósito. Hoy me limitaré a señalar una de las últimas desvergüenzas que trae consigue la presente legislatura, abierta oficialmente ayer por el Rey, entre significativas payasadas y lamentables desplantes de nacionalistas, independentistas y mochileros.

Como saben vds a PP+C’s le faltan 5 escaños para poder sumar los 175 precisos para aprobar los próximos Presupuestos del Estado. Pues bien, parece que esos cinco escaños serán los que provendrán del Partido Nacionalista Vasco que, a cambio, recibirá no menos de 1000 millones de las arcas del Estado para así incrementar las diferencias en favor de la ciudadanía vasca, que ya goza de un status privilegiado merced a unos pactos, conciertos, cupos, falsamente ‘históricos’, en detrimento del resto de los españoles.

En un país regido por gente merecedora de tal distinción eso jamás ocurriría porque al principal partido de la oposición -en este caso el PSOE– le hubiera faltado el tiempo para ceder esos meros cinco votos favorables para evitar que el bipartidismo tuviera que alimentar al nacionalismo -como viene ocurriendo desde 1978- con más dinero del contribuyente.

Ya digo, criando desnortados acabas desnortándote.

EQM

Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] en El Mundo, 171116.

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Los desafíos del ‘Brexit’ y de Trump

Henry Kamen en El Mundo, 171116.

El hecho de que algunos separatistas catalanes, entre ellos Artur Mas, hayan elogiado la victoria de Donald Trump en las elecciones norteamericanas, como si fuera el camino a seguir en la lucha contra el establishment político, revela los abismos increíbles a los que ha caído el discurso político en los últimos meses. Con demasiada frecuencia, los comentaristas se han referido a la inesperada victoria de Donald Trump como si fuera consecuencia de un recrudecimiento del populismo en las democracias occidentales. Se ha sugerido que la gente común se ha rebelado contra las políticas apoyadas por los políticos tradicionales, y ha preferido poner su fe en una alternativa radical.

Sin embargo, la situación tiene muy poco que ver con el populismo. Más bien, sugiero que la no inteligencia, fomentada por ciertas tendencias, se ha hecho con el control del proceso político. Esta semana, en los principales periódicos conservadores del Reino Unido, los columnistas han ventilado su cólera contra los críticos de Trump y los han identificado con los enemigos del Brexit. Para estos periódicos, Trump es el gran héroe del Brexit. Sabemos que Trump mismo se ha referido a su victoria como un triple Brexit. Pero hay algo fundamentalmente malsano en un proceso político donde el símbolo del éxito, en las dos principales naciones occidentales, es una persona pública que se distingue por su hostilidad a la inteligencia.

No culpemos exclusivamente a Trump. En particular, debemos hacer hincapié en el fracaso total del establishment político. ¿Quién pensaba que después de ocho años de un Gobierno de Obama, que debía traer la paz y la justicia social, los votantes de los EEUU no tendrían ningún motivo de gratitud hacia el mismo? ¿Quién pensaba que el Partido Demócrata lograría perder no sólo la Presidencia sino también las dos cámaras del Congreso? El análisis de la votación en las elecciones muestra claramente que no podemos hablar de populismo, sino más bien de una notable incapacidad del Gobierno de Obama para hacer algo sustancial para los votantes trabajadores y de bajos ingresos, tanto blancos como negros, que eran los partidarios tradicionales de los demócratas. Obama parece no haber estimulado ningún optimismo entre su público más fiel. A pesar de todos los titulares desfavorables que rodean a Trump y su actitud hacia las mujeres, éstas no quisieron apoyar a Hillary Clinton, quien firmó un resultado peor de lo esperado entre las mujeres, los hispanos y los afroamericanos. El apoyo a los republicanos entre los hispanos fue mayor que en las últimas elecciones presidenciales. Lo peor de todo es que tampoco hubo entusiasmo significativo para Clinton entre las personas mayores y los jóvenes: en ambas categorías, votaron por ella menos personas de las que lo habían hecho por Obama.

Del mismo modo, en Inglaterra la élite laborista que debería haber organizado a sus votantes para defender sus principios se mostró completamente incapaz de oponerse a la propaganda a favor del Brexit. Los votantes con ingresos bajos se consideraron abandonados por quienes esperaban haber sido defendidos. En amplias zonas del este de Inglaterra y del sur de Gales, la gente empleó el referéndum no con el fin de hacer una elección sobre Europa, sino para expresar su descontento con el declive de su condición social.

