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Collage de arcu 11 marzo 2017, todo un formidable simbolismo de la tragedia, ese terrible agujero negro sin resolver y que cambió -y sigue cambiando- la historia de España.

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¿Qué hacer con las cuestiones pendientes?

Dice Fernando Reinares, hoy en El País [ver infra], que el cerebro de los atentados tiene nombre. Y publica sus argumentos.

Pero, aun dando por convicentes las razones que él esgrime, seguirían quedando en el aire averiguar quién fue el autor intelectual tanto de las contradicciones como de los misterios sin resolver en torno al proceso.

De modo que, en todo caso, seguimos igual: sumidos en la ignorancia y, lo que es peor: continuamos demonizando a aquellos que siguen empeñados en averiguar, cueste lo que cueste, toda la actual e inconcebible sinrazón que cuelga del caso.

Porque, imagino, también cuentan con propiedad intelectual y obedecen a algún motivo.

Y eso, precisamente, es lo que más acrecienta mis sospechas: esa resistencia generalizada a echar tierra sobre aquello que carece de sentido.

Mientras quede una sola cuestión pendiente, habrá caso.

Por mucho que se resistan.

EQM

Mi viñeta del 110315

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El 11-M y la izquierda islamófoba

Luis del Pino en LD, 110317.

Hoy es el decimotercer aniversario de la masacre del 11 de marzo. Permítanme que rescate un artículo que publiqué en su día sobre las primeras horas de las supuestas investigaciones que dieron nacimiento a la versión oficial.

Veamos CÓMO SE FABRICA UN SOSPECHOSO HABITUAL

La detención

Una de las cosas que más llama la atención en el 11-M es la extraordinaria rapidez con que nuestras fuerzas policiales lograron detener, en menos de 60 horas, a los primeros implicados en los hechos. ¡Eso se llama efectividad!

Cuando la Policía encontró, 18 horas después de la masacre, una mochila-bomba milagrosamente intacta en una comisaría de Vallecas, la máquina de la investigación oficial del 11-M se puso en marcha.

En aquella mochila-bomba había dinamita, medio kilo de metralla y, además, un teléfono y una tarjeta telefónica, utilizados para detonar el artefacto. Y, al indagar dónde se había comercializado aquella tarjeta, se comprobó que quien la había vendido era una tienda de telefonía de Lavapiés, propiedad de ese marroquí llamado Jamal Zougham, el único supuesto autor material del 11-M que está en la cárcel.

A las doce y media de la mañana del 13-M, el Comisario General de Información, Jesús de la Morena, recibió una llamada en su despacho. Era Mariano Rayón, comisario jefe de la Unidad Central de Información Exterior, para decirle que el vendedor de la tarjeta, Jamal Zougham, ya había sido investigado anteriormente por su presunta relación con radicales islámicos. Horas después, Zougham era detenido en su tienda de Lavapiés, en plena jornada de reflexión para las elecciones de 2004.

Desde entonces, Jamal Zougham está en la cárcel. La Audiencia Nacional, primero, y el Tribunal Supremo, después, le han condenado a más de 40.000 años de prisión, considerándole autor material de los atentados del 11-M. Aunque, curiosamente, al final no fue condenado por la razón por la que fue inicialmente detenido, es decir, por vender ninguna tarjeta telefónica (porque eso no es un delito), sino porque muchas semanas después de su detención aparecieron dos testigos enormemente cuestionables que decían haberle visto en los trenes de la muerte.

Sospechoso habitual

Así pues, la extraordinaria rapidez de esas primeras detenciones del 13-M se debió, según la propia historia oficial, a que el nombre de Zougham ya era “conocido” de la Policía.

¿Y de qué era conocido ese nombre? Así es como el propio comisario Mariano Rayón se lo explicaba al fiscal Javier Zaragoza en el juicio del 11-M:

Para nosotros era una persona importante, porque ya nos había aparecido en el contexto de una comisión rogatoria de las autoridades judiciales francesas, creo que era en relación con un personaje llamado David Courtailler, francés, detenido por temas de terrorismo.

El asunto está, como se ve, bastante claro: si se pudo detener tan rápidamente a Zougham era porque ya estaba, desde unos años antes del 11-M, en la lista de “sospechosos habituales”, a raíz de una comisión rogatoria enviada desde Francia.

Esa es la historia que desde el principio nos han contado, y que justifica esa “puntería” que las fuerzas policiales tuvieron a la hora de efectuar las primeras detenciones en un tiempo récord.

Lo que pasa es que las historias, a veces, no son lo que parecen.

