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A ver si nos vamos aclarando

Todos tenemos la culpa de lo que ya es una realidad: vuelven los Estados-Nación porque la Unión Europea no ha conseguido ser ni nación ni Estado [siquiera confederal].

Entre otras razones porque a esta alturas de la película no hay ciudadano que sepa cómo funciona una mastodóntica organización burocrática a la que ha cedido gran parte de su soberanía popular.

Cómo se elige al Ejecutivo, qué coño hace un Legislativo plagado de elefantes en el cementerio y un Judicial que se dedica a enmendarles la plana a los Tribunales Supremos nacioinales en el ejercicio de sus competencias soberanas.

Y cuando se habla de política común: nada de defensa, nada de asuntos exteriores, nada de fronteras, nada de empleo, nada de sanidad, nada de educación, nada de cohesión territorial, nada de servicios sociales, nada de aduanas; nada de nada.

Sí, por el contrario, de libre comercio, de cariño multinacional, de economía global, de libre entrada de mercancías a precio de explotación laboral, de incremento exponencial del prohicionismo contra el ciudadano, de favorecer al empresariado en la requistoria maraña reglamentista; de eso, todo de todo.

Siguiendo la moda neoliberal originada en el imperio estadounidense, de vamos a consumir alocadamente, por encima de nuestras posibilidades, hasta que estallen las burbujas, las empresas se deslocalicen, las plusvalías toquen techo y nadie tenga trabajo en tierra, hemos acabado labrando un futuro ruinoso del que ha sabido aprovecharse, sobre todo, la dictadura de economía de mercado -sistema que antes se conocía como fascismo- que se ha implantado en la excomunista China.

Todo este mundo occidental se está viniendo abajo y o lo regeneramos cuanto antes partiendo de los muebles que hayamos podido recuperar en la riada o lo que les espera a nuestros hijos -educados por nosotros, además, en la indefensa idiocia- no se encuentra esbozado ni siquiera en la prospectiva más pesimista.

Y es que hay que ser muy cretinos -o muy educados en la cretinez, que es más de lo mismo- para aplaudir una economía global basada en que yo, empresario, me voy a instalar mi proceso de producción alli donde la mano de obra y los impuestos resulten más baratos y, acto seguido, le venderé los productos a mi país de origen, sin arancel alguno que pagar y compitiendo con aquellos de mis colegas que se quedaron en casa dando, ellos sí, empleo a nuestros conciudadanos.

Tampoco me atrevo a calificar, al respecto, el comportamiento de nuestros gobernantes ante la invasión china de millones de productos sin control de seguridad industrial ni aduanero, elaborados a precio de explotación y sin competencia posible para los industriales o comerciantes españoles. O la ingente entrada de incontrolados inversionistas y de incontrolada mano de obra china, que se ha adueñado de decenas de miles de negocios que, en muchos casos, han dejado de soportar el control -laboral, industrial, comercial- que sí soportaban cuando estaban en manos españolas.

¿Quién no sabe, por ejemplo, del bar que había en su calle, que el dueño vendió a unos esforzados chinos que ahora viven prospéramente mientras la familia del vendedor está viviendo, exclusivamente, de consumir los beneficios obtenidos? La culpa de ese proceso, que dura ya décadas, no la tienen los chinos, que legítimamente hacen lo que les dejan hacer las autoridades españolas y les facilita la visión cortoplacista y cómoda de los vendedores.

A tal comportamiento gubernamental se le puede llamar de muchas maneras pero hoy me sumo a los que lo califican de dejación de responsabilidades y funciones, de abandono del interés general, de desprotección ante una invasión que merecía el correspondiente control regulatorio del Estado.

Es un ejemplo más, aunque muy indicativo. Que encaja, perfectamente, con lo que nos está ocurriendo con el proceso golpista del independentismo catalán:

España hace el ridículo en Cataluña, como nación, lo que no ha sabido ni está sabiendo defender como Estado.

EQM

  • Les dejo dos artículos que me parecen sobresalientes. El primero sobre las nefastas consecuencias del globalismo socio-económico y el segundo, relativo al espejo en el que se debería mirar los difamadores de Trump procedentes de la izquierda populista.

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Pax Americana y nuevo mercantilismo

Quienes quieran que la Pax Americana continúe, tendrán que entenderse con Trump, que ya tenía sus ideas claras hace más de veinticinco años y las volvió a repetir al dar cuenta de su primera semana de gobierno.

