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¿Duelo en ok Washington?

Desde que Trump comenzó a tener posibilidades de alcanzar la Casa Blanca se inició un linchamiento tan sistemático y constante contra él, en todo Occidente, que sólo un ingenuo consideraría espontáneo. Bo hace falta saber inglés. Basta con asomarse a gran parte de los medios españoles para comprobarlo.

Y mi experiencia me corrobora que tales campañas tampoco son casuales sino claramente causales. Entre los intereses que pueda haber coincidido en el objetivo común de impedir la llegada al poder de Trump, todos podemos sospechar de algunos, es decir, de entre aquellos que consideraban que únicamente saldrían beneficiados si que las cosas siguieran como estaban, colaborando en la ascensión de Hillary Clinton.

No estoy pensando especialmente en colectivos discriminados positivamente ni, desde luego, en coléricos votantes progresistas que, de la noche a la mañana, pasan de indignarse por las dudas de Trump en cuanto a la futura limpieza del escrutinio a acusarle directamente de fraude electoral. Este último sector de la reacción, puramente callejera, ejercería de simple comparsa, aparentemente espontánea, que los algunos medios se encargarían de amplificar, como si de una revolución popular se tratara.

Me refiero, más bien, a ese conjunto de intereses que se encuentran entre el grupo formado por los patrocinadores del actual neocapitalismo de la economía global, del neoliberalismo tecnocrático, del lobbismo, y que velan por la cuenta de resultados de determinadas multinacionales muy pendientes de sus procesos y condiciones de producción -particularmente en las ‘deslocalizaciones‘- no se vean alterados porque la sociedad de que se trate decida que ya aguanta más y quiere a cambiar las cosas para que parte de los beneficios de una mayor productividad vuelva a los trabajadores y baje también el trato retributivo a los altos ejecutivos y la rentabilidad para los accionsistas.

Lobys que, por descontado, saben de las mil y una puertas giratorias que pueden pactar con el alto funcionariado federal de Washington y con la oligarquía -demócrata o republicana- encargada de alternarse en el poder. Es decir, de aquellos que Trump dice que va a poner en su sitio para dejar paso al pueblo.

¿Por qué digo todo esto? Sustancialmente porque, dentro de ese grupo de intereses absolutamente instalados en el poder de la capital estadounidense, muchos están dando pie, de contínuo, a la tesis contraria pero de semejante gravedad: su convencimiento de que detrás de Trump hay toda una operación en marcha -con Rusia incluída, nada menos- para consumar la caída del actual Imperio democrático occidental. Y porque la actuación de Obama durante todo el proceso de transición, de transmisión del poder, jamás vista en la historia de los presidentes cesantes de EEUU, además de escandalosa ha resultado muy poco explicable en términos de normalidad constitucional. Sin dejar de pensar en la surrealista manifestación de la dictadura comunista China, ofreciéndose a ser el nuevo líder de la economía de mercado.

De modo que, como a mí me ocurre, el lector es posible que se encuentre, en el peor de los casos, ante el posible y grave enfrentamiento, irremediablemente conspirativo, entre dos poderosos colectivos -uno legitimado y aupado, a través de las urnas, por los compromisarios electorales norteamericanos; el otro, económico y claramente fáctico- que además de tener una visión económico-política substancialmente diferente persiguen el mismo objetivo: hacerse con el mando de la situación respetando, teóricamente y entre bambalinas,  las formas democráticas, es decir, el Sistema.

Y tengo que confesar que, cualquiera que sea la ideología o intereses ocultos, si hay algo que me irrita profundamente, siendo superior a mis habituales fuerzas tolerantes, eso se denomina linchamiento, la manipulación de la verdad con la intención de acabar con el adversario convenciendo a la sociedad implicada, de la necesidad de ello. Estoy, pues, radicalmente en contra de los linchamientos y de sus fuentes de alimentación sectaria.

Es por ello por que hoy me he decidido a darles acceso a algún criterio del sector que, por defender a Trump con argumentos de lucha económica, no se suele leer por aquí y que, en este caso, es defendido por una persona, Paul Craig Roberts, con la que se podrá no estar de acuerdo pero nadie dudará de que tiene mucho más nivel político y económico que muchos, muchísimos, de los que están poniendo a parir a Trump, también por cuestiones de fondo, sin que éste haya comenzado, realmente, siquiera a gobernar.