La comisión rogatoria

¿Cómo fue, exactamente, ese episodio de la comisión rogatoria que hizo que Jamal Zougham ingresara en la lista de “sospechosos habituales” de terrorismo islámico?

Efectivamente, el 13 de marzo de 2000 (es decir, al día siguiente de la victoria de Aznar por mayoría absoluta), el comisario de la UCIE, Mariano Rayón, remitió a la Audiencia Nacional la traducción de una comisión rogatoria enviada por el juez Jean Louis Bruguiere desde Francia. En esa comisión rogatoria francesa se afirmaba que en la agenda del presunto terrorista David Courtailler se habían encontrado algunos números telefónicos españoles y, entre ellos, el 913974002, “suscrito a nombre de Aicha ACHAB [la madre de Zougham], domiciliada en la C/ Sequillo de Madrid. Según las declaraciones de COURTAILLER, este número le habría permitido contactar a un tal Djamal, a quien habría conocido en la mezquita de Madrid” (ver Documento 1).

Con esto, parece que está clara la respuesta a nuestra pregunta inicial: Jamal Zougham entró en el circuito de los sospechosos habituales de terrorismo porque en la agenda del terrorista francés David Courtailler apareció en el año 2000 el teléfono de su casa, ¿verdad?

Eso es lo que parece. Pero, como decíamos antes, las apariencias a veces engañan. Fíjense bien en el teléfono que hemos mencionado, 913974002, porque (como vamos a ver) cada uno de los dígitos que lo componen tiene una gran importancia.

Primera mutación del teléfono

Lo que los franceses querían pedir, en relación con Jamal Zougham y su madre, era que se les tomara declaración como testigos, que se obtuviera de la compañía telefónica el listado de llamadas de su teléfono y que se registrara su domicilio.

Sin embargo, al detallar las solicitudes, lo que los franceses pidieron realmente fue que se consiguieran los listados de llamadas del teléfono… 913974802, en lugar del que habían indicado al principio (ver Documento 2). Entre una y otra mención del teléfono, cambiaba un dígito:

913974002 -> 913974802 (cambia un 0 por un 8)

Como vemos, la cosa empieza a complicarse, porque ahora nos surge una duda: ¿cuál era el teléfono que se encontró en la agenda del terrorista francés David Courtailler? ¿El 913974002 o el 913974802? Porque, evidentemente, las consecuencias para Zougham y su madre eran completamente distintas, según que hubiera aparecido un teléfono u otro.

Segunda mutación del teléfono

El 20 de marzo de 2000, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que era a quien le había correspondido el asunto por reparto, envió un oficio a la compañía telefónica para obtener los listados de llamadas del teléfono de la madre de Jamal Zougham.

Pero, en lugar de solicitar los listados del 913974802 (que era exactamente lo que los franceses habían pedido), lo que el juez Moreno solicitó fue que le mandaran el listado de llamadas del teléfono… 613974802 (ver Documento 3):

¡Se habían equivocado al transcribir el número! En el auto judicial, lo que en un principio era un teléfono fijo (ya que empezaba por 9), se había transformado en un móvil (que empezaba por 6):

913974802 -> 613974802 (cambia el 9 por un 6)

Evidentemente, se trataba de un simple error de transcripción, que tenía fácil solución, como a continuación veremos, pero que introdujo un cierto retardo en el proceso.

Tercera mutación del teléfono

El 4 de octubre de 2000 (es decir, más de seis meses después), Telefónica Móviles comunicaba al juez que el número 613974802 no existía (ver Documento 4).

Trece días después, el 13 de octubre, el juez envió un nuevo oficio a la compañía telefónica, esta vez referido al número correcto (ver Documento 5).

613974802 -> 913974802 (se deshace el error de transcripción anterior)

Cuarta mutación del teléfono

En esta ocasión, Telefónica se dio más prisa en responder. El 19 de octubre de 2000 le enviaba la contestación al juez Moreno. Pero, sorprendentemente, lo que había resultado al realizar las correspondientes indagaciones es que el teléfono en cuestión no pertenecía a la madre de Zougham, sino… a la Universidad Autónoma de Madrid (ver Documento 6).

¡Pero entonces, era falso que ese teléfono 913974802 fuera de la madre de Zougham! ¿De dónde se habían sacado los franceses que el teléfono en cuestión le pertenecía a esa mujer?

¿O es que el número verdadero que apareció en la agenda del terrorista Courtailler era el que habían indicado los franceses al principio, el 913974002, y no el 913974802?

