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Salvador Pániker Alemany (Barcelona, 19272017) fue un ingeniero, filósofo y escritor de padre indio y madre catalana.

Hermano del también filósofo Raimon Panikkar (Raimundo Pániker), cursó el bachillerato en un colegio de jesuitas y se doctoró en filosofía y en ingeniería. Enseñó filosofía oriental en la Universidad de Barcelona y fundó y dirigió la editorial Kairós. También fue presidente honorario de la Asociación Derecho a Morir Dignamente de España y fue elegido diputado por la provincia de Barcelona en las elecciones generales españolas de 1977, dentro de la lista de Unión de Centro Democrático.

Con la Editorial Kairós, que ha sobrepasado el medio siglo de existencia, Pániker trató de conciliar sus dos genealogías –oriente y occidente– y sus dos vocaciones intelectuales –ciencias y letras-. La creó en 1964 con la que entonces era su esposa, la dibujante y novelista Núria Pompeia. Partidario de una educación multicultural, su idea fue que todo lector de Kairós acabe siendo el maestro de sí mismo. Actualmente la dirige su hijo Agustín Pániker.

Pániker creó el concepto filosófico de “retroprogresión”, que defiende la necesidad de avanzar simultáneamente hacia la secularidad racionalista y hacia el origen místico. Ser a la vez adultos y niños. Una conciliación sui géneris entre pragmatismo filosófico y no-dualidad advaita. Otro leitmotiv de sus escritos fue la descripción y defensa de la “era del hibridismo”. Religión a la carta: solo en una sociedad laica puede prosperar espontáneamente la genuina trascendencia.

Para él, sensibilidad mística y sensibilidad estética –especialmente para la música— inciden. Se puede, y se debe, vivir sin valores absolutos. En cuanto aparecen las palabras con mayúsculas, comienzan los crímenes. Pániker se declaró esencialmente antimesiánico, con clara influencia taoísta. La libertad y el bien no se imponen, se contagian. El ego es una aberración evolutiva que deberá ser superada. Todas estas ideas vienen expuestas tanto en sus libros propiamente filosóficos como en su obra memorialista y diarística.

Sobre su estilo literario se ha escrito que es lacónico, seco y parco en metáforas, pero brillante. Iván Tubau le adjetiva como “hondo, lúcido y cool, cálido donde hay que serlo e implacable sin perder los estribos”. Partidario de las aproximaciones híbridas e interdisciplinarias a los diferentes problemas humanos, Pániker ha bebido tanto de las fuentes orientales como de la ciencia moderna en sus conceptos filosóficos. Algunos le consideran un pensador vitalista, aunque él comienza por asumir todo el nihilismo de la postmodernidad. Precisamente su filosofía es una respuesta a ese nihilismo, y apunta a lo que él llama “el arte de tenerse en pie en la era de la complejidad y la incertidumbre”.

Pániker ha recibido el Premio Internacional de Prensa y el premio “Godó Lallana”. Fue miembro honorario del Círculo de Venezuela. Algunos de sus libros más destacados son: Los signos y las cosas, La dificultad de ser español, Conversaciones en Cataluña, Conversaciones en Madrid (best seller), Aproximación al origen, Ensayos retroprogresivos, Filosofía y mística, así como la serie de libros autobiográficos Primer testamento, Segunda memoria, Cuaderno amarillo (best seller), Variaciones 95, Diario de otoño. En el año 2008 aparece Asimetrías, subtitulado “Apuntes para sobrevivir en la era de la incertidumbre”, y que es, en cierto modo, una recapitulación de su obra filosófica más reciente. En 2013 publica Diario de otoño, que habrá de continuar en 2015 con Diario del anciano averiado.

Obras:

  • A propósito de Sartre, la fe y los dioses (1965)
  • Los signos y las cosas (1969)
  • Cibernética y budismo Zen (1971)
  • La dificultad de ser español (1979)
  • Aproximación al origen (1982)
  • Conversaciones en Cataluña (1966)
  • Conversaciones en Madrid (1969)
  • Primer testamento (1985)
  • Ensayos retroprogresivos (1987)
  • Segunda memoria (1988)
  • Filosofía y mística (1992)
  • Cuaderno amarillo (2000)
  • Variaciones 95 (2002)
  • Asimetrías (2008)
  • Diario de otoño (2013)
  • Diario del anciano averiado (2015)

Fuente: Wikipedia y leaboración propia [EQM]

Actualización: 060417; 23:50.

