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Educar para ser libres

· «Sentar las bases para la promoción de la cultura y el sentido crítico, la autoestima y la defensa de las libertades merece los mejores esfuerzos de nuestra sociedad y sus representantes políticos. Solo así podríamos acometer otras reformas con cierto conocimiento de causa. Ejemplos nos están dando otros de cómo algunos procesos pueden terminar como el rosario de la aurora»

Federico Ysart en ABC, 170117.

TRAS un año perdido inútilmente se han acumulado los deberes; demasiados problemas pendientes de resolver, y tan perentoriamente, que pocos parecen ocuparse de sus causas. Y las cosas no suelen suceder por casualidad.

La diferencia entre causalidad y casualidad va más allá de la alteración de un par de letras; es poco menos que la que separa el ser de la nada, el orden del caos. Yendo a las entrañas de nuestro idioma, causalidad es ley en virtud de la cual se producen efectos, mientras que la RAE define casualidad como la combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar. Lo que nos viene ocurriendo desde hace más de una década no es fruto de la casualidad. Como escribió Schiller, lo que se nos presenta como azar surge de fuentes profundas.

No es casual el deterioro de la convivencia, ni siquiera achacable como tantas otras cosas a la crisis financieroeconómica; ni es casual el progresivo empobrecimiento de la conciencia nacional que se refleja en la floración de nacionalismos de vía estrecha. Tampoco es casual el cáncer populista que secuestra a tantos ciudadanos su capacidad de pensar, ya bastante adormecida por el imperio de la imagen.

La razón de por qué el populismo creció por la margen izquierda de nuestra sociedad, frente a lo ocurrido en otros países de la vieja Europa, está pidiendo un estudio serio; como también el hecho de que buena parte de sus protagonistas se hayan cultivado en las facultades de Ciencias Políticas. ¿En qué está hoy la Universidad española? ¿Cómo salen de las enseñanzas medias los alumnos que van a cursar estudios técnicos, universitarios, militares o eclesiásticos?

Este es un asunto que compete a la sociedad entera, familias, educadores, asociaciones y centros de análisis. Los partidos tienen demasiado limitada su visión de la realidad debido a las orejeras que suponen sus prejuicios ideológicos, y ahí están los resultados. Al socaire de sus mayorías parlamentarias cada cual trató de imponer su modelo en los últimos treinta años: el PSOE con los proyectos de Maravall y Rubalcaba, el PP con los de Del Castillo y Wert. Y en el régimen anterior, 1970, la Ley General de Educación (Lgefre) de Villar Palasí y Díez Hochleitner.

Además del desconcierto producido por la sucesión de planes y reformas siempre inacabadas, en el tránsito desde la Lgefre de 1970 a la Lomce de 2013, pasando por la Logse de 1990, la LOCE de 2002 que no se llegó a implantar y la LOE de 2006, fueron cayendo materias como las lenguas clásicas y principios como el del esfuerzo y su recompensa.

Como Penélope sobre el telar, haciendo y deshaciendo lo bordado la noche anterior, tecnócratas, socialistas y populares han tratado durante poco menos de medio siglo de dejar su impronta en la urdimbre del tejido nacional. Si a ello se suma la cesión de la política educativa a los gobiernos autonómicos, ya tenemos el cuadro de los horrores al completo.

Una generación y media ha crecido entre arenas movedizas, huérfana de bases sólidas sobre las que proyectar su propio futuro. Y lo que representa un antivalor común a todo el país se ve agravado para millones de ciudadanos en ciernes por la fragmentación de la política educativa nacional entre las comunidades autónomas.

El adoctrinamiento impuesto en los planes de estudio por algunos gobiernos regionales atenta contra la educación. Nuestro idioma común define con claridad la distancia entre adoctrinar –inculcar determinadas ideas o creencias– y educar –dirigir, desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales–. La educación fomenta el espíritu crítico; el adoctrinamiento, como la propaganda, el control de las ideas, la eliminación de referentes distintos a los dictados.

Se adoctrina para crear adictos, se educa para ser libres.

El imperio de los medios audiovisuales no juega en favor de la educación, y los tuits, wasaps y demás nuevas técnicas de comunicación fomentan la inhibición del pensamiento y cualquier tipo de análisis. La celeridad sincopada con que hoy se comunican millones de jóvenes acaba induciendo en muchos la sensación de que no hay materias complejas que resistan la fácil solución que cabe en un eslogan.