Luis Riestra en vozpópuli, 010217.

Mucho antes de que George Soros, como parte de su peculiar activismo globalista y anti-occidental, nos mandara a Europa a Joseph Stiglitz a sermonearnos contra el Mercantilismo, allá por abril de 2012, ya habíamos dicho en esta bitácora que el pensamiento dominante español, caracterizado por su mesianismo político, daría paso a otro donde prevalecería una especie de neo-mercantilismo, conclusión a la que llegamos por nuestros determinantes geográficos, económicos y demográficos.

Dicho cambio ocurriría de mala manera, por necesidad y no por evolución natural del sujeto constituyente español, ya que la partitocracia actual no le deja elegir a sus representantes políticos y prefiere saltimbanquis caza becas a la honestidad y buen hacer del español medio, de modo que, lo que ya se preveía como difícil, ahora se endurece con el cambio que trae Trump a la tectónica económica mundial, entre otras áreas.

“La Pax Americana ha muerto”

Esa fue la tontería que dijo, Ian Bremmer, otro favorito del Establishment y sus medios, sobre la Pax Americana, concepto que no parece tener muy estructurado, pues no se le conoce ningún estudio serio sobre el particular. Lo que sí es cierto es que quienes quieran que continúe tendrán que entenderse con Trump, que ya tenía sus ideas claras hace más de veinticinco años y las volvió a repetir al dar cuenta de su primera semana de gobierno.

Otra evidencia es que a España le interesa que la Pax Americana siga viva, pues ha sido con ella que la caída milenaria de nuestra renta per-cápita en relación a la de la potencia dominante se interrumpió, lo vimos en detalle en “La Odisea de Hispania“. Eso es lo que está en juego para nosotros, aunque mute y se parezca más a una Pax Occidentalis.

Desde 1950 Estados Unidos ha estado construyendo una localización mundial de la producción y determinando el comercio internacional aprovechando los frutos y externalidades industriales producto del desarrollo de la electrónica, motor del actual ciclo largo (1949-201?), que ya da poco más de sí; lo último podría ser la emersión coreana (y china) en dispositivos de telefonía móvil. Toca pues otro reparto y Trump trae el suyo.

Globalismo de amiguetes

A cierta “izquierda” hispanófoba se le llena la bocaza con el “capitalismo de amiguetes” (crony capitalism), obviando que lo que tenemos es un comercio internacional con deslocalización inducida desde el Nuevo Orden Mundial de Bush padre, allá por 1991, uno del que vive muy bien cierta casta socialdemócrata y a sus amigos del desierto pero que al ciudadano occidental lo está machacando, destrozando aún más su demografía. El resultado de ese invento comercial en Estados Unidos (siguiente gráfica) es el boquete en las transacciones exteriores (bienes, servicios y rentas) y su correspondiente vacio industrial.

El “liberalismo” según Trump

Uno que hizo su tesis de grado sobre comercio internacional y localización industrial no deja de hacerle gracia el nuevo ejército de liberales anti-Trump, destacando conocidísimos economistas españoles que sermonean según les pagan y que todos sabemos quiénes son, (¿no?). Verán, siendo cierto que el libre comercio es bueno para los empresarios, las pequeñas y medianas empresas y quienes trabajan para ellos, ocurre que este Globalismo de amiguetes a quién beneficia es a un ejército de chupópteros, de  políticos, funcionarios, consultores, medios de agit-prop y altos directivos de corporaciones globales a quienes la voluntad de los ciudadanos occidentales y sus realidades nacionales molestan.

Trump conoce perfectamente lo anterior y, tras vivir el desastre de Nueva York y su recuperación y haber evaluado proyectos en distintas ciudades de Estado Unidos y del Mundo, cuando ve el páramo en que se está convirtiendo su país, concluye acertadamente que la solución viene de la recuperación local de producción industrial global.

Asia y el problema Chino

Que es de todos y que, gracias al Globalismo de amiguetes, no solo se ha estado creando una superpotencia rival, sino que además es una de las peores tiranías actuales que, como otras conocidas, engrasa y engorda un Establishment para saquearnos.

En la gráfica anterior se ve que la tendencia comercial de China con EE.UU., que es casi la mitad del déficit en comercio de bienes, la tiene que parar por insostenible. En otros países de Asia es más o menos estable y en casi ninguno mejora significativamente al incluir los servicios y las rentas (lo obviamos por espacio), siendo llamativo lo ocurrido con la OPEP, donde los problemas de “pax” son otros y a cuyas monarquías, cumpliendo una promesa electoral en la primera semana de mandato, consigue  que costeen zonas seguras en Siria y Yemen.

