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eqm_240217.

Pero… ¿hay alguien ahí?

Escribía ayer Arcadi Espada, en El Mundo por dentro, ‘Un editorial contra Cebrián. La reacción del catalán de guardia‘, relativo, precisamente al artículo de fondo que también ayer publicaba El País, ‘Dialogar y no arrepentirse. Es necesario un clima de confianza mutua entre el Gobierno y la Generalitat‘, sobre el procés catalán. [Ambos textos figuran infra].

En mi opinión, los personajes que el editorialista tiene en la cabeza son los que se dedican a bombardear la ley precisamente para que no haya duda ninguna de que jamás se arrepentirán de que su concepto de diálogo sea, única y exclsuivamente, el de tender puentes hacia la independencia…, a fin de que ésta llegue más vale pronto que tarde.

Aquellos que, mientras se alcanza ese único fin -como el amor: hoy más [cerca] que ayer y menos que mañana-, tratan de asegurarse poderosos trofeos consolidadores del objetivo y que puedan ser enarbolados ante su carnavalesca turba…, por si hay que esperar un poquito más de lo previsto…

Al estilo padre Pujol:

Aquí teniu, poble de Catalunya, singularitat, supremacia, història, fonament, nació, reconeixement d’Espanya a la nostra mil·lenària identitat, en forma d’or, encens i mirra, mentre anem fent camí cap a la independència…!

[¡Aquí tenéis, pueblo de Cataluña, singularidad, supremacía, historia, fundamento, nación, reconocimiento de España a nuestra milenaria identidad, en forma de oro, incienso y mirra, mientras vamos haciendo camino hacia la independencia…!]

Para mí que Juan Luis Cebrián, Presidente de Prisa, en su entrevista con Cayetana en El Mundo, está -con Mariano Rajoy, Felipe González, A.P. Rubalcaba– en el aviso a los que leen El País en catalán en clave nacionalista, de que o reciben a los Reyes Magos como se merecen o la aplicación del 155 no va a ir de coña

Pero esta historia tiene un pequeño problema: los golpistas siguen sintiendo, convencidos, que ellos, es decir, el poble de Catalunya, no tienen nada que perder en este envite, chantaje inconstitucional, porque, en el peor de los casos, después del 155 tornarà la calma, i els avanços del procés no se’ls traurà ni Déu… [volverá la calma, y los avances del proceso no se los quitará ni Dios…]

Porque, de verdad, ¿alguién cree que un bipartidismo de esta naturaleza -con Mariano y sus disparates; la muribundia Gestora toreando a ZPedro; Albert Rivera como apoderado/empoderado de compañía; y los mochileros y la Colau amenazando con el derecho a decidir– tiene arrojo para dejar al Gobierno catalán, en justo castigo a su perversidad y mientras las encuestas no digan que el nacionalismo se hunde en la miseria, sin las competencias de Educación, Policía, Hacienda, Sanidad, etc?

Pues esa, es la clave.

Cuando las canillas tiemblan. y el Estado está en juego.

EQM

PD: Ahora verán éstos…: para que se enteren!

Aunque no lo crean: Rajoy ha metido a tirabuzones Tardá, el maestro de Rufián en permanentes e incendiarias deposiciones anticonstitucionales y golpistas, en la Comision parlamentaria de Secretos Oficiales. Lean, por favor:

ERC vuelve a la Comisión de Secretos Oficiales tras nueve años fuera. Los independentistas de ERC y PDeCAT entran en el órgano que trata información sobre seguridad

El pleno del Congreso ha elegido este miércoles a los siete diputados que integrarán la Comisión de Secretos Oficiales, entre los que se encuentran los independentistas catalanes Joan Tardà (ERC) y Jordi Xuclà (PDeCAT). La única vez que Esquerra formó parte de la comisión fue entre 2004 y 2008, cuando estrenó grupo parlamentario propio en el Congreso. Este órgano tiene acceso a información sobre la seguridad del Estado y controla las actividades del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Ciudadanos es el único partido que se ha opuesto a su inclusión.

[…].

El País, 220117.

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Irene Montero y Joan Tardá, el pasado martes. EFE. Vía El País.

Un editorial contra Cebrián

La reacción del catalán de guardia

Arcadi Espada en El Mundo por dentro, 230217.

Cada cinco días desde hace varios El País publica un editorial nierga, hablen ustedes que pueden. Los redacta el catalán de guardia y son piezas patéticamente argumentadas, donde el wishful thinking suplanta siempre a lo real. En la última semana el editorial consabido se ha visto apoyado por informaciones esperanzadas por la posibilidad de un cambio de actitud del gobierno desleal de Cataluña.

El editorial de hoy cierra, por el momento, la esperanza. Coincide con el conocimiento público del fracaso de la reunión entre los presidentes Rajoy y Puigdemont y con la apocalíptica conferencia de Mas en el País Vasco -a ver si se tranquiliza en vistas de la próxima, que será en Oxford.