Esta es la ola que cabalgan los movimientos antisistema que están proliferando por uno u otro lado del espectro político en el mundo libre. Frente a ella no hay más salvavidas que el espíritu crítico de una educación en libertad. Donde no la hay, en las dictaduras cubana o vietnamita, no tienen ese problema después de haber sido todos indoctrinados.

El tema no es de hoy, aunque hoy sea más complejo. Hace más de un siglo Joaquín Costa escribía que «el problema de la regeneración de España es pedagógico tanto o más que económico y financiero». El regeneracionista no olvidaba otras cuestiones, pero las subordinaba a la educación: Escuela y Despensa, en ese orden, para desafricanizar España.

Hoy la escuela va mucho más allá de las aulas de institutos, colegios y universidades; está en la calle, en las pequeñas pantallas de las tabletas y teléfonos inteligentes, y en las grandes instaladas como un cuadro de familia en salas de estar, cocinas y dormitorios de todo el país. Nuevas escuelas a merced del más osado, del que toma el poder abandonado en el suelo o de quien acaba haciéndose con el púlpito subastado al mejor postor. Y este es un problema de los que no se resuelven en un pis pas ni a golpe de eslogan.

Sentar las bases para la promoción de la cultura y el sentido crítico, la autoestima y la defensa de las libertades merece los mejores esfuerzos de nuestra sociedad y sus representantes políticos. Solo así podríamos acometer otras reformas con cierto conocimiento de causa. Ejemplos nos están dando otros de cómo algunos procesos pueden terminar como el rosario de la aurora.

Fernando Savater: “La educación debe formar ciudadanos, no empleados”

Justo esta semana, cuando el Congreso de los Diputados acaba de votar la paralización de la LOMCE del PP, Vozpópuli ha conversado sobre el tema con el filósofo y escritor vasco.

Karina Sainz Borgo en vozpópuli, 091116.

Anda lejos Fernando Savater de las posiciones extremas y pesimistas. Nunca las ha tenido, mucho menos ahora que toca poner manos a la obra, al menos en lo que a educación respecta. Humanista a contrarreloj –se reparte entre las columnas de prensa, el ensayo y la docencia- , Fernando Savater ha intentado rescatar tanto en sus libros como intervenciones públicas el sentido original de la palabra ciudadanía.

Todo cuanto hacemos comporta un quehacer político, dice. Por eso, la importancia de la educación: porque transmite y completa ese marco. “Educar para formar ciudadanos significa también formar gobernantes. Todos los ciudadanos son gobernantes aunque deleguen en sus representantes ese poder de gobernar”, asegura el filósofo y escritor vasco.

Justo esta semana, cuando el congreso votó a favor de la paralización de la Ley orgánica para la mejora de la calidad educativa (Lomce), se inicia el largo viacrucis para conseguir un pacto general entre todas las fuerzas políticas sobre esta materia. ¿Están dispuestos a alcanzarlo y sostenerlo? Más allá sobre si son o no capaces, Savater prefiere volcarse en la idea de que están obligados a hacerlo.

“Ningún chico o chica que haya nacido y comenzado a estudiar en democracia ha logrado empezar y acabar sus estudios con el mismo plan educativo“, alude Savater para ilustrar el uso de la educación como arma arrojadiza: de populares contra socialistas; padres contra profesores; alumnos contra docentes… De ahí que, a juicio de Savater, la huelga de los deberes sea un absoluto “disparate”.

Vinculado siempre a la vida pública, el filósofo escritor, periodista, profesor universitario y demás frentes intelectuales, Savater tiene una obra de más de 40 libros. Conocido por sus duras críticas contra el nacionalismo vasco y su compromiso con determinadas causas públicas –formó parte de UPyD y apoyó a Ciudadanos en las elecciones vascas- la escritura de Savater significó un punto de inflexión tanto en los lectores inexpertos como veteranos; Ética para Amador y Política para Amador dan fe de ello. Sencillo y directo, Savater conversa con Vozpópuli sobre un tema que ya levanta polémica en la legislatura que comienza: la educación.

  • Avanzar en un pacto por la educación. Ujum. La LOMCE ha sufrido esta semana su primer revés en el Congreso. Y piensa quien ve esto: ¿una ley más?

