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El repugnante linchamiento de una gran Alcadesa

El lunes, Rita Barberá, Alcaldesa de Valencia desde 1991 a 2016, con mayorías absolutas durante estuvo a punto de caerse se bruces a las puertas del Tribunal Supremo, mientras escuchaba cómo la chusma le insultaba impunemente al grito de ‘borracha’ y ‘ladrona’.

Quizás fue el aviso que su cuerpo anticipaba porque ya no podía más.

Expulsada de su partido como puta escoria, linchada durante meses por la inmensa mayoría de los medios y agraviada constantemente por toda la izquierda como diana-icono de la corrupción de la derechona, ayer su corazón dijo basta y dejó de latir.

Ella, que había ido a declarar voluntariamente ante Cándido Conde-Pumpido -quien fue Fiscal General del Estado con el arruinador ZP- porque el Tribunal Supremo quería investigar si los 1000 euros [sic] que había donado a su partido formaban parte del presunto blanqueo pepero que algunos dicen podía consistír en que te lo devolvían con dos billetes negros de 500.

Y, deduzco, como repetían machaconamente los medios, que, en consecuencia, ella quizás algo debería saber de tamaña supuesta trama de la que, digo yo, quedaba claro que ignoraba por completo el Presidente de su partido, como en otros sonados procesos. Encantador.

Como les cuento.

Barberá comienza a sentir el avance de la demagogia populista cuando en 2015 Compromis abre una web –ritaleaks, que a día ayer seguía abierta- para vejarla permanentemente con el objetivo de mermar su tirón popular. La citada web fue presentada en sociedad en la propia sede de la Coalición por Joan Ribó y Mónica Oltra, quien afirmó, entre otras lindezas, que «esta persona no tiene límite, está descontrolada y es insaciable» y «no sabemos si ha habido gasto en el mueble bar o en el spa. Se daba la vida padre a costa de todos. No sabe distinguir entre su dinero y el dinero de los demás».

A partir de entonces, como digo, no ha habido día en que -con el apoyo de los medios progres- no la hayan acusado de todo, gratís total y sin poder probarle nada, a base de un permanente linchamiento por goteo.

Y, repito: que el benefactor Mariano -con la popular complicidad de Isabel Bonig en Valencia- ha sumido a Rita en el abandono más bestial ante tal linchamiento generalizado por tal investigación sobre 1000 euros, nadie tiene la menor duda. Con su desgraciada muerte, Rita ha sustituído a Francisco Camps como icono de la desvergüenza moral del país y, en particular, del PP.

No hay más que ver hoy en la tele a los plañideros -incluído el Mariano- y plañideras del PP que anteayer ni la saludaban por los pasillos. El único de los suyos que ha estado a la altura ha sido Aznar.

Sobre la catadura de Chimo Puig, Presidente de la Generalidad; Joan Baldoví; Joan Ribó, actual Alcade de Valencia, y tantos otros, me reservo la primera fila del entierro para enrojecer de vergüenza ajena si osan aparecer por allí.

Del cainismo podemita, sólo felicitar a sus votantes por el retrato que de ellos ha confeccionado Pablemos con su deleznable actitud en el Congreso.

De la repugnante escoria de los mass media con motivo de su fallecimiento, aunque es difícil elegir entre tanta infame basura, me quedo con los los twitter de El Jueves, que definen el estado de depravación moral en que nos encontramos.

Un país demente al que nadie pone en tratamiento.

EQM

pd. Los innumerables gestos de hipocresía bipartidista en los próximos días reflejarán con nitidez la corrupción ética y moral en la que PP y PSOE están inmersos.

Mientras tanto, los Pujol, de paseo por Las Ramblas y el Delegado del Gobierno de barcelona, de Embajador plenipotenciario…

Por otra parte, ya en su momento critiqué duramente la exigencia de Ciudadanos contribuyendo al linchamiento de Rita barberá y a que, a corto plazo, se dedique a la política quien no tenga otra cosa que hacer para subsistir.

Repugnante.

Ahora bien, de ahí a decir que la culpa de que el benefactor Mariano se haya comportado repugnantemente la tiene C’s porque de lo contrario el poder hubiera quedado en manos del destructor ZPedro y sus amigos mochileros, va un techo demasiado largo para cualquier sentido común.

