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La Cataluña de los olvidados

Carles Enric López en cronicaglobal.elespanol, 261116.

El título de la columna de hoy puede recordar a los lectores más cinéfilos aquella película de los primeros tiempos de Luis Buñuel, Los olvidados (1950). Como la cultura del cine de uno es la que es, reconozco que he pensado más en otro título más literario. Cuando escribo estas líneas sobre la Cataluña de los olvidados pienso en algo un poco más moderno (1981), del colombiano Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada.

Aquí, en Cataluña, los olvidados somos los de siempre. Aquellos que nunca hemos pertenecido a la gran familia catalana. Aquellos que nunca hemos vivido del dinero público. Aquellos que un día sumamos más del 50% en contra de un supuesto referendum vinculante que nunca lo fue. Aquellos, en definitiva, que nos levantamos cada mañana sin la colchoneta del catalanismo esperando nuestro salto. Aquellos que hemos levantado Cataluña para que ellos vivan comódamente.

Y somos catalanes. Algunos sin heráldica, otros con dos apellidos, tantos con ocho, y muchos con 16 ó 32. Nada –en ese sentido– que el tiempo no corrija con los años. Nosotros, estos catalanes que silenciosamente hemos dicho no a la ruptura, vemos cómo esos partidos que han aprovechado nuestro voto se integran lentamente en la familia. Vuelven a olvidar para qué se les voto.

El PSC, con ese nuevo giro catalanista, ha olvidado el origen de sus votos. Ciudadanos, con ese nuevo aire perdonavidas de Arrimadas, quiere ser más catalana que la Virgen de Montserrat. Podemos con ese espítritu de no haber pegado un palo al agua como Colau en su vida. Y el PP –y el PP, quién lo diría–, que ensalza a Millo a los altares, olvidando que fue expulsado de Unió por independentista. Que no fue aceptado por Puigcercós en ERC, y que, como la mayoría, le da igual el partido mientras la política le mantenga un plato caliente en la cena.

En Cataluña, al final, no hay política válida. No existe esa Cataluña transversal de izquierdas y derechas tan cacareda, sino una Cataluña transversal dividida en cobrar dinero público o no cobrarlo. Esa es la gran diferencia entre catalanes. Eso da pie a personajes acomplejados que necesitan de la política para integrar su vida en los sueldos de las familias dirigentes. ¿Alguien imagina a Albiol, sin carrera, ni oficio, amasando más de un millón de euros en su vida privada después de 20 años? Pues, eso lo ha hecho gracias a la política. Y así son todos.

Personajes que han aprovechado su sueldo público para instalarse como acomplejados en el entorno de las familias que dirigen Cataluña. Arrimadas, Colau, Iceta, Albiol, Millo, personajes sin historia que han estado o estarán decenas de años viviendo de todos los catalanes. De unos y otros. Ya verán como ninguno deja la política activa. Fíjense el marido de Arrimadas, la dejó y en meses ya quiere volver.

Lo más triste es que pedirán el voto a esos catalanes que han olvidado, mientras ellos se rodean de los catalanes que han querido olvidarnos. Todo por la pasta, las fiestas, el glamour, la foto en TV3. Triste realidad la de Cataluña. Ni una mala novela negra nos redimirá. Como decíamos, perfilamos la crónica de una muerte anunciada. La de más del 50% que son abandonados por esos personajillos acomplejados cuya única vida y fin es chupar del erario público. Un día bailan, un día se casan, un día chillan, pero al siguiente se reúnen con quienes han querido romper todo como si nada. Simplemente quieren cobrar su paga y olvidar su vergüenza.

Cataluña siempre ha sido más que una panda. Ahora gobiernan las familias. Si levantarán la cabeza catalanes como Lara, el padre de Sol Daurella u otros pegarían un golpe a la mesa y pondrían las cosas claras. Por desgracia, esos políticos de tercera sólo pueden engancharse a la política porque no tienen capacidad para nada más. Mientras la Cataluña de los olvidados, más de un 50%, volverá a desaparecer. A la familia catalana se la salido bien la jugada, siempre supieron que delante tenían unos políticos/as acomplejados como los citados.

Es estos, su poco orgullo catalán, su sinvergüenza adolescente, les hizo creer que ser catalán era simplemente decirlo más alto. Tienen tan poco nivel que nunca entendieron que ser catalán es algo que no hay que demostrar cada día. Simplemente ejercerlo viviendo con honradez, esfuerzo y trabajo. Algo que ellos no conciben mientras abren grande, muy grande, su boca para ser regados con lo público.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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