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Y vuelta otra vez…

Todo parece indicar que el PP, con la complicidad del PSOE y de Ciudadanos, vuelve a la cultura implantada por el espíritu de la transición, consistente en hacer predominar la falsa ‘singularidad histórica’ de Cataluña y el País Vasco sobre la igualdad de derechos de todos los españoles.

En Cataluña:

  • Mariano Rajoy nombra a Soraya Sáenz de Santamaría Ministra plenipotenciaria de Cataluña.
  • Soraya deja la Delegación del Gobierno de Cataluña en manos de Enric Millo, independentista de UDC hasta hace nada.
  • Recientes declaraciones del Presidente gallego Núñez Feijóo: Ha llamado a construir un “Estado descentralizado“. “El catalanismo ha sido muy útil hasta el Estatut”. “No caben líneas rojas, sino que debe haber muchos teléfonos rojos, con permanente comunicación“. “La ley nunca puede ser un obstáculo para que exista empatía”.
  • Iceta se traslada a Sevilla para hacer las paces con Susana Díaz y, a cambio, conseguir de ésta que no torpedee un nuevo proceso de singularidad en Cataluña -constitucional, por supuesto- impulsado por el PP y en el que participa PSC.
  • Susana Díaz acepta la paz de Iceta y, dada la debilidad del partido y el moldeable modelo de Estado previsto por el socialista Pacto Territorial de Granada [2013], entra en el juego de compatibilizar privilegios con igualdades, llegando a manifestar que “hay que cambiar la Constitución para Cataluña”.
  • Ciudadanos abandona paulatinamente el razonable freno constitucional al nacionalismo, encargando a Inés Arrimadas que coquetee con nuevas negociaciones de privilegio que acrecienten la pantomima de la ‘singularidad histórica’ de Cataluña. En un sector del partido la preocupación es tan grande que se abre paso una corriente crítica –denominada TranC’sparencia– contra ese esbozo de deriva que parece apadrinar Albert Rivera.
  • García-Margallo, ex Ministro para Cataluña en el anterior Gobierno, continúa en su papel de predicador de un nuevo texto constitucional en favor de una asimetría que sea aceptada por el resto de España.
  • Rubalcaba, ex Secretario General del PSOE, dice que hay que darse prisa por acordar algo con el nacionalismo porque, con la educación consentida a Cataluña, cada día que pasa hay más independentistas.
  • Junqueras y Puigdemont escenifican teatralmente las exigencias de la CUP mientras tranquilizan a Madrit asegurando que después de haber metido, nada de lo prometido.
  • Ada Colau sigue en el proceso de independización de su formación respecto a un Podemos cada vez más desvertebrado por su propia política desintegradora.

En el País Vasco:

  • El PSOE vasco [PSE/PSOE] se coaliga con los nacionalistas para gobernar la Comunidad.
  • A Susana Díaz le parece de perlas tal coalición, que, dice, ‘beneficiará a España’.
  • El PP está pactando con el PNV la actualización y consolidación del cupo vasco y la transferencia de nuevas competencias y financiaciones a cambio de que los nacionalistas le ayuden en las Cortes a aprobar los Presupuestos de 2017.
  • Soraya -y el propio Mariano– están abriendo una nueva etapa de ‘deshielo’ con los nacionalistas, con disposición explícita a ‘entenderse’y a tener ‘sensibilidad social’, también incrementando las infraestructuras e incluso a retirar algunos recursos de inconstitucionalidad planteados ante el TC contra decisiones de la comunidad autónoma.

Así que olviden vds cualquier amago de aplicar la legalidad constitucional tanto en materia lingüística como en aquellas otras que sigan poniendo en ridículo al Estado en Cataluña. Y lo mismo digo para el País Vasco.

Es evidente que PP y PSOE siguen considerando que les sale rentable apoyarse en los nacionalismos para tocar poder, aunque ello suponga proseguir en el deterioro de España.

En tal sentido, les inserto infra un profundo artículo de Rosa Díez, ayer, analizando la desaparición de UPyD y la aparición de Ciudadanos. Quede claro que no comparto sus maximalismos respecto a ambos aspectos porque, en mi oponión, UPyD se suicidó y Ciudadanos era un partido de centro ansiado por millones de votantes hartos del bipartidismo. Pero sí estoy de acuerdo en todo lo que se refiere al riesgo de deriva del partido de Rivera -que no debería ignorar la crítica constructiva abrazándose a las bulas mediáticas– y a la desvergüenza moral del PP/PSOE.

EQM

pd.

