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Ley Orgánica 5/1984, de 24 de mayo, de comparecencia ante las Comisiones de Investigación del Congreso y del Senado o de ambas Cámaras.

Artículo primero.

1. Todos los ciudadanos españoles y los extranjeros que residan en España están obligados a comparecer personalmente para informar, a requerimiento de las Comisiones de Investigación nombradas por las Cámaras Legislativas.

2. Las Mesas de las Cámaras velarán por que ante las Comisiones de Investigación queden salvaguardados el respeto a la intimidad y el honor de las personas, el secreto profesional, la cláusula de conciencia y los demás derechos constitucionales.

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Mochilas y lactancias y cal viva

Como el bipartidismo dejo a España sin modelo siquiera para guardar las formas, la ultraizquierda totalitaria podemita del Congreso de los Diputados -y sus republicanos cómplices golpistas- ha aprovechado la ausencia, el vacío, de los más elementales principios del sentido común en su aplicación sobre el control del comportamiento parlamentario, para convertir la Cámara Baja -nunca mejor denominada- en un pozo, vomitorio, sin fondo.

En la Presidencia, desde la marcha de Jesús Posada en 2016, ya nada ha sido igual. Sustituído por un socialista personaje de leyenda, Francisco Javier López Álvarez, más conocido por Patxi en los ambientes también parlamentarios y ahora candidato bisagra a Secretario General del PSOE, ejerció sus funciones con la firme voluntad de demostra fehacientemente que no sólo no sabía hacer la O con un canuto sino que tampoco se había molestado siquiera en leerse el Reglamento del Congreso. Ello produjo una imagen penosa de la tercera autoridad del país y propició que los mochileros aparecieran con sus mochilas, vestidos de fontaneros, y las mochileras se hicieran acompañar por sus bebés para que no les faltara la teta entre votación y votación.

Patxi debió considerar que eran los nuevos tiempos y que sufrir en silencio, como con las almorranas, iba en el precio de su alto poder representativo institucional. Como consecuencia de tal buenismo, tolerancia, por quien debe ejercer la autoridad que le asigna la vigente legislación y, en concreto, el Reglamento de las Cortes, el desmadre de los anticonstitucionalistas se convirtió en patología endémica y, pocos días después, el chavista Iglesias le soltó al bello Pedro Sánchez -entonces Secretario General del PSOE y ahora también aspirante a retomar tal poder- que “El señor Felipe González tiene el pasado manchado de cal viva“. Patxi se limitó a rogarle educación [sic] y Pedrito no sólo salió del apuro con toreo de salón, sin defender como debiera a su compañero, sino que después acabaría intentando gobernar el país con semejante bomba de relojería bolivariana.

Ahora, en la actual legisatuura, Ana María Pastor, buena gente como quien más y tan balbuceante o más que Patxi, ya ha llegado a consentir que los totalitarios celebren ruedas de prensa sentados en los alfombrados suelos, proliferen las pancartas y los vociferantes invitados y que incluso alguno de sus parlamentarios  se acerque a la bancada del Gobierno con gestos amenazadores y esgrimiendo banderías varias.

Pero lo ocurrido ayer en una Comisión de Investigación parlamentaria yo creo que marca la desvergüenza moral y parlamentaria más escandalosamente repugnante que recordarse pueda. La calificación de indecente por parte de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy, aunque muy grave y definitoria del personaje socialista, no se produjo en sede parlamentaria sino en un debate electoral televisado. Tampoco llegó a tanto, en 1994, el grave y cainita comportamiento que el diputado socialista Hernández Moltó exhibió contra su compañero de partido, el entonces Gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, linchándole repugnantemente:

Señor Rubio, míreme a la cara, de frente, ¿me recuerda no? […] tiene usted, quizá ya, su última oportunidad. Aprovéchela para salvar la poca dignidad que le queda.

Tal canallesco proceder se vió históricamente subrayado cuando, años después, dos décadas, la vida te da sorpresas,  ese mismo linchador fue investigado, procesado y condenado por la Audiencia Nacional -por su gestión como Presidente de Caja Castilla-La Mancha,- a dos años de prisión por un delito societario de falsedad contable cometido al manipular las cuentas de la entidad.

