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eqm_091216_¿Por qué Soraya Sáenz de Santamaría no se dedica más bien a poner en marcha, de una puñetera vez, el despacho en Cataluña para la Alta Inspección Educativa del Gobierno de España, que lleva abierto desde hace casi 20 años?

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El Estado de la Cuestión [catalanista]

El pasado miércoles, día 7, en el Telediario de máxima audiencia de la tele pública del benefactor Mariano Rajoy, es decir, TVE 3pm.

Nos cuentan que la Ministra plenipotenciaria para Cataluña ha anunciado que irá al día siguiente a Barcelona para despachar con Iceta [PSC] y con Arrimadas [Ciudadanos] en sus recientes dependencias oficiales acondicionadas en la Delegación del Gobierno de Cataluña.

Y lo hará, dice la tele que pagamos [59.899 millones de pesetas anuales] todos los españoles, para despachar con él y ella, en el marco de:

“los contactos que la número dos del Ejecutivo está llevando a cabo sobre la cuestión catalana”.

El nuevo marianismo regenerador de esta legislatura le llama al ‘prusés golpista’, pues y partir de ahora, la ‘cuestión catalana‘.

Ya lo saben vds: si las demás CCAA quieren singularidades, prebendas, plata, Nación como denominación de origen y Ministra plenipotenciaria con despacho en su capital histórica, planteenle una CUESTIÓN al benefactor y español Gobierno del Mariano, que como buen igualitarista que es, seguro no tardará en complacerlas…

Los terceristas, por supuesto, están encantados de la vida. Hasta el punto de que creen que la ‘singularidad’ de los ciudadanos residente en ‘territorio independentista’ -en forma de derechos, de prohibición de enseñar en español, de competencias y de financiación- puede seguir incrementándose sin que ello -pásmense- quiera decir que disfruten de mayores privilegios [sic] y, además, que se lo ganan por el mero hecho de que tales habitantes vivan en una región que se llama Cataluña o País Vasco.

Y la fundamentación que ondean los buenistas es que si los catalanistas mantienen el pulso es porque alguna razón tendrán y porque se trata de un problema crónico que hay que de alguna forma hay arreglar, pero sin llegar a a aplicar el imperio de la ley.

La cuadratura del círculo. Ya ven, están incluso dispuestos a convertir, como por arte de magia, la cronicidad de la patología secesionista en una imposible sanación política por la vía del incremento de una inconstitucional desigualdad entre ciudadanos, en virtud del territorio español en que se encuentren empadronados.

Por eso resulta bsolutamente lógico que, ante la llegada de la comprensiva Soraya, Puigdemont y su movida no sólo no aparquen sus ya habituales incumplimientos del princicipio de legalidad, su chantaje, su preaviso de golpe institucional, sino que acrecienten su presión aprovechando la bochornosa dejación de Madrit.

Ejemplar.

Última hora del patio:

EQM

rd-1330-1997Del Real Decreto 1330/1997, de 1 de agosto, de integración de servicios periféricos y de estructura de las Delegaciones del Gobierno. Art. 3. Áreas funcionales de las Delegaciones del Gobierno. Alta Inspección de Educación. «BOE» núm. 199, de 20/08/1997.

Siete historias sobre la Constitución: no todo fue como se cuenta

Ignacio Varela en El Confidencial, 081216.

En esta conmemoración del referéndum constitucional, me ha dado por recordar algunos episodios que entonces ocurrieron y que desmienten tópicos ampliamente tomados como verdaderos. Les dejo siete de esas pequeñas y curiosas porciones de historia:

1. Sobre las Cortes Constituyentes. En contra de lo que se cree, las elecciones de 1977 no se convocaron para elegir unas Cortes Constituyentes. Ni tal cosa figuró en el decreto de convocatoria ni Adolfo Suárez tuvo el propósito de darles ese carácter —al menos, de forma inmediata—. Él pensaba más bien en un periodo transitorio en el que la Ley de Reforma Política funcionaría como marco constitucional de hecho. Esa ley contempla la posibilidad futura de una “reforma constitucional”, pero no la de abrir un proceso constituyente partiendo de cero.

Lo que desbordó las previsiones fue que UCD no obtuvo, como esperaba, la mayoría absoluta en el Parlamento. El partido del Gobierno se vio en minoría y la oposición exigió que se formara ya una ponencia para redactar una nueva Constitución. Suárez comprendió que era inútil resistirse, y así unas Cortes inicialmente ordinarias se autoproclamaron constituyentes ‘de facto’.