– El primer problema que ha tenido España con la educación es la sucesión de leyes. Cada vez que llegaba un gobierno al poder, se promulgaba y aprobaba una ley distinta. Ningún chico o chica que haya nacido y comenzado a estudiar en democracia ha logrado empezar y acabar sus estudios con el mismo plan educativo. Esa sucesión de planes, que se han solapado unos sobre otros, no es buena porque justamente lo que necesita la educación es estabilidad.

  • Entonces, ¿esto se perpetúa o promete resultados?

– Ese pacto es necesario.  Quienes abogan por tal cosa intentan un mínimo común denominador. Pero uno que fuese respetado y compartido por partidos políticos, educadores, pedagogos, padres de familia, sindicatos. Establecer con todos ellos un punto de acuerdo, dejarlo al margen de los vaivenes políticos, dotarlos de un presupuesto suficiente y dar una cierta estabilidad. Eso es lo que no se ha conseguido y que sería bueno conseguir.

  • ¿De quién es la mayor cuota de responsabilidad? ¿De la administración pública, las fuerzas políticas? ¿Hasta qué punto los padres, que ahora riñen por los deberes, han sido pasivos?

– La responsabilidad es de todos. Porque en lugar de abordarla como una preocupación pública, la educación se ha convertido en una especie de arma arrojadiza. Por eso no se ha llegado a acuerdos en casi ningún tema. Le damos una importancia retórica a la educación, pero luego no se concreta en un acuerdo o en la una capacidad real de llegar a un acuerdo y mantenerlo. La educación se utiliza hace ya mucho como un elemento para hostigar a otros, por ejemplo, en el caso de la cruzada de los padres con el tema de los deberes, que usted menciona, es una forma de enfrentarse con profesores.

  • Pero si el  rendimiento escolar ya es bajo, sin deberes y por tanto sin refuerzos, podría ser mucho peor. ¿No?

– Los deberes han de ser racionales: no una carga abrumadora ni disparatada. Unos deberes que permitan que haya continuidad entre la escuela y el hogar, y no exista un divorcio. Que los deberes para completar en casa permitan a los alumnos seguir adelantando el trabajo de la escuela. No tiene sentido una separación entre lo que se hace la escuela y la casa, justamente para evitar que el niño olvide lo que ha aprendido a lo largo del día. Por eso creo que la postura de los padres de convocar una huelga de deberes es un absoluto disparate.

  • Hay énfasis y apasionamiento en todos estos debates, pero falta conocimiento técnico. ¿La educación está condenada a ser objeto de una discusión catastrofista?

– Lo realmente importante es que quienes participen en las discusiones para una reforma educativa sean realmente quienes sepan de esa cuestión. Que tengan alguna vinculación con la educación, que tengan un trato con sus instituciones y cuál es la dinámica interna de los proyectos educativos. Hasta ahora, quienes han participado en la redacción de las leyes educativas desconocen su naturaleza técnica. Los que están en el parlamento lo único que de verdad saben de educación es un hecho: todo cuanto hagan en esa materia debe ser para contradecir a su oponente. Eso, claro, no ayuda. Las personas que participan en los debates técnicos, en lugar de tener preparación, han caído en manos de la retórica.

  • El punto es que su uso para enardecer obcecaciones ha resultado tremendamente útil en determinados sitios. En Cataluña por ejemplo.

– Uno de los temas fundamentales de la educación radica en el hecho de que tiene que incluir a todo el país. Es un asunto de incumbencia nacional. La inmersión lingüística es una barbaridad y resta posibilidades a una educación de nivel general en España. Y ocurre no sólo en Cataluña, también en Valencia, Baleares: privar a los niños de la posibilidad de estudiar en la lengua oficial. Ese es un disparate que no ocurre en otro país de Europa y si además a eso se suman los planes sobre los contenidos históricos, que están diseñados para dar gusto a las tiranías  separatistas, hablamos entonces de daños serios que se le hacen a la educación en España.

  • Hace ya un par de años, usted aseguró que el modelo de alumno que promovía la LOMCE era prácticamente el de un funcionario: gente técnicamente preparada pero sin pensamiento general.

– La educación debe buscar la formación de ciudadanos, no de empleados. Personas no sólo con capacidades laborales, sino personas capaces de entender la sociedad. Educar para formar ciudadanos significa también formar gobernantes. Todos los ciudadanos son gobernantes aunque deleguen en sus representantes ese poder de gobernar  Para eso hace falta crear una sociedad capaz de comprender al otro, de persuadir de ser persuadido, de tener una actitud en la cual se comprendan y se expongan los argumentos. Además, por supuesto, se saberes fundamentales: aritmética, gramática…, asuntos que son esenciales, pero también aquellas materias que aportan un pensamiento global.

