.

eqm_130217_[En homenaje a ‘Ramón‘ -Ramón Gutiérrez Díaz, España, ?- en la portada de ‘Hermano Lobo’, 020875]

.

Del mágico Congreso del PP

Estupendo Congreso del PP en su Caja Mágica: nada por aquí, nada por allá. Ponencias hamaca. Se estudiarán más adelante -si eso- los asuntos de moda: modelo de Estado, futuro de las pensiones, custodia compartida, embarazos subrogados, impuestos de secesiones, hundimiento demográfico, etc.

Nos estamos regenerando a base de culpar a los testaferros y expulsar a los militantes investigados, nunca de cuestionar a la organización ni, mucho menos, a su máximo e incontestable líder, que de eso no sabe ni contesta. Cuando, con toda la razón, se clama la exigencia de responsabilidad política, que en nada tiene que ver con el Código Penal, el benefactor líder sabe que ni con todo el partido infestado él lo estaría; faltaría más.

De la responsabilidad política

Ese postureo consistente en disfrazar la clara desvergüenza ética, moral -como esa que echó a los leones linchadores a Rita Barberá porque ya ni siquiera ‘estaba en el partido’- a base de encumbrar esta semana, el lamentable sacrificio, en un espectáculo homenaje congresual donde su antaño propia enemiga valenciana –Isabel Bonig– se erige en palmera principal de una monumental salva de póstumos aplausos para el juguete canallescamente roto y en el que Mariano Rajoy ejerce como maestro ceremonias; él, que no supo defender como Presidente y amigo a la veterana del partido que más contribuyó a resucitarle políticamente en el XVI Congreso del PP [Valencia, 2008]. Nada menos.

De cómo, en fin, liquidar a significados e históricos militantes, por el bien del partido, mientras el benefactor líder permanece incólume enterándose por la prensa, y, en cambio, apoya también que otros militantes -y militantas– a que hagan acopio de cargos o salgan indemnes de las escabechinas, porque ellas -y ellos- lo valen.

Saco todo ello a colación por aquello de las corrupciones, linchamientos y populismos ajenos puesto en solfa por un partido liderado por un inmaculado e irresponsable tecnócrata que confiesa presentar su candidatura, única, a la presidencia del Partido Popular “con tanta ilusión como responsabilidad”.

En ese constante empeño por personalizar en terceros la responsabilidad política -confundiéndola con la penal- con el fin de escaparse de la mima. En esa constante huída también de la culpa in vigilando, en un partido en el que su líder a nadie encargaba -y controlaba- para que, de verdad, vigilara los ingresos y gastos de la organización. Filosofía que, coherentemente, extiende a terceros cuando también ciñe la ‘algarabía’ catalana al desafío de ‘algunos dirigentes de la Generalitat de Cataluña’.

De las ideas

Insisto: léanse el texto que Rajoy remitió a los medios, con motivo del actual Congreso, y tendrán el diagnóstico perfecto de en qué tópicos hace descansar los auténticos ‘coñazos’ de la política., vendiéndolos como ilusionante proyecto y catarata de ideas.

Y no se molesten en pasearse por las ponencias del finiquitado Congreso: puro entrenimiento verborréico para que la falta de fondo no descomponga las teatrales formas en las que ‘España adelante!‘, ese eslogan del festejo, no se mueva un ápice de como se encontraba atrás.

El caso Fitur

Pero -oh, maldita coincidencia, dibulgada el 10 de febrero de 2017- a la milagrosa ex Presidenta de las Cortes Valencianas -la Popular ‘Perla’- la condenan a 9 años de prisión de prisión, dicen que ‘por el trato de favor al grupo Correa y el amaño de los contratos del expositor de la Comunidad Valenciana en Fitur‘, siendo ella Consejera de Trurismo. La Sentencia 2/2017 del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana [pdf], precisa: prevaricación y malversación de caudales públicos. Ahí es nada.

Lo curioso es que, por ahora, no se ha podido concretar a quien más beneficiaba ese trato de favor y públicos amaños contractuales. Porque a ella, a tales efectos, sólo se le condena por ‘cohecho pasivo‘ debido a una dádiva recibida y consistente en un reloj Hublot, valorado 2.400 €. Y yo no creo que ese reloj sea la explicación de la falla, es decir, falta explicar a qué se debía el ánimo de lucro que conlleva toda malversación de caudales públicos y que, como es bien sabido, supone el deseo de incorporar los bienes al patrimonio propio o de tercero.

