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Ojo con los trileros

Los nacionalistas saben que no lográrán nunca la independencia por la vía unilateral. Tal vez lo único que quieren es usarla como chantaje para obtener más poder

Francesc de Carreras en El País, 211216.

Quizás el movimiento independentista catalán no lo sabe. O quizás sí. Pero, a mi juicio, su más grave error en la estrategia para separarse de España ha sido optar por un camino equivocado: el de la desobediencia a la ley. Por esta ruta, no lo logrará nunca.

Naturalmente, ha cometido otros errores. No es el menor plantear las últimas elecciones autonómicas con carácter plebiscitario y, al no ganarlas como tales plebiscitarias, en lugar de reconocer la derrota, seguir adelante cambiando de criterio: la mayoría de votos se convirtió en mayoría de escaños. Demostraron que eran trileros de la política, alguien en quiénes no se podía confiar. Aunque en el pecado han encontrado la penitencia: están ahora con la soga al cuello, medio ahogados por la CUP. Por ello buscan, y lo tendrán, el apoyo de Ada Colau y el partido que se está formando.

Pero volvamos a lo que nos ocupa, a la sistemática desobediencia a la ley como método para alcanzar la independencia, a este gran error. ¿Por qué gran error? Porque en la actualidad, por primera vez en la historia, la comunidad mundial de naciones empieza a estar regulada por normas de derecho internacional que más o menos se cumplen. Y en este caso concreto se cumplirán ya que los estados, todos los demás estados sin excepción, no dejarán que Cataluña sea un precedente de algo que desean evitar a toda costa en su propio territorio: la secesión de una de sus partes.

Frente a esta comunidad internacional el separatismo catalán tiene la batalla perdida de antemano, a pesar del cuantioso gasto invertido en propaganda. Y ahí viene el segundo por qué. ¿Por qué lo tiene perdido de antemano? En primer lugar, porque el derecho a decidir que se invoca para fundar un Estado nuevo no existe. El derecho internacional regula el derecho a la libre determinación (o autodeterminación, que es lo mismo) pero claramente no es de aplicación al supuesto catalán.

El término “derecho a decidir” se lo inventó el político vasco Juan María Ollora, a mediados de los noventa, precisamente para solventar este escollo jurídico y tratar de que fuera un derecho derivado del principio democrático. Sin embargo, ninguna norma, internacional o interna, lo ha reconocido. Incluso en países que podrían ofrecer dudas, como es el Canadá respecto al Quebec fue explícitamente rechazado por el Tribunal Supremo en una famosa resolución de 1998. Por tanto, Cataluña no invoca ningún derecho internacional.

En segundo lugar, menos aún se lo reconoce el derecho interno. Ninguna constitución —a excepción de la de Etiopía y la de un casi desconocido estado formado por dos islas del Caribe— lo reconoce porque, precisamente, el ejercicio del poder constituyente, cuyo producto es la constitución, no es otra cosa que el ejercicio del derecho de autodeterminación. Por tanto, nos autodeterminamos en 1978 y para modificar el texto aprobado entonces tenemos que seguir las reglas que éste prescribe. Más claramente: Cataluña sólo puede separarse de España mediante un reforma constitucional, aprobada por el pueblo español, que es el sujeto jurídico que aprobó la Constitución. Cualquier otra método es contrario a derecho.

Y, en tercer lugar, si en el improbable -—de hecho, inimaginable— supuesto de que el pueblo o las instituciones políticas de Cataluña declararan la independencia sin atenerse a derecho y, efectivamente, la Generalitat ejerciera el poder sin oposición interna alguna, al margen de la legalidad española, con dominio pleno sobre todo el territorio y toda la población, Cataluña se convertiría en un Estado de facto, jurídicamente sería un Estado, pero no tendría ningún reconocimiento internacional, es decir, quedaría aislado, sin relación con el resto de estados del mundo, ni con las organizaciones internacionales (ONU, OTAN, OMC), y, desde luego, excluido de la Unión Europea.

Nadie, por fundamentalista y fanático que sea, puede pretender este objetivo. Así pues, no creo que los actuales dirigentes nacionalistas, que no ignoran lo que he explicado, vean posible la independencia mediante una declaración unilateral o un referéndum ilegal. Quizás lo único que pretenden —y entonces no sería un error sino una estrategia para fines no confesados— es obtener más poder y más competencias, con la amenaza secesionista como chantaje.

Ojo, vicepresidenta del Gobierno, con lo que va a negociar en los próximos meses. Los trileros no son fiables pero son hábiles.

Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional.

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La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Fot. Uly Martín

¿Vuelven las dos Españas?

Eduardo ‘Teo’ Uriarte en Fundación Para La Libertad, 261216.