2. Sobre los padres de la Constitución. Ha quedado para la historia que los padres de la Constitución fueron aquellos siete diputados a los que se encargó el proyecto. Pero se aproxima más a la verdad decir que la Constitución tuvo además dos comadronas sin las que la criatura no habría visto la luz.

La ponencia se atascó varias veces; incluso un día saltó por los aires, porque los socialistas tenían la fundada sensación de que la mayoría de UCD y AP iba escorando el texto hacia la derecha, y el ponente del PSOE abandonó la ponencia.

Entonces aparecieron las comadronas: Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra. En una sola noche, en el reservado de un restaurante, desatascaron de golpe 25 artículos clave. A partir de aquel día, tutelaron el proceso: cada vez que la ponencia se atoraba, ellos hablaban y resolvían el problema. Un ingeniero agrónomo y un licenciado en Filosofía y Letras, cargados de buen sentido político, arreglaban los enredos que los juristas eran incapaces de solucionar. España estará siempre en deuda con ambos.

3. Sobre la monarquía. Ha quedado fijada la idea de que en la Transición nunca se votó sobre república o monarquía, y que esta se impuso sin discusión como una herencia obligada del franquismo.

No es exacto. Es cierto que existía el consenso implícito de no hacer de eso una cuestión radicalmente divisiva, y de dar a la monarquía una oportunidad de convivir con la democracia. Pero el PSOE decidió que, aunque fuera simbólicamente, las Cortes Constituyentes debían pronunciarse sobre ello: solo así la monarquía quedaría blanqueada en cuanto a su legitimidad de origen.

Por eso los socialistas presentaron en la comisión Constitucional un voto particular a favor de la república y forzaron que se votara. Lo defendió Luis Gómez Llorente con un discurso magnífico que recomiendo a todos los amantes de la buena oratoria. Y lo justificó precisamente así:

No se trata de aceptar la monarquía meramente como una cuestión de hecho. Sería incompatible con la soberanía que por delegación del pueblo ostentan las Cortes Constituyentes que ninguna institución se hurtara a sus facultades.

Los socialistas presentaron en la comisión Constitucional un voto particular a favor de la república y forzaron que se votara

Es más: tras perder su voto particular, en la votación del texto definitivo, el PSOE reclamó que el apartado 3 del artículo 1 (“La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”) se votara separadamente, y se abstuvo en ese punto. Por cierto, los comunistas votaron siempre a favor de la monarquía.

4. Sobre naciones y nacionalidades. Esta controversia de España como nación de naciones no es de ahora. De hecho, consumió buena parte del debate constitucional. Hay un intercambio memorable entre Manuel Fraga y Txiki Benegas en el que ya se manifestaron con toda claridad las dos posiciones que hoy perviven: Fraga se mostró resueltamente opuesto a la idea de un Estado plurinacional, y Benegas dejó claro que la unidad de la nación española es compatible con la existencia en su seno de otras realidades nacionales; y sobre todo, que ‘nacionalidad’ y ‘nación’ son sinónimos que describen exactamente la misma cosa (en este sentido, me temo que desde entonces algunos dirigentes del PSOE han dado varios pasos atrás).

5. ¿El PP votó contra la Constitución? Eso cuenta la leyenda, pero tampoco es exacto. En la votación parlamentaria, el grupo de Alianza Popular se dividió: ocho diputados (entre ellos, Fraga) votaron a favor, cinco en contra y tres se abstuvieron. Pero en el referéndum del 6-D, Alianza Popular pidió oficialmente el voto afirmativo a la Constitución, aunque ello le costó una escisión.

6. El PNV y la unidad de España. Tampoco es cierto que el PNV se opusiera a la Constitución. Hasta el último minuto estuvo a punto de apoyarla, y finalmente se abstuvo por una discrepancia interpretativa sobre la disposición adicional que reconoce los derechos forales. Pero en la sesión del 31 de octubre, que aprobó el texto definitivo, Xabier Arzalluz dejó esta frase para la historia:

“Ha quedado claro que los diputados y senadores del PNV no han puesto en cuestión la unidad del Estado. Hemos defendido una concepción del Estado más ajustada a la formación del Reino de España y a su realidad histórica”.