El triunfo de Pablo Iglesias.

No hace falta ser muy experto para coincidir con aquellos que opinan que el triunfo de Pablo Iglesias en el coincidente Congreso de Podemos VistalegreII -oh, casualidad, otra vez- es como si a Mariano Rajoy le hubiese tocado, por si algo le faltara, la lotería.

El movimiento Podemos opta por el proyecto más radical frente al presuntamente más moderado y pactista de Íñigo Errejón. Nunca sabremos si esta pareja de totalitarios jugaban, juegan, a dúo Pimpinela de la política antiSistema, pero es evidente que con Iglesias al frente de los mochileros cualquier posibilidad de acuerdo con Ciudadanos o incluso con el mismo PSOE es pura ficción.

De modo que el fantasma del potencial ‘frente popular‘ contra el PP se esfuma, lo cual, dicho sea de paso, la viene también de perlas a Susana Díaz, futura candidata alliderazgo socialista, y, por ende, a su partido, ya que cualquier vuelta atrás con ZPedro al mando sería puro suicidio y con el coletas eso va a resultar altamente improbable.

A modo de conclusión

Tenemos Mariano Rajoy para rato. Un tecnócrata turborresistente para un periodo políticamente convulso y plagado de ingorancia supina y, lo que es peor, orgullosa de serlo. Alberto Nuñez Feijoo, la alternativa en el PP, se ha sentado a esperar largo y tendido y todo parece indicar que la legislatura cumplirá sus plazos y tendremos motivos más que suficientes para seguir hartándonos de los modos y tiempos que emplea Rajoy.

Se ha convertido en un aclamado mal menor si se le compara con lo que le rodea. Todo un tuerto en el país de los ciegos, lo cual le otorga un suelo electoral como para echar raíces muy profundas.

De modo que prepárense para seguir con el toma y daca del golpismo catalanista. o con las eternas negociaciones pro singularidad vasca. Eso entiende el pensador Rajoy por su machacona referencia a la ‘igualdad de los españoles‘ y su confesa inclinación a ‘la aventura de la serenidad’, antes morir que pecar.

Esta es mi opinión y siendo muy consciente de que otros piensan de modo distinto, también sé que son legión aquellos que comparten mi criterio, con datos que se van desgranando a medida que se van produciendo y conociendo.

Comprendo que la resistencia del ‘sé fuerte’ sea, frente a la exigencia de responsabilidad política y a la necesidad de un modelo definido de país, resulte para muchos la garantía de una estabilidad basada en que un tuerto gobierne un país de ciegos y evite un probable mal mayor. Pero eso no podrá evitar, afortunadamente, que siga habiendo quien denuncie lo que le parezca denunciable del ‘tuerto’ en cuestión.

Que una cosa es el conformismo o el miedo y otra convertir en preceptico el silencio de los corderos: en España y, particularmente, en Cataluña y País Vasco.

EQM


.

El universo paralelo de la política

Nuestra clase política habita su espacio cerrado en sí mismo a espaldas de la marcha de los acontecimientos y de las crecientes amenazas que nos acechan, pensiones menguantes, déficit galopante, panorama internacional desquiciado, endeudamiento sin freno y desintegración nacional.

Alejo Vidal-Quadras en vozpopuli.com, 120217.

Mariano Rajoy ha firmado la víspera del Congreso Nacional del PP un largo artículo en un diario de gran circulación en el que afirma que los principios y valores del Partido Popular no han cambiado y no le falta razón porque para que algo cambie primero ha de existir. Ese texto destinado se supone a realzar el papel que su formación ha jugado en nuestro sistema político y sus contribuciones al buen funcionamiento del mismo, encadena una serie de sosos lugares comunes sin que aparezca en ningún párrafo un mínimo destello de pasión, sinceridad, profundidad de visión o coraje. Aunque contiene aseveraciones que provocan rubor, tales como que el inminente Congreso es fruto de un largo proceso de democracia interna, que nuestro país está unido y es una tierra de oportunidades para nuestros jóvenes, que la Constitución de 1978 refleja su idea de España de manera “inmejorable” o que se propone situar a la educación en el centro de sus preocupaciones, ni siquiera deja lugar a la indignación del lector dado que el denso tedio que produce la amortigua por completo.

