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libertad-2.

¿Por qué para quienes uno de los carteles es libertad de expresión el otro es delito de odio?

Seguramente porque nuestra sociedad está perdiendo a raudales su democrático sentido común, que en este caso es tanto como decir su respeto a la convivencia democrática entre quienes piensan de modo distinto.

Cuando sin ese básico sentido común resulta muy complicado reflexionar y debatir racionalmente sobre ideas y, en consecuencia, todos corremos un serio peligro al poner en riesgo la convivencia.

Y se acaba en el sectarismo más cainíta.

EQM

Actualización: 020317 / 14:30

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Una cuestión de sexo. O género. O génera

Santiago González en Herrera en la COPE y en su blog, 020317.

El autobús de Hazte Oír con sus eslóganes: Los niños tienen pene, las niñas tienen vulva, que no te engañen está siendo motivo de enardecida polémica por todas las Españas, especialemente en Madrid donde se le ha inmovilizado.

Por más vueltas que le he dado no he conseguido entender el lío. Antes de la ideología de género, al pene y a la vulva se les llamaba “Caracteres sexuales primarios”. No entiendo que decirlo pueda motivar los arrebatos de Cristina Cifuentes, que ve en ello un atentado contra la Ley de Igualdad y no Discriminacion. O que el fiscal haya decidido actuar y sobre todo, que la portavoz municipal Rita Maestre, que entró de moza en una capilla católica, en ropa interior y gritando “arderéis como en el 36”, también crea que las pintadas del autobús son delito de odio. Esto parece una vuelta al Concilio de Nicea y la discusión sobre el sexo de los ángeles. (Siglo IV después de Cristo).

Estábamos acostumbrados a la subversión de la lógica, pero hace falta extraer consecuencias prácticas. Habría que denunciar a las madres que visten a sus bebés de azul o rosa, según vengan de serie con pene o vulva. No pregunten a ningún progenitor reciente: ¿Ha sido niño o niña? Es mejor que esperen a que tenga cuatro o cinco añitos y les pregunten directamente a ellos si viven en el cuerpo correcto o en el cuerpo equivocado. Hasta le llegada de Trump, en EEUU podían sacarse conclusiones según el cuarto de baño que escogiera. Y si viven prisioneros en el cuerpo equivocado, empezar con las hormonas. Una pregunta, con toda la humildad del mundo, La equivocación, aparte de en el cuerpo, ¿no podría estar en la cabeza?

Actualización: 020317 / 14:30

Crisálidas

Jon Juaristi en ABC, 150117.

En paradas de autobuses urbanos y en estaciones del metro de Bilbao pueden verse estos días grandes anuncios de una asociación de padres de menores transexuales denominada Chrysallis (“crisálida”), en los que, bajo una leyenda que reza “Hay niñas con pene y niños con vulva” puede verse un dibujo que representa a cuatro rapazuelos desnudos correteando cogidos de la mano, dos de ellos con genitales masculinos a la vista (se supone, de acuerdo con la leyenda, que son niñas) y dos con genitales femeninos (¿niños?).

Es obvio que el recurso al dibujo viene impuesto por la imposibilidad de utilizar fotografías de niños reales. Incluso si sus rasgos faciales aparecieran pixelados, se consideraría pornografía infantil. En realidad, la ilustración no deja de ser turbia. No guarda una relación directa con la leyenda del anuncio, y alguien con mala uva podría denunciar al anunciante por difundir pornografía destinada a pederastas fácilmente excitables. El dibujo está de sobra. La leyenda expresa, sin necesidad de apoyo icónico, lo que la entidad promotora quiere transmitir al público: o sea, que, a su juicio, hay niñas con pene y niños con vulva.

Pero pensemos en una tercera posibilidad: una imagen fotográfica que, bajo la susodicha leyenda, mostrase a cuatro rapazuelos cogidos de la mano, dos de ellos castamente vestidos de niños y dos de niñas. Terrible. Sería una solución aún más pornográfica que las de los ejemplos anteriores, porque apelaría al espectador a imaginar los genitales ocultos bajo los vestidos. No se trataría de mera ostensión, sino de incitación abierta.

No hay solución inocua porque, como es evidente, el problema no está en la imagen, sino en el texto del anuncio, que es por definición perverso, es decir, desviado de la norma. Hasta ahora no he introducido ninguna valoración moral de lo que se enuncia (lo que no significa que renuncie a hacerlo). Si alguien afirma que hay niñas con pene y niños con vulva es porque la norma es que los niños tengan pene y las niñas vulva. Si la norma fuera la inversa o, sencillamente, no hubiera norma, el texto del anuncio y el anuncio mismo carecerían de sentido. Si lo tienen, es porque se apartan de la norma, porque se desvían, porque son un texto y un anuncio perversos.
Ahora bien, en las sociedades occidentales lo perverso no es criminal, aunque existan criminales de todo tipo, perversos y acordes a la norma. La perversión sexual está descriminalizada, al contrario de lo que sucede en los países musulmanes, donde se encierra y se ejecuta a los homosexuales (si uno lee los Avisos de Barrionuevo se enterará de que lo mismo pasaba en la España del Siglo de Oro, pero ya no pasa entre nosotros y es un avance). Entonces, si la perversión no se persigue por la ley, ¿a qué viene el anuncio de marras?

Es muy justo defender a los escolares homosexuales del acoso de sus compañeros, pero pretender que se acepte la desviación como norma resulta bastante estúpido. Hacerlo recurriendo a publicitar casos concretos de niños “transexuales” no estará penado. Sin embargo, que los padres aireen la sexualidad de sus hijos no deja de ser indecente, aunque se aleguen las mejores intenciones. En general, lo mejor que los padres pueden hacer con la sexualidad de sus hijos es dejarla en paz. Asumir la sexualidad propia y la responsabilidad que comporta, con todos los problemas que cada opción individual plantee, es un requisito indispensable para convertirse en sujeto. Y nada de crisálidas. Hay nombres desafortunados, y el de crisálida para la transexualidad humana es uno de ellos. Tanto sostener que el género es una opción cultural para terminar en la entomología.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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