Que cada cual vaya sacando sus conclusiones y se siga formando una opinión propia al respecto.

EQM

pd.

Para aquellos desorientados progresistas que consideren que Paul Craig Roberts es una especie de fascista e incondicional de trump, simplemente indicarles quese equivocan; se trata de un conservador republicano que se enfrenta radicalmente al capitalismo salvaje de las multinacionales explotan tanto en sus deslocalizaciones como en EEUU, utilizando mano de obra extranjera mucho más barata y desprotegida socialmente e incrementando el paro propiamente estadounidense. Y se trata de un pensador político cuyos textos son ampliamente respetados también por esa intelectualidad de la dirección castrista -tan respetada, ella, por la izquierda española- que acaba de pactar unas nuevas relaciones con el anterior Presidente, Obama. Pueden comprobarlo, por ejemplo, echando un vistazo a la web cubana sobre antiterrorismo mediático [sic]. Cada cosa en su sitio.

Sobre los titulares de la prensa española hoy, escojan vds de entre sus preferencias. Yo me quedo con los del El País, en su portada de papel:

  • Trump cumple sus amenazas y ordena levantar el muro con México. [Cuando todo el mundo sabe que el muró se levantó en 1994, tiempos de Bill Clinton: ahora se alargará].
  • Otro decreto castiga a las ciudades que protejan a los inmigrantes sin papeles. [está claro: los únicos ‘sinpapeles’ perseguibles son los oriundos].
  • Pancarta junto a la Casa Blanca: Resitid. [todo un canto a la democracia]

Trump declara la guerra

El breve discurso inaugural del presidente Trump fue toda una declaración de guerra contra la totalidad del American Ruling Establishment (grupo dominante estadounidense compuesto por el partido demócrata, el partido republicano y medios de comunicación).

Paul Craig Roberts en vozpópuli, 250117. [Fuente de la traducción]

El breve discurso inaugural del presidente Trump fue toda una declaración de guerra contra la totalidad del American Ruling Establishment (grupo dominante estadounidense compuesto por el partido democrático, el partido republicano y medios de comunicación).

Trump dejó muy claro que los mayores enemigos de los estadounidenses están en casa: los defensores de la globalización, economistas neoliberales, neoconservadores y otros unilateralistas acostumbrados a imponer el dominio de los EEUU en el mundo e incluirlos en guerras costosas e interminables, políticos que sirven al Ruling Establishment más que al pueblo estadounidense, de hecho, son la cubierta de todos los intereses privados que ha hundido a Estados Unidos mientras que ellos se enriquecían en el proceso.

Sinceramente, Trump ha declarado una guerra más peligrosa para sí mismo que si se la hubiera declarado a Rusia o China.

Los grupos de interés que Trump califica como «El enemigo» están muy arraigados y acostumbrados a estar al mando. Sus poderosas redes todavía existen. Aunque sigue habiendo mayorías republicanas en la Cámara de los Representantes y en el Senado, muchos de los que están en el Congreso dependen de los grupos de interés dirigentes que financian sus campañas y no del pueblo estadounidense o el Presidente. El complejo militar/de seguridad, las sociedades externalizadas, Wall Street y los bancos no van a entregarse a Trump. Tampoco lo hará la prensa independiente, la cual pertenece a los grupos de interés a los cuales este desafía.

Trump dejó claro que está ahí para todos los estadounidenses, ya sean blancos, morenos o negros. Las pequeñas dudas que surgieron de su declaración de inclusión son aquellas que ignorarán los de izquierdas, que le seguirán llamando racista tal y como lo están haciendo los manifestantes que cobran 50 $ por hora mientras yo escribo esto.

De hecho, el liderazgo negro, por ejemplo, ha adquirido un papel victimista del cual les va a ser difícil desprenderse. ¿Cómo vamos a juntar a las personas que han aprendido a lo largo de su vida que los blancos son racistas y que ellos son sus víctimas?

