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‘El embarco de moriscos en el Grao de Valencia’ [1616].  Obra del valenciano Pere Oromig. Colección Bancaja.

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Memoria histórica hispano-musulmana

En España sufrimos la invasión musulmana durante los más de 700 años durante los cuales conformaron el al-Ándalus (en árabe clásico: الأندلس) como aquel territorio de la península ibérica y de la Septimania que estuvo bajo poder musulmán durante la Edad Media, entre los años 711 y 1492.

Poco más de un siglo después de su llegada, los cristianos, en nuestras crónicas medievales, ya bautizamos al patrón de España como ‘Santiago Matamoros‘, gracias a que en la más bien legendaria Batalla de Clavijo, 23 de mayo del año 844, dirigida por rey Ramiro I de Asturias, consideramos que nos ayudó en la victoria contra los musulmanes.

Con la Reconquista [722-1492], proceso histórico en que los reinos cristianos de la península ibérica acabaron consiguiendo liquidar el dominio musulmán, se revirtió también la influencia religiosa del invasor derrotado, en dos fases:

Primero mediante las Pragmáticas de conversión forzosa -que sólo aparentemente daban a elegir a los musulmanes sometidos (mudéjares) entre el exilio y la conversión al cristianismo. La nueva y forzosa categoría social así surgida, los cristianos nuevos de origen musulmán, recibieron el nombre de moriscos

Y, más tarde, con la expulsión directa de los propios moriscos [1609-1613].

Por todo ello parece lógico que, con el paso de los años, tal dilatada disputa territorial entre los cristianos y el invasor musulmán no haya decaído en nuestro subconsciente colectivo: la mayoría de los españoles siguen considerando a los musulmanes como el grupo social extraño con el que menos se empatiza, por decirlo suavemente.

Sin embargo, ahora, con las actuales corrientes molonas del buenismo, la ‘posverdad’, la corrección política, el multiculturalismo y la Alianza de Civilizaciones, por bandera, los medios se pasan el día -también TVE– calificando de ‘islamófobos’ a quienes quieren frenar en seco la inmigración islamista….

Lo cual resulta todavía más surrealista cuando es la nueva progresía moderna del resto de Europa la que se esfuerza en tal delirante afán hospitalario si tenemos en cuenta que ya en la batalla de Poitiers/Tours [732], el líder franco Carlos Martel impidió, con su victoria frente al ejército islámico a las órdenes del valí (gobernador) de Al-Ándalus al-Gafiqí (Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki), que los musulmanes llegaran más allá de los Pirineos y tuvieran que conformarse con mantener sus fronteras en la Cataluña islamizada.hasta que los franceses se adueñaron de Gerona, Lérida y Barcelona para formar el colchón de condados anti-islámicos denominado Marca Hispánica.

Quizás no convendría repasar de vez en cuando nuestra Historia antes de cambiar de opinión tan alegremente. Porque mientras nosotros hemos evolucionado, quizás demasiado, ellos siguen en lo mismo y, por tanto, sólo con echar la vista atrás debería resultarnos suficiente.

Por eso hoy me quiero centrar en la cuestionada expulsión morisca llevada a cabo por Felipe III y su singular incidencia en el Reino de Valencia.

La expulsión de los moriscos de la Monarquía Hispánica

Fue ordenada por el rey Felipe III y fue llevada a cabo de forma escalonada entre 1609 y 1613. Los primeros moriscos expulsados fueron los del Reino de Valencia (el decreto se hizo público mediante bando del 22 de septiembre de 1609), a los que siguieron los de Andalucía (10 de enero de 1610), Extremadura y las dos Castillas (10 de julio de 1610), en la Corona de Castilla, y los de la Corona de Aragón (29 de mayo de 1610).

Los últimos expulsados fueron los del Reino de Murcia, primero los de origen granadino (8 de octubre de 1610), y más tarde los del valle de Ricote y el resto de moriscos antiguos (octubre de 1613). Tras la promulgación de los decretos de expulsión, se celebró el 25 de marzo de 1611 en Madrid una procesión de acción de gracias «a la que asistió S. M. vestido de blanco, muy galán», según relató un cronista.

En total fueron expulsadas unas 300.000 personas, la mayoría de ellas de los reinos de Valencia y de Aragón que fueron los más afectados, ya que perdieron un tercio y un sexto de su población, respectivamente.