Supongo que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, se sorprenderían que entre el autor de éste magnífico análisis, quien os lo remite, y algún otro miembro del Patronato de la Fundación, acumulen más saldo de represión en la época del Franquismo que todos los dirigentes de Podemos; de Izquierda Unida y de los partidos secesionistas juntos. Saldo ajustado a años de cárcel y exilio, a Sumarios del TOP, a sumarios y sumarísimos militares,a penas de muerte…… No me parece inoportuno este apunte ante tanto totalitario disfrazado de antifranquista sobrevenido, tanta demagogia barata, tanta astracanada política, que quiere convecernos que la política de “progreso” se hace colocando iletrados familiares en Ayuntamientos e Instituciones, cambiando nombre de calles y desmembrando la Nación para alegría de una especie de Confederación de Chirigoteros sin fuste político que, casi siempre y casi todos, han vivido de los presupuestos públicos, desgraciadamente amparados y animados por periodistas y políticos profesionalmente frívolos y politicamente irresponsables. Cordiales saludos.

[Introducción de Javier Elorrieta]

Es muy posible que las dos Españas quedaran superadas con la llegada al Gobierno de Felipe González y la consiguiente solución del problema militar. A ello se sumaba un partido comunista fiel a la reconciliación nacional y una derecha que había puesto en marcha la desarticulación del franquismo con sincera búsqueda de la democracia. Ahí quedó sellada, tras la Constitución, la convivencia que permitiría la democracia en España.

Sólo un pequeño rescoldo revanchista cada vez más apagado quedó dormido en las filas de la izquierda. Sin embargo, una espiral de terrorismo se elevaba desde el nacionalismo vasco en una especie de repetición de la agresión que todo progreso liberal había padecido por el carlismo en el pasado. Significativo el hecho de que Pablo Iglesias recientemente haya puesto en valor que el mundo de ETA no se dejara seducir por esta falsa democracia.

Él parece provenir de aquel pequeño rescoldo izquierdista de revanchismo al franquismo, aunque sólo lo conozca de oídas, y en la apariencia de enfrentarse a él, como lo hacía ETA, lo que en realidad hace es enfrentarse a la democracia. Por consiguiente, en tiempos de Felipe eran muy pequeños los focos que desde la izquierda mantuvieron el rechazo de la democracia puesta en marcha desde la Transición, prueba de ello fue que casi todos los partidos de izquierdas, desde maoístas a trosquistas, y alguno nacionalista, acabaran en la casa común del partido socialista de González.

Sin embargo, desde los tiempos de la secretaría general en el PSOE de Rodríguez Zapatero, esos rescoldos fueron irresponsablemente avivados. Ley de Memoria Histórica, publicitario derribo de los monumentos franquistas que sobrevivían en el olvido, inconstitucional Estatuto de Cataluña, desmesurada negociación con ETA, demanda de un cordón sanitario con la derecha en un continuado ataque a ésta como si no formara parte importante del sistema surgido en la Transición, volvió a levantar una ideología cainita que fue aprovechada en cuanto la crisis estalló, en toda su coherencia y consecuencias, por Podemos.

Ideología de enfrentamiento y desunión que muchos creyeron formaba parte del patrimonio de la izquierda, cuando en realidad sólo unos pocos nostálgicos y nacionalistas la habían mantenido. Fue el irresponsable giro asumido por el PSOE lo que cambió profundamente la actitud e ideología de la izquierda ante el compromiso constitucional. El primero que puso en entredicho la Transición -desenterrando el franquismo-, la Nación -“concepto discutido y discutible”-, y hasta la Constitución, tanto en el Estatuto catalán como en la negociación con ETA, fue un PSOE sumiso al giro que aplicara Zapatero. Ahora su electorado se le escapa hacia Podemos.

En esta formación, Podemos, sí se encuentra claro y sin ambages el posicionamiento político para desmantelar territorial y socialmente todo el sistema. Todos los aspectos instituidos del Estado democrático están en entredicho por este movimiento, pues no se trata de una fuerza marxista tradicional que respetaría alguno de ellos, como la unidad territorial, sino que muy influido por las ideologías antisistema desmantela todos los aspectos del actual Estado. Si alguien jugó, o quiso manipular los peores instintos políticos de las masas, ahora se ve sobrepasado por ellos, porque lo que en primer lugar califica al votante de Podemos es el odio por lo existente, incluido a un PSOE que no deja de formar parte de lo existente.

Desde que el socialismo español iniciara el rumbo antisistema éste se ha visto cada vez más pronunciado. Podemos le presiona ahora a muy pocos votos de distancia de él. Tras estos años de continuada fobia hacia la derecha, casi único elemento amalgamador de un PSOE en profunda decadencia, hoy, ante la inexistencia de mayoría parlamentaria, se abre todo tipo de incógnitas respecto a su comportamiento.

Hace años no lo hubiéramos pensado demasiado, el partido de Felipe hubiera sido responsable y dejaría gobernar a la lista más votada, pero tras más de una década de irresponsable política de tierra quemada, puede seguir el curso y llevar su rechazo a la gobernabilidad, hasta el punto de provocar nuevas elecciones. Todavía el PSOE no ha comprendido que el principal perjudicado en la estrategia de ruptura es él mismo, pues la acerada condena a la derecha que ha desarrollado no la capitaliza sino Podemos, y él mismo queda incluido en ella con riesgo a desaparecer.