Desde el punto de vista jurídico, este episodio hubiera debido dejar sin efecto las solicitudes de los franceses en relación a Zougham y su madre, por lo menos hasta que se aclarara el lío de los teléfonos. Puesto que la solicitud de registrar el domicilio de Zougham y de tomarle declaración a él y a su madre se basaba en que en la agenda de un terrorista había aparecido el teléfono de la madre, ahora que Telefónica había dicho que ese teléfono no era en realidad de la madre, no había ningún motivo para continuar adelante con más indagaciones.

Sin embargo, después de diversas peripecias jurídicas, la Policía procedió, el 11 de junio de 2001, a registrar con autorización judicial el domicilio de Zougham y de su madre en la C/ Sequillo de Madrid.

Y al día siguiente, 12 de junio, en presencia del juez francés Jean Louis Brouguiere, se tomaba declaración como testigos, en la Audiencia Nacional, a Aicha Achab y a su hijo Jamal Zougham.

Y aquí viene lo mejor de todo.

Al tomarle declaración a la madre de Zougham, el juez español le preguntó, en presencia del juez francés, que desde cuándo era propietaria del número de teléfono 913974802.

Y, entonces, la madre de Zougham respondió que ese teléfono no era suyo (lógico, dado que el teléfono pertenecía a la Universidad Autónoma de Madrid) y que su teléfono era… ¡el 913774802!

¡O sea, que el teléfono del domicilio de Zougham no coincidía con ninguno de los que las autoridades francesas y españolas habían estado barajando (ver Documento 7)!

913974802 -> 913774802 (cambia un 9 por un 7)

Así pues, era mentira desde el principio que en la agenda del terrorista Courtailler hubiera aparecido el teléfono del domicilio de Zougham. Lo que había aparecido era un número telefónico que correspondía (como ya hemos visto) a la Universidad Autónoma de Madrid.

Es decir, que a Jamal Zougham se le introduce en el circuito de “sospechosos habituales” de terrorismo islámico porque en la agenda de un terrorista detenido en Francia se encontró un teléfono que simplemente se parecía al del domicilio de Zougham, pero que difería en un dígito de él.

Finalmente, el 14 de septiembre de 2001 (tres días después del atentado de Al Qaeda en Nueva York), se cerraron repentinamente las diligencias abiertas con motivo de la comisión rogatoria contra Zougham enviada desde Francia, sin que en ningún momento se detuviera a Zougham, ni a su madre, y sin que en ningún momento llegara a formularse ningún tipo de acusación contra ellos.

Todo se había debido a un error.

¿Saben ustedes qué es lo más curioso? Pues que el 20 de junio de 2001, ocho días después de su declaración ante el juez de la Audiencia Nacional y su colega francés, se le concedía a Jamal Zougham el permiso permanente de residencia en España. Lo tenía solicitado desde el 19 de octubre de 1999, pero se le concedió justo después de celebrarse la comparecencia motivada por la comisión rogatoria francesa. Supongo que si hubiera existido la más mínima duda sobre la peligrosidad de Zougham, ese permiso no habría sido concedido.

Errores que nunca se deshacen

Sin embargo, a partir de aquel momento, Zougham (que carecía de antecedentes penales y a quien se había metido en la historia a partir de un teléfono que no era suyo) quedaría ya marcado para siempre como sospechoso habitual de terrorismo islámico, lo que terminaría conduciendo a su detención en plena jornada de reflexión de las elecciones de 2004, como presunto responsable de los atentados del 11-M.

Ni siquiera podría ya librarse nunca de esas acusaciones que le vinculaban (falsamente) a David Courtailler. Hagan ustedes la prueba de buscar en Internet (por ejemplo con Google) los nombres de Zougham y Courtailler. Verán que aparecen cientos de páginas de noticias donde se da por “probada” esa falsa relación entre los dos personajes.

Aunque no es necesario acudir a Internet para verificar el largo recorrido que tienen las mentiras y los errores. Como hemos visto al principio, el propio comisario Mariano Rayón volvió a repetir en el juicio del 11-M la cantinela de la (falsa) relación entre Zougham y Courtailler, a pesar de que él debía conocer, mejor que nadie, que aquel episodio de la comisión rogatoria francesa cumplimentada unos años atrás no había sido sino un auténtico fiasco.

Un error tan providencial

Volvamos a plantearnos la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿cómo pudo la Policía detener en un tiempo récord de 60 horas a los primeros implicados en el 11-M?

Y resulta que la respuesta es: porque la tarjeta de la mochila de Vallecas había sido comercializada por alguien a quien se había metido en la lista de “sospechosos habituales” cuatro años antes del 11-M gracias a un error judicial. Error que no sabemos si responde a la mera casualidad o si deriva de un intento chapucero de “marcar” a Zougham desde el principio.