  • Cerca del 40% de los españoles dice no leer jamás. Pero eso es sólo un dato. ¿En una reforma y un pacto educativo qué es lo más urgente?

– Una cuestión está unida a la otra. La gente no lee porque no comprende. No comprende porque no ha tenido una educación orientada al razonamiento. Nada de eso puede considerarse por separado. Por eso insisto en que en estos debates de leyes y planes deben participar personas que estén en contacto con las carencia educativas, que conozcan muy de cerca qué edades tienen cuáles problemas y porqué.

  • Lo que viene mal del instituto, ¿se puede corregir en la universidad?

– Aquello que no se ha obtenido en primaria y secundaria no lo dará la universidad, al contrario. Si un alumno llega a la universidad con grandes carencias, difícilmente puede asimilar las otras, porque experimenta un retraso mucho mayor.

  • Usted conoce el trabajo de Ciudadanos en este tema. ¿Cuáles cree que podrían ser las propuestas educativas que podrían aportar las fuerzas políticas?

– Primero, yo no  conozco cuáles son los puntos que pueda tener Ciudadanos al respecto y sobre eso mismo, tampoco puedo incurrir en lo mismo que critico. Deben de ser las fuerzas involucradas en el proceso educativo, tanto profesores, como pedagogos o padres de familia quienes deben decir eso. No cada una por su lado desperdigada, sino en conjunto. Hay una serie de temas en los que estoy seguro que se pondrán de acuerdo con los profesores que están en las aulas, quien son capaces de ver qué es lo más urgente y qué es lo que hay que plantearse más a largo plazo. No existe tal cosa como una solución mágica, hay que reunirse  para poner posiciones en común que permitan llegar a un acuerdo.

  • Le voy a pedir que se moje, ¿tal y como está el percal, piensa que tal cosa como un debate y un acuerdo por la educación puede llegar a buen puerto?

– Quiero pensar que sí, porque es un tema lo suficientemente importante como para que las personas  dedicadas a ello se den cuenta de que hay que renunciar a los prejuicios y colaborar. Antes no se ha podido, pero lo cierto es que es un tema urgente e indispensable para el país, por eso quiero pensar que sabrán ponerse de acuerdo.

  • Mantener a Íñigo Méndez de Vigo como Ministro de Educación planeta dos lecturas: que no habrá cambios y que tendrá que ser  bajo esa premisa que se den las negociaciones. Es decir: nada. ¿Qué piensa?

– Esta persona no ha tenido ocasión de demostrar lo que puede hacer. Llegó en un momento en el que prácticamente sólo pudo ocupar el cargo en funciones. Parece tener un carácter dialogante. No creo que tenga muchos prejuicios establecidos en es tema y puede ser un buen catalizador para reunir a su alrededor de gente que quiera llegar a acuerdos.

  • Lo veo muy optimista o acaso muy diplomático.

– Del pesimismo no se saca nada. Las posiciones pesimistas sólo son verdaderamente creíbles si están acompañadas de una medida extrema como tirarse por la ventana. Si alguien cree que el mundo no tiene solución y que va a peor y se tira de un octavo piso, a ése hay que, no sé si creerle, pero al menos sí admitir que entre lo que dice y lo que piensa hay relación. En cambio  aquellos que también dicen que el mundo está mal y no tiene remedio pero se van a tomar unas gambas a la plancha, quizá no haya que creerles tanto, o al menos no son muy dignos de ser leídos. Y como yo no quiero tirarme por la ventana, prefiero no ser pesimista.

Modern Educayshun‘ [2015]. Cortometraje australiano sobre la corrección política y la educación. Un nuevo alumno en la clase de matemáticas se enfrenta a una nueva metodología de estudio que abarca un abanico de temas entre los que no se encuentran las matemáticas.  Parodia realizada por el humorista australiano Neel Kolhatkar. Subtítulos en español.

Los bárbaros somos nosotros

Abundan las muestras del salvajismo de una juventud salida de las aulas diseñadas por unos pedagogos y políticos progresistas que nunca pagarán por sus culpas.

Jesús Laínz en LD, 240916.

