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¿Un nuevo Dreyfus? [2015; 01:26:15].

Documental francés, ahora doblado al español, sobre el contenido del Juicio del 11M, que fue dirigido en 2015 por Cyrille Martin [Francia, 1982]. Distribuído por ‘Les Mutins de Pangée‘ [Francia]. El film está montado, pues, con  imágenes de vídeo, archivos ya existentes, fragmentos de telediarios, grabaciones de vídeo y algunas entrevistas aparecidas en los medios, sobre el juicio. Versión original en francés. Web: nouveaudreyfus.net

La mención al ‘caso Dreyfus’ [Francia, 1894-1906] se debe a que aquél tuvo como origen una sentencia judicial de neto corte antisemita, sobre un trasfondo de espionaje, en el que la víctima fue el capitán Dreyfus (18591935), de origen judíoalsaciano, y que durante doce años conmocionó a la sociedad francesa de la época, marcando un hito en la historia del antisemitismo.

La revelación del escándalo en Yo acuso (J’accuse), un artículo de Émile Zola de 1898, le convirtió en símbolo moderno y universal de la iniquidad en nombre de la razón de Estado.

Por las dudas: yo me cuento entre quienes desearían que el Gobierno de España y la Fiscalía General del Estado mantuvieran abierta permanentemente una línea de investigación hasta que el decir basta coincidiera con la averiguación de quién lo planificó, quiénes lo hicieron y cómo se hizo. Es decir, autoría material e intelectual.

EQM

Proyecciones del documental en Francia:

  • 29 octobre 2015, au festival du film Méditerranéen Cinémed, Montpellier, cinéma Utopia.
  • 31 octobre 2015, au festival du film Méditerranéen Cinémed, Montpellier, Centre Rabelais.
  • 18 décembre 2015, au comptoir associatif de Mons la Trivalle, organisé par Ensemble ! Oh Cantons!
  • 18 février 2016, au Ciné 3, Bédarieux, organisé par ATTAC.
  • 27 février 2016, à la librairie anarchiste Publico, Paris.
  • 29 mars 2016, au Gazette Café (lié à l’hebdo La Gazette), Montpellier.
  • 6 avril 2016, à l’Université Paul Valéry, Montpellier, en partenariat avec le ciné-club La Pantalla, Département d’espagnol de l’Université.
  • 15 avril 2016, Saint Vincent d’Olargues, Salle Jean Sèbe.
  • 19 mai 2016, Lacabarède (Tarn).
  • 12 juin 2016, au cinéma Utopia, Montpellier, avec les Amis du Monde Diplomatique et Attac.
  • 23 juin 2016, à la Cimade de Montpellier.
  • 12 juillet 2016, au festival d’Avignon, à l’invitation de la Compagnie de la Traversée, pour les 110 ans de la réhabilitation du capitaine Dreyfus.
  • 16 novembre 2016, au centre Ascaso-Durruti, Montpellier.
  • 24 novembre 2016, au Ciné club de Segrie-Fontaine (Orne).
  • 3 décembre 2016, au festival «Aux écrans du réel», Le Mans.

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El documental francés sobre el atentado del 11-M

Luis del Pino [Twitter] en LD, 250217.

Ayer publicamos en Libertad Digital la versión en castellano del documental que el cineasta francés Cyrille Martin ha realizado sobre el 11-M, y en el que, de forma demoledora, destroza la versión oficial de la masacre. Cyrille Martin hace un repaso de lo que fueron la investigación policial, la instrucción judicial y el juicio, y va demoliendo una a una todas las pruebas del caso, basándose en los propios documentos judiciales y en las declaraciones de los testigos.

Quizá a muchos de ustedes les suene este documental, porque saltó a los medios hace meses, cuando Ignacio Escolar publicó y luego censuró en su medio de comunicación una entrevista con el autor del documental. Con su habitual “estilo”, el medio dirigido por Ignacio Escolar publicó la entrevista, y al darse cuenta unas horas después de que no encajaba con la línea que ha venido manteniendo respecto al 11-M, la eliminó y la sustituyó por una descalificación del entrevistado.