Pero a lo que iba: los diez minutos que duró ayer la intervención de Gabriel Rufián, portavoz de ERC, en la comisión de Investigación sobre la etapa de Jorge Fernández Díaz, en la que comparecía Daniel de Alfonso, exjefe de La Oficina Antifraude de Cataluña y juez en activo, estuvo plagado de injurias y calumnias del diputado contra el compareciente. Descalificaciones como “mamporrero”, “lacayo”, “mafioso”, “gánster”, “corrupto”, “mentiroso”, conspirador, fueron la columna vertebral de la totalidad de la intervención del anticonstitucionalista parlamentario, sin que nadie se lo impidiese. Vean vds:

Alucinante. El presidente de la Comisión, el nacionalista vasco Mikel Legarda [PNV], oh casualidad, tampoco ha puesto mayor empeño en frenar tal indignidad parlamentaria que con los consabidos ruegos -hasta tres- tipo Patxi. Cuando le dijo que ya era el último insulto que le consentía… ya había consumido prácticamente su tiempo.

He leído que Ana Pastor, con la ayuda de PP, PSOE y Ciudadanos, van a tomar cartas en el asunto endureciendo el Reglamento como ya ocurre en otros países europeos. Como en tantas otras cuestiones, como con los terroristas de ETA o con los golpistas catalanes, reina la parsimonia, la declaraciones de ‘intolerable’, la perplejidad, pero hacer, lo que se dice hacer, rien de rien.

Esto se hubiera evitado tomando medidas cuando los mochileros aparecieron con su mochilas y lactancias y cal viva, pero no se hizo.

EQM

pd. Ahora que tanto se tolera el humor negro, tratando de exonerar a auténticos fascistas del chiste o de disculpar la humillación a las víctimas del terrorismo, que somos todos, yo insinué que lo que tenían que hacer los constitucionalistas era aparecer un día en el Congreso en pelota picada -cueros y ‘cueras’ vivas- argumentado que si se trata de abolir la formas y los modos, ellos también los primeros y más votados. Naturalmente, nadie me hizo caso.

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Reglamento del Congreso de los Diputados de 10 de febrero de 1982.

Artículo 16
Los Diputados están obligados a adecuar su conducta al Reglamento y a respetar el orden, la cortesía y la disciplina parlamentarias, así como a no divulgar las actuaciones que, según lo dispuesto en aquél, puedan tener excepcionalmente el carácter de secretas.

Artículo 103
Los Diputados y los oradores serán llamados al orden:
1.º Cuando profirieren palabras o vertieren conceptos ofensivos al decoro de la Cámara o de sus miembros, de las Instituciones del Estado o de cualquiera otra persona o entidad.
2.º Cuando en sus discursos faltaren a lo establecido para la buena marcha de las deliberaciones.
3.º Cuando con interrupciones o de cualquier otra forma alteren el orden de las sesiones.
4.º Cuando, retirada la palabra a un orador, pretendiere continuar haciendo uso de ella.

Artículo 104
1. Al Diputado u orador que hubiere sido llamado al orden tres veces en una misma sesión, advertido la segunda vez de las consecuencias de una tercera llamada, le será retirada, en su caso, la palabra y el Presidente, sin debate, le podrá imponer la sanción de no asistir al resto de la sesión.
2. Si el Diputado sancionado no atendiere al requerimiento de abandonar el salón de sesiones, el Presidente adoptará las medidas que considere pertinentes para hacer efectiva la expulsión. En este caso, la Presidencia, sin perjuicio de lo establecido en el artículo 101, podrá imponerle, además, la prohibición de asistir a la siguiente sesión.
3. Cuando se produjera el supuesto previsto en el punto 1.º del artículo anterior, el Presidente requerirá al Diputado u orador para que retire las ofensas proferidas y ordenará que no consten en el «Diario de Sesiones». La negativa a este requerimiento podrá dar lugar a sucesivas llamadas al orden, con los efectos previstos en los apartados anteriores de este artículo.

Diego Cañamero y Rafael Catalá en el Congreso. Fot. Jaime Villanueva.

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Los leones del Congreso entran en el hemiciclo

Fotos, lenguaje malsonante, insultos, camisetas reivindicativas…Los modos han cambiado en el Parlamento

Ana Lorite en El País, 060417.

“El debate ha terminado; se levantan los diputados de sus escaños; desalojan las damas y yo también me pongo en pie y me marcho a la calle, como si saliera del teatro, pensando en esta agradable comedia titulada El debate político que se ha de representar todos los años”. Esto escribió Azorín el 5 de febrero de 1904 en una de sus crónicas parlamentarias. 113 años después, se sigue hablando de la actividad parlamentaria como espectáculo, pero no como “agradable comedia” sino como circo, según Rafael Hernando (PP).