Salvador Pániker y su hijo Agustín, en 2015 / fot. Jordi Soteras

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Pániker: el consabido escándalo

Decía el autor que a la muerte no se le puede mirar, como al sol. Sin embargo, todo en Adiós a casi todo revolotea sobre ese tabú

Arcadi Espada en El Mundo, 6 de abril de 2017.

La solapa de Adiós a casi todo, el último volumen de sus diarios que Salvador Pániker habrá visto impreso, aún trata al escritor en presente, como si estuviera vivo. Pero no. Murió en la noche del último viernes, solo y sin despedirse, de ese modo que llaman apacible, y que sólo es apacible para los que quedan vivos. En los últimos meses había empeorado su parkinson y se le habían formado unos peligrosos trombos. Probablemente fue uno de ellos el que acabó con su vida.

Murió Pániker con la cabeza en su sitio, leyendo y escribiendo hasta el final. Su hijo Agustín me cuenta que la última anotación de su diario debe de ser de la semana pasada, aunque es pura deducción porque aún no ha podido abrir el ordenador de su padre. El hijo cree que habrá material suficiente para otro volumen diarístico, pero que la decisión de editarlo les corresponde ahora a él y al resto de hermanos.

De modo que el casi del título de este adiós está bien puesto. Aún le faltaba a Pániker despedirse por completo de sí mismo. El libro permite observar cómo fue haciéndolo. Basta seguir el rastro de la palabra muerte. Escribe el 14 de febrero de 2005, a propósito de un artículo de Javier Tusell, aquel historiador y político liberal, donde narraba su agonía: «Dice Tusell que la enfermedad es el Mal. El Mal por antonomasia. Estoy de acuerdo. Pero existe un peculiar pudor a hablar de la enfermedad. La enfermedad y la muerte ‘parecen casi siempre algo ajeno y lejano’».

En marzo, en un paseo con JX, iniciales ya familiares para lectores de los diarios, y a la que llama compañera de su vida y hasta de su muerte, hablan de la posibilidad del suicidio conjunto: «Ella lo contempla con interesante frialdad. Dice que no quiere llegar a vieja y por eso está dispuesta a partir conmigo.En fin, yo pienso que antes habría que dejar arreglados algunos asuntos. Mis papeles inéditos. Mis bienes a nombre de mis hijos. ¿Despedirme? No me agradan las despedidas. Mejor largarse sin escenas. Clean cut».

En mayo del mismo año hay una nota sobre el tsunami: «Pienso también en los 100.000 casos diarios de muerte natural. Los millones de enfermos crónicos. La abrumadora capa de dolor que cubre el mundo. Ese consabido escándalo. Que incluye no sólo a los humanos». La revista El Ciervo le pide en febrero de 2006 un comentario sobre su propia muerte: «Les digo lo que repetidamente tengo escrito, que yo pienso poco en la muerte; en mi muerte; que pensar en la muerte tiene pocas ventajas evolutivas; que ya decía La Rochefoucauld que el sol y la muerte no se pueden mirar fijamente». Ésta es una anotación clave. Destaca el adverbio repetidamente. Tan repetido lo tiene escrito que da que pensar en Epiménides y su paradoja: «Los atenienses no mienten».

Porque en efecto este es un libro invadido por la muerte. Apenas hay otro asunto y son incontables las entradas que aluden a ella. El hombre que está escribiéndolo cumplirá, mientras tanto, los 80 años. No hay semana en que no muera un amigo, un conocido, un saludado. El género es el diario, pero la retórica inevitable es la necrología. Al fin, el 8 de octubre de 2010, cercano ya el final del libro y duramente golpeado por la muerte de Raimundo, su hermano, su Jano, su rival, confiesa: «Me despierto cada mañana pensando en la muerte, en mi desaparición previsible. Lo mismo me ocurre al levantarme de la siesta.

No es un pensamiento que me genere angustia, pero está ahí, muy insistente, muy persistente, bastante incómodo. Creo que ya lo dije. Ya casi nunca escucho música. Cada día me pregunto si eso, el malestar general, puede durar mucho, y cada día me respondo que así puedo seguir un tiempo. La muerte de Raimundo, la humillación total de Raimundo, eso ya ha tenido lugar, eso ya es definitivo».

El diario lleva una nota preliminar. Es probable que fuera, en realidad, postrera: «Ignoro si este va a ser el último diario que publico. En el momento de entregar estas líneas a la imprenta mi edad es muy avanzada. Así que ya veremos. O no veremos».

No hay un género más escandaloso que el diario, y debe de ser su parecido con la vida.

Fernando Sánchez Dragó en ‘Negro sobre blanco‘, entrevistando a Salvador Paniker en octubre del 2000.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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