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Allegri aprendió de Mourinho

Hace ahora siete años, abril 2010, el Inter de Mourinho ya eliminó de la Champions al independentista Barça de Joan Laporta. Entonces, dije aquí mismo:

“Y que conste que yo, como muchos de los de mi tierra, fui, en tiempos ya lejanos, un ilusionado seguidor del FC Barcelona. Cuando este equipo, junto con el Madrid, disputaba la Copa de Europa sin sentirse más que un club y sin reivindicaciones nacionalistas. Me refiero a la época de maravillas como Ramallets o Kubala, de los que disfutábamos en los casinos municipales rompiéndonos los ojos ante pequeñas televisiones en blanco y negro y con nieve, mucha nieve, y perdonen las molestias porque hemos perdido la señal por causas ajenas a nuestra voluntad. Cuando el dictador presidía los acontecimientos entre aplausos de la ciudadanía catalana y las caricias de su burguesía gobernante.

Después, llegaron los rentistas políticos, que produjeron el abandono de mucha gente nada partidaria de mezclar la emoción deportiva con la soberbia socio-política de quien, acomplejado, se siente más que sus vecinos.

Ayer, se juntaron el hambre con las ganas de comer y muchos se olvidaron que el fútbol es, fundamentalmente, un juego de estrategia. El Barcelona sólo sabe jugar cuando tiene la pelota y el Inter juega maravillosamente a que no signifique nada que la tenga el contrario.”

Ayer, otra vez el fútbol italiano, en este caso la Juventus, con el mismo planteamiento de su entrenador Massimiliano Allegri que ya empleó Mou, ha vuelto a eliminar de la Champions a un Barcelona que desde entonces parece más interesado en la independencia de Cataluña que en recrear aquel equipo con la filosofía de Johan Cruyff, aquel maravilloso jugador y estratega holandés que jamás se interesó por el catalán hablando suficiente español.

Ahora los azulgranas sobreviven gracias a las genialidades del Messi y únicamente cuando las tiene, no como ayer. Del resto ya nada es lo que era y, entre ellos, reslta un independentista Piqué que, curiosamente, acaba jugando sus mejores partidos en una Selección Española que hace tiempo debió de haber dejado de contar con él por una razón de principios elementales.

Lo cierto es que a ese equipo independentista y politizado, que luce la misma soberbia que sus cómplices golpistas argumentando una singularidad superior, ‘més que un club‘, ni siquiera parece importarle que esa anticonstitucional e imposible independencia perseguida por sus compañeros de viaje les supondría tener que buscar otra Liga dónde jugar y otra Champions en la que le permitieran competir.

Tampoco resulta excesivamente extraño, por otra parte, que un club que no paraba de otorgar medallas de oro al dictador español, haya pasado del fervoroso franquismo al anticonstitucional independentismo.

En todo caso, una pena para esos millones de seguidores que el club tenía en toda España y que ahora contemplan con indiferencia -si no con satisfacción- cómo los italianos vienen periódicamente a poner a su antiguo club en su actual sitio.

EQM

Agustí Montal, Presidente del Fútbol Club Barcelona de 1969 a 1977 [su padre también lo fue de 1946 a 1952] entrega al dictador General Franco la Medalla de Oro del Barça, el 27 de febrero de1974, es decir, sólo pocos meses antes de su fallecimiento y -con él- del final del franquismo. Vean la portada de La Vanguardia Española, al día siguiente.

Actualización, 200417 20:50

Arcu, 200415, dedicado a EQM

Alves consuela a Neymar. Shaun Botterill Getty Images

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La Juve desfigura al Barça hasta dejarlo sin magia ni talento (0-0)

La Juventus niega al Barcelona. Los azulgrana, más combativos que lúcidos, se quedaron sin marcar un solo gol en una eliminatoria dominada por la consistencia y calidad del equipo de Allegri

Ramón Besa en El País, 200417.