Los comportamientos de algunos diputados desde que en enero de 2016 se estrenaron los nuevos partidos en el Congreso y su forma diferente “de hacer política” han provocado el hartazgo de algunas formaciones. PP, PSOE y Ciudadanos han elevado su protesta contra lo que consideran actitudes que sobrepasan los límites del decoro. Y han pedido que se preserve el respeto a las formas en la Cámara que representa a todos los españoles. “La actividad parlamentaria no es teatro”, dice Elena López de Aretxabaleta, jefa de prensa y comunicación del Parlamento vasco. “En la Cámara vasca no se permiten ni los aplausos, para evitar la algarabía y que se jalee el insulto”.

 El decoro, pues, ha entrado en el debate parlamentario, aunque la acepción varía según quién la utilice. Para unos se trata de “respetar las formas”, para otros de “no ser corrupto”. Fotos, lenguaje malsonante, insultos, camisetas reivindicativas, gesticulaciones… Los modos han cambiado.

La Mesa del Congreso acordó el martes que el diputado de Podemos Diego Cañamero sea reprendido por Ana Pastor, presidenta de la Cámara, por acercarse al escaño del ministro Rafael Catalá en actitud intimidatoria portando dos carteles, uno con la imagen de Iñaki Urdangarin y otro con la del líder sindical encarcelado por agresión Andrés Bódalo. El diputado de Podemos pedía explicaciones por la libertad del primero y la prisión del segundo. Cañamero ha esgrimido su libertad de expresión y ha advertido de que seguirá haciendo cualquier cosa que esté dentro de la normalidad democrática.

Pero, ¿dónde está el límite? “La libertad de expresión en la Cámara tiene una connotación especial ya que, por motivos históricos, está especialmente reforzada y protege al Parlamento como lo que se llamaba en la época medieval espacio de paz, sostiene el letrado de las Cortes Manuel Fernández-Fontecha, que alerta sobre pasar de la palabra al acto: en el caso de Cañamero, a la intimidación. “Un acto como el del diputado de Podemos es inédito en el parlamentarismo español”, afirma. Y por aquello de las similitudes con las artes escénicas, pone como ejemplo que gritar “¡fuego!” en el teatro, si no es cierto, no está amparado por la libertad de expresión al tratarse de una acción conminatoria o intimidatoria.

¡Respeto a las Cortes! Así resume el letrado el principio fundamental por el que deben regirse políticos y ciudadanos. Una posterior, y breve, encuesta improvisada en las inmediaciones del Congreso permite concluir que la palabra respeto es la más utilizada por la gente, en nombre de quien actúan los parlamentarios. “¡Qué feo eso de me la suda!”, dice una anciana simpática que no quiere dar su nombre mientras toma un café. El “me la trae floja, me la suda” del líder de Podemos, Pablo Iglesias; la retahíla de insultos —“mamporrero, lacayo, mafioso, gánster”— que el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, dedicó el miércoles al exjefe de la Oficina Antifraude de Cataluña Daniel de Alfonso, son los últimos ejemplos. Y, antes, aquel “tahúr del Mississippi” que Alfonso Guerra le espetó a Adolfo Suárez, el “váyanse a la mierda” que José Antonio Labordeta dedicó a la bancada popular o el grito —“¡qué se jodan!”— de la diputada del PP Andrea Fabra dirigido a los parados.

Fernández-Fontecha afirma que en el hemiciclo siempre ha habido debates broncos, descalificaciones y protestas, y recuerda como especialmente dura, “durísima”, la primera investidura de Adolfo Suárez en 1979. “Hubo constantes interrupciones, llamadas al orden, descalificaciones por no dar la cara, fue muy bronca, pero no recuerdo un ataque directo ni un paso al acto”. López de Aretxabaleta sostiene que cada Parlamento debe “marcar su estela” y recuerda que la Cámara vasca expulsó al parlamentario popular Carlos Iturgaiz por insultar a Joseba Azkarraga.

Hablar claro

¿Qué ha cambiado entonces para que sus señorías hagan un llamamiento al decoro? Según algunos, la exposición mediática. Dolores Sánchez González, profesora de la UNED, jurista y protocolista, incide en el componente mediático medido ex profeso como mensaje hacia determinado segmento de población, descontento con las instituciones. Opinión que comparte el ciudadano Roberto Villa, de 57 años: “Podemos utiliza la actividad parlamentaria para reforzar su entidad como movimiento y superar al Parlamento. Todos sus actos, que se difunden luego en las redes y en los medios, son acogidos por mucha gente como ejemplo de hablar claro”.
Germán Olmeda, estudiante de Ciencias Políticas de 18 años, comparte el uso del lenguaje coloquial, las nuevas formas y su transmisión directa a las redes: “Esa teatralización y códigos socio-lingüísticos que está utilizando Podemos son un guiño a la ciudadanía para acercarse a ella y evitar que la desafección política forme parte del día a día”.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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