¿Es posible hacerlo? Acabo de participar brevemente en un programa con Press TV en el cual debíamos analizar el discurso inaugural de Trump. El otro comentarista era un afroamericano que vivía en Washington, DC. El discurso de inclusión de Trump no le impresionó y el presentador solo estaba interesado en mostrar los manifestantes contratados para desacreditar a los Estados Unidos. Por lo tanto, hay mucha gente que tiene un interés económico en hablar en nombre de las víctimas a las cuales la inclusión les deja fuera de trabajos y causas.

Así que, junto con los defensores de la globalización, la CIA, las sociedades externalizadas, la industria armamentista, la OTAN dominante en Europa y los políticos extranjeros acostumbrados a que se les pague bien por apoyar la política exterior intervencionista de Washington, Trump tendrá desplegados contra él a los líderes de las víctimas, los negros, los hispánicos, los feministas, los ilegales, los homosexuales y los transgénero. Esta lista, por supuesto, incluye también a los blancos liberales, ya que están convencidos de que el interior de Estados Unidos es el hábitat de los blancos racistas, misóginos, homófobos y defensores de las armas. En lo que a ellos respecta, este 84 % de la superficie estadounidense debería estar en cuarentena o enterrada.

En otras palabras, ¿quedará algo de bondad en la población que permita a un Presidente unir ese 16 % que odia Estados Unidos con el 84 % de los que adoran Estados Unidos?.  Observe las fuerzas que están en contra de Trump:

Los líderes negros e hispánicos necesitan ser víctimas ya que esto es lo que les lleva al poder y a los ingresos. Ellos serán un prejuicio para la inclusión de Trump. La inclusión es buena para los negros y los hispánicos, pero no para sus líderes.

Los ejecutivos y accionistas de las sociedades globales se han enriquecido gracias a los trabajos externalizados que Trump dice que traerá de vuelta. Si los trabajos vuelven al país, sus beneficios, rendimiento y ganancias capitales se perderán. Pero, en cambio, volverá la seguridad del pueblo estadounidense.

El complejo militar/de seguridad tiene un presupuesto anual de 1000 mil millones que dependen de la «amenaza rusa», la cual Trump dice que va a reemplazar por relaciones normalizadas. El asesinato de Trump no se puede descartar.

Muchos europeos deben su prestigio, poder y beneficios a la OTAN, la cual Trump ha cuestionado.

El beneficio del sector financiero emana casi por completo de poner a los estadounidenses en servidumbre por deudas y de saquear sus pensiones públicas y privadas. El sector financiero junto con su agente, la Reserva Federal, pueden aplastar a Trump con una crisis financiera. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York tiene una mesa de operaciones completas. Puede sumir cualquier mercado al caos. O apoyar a cualquier mercado, ya que su habilidad de crear dólares estadounidenses no tiene límites.

Todo el edificio político estadounidense se ha aislado de la voluntad, los deseos y las necesidades del pueblo. Ahora Trump dice que los políticos serán quienes rindan cuentas con el pueblo. Esto, por supuesto, supondría un gran descenso en su seguridad durante el ejercicio y en su beneficio y riqueza.

Hay un gran número de grupos, fundado por no sabemos quién. Por ejemplo, RootsAction ha respondido hoy al fuerte compromiso de Trump de representar a toda esa gente en contra del Ruling Establishment con la solicitud de «pedir al Congreso que ordene al Comité Judicial de la Cámara de Representantes que abra una investigación de impugnación» y envíe dinero para la impugnación de Trump.

Otro grupo discriminatorio, Human Rights First, ataca la defensa de Trump de las fronteras como el cierre de «un refugio de esperanza para aquellos que huyen de una persecución». Pensemos en esto un momento. Según la izquierda progresiva liberal y las organizaciones de grupos de interés racial, los Estados Unidos están formados por una sociedad racista, justo lo que es el presidente Trump. Sin embargo, ¿la gente que sufre el racismo de los estadounidenses está huyendo de esta persecución a Estados Unidos donde se les persigue por su origen? No tiene sentido. Los ilegales van a Estados Unidos a trabajar. Preguntemos a las constructoras. Preguntemos a los pollos y los animales de los mataderos. Preguntemos a los servicios de limpieza de las áreas vacacionales. Esta lista de aquellos a los que Trump ha declarado la guerra es larga, aunque aún se pueden añadir más.