La sensación que embarga al que tiene la paciencia de recorrer sus soporíferas líneas es que el firmante de la pieza –la misma conclusión se puede aplicar por supuesto a su anónimo autor– vive en un mundo distinto al real, un universo paralelo cuyo contacto con el material y tangible que habitamos los demás es solamente esporádico y con el único fin de buscar el método más eficaz para falsearlo u ocultarlo.

Este curioso fenómeno no es exclusivo del actual Presidente del Gobierno, sino que aparece con la misma nitidez e intensidad en casi todos los dirigentes políticos de primera línea que mosconean por el Congreso, los parlamentos autonómicos o los grandes consistorios de nuestra geografía. Sus discursos están calcados desde esta perspectiva de su nula conexión con la sociedad a la que administran y obedecen a un patrón común: series de tópicos políticamente correctos encadenados, imprecisiones voluntaristas, buenos deseos inanes, ausencia absoluta de autocrítica, desprecio continuo por la verdad, omisión piadosa de los problemas más acuciantes y ofensiva infravaloración de la inteligencia de los votantes. Es llamativo que tantos españoles sepamos cuáles son las deficiencias más graves de nuestra arquitectura institucional y de nuestro tejido productivo y que apenas haya un representante público que las mencione, las diagnostique y proponga soluciones efectivas para superarlas.

En estos días se habla mucho de la lucha interna que está desgarrando Podemos o de la cainita pugna por el liderazgo en el Partido Socialista, pero estos conflictos reflejan la auténtica prioridad de nuestros políticos, que no es para nada la elaboración y la aplicación de las medidas que requiere la sociedad española para ganar competitividad, prosperidad, seguridad, bienestar y altura cultural y moral. Su principal afán, aquel al que dedican sus mejores y más tenaces esfuerzos, es la obtención, preservación, ensanchamiento y explotación del poder. Mientras no lo alcanzan y a la espera de conseguirlo, el reparto del futuro botín ocupa su tiempo de forma absorbente y de ahí el baile de dagas inmisericordes que tritura amistades, lealtades y expectativas de voto. En el Partido Popular, el mantenimiento de la primera posición electoral a nivel nacional y del Gobierno apacigua por el momento las tensiones de puertas adentro y toda la atención se dedica a seguir en La Moncloa. En cuanto a Ciudadanos, al ser una organización todavía poco contaminada por los vicios de la partidocracia y en la que aún anidan ciertas convicciones, cabe albergar la esperanza de que persevere en su formulación y reclamación de reformas estructurales, pero por desgracia su peso en las esferas de decisión no ha sido hasta ahora suficiente.

Mientras millones de ciudadanos claman contra un Estado demasiado grande, demasiado costoso y demasiado complejo, trufado de ineficiencias, duplicidades y despilfarros, contra una corrupción desatada que nos debilita ética y financieramente, contra una organización territorial incompatible con un criterio elemental de racionalidad y funcionalidad y contra una educación de pésima calidad que lastra nuestras posibilidades de generar riqueza y de protegernos de populismos y demagogias destructivos, nuestra clase política habita su espacio cerrado en sí mismo a espaldas de la marcha de los acontecimientos y de las crecientes amenazas que nos acechan, pensiones menguantes, déficit galopante, panorama internacional desquiciado, endeudamiento sin freno y desintegración nacional.

Padecemos pues una contradicción letal: aquellos a los que elegimos, pagamos y respaldamos para que gestionen en beneficio de todos los recursos que generamos con nuestro trabajo, nuestro ahorro y nuestro talento, actúan bajo el impulso de motivaciones distintas o incluso opuestas al cumplimiento de la tarea que les hemos encomendado. Sólo un diseño institucional correctamente concebido puede enmendar, y hay ejemplos de referencia en otras latitudes, este defecto intrínseco de la política y para articularlo necesitamos una revisión profunda de los supuestos sobre los que venimos operando desde la Transición. Si hay en la sociedad española suficientes reservas de determinación, lucidez y voluntad para acometer una empresa de esta envergadura es el gran interrogante de nuestro tiempo y de su respuesta depende nuestro éxito o nuestro fracaso como proyecto colectivo.

La abulia triunfal del PP

El PP se aburre en un congreso sin incertidumbres.

David Gistau en Abc, 120217.