7. Los catalanes y la Constitución. Quizás a algunos les sorprenda hoy saber que la Constitución tuvo el respaldo masivo de los catalanes. No solo los nacionalistas la apoyaron en el Parlamento; en el referéndum fue una de las tres comunidades que sobrepasaron el 90% de votos positivos. Curiosamente, la Constitución española tuvo más apoyo en Cataluña (91,1%) que en Madrid (86,8%). Cosas que pasan…

Una última apenada reflexión: la fiesta nacional de Italia es el 2 de junio. Ese día se conmemora el referéndum que en 1946 aprobó la Constitución de la democracia tras una larga dictadura y una guerra terrible. No se recuerda que un dirigente político nacional se haya ausentado jamás de esa celebración. Porque todos comprenden que no se expresa la adhesión a un texto, sino que se evoca el hecho histórico de la conquista de la libertad. Algo malo nos pasa aquí, si algunos aún no lo han entendido.

firma-constitucionEl rey Juan Carlos sanciona la Constitución de 1978. (Casa Real)

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El despacho de la Vicepresidenta

Tonia Etxarri en El Correo 08/12/16.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, está sacando ‘chispas’ a su despacho en Cataluña. Ha realizado ya tres viajes a la comunidad autónoma en apenas veinte días. No es que tenga intención de hablar catalán en la intimidad pero se ha propuesto lograr la distensión con la Generalitat que ha decidido ya gastarse 5,8 millones de euros en financiar su referéndum sobre la independencia. Que es un dinero previsto en el plan presupuestario del Ejecutivo catalán para dedicarlo a «procesos participativos». En general. Así lo llaman para evitar posibles recursos ante el Tribunal Constitucional.

No será asunto fácil, pues, lograr ese giro que persigue la vicepresidenta en las relaciones entre el Gobierno central y el de una comunidad autónoma que también persigue una relación bilateral. De igual a igual. En la toma de posesión del nuevo delegado en Cataluña, Sáenz de Santamaría dijo que el Ejecutivo quería fundirse en el ambiente catalán, «ser necesarios, hacernos imprescindibles». Por eso quiere tomar el pulso a muchos interlocutores, además de Oriol Junqueras y el propio Carles Puigdemont. Y por eso ayer, sin actos oficiales y con agenda propia, se entrevistó con empresarios, con el líder socialista Miquel Iceta y con la representante de Ciudadanos, Inés Arrimadas.

El Gabinete Rajoy ha empezado su ceremonia de acercamiento a nacionalistas catalanes y vascos. La necesidad de concitar mayorías en el Congreso de los Diputados le empuja al sendero del entendimiento. No solo del diálogo. Como hizo Aznar en 1996. Pero veinte años después de aquel pacto de investidura con la Convergència de Jordi Pujol y con el PNV de Xabier Arzalluz, el nacionalismo catalán está mucho más radicalizado. Y le va a hacer falta a Rajoy mucha habilidad para lograr implicar a la Generalitat en un proyecto común cuando, en realidad, los independentistas catalanes hace ya tiempo que están intentando aplicar la hoja de ruta de su desconexión del resto de España.

Será difícil frenar el desafío secesionista que persigue y proclama la Generalitat apremiada por la CUP y observada por los populistas de En Comú Podem. La fórmula de la vicepresidenta no es otra que la de «aplicar la ley pero con mucho esfuerzo y mucho diálogo».

Si en Cataluña el nuevo delegado del Gobierno, Enric Millo, colocado directamente por Sáenz de Santamaría para que sea él y no Xavier Albiol quien ejerza de interlocutor con las fuerzas vivas catalanas, utiliza un tono más flexible y dialogante, en Euskadi, Carlos Urquijo ha sabido adaptarse al guión con la máxima celeridad. En su discurso con motivo del día de la Constitución aludió a la «lealtad y respeto» al referirse a los recursos presentados por el Gobierno de España contra normas vascas que la propia vicepresidenta está dispuesta a revisar.

A Soraya Sáenz de Santamaría, que no le hace falta montarse ningún despacho en Euskadi porque su interlocución directa con los nacionalistas vascos garantiza la conexión necesaria, le espera la «agenda vasca». Porque la aprobación de los Presupuestos sigue dependiendo, hoy por hoy, del PNV. El diálogo es el comienzo. Quedan pendientes los acuerdos.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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