La responsabilidad de la repugnante actitud del PP la tiene Mariano, como están señalando la práctica totalidad de los medios. E insisto: no hay más que verles la cara que ponían ayer para saber que tales rostros cargaban con su conciencia hecha polvo.

Así se despide de ella El País, en su portada de hoy, con la consideración que le merece la presunción de inocencia y después de haberle dedicado una hemeroteca que hará las delicias a los amantes de la objetividad:

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El blanqueo del sepulcro

Arcadi Espada en El Mundo, 241116.

Desde primera hora de la mañana de ayer observé un negro toro de pena rondando entre los dirigentes del Partido Popular, que en el Congreso o en las cercanías del Hotel Villa Real donde había muerto Rita Barberá se dejaban entrevistar por las cámaras para decir cuánto la querían y qué gran alcaldesa fue.

La relación de los españoles con la muerte es un asunto fatigoso; y es un asunto universal la hipocresía del sepulcro blanqueado. Hace un mes el presidente Mariano Rajoy había dicho de ella, encogiéndose de hombros, en el mejor de sus estilos: «Ya no es del PP». Un día antes el joven Javier Maroto le había preparado el terreno: «Rita Barberá no tiene dignidad». O sea que no nos engañemos. Los dirigentes del PP no estaban ayer llorando por Rita Barberá, sino por ellos mismos.

Lo que les dolía no era el muerto, sino que el muerto les echara inexorablemente a la cara su contrastada falta de dignidad. En sus pucheros, además, había una última requisitoria contra la finada. Joder, ya podría haber elegido otro momento de morirse, con lo sensible que es el pueblo a la falacia post hoc ergo propter hoc, que en este caso quiere decir murió después de declararse inocente. O de no morirse, ¡un esfuercito!: de aguantar el tipo como Paco Camps, al que, chico, después de que lo matásemos ya no hay forma humana de que se muera.

En cualquier caso los dirigentes del PP tienen abundantes motivos para llorar y seguir llorando. En el fondo, lo de menos son las declaraciones más o menos apasionadas de los mozalbetes. Hay quienes para prosperar suben a hombros de gigantes y otros que suben pisoteando cadáveres. Es el negocio. De Maroto y de tantos. El llanto inconsolable es político. Es difícil saber de qué ha muerto Rita Barberá. Hasta para los médicos que examinen sus restos y analicen su historia clínica será difícil dar con el conjunto de causas y ponderar en el conjunto que estuviera gorda, que fuera exfumadora o que hubiese sufrido un episodio de ansiedad a causa de sus problema judiciales. Incluso habrán de ponderar que viviera sola, que no se cuidara y se alimentara en exceso de la pornografía política televisiva.

Ahora bien, no es difícil saber que ha sido el populismo el que convirtió a Rita Barberá en una política indigna. Aunque es preciso establecer una puntualización urgente. No fueron el populismo podenco ni la pornografía mediática los que acabaron con ella. Ciertamente: Rita Barberá, acusada de blanquear mil euros, se había convertido en un icono de la corrupción. Algún siniestro programa de la cadena Sexta sacaba su cara clavada cual mariposa podrida cada vez que se hablaba de cualquier corrupción, aquí o en Pekín. Y el partido Podemos culminó ayer mismo una sostenida tarea de destrucción, utilizándola, ya cadáver, para denunciar la llamada pobreza energética.

Pero mientras el populismo queda recluido a esas granjas, el daño que provoca es limitado. La vida y hasta la belleza prosperan en el excremento. El problema es cuando otros políticos y otros medios actúan nublados por el humo de chusma. El problema del populismo son las 169 portadas que el diario El País dedicó a demostrar la culpabilidad de un inocente llamado Francisco Camps. El problema del populismo es que el Partido Popular decidiera que una imputación (o investigación, como la llaman ahora) era suficiente para que Rita Barberá abandonase la vida política. Una decisión, por cierto, en la que influyó la radical exigencia de Ciudadanos, mucho más grave cuando este partido se distingue o se quería distinguir por practicar una política absolutamente refractaria al populismo.

Lloran por sí mismos. Han tenido mala suerte, cabe reconocerlo. Si Barberá hubiera muerto de un accidente de tráfico, cuánto más mesurados no habrían sido sus juicios, cuánto más anecdóticas y solapadas sus lágrimas. Incluso si hubiera muerto en Valencia, ha de vuelta… Pero no. Ha sido en el propio Madrid, un día después de declarar por mil euros, a dos pasos del templo de la soberanía popular, sola y apestada en una habitación de hotel.

