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Videoclip promocional de Marine Le Pen, de cara a las próximas Elecciones Presidenciales Francesas. Subtitulado en español.

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Sobre ideas y proyectos

Marine Le Pen, en su vídeo promocional de cara a la próxima contienda presidencial francesa, dice esto:

“Desde que tengo uso de razón, siempre he tenido un apego visceral, apasionado por nuestro país, por su historia.¡Amo a Francia! ¡Con todo mi corazón, con toda mi alma! Amo a esta nación milenaria que no se somete, amo a este pueblo impetuoso que no renuncia.

Soy mujer, y como mujer siento y vivo una extrema violencia, las restricciones de libertades que se están multiplicando en todo nuestro país a través del desarrollo del fundamentalismo islámico. Soy madre, y como a millones de madres y padres de familia, me preocupa cada día el estado del país y del mundo que dejaremos en legado para nuestros hijos.

Soy abogada, y desde mis años de ejercicio, tengo un profundo apego por el respeto de las libertades públicas y una sensibilidad particular por la situación de las victimas que deben hacer frente a la impunidad de los criminales. Básicamente, si tuviera que definirme, creo que contestaría simplemente, que soy intensamente, orgullosamente, fielmente y obviamente francesa.

Percibo los insultos a Francia como si me estuvieran dirigidos a mí directamente. Con respecto a la inseguridad, la violencia o la miseria, que afecta hoy a demasiados franceses, siento en carne propia, como si fuera mío, el sufrimiento de mis compatriotas. La decisión que tomen en las próximas elecciones presidenciales será crucial, fundamental. Se trata realmente de elegir un modelo de civilización.

Con dos opciones: continuar con quienes han mentido, han fallado, traicionado, engañado al pueblo y arruinado a Francia; o bien, volver a poner en orden a Francia.

Si, quiero poner en orden a Francia. Quiero que los franceses puedan vivir libres en una Francia independiente. Quiero que los franceses puedan vivir en una Francia respetada. Quiero que los franceses puedan vivir protegidos en una Francia prospera. Quiero que los franceses puedan vivir unidos en una Francia orgullosa. Quiero que los franceses puedan vivir bien, en una Francia sostenible.

¡Quiero que los franceses puedan vivir sus sueños en una Francia justa! Este es el verdadero propósito de mi compromiso. Es por esto por lo que lucho. Este es el proyecto que llevare a cabo una vez que tome las riendas del gobierno en nombre de ustedes, en nombre del pueblo.”

Es decir: a favor del patriotismo, la independencia del país, las libertades públicas, el apoyo a las víctimas. / en contra de la restricción de libertades, del fundamentalismo islámico, de impunidad de los criminales, de la inseguridad, de la violencia. / me preocupa el legado a los hijos, el modelo de civilización, el orden, la sostenibilidad, la justicia / quiero representarles a vds en ese compromiso.

En mi opinión, esas ideas, aparentemente vagas pero definitorias de cuestiones esenciales en incluso para el más despistado, son perfectamente asumibles por la ciudadanía de cualquier país y otro gallo nos cantaría si las hubiera hecho suyas la Unión Europea. No ha sido así y ahora le toca el turno a los Estados-Nación occidentales. Y no me hablen del populismo que destila: ¿han escuchado vds los mítines del PP, PSOE o Podemos? Ni tampoco me pregunten por la nefasta burocracia tecnocrática que gobierna nuestra cedida soberanía desde Bruselas, en manos de las multinacionales.

Así lo expresaba Nicolás Sartorius el pasado martes, en El País:

“Los procesos esenciales que rigen la mundialización se han emancipado de la política y esta no rige, ni regula dicho proceso. Es más, son los poderes económicos los que determinan cada vez más las decisiones políticas.”