Europa y el problema alemán

El déficit comercial americano con Europa es general, siendo grave con Alemania, que triplica el directo de Francia y duplica al de la enferma Italia, tres grandes beneficiarios de la Pax Americana, sobre todo Alemania, pues desde que desecharon el plan Morgenthau tras la Segunda Guerra Mundial, americanos y británicos han promovido al máximo las manufacturas alemanas por todo el mundo, haciéndoles sitio a su costa.

Caso claro de lo anterior, entre muchos que no entraremos, es el de la industria del automóvil, con la apertura del mercado americano para Mercedes por Packard hasta, como explicaba en MotomanTV Bob Lutz, todo un personaje al que seguro todos conocen, la ayuda, transferencia y asistencia tecnológica gratis de General Motors a BMW, en un momento crítico con su coche insignia y en fecha tan “reciente” como 2003 cuando aún digerían la reunificación.

Hace ya bastantes años que decimos que Alemania, que puede, debería aliviar progresivamente la carga fiscal de las familias, algo que mejoraría la demografía y estimularía el consumo, la recaudación y reduciría el superávit exterior, al tiempo que la escasez de mano de obra por la mayor demanda aumentaría los salarios y requeriría externalizar la producción a la Europa pobre, algo que haría del superávit comercial con EE.UU. un problema de todos.

Pero no, estos aprendices de brujo han preferido seguir con su experimento oligárquico y dañar más al sujeto constituyente, que ahora solo tiene a la anti-casta neofascista para defender sus intereses, justo cuando tendrán que arreglar con Trump el fin de sus privilegios, un ajuste que, como con los refugiados, querrán repartir entre toda Europa vía lo que el bilateralista Trump llama “The Consortium” (de Bruselas), que es como, desde la élite empresarial americana (no confundir con el Establishment), se suele denominar a una mafia plutocrática. Se cumple lo dicho tantas veces: esta crisis no admite errores.

Molestemos más a nuestra casta

Para colmo de nuestro patetismo, ha aparecido nuestro ministro de exteriores quejándose de que dieran de baja la web española de la Casa Blanca tras hacerle la pelota la al sedicioso Puigdemont y su comparsa de pujolistos, en una disfuncionalidad socialdemócrata que seguro dejó encantados a los editorialistas del País. Yo le recomendaría que no se significaran más, dado lo mosqueados que están los norteamericanos con las agendas exteriores para cambiarles la demografía (¿Les suena?); aparte que allí, donde hay casi cincuenta millones de descendientes de alemanes, como Trump, nunca se tuvo una distinción parecida con ninguna minoría y donde las “discriminaciones positivas” ya molestan. Lo ocurrido, sin salvar tantas distancias, ha sido algo como si aquí, para horror de la “izquierda” hispanófoba, quitáramos el árabe de “lo público”; aparte que ya no se trata de lo que nos guste o parezca bien o mal, sino de lo que es.

Ante esa realidad, no estaría mal que el Gobierno repasara el trabajo de Víctor Davis Hanson, un académico californiano que ha sido un faro ya antes de esta última campaña, acusado de racista (no lo es) por criticar la mala política de inmigración y represaliado por no ser socialdemócrata (liberal allí), un pensador que explica muy bien el desastre producido en California por una casta hipócrita a quien la nuestra copia dogmáticamente como los “buenos” paletos que son.

Así las cosas y con un gobierno atrincherado en su chantaje de ser, claramente, el mal menor de la partitocracia, me temo que se perderá una oportunidad importante y se negociará muy mal con Trump; pensemos, además, que incluso si para regocijo de la casta socialdemócrata global sus enemigos internos y/o externos lo mataran, cosa no descartable, su cambio es de verdad y ha venido para quedarse.

vía

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Los muchos padres de Trump

Cristian Campos en El Español, 011217,

¿Pero de qué os quejáis? Donald Trump es vuestra criatura. Vosotros le allanasteis el camino cuando dividisteis a los ciudadanos en hombres y mujeres. A los hombres y mujeres, en heterosexuales y LGBT. A los LGBT en lesbianas, gays, bisexuales y trans. A los trans, en travestis, transexuales e intersexuales. A todos ellos en cuñados, fachas y gente. A la gente, en imperialista y colonizada. A la colonizada, en machirulos y feministas. A los feministas, en blancos y oprimidos. A los oprimidos, en carnívoros, vegetarianos, veganos, crudiveganos, flexiterianos y omnívoros. A los omnívoros, en privilegiados y minorizados.