«La historiografía sobre los moriscos y su expulsión ha estado determinada por todo un conjunto de prejuicios ideológicos. Los contemporáneos de la expulsión, al menos los que tuvieron ocasión de expresarse por escrito, adoptaron una posición que podemos llamar moriscófoba. Consideraban que la población morisca valenciana era económicamente poco relevante, dado el carácter minifundista y atrasado de la agricultura que practicaban.

Al mismo tiempo pensaban que su población crecía a un ritmo mayor que la cristiana, debido al matrimonio universal y precoz que practicaban, ya que las que llamaban «cargas del matrimonio» eran para ellos poco exigentes y no practicaban el celibato.

Los historiadores y publicistas del siglo XIX, fundamentalmente los liberales, adoptaron una actitud moriscófila, fundada en una percepción absolutamente contraria. Los moriscos eran una minoría económicamente muy activa y eficiente. Por lo tanto, su expulsión el año 1609 supuso un grave quebranto.

Sin embargo los historiadores conservadores, interesados en la canonización del patriarca Ribera, mantuvieron el punto de vista moriscófobo. Los historiadores actuales han oscilado entre la moriscofilia y la moriscofobia, pero por razones menos ideológicas, como una explicación de un supuesto atraso económico valenciano, consecuencia de la expulsión de los moriscos y una repoblación que reforzó el régimen señorial.»

ARDIT LUCAS, Manuel. Una reflexión sobre la expulsión de los moriscos valencianos y la repoblación. Revista de Historia Moderna. N. 27 (2009). ISSN 0212-5862, pp. 295-316. Repositorio de la Universidad de Alicante (RUA). Vía Universidad de Alicante.

La consiguiente diáspora morisca se produjo como consecuencia de la expulsión. La inmensa mayoría de los ellos acabaron en los territorios musulmanes del norte de África, Marruecos, Argel y Túnez, y algunos llegaron hasta Turquía. Varias decenas de miles intentaron establecerse en algunos estados europeos, como el Reino de Francia o las repúblicas o principados italianos, pero no lo consiguieron. Un número indeterminado, a pesar de la terminante prohibición que existía, logró llegar a las Indias.

EQM [Fuente: Wikipedia, Fundación Bancaja, otras y elaboración propia.]

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‘Desembarco de los moriscos en el Puerto de Orán’ [1613], pintado por Vicente Mostre. Fundación Bancaja de Valencia.

Bando de la expulsion de los moriscos del reino de Valencia, publicado en la capital el dia 22 de setiembre de 1609.

[Según se conserva en el folio 34 de la Mano 50 de Mandamientos y embargos de la córte civil de Valencia del año 1611].

El Rey y por S.M.D. Luis Carrillo de Toledo, Marqués de Caracena, Señor de la villas de Pinto y Inés, y Comendador de Chinclana y Montison, Virey y Lugarteniente y Capitan General en esta ciudad y reino de Valencia, por el Rey nuestro Señor. A los Grandes, Prelados, Titulados, Barones, Caballeros, Justicias, Jurados de las ciudades, villas y lugares, Bailes, Gobernadores y otros cualesquiera Ministros de S.M., ciudadanos, vecinos particulares de este dicho Reino.

S.M. en una su Real carta de cuatro de agosto pasado deste año, firmada por su Real mano, y refrendada de Andrés de Prada, su Secretario de Estado, nos escribe lo siguiente.

Marqués de Caracena, primo, mi Lugarteniente y Capitan General de mi reino de Valencia. Entendido teneis lo que por tan  largo discurso de años he procurado la conversion de los moriscos de ese reino y del de Castilla, y los edictos de gracia  que se les concedieron, y las diligencias que se han hecho para instruillos en nuestra santa fe, y lo poco que todo ello ha  aprovechado, pues no se ha visto que ninguno se haya convertido, ántes ha crecido su obstinacion; y aunque el peligro y  irreparables daños que en disimular con ellos podia suceder, se me representó dias há por muchos y muy doctos y santos  hombres, exhortándome al breve remedio, á que en conciencia estaba obligado para aplacar á nuestro Señor, que tan ofendido  está desta gente, asigurándome que podia sin ningun escrúpulo castigándoles [o castigándoles] en las  vidas y haciendas, porque la continuación de sus delitos los tenia convencidos de herejes, apóstatas y  proditores de lesa Majestad divina y humana; y aunque podia proceder contra ellos con el rigor que sus culpas merecian,  todavía, deseando reducirlos por medios suaves y blandos, mandé hacer en esa ciudad la junta que sabeis, en que  concurrísteis vos, el Patriarca, y otros Prelados y personas doctas, para ver si se podia excusar el sacallos destos reinos.  Pero habiéndose sabido que los dese y los de Castilla pasaban adelante con su dañado intento, y he entendido por avisos  ciertos y verdaderos que continuando su apostasía y prodicion, han procurado y procuran por medio de sus embajadores y por  otros caminos el daño y perturbacion de nuestros reinos; y deseando cumplir con la obligacion que tengo de su conservacion y  seguridad, y en particular la de ese reino de Valencia, y de los buenos y fieles súbditos dél por ser mas evidente su  peligro, y que cese la herejía y apostasía; y habiéndolo hecho encomendar á nuestro Señor, y confiado en su divino favor por  lo que toca á su honra y gloria, he resuelto que se saquen todos los moriscos de ese reino, y que se echen en Barbería.