Cómo contrarrestarán ese discurso de Marine, digo, los partidos franceses que se oponen al lepenismo, no tardaremos en saberlo, pero estoy convencido de que lo harán más con insultos y descalificaciones genéricas que con argumentos. Que si extrema derecha o puro fascismo, ya verán. Porque, como ya les contaba el pasado lunes, sólo el 15% de la población gala se opone a que “debería detenerse todo flujo migratorio futuro de países de mayoría musulmana”. Aunque también es verdad que su obvio conocimiento de la opinión de los ciudadanos les va a hacer recular, mimetizarse, mucho más de lo que nunca hubieran imaginado. Por fortuna.

Una pena, en todo caso, que el cainismo se haya instalado en el debate político, acrecentándose con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Cuando la mayoría de los que gritan ¡fascismo! no vivieron ni conocen en qué consistía un movimiento tan totalitario como el que aplauden cuando claman en favor del comunismo. Valdría la pena que leyeran de vez en cuando a Oriana Fallaci aunque sólo fuera para saber qué principios se defienden actualmente en Europa -qué modelo de cultura, de Estado de Derecho– y, sobre todo, de cuáles, antitéticos, contrarios, opuestos, trata de defenderse la actual sociedad europea.

En España la situación es mucho más compleja -aunque su ciudadanía piensa mayoritariamente lo mismo (sólo un 30% se opone a la detención migratoria musulmana)- porque  los partidarios de salir de la Unión Europea son antiSistema y el patriotismo defensivo aquí, desgraciadamente, nadie lo enarbola. Pero no hay que olvidar, como indica una reciente investigación del R. Instituto Elcano [del 130217] que un 74% de los españoles considera excesivo el número de inmigrantes, un 41% probablemente votaría a un partido que defendiera posturas anti-inmigratorias y un 77% que los trabajadores españoles deberían tener prioridad en el mercado laboral.

Por eso resulta tan inquietante entre nosotros que, estando bien a la vista que nuestra estructura es zarandeada por el independentismo, el nacionalismo y los asamblearios mochileros del derecho a decidir, ningún partido tenga el coraje suficiente para recabar el apoyo público en pro de un proyecto político que elimine los cánceres que llevan ya décadas corroyendo nuestro país.

O sea, con las encuestas del CIS en la manos, por qué nadie responde a las preguntas que tantos se hacen en España. Paso a concretar algunas de entre las muchas posibles:

  • ¿Por qué ninguno de los partidos españoles consolidados advierte de la amenaza islamista y de la inmigración musulmana no dispuesta a integrarse y a aceptar nuestra cultura?
  • ¿Por qué ninguno de los partidos españoles consolidados patrocina la recentralización del país, devoviendo al Estado, al menos, las competencias de Educación y Sanidad, cortando el grifo del dispendio en gasto público?
  • ¿Por qué ninguno de los partidos españoles consolidados restaura un modelo familiar basado en una relación entre iguales, donde la violencia doméstica se mida con los mismos parámetros que el resto de las violencias y donde se estimule una pirámide de población sensata?
  • ¿Por qué ninguno de los partidos españoles consolidados presenta un plan actuarial relativo a garantizar en el futuro unas pensiones públicas gradualmente basadas en la cuantía y tiempos de cotización?
  • ¿Por qué ninguno de los partidos españoles consolidados presenta un plan de prestaciones socio-sanitarias homologado para todo el país?
  •  presenta un plan educativo en defensa de la cultura e historia comunes y del derecho a educar a los hijos en la lengua familiar?
  • ¿Por qué ninguno de los partidos españoles consolidados condiciona la ayuda a terceros a las necesidades de los propios?
  • ¿Por qué… [añadan vds lo que gusten].

EQM

pd. Sí, ya sé que tanto UPyD como VOX han tratado de contestar a algunas de la cuestiones que planteo, aunque más bien como objetivos generales que elaborando concienzudos planes de actuación para conocimiento de sus potenciales votantes. Pero lo cierto es que -por distintas razones, entre las que podrían enumerarse algunas mencionadas ut infra por el R. Instituto Elcano– no han logrado consolidarse como partido. Al menos, por el momento.

El clip de Marine Le Pen

Federico J. Losantos en El Mundo, 150217.