  • Posverdad.-  Neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. En cultura política, se denomina política de la posverdad ( o política posfactual) a aquella en el que el debate se enmarca por apelar a las emociones desconectándose de los detalles de la política pública, y por la reiterada afirmación de puntos de discusión en los cuales las réplicas fácticas son ignoradas. La posverdad difiere de la tradicional contestación y falsificación de la verdad, dándole una importancia “secundaria”. Se resume como la idea en “el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad”.
  • Los Pujol siguen de paseo por Las Ramblas y Artur Más, en su proceso en torno al ‘referéndum de cartón’, se libra de la acusación de malversación de dinero público y, con ello, del riesgo a ser condenado a penas de cárcel.

II Foro Pensar (en) España organizado por EL MUNDO y Expansión. En la imagen, la intervención de Miquel Roca a través de videoconferencia en la primera mesa de debate junto a José Manuel García Margallo y Alfredo Pérezubalcaba.

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El estadista Godot

Jorge Bustos en El Mundo, 301116.

La necesidad de reformar la Constitución empieza a suscitar tal consenso que podemos estar seguros de que no se reformará nunca. Estas cosas hay que hacerlas en petit comité, porque de lo contrario quiere opinar todo el mundo y al final la controversia acaba congelada en una comisión glaciar, con varios mamuts encerrados dentro.

Dios me libre de llamar mamut a Rodolfo Martín Villa, ni a José Manuel García-Margallo, ni a Alfredo Pérez Rubalcaba, ni a Miquel Roca, todos ellos ponentes del foro casi constituyente que EL MUNDO celebró ayer en el Wellington, quien rogó disculpásemos su ausencia, que tenía lío en Waterloo. Es que fue el propio Roca el que definió lo suyo como «arqueología política». El padre catalán del 78 disertó por videoconferencia con soltura, por momentos parecía un youtuber de la identidad. No sorprendió porque Roca siempre ha tratado de estar en dos sitios al mismo tiempo: Barcelona y Madrid, la Constitución y el Estatut, la soberanía nacional y el soberanismo particular.

Su intervención tuvo la virtualidad -nunca mejor dicho- de empujar al bipartidismo a una posición común de reforma sin ruptura. Eso si consideramos a Margallo y a Rubalcaba representantes ortodoxos del PP y del PSOE, que ya es considerar. Ambos están de acuerdo en actualizar la Constitución no sólo en puntos obvios como la sucesión en la Corona o la pertenencia a la UE, sino también en la zona erógena del título octavo, el de las nacionalidades cachondas, permanentemente estimuladas por el onanismo identitario. Algo así pide el nacionalista: me vas a dar lo mío y lo de tu prima. No hay Estado-nación que aguante ese ritmo, oiga.

Margallo es brillante, pero le preocupa demasiado que nos demos cuenta, y acabó disparatando por los cerros de Argelia. Martín Villa fue paradójicamente el más moderno al reivindicar la unidad fiscal hacia la que debería caminar Europa, que por supuesto terminaría con el privilegio vasco y navarro. Frente a ello, el federalismo de Rubalcaba propone ahondar en las asimetrías financieras del modelo autonómico, pero ni hablar del referéndum de autodeterminación con el que fantasea el PSC, coqueteaba Sánchez y se acuesta Podemos.

Más discutible es ese deseo compartido por el socialista y el democristiano de incluir en la Carta Magna más derechos como la sanidad a fin de «tranquilizar a la gente», en expresión de don Alfredo. La vivienda digna ya estaba ahí y no tranquilizó a ningún desahuciado. Por eso los juristas del orden demoliberal recelan de la inclusión de los llamados derechos sociales en las constituciones más que como aspiración -«retoricismo vacío», advirtió Ana Pastor-, pues para hacerlos efectivos habría que suspender la economía de mercado. Ocurre que en la católica España somos muy dados a un iuspositivismo mágico según el cual poniendo nombre a las cosas creamos las cosas mismas, y promulgando muchas leyes acotaremos el interés privado sin hacer a la vez la trampa por la que se escape vivo. Queremos los mandamientos claros, que luego ya nos las arreglaremos para pecar. Ahí está el joven Espinar, de la hermandad morada, tan hipócrita como cualquier religión demasiado severa.

Todo esto de la reforma sólo tiene un motivo: la deriva de Cataluña. «Donde los entierran con la senyera y los bautizan con la estelada», en afortunado hallazgo de Rubalcaba. Pero poco consenso cabe entre quienes anhelan recentralizar el café para todos y quienes reivindican la proliferación de cantones como soberanas setas. Que venga Godot, nuestro estadista.