Comprendo la mala conciencia derramada, la comprendo. El escenario dispuesto por la muerte es de un simbolismo barroco cargado e insoportable. Pero harían bien en contener las lágrimas y dejar de buscar en ellas redención. Llorar es a veces muy narcisista. Llorar es a veces mira cómo estoy llorando. Y las emociones, el único modo de pensar del populismo. Entiérrenla, olvídenla y pónganse a trabajar. Porque la democracia está imputada.

Ilustración de ‘Ulises‘ [México, 1963] en El Mundo, 241116.

Rita rodeada de odio

Raúl del Pozo en El Mundo, 241116.

Ha muerto Rita Barberá, dos días después de haber comparecido ante el Tribunal Supremo por blanqueo de capitales, minutos antes de que se iniciara la primera sesión de control al Gobierno.

Rita era el canon, la cofundadora de AP. Le invocaban como a la gran diosa madre del PP y luego han tapado su espectro en el Senado. Se apartaban de ella en los pasillos, le negaban el saludo como a una leprosa; así tratan los políticos a sus contables y recaudadores. El presidente del Gobierno le hizo un epitafio urgente: “Dio todo por Valencia y por el Partido Popular”. La senadora murió en un hotel a 50 metros del palacio de San Jerónimo y el suceso conmocionó a una clase política que se divide en acusados y acusadores.

“No podemos esperar que la bruja se acuse a sí misma. Por consiguiente debemos fiarnos de sus víctimas”, escribió Arthur Miller en su obra sobre las persecuciones como metáfora del macartismo. Rita se convirtió en la bruja propiciatoria, la corrupta número uno; sufrió escraches diarios. Esas coacciones se han prolongado en un cobarde e infame acoso en las redes instantes después de su muerte. Ha sido impresionante la mala sangre que se ha desplegado en la cloaca social; estamos rodeados de psicópatas. El grupo parlamentario de Podemos salió del Hemiciclo durante el minuto de silencio. “Un minuto de silencio es un homenaje”, comentó Pablo Iglesias en la M-30. Allá películas.

Este país está enfermo de odio y esa patología se traslada al Congreso y al Senado. El parlamentarismo agresivo y fanático se ha extendido a las tertulias de radio y televisión; circula la demagogia a granel, las estampidas y estrépito de los jabalíes. Desde hace casi un año, San Jerónimo no es una Cámara sino un teatro de variedades, entre el absurdo y el pánico. Irene Lozano retrata el Congreso de los Diputados como la “Cámara mortecina y tediosa” que se rige por un reglamento antiguo, no reformado en más de 30 años, inadecuado para la era de la información. Pero esa insuficiencia de debate real y un reglamento arcaico le da al Hemiciclo un aspecto de parque de atracciones, un Hyde Park con oradores extravagantes.

Anteayer, los independentistas se retrataron delante de las columnas y los leones para desafiar a la Justicia; en esa misma jornada la ausencia de cinco diputados de la izquierda frustró la propuesta de ampliar el derecho de voto a los mayores de 16 años. Los puñales no están en las manos como en el Senado romano, están en las palabras de una generación envenenada de rabia que no sufrió los horrores de la Guerra Civil ni de la posguerra. La justa lucha contra la corrupción se ha transformado en comité de falsos incorruptibles, no ya con la amenaza de la pena del telediario, sino con la guillotina de los platós. Cuando las televisiones, las redes y los periódicos convierten a alguien en chivo, como ya advirtió Bertrand Russell, la batida se semeja a la caza de brujas medievales, con la gente sintiendo el placer inmenso de presenciar como se lincha al prójimo.

En las elecciones municipales del año 1991, consiguió ser elegida alcaldesa de Valencia el 5 de julio de 1991, gracias al apoyo del partido regionalista Unió Valenciana. Desde el año 1991 fue reelegida en las sucesivas convocatorias electorales (1995, 1999, 2003, 2007 y 2011), en todas con mayoría absoluta.

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Fulgor, escarnio y muerte de la ‘alcaldesa de España’

Fue la ‘alcaldesa de España’ y murió como una apestada. En los tribunales y expulsada de su partido. Un epílogo cruel para Rita Barberá, quien encarnó a una de las figuras más relevantes de la derecha española en las últimos tres décadas.