Anteanoche vi el clip oficial de la campaña presidencial de Marine Le Pen. Si no gana, milagro será. Además de una factura elegante y sobria, con el culto pomposo a la grandeur de un país que guarda en un catafalco con forma de bombón los restos del eurogenocida Napoléon, el discurso de la candidata del Frente Nacional no sólo podría ganar desde la derecha las elecciones en Francia, sino en cualquier país europeo, España incluida. Si la candidatura de Fillon, como parece claro, no pasa a la segunda vuelta y su rival es Macron, el brillante ex ministro, ay, de Hollande, Le Pen ganará.

Yo hubiera votado ayer a Sarkozy y mañana votaría a Macron, pero soy liberal, o sea, poco francés. Y de ser francesa, me sería difícil no votar a una mujer que presenta como primer argumento electoral la lucha contra el Islam, en estos términos: “Soy mujer y, como mujer, siento como una violencia extrema la restricción de las libertades que se desarrolla en nuestro país a través del fundamentalismo islamista”. Acabo de ver a cuatro ministras suecas del “primer Gobierno feminista de la historia”, sumisamente ataviadas con el hiyab para firmar contratos en Irán. ¿Alguien cree que esa izquierda combatirá a los lapidadores de adúlteras?

Dice también Le Pen que, como madre, se preocupa por el mundo que deja a sus hijos, claro, pero añade: “Soy abogada, y guardo de mis años en los tribunales una profunda ligazón al respeto a las libertades públicas y una sensibilidad particular por la suerte de las víctimas enfrentadas a la impunidad de los criminales”. Un votante de centro-derecha no necesita escuchar inmigración ilegal (en una encuesta reciente, aparece como su primera preocupación por encima del terrorismo, el paro y los impuestos) para entender que es a esa inmigración, la musulmana, a la que se refiere Le Pen. Ni que la impunidad de los criminales es lo que a diario padecen.

Aunque el clip exuda el orgullo nacionalista de la mujer fuerte, no habla de la Nación sino “Au nom du peuple“. Así que con o sin atentados, lo normal es que el votante de Sarkozy del 2007 acabe votando a Le Pen. ¿Por qué? Porque dice lo que mucha gente quiere oír y la dictadura mediática de lo políticamente correcto ha proscrito. Si gana Le Pen lo lamentaré, pero no me sorprenderá. Con ella, no con Trump, debería entenderse Rajoy.

La excepción española: el fracaso de los grupos de extrema derecha pese al paro, la desigualdad y una alta inmigración

Caso de estudio sobre España dentro del proyecto “Nothing to fear but fear itself?”.

Real Instituto Elcano. Nota de prensa nº 159 – 13/2/2017.

  • Una reciente investigación del Real Instituto Elcano muestra por qué España supone una excepción en el panorama político europeo en el que los partidos populistas de derecha, xenófobos, nacionalistas, anti-UE  y anti-globalización ocupan cada vez más espacio.
  • A pesar de las dificultades provocadas por la crisis económica a partir de 2008, los partidos de extrema derecha han sido incapaces en España de lograr éxito electoral utilizando la retórica nacionalista que sí ha dado fruto en otras partes de Europa.
  • El estudio muestra cómo una mezcla de factores culturales, históricos, políticos y sociales han impedido un aumento en el apoyo a ideas autoritarias.

El creciente aumento del apoyo electoral en Europa a partidos populistas, antieuropeos, xenófobos y antiglobalización, como el Frente Nacional francés, está relacionado con tres tipos de factores: los económicos (paro, disminución del Estado de bienestar),  los políticos (desprestigio de la clase política, corrupción) y la inmigración. En España estos tres elementos están presentes y, sin embargo, a diferencia de la mayor parte de los países de la UE, en nuestro país ese tipo de partidos no ha tenido éxito.

Una reciente investigación realizada por el Real Instituto Elcano dentro del proyecto europeo coordinado por el think tank británico Demos sobre los temores de la población y la extensión de los populismos en Europa, muestra que la cultura política de los ciudadanos españoles es especialmente favorable a la Unión Europea, a la globalización y a la convivencia con individuos de otras culturas.