El aguacero de Vallejo caía sobre Madrid. Había atascos de ingreso en la Caja Mágica que se habrían tolerado mejor de esperar al final un concierto de AC/DC. Entre la zona de prensa, gélida, periférica, y el ágora del congreso, había un sinuoso recorrido de siniestros corredores como los de un mercante ruso navegando hacia el desguace en Irkutsk.

Estas cosas deberían hacerse en Sevilla o no hacerse. En el ágora de los tenderetes había tal autocomplacencia que daban ganas de gritar «¡Aznar!» para que a los asistentes les atravesara un escalofrío como el de las hienas al oír «¡Mufasa!». Rajoy recorría el ámbito entre «selfies» y tumultos, magnético de poder, paternalista con los alevines de Nuevas Generaciones a los que endosó una charla pedagógica sobre la UE y la conveniencia de no esperar a que la vida de uno la resuelva un Estado proveedor: tampoco el aparato de un partido, añade este cronista.

Existe un fenómeno inexplicable y enternecedor, que es el entusiasmo, como de «gruppie» ante los Rolling Stones, que agita a los compromisarios provinciales cuando atisban a ministros, diputados, reñidores de tertulia y otros personajes en los que uno no había descubierto carisma alguno. Ha de resultar grato, para alguien que calibra presupuestos de autovías en la oscuridad insondable de la tecnocracia, sentirse Justin Bieber por un rato.

La ventaja es que, ante esta accesibilidad, a los compromisarios se les fomenta el entusiasmo y el sentido de pertenencia. Lo cual es importante, como observó Ana Pastor, cuando se trata de militantes que sirven en los territorios hostiles del independentismo con complejo de abandonados detrás de las líneas enemigas. Incluso Bauzá, expresidente balear, encara su congreso local con la vocación, no del todo compartida por su propio partido -arrasado allí por la corrupción-, de mantener en el PP la vocación de último baluarte de contención contra el advenimiento nacionalista. Eso, cuando entre sus propios parlamentarios cunde un entreguismo parecido al que en Cataluña permitió que Ciudadanos robara al PP el papel de paladín constitucionalista.

Por la sala pasó también Cospedal apenas unas horas antes de su consagración como secretaria general, que constituye un triunfo ante algunos intentos de erosión internos. El viernes pasado, a Cospedal casi le arruinó el congreso una enmienda/emboscada que no supo ver ni controlar el oficialismo del partido. Fue como cuando a Clouseau lo asaltaba el mayordomo Cato nada más entrar en su propia casa. Hubo un error garrafal de los peones de brega del partido -un error que señala a Maíllo- que no movilizaron votantes de contrapeso hasta el punto de que el vibrante discurso de Cospedal quedó opacado por lo poco que le faltó para verse metida en un lío de incompatibilidad de cargos. Todavía el sábado cundían las denuncias de pucherazo y el rumor de dimisiones de algunos militantes de Castilla-La Mancha que revelan que el contexto conspirativo probablemente era el control de la presidencia autonómica del partido.

A pesar de este sobresalto, el congreso fluía con una atonía que se hacía aún más claustrofóbica por la ubicación de la Caja Mágica: lejos de los bares del centro de Madrid, aislada por el temporal entre vías de tren y rotondas, en una espantosa tierra de nadie de esas en las que agonizan las grandes ciudades.

El discurso vespertino de Rajoy, además de una lógica de continuidad, confirmó que en este partido no existe la menor tensión intelectual, ninguna visión, ningún proyecto fundacional sobre los escombros del 45 occidental que sólo González Pons, en su garita europea que le confiere distancia, parece percibir en su dimensión verdadera. Sólo existe la rutina burocrática de un profesional de la supervivencia a quien los antagonistas se le autodestruyen. Y que ha contagiado las siglas de una satisfacción perezosa que ya no tiene ni a Aznar para enfrentarlas a su propio conformismo como de ver crecer la hierba como en las películas de Rohmer. Ya nadie regaña, ya nadie exige a los militantes que den de sí mismos una medida moral que trascienda los «selfies».

Por supuesto, de la corrupción no se habla, como tampoco de las digresiones a prisión. Incluso la polémica de la «maternidad subrogada» fue aplazada para que no enturbiara la calma chicha de un congreso tedioso de unanimidades durante el cual los propios militantes pedían noticias de lo que ocurría en Vistalegre igual que los hinchas de un equipo que ya ganó y que juega una tarde intrascendente preguntan el resultado de los partidos en los que se decide el descenso.