Su retraso de un día en la tónica imperante debe de estar vinculado con el notable impacto de las declaraciones de Juan Luis Cebrián a este periódico. Las declaraciones llegaron en plena esperanza socialdemócrata y han sido muy mal recibidas por los catalanes de guardia.

Es normal. Cebrián se limita a hablar de lo real. Y sus especulaciones sobre la guardia civil o el 155 son las especulaciones obligatorias de cualquier demócrata. Describe muy bien el estado moral de buena parte de la opinión que las especulaciones sobre el mañana ilegal (lo que el gobierno desleal hará con los impuestos, el ejército, la lengua, etc) se apoderen con suma naturalidad de los titulares mientras que a las especulaciones sobre el mañana legal (155 y aledaños) se le debe poner siempre una suerte de sordina preservativa.

En el último párrafo el editorialista acusa el golpe que se deriva de que el presidente del consejo de administración del diario donde escribe haya roto el tabú especulativo:

«Cataluña y España se juegan mucho en este envite. Por eso este periódico ha reivindicado, apoya y apoyará siempre el intento de recomponer los puentes de diálogo. Jamás desistirá de este empeño, pues democracia y autonomía son dos caras inseparables de la modernidad de este país.»

Y como de costumbre, el editorialista desvela su torcida fisonomía moral. Porque quien ha querido partir la cara, exactamente, a la democracia y a la autonomía no son los que tiene en la cabeza mientras escribe esas estupideces, es decir, aquellos a los que acusa de volar los puentes por invocar la ley, sino los otros, es decir, los que vuelan la ley con su pólvora retórica: derecho a decidir, democracia por encima de la ley y, desde luego, con la más sucia de todas, que es la palabra diálogo.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, el miércoles en el ‘Parlament’. Marta Pérez / EFE. Vía El País.

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Dialogar y no arrepentirse

Es necesario un clima de confianza mutua entre el Gobierno y la Generalitat

Editorial de El País, 230217.

Los desencuentros entre el PP y el grueso de las fuerzas políticas catalanas se prolongan desde hace un decenio largo: desde que aquel impugnó (jurídicamente y en la calle) el Estatuto de 2006. En los últimos años no solo no hubo diálogo, sino cruces de invectivas, descalificaciones y pleitos. No sería lógico esperar que una sola reunión —como la mantenida en secreto por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el de la Generalitat, Carles Puigdemont, el pasado 11 de enero— resuelva de un carpetazo el abismo existente.

Eso sí, sería bueno que los protagonistas y sus adláteres no negaran los contactos, evitasen mentir y no se arrepintiesen de algo excelente: dialogar. Aunque una sola sesión sea una gota en el océano, la idea de que los problemas se resuelven sin hablar con aquellos con quienes discrepas no tiene sentido. Sucede justo lo contrario.

Eso se traduce en que, aunque un contacto inicial haya sido infructuoso —que lo fue en lo inmediato—, los líderes responsables deben perseverar. ¿Cómo? Innovando en los formatos del diálogo, no cejando en implicar a terceros que puedan facilitarlo, identificando en primer término los asuntos más susceptibles de desbrozar el camino, dejando para un último momento los más arduos de generar consenso.

La negociación política es un arte y hay experiencias que ayudarían a ahormar la más difícil, incluso en las coyunturas más desfavorables, como es el caso de la actual inquina mutua. Lo esencial es, tras empezar, insistir: primero, en la creación de un (hoy inexistente) clima de confianza mutua; con otras mediaciones; a través de medidas concretas sobre las que asentarlo; y después abordar fases más ambiciosas.

Cataluña y España se juegan mucho en este envite. Por eso este periódico ha reivindicado, apoya y apoyará siempre el intento de recomponer los puentes de diálogo. Jamás desistirá de este empeño, pues democracia y autonomía son dos caras inseparables de la modernidad de este país.

Artículo 155 de la Constitución Española

1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.

2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Sinopsis [Congreso de los Diputados]

El artículo 155 complementa la previsión de vías o medios de control (ordinario) de la actividad de las Comunidades Autónomas contenida en el artículo 153 al contemplar un mecanismo de control subsidiario, de carácter excepcional o extremo (y alcance incluso coercitivo), para situaciones igualmente excepcionales o extremas, consistentes en el incumplimiento por aquéllas de obligaciones impuestas por la Constitución o las leyes o en actuaciones de las mismas que atenten gravemente al interés general de España.

El precepto se inspira claramente en la figura de la llamada “coerción federal” (Bundeszwang), prevista en el artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn. De hecho, tal inspiración se advierte incluso de manera inequívoca en la redacción del artículo 155, que coincide en lo esencial con la dicción literal del precepto constitucional alemán.