Debemos preguntarnos por qué un billonario de 70 años con negocios florecientes, una mujer preciosa e hijos inteligentes desea pasar los últimos años de su vida sufriendo el estrés de ser Presidente, con el estresante programa necesario para devolver el gobierno al pueblo estadounidense. No cabe duda de que Trump se ha convertido un blanco de atentados. La CIA no va a rendirse y marcharse. ¿Por qué una persona asumiría la gran restauración de Estados Unidos que Trump ha declarado cuando, por el contrario, podría pasar el resto de sus días disfrutando enormemente de sí mismo?

Sea cual sea la razón, deberíamos estar agradecidos por ello, y si él es sincero, entonces deberíamos apoyarle. Si es asesinado, debemos recurrir a las armas, quemar Langley y matar a todos y cada uno de ellos.

Si él tiene éxito, entonces se merece la designación de Trump el Grande.

Rusia, China, Irán, Venezuela, Ecuador, Bolivia y cualquier otro país que aparezca en la lista negra de la CIA deberían entender que el ascenso de Trump es una protección insuficiente. La CIA es una organización internacional. Sus beneficiosos negocios proporcionan ingresos más allá del presupuesto de los Estados Unidos. La organización es capaz de realizar operaciones independientemente del Presidente o su Director.

La CIA ha tenido 70 años para consolidarse. Y no ha desaparecido.

Paul Craig Roberts (Estados Unidos, 1939) es un economista, escritor y periodista conservador estadounidense. Ocupó el cargo de subsecretario del Tesoro en la administración Reagan y es considerado uno de los fundadores de la Reaganomía. Fue editor y columnista de Wall Street Journal, Business Week y Scripps Howard News Service. Paul Craig Roberts testificó en más de treinta ocasiones ante comités del congreso sobre temas de política económica.

Roberts está doctorado por la Universidad de Virginia y diplomado por el Instituto de Tecnología de Georgia, la Universidad de California (Berkeley) y la Universidad de Oxford donde fue miembro del Merton College.

Entre 1975 y 1978 trabajó en el Congreso. Durante este período redactó la ley Kemp-Roth, de reducción fiscal. A principios de los años ochenta, se convirtió en subsecretario del Tesoro en la administración Reagan, y se dio a conocer como uno de los padres fundadores de la Reaganomía, principalmente por su contribución a la reforma de la Tax Act de 1981. En política exterior, sus convicciones son opuestas a las de los neoconservadores. Se mostró partidario a las tesis de la conspiración interna con respecto a los atentados del 11 de septiembre de 2001, se opusó a la guerra en Irak. Igualmente es crítico de la política estadounidense con Irán.

Obras

  • Alienation and the Soviet Economy (1971, 1990) ISBN 0-8419-1247-5
  • Marx’s Theory of Exchange, Alienation, and Crisis (1973, 1983) ISBN 0-03-069791-3 (Spanish language edition: 1974)
  • The Supply Side Revolution: An Insider’s Account of Policymaking in Washington (1984) ISBN 0-674-85620-1 (Chinese language edition: 2012)
  • Meltdown: Inside the Soviet Economy (1990) ISBN 0-932790-80-1
  • The Capitalist Revolution in Latin America (1997) ISBN 0-19-511176-1 (Spanish language edition: 1999)
  • The New Color Line: How Quotas and Privilege Destroy Democracy (1995) ISBN 0-89526-423-4
  • The Tyranny of Good Intentions: How Prosecutors and Bureaucrats Are Trampling the Constitution in the Name of Justice (2000) ISBN 0-7615-2553-X (new edition: 2008)
  • How the Economy Was Lost: The War of the Worlds (2010) ISBN 978-1-84935-007-5
  • Wirtschaft Am Abgrund (2012) ISBN 978-3-938706-38-1
  • Chile: Dos Visiones, La era Allende-Pinochet (2000) ISBN 956-284-134-0
  • The Failure of Laissez Faire Capitalism and Economic Dissolution of the West (2012) ISBN 0986036250
  • How America was Lost. From 9/11 to the Police/Warfare State (2014) ISBN 9780986036293

Fuente: wiki

www.paulcraigroberts.org

Los manifestantes anti-Trump son instrumentos de la oligarquía

“La reforma siempre provoca rabia en aquellos que se benefician del antiguo orden”
Arthur Meier Schlesinger, The Crisis of the Old Order – 1957

Paul Craig Roberts en Information Clearing House 11116.