Es importante resaltar que Cyrille Martin es un hombre de izquierda, y que el documental ha sido distribuido en Francia a través de una productora de tendencia anticapitalista. Perderían, por tanto, su tiempo quienes quieran recurrir a las tonterías habituales para descalificar al autor o al documental. Con la frialdad y objetividad que da la distancia, Cyrille Martin examina una a una las pruebas, las declaraciones de los testigos, los informes policiales, y termina concluyendo que toda la versión oficial del 11-M no es más que una inmensa cortina de humo, una gigantesca farsa, con la que se estaría encubriendo una operación de terrorismo de estado.

El documental está (salvo algunos errores menores en la traducción de los subtítulos) excelentemente hecho. Los gráficos so extraordinarios y ayudan al espectador a seguir con facilidad la lógica de las pruebas y de las falsificaciones. Y la conclusión inevitable, para cualquiera que contemple la enorme catarata de pruebas manipuladas, es que no hay un solo aspecto de la versión oficial del 11-M que se sostenga.

Y eso que Cyrille Martin ha dejado fuera episodios realmente dantescos, como:

  • Que desaparecieran las actas de recogida de muestras de los trenes.
  • Que se incineraran en el vertedero de Valdemingómez centenares de efectos procedentes de los trenes, muchos de los cuales podían perfectamente haber servido para determinar el explosivo utilizado en la masacre.
  • Que el gobierno español permitiera que los chatarreros terminaran llevándose a trozos el único vagón que se salvó del desguace, encontrado por Libertad Digital años después de la masacre.
  • Que se detuviera el 13-M a dos hindúes como supuestos implicados en la trama islamista.
  • Que la Policía ocultara al juez los registros informáticos del gimnasio donde Jamal Zougham estuvo la noche anterior a los atentados.
  • Que Jamal Zougham careciera de todo tipo de antecedente y fuera incluido en la lista de sospechosos habituales tres años antes de la masacre, por una sospechosísima serie de errores judiciales que tenían que ver con el número de teléfono de su madre.
  • Que los supuestos suicidas de Leganés esperaran disciplinadamente durante horas a que se desalojara a los vecinos de todos los bloques de viviendas colindantes, antes de hacer estallar el piso coincidiendo con el telediario.
  • Que Marruecos recibiera de las autoridades españolas la petición de traducir las supuestas llamadas de despedida de los supuestos suicidas de Leganés cuatro horas antes de que esas llamadas se produjeran.
  • Que se impidiera durante horas a la Policía Judicial el acceso a los cadáveres de los presuntos suicidas de Leganés, a pesar incluso de las órdenes de la juez Teresa Palacios.
  • Que en el desescombro del piso de Leganés aparecieran mezclados (y milagrosamente intactos) libros suníes y chiítas.
  • Que la supuesta carta de despedida de uno de los supuestos suicidas de Leganés estuviera escrita en árabe, pero firmada en caracteres latinos.
  • Que el único sospechoso que supuestamente huyo a la carrera del piso de Leganés, fuera absuelto en el juicio del 11-M.
  • Que el tribunal del 11-M se negara a que se examinaran las pruebas relativas a la posible implicación de los presuntos suicidas de Leganés en los atentados, de modo que los herederos legales de los presuntos suicidas no han tenido que indemnizar a las víctimas, porque no se ha determinado judicialmente la implicación de sus familiares en la masacre.
  • Que de todos los sospechosos detenidos por el 11-M, los únicos que tuvieran relación con Al Qaeda eran los dueños de la casa de Morata de Tajuña donde nos dicen que se montaron las bombas, y justo a esos no se les imputó nada y no fueron procesados ni enjuiciados.
  • Que apareciera milagrosamente vivo un presunto implicado en la masacre al que previamente los medios defensores de la versión oficial habían presentado como suicidado en Irak.
  • Que Marruecos se haya negado sistemáticamente a enviar ningún tipo de documentación oficial que avale, no ya la implicación, sino incluso la identidad de los supuestos suicidas de Leganés.

El documental de Cyrille Martin tiene un efecto principal, más allá de demoler la versión oficial de los atentados: nos permite comprobar cómo se ve el 11-M desde fuera de España, y en especial cómo se ve desde la perspectiva de la izquierda militante.

Y no salen muy bien parados, tras este ejercicio, ni nuestros medios de comunicación españoles, ni nuestra izquierda patria. Porque la versión oficial del 11-M es tan inverosímil, son tan burdas y evidentes las manipulaciones de pruebas, son tan groseras las falsificaciones, que cualquier que se acerca al tema con un mínimo de objetividad sale escandalizado. Y no puede sino preguntarse cómo es posible que semejante engendro hay podido colar.

