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De la mentira como arma populista

Todos los que divulgan que el condenado twittero ‘Cassandra‘ -quien proclama, al tiempo, su deseos de muerte ajena, alegría humorística por el asesinato de terceros, su afán de ser docente y su asco por los niños- ha sufrido condena ‘por enaltecimiento del terrorismo’ en Twitter, merced a una sentencia contra el derecho a la libertad de expresión, sencillamente mienten:

De la sentencia:

“Que debemos condenar y condenamos a Olegario , como responsable en concepto de autor de un DELITO DE HUMILLACIÓN A LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO.”

Otrosí: ‘Cassandra‘ se llama legalmente Ramón Vera Paz, tal y como consta en la sentencia de la Audiencia Nacional. Lo demás es hablar por hablar y si los medios se dedican a llamar a la gente no como dice su DNI sino como a cada quien le sale del sexo elegido, vamos apañados.

EQM

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Algunos de los textos del twitero delincuente:

Los ‘txistes’ de Kassandra

Santiago González en El Mundo, 030417.

Ante problema tan principal como el que plantea a la democracia española la condena de Cassandra Vera debo hacer una declaración de principios. Yo celebré el asesinato de Carrero Blanco y antes el de Melitón Manzanas. Uno era la mano derecha del dictador; el otro, un policía torturador, a algunas de cuyas víctimas tuve ocasión de conocer y apreciar. Mi celebración de ambos atentados se debió a mi imbecilidad. Yo era un estúpido políticamente hablando, y también en el plano moral.

¿Cómo pude tomar a una banda terrorista por alguien de los míos? He aquí un problema de la izquierda respecto a ETA, la creencia de que algunas de sus acciones estaban justificadas, que en parte sí eran de los nuestros, que parte de sus víctimas estaban bien asesinadas. Como si una víctima, para serlo, debiera ser moralmente idónea y no fuera el odio criminal de los victimarios lo que la señala como tal.

Hace años, en una manifestación contra ETA en San Sebastián, se puso a disposición de los manifestantes carteles en cada uno de los cuales figuraba el nombre de una víctima. Nadie quiso coger los carteles con el nombre de Carrero o Manzanas. La izquierda y una buena parte de nuestro país es así. De ahí que haya sido tan polémica la sentencia que ha condenado a Cassandra Vera a un año de cárcel. ¡Por unos chistes contra Carrero! En el escalón inferior están las triunfales acogidas a los asesinos en sus pueblos, que tan incansablemente denuncia Covite. El periódico global editorializaba el sábado: «Condenar por enaltecimiento del terrorismo a una tuitera es excesivo», donde el editorialista hacía suya la excusa de Pablo Iglesias al periodista Alsina por no leerse las sentencias: «Por esa regla de tres no podríamos opinar de nada».

La sentencia condena a la tuitera no por enaltecimiento, sino por «humillación a las víctimas del terrorismo», según dice el primer párrafo del fallo, pág. 20. De ahí en adelante ha sido un no parar. Si esta tarada hubiera escrito 13 (o 113) tuits sobre la tromboflebitis del dictador y su agonía surrealista, no habría juez que la condenara por ello. Es por hacer chistes sobre un atentado terrorista en el que murió Carrero Blanco. No va a ir a la cárcel, aunque deberá pensárselo antes de reincidir.

Su condena tiene aspectos positivos, dificultar el acceso a la docencia a una persona que confiesa odiar a los niños, que «cada vez me dan más asco». Su capacidad intelectual queda acreditada en frases como que el hemiciclo «parece más pequeño en persona que en la tele». Su psicopatía en la celebración de los aniversarios de asesinatos, el de Matías Montero, el de Trotski. Esta pobre es una enferma y una burra. Hay en su personalidad elementos que constituyen atenuantes y aun eximentes. Yo tampoco quiero que vaya a la cárcel, pero la sentencia debería haber sustituido la condena de no cumplir por una de internamiento efectivo en un centro psiquiátrico, porque está la pobre muy necesitada.

Para comprender nuestras psicopatías imaginen razonamientos análogos, exculpando bromas o chistes sobre los asesinatos de Atocha, las víctimas del 3 de marzo de 1976 en Vitoria, el asesinato de Yolanda González por el ultra Emilio Hellín o los asesinatos que conocemos como violencia de género.

La sentencia me parece ejemplar: «el legislador ha querido que el mensaje de odio que socava las bases de la convivencia y que humilla a las víctimas del terrorismo tenga un tratamiento específico en el artículo 578 del Código Penal». O sea que Cassandra Vera merece un reproche, aunque su discapacidad, no sólo la cuantía, la exima del cumplimiento de la pena.

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Desmontando falacias políticamente correctas

Rosa Díez en El Mundo, 040417.

Advierto que este artículo puede ser considerado políticamente incorrecto porque me propongo discutir algunas verdades consagradas en la opinión pública y ya se sabe que cuando las versiones se anteponen a los hechos el aguafiestas que se atreve a denunciar que el rey está desnudo no suele tener mucho éxito. Pero así todo voy a intentar desmontar algunas falacias en relación a la sentencia de la Audiencia Nacional que ha condenado a Cassandra Vera a un año de cárcel y siete de inhabilitación.