Jose Alejandro Vara en vozpópuli, 231116.

El lunes se había caído al hacer entrada en la sala del Supremo que la investiga por el caso del ‘pitufeo’ en el Ayuntamiento  de Valencia que presidió durante 25 años. Cinco mayorías absolutas la convirtieron en la ‘alcaldesa de España’, como le aclamaban con entusiasmo en el PP. Salió del edificio judicial entre gritos de “borracha” y “ladrona”.  Ensimismada, con la mirada perdida, un rictus de sonrisa enajenada en el rostro y muchas prisas por sumergirse en el taxi rumbo al refugio de su hotel. El mismo hotel donde el presidente de todos los catalanes y una cola de separatistas y adjuntos se había concentrado este martes para clamar contra las sesión parlamentaria en la que el Congreso iba a proceder al trámite de dar el plácet para que precisamente el Supremo abriera una investigación a diputado Francesc Homs por desobedecer al Constitucional. Otro aforado frente a la ley.

Este martes, Rita Barberá no apareció por el Senado, que celebraba sesión de control. “No pongo la mano en el fuego por nadie”, había declarado en esas horas Alberto Fabra, su excompañero del PP y anterior presidente de la Comunidad.  De ‘súper Rita’ a la gran deshonra. De la veneración general de su partido, al desprecio. De la gloria, al infierno. “Quizás se arrepientan quienes tanto la han atracado sin ni siquiera haber sido condenada”, explicaba este miércoles el ministro de Justicia. Ninguno de los investigados en ese asunto, ni los que recibieron el dinero negro ni quienes tan sólo hicieron su aportación, la involucraron directamente en esos hechos.

Expulsada del PP

Rita Barberá había sido expulsada del partido hace un par de meses, en septiembre, justo en el momento en el que el Supremo decidió abrir la investigación sobre el ‘affaire’ del presunto blanqueo. Mariano Rajoy había mantenido su firme actitud de no defenestrarla hasta que se cumplieran los trámites judiciales que mencionan los estatutos de su formación. Sin imputación, no hay suspensión. Y sin juicio oral, no  hay expulsión. Las presiones de sus socios de Ciudadanos y el ostensible malestar interno en el PP, donde algunos de los jóvenes ‘cachorros’ de Génova habían reclamado airada y públicamente su cese, engrasaron la toma de decisiones.

Nunca debió volverse a presentar, comentan en círculos del PP. Barberá no quería, añaden. Era consciente de que jamás conseguiría otra mayoría absoluta. Gobernar con ‘geometría variable’, le daba urticaria. Ni siquiera lo consiguió. Un acuerdo entre el PSOE y Compromís le arrojó del Consistorio, pese a haber sido la candidata más votada. En esas elecciones de mayo de 2015, el PP fue barrido de algunos de sus bastiones municipales y regionales. Valencia fue uno de ellos. La alcaldía de Madrid, otro. “Qué hostia, qué hostia”. Una cámara delatora recogió las palabras Barberá, abrazándose a uno de los suyos al conocer el resultado del escrutinio.

Periodista del diario “Levante”, entre otros medios, hija periodista, Rita Barberá entró en política en los albores de la transición. Se sumó a las huestes de Alianza Popular. Pasaría luego al PP donde militó toda su vida hasta la expulsión. Un final trágico, confesaban en su entorno. Rajoy, con quien siempre mantuvo relaciones fluida, le otorgó el último gesto de afecto político al hacerla senadora tras el revolcón electoral. El pasaporte al aforamiento por lo que pudiera pasar. La Comunidad Valenciana ha sido, junto con Madrid, el escenario de los episodios de corrupción más sonoros de cuantos han sacudido al PP. Gürtel, Imelsa, Taula, y hasta ‘Noos’, son algunos de los jalones de la vergüenza. “Han puesto a Valencia en el mapa”, era la frase más escuchada en aquellos tiempos de esplendor. Fórmula 1, los rutilantes edificios, Grandes Museos, instalaciones restallantes…Valencia quería borrar a Barcelona del ‘top’ de la gran capital del Mediterráneo. Un precio demasiado elevado, una gestión a mitad de camino entre los aciertos y el delirio.