¿Se entiende mejor la infamia en francés?

Un nuevo Dreyfus recoge lo ya investigado, resumido y explicado en innumerables ocasiones por Del Pino y Múgica. La valiosa novedad es que lo haga.

Javier Somalo, director de esRadio, en LD, 250217.

Un nuevo Dreyfus es un documental realizado por Cyrille Martin que cuestiona la sentencia sobre los atentados del 11-M. Dicho esto, es inevitable verlo. No exhibe efectos especiales ni dramáticas recreaciones ni ha requerido de grandes presupuestos de producción. Sólo necesitaba una importante labor de documentación cinematográfica impensable en España. El vídeo habría sido imposible sin el trabajo realizado durante tantos años por el inolvidable Fernando Múgica –el primero en advertir el engaño– en El Mundo y Luis del Pino en Libertad Digital. Un nuevo Dreyfus recoge lo ya investigado, resumido y explicado en innumerables ocasiones –todo es poco– por estos dos periodistas. La valiosa novedad es que lo haga.

Si merece la pena ver este documental es porque hay una persona más que no se cree la versión oficial de los atentados y encima es francés y de izquierdas. Esto molestó sobremanera a Ignacio Escolar cuando su periódico entrevistó hace meses al autor por otro asunto y salió a la luz la preparación del vídeo en el que, para más inri, nos citaba como fuente de inspiración. Tanto escoció el asunto que la noticia se esfumó y cerraron capítulo con un editorial de contrición. Esta es la segunda razón por la que merece la pena verlo y difundirlo.

El trabajo de Cyrill Martin me ha ayudado a recordar una vez más que todo lo sucedido antes del 11-M debía servir para encajar las piezas en sólo tres días. El diseño fue magistral. Criminal pero magistral.

Por aquel entonces era difícil no haber tenido noticia de las 13 mochilas explosivas que ETA habría querido colocar en la estación de esquí de Baqueira Beret. Igualmente, era casi imposible no conocer la famosa furgoneta de Cañaveras cargada con 500 kilos de explosivos destinados a Madrid. Diez días antes de la masacre de Madrid, el 1 de marzo de 2004, pudimos leer en la prensa titulares como este: “ETA planeaba atentar hoy entre Alcalá de Henares y Madrid” (ABC). Según la Policía –o eso dijeron– esa era la zona marcada en unos planos hallados en la furgoneta junto a varios croquis de vías férreas. Por si faltaban antecedentes, a finales de febrero de 2004, el CNI hasta llegó a la conclusión –o eso dijeron– de que ETA ya estaba preparada para detonar bombas de forma remota con teléfonos móviles tras haber solucionado un problema técnico de desfase. De hecho, ya lo había intentado hacer en el cementerio de Zarauz contra la cúpula del PP vasco a la que habría volado por los aires si les hubiera funcionado el letal invento. Eso sí, ETA no usaba el teléfono como un simple despertador con tarjeta SIM –o sea, con tarjeta de visita–, que para eso ya están los temporizadores de toda la vida. De modo que la misma pista etarra nos llevaría a la islamista a través de esa tarjeta SIM de visita que se usó en un teléfono… al que nadie llamaría desde un lugar alejado para hacer volar los trenes. El señuelo se encontró en una mochila-bomba que jamás habría estallado porque faltaba la conexión eléctrica, que además no tenía metralla y que apareció en una comisaría como un níscalo en un pinar. Cuanto más cundiera la vía etarra más dura sería la caída.

También resulta difícil de olvidar el No a la Guerra español, el de las pegatinas en el Congreso, en los Goya, en las manifestaciones que acusaban a Aznar de criminal de guerra, el de aquella icónica “foto de las Azores“. Por si fuera poco, cuatro meses antes del 11-M cayeron asesinados en Bagdad siete agentes españoles del CNI. A algunos no les quitó el sueño decir que lógicamente merecíamos un castigo. Estímulo-Respuesta.

