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Lo disparatado cunde

Va tomando cuerpo que el ‘disparate’ -última y repetida denominación del Mariano Rajoy al golpe secesionista- va tomando cuerpo. O sea, que los golpistas ya puede ir preparándose para recoger las azucaradas nueces con bolsa de regalo, en la chuchería de la Soraya.

Parece que la desvergüenza puede llegar a consistir en la conversión de la ya inmersa -lingüísticamente hablando- ciudadanía española que vive en Cataluña, en el ‘hereu’ de Madrit, esa primogenitura que siempre han merecido aunque acierte a saber el porqué y de la que sólo disfrutaba el País Vasco por aquello del terrorismo, otra sinrazón.

¿Qué quiere esto decir?

Que la tendera de chuches quizás está próxima a ofrecer al golpista mas electoralmente serio, el Oriol Junqueras, ese disparate consistente en disparar contra el ‘resto de España’ a base de ‘federar asimétricamente’ el Estado [Cebrián dixit], es decir, dar a Cataluña un status especial que iguale o supere los privilegios forales de los vascos.

Y, de confirmarse, me huele que contará con el apoyo del PSOE, el PSC y el reculón Ciudadanos, para cuya portavoz, la Arrimadas, últimamente lo único que parece importarle es el corredor mediterráneo

Estupendo, pues, Mariano.

Mientras tanto, el Puigdemont liberador del colonialismo se da una vuelta por la Cataluña francesa para asegurarle al Hollande que el futuro de los catalanes allende los Pirineos les importa una higa… porque Francia si es un Estado centralista como Dios manda y no la merde de Madrit.

Ya digo: estamos que nos salimos.

Es decir: vamos, que nos vamos! [ojalá pudiéramos…].

EQM

PD. El Gobierno ha aclarado el asunto de las negociaciones al pueblo español, para evitar rumores maledicentes: nosotros somos transparentes y dialogantes; por eso les informamos que las negociaciones no son secretas aunque no les podamos contar si ya han empezado, estamos en el tanteo previo o de qué van. ¿Entendido?

¿Qué planea dar Rajoy a Cataluña?

Jose Apezarena en El Confidencial Digital, 210217.

Algo ocurre con Cataluña. Algo se está moviendo, en el contencioso que enfrenta aquellos territorios con el resto del país como consecuencia de sus planes de independencia. Algo ha cambiado.

Una primera pista saltó el jueves, cuando Artur Mas, en un acto celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid, cerrado a la prensa, afirmó que está convencido de que existe una solución, una tercera vía, en el conflicto que mantienen el Gobierno (el Estado) y la Generalitat. No se le había escuchado hasta ahora decir con tanta claridad algo semejante.

El ex presidente afirmó que “en medio” de las dos posiciones actuales, la que llamó inmovilista (del Gobierno) y la independentista, el Estado “puede hacer una propuesta para acomodar a Cataluña en España”. Remarcó que la iniciativa correspondería “al Estado”, no al Gobierno: “Creo que existe, pero tiene que plantearlo el Estado, no digo el Gobierno”.

Ante esa propuesta, surge una primera duda metódica. Cuando alude al Estado, y no al Gobierno, como protagonista de la iniciativa ¿a qué se refiere Artur Mas? ¿Al rey? Me parece una opción complicada de articular y que, además, ofrece riesgos evidentes para el monarca, al implicarse en una concreta decisión política. ¿A las Cortes? Pero eso exigiría una mayoría cualificada, y por tanto un acuerdo entre populares y socialistas que, a estas alturas, se antoja bastante improbable. Queda, pues, por aclarar a quién correspondería ponerla en marcha.

Mas se remitió a la propuesta apuntada por Puigdemont, actual presidente de la Generalitat, de pactar un referéndum legal y vinculante con tres alternativas: 1. mantenimiento de la situación actual; 2. descentralización máxima; 3. Estado independiente. Y precisó que asumirían democráticamente el resultado de la consulta, aunque matizó que “eso del medio” no existe actualmente.

Dado que la primera posibilidad, mantener el actual estatus, no lo aceptan los independentistas catalanes, y que la tercera, el Estado independiente, no constituye una opción para España, hay que deducir que la apuesta viable, según Artur Mas, es la segunda, esa “descentralización máxima”.

Se ha publicado que Mariano Rajoy está elaborando una propuesta para presentar al Ejecutivo de Cataluña, en respuesta a las 45 reivindicaciones que le entregó Puigdemont hace casi un año, en abril de 2016, aunque, eso sí, excluyendo el referéndum unilateral que pretenden celebrar en 2017.

La Generalitat ya ha dicho públicamente que acepta dialogar con Rajoy, si bien por ahora se mantiene en sus trece del referéndum.

Parece claro que algo se está moviendo. Desde ámbitos gubernamentales cuentan que se vienen celebrando “encuentros a todos los niveles”. O sea, se está negociando entre las dos partes, y por lo visto con intensidad. Entonces, la pregunta es: ¿Exactamente qué se está negociando?