Estaba en el hotel en Madrid, junto a su hermana y su sobrino, cuando sobrevino el infarto. Sumida en una depresión, según sus amistades, apenas salía de casa, mantenía mínimos contactos con la gente de su partido. No querían saber nada de ella. En la solemne sesión de apertura de las Cortes, hace unos días, saludó a Sus Majestades, como una más. Se le acercó luego Carlos Floriano, y pocos más. Ante el denso enjambre de cámaras y objetivos, sus compañeros del PP esquivaron el roce con quien “ya no es de los nuestros”, “ya no es del PP”, como recordaban en Génova este mismo lunes.

Cambió Valencia de arriba abajo en sus cinco lustros de alcaldía. Resuelta, valiente, osada, vivía para su ciudad y sus vecinos la premiaban, cada cuatro años, abarrotando las urnas con las papeletas del PP. No debió insistir. “Tenía que haberse retirado tranquilamente tras su último mandato. Era consciente de que sólo le esperaban tiempos difíciles, momentos duros”, confiesa un veterano del PP valenciano. “Se lo pidieron y no supo decir que no”.

Y sobrevino la catástrofe, la derrota y, luego, el escarnio público y hasta el desprecio personal. Fulgor y muerte de una de las personalidades que han marcado la vida municipal de nuestro país en las últimas décadas. Vivió y apuró los años de vino y rosas, en las que el dinero manaba sin mesura y los gastos no tenían que justificarse. Una locura que a todos envolvió, en Valencia y en media España. El PP ha perdido 3,5 millones de votos. También perdió Valencia, su ciudad, su fortín, su símbolo, el lugar en el que el candidato de la derecha se transmutaba en un ser superior con los llenazos de la plaza de toros en cada cierre de campaña. “No hay mítines como los de Valencia, es algo indescriptible, irrepetible”, confesaba un dirigente de Génova.

Triste, abatida, enajenada y solitaria. Así ha sido el punto final a una de ‘la alcaldesa de España’, uno de los nombres más sobresalientes de la derecha española desde la transición. Lucha ahora el PP por recuperar su pulso en una Comunidad y en una Ciudad que creyó su reducto, su cortijo, su territorio particular. Isabel Bonig es la encargada de rescatar a su partido del fondo del cenagal en el que está postrado. Una aventura hercúlea con un horizonte incierto.

Fuente: Wiki y elaboración propia [EQM].

rita-barbera_4Resultados de Rita Barbera como candidata al Ayuntamiento de Valencia durante su etapa de mayorías absolutas: 1995-2015. En 2016, Barberá logró por sexta vez consecutiva que el PP fuera el partido más votado pero esta vez muy lejos de la mayoría absoluta. Vía vozpópuli.

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María Rita Barberá Nolla (Valencia, 16 de julio de 1948-Madrid, 23 de noviembre de 2016 )

Política española, alcaldesa de Valencia durante 24 años, entre 1991 y 2015; diputada por Valencia en las Cortes Valencianas entre 1983 y 2015; y senadora por designación autonómica desde el 2015 hasta su fallecimiento. Estuvo afiliada a Alianza Popular (AP) y a su sucesor, el Partido Popular (PP) durante cuarenta años, entre 1976 y 2016, cuando se dio de baja.

Hija de Carmen Nolla, heredera de la empresa de cerámica Fábrica de Mosaicos Nolla y José Barberá Armelles, periodista y político valenciano en la época franquista. José Barberá fue corresponsal en Roma de El Siglo Futuro, trabajó en el diario Levante, en 1940 fue director de El Correo Gallego, y en 1953 dirigió el periódico La Jornada fundado por el Movimiento Nacional en 1941. Fue Presidente de la Asociación de la Prensa valenciana durante 30 años y concejal del ayuntamiento de Valencia.

Rita Barberá era licenciada en ciencias políticas, económicas y empresariales por la facultad de ciencias económicas de la Universidad de Valencia y en Ciencias de la Información en la rama de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Como periodista trabajó en Radio Valencia y como redactora de tribunales y urbanismo en el Levante. Era funcionaria de profesión, ya que ganó por oposición una plaza en el extinguido cuerpo especial de economistas sindicales.