Y para que se ejecute y tenga debido efecto lo que S.M. manda, hemos mandado publicar el bando siguiente.

1. . . . . “Primeramente, que todos los moriscos deste reino, así hombres como mugeres, con sus hijos, dentro de tres dias de como fuere publicado este bando en los lugares donde cada uno vive y tiene su casa, salgan dél, y vayan á embarcarse á la parte donde el comisario, que fuere á tratar desto, les ordenare, siguiendole y sus órdenes; llevando consigo de sus haciendas los muebles, lo que pudieren en sus personas, para embarcarse en las galeras y navíos, que están aprestados para pasarlos á Barbería, á donde los desembarcarán, sin que reciban mal tratamiento, ni molestia en sus personas, ni lo que llevaren, de obra ni de palabra, advirtiendo que se les proveerá en ellos del bastimiento que necesario fuere para su sustento durante la embarcacion, y ellos de por sí lleven tambien el que pudieren. Y el que no lo cumpliere, y excediere en un punto de lo contenido en este bando, incurra en pena de la vida, que se ejecutará irremisiblemente.

2. . . . . “Que cualquiera de los dichos moriscos que publicado este bando, y cumplidos los tres dias fuese hallado desmandado fuera de su propio lugar, por caminos ó otros lugares hasta que sea hecha la primera embarcacion, pueda cualquiera persona, sin incurrir en pena alguna, prenderle y desbalijarle, entregándole al Justicia del lugar mas cercano, y si se defendiere lo pueda matar.

3. . . . . “Que so la misma pena ningun morisco, habiéndose publicado este dicho bando, como dicho es, salga de su lugar á otro ninguno, sino que estén quedos hasta que el comisario que les ha de conducir á la embarcacion llegue por ellos.

4. . . . . “Item que cualquiera de los dichos moriscos que escondiere ó enterrase ninguna de la hacienda que tuviere por no la poder llevar consigo, ó la pusiere fuego, y á las casas, sembrados, huertas ó arboledas, incurran en la dicha pena de muerte los vecinos del lugar donde esto sucediere. Y mandamos se ejecute en ellos por cuanto S.M. ha tenido por bien de hacer merced de estas haciendas, raices y muebles, que no pueden llevar consigo, á los Señores cuyos vasallos fueren.

5. . . . . “Y para que se conserven las casas, ingenios de azúcar, cosechas de arroz, y los regadíos, y puedan dar noticia á los nuevos pobladores que vinieren, ha sido S.M. servido á peticion nuestra, que en cada lugar de cien casas, queden seis con los hijos y muger que tuvieren, como los hijos no sean casados, ni lo hayan sido, sino que esto se entienda con los que son por casar, y estuvieren debajo del dominio y proteccion de sus padres; y en esta conformidad mas ó menos, segun los que cada lugar tuviere sin exceder, y que el nombrar las casas que han de quedar en los tales lugares, como queda dicho, esté á eleccion de los Señores de ellos, los cuales tengan obligacion despues á darnos cuenta de las personas que hubieren nombrado; y en cuanto á los que hubieren de quedar en lugares de S.M., á la nuestra, advirtiendo que en los unos y en los otros han de ser los mas viejos, y que solo tienen por oficio cultivar la tierra, y que sean de los que mas muestras hubieren dado de cristianos, y mas satisfacion se tenga de que se reducirán á nuestra Santa Fe Católica.

6. . . . . “Que ningun cristiano viejo ni soldado, ansí natural de este reino como fuera dél, sea osado á tratar mal de obra ni de palabra, ni llegar á sus haciendas á ninguno de los dichos moriscos, á sus mugeres ni hijos, ni á persona dellos.

