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Como no podía ser de otra manera

Anoche los Goya estuvieron más discretos que de costumbre pero sin poder remediar la progre demagogia acomplejada que suponen sus inseparables puyazos a lo que ellos consideran su enemigo. Más moderados, supongo, también porque se han dado cuenta de que el espectador ya está harto del mediocre nivel medio de las películas, del precio exorbitante de las entradas o de gente que como Fernando Trueba, otro progre antiespañol, se cree que politizando el arte va a lograr algo distino a lo que le ha ocurrido: que su último film sea una autentica ruina, plena de salas vacías.

Por tanto, como no podía ser de otra manera, el primer moderado tortazo ha sido para Trump -¿se imaginan a los cómicos de los Oscar poniendo a parir a Mariano?- y, detrás, otro mamporro para un Gobierno que, a través del Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, ha tratado de evitarlos firmando con la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, esta misma semana, un convenio de financiación de cuatro años prorrogables, con el objeto de promocionar el cine español dentro y fuera de sus fronteras y en el que se prevé erigir un museo del cine. Y no sólo eso: el Gobierno les ha asegurado que les bajará el IVA en cuanto pueda.

Así que, como era de esperar, no han podido evitarlo: la Academia se ha quejado de que el Gobierno no les dé más pasta -de la nuestra, claro- con el surrealista argumento de que ellos pagan por IVA más dinero del que reciben de subvención oficial. Como lo leen. Es decir, que quieren, en la practica del do ut des, un IVA 0. Imaginense vds al resto de la industria española -incluída la artística- le diera por pedir lo mismo…

Eso sí, han pedido que haya trabajo para todos los parados pero no se les ha ocurrido solicitar que al menos éstos paguen menos IVA por comprar la botella de butano o la luz que -el 21%- que es el mismo que se paga por ir al cine.

Tampoco han faltado, como era de esperar, los ya consabidos guiños al ecofeminismo, travestismo, homosexualidad e incluso la abolición de fronteras. Con particular insistencia en que esta industria tiene que tender a la paridad de ‘género’, incorporando más mujeres a papeles protagonistas o los puestos de mayor responsabilidad…

Y yo que creía que la parte comercial del cine se regía por las reglas del mercado y la artística por las dotes de ingenio que, aceptados como tales por el espectador, permiten ampliar el nicho de clientela…

En fin. Poco más. Un escenario horroroso donde la orquesta no dejaba casi espacio para el normal desenvolvimiento de la ceremonia; una organización que ni siquiera tenía prevista el agua para que los agradecidos no se ahogaran; y Dani Rovira, un presentador siempre correcto, con chispa y nervio, al que sólo se han sobrado la ya manida y cutre escenificación LGBT: besos homo en la boca, zapatos de tacón alto y alguna que otra broma de pésimo gusto, imagino que culpa de los guionistas.

Lo mejor: Emma Suarez y sus dos Goyas.

EQM

pd. La organización ha incluído en el espectaculos unos falsos tweets de humor mientras en las redes sociales se extendía como la pólvora un #BoicotALosGoya con slogans como éste:

boicotvía

que eran contrarrestado elemplarmente con cómicos como, por ejemplo, José Corbacho, replicando:

boicot-2vía

Como verán, todo un defenso de esa cultura desatendida…

La estrategia del cine para robarle cuota de pantalla a los estadounidenses no puede ser más patológica: ganarse la enemistad del Gobierno, siempre que sea de la derecha, y perder a sus votantes y demás potenciales espectadores que no sean tan grotescamente progres como ellos.

Dani Rovira, en un momento de los Goya 2017. Jaime Villanueva / El País

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La gala de los Goya aún necesita mejorar (y mucho)

Natalia Marcos en El País, 040217.

Los Goya 2017 han vuelto a tropezar casi con las mismas piedras un año más. Es complicado complacer a todos y más en una gala de entrega de premios. Como espectáculos televisivos son eventos complicados, sobre todo si no se tiene los medios necesarios. Pero los galardones del cine español siguen sin aprender. La puesta en escena de este año ha incluido novedades que no han cuajado y problemas que empiezan a ser crónicos. Y, aunque todos los ojos estaban puestos en el presentador, la culpa de todo no es suya, ni mucho menos.

– El escenario

El hecho de los premios del cine español se entreguen en el auditorio de un hotel que está en un descampado en la carretera de Barcelona ya es un mal comienzo. Además, este año otros elementos han potenciado aún más la sensación de cutrez. Desde la moqueta del auditorio hasta un escenario en el que los protagonistas de la noche, los premiados, tenían que estar en ocasiones apretujados porque no había espacio entre la orquesta y las escaleras de acceso al escenario. Parece un milagro que no se haya caído ninguno de los presentadores por esas escaleras, o que el director de la Film Symphony Orchestra no haya dado un batutazo a alguien.

– La utilidad de la orquesta

Precisamente contar con la Film Symphony Orchestra era una de las novedades de los Goya 2017. Sin embargo, su presencia la mayor parte del tiempo —salvo para interpretar las bandas sonoras nominadas— ha sido cuestionable. Lo que sí provocaban eran mucho ruido visual. Demasiada gente en el escenario cuando los que deberían ser los protagonistas son los premiados, cuyos discursos de agradecimiento eran acelerados por un tictac y música procedente de la propia orquesta cuando se alargaban más de la cuenta de forma no demasiado sutil pero más apropiada que los cortes en seco que hicieron el año pasado.

– Dani Rovira

El presentador tenía un papelón por delante y lo sabía. Asumió por tercera vez la presentación de una gala por la que el año pasado fue objeto de críticas. A pesar de todo, se tiró a la piscina. En su monólogo de apertura combinó una parte reivindicativa y algún que otro dardo a los políticos con una enorme colección de chistes malos. Durante el resto de la gala, y como suele ser habitual en los presentadores de este tipo de ceremonias, estuvo prácticamente ausente. Las pocas veces que apareció, los gags no llegaron a cuajar. Como aquel momento en el que apareció vestido de Superman para homenajear a la presidenta de la Academia.

– Problemas de guion

Pero, de nuevo, gran parte de lo que se echa en cara a Rovira tiene origen en el guion de la gala. El monólogo inicial parecía deslavazado, yendo de aquí para allá. De dudoso gusto fue dar paso al In memoriam tras un gag protagonizado por Dani Rovira, Karra Elejalde y Antonio de la Torre en el patio de butacas. Y totamente anticlimático fue situar el número musical de Manuela Vellés y Adrián Lastra a falta de entregar los dos últimos premios de la noche. Decisiones que no se comprenden.

– Realización pobre

El directo es siempre complicado, y más en un lugar como el que acoge los Premios Goya. Pero fueron demasiados los encuadres de cámara extraños, que iban y venían o que no enfocaban debidamente. O cámaras que temblaban o que no conseguían seguir de forma adecuada al presentador por el patio de butacas. O, volviendo al In memoriam, el hecho de que en televisión estuviéramos viendo mucho mejor al violonchelista que a los propios recordados, que iban desfilando de fondo de manera que solo se podía ver de forma correcta el nombre y rostro de algunos de ellos.

Aunque la gala, al menos en su primer tramo, pareció transcurrir más ligera que otros años, al final se fue a las tres horas de rigor. Sigue siendo demasiado larga. Sigue haciéndose demasiado larga. Pero si al menos se aprendiera de los errores de los años anteriores, podríamos esperar los premios del año que viene con algo de esperanza.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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