O sea, que si no hubiera sido por ese error judicial cometido 4 años antes del 11-M, no habríamos podido detener a nadie durante la jornada de reflexión de las elecciones de 2004.

Qué error tan providencial, ¿verdad?

La izquierda islamófoba

Resumamos entonces: tras el 11-M, se produce una masiva destrucción de pruebas, achatarrándose los escenarios de los crímenes y haciendo aparecer, en su lugar, una mochila-bomba en una comisaría de policía, 18 horas después de la masacre.

De esa mochila sabemos que no es como las bombas que detonaron en los trenes (porque la mochila de Vallecas tenía metralla y las bombas de los trenes no). Sin embargo, tirando del hilo de una tarjeta telefónica encontrada en esa prueba falsa, se detiene casi enseguida a un marroquí a quien se introdujo cuatro años antes en el circuito de sospechosos habituales por un extrañísimo error judicial.

Si esto hubiera pasado con cualquier otro caso, la izquierda española estaría denunciando la islamofobia de los jueces y de la policía españoles, porque está claro que a Zougham se le detiene por el único motivo de que hacía falta detener a un moro.

Sin embargo, como estamos hablando del 11-M, la izquierda española calla e incluso intenta desacreditar a quienes denuncian el escándalo de que las investigaciones sobre la mayor masacre terrorista de nuestro país se basen en una prueba manifiestamente falsa y en una detención absolutamente arbitraria.

Así que permitidme que os de una mala noticia, chicos: lo queráis o no, sois islamófobos. Porque quien consiente por razones políticas o de estado la detención arbitraria de un musulmán contribuye, le guste o no le guste, a alimentar la islamofobia.

La próxima vez que os miréis al espejo, deciros: “Si la gente piensa que el Islam es terrorismo es, entre otras razones, porque yo he consentido que a un moro se le enmarrone en el 11-M por el simple hecho de ser moro”.

Hala, salud.

Ilustración de Eva Vázquez [España, 1970] en El País, 110317.

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El cerebro del 11-M

Las recurrentes especulaciones y conjeturas sobre quién ideó los atentados de marzo de 2004 en Madrid revelan la gran y manipulable ignorancia que aún existe en nuestro país sobre el peor atentado de la historia de España

Fernando Reinares en El País, 110317.

En los últimos meses se ha especulado en la prensa española sobre el cerebro de los atentados del 11 de marzo de 2004. Su concepción y dirección han sido atribuidas a Youssef Belhadj, al informarse de su expulsión a Marruecos tras cumplir una larga condena en prisión. También a Serhane Ben Abdelmajid Fakhet, El Tunecino, al divulgarse que uno de sus sobrinos es combatiente terrorista extranjero en Siria. Incluso a Rabei Osman El Sayed, condenado en Italia por terrorismo e inexplicablemente absuelto por nuestro Tribunal Supremo, al publicarse que está en Egipto. Estas conjeturas revelan la gran y manipulable ignorancia que sobre el 11-M aún existe en España.

Hay suficiente evidencia para deducir que el cerebro del 11-M fue Amer Azizi. Esa evidencia deriva, por una parte, de la documentación policial y judicial disponible, tanto en el sumario incoado en la Audiencia Nacional por la matanza en los trenes de Cercanías como en otros procedimientos dentro y fuera de España, que contienen valiosa información sobre individuos relacionados con el entramado terrorista que la perpetró. Por otra parte, de la información obtenida por servicios antiterroristas fuera de nuestro país, en particular los estadounidenses. Y, por último, de los hallazgos de mi propia investigación académica, desde que a finales de 2008 encontré el primer indicio al respecto en una sentencia contra miembros británicos de Al Qaeda dictada por un tribunal de Manchester.

Antes de que, en julio de 2006, terminase la instrucción del sumario del 11-M, lo que sabíamos de Azizi es que, nacido en 1968 no lejos de Casablanca, emigró a España a finales de los ochenta o inicios de los noventa, hizo suya una versión rigorista del islam, se radicalizó en el yihadismo y para mediados de esa década fue incorporado por Imad Eddin Barakat Yarkas a la célula de Al Qaeda que ya entonces lideraba en nuestro país. Esta célula fue desmantelada en noviembre de 2001, en el curso de la Operación Dátil que desarrolló la Unidad Central de Información Exterior (UCIDE) del Cuerpo Nacional de Policía (CNP).