¿Quiénes son los manifestantes anti-Trump que mancillan el nombre de los progresistas, haciéndose pasar por progresistas, y se niegan a aceptar el resultado de las elecciones presidenciales? Se parecen y actúan peor que la “basura blanca” que denuncian.

Creo que sé lo que son. Matones de alquiler pagados por la oligarquía para deslegitimar a la presidencia de Trump de la misma forma que Washington y la German Marshall Fund pagaron a los estudiantes de Kiev para protestar por el gobierno de Ucrania democráticamente elegido con el fin de preparar el camino a un golpe de Estado.

La organización change.org que pretende ser un grupo progresista, pero podría ser un frente, junto con otros grupos progresistas de la oligarquía, está destruyendo la reputación de todos los progresistas haciendo circular una petición dirigida al Electoral College para que anule la elección y emita su voto para Hillary. Recordemos que los progresistas se disgustaron mucho cuando Trump dijo que podría no aceptar el resultado de las elecciones si había pruebas de que la votación fue manipulada. Ahora los progresistas están haciendo lo que condenaron en Trump por decir “que podría hacer algo en ciertas condiciones”.

Los medios corporativos occidentales utilizaron las protestas en Kiev para deslegitimar un Gobierno elegido democráticamente y manipularlo para un golpe. La protesta pagada fue suficiente para que personas no ucranianas procedentes de países vecinos fueran a participar en la protesta con el fin de recaudar el dinero. En ese momento publiqué las cantidades pagadas diariamente a los manifestantes. Los informes me llegaron de Europa oriental y occidental de personas que no eran de Ucrania y cobraron por protestar como si fueran ucranianas.

Lo mismo está pasando con las protestas anti-Trump. La CNN informa de que “para muchos estadounidenses en todo el país, la victoria de Donald Trump es un resultado que, simplemente, se niegan a aceptar. Decenas de miles de personas llenaron las calles al menos en 25 ciudades de Estados Unidos durante la noche”. Esta es la noticia exacta que desea la oligarquía de sus medios y la obtuvo.

Espero que nadie crea que las protestas simultáneas en 25 ciudades fueron un acontecimiento espontáneo. ¿Cómo lograron las protestas independientes de 25 ciudades llegar con las mismas consignas y las mismas señales la misma noche después de la elección?

¿Cuál es el asunto de las protestas y a qué intereses sirven? Como los romanos siempre hay que preguntar, “¿quién se beneficia?”.

Sólo hay una respuesta: la oligarquía y sólo la oligarquía.

Trump es una amenaza para la oligarquía porque tiene la intención de detener la promoción de empleos en Estados Unidos para los extranjeros. La promoción de puestos de trabajo, santificada por los economistas neoliberales como chatarra del “libre comercio”, es una de las principales razones del empeoramiento de la distribución del ingreso de Estados Unidos en el siglo XXI. El dinero pagado antes como salarios de la clase media, a los empleados de la industria y a los graduados de la universidad estadounidense ha retornado a los bolsillos del uno por ciento de la población.

Cuando las empresas estadounidenses trasladan su producción de bienes y servicios vendidos a los estadounidenses a países asiáticos, como China e India, su masa salarial cae. El dinero que percibía la clase media en los ingresos va en cambio en bonos y dividendos y las ganancias de capital a los accionistas. La escala de movilidad ascendente que había hecho de Estados Unidos, la tierra de las oportunidades, se desmanteló con el único propósito de hacer multimillonarias a un puñado de personas.

Trump es una amenaza para la oligarquía porque tiene la intención de establecer relaciones pacíficas con Rusia. Con el fin de reemplazar la rentable amenaza soviética, la oligarquía y sus agentes neoconservadores trabajaron horas extras para recrear la “amenaza rusa” demonizando a Rusia.