El presidente, con unas gafas de realidad virtual el sábado en el congreso del PP. Fot Antonio Heredia.

.

Reformistas a nuestro ritmo

Jorge Bustos en El Mundo, 120217.

«Del cielo caen bastantes pocas cosas», advirtió ayer Rajoy a los jóvenes de su partido. Fue la intervención más pedagógica del día, plena de esa retórica pancesca que teje a base de refranes y tautologías y que no servirá para hacer una revolución, pero al menos acompaña en los días fríos como la batamanta de una tía abuela. «Vosotros sois el futuro, cosa que entiende cualquiera. Libros, caminos y vida dan la sabiduría. Hablad bien de España y de Europa, que ya hablan mal muchos chisgarabises».

Luego les dio las gracias por dedicarse a la política –a diferencia de lo que hago yo, pudo añadir– y terminó recomendándoles que tampoco se entusiasmen demasiado, que lo mejor es no depender de nadie. Pues ya nos dirás qué charranes hacemos aquí si nadie piensa colocarnos, debió haber replicado la muchachada; pero optó por aplaudir a rabiar.

Es esta cachazuda manera de enfriar las expectativas la que ha convertido a Mariano Rajoy en el mayor antipopulista de Occidente. Rajoy es capaz de echar vaho mientras le caen encima los vítores calientes de su propia proclamación. Tiene los nervios tan templados que cuando duerme, las ovejas le cuentan a él.

Más delicado que contar ovejas es contar votos a mano alzada cuando la enmienda que prohibía la acumulación de cargos no sale tan vapuleada como estaba planeado. Pero el PP es como aquel escritor muy seguro de sí mismo que sentenció que una mala crítica puede amargarte el desayuno, pero nunca el almuerzo. Y a esa hora ya habían sacado pecho media docena de dirigentes. Para la merienda, hora prevista del discurso del líder, el escenario estaba perfectamente barrido.

Cuando la división castiga a otros partidos y las enmiendas crecen en el propio, el aparato vela por el tesoro de la unidad con la socorrida herramienta de la transacción. Toda discrepancia llegó atenuada a las votaciones gracias a un ejercicio de negociación que opera por matiz y yuxtaposición. El problema es que las cuestiones morales admiten mal la componenda. Solución de Maroto: la familia es pilar de la sociedad y el derecho a la vida fundamental, pero nada de instar al Gobierno a desmontar la ley Aído; la gestación subrogada merece un debate riguroso, pero sin fecha fija. Ya se sabe: lejos de un partido de gobierno la funesta manía de definirse.

La misma técnica aplicó Maillo en la ponencia de estatutos, cuyo mejor fruto es la elección del presidente a doble vuelta, a medio camino entre las temidas primarias y el coro búlgaro. También Arenas transaccionó el aznarismo y el marianismo apelando a un animal mitológico llamado «José María Rajoy». Va quedando claro que el PP es: centro, derecha, municipalista, diputacional, renovador, previsible, familiar, LGTBI, español, plurilingüe, periférico, liberal, conservador, individualista, igualitarista, laico y humanista cristiano. No es mal truco para la Caja Mágica, pero luego no pueden acusar a C’s de veletismo atrapalotodo. Rajoy lo clavó con una modesta paráfrasis de los Blues Brothers (el color corporativo): «Reformistas a nuestro ritmo».

Tuvieron su momento el gracejo del perenne Arenas. La medida proyección de Feijóo, padre en ciernes y heredero presunto. El decibelio cultural de Levy y la elocuencia cuajada de Casado. La continuidad de Cospedal y el segundo plano de Soraya. El vídeo cursilón, tremolante de patriotismo. El clímax se registró a las 18.20, cuando Rajoy subió al atril con la memoria sentida de los momentos críticos, del desahucio prematuro, y antes de confirmar a su equipo decidió reivindicarse a chorro: «Estoy aquí desde 1977, pero todavía puedo dar mucho más». He estado en todas partes. Lo he sido todo. Las lecciones de democracia de los recién nacidos me las paso por la cinta de correr. Estuvimos en la Transición. Estuvimos en el euro. Estuvimos en la recuperación. El empleo no se crea a voces ni prometiendo el paraíso para esta misma tarde. Seamos serios. Dejadme el timón otra temporada. Porque el partido permanece y las personas pasan. Menos Rajoy.

••

•••

 

Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

Anuncios