Posteriormente, un portavoz de Artur Mas ha explicado algo más las alusiones a la “tercera vía”: quiere que Rajoy se implique, y que disuada a los secesionistas, y a los que están dudosos, mediante la promesa de que se mejorará la autonomía. Y que, por tanto y con esas nuevas condiciones, continuar dentro de España es la mejor opción.

Pero, ¿en que se concreta la famosa mejora de la autonomía? Dicho más directamente: ¿Qué está dispuesto Rajoy a dar a Cataluña?

editor@elconfidencialdigital.com
En Twitter @JoseApezarena

Algo está pasando en Cataluña

Javier Fumero en El Confidencial Digital, 210217.

Llegan desde Cataluña los primeros síntomas de deshielo. Son todavía signos muy débiles, tibios, apenas perceptibles. Pero parece que algo está pasando entre los promotores de la independencia y el Gobierno Rajoy.

El pasado jueves llegó la primera señal: Artur Mas pronunció una conferencia a puerta cerrada en un máster de la Universidad Autónoma de Madrid en la que explicó que existe una tercera vía para resolver el desafío catalán, una alternativa al actual enfrentamiento entre la independencia y el inmovilismo de Madrid.

Esta solución intermedia sería dotar de un estatus especial a Cataluña, con una descentralización aún mayor que la actual. Se habla concretamente de la “devo-max”, (descentralización máxima), un concepto anglosajón que se popularizó meses antes de la consulta en Escocia, para hablar de la devolución de competencias de Londres a Edimburgo.

Se ha insistido mucho en que es el Estado español (no el gobierno –se insistió-) el que debe mover ficha y poner sobre la mesa esta salida. Como dejando muy claro que la iniciativa debe partir, si alguien pretende buscar un entendimiento, de fuera.

La impresión que uno saca al analizar los pocos datos que hay sobre este sutil movimiento es que ya existe un empeño real por salir del atolladero. Pero se busca una salida airosa, muy medida, que permita tres cosas:

a) Que el acuerdo se pueda vender en casa como un triunfo.

b) Que nadie resulte humillado.

b) Que se pueda contener la deflagración que provocará la ruptura con Esquerra y la CUP.

Por mi, vale. Si alguien logra resolver este difícil dilema, todo me parecerá poco. Me parecerá un error apelar ‘bajadas de pantalones’ o ‘cesiones vergonzosas’. Hay que encontrar una solución viable y abordarla.

Todos saldremos ganando.

Más en twitter: @javierfumero

¿Operación dinero?

Carlos Cuesta en El Mundo, 210217.

La consejera catalana, Neus Munté, anuncia que la Generalitat piensa saltarse la prohibición del TC del nuevo referéndum separatista. Y la respuesta del Gobierno es más «operación diálogo», como acaba de señalar el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo. Porque mantienen encuentros y conversaciones constantes «a todos los niveles» incluso no públicos, acaba de aclarar Millo días después de la amenaza de Munté.

Tras las que surge una pregunta: si estamos ante una operación de imagen para demostrar que Moncloa ha estado dispuesta a prácticamente todo y, aún así, los independentistas no han querido porque son ellos los radicales. Una pregunta con dos respuestas y ninguna de consecuencias beneficiosas para el conjunto de España. Si es negativa, si no es una operación de mera imagen, implicaría que el Gobierno cree que regando aún más de dinero y competencias a la Generalitat, ésta va a alterar su desafío.

Que confiaría en que ocurriese lo contrario de lo sucedido desde que se concedió a CiU la fractura autonómica del sistema educativo o, desde 1993, el creciente reparto de dinero procedente de los grandes impuestos nacionales. Pero incluso siendo la respuesta positiva las consecuencias no dejarían de ser perniciosas. Porque es evidente que el desafío a las leyes es el único motivo para establecer un cauce de conversación con la Generalitat «a todos los niveles» y en ocasiones «no público». Un cauce que no disfruta ninguna otra región. Eso implicaría un nefasto efecto llamada al desacato de todo aquel que pretenda el mismo grado de atención y cesión del Ejecutivo nacional.

En medio de esta incógnita, los movimientos paralelos tampoco tranquilizan. Porque el Gobierno ha convocado un comité de 21 expertos para la reforma de la financiación autonómica que entregará sus conclusiones dentro de seis meses y al que, además, el propio Cristóbal Montoro ha relegado al papel de «primera propuesta». La «propuesta final» será de carácter político y corresponderá al Gobierno y al Consejo de Política Fiscal y Financiero (CPFF).

Es decir, que independientemente de las recomendaciones técnicas, será una mesa política la que cierre la reforma. La Generalitat ni siquiera ha designado un técnico para ese comité de expertos. ¿Significa eso que tiene peso y de sobra en la decisión política final y que no perderá el tiempo en apariencias? ¿Significa que una vez más se pagará con dinero de todos bajo la falsa esperanza de que la amenaza rupturista se frene?

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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