Acostumbrado a muchas décadas de exceso de beneficios de la rentable Guerra Fría, el complejo militar y de seguridad se enojó cuando el presidente Reagan trajo el fin de la Guerra Fría. Antes de que estos chupasangres de los contribuyentes estadounidenses pudieran poner en marcha nuevamente la Guerra Fría, la Unión Soviética se derrumbó como consecuencia de un golpe de la derecha contra el presidente soviético Mijail Gorbachov.

El complejo militar y de seguridad y sus agentes sionistas neoconservadores cocinaron “la guerra contra el terrorismo” para mantener el flujo de dinero para ese uno por ciento. Pero así como tan duro trabajaron los prescriptores de los medios de comunicación para crear temor a “la amenaza musulmana”, hasta los despreocupados estadounidenses sabían que los musulmanes no tienen miles de misiles balísticos intercontinentales ni potentes armas termonucleares capaces de destruir la totalidad de los Estados Unidos en unos minutos. Tampoco los musulmanes tienen el Ejército Rojo con la capacidad de invadir toda Europa en un par de días. De hecho los musulmanes no tenían la necesidad de un ejército. Los refugiados de las guerras de Washington apoyadas por los europeos están invadiendo Europa.

La excusa para el presupuesto militar y de seguridad anual de un billón de dólares había desaparecido. Por lo que la oligarquía creó “el nuevo Hitler” en Rusia. Hillary fue la principal agente de la oligarquía para calentar la nueva Guerra Fría.

Hillary es la herramienta, enriquecida por la oligarquía, cuyo trabajo como presidenta sería proteger y aumentar el presupuesto de un billón de dólares del complejo militar y de seguridad. Con Hillary en la Casa Blanca el saqueo a los contribuyentes estadounidenses en aras de la riqueza del uno por ciento podría seguir adelante sin impedimentos. Pero si Trump resuelve “la amenaza rusa” la oligarquía recibe un golpe sobre sus rentas.

El trabajo de Hillary como presidenta también sería la privatización de la Seguridad Social con el fin de que sus beneficiarios de Wall Street pudieran estafar a los estadounidenses de la misma forma en que han sido estafados por las compañías de seguros en virtud del Obamacare.

Los estadounidenses que no prestan atención piensan, erróneamente, que el FBI blanqueó la violación que hizo Hillary de los protocolos de seguridad nacional con sus prácticas de correos electrónicos. El FBI dijo que Hillary violó la seguridad nacional, pero que fue el resultado de un descuido o ignorancia. Se libró del auto de procesamiento debido a que el FBI llegó a la conclusión de que no tenía la intención de violar los protocolos de seguridad nacional. La investigación de la Fundación Clinton continúa.

En otras palabras, con el fin de proteger a Hillary el FBI recurrió a la norma de derecho común antigua que “no puede haber un crimen sin intención”. (Ver PCR y Lawrence Stratton, The Tyranny of Good Intentions).

Uno podría pensar que los manifestantes, si fueran legítimos, estarían celebrando la victoria de Trump quien, a diferencia de Hillary, se compromete a reducir las tensiones con la poderosa Rusia y esperamos que también con China. A diferencia de Hillary, Trump dice que está preocupado por la ausencia de futuro laboral para esas mismas personas que protestan contra él en las calles de 25 ciudades.

En otras palabras, las protestas contra el pueblo estadounidense por haber elegido presidente a Trump no tienen sentido. Las protestas están ocurriendo por una sola razón. La oligarquía tiene la intención de deslegitimar la presidencia de Trump. Una vez que el presidente esté deslegitimado será más fácil para la oligarquía asesinarlo. A menos que la oligarquía pueda designar y controlar el Gobierno de Trump, este es un candidato ideal para el asesinato.

Las protestas contra Trump son sospechosas por otra razón. A diferencia de Hillary, Obama y George W. Bush, Donald Trump no ha sacrificado y desarticulado a millones de personas en siete países ocasionando el desplazamiento de millones de refugiados de las guerras de la oligarquía que invaden Europa.

Trump obtuvo su fortuna, bien o mal, no mediante la venta de influencias de los gobernantes del país a los agentes extranjeros, como hicieron Bill y Hillary.

¿Quiénes son los manifestantes que protestan?

No hay una respuesta, excepto que son contratados para protestar. Al igual que los manifestantes de Maidan, en Kiev, fueron contratados para protestar a favor de los Estados Unidos y financiados por una ONG de Alemania.