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El cambio era esto: más nacionalismo y menos igualdad

Rosa Díez en El Español, 301116.

Es la historia de la España moderna. De este periodo en el que los poderosos se dieron cuenta de que la cosa iba de cambio y decidieron, como no podía ser menos, que ellos designarían quién era el cambio.

Como intentamos explicar durante los dos últimos años -sin que nadie nos prestara atención, los unos por ingenuidad y los otros porque estaban en la pomada- la operación para que Ciudadanos saltara desde Cataluña al resto de España se empezó a gestar cuando CIU se fue al monte con los independentistas. El establishment económico -propietario de los medios de comunicación españoles, entre otras cosas- y político -PSOE y PP, ambos dispuestos a seguir cediendo al nacionalismo lo que hiciera falta para tenerle tranquilo, pero sin que se notara demasiado que era a costa de la igualdad de todos los españoles- llegaron a la conclusión -tarde, recuerden aquel editorial conjunto de todos los medios de comunicación en Cataluña- de que hacía falta un partido que sustituyera a CIU con un dirigente dispuesto a jugar el papel de Duran i Lleida: catalanista en Cataluña y hombre de Estado en Madrid.

Y lanzaron la operación, primero apoyando el movimiento ciudadano para las elecciones europeas -decenas de portadas contando la gesta de Rivera por toda España, los miles y miles de afiliados, las pasiones que movía en foros y plazas- y después entrando a saco y colocándole como el líder indiscutible de eso que ellos mismos denominaron -el Presidente del Sabadell lo hizo- “el populismo de derechas”. Todo ello adobado por panegíricos sobre su carisma, su juventud, su capacidad, su centrismo, su patriotismo….

Ese espacio de partido nacional centrado al que aspiraba Ciudadanos -bueno, más bien sus promotores del IBEX y de los medios de comunicación a su servicio- estaba sociológicamente ocupado por UPyD. Por eso la operación lanzamiento tenía que incluir el apartado derribo. Y también por eso durante año y medio -desde las europeas del 2014 hasta finales del 2015- lo único que se hablaba o escribía sobre UPyD era que nuestro proyecto estaba “agotado”. El principal argumento para demostrar que nuestro tiempo había pasado era que no salíamos en las encuestas, cosa normal puesto que ni siquiera preguntaban por nosotros.

Un partido que se negaba a fundirse con C’s y que insistía en explicar que ambas organizaciones no eran lo mismo, que podían colaborar pero no a costa de la desaparición del primero -que era quien había roto el bipartidismo en España, que había demostrado tener un proyecto de país y lo había defendido en las instituciones- resultaba una molestia para que la operación maquillaje -por cierto, entre la dirección de C’s la llamaban Operación Pepino– tuviera éxito a corto plazo.

Por eso vinieron a por nosotros; salvando las distancias y para que me entiendan: ETA asesinaba a ciudadanos inocentes no porque les tuvieran manía, sino porque les estorbaban para conseguir sus objetivos totalitarios. Por eso nos mataron políticamente a nosotros: porque éramos un estorbo.

Aquella UPyD autónoma, que sentó a los capitostes económicos y políticos del país ante los tribunales, que se negó a aceptar que los testaferros de ETA se sentaran en las instituciones sin renunciar a su pasado ni colaborar con la justicia; que se querelló contra los independentistas catalanes por celebrar un referéndum inconstitucional; que no se doblegó nunca a los intereses partidarios y siempre puso por delante los intereses de España… era un incordio con el que había que acabar. Y sí, acabaron con nosotros para que Ciudadanos ocupara cómodamente ese espacio y para que nadie tuviera que escuchar ni rebatir en las instituciones la voz sensata, solvente, radical en lo importante, moderada en lo necesario, constitucionalista sin complejos. Para que nadie se tuviera que mirar en el espejo y les devolviera su verdadera imagen, la de un partido sometido a los intereses de quien les pagó la carrera y está obligado a devolver los créditos.

Ahora lo ve mucha gente, pero ya es tarde, porque el círculo está cerrado y los conseguidores del pacto con los independentistas que no respetan la ley pueden respirar tranquilos. Y Arrimadas discursea a favor del catalanismo, y su jefe de filas, Rivera, la apoya. ¿Se imaginan a un dirigente de un partido nacional definiéndose españolista? Ciudadanos ya busca claramente ocupar el espacio nacionalista que CIU dejó vacío en Cataluña y en el conjunto de España. No quieren una Cataluña más plural y más constitucionalista, sino una España más pequeña que conviva de igual a igual con una Cataluña en la que el constitucionalismo se diluya y su espacio sea ocupado por ese catalanismo que no es otra cosa que pura retórica para no llamarse a sí mismos nacionalistas moderados. Una vez más se prostituye el lenguaje al servicio del nacionalismo.