A pesar de las dificultades económicas derivadas de la crisis, a pesar de los altos niveles de desigualdad y desempleo –entre los más altos de la UE-, el estudio revela que los españoles no culpan de ello a la UE, como sí hacen otros europeos: sólo el 10% de los españoles quiere abandonar la Unión Europea,  frente al 22% de los franceses, el 16% de los alemanes o el 25% de los suecos, mientras que a una significativa minoría (35%) le gustaría ver una mayor integración europea. Y tampoco culpan de ello a los inmigrantes, que se han convertido en otros países en el chivo expiatorio del malestar social.

La investigación señala que esta peculiaridad de España puede deberse a la experiencia vivida bajo el régimen franquista, cuyo abuso de los símbolos nacionales y sus continuas referencias a la identidad nacional son recordadas y rechazadas. En palabras de la autora, Carmen González Enríquez: “Un largo pasado autoritario y nacionalista actúa en el presente como una vacuna contra los partidos de extrema derecha. España y Portugal compartieron durante cuatro décadas una experiencia similar de nacionalismo, catolicismo y autoritarismo corporativista; y ambos países han sido inmunes hasta ahora a esta oleada de partidos populistas de derecha, a pesar de la grave crisis económica y política que han sufrido.”

No obstante se observa preocupación en relación a la inmigración: un 74% de la población considera que el número de inmigrantes en España es demasiado alto, y un 41% declaran que probablemente votaría a un partido que defendiera posturas anti-inmigratorias. El 77% considera que los trabajadores españoles deberían tener prioridad en el mercado laboral, lo que sugiere que los temores hacia la inmigración tienen relación con el alto nivel de desempleo.

Sin embargo, sólo una pequeña minoría de españoles (4%) menciona la inmigración cuando se pregunta por los problemas importantes del país: el paro, la corrupción, los problemas económicos y los políticos en general son las principales preocupaciones de los españoles.  La insatisfacción y desconfianza en el sistema se ha canalizado a través de la izquierda con tendencias populistas, como la que representa Podemos, rechazando partidos de derecha radical con mensajes anti-inmigratorios.

La extrema derecha ha fracasado estrepitosamente en España desde la transición a la democracia y no ha conseguido ni un solo diputado desde 1977: su mensaje y sus protagonistas se ven como demasiado cercanos al pasado franquista. Sus éxitos se limitan a varios municipios donde han explotado las tensiones producidas en la convivencia con algunos grupos de inmigrantes. El hecho de que esta convivencia se haya mantenido en España sin fricciones importantes pese al impacto de la crisis económica puede considerarse un gran éxito de la sociedad española.

Informe completo: The Spanish Exception: Unemployment, inequality and immigration, but no right-wing populist parties

Franklin Delano Roosevelt. FDR Presidential Library & Museum

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Actualización 160217; 21:15

Sí, me declaro populista

Juan Laborda en vozpópuli, 160217.

Cada día en los medios de comunicación convencionales se alerta del peligro que supone para las democracias occidentales los populismos crecientes. Sin embargo, cuando uno pasa del título al texto, se produce un cambio notable pero sutil a la hora de definir lo que realmente está bajo amenaza. El significado básico de democracia, esto es, el gobierno del pueblo o la sob

Quienes hablan de populismos en realidad, aunque sea indirectamente, son copartícipes de la actual situación donde es la democracia la que se encuentra secuestrada, pero no por populistas. El poder corporativo hace varias décadas se despojó de su identificación como un fenómeno económico para entrometerse en ámbitos y esferas de la vida pública que solo competen al Estado y a la ciudadanía, dentro de lo que se conoce como soberanía nacional. De alguna manera hemos retrocedido varios siglos a una especie de soberanía compartida donde ese poder corporativo ha secuestrado a las otrora democracias occidentales. Vivimos bajo un nuevo feudalismo económico, los esclavos de la deuda, obedientes y serviles, mientras los que se dedican a emitirla no dejan de enriquecerse.