El bueno de José Jiménez Lozano recoge en sus Impresiones provinciales el repugnante hecho sucedido en Sevilla hace un par de años, cuando los jóvenes botelloneros concentrados en las inmediaciones de una residencia de ancianos se lo pasaron bomba insultando y golpeando a los familiares de un anciano recién fallecido y otros acompañantes del cortejo fúnebre.

El suceso le ha servido a dicho autor para subrayar que “éstos son los indeseables pero seguros efectos no sólo de la educación escolar de estos años, sino del descenso intelectual, moral, y del gran aumento de la degradación humana que ha experimentado el país”, lo que ha resumido en la acertada expresión”derribo de la civilidad”.

Estas últimas palabras recordaron a este humilde escribidor, cinéfilo de tercera regional, al autoritario catedrático interpretado por Albert Finney en The Browning Version preguntándose:

¿Cómo vamos a modelar seres humanos civilizados si ya no creemos en la civilización?

Efectivamente, ésta es una de las claves del Occidente de nuestros días: ¡tanto que ha presumido durante largos siglos, en algunas ocasiones con toda la razón y en algunas otras algo menos, de encarnar la civilización frente a la barbarie dominante en el resto del planeta, para llegar a estos crepusculares tiempos en los que su mayor afición es su propia denigración!

Ya no nos hacen falta los bárbaros de fuera. Los hunos pueden ahorrarse el trabajo de asaltar las puertas carcomidas de un Imperio antaño viril y hoy mantecoso. A los hunos hoy los tenemos dentro: somos nosotros mismos, especialmente nuestros jóvenes educados en el rechazo a todo esfuerzo, excelencia y autoridad. Porque la que cuenta Jiménez Lozano es tan solo una del millón de anécdotas que retratan el salvajismo de una juventud salida de las aulas diseñadas por unos pedagogos y políticos progresistas que nunca pagarán por sus culpas.

Pero las hordas juveniles no están solas. Otra anécdota entre un millón: a finales del pasado mes de julio las olas depositaron un fardo de hachís en una playa malagueña. El socorrista que lo recogió y avisó a la policía fue agredido por una horda de bañistas que se abalanzaron sobre el fardo para hacerse con la droga. Edificante espectáculo de quienes, sin duda, despotrican todos los días contra la corrupción de los políticos. Éste es el pueblo español. Es evidente que no se puede generalizar, pero cabría preguntarse hasta qué punto pesan las excepciones.

Al elemento humano hay que añadir el ideológico, pues la disolución general no se podría explicar sin constatar el hecho de que a nuestros modernos salvajes, jóvenes y viejos, les acompañan las opciones políticas caracterizadas por el rechazo a las sociedades occidentales en las que les ha tocado vivir.

La frustración personal como móvil político, el rencor universal, la violencia apenas soterrada, la incapacidad de crear, el placer por disolver, el odio hacia todo y hacia todos están espléndidamente representados por esa neoizquierda engendrada por la Logse y otras medidas socialistas de ingeniería social de largo alcance. Aunque tampoco es cosa de concederles la satisfacción de hacerles sentir especialmente originales, pues el asunto ya es viejo en eso que llamamos izquierda. Un sólo ejemplo: en 1925, en una conferencia en la madrileña Residencia de Estudiantes, el eximio comunista francés Louis Aragon declaró que su intención era “destruir esta civilización”:

¡Mundo occidental, estás condenado a muerte! Nosotros somos los derrotistas de Europa. Poneos en guardia, o, mejor aún, reíd mientras podáis. Nosotros pactaremos con todos vuestros enemigos (…) Sembraremos por doquier los gérmenes de la confusión y el malestar (…) Somos los que siempre daremos la mano al enemigo.

Nuestro olvidado José Cadalso ya nos advirtió hace tres siglos que paradetener la irrupción de los bárbaros no es suficiente obstáculo el número de ciudades fortificadas:

Si reinan el lujo, la desidia y otros vicios fruto de la relajación de las costumbres, éstos sin duda abrirán las puertas de las ciudadelas. La mejor fortaleza, la más segura, la única invencible, es la que consiste en los corazones de los hombres, no en lo alto de los muros ni en lo profundo de los fosos.

Los nuevos bárbaros llaman a nuestras puertas. Es más, ya están dentro junto a los de fabricación propia. Y da igual que hayan llegado por supervivencia o por fanatismo religioso, da igual que se trate de gente excelente que de criminales, de justos que de pecadores, pues en el caos final no habrá tiempo para matices. Y cuando llegue, nos pillará haciendo botellón.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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