Eso nos lleva al hecho central: en los Brexits, tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido, las formaciones políticas que han triunfado han optado por buscar el apoyo de los votantes a través del engaño. En ciertas tendencias populistas de Europa, ciertamente ha habido un rechazo deliberado de la inteligencia, incluso hasta el punto de rechazar cualquier formulación de ideas políticas serias. En los Brexits, sin embargo, ha habido un rechazo mucho más amplio de la inteligencia, adoptando posturas que apelan abiertamente al prejuicio popular. En Inglaterra, los partidarios del Brexit no sólo difundieron falsedades, particularmente sobre inmigración, sino que también hicieron promesas que no tenían intención de mantener, como financiar la Seguridad Social.

En Estados Unidos, la campaña de Trump siguió el mismo camino. Tanto sus discursos como sus declaraciones públicas se sustanciaron en frases quebradas, de tal manera que el contraste con la presentación altamente intelectual de los discursos de Hillary Clinton fue llamativo. Casi todos los aspectos de la promesa de Donald Trump de “hacer grande a América” se enraízan en la no inteligencia. Sus promesas de “construir el muro” (con México) y detener la inmigración (de musulmanes) ya ni se mencionan, porque ya ha conseguido atraer al votante que quería un cambio. El rasgo central de la política no inteligente fue, por supuesto, la proyección dada al “payaso”, ya sea en forma de Trump o, en Inglaterra, de Boris Johnson. El cabello desordenado de Johnson y el exuberante de Trump tenían papeles comparables. Trump nunca pronunciaba una sola frase inteligible: sus mensajes siempre estaban formulados en declaraciones incompletas. No es extraño, por tanto, que haga un uso intensivo de Twitter -esa famosa herramienta literaria de alfabetismo limitado- para expresar sus pensamientos. Queda por ver si el personal de seguridad de la Casa Blanca le permite seguir usando Twitter.

Muchas personas, por supuesto, se han sentido encantadas con los dos Brexits, que representan en cierta medida una revolución contra los ricos y poderosos. Los Clinton gastaron mucho más dinero en su campaña electoral que Trump y fueron apoyados poderosamente no sólo por los jefes del Partido Demócrata, sino también por muchos líderes republicanos, entre ellos, plutócratas de Wall Street y altos ejecutivos de las grandes corporaciones de Estados Unidos. Trump tuvo que luchar contra todo el mundo, incluyendo a todos los intelectuales universitarios y las grandes estrellas del cine y de la música. En contra de todas las predicciones, ganó. De la misma manera, el amigo de Trump, Nigel Farage, dirigió en Inglaterra un movimiento que hace pocos años casi no tenía apoyo público. Ahora ese movimiento ha despertado la sensibilidad de los trabajadores y los ha exhortado a expresar sus preferencias, aunque no tengan ni idea de hacia dónde se dirigen.

La verdad es que las dos naciones más poderosas del mundo atlántico están ahora en un serio aprieto. El Reino Unido se encuentra al borde del precipicio, con un Gobierno decidido a saltar el acantilado, incluso ignorando las consecuencias de esta acción. La economía británica puede colapsar y su estructura política puede terminar siendo difusa. Pero su Gobierno, firme en la creencia extraña de que está llevando a cabo una decisión democrática, es poco probable que preste atención al sentido común. Estados Unidos atraviesa también una fase de no inteligencia. Estos días, muchos columnistas estadounidenses han escrito artículos en los que avisan que Trump está a punto de destruir el país. Con pleno control de ambas cámaras, Trump se encuentra a un paso de obtener el control mayoritario del Tribunal Supremo. Con todo ese poder en sus manos, en los próximos meses podrá poner en marcha medidas que cambiarán el rostro de América. Nigel Farage dijo al público inglés esta semana: “Ahora tenemos un presidente al que le gusta nuestro país y entiende nuestros valores después del Brexit. Prepárense para futuras sorpresas políticas”. ¿Sucederá? Mi opinión personal es que no, pero hay muchos que están mejor informados que yo y que piensan que sí. De una manera u otra, los dos Brexits han creado una situación que, sin duda, cambiará la historia del mundo.

Henry Kamen es historiador británico.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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