Se ha ido desmantelando el entramado que de alguna manera garantizaba la soberanía popular y la supremacía del Estado frente a intereses privados espurios. Es evidente que han tomado las riendas del Estado en el nombre del progreso y de la globalización, cuando en realidad lo único que les importa es la acumulación de poder y riquezas. No han dudado en promocionar un cuerpo legislativo débil, un sistema legal obediente y represivo, y, sobretodo, un sistema de partidos que de manera persistente se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante. Y la reacción, obviamente, es el ascenso del populismo. Cuestión de supervivencia.

Pensemos por un momento en la situación de fondo de nuestro país que, a pesar de todos los intentos por ocultarla, es preocupante. Nuestra economía simplemente reparte miseria, convive con un ejército de reserva de parados y el empleo que se crea es de muy baja calidad, muy precario y, como tal, inestable y poco productivo. Salarios bajos, hundimiento productividad de los factores productivos, brusco descenso de la población activa, unido a la demografía y la falta de voluntad política amenaza nuestro sistema público de pensiones. Y las aves carroñeras frotándose las manos. Por eso cuando después de la que ha caído por estos lares, algún banquero o ejecutivo colocado a dedo por ser amigo del político de turno habla y nos cuenta lo que está bien o está mal, simplemente exacerba la rabia contenida de la gente de este país, especialmente de los más jóvenes. Al menos que se abstengan de hablar.

Enfatizar instituciones y normas como la esencia de la democracia tiene una historia que viene de negar otras definiciones mucho más radicales. La idea de la democracia como un sistema elaborado de controles y equilibrios forzados por una combinación de leyes constitucionales, normas informales y la distribución del poder socioeconómico a través de una pluralidad de grupos, cristalizó por primera vez en los años treinta, en contraste explícito con el totalitarismo. Pero elaboraciones posteriores fueron aprovechadas para proporcionar una alternativa al sentido real de lo que debería ser la democracia, gobernar por y para el pueblo.

Ya por la década de los 60 se acuñó un término, poliarquía, en contraste explícito con las teorías populistas de la democracia basadas en la igualdad política, soberanía popular y gobierno de las mayorías. La poliarquía simplemente supone reconocer que estamos gobernados por una élite de poder que ataca deliberadamente el pluralismo político y justifica las relaciones de poder existentes y las instituciones antidemocráticas que los mantienen.

En la actualidad, el resultado neto de quienes dicen defender la democracia contra el populismo es, inevitablemente, una defensa del centrismo político. La democracia, bajo este análisis, se reduce a la búsqueda de un consenso bipartidista donde, según ellos, se abandonen las políticas de resentimiento. A buenas horas mangas verdes. Después del destrozo social, económico, moral y político braman que no hay que tener resentimiento. El imperativo de rescatar el statu quo contra el populismo ha alcanzado su apoteosis en ciertos líderes socialdemócratas que frente al hartazgo de sus militantes y votantes no dudan en cargar contra líderes como el senador Bernie Sanders o el actual líder laborista, Jeremy Corbyn. El objetivo último es evitar la implementación de sus propuestas económicas. Y si hace falta promocionar populismos de derechas, se hace, y punto.

Por todo eso me declaro populista y reclamo políticos que asuman lo que ya hacía y decía el Franklin Delano Rooslvelt: “Hemos tenido que enfrentarnos a los tradicionales enemigos de la paz social: los monopolios empresariales y financieros, los especuladores, los banqueros sin escrúpulos, aquellos que promovieron los antagonismos de clase o el secesionismo y quienes se enriquecieron a costa de la guerra. Todos habían llegado a pensar que el gobierno de Estados Unidos no era más que un mero instrumento al servicio de sus propios intereses. Ahora sabemos que un gobierno en manos del capital organizado es igual de peligroso que un gobierno en manos del crimen organizado….” Este discurso hoy sería tildado de populista, cuando fue Franklin Delano Rooslvelt es, ha sido y será el presidente más votado de la democracia estadounidense. Paradojas de la vida.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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