En primer lugar, a Cassandra Vera no la ha condenado la Audiencia Nacional por «hacer chistes sobre Carrero…». La Sala, de acuerdo con el criterio del fiscal, ha estimado que los mensajes de la tuitera suponen un «desprecio», «deshonra», «descrédito», «burla» y «afrenta a una persona que ha sufrido el zarpazo del terrorismo y sus familiares», lo que supone una actitud «irrespetuosa y humillante que encaja en el delito de humillación a las víctimas». Por ese delito es por el que ha sido condenada. Hacer chistes, por muy obscenos, desagradables o crueles que puedan ser, no es un delito perseguido por el Código Penal.

Cassandra Vera no ha sido condenada por enaltecimiento del terrorismo, sino por el delito de desprecio, deshonra, burla y afrenta a las víctimas, que está en el mismo artículo del Código Penal, pero que es un delito diferente:

Artículo 578

1. El enaltecimiento o la justificación públicos de los delitos comprendidos en los artículos 572 a 577 o de quienes hayan participado en su ejecución, o la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares, se castigará con la pena de prisión de uno a tres años y multa de 12 a 18 meses. El juez también podrá acordar en la sentencia, durante el periodo de tiempo que él mismo señale, alguna o algunas de las prohibiciones previstas en el artículo 57.

Para que se me entienda: gritar «gora ETA» sería un delito de enaltecimiento del terrorismo; gritar «que se joda Fernando Múgica» sería un delito de humillación o menosprecio a las víctimas.

O sea, en honor a la verdad y para opinar después de leer (aunque a Pablo Iglesias le parezca que conocer algo antes de opinar le impediría hablar en público todos los días y a todas horas), a Cassandra Vera no la han condenado por unos «chistes» ni la han condenado por el delito de enaltecimiento del terrorismo que Podemos quiere suprimir del Código Penal. Pues, como recuerda el Tribunal, «la lacra del terrorismo persiste, aunque con menor intensidad, y las víctimas del terrorismo constituyen una realidad incuestionable, que merecen respeto y consideración, con independencia del momento en que se perpetró el sangriento atentado». También subrayan los magistrados el hecho de que el atentado de Carrero «cegó la vida de otras dos personas, no tan relevantes pero también merecedoras de la misma deferencia».

Dicho todo esto, a mí se me antoja que la Audiencia le ha impuesto a C.V. una pena desmesurada, sobre todo teniendo en cuenta las condenas que les han caído a Mas y Cía. por subvertir el orden constitucional. Pero también quiero decir que a mi juicio los comportamientos objeto de la condena han de seguir tipificados como delito en el Código Penal y que no pueden ser considerados un chiste ni enmarcarse en el legítimo ejercicio de la libertad de expresión.

Para contextualizar este primer episodio quiero apuntar otra reflexión que quizá pueda ser considerada también políticamente incorrecta. La calidad democrática de una sociedad no sólo se mide por la transparencia, calidad y buen funcionamiento de sus leyes e instituciones; su vertebración y espíritu crítico también se manifiestan por la forma en que reacciona ante acontecimientos que afectan a los derechos y libertades. Mientras analizábamos hasta la extenuación la sentencia Cassandra, se han producido algunos hechos de notable relevancia desde la perspectiva de los valores democráticos y de la justicia que no han merecido, ni de lejos, la misma atención.

Me referiré en primer lugar al golpe de Estado perpetrado por el chavismo en Venezuela. Se me dirá que todos los informativos han hecho editoriales al respecto y que los medios de comunicación sin excepción alguna han llevado el tema a sus portadas. Pero pasa en esto como cuando comparábamos la sentencia de Artur Mas con la de Cassandra Vera: si contabilizamos y comparamos el tiempo dedicado a ambos asuntos, el número de comentarios, la movida en las redes, las iniciativas legislativas y/o políticas generadas por una u otra cuestión… gana Cassandra Vera por goleada.

La segunda cuestión que quiero suscitar es el permiso carcelario concedido a ‘Txapote’ para que pueda ver a su anciano padre. Este asunto no ha merecido apenas comentarios en los medios de comunicación, más allá de la propia noticia. Y a pesar de que la decisión fue tomada contra el criterio de las autoridades de la cárcel en la que el asesino cumple condena, no he oído a nadie cuestionar la legalidad del hecho y mucho menos la necesidad de que no se repitan comportamientos que son vejatorios para las víctimas. También en esta cuestión Cassandra Vera gana por goleada.

Voy a detenerme un momento sobre este asunto de Txapote autorizado por el juez a salir de la cárcel para ver a su padre. No tendría nada que decir al respecto si la decisión del juez estuviera sustentada no sólo en el amparo en la ley, sino que obedeciera a un gesto de humanidad para con el padre del terrorista, no con el killer. Pero si así fuera, si se tratara de ser humano con el anciano, ¿por qué darle publicidad? ¿Por qué hemos tenido que enterarnos de que a uno de los asesinos más sanguinarios de ETA se le concede un deseo que para sí quisieran todas sus víctimas?