Y todo queda en su sitio, nada cambia. Necesitaban un partido en Cataluña que sumaran -el PP y el PSE solos no llegaban y CIU ya estaba en otra cosa- para hacer el pasteleo de cesión ante el nacionalismo excluyente que lleva años rompiendo la convivencia entre catalanes y destruyendo la sociedad plural en esa comunidad y ya lo tienen: en el Parlamento nacional y en el catalán. Ahora todos pueden respirar tranquilos, insisto. Y Susana Díaz puede proponer sin tapujos que “hay que cambiar la Constitución para Cataluña”; y Feijóo puede proclamar en Barcelona que “la ley no puede ser un impedimento”.

Necesitaban que en las instituciones no estuviera nadie dispuesto a seguir dando la batalla en pro de la igualdad de derechos de todos los españoles; necesitaban que no hubiera nadie que se pudiera levantar en la tribuna del Congreso de los Diputados para defender la Constitución, la causa justa y denunciar la flagrante traición que se está cocinando.

Así que nada, aquí estamos. Y a nadie parece importarle que en el pacto entre el PSE y el PNV se llame a los asesinos “personas presas” y se proclame la nación vasca o el derecho a decidir. Y todos están felices de que en el llamado asunto catalán no haya líneas rojas, que diría Feijóo, ni siquiera la ley. Y que Duran i Lleida se haya transmutado en un chico joven y con pelo, dispuesto a pagar la hipoteca antes de que le desahucien. El cambio era eso: menos España, menos progreso, menos igualdad. Pero pueden estar tranquilos porque ya nadie se subirá a ninguna tribuna para denunciarlo porque estos españoles sin complejos, incorruptibles y radicales en la defensa de la igualdad entre ciudadanos españoles, están todos es su casa. Y algunos, como yo, escribiendo estas cosas tan políticamente incorrectas.

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¿Nos vais a abandonar, amigos?

Un altre cop a Madrid es deixen guanyar pel nacionalisme [De nuevo en Madrid se dejan ganar por el nacionalismo]. ¿El precio? Los catalanes libres de nacionalismo.

Dolça Catalunya, 29116.

Ya lo cuentan muchos medios: el Gobierno quiere pactar con el nacionalismo. Volvemos a los años 80, al “tú apóyame en Madrid y haz lo que quieras en Barcelona”, pero con un matiz algo diferente: “deja de jugar al referéndum y al prusés, y a cambio te doy cositas”. En el fons, lo mateix.

No, a nadie en Madrid se le ha ocurrido que el nacionalismo está apunto de anularse por unas cuantas décadas. El descrédito de Pujol, la violación de la legalidad, la unilateralidad, el situarse por encima de la ley, el golpe de Estado y el maidán callejero es el suicidio del nacionalismo y su desprestigio. Ceder ante esto es el desprestigio de España y su suicidio. VozPópuli resume la nueva estrategia: “Vamos a hablar de forma discreta para saber cómo podemos encajar de aquí a 6 meses un consenso que respete la legalidad y atienda a algunas de las exigencias que comparte un importante sector de la población catalana”. Ese “importante sector” es el nacionalista, claro, porque en Madrid siguen creyendo que nacionalismo=Cataluña.

¿La moneda de cambio? Los catalanes libres de nacionalismo. Nosaltres, els de sempre. “Vosotros no sois Cataluña. Cataluña es el nacionalismo, Puigdemont, Mas, la Forcadell, el 11-S, Pujol y la familia”. Igual que en los 80. Nadie en Madrid está dispuesto a cambiar el terreno de juego y crear las condiciones que permitan superar el nacionalismo en un futuro no lejano. Nadie piensa en cómo superar de una vez la influencia nacionalista en Cataluña. Nadie discute cómo llevar la iniciativa y descolocar al nacionalismo con una negociación de fuera de juego. En la Generalitat hay centenares de funcionarios dedicados día y noche a pensar en esto, agencias de comunicación, estrategas, llepasubvens, periodistas. En la Moncloa no hay nadie. Nadie.

Y en C’s parece que tampoco.

Si esto pasa el prusés habrá ganado. Se habrá cumplido el plan de Jordi Pujol. Se habrá dado un paso más, esta vez irreversible, hacia la secesión. Hasta el próximo prusés, en los próximos 15 ó 20 años, con otra generación adoctrinada en la escuela y los medios. Hasta que el 55-60% de los catalanes ya sean separatistas. Y entonces game over.