7. . . . . “Que ansimismo no les oculten en sus casas, encubran ni den ayuda para ello ni para que se ausenten, so pena de seis años de galeras, que se ejecutarán en los tales irremisiblemente, y otras que reservamos á nuestro arbitrio.

8. . . . . “Y para que entiendan los moriscos que la intencion de S.M. es solo echallos de sus reinos, y que no se les hace vejacion en el viaje, y que se les pone en tierra en la costa de Berbería, permitimos que diez de los dichos moriscos que se embarquen en el primer viaje, vuelvan para que den noticia dello á los demás, y que en cada embarcacion se haga lo mismo: que se escribirá á los Capitanes Generales de las galeras y armada de navíos lo ordenen así, y que no permitan que ninguno soldado o marinero les trate mal de obra ni de palabra.

9. . . . . “Que los mochachos y mochachas menores de cuatro años de edad que quisieren quedarse, y sus padres y curadores, siendo huérfanos, lo tuvieren por bien, no serán expelidos.

10. . . . . “Item, los mochachos y mochachas menores de seis años, que fueren hijos de cristianos viejos, se han de quedar, y sus madres con ellos aunque sean moriscas; pero si el padre fuere morisco y ella cristiana vieja, él sea expelido, y los hijos menores de seis años quedarán con la madre.

11. . . . . “Item, los que de tiempo atrás considerable, como seria de dos años, vivieren entre cristianos, sin acudir á las juntas de las aljamas.

12. . . . . “Item, los que recibieren el Santísimo Sacramento con licencia de sus Prelados, lo cual se entenderá de los retores de los lugares donde tienen su habitacion.

13. . . . . “Item, S.M. es servido y tiene por bien que si algunos de los dichos moriscos quisieren pasarse á otros reinos, lo puedan hacer sin entrar por ninguno de los de España, saliendo para ello de sus lugares dentro del dicho término que les es dado; que tal es la Real y determinada voluntad de S.M., y que las penas de este dicho bando se ejecuten, como se ejecutarán irremisiblemente.

Y para que venga á noticia de todos se manda publicar en la forma acostumbrada.

Datis en el Real de Valencia á veinte y dos dias del mes de setiembre del anyo mil seiscientos nueve.

El Marqués de Caracena. – Por mandato de su Excelencia. – Manuel de Espinosa.

Vía

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Serie pictórica titulada “La expulsión de los moriscos del Reino de Valencia”

Se trata de un conjunto integrado por siete lienzos, realizados entre 1612 y 1613 y encargados por el propio rey Felipe III a los pintores Pere Oromig, Vicente Mestre, Francisco Peralta y Jerónimo Espinosa.

En estos lienzos, como veremos, se recoge con extraordinario realismo, una multitud de escenas sobre este dramático acontecimiento de principios del siglo XVII; desde el embarque de los miembros de aquella minoría religiosa en distintos puertos del Levante, hasta su desembarco en el puerto norteafricano de Orán.

Esta importante colección ha permanecido casi en el anonimato mientras que fue de ropiedad privada, hasta que en 1977 se dio a conocer siendo ya propiedad de la antigua Caja de Ahorros de Valencia. Actualmente, seis delas obras son propiedad de la entidad Bancaja y un séptimo perteneciente a una colección particular.

La Fundación Bancaja es una institución privada sin ánimo de lucro nacida en 2013 que da continuidad a la Obra Social realizada por Bancaja, así como a la actividad del Monte de Piedad de Valencia.

Colección

Además de los dos óleos ya insertados, es decir,

  • ‘El embarco de moriscos en el Grao de Valencia’ [1616].  Obra del valenciano Pere Oromig.
  • Desembarco de los moriscos en el Puerto de Orán [1613], pintado por Vicente Mestre.

las siguientes obras forman parte de la serie:

Embarco Moriscos en el Grao de Vinaroz‘ [1612-1613]. Obra de Pere Oromig y Francisco Peralta. Fundación Bancaja.

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Embarco Moriscos en el Grao de Denia‘. Obra de Vicent Mestre. Fundación Bancaja.

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Rebelión de los Moriscos en la Muela de Cortes‘ [1613]. Obra de Vicent Mestre. Fundación Bancaja.

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Sublevación en la Vall de Gallinera o Laguar‘ [1613]. Obra de Jerónimo Espinosa. Fundación Bancaja.