En otros sistemas federales o Estados de estructura compuesta o compleja, por el contrario, el mecanismo de reacción -extrema o excepcional- de los órganos federales o centrales ante conductas de los Estados federados o entes territoriales subestatales gravemente atentatorias contra la lealtad federal o institucional hacia la Federación o el Estado central consiste en la suspensión o disolución de los órganos de aquéllos (la llamada “intervención o ejecución federal”), y no sólo en la posibilidad de adoptar las medidas necesarias para el cumplimiento forzoso de las obligaciones incumplidas, en particular por medio de instrucciones de obligada observancia para los órganos del Estado federado o ente territorial de que se trate, a su vez coercibles por los órganos federales o centrales en caso de resultar desatendidas.

Como ejemplos de sistemas de “intervención” federal o estatal, que comportan la suspensión o disolución de órganos territoriales, pueden consultarse el artículo 100 de la Constitución austriaca, el artículo 126 de la Constitución italiana o el apartado 31 del artículo 75 de la Constitución argentina.

El tenor del artículo 155, prácticamente idéntico al del artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn en el Anteproyecto de Constitución, experimentó algunas modificaciones durante su elaboración parlamentaria.

En primer lugar, se añadió como supuesto de hecho habilitante de las medidas extraordinarias previstas en dicho precepto el consistente en una actuación “que atente gravemente al interés general de España” (el Anteproyecto sólo se refería, como sucede en el caso de la Constitución alemana, al incumplimiento de obligaciones que la Constitución u otra ley impusieran respecto del Estado).

En segundo lugar, se incorporó la exigencia de previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma, coherente con la naturaleza subsidiaria del mecanismo respecto de las formas ordinarias de control (a que se refiere el artículo 153 CE) y el carácter por tanto excepcional, extremo o de ultima ratio que le es propio.

Por último, y atendido precisamente dicho carácter, se introdujo el requisito de aprobación de las medidas por mayoría absoluta (y no por mera mayoría simple) del Senado. Por el contrario, no prosperaron en el debate parlamentario otras propuestas, como las de  exigir la aprobación de las medidas por ambas Cámaras de las Cortes o por una mayoría aún más cualificada del Senado, la de circunscribir el supuesto de hecho habilitante a los casos de incumplimiento sólo de la Constitución o de ésta y leyes orgánicas (excluyendo los supuestos de incumplimiento de leyes ordinarias, así como de actuaciones gravemente atentatorias al interés general de España) o la de prever como requisito para la adopción de medidas la previa declaración del incumplimiento imputado a la Comunidad Autónoma por el Tribunal Constitucional.

El carácter altamente excepcional del mecanismo previsto en el artículo 155 CE se manifiesta en su, hasta la fecha, inexistente proyección práctica o aplicativa. En efecto, hasta hoy el Senado y el Gobierno de la Nación no han hecho uso de las facultades que les confiere el artículo 155 CE en ninguna ocasión.Tampoco existen precedentes de una aplicación del artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn en la República Federal de Alemania.

Últimamente se ha debatido en nuestro país, sin embargo, acerca de la oportunidad de un desarrollo legal del artículo 155 CE, así como de la viabilidad de una aplicación del mismo en relación con el incumplimiento por los órganos de gobierno del Parlamento Vasco de las obligaciones derivadas en el ámbito parlamentario de la sentencia de declaración de ilegalidad y disolución de determinados partidos políticos (Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna), dictada en aplicación de la vigente Ley Orgánica de Partidos Políticos por la Sala del artículo 61 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, así como en relación con la aprobación por el Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca de una Propuesta de nuevo Estatuto Político para la Comunidad de Euzkadi de -cuando menos- muy dudosa compatibilidad -tanto procedimental como material- con la vigente Constitución.

Al procedimiento de aplicación del artículo 155 CE en fase parlamentaria se refiere el artículo 189 del Reglamento del Senado.

En cuanto al control en derecho del ejercicio de las facultades atribuidas por este precepto, la doctrina alude a dos cauces o vías para efectuarlo: de un lado, el conflicto de competencia planteado por la Comunidad Autónoma afectada ante el Tribunal Constitucional [art. 59.1.a) de la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal Constitucional]; y, de otro, la impugnación por ésta de los concretos actos adoptados por el Gobierno de la Nación en virtud de la autorización emitida por el Senado en sede contencioso-administrativa. Al control jurídico se añade el control político del Gobierno que puede llevar a cabo el Congreso de los Diputados.

Entre la bibliografía referida al precepto constitucional que nos ocupa cabe citar, entre otros, los trabajos de García de Enterría, Muñoz Machado, Cruz Villalón, Tolivar Alas, García Torres o de Gil-Robles y Gil-Delgado.

Sinopsis elaborada por: Mariano Bacigalupo Sagesse, Profesor Titular, Universidad Nacional de Educación a Distancia. Diciembre, 2003.

Revisado por el equipo de puesta al día del Portal de la Constitución. Agosto, 2006.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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