¿Para esto hemos aguantado tantos años de prusés? ¿Nos vais a abandonar, amigos?

Dolça i oblidada Catalunya… [Dulce y olvidada Cataluña]

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Soraya y los partidos catalanes pactan cocinar una salida al desafío soberanista

La vicepresidenta del Gobierno y los principales partidos catalanes han acordado mantener hasta el verano un diálogo permanente para negociar una solución al contencioso soberanista.

Federico Castaño en vozpópuli, 241116.

Cuando en la última remodelación ministerial Mariano Rajoy encargó a Soraya Sáenz de Santamaría la carpeta catalana, ambos tenían muy claro que sería prácticamente imposible desbaratar el desafío soberanista antes del próximo verano. Fuentes del Gobierno consideran que el calendario judicial que afecta no solo a Francesc Homs sino también a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, impide a todas las partes generar el clima idóneo para alcanzar acuerdos, pese a lo cual la vicepresidenta ha decidido mantener abiertas las líneas de diálogo permanente con los principales actores implicados en el problema. “Vamos a hablar de forma discreta para saber cómo podemos encajar de aquí a seis meses un consenso que respete la legalidad y atienda a algunas de las exigencias que comparte un importante sector de la población catalana”, refieren fuentes gubernamentales.

La vicepresidenta no solo ha escuchado argumentos esperanzadores del ‘número dos’ de la Generalitat, Oriol Junqueras, sino también de su presidente, Carles Puigdemont. Miquel Iceta, desde el PSC, también le ha hecho saber a Sáenz de Santamaría que su formación política quiere ser parte de la solución. El propio Iceta le marcaba al Gobierno la agenda que debe respetar si quiere avanzar en una salida pactada: reforma constitucional, nueva financiación, reducción de la conflictividad competencial, especial sensibilidad con la política educativa, cultural y lingüística e inversiones territorializadas que no generen agravios.

Mientras que desde el PSC se considera una ventaja para esta negociación el nombramiento de Enric Millo como nuevo delegado del Gobierno en Cataluña, fuentes del Partido Demócrata Catalán discrepan de esta percepción. “Millo conoce bien la realidad catalana pero es un oportunista que ni siquiera acabó bien con Unió, su antiguo partido. No le consideramos la persona más idónea para tender puentes, aunque estamos seguros de que será una mera correa de transmisión de lo que le diga la vicepresidenta”, asegura un destacado dirigente del PDC.

El riesgo del botón nuclear

Todas las fuentes consultadas coinciden en la importancia del compromiso alcanzado con Soraya Sáenz de Santamaría de mantener activos los cauces de diálogo de manera permanente, lo que no quiere decir que la negociación vaya a ser un camino de rosas. De hecho, coincidiendo con la cresta de los procesos judiciales en marcha, “habrá momentos en los que vuelva a surgir la posibilidad de pulsar el botón nuclear ya que la senda del referéndum está marcada”, afirma un ministro, refiriéndose a la posibilidad que tiene el Gobierno de aplicar el artículo 155 de la Constitución, el más directo para dejar en suspenso la autonomía catalana, y a las escasa o nula voluntad que tiene de hacerlo.

Las fuentes consultadas en la antigua Convergencia valoran también en su justa medida este riesgo. “Habrá en los próximos meses muchos altibajos en los que aflorarán tensiones y etapas de entendimiento. Lo importante es tener preparada la cocina para el verano, tiempo en el que concluiremos realmente si hay agua en la piscina para llegar a puntos de encuentro”.

En el PSC no se oculta el problema añadido que supone la crisis interna en el Partido Socialista para contribuir a un desenlace razonable. Esta tarde, Miquel Iceta mantendrá un encuentro con la presidenta andaluza, Susana Díaz, uno de los referentes territoriales del PSOE más reacios a que la solución final para Cataluña incorpore privilegios para esta comunidad. Es evidente que la federación andaluza es la que marca la impronta para el resto de los territorios, por lo que Iceta intentará convencer hoy a su interlocutora de que respete el diálogo inaugurado con el Gobierno o, al menos, no lo entorpezca.

Esta entrevista se produce, además, en un momento en el que el primer secretario del PSC acaba de marcar distancias con Pedro Sánchez, justificando el apoyo explícito que le dio a partir de la lealtad que los socialistas catalanes tuvieron en el pasado con todos los secretarios generales del partido, desde Felipe González a Alfredo Pérez Rubalcaba, pasando también por Joaquín Almunia y José Luis Rodríguez Zapatero.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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