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Vamos a más [y mejor]

Ayer, paseando por mi ciudad -española, por supuesto, pero no catalana- pasé por un bar abarrotado en el que televisaban el Juventus-Barça [3-0], de la Champions, antigua Copa de Europa. Entré a curiosear el ambiente justo en el periodo en el que la nueva estrella en ciernes, Dybala, hundía al equipo español con dos obras de arte.

Frente a alguna tímidas palmas se levantó un estruendo de aplausos como jamás me hubiera imaginado.

La desvertebración de nuestra democracia ha llegado al indicativo extremo de que se aplaude la derrota deportiva de un equipo español, es decir, a la contra.

En Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona, pasa lo mismo cuando el Madrid juega en cualquier partido internacional.

Mejorando, pues, que es gerundio.

EQM

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Notas.-

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