Y ahora que habéis convertido al ciudadano en una suma amorfa de identidades microscópicas, en un niñato rencoroso, acobardado y gimoteante definido por alguna estúpida característica irrelevante que le arrincona, le aliena y le aleja del resto de los ciudadanos… ¿os vais a quejar de un tipo de color naranja que apela a los instintos más rencorosos, cobardes y gimoteantes de los blancos heterosexuales cristianos anglosajones de derechas?

¿Vosotros, que aplaudíais a Obama cuando se negaba a mencionar la palabra “islam” en la misma frase que la palabra “terrorismo”, os vais a quejar de un tipo que ha ganado las elecciones por el sorprendente método de llamar terrorismo islámico al terrorismo islámico?

¿Vosotros, que cuando teníais a vuestro alcance la izquierda ilustrada de Christopher Hitchens preferisteis esa mala copia adolescente llamada Owen Jones? ¿Que cuando tuvisteis a vuestro alcance los libros de Owen Jones preferisteis encender la TV y embobaros con ese sucedáneo cañí de una mala copia adolescente de Hitchens llamado Errejón? ¿Que teniendo a Errejón y su “socialdemocracia asumible” habéis preferido la irrelevancia del matonismo esperpéntico de Iglesias? ¿Y vosotros os quejáis de Steve Bannon, Milo Yiannopoulos y Mike Pence? ¡Pero si son genios políticos comparados con Sanders, Corbyn y Hamon!

¿Vosotros, los del leño y los numeritos ridículos en el Congreso, llamáis payaso a Trump? ¿Vosotros, que sólo aparecéis en la prensa para hablar de vosotros, llamáis egocéntrico a Trump? ¿Vosotros, a los que no se os conoce otra actividad que el acuchillamiento de los compañeros de partido, llamáis sectario a Trump?

¿Vosotros, que os manifestáis en Facebook en contra del TTIP, os vais a quejar ahora de quien ha decidido aniquilar el TTIP en la vida real? ¿Los que aplaudís a la comunista alemana Sarah Wagenknecht por sus críticas a la OTAN os vais a quejar ahora de quien pretende desmantelar la OTAN? ¿Los que consideráis Europa como una cárcel capitalista y a Rusia como la gran esperanza blanca os vais a quejar de quien pretende entregar Europa a Rusia?

¿Vosotros, que abogabais por el aislacionismo del brexit, os vais a quejar del cierre de fronteras y los muros de Trump? Ni todos los muros se construyen con ladrillos ni todos los ladrillos sirven para construir muros: algunos los lleváis encima de los hombros.

Vosotros, que habéis defendido mentiras como la de los tres millones de niños españoles hambrientos. O la de las miles de muertes supuestamente provocadas por la “pobreza energética”. O esa visión catastrofista de un país en el que vosotros (siempre hay excepciones a la regla) vivís como auténticos burgueses privilegiados de derechas. ¿Vosotros os vais a quejar de la imagen apocalíptica que da de su país Donald Trump? ¿De los “hechos alternativos” de Kellyanne Conway? ¡Pero si sois los inventores de las noticias falsas!

¿Vosotros, a los que os ha faltado tiempo para colocar en las administraciones a vuestros amantes en cuanto habéis tocado poder, os vais a quejar de los conflictos de intereses de Trump? ¿Vosotros, que le habéis dado la alcaldía a Colau, os vais a quejar del amateurismo de la administración Trump? ¿De su improvisación? ¿De su odio? Se nota que no venís mucho por Barcelona.

¿Los que lleváis décadas lloriqueando vuestro antiamericanismo por los rincones de vuestro dormitorio vais ahora a quejaros del antieuropeísmo de Trump? ¿Vosotros, los nazis de izquierdas con pañuelo palestino al cuello, los tontos útiles de Hamás y el ISIS, os vais a quejar del antisemitismo de Trump?

Amos anda. Nada más feo que un padre que reniega de su hijo. Ponedle a Donald vuestro apellido de una vez, pagad la puta pensión alimenticia y dejad de disimular, que el niño ha salido clavado a vosotros.

Porque de Trump me puedo quejar yo. Vosotros no deberíais ni asomar por la ventana.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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