Afiliada a Alianza Popular en 1976, fue la copromotora y cofundadora del partido en Valencia. En 1987 fue cabeza de lista por Valencia en las elecciones a las Cortes Valencianas de 1987 y candidata propuesta por Alianza Popular a la presidencia de la Generalidad; la candidatura de Alianza Popular obtuvo 476 000 votos en la comunidad autónoma, algo menos de la mitad que los obtenidos por el PSOE, liderado por Joan Lerma.

En el año 1983 se convirtió en diputada en las Cortes Valencianas, cargo que desempeñó hasta 2015. Desde febrero de 1993 era miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Popular, llegando a ser una de las mujeres más destacadas del partido en la Comunidad Valenciana, y en el conjunto de España.

En las elecciones municipales del año 1991, pese a la victoria electoral de la entonces alcaldesa socialista Clementina Ródenas, consiguió ser elegida alcaldesa de Valencia gracias al apoyo del partido regionalista Unió Valenciana. Desde el año 1991 fue reelegida en las sucesivas convocatorias electorales (1995, 1999, 2003, 2007 y 2011), en todas con mayoría absoluta. En 2007 obtuvo su mejor resultado con el 56,67 % de los votos y 21 concejales frente a la candidata socialista Carmen Alborch. Para las elecciones locales del 2015 volvió a ser proclamada candidata por el Partido Popular, pero perdió la mayoría absoluta y la alcaldía. Debido a su condición de alcaldesa de Valencia, fue presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias, cargo que ocupó de 1995 a 2003, fecha en la que pasó a ocupar la vicepresidencia.

En junio de 2008, fue la presidenta del XVI Congreso del Partido Popular, celebrado en la ciudad de Valencia. Se le propuso en dos ocasiones encabezar las listas del PP al Congreso de los Diputados por la provincia de Valencia, para las elecciones generales de 2008 y de 2011, ya que según las encuestas era una de las políticas con mejores valoraciones para la ciudadanía, pero en sendas ocasiones Rita Barberá rechazó la propuesta.

La llegada del AVE a Valencia, la ampliación del puerto, la ampliación de la red de Metrovalencia, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, las dos ediciones (32ª y 33ª) de la Copa América de Vela o la ampliación del Jardín del Turia son algunas de las actuaciones más importantes que se realizaron en la ciudad durante su mandato.

En sus más de veinte años como alcaldesa de Valencia, el nombre de Rita Barberá apareció en diferentes casos de corrupción política, como Gürtel, Emarsa, Nóos o Imelsa. Por mucho tiempo no fue imputada en ninguno, aunque sí que tuvo que declarar como testigo por algunos. Sin embargo, tras su salida de la alcaldía de Valencia, la fiscalía anticorrupción de Valencia realizó sendos informes para remitir al Tribunal Supremo las pruebas contra la senadora del PP y proceder a su imputación por su vinculación con el caso Taula y el caso Ritaleaks. Este último caso, enarbolado durante la campaña electoral de las elecciones municipales de 2015 por Compromís como principal argumento contra Barberá fue archivado por el Supremo al no ver delito. No pasó igual con el caso Taula.

El Juzgado de Instrucción nº 8 de Valencia, del caso Taula, apreció indicios de un delito de blanqueo de capitales, por valor de 1000 euros, en la actividad de la ex alcaldesa y, con fecha 21 de abril de 2016, remitió al Tribunal Supremo [TS] las Diligencias Previas núm. 881/2015, solicitando que se la investigase.

El Ministerio Fiscal del TS, evacuó traslado con fecha 27 de julio de 2016, interesándose por la incoación de diligencias previas para la investigación de los hechos. En un auto del 12 de septiembre de 2016 la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo acordó declarar la competencia de esta Sala para la instrucción y, en su caso, su enjuiciamiento, por un delito de blanqueo de capitales, encargando tal cometido, conforme al turno establecido, al Magistrado de esa Sala, Cándido Conde-Pumpido Tourón. En función del resultado, el TS solicitaría al Senado, en su caso, el permiso correspondiente y previo a su procesamiento.

El PP, sin esperar a tal resultado de las investigaciones previas, le pidió a Barberá que renunciase como senadora, pero ella escoge darse de baja del partido y entrar a formar parte del grupo mixto.

El 20 de octubre Conde-Pumpido le citó para declar, a petición voluntaria de la ex Alcaldesa, cosa que llevó a efecto el pasado lunes 21 de noviembre.

Falleció dos días después.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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