Había que documentar antecedentes para ambas vías: la etarra y la islamista. Y las dos estaban perfectamente cubiertas para salir a escena en su momento justo. Pero no eran las únicas: había más de dos posibles salidas en el catálogo. Si alguien quisiera encontrar un hilo de investigación del 11-M ligado al narcotráfico lo encontraría. Si optara en cambio por una trama radicada en locales de alterne con implicaciones policiales, también lo hallaría. ¿Y en la extrema derecha? Por supuesto, también había madeja preparada para enredar. Y en Asturias, y en chabolas… Muchas de estas pistas estaban precocinadas por si alguien quería picar entre horas y aumentar así la confusión. Eran vías muertas, lugares en los que se han encontrado colegas de profesión y sus respectivas fuentes: unos llegando, otros saliendo y algunos viviendo. Nada que ver con aquellas que iban a conseguir los efectos perseguidos: el triunfo de la autoría islamista y, por supuesto, el estrepitoso fracaso de la etarra. Era crucial que se cumplieran las dos. Las intermedias quedarían colocadas en el terreno conspiranoico como demostración de lo ridículo de algunas investigaciones. Fue Javier Gómez Bermúdez el que narró ese acto del macabro sainete, el encargado de repartir mensajes a los muchos comensales con los que compartió mesa, mantel y a los que dirigió palabras de aliento antes de encerrarse a juzgar en esa soledad tan abarrotada de sombras.

No sólo las autoridades sino el pueblo español tienen claro que ha sido obra de ETA“, se escucha decir a un corresponsal francés en Madrid durante un informativo al que alude Cyrille Martin en su cinta. Esa era la clave. Cuanto más arraigara esta idea más posibilidades de éxito tenía el giro final, el golpe. Llegado el momento sólo había que cambiar el guión para que todo, absolutamente todo, pasara de las txapelas a los turbantes. El aparente rigor formal sólo necesitaba estar vivo unas horas. Cyrille Martin lo recuerda con acierto al evocar la cobertura de la cadena SER: “La noticia falsa de los terroristas suicidas y otras noticias desconcertantes aumentaron el ambiente de confusión durante los primeros días“. Después habría que taparlo pero en eso ya hay muchos especialistas en España aunque últimamente estén a la gresca –o eso dicen– a cuenta del destape de las claocas. Pero si Martin asume que aquella noticia era falsa echo de menos que se pregunte por qué. ¿Lo hacía la SER a conciencia? ¿Cree que estaba manipulada desde fuera? ¿A qué conclusión llega Martin? Parece que lo reduce a la mera competencia editorial. Es simple, pero hasta en eso demuestra que conoce bien a todos los actores de su película.

Sorprende y consuela ver, fuera de esta casa, tan severo cuestionamiento de las prácticas de investigación judicial del 11-M: “Ningún testimonio contra Zougam es fiable y en realidad nadie vio a los miembros del supuesto comando en los trenes, ni a Zougam ni a los otros siete“. En la pantalla, todas las pruebas falsas se van borrando de un gráfico enmarañado que la sentencia logró simplificar hasta llegar a un crimen cometido sin arma homicida, sin escenario –los vagones fueron destruidos antes incluso de que todos los cadáveres fueran identificados– sin testimonios o con testigos falsos, sin autor intelectual y con autores materiales muertos en circunstancias no documentadas, sin autopsia. Bueno, y con el omnipresente Jamal Zougam, a quien el autor califica como el nuevo Dreyfus.

Libertad Digital jamás fue a buscar una autoría determinada de los atentados por mucho que nos quisieran llevar a ello, que lo hicieron. La realidad nunca nos estropeó un titular y quizá por ello llegamos a ser tan molestos y ahora tan útiles. Cyrille Martin se declara más proclive a la versión que en su día esbozó Fernando Múgica: el aprovechamiento exterior de sendas tramas en PP y PSOE en torno a un atentado terrorista etarra próximo a las elecciones del 14 de marzo de 2004. En lo que estamos de acuerdo, y es lo único que me importa trece años después, es en que la sentencia no descubrió la verdad, la ocultó. Se consintió, mientras no se dirigía, la manipulación de pruebas, su desaparición y hasta su fabricación. Trece años después siguen vivas las mismas preguntas y ya hasta las formulan otros.

En España, si un médico tiene acento extranjero o necesita traductor, se le presupone mejor formación que al de la consulta de la esquina. Somos así. Hoy hay un francés más preocupado por lo que pasó que muchos españoles y que todos los políticos. Aunque la Verdad, como los niños, no vendrá de París, por si acaso, empecemos a preguntar: Qui a eté l’assasin? Qui l’a fait? Qui est coupable?

Javier Somalo es director de esRadio.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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