Las protestas en Kiev fueron igualmente inútiles porque las elecciones presidenciales estaban sólo a unos meses. Si los ucranianos realmente creían que su presidente estaba conspirando con Rusia para impedir que Ucrania se convirtiera en un estado títere occidental y deseaban que se convirtiera en un estado títere a cualquier precio, la oportunidad de votar al gobierno estaba al tiro. La única razón de las protestas fue orquestar un golpe de Estado. Los EE.UU. consiguieron poner en el control del nuevo Gobierno a su gente, como Victoria Nuland y el embajador de Estados Unidos en Kiev puestos en evidencia en su conversación telefónica que está disponible en internet.

Las protestas de Maidan no tenían sentido salvo para hacer posible un golpe de Estado. Sin lugar a dudas las protestas fueron organizadas por Washington a través de la subsecretaria de Estado Victoria Nuland, neoconservadora puesta en el Departamento de Estado de Hillary Clinton con el fin de crear conflicto con Rusia.

Las protestas contra Trump tienen el fin de hacerlo vulnerable en caso de que demuestre ser una amenaza para la oligarquía.

Trump ganó la presidencia, pero la oligarquía todavía está en el poder, lo que hace que cualquier reforma real sea difícil de lograr. Las reformas simbólicas pueden ser el producto de la contienda entre el presidente Trump y los oligarcas.

Karl Marx aprendió de la experiencia histórica. Y Lenin, Stalin y Pol Pot aprendieron de Karl Marx que el cambio no puede ocurrir si la clase dominante queda intacta después de una revolución contra ella. Tenemos pruebas de esto en América del Sur. Ninguna de las revoluciones que hicieron los pueblos indígenas molestaron a la clase dominante española y cada revolución ha sido derrocada por la colusión entre la clase dominante y Washington.

Washington ha conspirado con las élites tradicionales para eliminar a los presidentes legítimos de Honduras en varias ocasiones. Recientemente Washington ayudó a las elites a desalojar a las presidentas de Argentina y Brasil. Los presidentes de Venezuela, Ecuador y Bolivia están en el punto de mira y es improbable que sobrevivan. Washington está decidido a poner sus manos sobre Julian Assange. Para lograr esto Washington tiene la intención de derrocar al Gobierno ecuatoriano, que en desafío a Washington dio asilo político a Julian Assange.

Hugo Chávez tenía el poder de exiliar o exterminar a la clase dominante española en Venezuela, cuando la clase dominante participó en un golpe de la CIA contra Chávez. Pero antes de que la CIA pudiera eliminar a Chávez el pueblo y los militares forzaron su liberación. En lugar de castigar a los criminales que le iban a matar, Chávez los dejó ir.

Según Marx, Lenin y Stalin, este es el clásico error de los revolucionarios. Confiar en la buena voluntad de la clase dominante es el camino cierto hacia la derrota de la revolución.

América Latina se ha mostrado incapaz de aprender esta lección: las revoluciones no pueden ser conciliadoras.

Trump es un negociador. La oligarquía le puede permitir el brillo del éxito a cambio de ningún cambio real.

Trump no es perfecto. Puede cometer sus propios errores, pero debemos apoyarlo sobre la base de los dos elementos más importantes de su programa: reducir las tensiones entre las grandes potencias nucleares y poner fin a la política económica de Washington de permitir la globalización que destruye las perspectivas económicas de los estadounidenses.

Si las tensiones entre las potencias nucleares empeoran no vamos a estar aquí para preocuparnos de otros problemas. La combinación de la economía vaciada por la globalización y la inmigración es una pesadilla económica. Trump sabe que esa es la razón para apoyarlo.

Nota: Algunos creen que Trump es un ardid tramado por la oligarquía. Sin embargo, siendo Hillary la favorita de los representantes de la oligarquía, una estratagema tan elaborada es innecesaria. Es preferible que la oligarquía gane con su propia plataforma que instalar un presidente para luego cambiarlo todo.

Otra traición aumenta la ira del pueblo. Si Hillary hubiera ganado la oligarquía habría tenido el mandato de los votantes para su plataforma.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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