También sabíamos, antes de cerrarse el sumario del 11-M, que Amer Azizi destacaba, dentro de esa célula, como agente de radicalización y reclutamiento, o que recibió entrenamiento terrorista en Bosnia y luego, al menos dos ocasiones, en Afganistán, a cuyos campos enviaba a otros marroquíes residentes en España. No fue uno de los numerosos detenidos en la Operación Dátil precisamente porque se encontraba en Irán ocupado en asuntos relativos al tránsito de yihadistas hacia Afganistán. Huyó a Pakistán y desde allí, a inicios de 2002, se incorporó a la matriz de Al Qaeda.

Concluido el sumario sobre el 11-M empezamos a conocer bastante más sobre Azizi y su papel como cerebro de los atentados de Madrid. A raíz del impacto de un misil lanzado el 1 de diciembre de 2005 desde un dron estadounidense contra un edificio en la localidad de Haisori, en el noroeste de Pakistán, para matar a Hamza Rabia, entonces jefe del aparato de operaciones externas de Al Qaeda —dedicado principalmente a la planificación de atentados en países occidentales—, pudo averiguarse, pues falleció asimismo como consecuencia del ataque, que desde 2003 su adjunto era Amer Azizi.

A las autoridades estadounidenses les llevó algún tiempo confirmar la identidad de Azizi. Hasta septiembre de 2006 no compartieron con las españolas esa información, mediante un mensaje en el que se leía lo siguiente: “Nos complace informar a sus servicios que Amer Azizi, buscado por su Gobierno por tener vínculos con Imad Eddin Barakat Yarkas, fue identificado recientemente como Jafar al Maghrebi, alias Ilyas, activista de Al Qaeda con base en Pakistán. Jafar trabajó directamente a las órdenes de Hamza Rabia, anterior jefe de operaciones exteriores de Al Qaeda. Ambos individuos fueron abatidos en diciembre de 2005”.

Un mes después, en octubre de 2006, las autoridades estadounidenses aportaban algún detalle más a las españolas: “La trayectoria de Azizi desde 2002 sugiere que era un importante y muy valorado miembro de Al Qaeda, con experiencia y conocimiento para ejercer de director de operaciones terroristas en países occidentales en general y europeos en particular”. Antes, al concluir 2001, en Karachi, Amer Azizi decidió vengarse de España por la Operación Dátil y, logrando transmitir instrucciones a un acólito de confianza entre los miembros de la célula de Abu Dahdah no detenidos, desencadenó con ellos la movilización que culminó con el 11-M.

En marzo de 2002 empezó a configurarse en Madrid la célula que evolucionó en red del 11-M con otras aportaciones individuales —como la de Rabei Osman El Sayed, reclutador itinerante de Al Qaeda en distintos países europeos— y colectivas. Ese mismo año se añadió la del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM). En el verano de 2003 se unió una banda de delincuentes comunes radicalizados como yihadistas. Azizi se mantuvo en contacto con los nodos de estos tres componentes, entre los que sí estuvieron El Tunecino —que acabó imprevistamente siéndolo de la célula inicial— y Youssef Belhadj —quien lo fue respecto al del GICM y entre cuyas pertenencias en la localidad belga de Molenbeek, donde residía, apareció la fecha del 11-M fijada por escrito el 19 de octubre de 2003—, además de Jamal Ahmidan, El Chino.

Cuando Amer Azizi ideó atentar en España no era miembro de la matriz de Al Qaeda. Era alguien que acababa de perder la célula a la que pertenecía. Pero consiguió que el directorio de Al Qaeda asumiera y apoyase su plan de venganza, al coincidir con la estrategia general de la organización yihadista en el contexto de la guerra de Irak. En la revisión que del 11-M hizo en 2008 el National Counterterrorism Center (NCTC), entidad coordinadora de las agencias estadounidenses de Inteligencia, se lee: “A través de Azizi, Al Qaeda contaba con un vehículo para transmitir la aprobación de la operación en Madrid o para proporcionar instrucciones detalladas”.

Cuatro destacados miembros de Al Qaeda capturados dos años después del 11-M y bajo custodia de Estados Unidos confirmaron las actividades de Amer Azizi. En septiembre de 2007, las autoridades norteamericanas trasladaron a las españolas parte de esta nueva información, esperando fuese “de ayuda en su investigación en curso sobre los responsables de los atentados de marzo de 2004”. En 2009, un cronista de Al Qaeda elogió la labor de Azizi instruyendo “leones” que se preparaban para “transformar la tranquilidad de los cruzados en un infierno”. Como infierno fue, ante todo por el enorme sufrimiento ocasionado a las víctimas, el 11-M.

Fernando Reinares es director del Programa sobre Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos y actualmente profesor visitante en American University, Washington. Autor de ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg) y Al Qaeda’s Revenge. The 2004 Madrid Train Bombings (Columbia University Press).

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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