Ciudadanos, que ha realizado una campaña electoral mala, demasiado cansina y, lo que es peor, contradictoria con su talante de facilitar la gobernabilidad y la estabilidad, en una errónea respuesta a los ataques del PP, haciendo declaraciones de rechazo a pacto con la derecha en un estilo más propio del comportamiento montaraz y sectario de la actual izquierda, hundió su resultado. Sin embargo, no ha dudado la misma noche del recuento en declarar su apoyo a una fórmula de gobernabilidad, lo que ocurre que su apoyo no es suficiente, hace falta el PSOE. La contribución racionalista y regeneradora dentro del sistema que Ciudadanos supone se ha quedado corta en su presencia parlamentaria para garantizar un futuro político sin convulsiones.

No hay mal que por bien no venga

El PSOE haría mal en esperar el apoyo de Podemos, no lo va tener. No sólo debido a las rápidas declaraciones de Iglesias poniendo unas condiciones difíciles de atender, sino porque Iglesias no desea compromiso alguno que le acerque a la política, pues le podría suponer la ruptura de su multicolor movimiento. Iglesias quiere evitar cualquier acercamiento a la política, todo lo que no sea el discurso demagógico y metas imposibles lo evitará, porque su actual objetivo es que su horda no se deshaga.

Ir de la mano del PSOE sería ese primer compromiso arriesgado, es como ir de la mano del PP porque le causaría similares problemas, por lo que está descartado. Lo que ha hecho es encastillarse en su feudo con ese aparente programa de condiciones expuesto esperando, como de costumbre, que el PSOE en su descerebrada pugna con la derecha, le traiga en bandeja el poder.  Su labor  es la prédica áulica, la acción se la hace otro.

Así pues, no se trata de que Podemos, en su marcha hacia la Moncloa, esté ansioso de superar esos 340.000 votos que le separan del PSOE y quiera mediante el activismo sobrepasarle, ni que el soberanismo periférico esté ansioso de apoyarlo (incluidos los presos de ETA),

Podemos ni tiene prisa ni la necesita. Puede esperar desde su cuartel de invierno a que el PSOE en su incapacidad de aceptar la política moderada prosiga con su estrategia de tierra quemada (sus reticencias a la sucesión del monarca o sus nauseas a facilitarle la gobernabilidad al PP lo delatan) le haga gran parte de su futura campaña electoral: “ved esa democracia ajena a los intereses de los españoles y sólo preocupada por el interés egoísta de cada uno de los viejos partidos”. Podemos, ante la actual estrategia socialista sólo tiene que ir a recoger las nueces del suelo. Por lo tanto, además, no tiene que meterse en el lío de acompañar al PSOE, lo que alborotaría su propio gallinero. Lo óptimo es esperar a que los viejos partidos fracasen.

Sin embargo, para el PSOE, aceptar un pacto de gobernabilidad con el PP sería entrar de una puñetera vez, dejando a un lado el guerracivilismo, en Europa, en la civilidad política de Europa. Sería la ocasión de transformar una encrucijada trágica para la ciudadanía, pues ante la inestabilidad política cada día que pasa la crisis económica se revuelve y nos hace más pobres, en la ocasión para alcanzar un consenso que no sólo ofrezca la inmediata gobernabilidad del país sino que inicie las reformas de naturaleza constitucional que se observan necesarias, que permita abrir los que algunos denominan ya un proceso reconstituyente.

Sin embargo, el hito urgente e importante sería, abandonando el maniqueísmo de Zapatero, llegar a un acuerdo de gobernabilidad, lo que nos alejaría de una vez del fantasma de las dos Españas y nos introduciría en las dinámica de convivencia política de nuestros vecinos, como en Francia, Alemania, Italia, etc. Sería iniciar positivamente una nueva etapa desde una actitud constructiva, una manera, por demás, de detener los profundos retos que los avances antisistema y secesionistas están amenazando nuestro futuro.

Sencillamente, hay que convertir la trágica encrucijada pluripartidista en el punto de inflexión hacia un nuevo marco para el acuerdo de convivencia. Todo ello, sin aventurar, además, que unas elecciones anticipadas por el fracaso del acuerdo, además de engolfarnos aún más en el enfrentamiento, llevaría tanto al PSOE como a Ciudadanos al fracaso electoral, reforzando los dos polos de la contradicción cada vez más profunda, Podemos y el PP.

Llegar a unas nuevas elecciones supondría definitivamente el suspenso de los partidos del bipartidismo y la confirmación auspiciada por Podemos de la crisis del sistema de la Transición. Confirmaría, también, la deriva “chavista” del PSOE. Sería el punto final de aquel sistema para el encuentro inaugurado en la Transición y la declaración descarada del sálvese quien pueda, sin importar las consecuencias de todo tipo que supondría para la sociedad. No sólo el riesgo de secesiones consumadas se acrecienta, también el del enfrentamiento civil, similar al de los Balcanes, a  más de treinta años de  que se superara ese riesgo a la salida del franquismo, por una generación poco preparada para la política pero que sí sabía de primera mano lo que supone un enfrentamiento civil y la posterior pérdida de la libertad.

Estamos en un punto crítico, o avanzamos en el acuerdo o todo el poder para Podemos.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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