Embarque de los moriscos desde el Puerto de Alicante‘ [1612-13]. Obra de Pere Oromig y Francisco Peralta. Colección particular. [Imagen vía petreraldia.com]

¿Quién decidió la expulsión de los moriscos, los refugiados del siglo XVII?

César Cervera M. en ABC, 090416.

En tiempos de Felipe II, el Papa definió Granada como «la diócesis menos cristiana de toda la Cristiandad». La numerosa población musulmana y su negativa a bautizarse de forma sincera devino en la Guerra de las Alpujarras. La victoria cristiana, en 1571, trajo consigo la deportación general de los 80.000 moriscos granadinos hacia otros lugares de la Corona de Castilla, especialmente hacía Andalucía Occidental y las dos Castillas. La deportación solo era el principio de una tragedia todavía mayor.

Muchos consejeros instaron a Felipe II a expulsarlos de todos los rincones de la península, pero los riesgos de causar una nueva insurrección armada hicieron desistir al Rey. La población morisca se dispersó por España, donde ya se encontraban establecidos muchos núcleos que habían migrado previamente. Según varios análisis del ADN de la población actual de España, hay ausencia casi total de cromosomas típicamente africanos en Andalucía Oriental, pero una fuerte presencia de estos elementos (hasta 20%) en Galicia, León y Extremadura. Pero dispersar los moriscos no iba a acabar con los problemas sociales y religiosos que su presencia generaba a ojos de los monarcas.

En materia internacional, el reinado de Felipe III es recordado por los procesos de paz que cerró con Inglaterra, Francia y Holanda, lo cual dio aire al exhausto Imperio español. De fronteras para dentro, la expulsión general de los moriscos fue su medida más célebre y arriesgada. A poco tiempo de acceder al trono en 1598, el Rey realizó un viaje a Valencia acompañado de su valido, Francisco Gómez de Sandoval, el Duque de Lerma, defensor de mantener la situación cómo estaba. Felipe III y su esposa pudieron observar de primera mano que la abundante población morisca de esta región funcionaba como un núcleo aislado.

La oposición de Lerma, que mantenía sustanciosos negocios con comerciantes moriscos, cedió cuando el Rey prometió compensaciones económicas para los nobles que pudieran verse afectados por una eventual deportación masiva. El duque pasó así de ser el máximo defensor de esta minoría social, a ser el impulsor del plan de expulsión. En cualquier caso, parece que la decisión corrió directamente a cargo de Felipe III. Al Monarca le atormentaba periódicamente un fuerte sentimiento de culpa por no haber cumplido con las expectativas de su padre, que a decir verdad eran pocas. Solo culpa y el fervor religioso pudieron llevarle a tomar una decisión así.

La Reina Margarita también era partidaria de la expulsión, puesto que consideraba a esta población una amenaza posible contra la Corona. Según los informes que manejaban los ministros del Rey, los moriscos de la región aragonesas habían contactado con el Rey de Francia, Enrique IV, para llevar a cabo una sublevación general con apoyo de barcos franceses. Nacida fuera de España, Margarita de Austria no comprendía que un país que presumía de ser el más católico de Europa permitiera a los moriscos practicar su religión con discreción. Ella presionó para que fueran expulsados. No obstante, dada la escasa influencia de Margarita en su marido, casi es más probable que Lerma creyera que capitaneando la propuesta podría mejorar su mala relación con la Reina.

Tras un año de preparación, los primeros moriscos expulsados fueron los del Reino de Valencia (el decreto se hizo público el 22 de septiembe de 1609), a los que siguieron los de Andalucía (10 de enero de 1610), Extremadura y las dos Castillas (10 de julio de 1610), en la Corona de Castilla, y los de la Corona de Aragón (29 de mayo de 1610). La expulsión de los cerca de 300.000 moriscos que habitaban en la Península Ibérica fue un duro golpe para muchas regiones españolas.

La expulsión de un 4% de la población perteneciente a la masa trabajadora, pues no constituían nobles, hidalgos, ni soldados, supuso una merma en la recaudación de impuestos, y para las zonas más afectadas (se estima que en el momento de la expulsión un 33% de los habitantes del Reino de Valencia eran moriscos) tuvo unos efectos despobladores que se dejaron sentir durante todo el siglo.

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Notas.-

Enlaces [en azul cuando se trata de textos ajenos] y corchetes son aportados por EQM. También, por razones discutibles de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace.

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