No creo en las casualidades; por eso sostengo que si lo que prevaleció en la decisión del juez (concederle el permiso será legal, pero no es obligatorio) hubiera sido un gesto de humanidad, la Guardia Civil hubiera trasladado a Txapote de ida y vuelta a la cárcel sin ningún tipo de publicidad. Pero nada ocurre por casualidad; y no es casual que esto suceda mientras prácticamente todos los medios de comunicación siguen haciendo publirreportajes sobre la entrega de armas de ETA. No es casual que para analizar el significado de esa decisión de ETA sólo se les dé la palabra a sus portavoces, desde Otegi hasta esos tipos a los que obscenamente se denomina «artesanos de la paz». No es casual que se ponga sordina a las voces de las víctimas o a la de quienes exigimos la disolución de la banda y su colaboración con la Justicia para que todos los crímenes pendientes (casi 300) sean juzgados.

No, no es casual que justo ahora le den permiso a Txapote y se haga propaganda al respecto. Esa exposición pública es la que convierte en inverosímil la apelación a las razones humanitarias que algunos podrían aducir. El viaje de Txapote, así escenificado, lejos de constituir un acto humanitario se convierte en una dolorosa e inhumana agresión para las víctimas. Por eso me atrevo a decir que el permiso a Txapote es lo que parece: un acto propagandístico de y para la banda y todo su entorno con el que el Estado (juez mediante) hace un gesto para compensar la generosidad de ETA por anunciar la entrega de sus armas.

No sé si habré contribuido a desmontar alguna falacia o a despertar alguna conciencia adormilada. Todo esto era para decirles que hay que esforzarse en conocer y difundir la verdad, aunque ésta nos obligue a pensar y nos pueda resultar menos cómoda para atacar al adversario que algunas versiones que resultan más fáciles de vender en 140 caracteres. La apelación a la Memoria (que es lo que ocurrió y no lo que nos gustaría que hubiera pasado), a la Dignidad (que merece todo ser humano y particularmente las víctimas) y a la Justicia (que no siempre se obtiene con la aplicación automática de la ley), es un imperativo ético innegociable en cualquier sociedad democrática de calidad.

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La Audiencia Nacional condena a un año de prisión a la tuitera que publicó chistes sobre Carrero Blanco

El tribunal señala que las víctimas del terrorismo merecen respeto “con independencia del momento en que se perpetró el atentado”

Autor

Comunicación Poder Judicial, 290317.

La Audiencia Nacional ha condenado a la tuitera Cassandra a un año de prisión por delito de humillación a las víctimas del terrorismo. La Sección Cuarta de lo Penal considera que los 13 comentarios que escribió esta persona en la red social Twitter, entre 2013 y 2016 sobre el almirante Carrero Blanco y el terrorismo constituyen desprecio, deshonra, descrédito, burla y afrenta a personas que han sufrido el zarpazo del terrorismo y sus familiares y supone una actitud irrespetuosa y humillante que encaja dentro del delito de humillación a las víctimas. La Sala impone un año de prisión, que es la pena que había solicitado el Ministerio Fiscal.

La sentencia detalla los 13 tuits publicados en twitter desde el perfil “Cassandra @kira_95” y concluye que no resulta convincente la declaración prestada por la tuitera durante el juicio, cuando intentó situar sus comentarios en tono humorístico y en calve de ironía. Según la Sala, sus frases, adicionadas la mayoría de las veces con elocuentes imágenes, refuerzan aún más su carácter de descrédito, burla y mofa a una víctima del terrorismo, “por más que el atentado sufrido por el entonces presidente del Gobierno del régimen franquista hubiera tenido lugar en 1973”.

Para el tribunal tampoco sería justo descartar el reproche penal por los 40 años transcurridos desde el atentado a Carrero Blanco, “puesto que la lacra del terrorismo persiste, aunque con menor intensidad, y las víctimas del terrorismo constituyen una realidad incuestionable, que merecen respeto y consideración, con independencia del momento en que se perpetró el sangriento atentado, que por cierto, cegó la vida de otras dos personas, no tan relevantes pero también merecedoras de la misma deferencia”.

La sentencia, ponencia de Juan Francisco Martel, desgrana las últimas sentencias del TS sobre esta materia para concluir que en el presente caso no concurre el “ error de prohibición” que alegó la defensa durante el juicio, puesto que la personas juzgada tiene una formación universitaria y un grado de conocimiento y percepción de las cosas que convierte en inimaginable “ que no sepa que la conducta que se le atribuye es penalmente reprochable, a pesar de que ignore los concretos requisitos del tipo aplicable”.

Según el tribunal, la propia conducta expresada por el acusado en sus mensajes de texto en Twitter “demuestra bien a las claras que conocía la existencia del reproche penal de su conducta, o al menos se lo planteó. Situaciones que constituyen causas excluyentes de la apreciación del error de prohibición”. En resumen, “se trataba de una persona con cierta cultura que evidentemente sabía que estaba cometiendo hechos patentemente ilícitos”.

Vía.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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