La Vecchia Signora no tiene cosquillas, seguramente ni siquiera estornuda, firme y segura como se la vio, a veces incluso elegante, en su despliegue en el Camp Nou. Tiene tanta autoestima que cuando Messi enfocó a Buffon, que fueron muy pocas veces, sus jugadores soplaron para que el balón no cogiera portería ante el asombro de la hinchada del Barça. A pesar de que se batieron como jabatos para ganar al menos el partido, los barcelonistas no contaron ni cinco, ni cuatro, ni tres ni dos ni siquiera un gol en su dolorosa despedida de la Champions. Los bianconeri negaron a los azulgrana en Barcelona después de afirmarse en Turín. Los italianos tienen un plan a largo plazo hasta Cardiff y los catalanes viven al día, desnaturalizados y hasta cierto punto vulgarizados, como si no tuvieran talento ni magia y Messi no fuera Messi. Así de desfigurados quedaron el 10 y el tridente ante la Juve.

Aunque Luis Enrique apeló a la locura colectiva, el Barça formó con una alineación muy racional, y si se quiere convencional, como si quisiera recuperar el tiempo perdido, escarmentado desde Turín. El 3-4-3 funcionó como solución de emergencia para partidos únicos como el del PSG. La terrible experiencia del Juventus Stadium aconsejaba cambiar de fórmula y recuperar el clásico 4-3-3. Había que volver a jugar con laterales profundos, prescindir de un central y vertebrar al equipo a partir de la columna ya conocida: Piqué-Busquets-Messi. Inestable y perdido en Italia, el Barça quería pintar un partido diferente en el Camp Nou. Y no pudo por la sobriedad y consistencia de la Juventus.

No es fácil recuperar la cordura desde la pizarra, tener un buen control del juego y de la emoción, cuando el equipo anda tan angustiado y la hinchada se muestra excitada en el Camp Nou. La confusión que vive el Barça contrastó con la clarividencia de la Juve, un equipo frío y científico, más fuerte física y tácticamente que el de Luis Enrique. Los bianconeri pueden jugar 10 partidos diferentes con los mismos 11 futbolistas capitaneados por Buffon. Allegri repitió el equipo de Turín y la Vecchia Signora jugó con la misma convicción en el Camp Nou. Apretaba bien, se estiraba mejor y tenía en el punto de mira a Ter Stegen. El dominio escénico italiano fue sobrecogedor para la entusiasta afición del Barcelona.

La Juve solo se recogió después de protagonizar un despliegue rotundo e intimidador para el Barcelona. Los azulgrana se espantaron por un momento, sometidos y descolocados, sostenidos por sus dos centrales: Piqué y Umtiti. El balón no salió del campo barcelonista hasta pasado el cuarto de hora cuando en una jugada 100 veces repetida Alba no alcanzó el pase cruzado de Messi. Apareció entonces la fortaleza defensiva de la Juve, desquiciante para cualquier rival, también para el Barça, irritado igualmente con el permisivo arbitraje de Kuipers. Al Barça le pudo la sobreexcitación cuando la Juve enfrió el partido y redujo a Messi.

El 10 solo pudo armar un tiro franco antes del descanso, señal de las dificultades azulgrana para llegar hasta Buffon. Al Barcelona le sobraba intensidad y le faltaba lucidez, reducido el tridente a las internadas de Neymar, desafiante ante Alves y expuesto a la expulsión después de azotar a Pjanic. A pesar del ruido que había en el estadio y de un par de llegadas, pasaban muy pocas cosas en el área de Buffon. El fútbol azulgrana era demasiado espasmódico y precipitado, poco armónico y sin línea de pase ni profundidad, fácil de defender por la compacta y solidaria zaga de la Juventus.

Alcanzado el descanso, el encuentro exigía medidas drásticas desde el punto de vista azulgrana y Piqué optó por colocarse de 9 cuando se dolía del tobillo Neymar. No pareció la mejor decisión sino que expresó el desasosiego que vivía el Barcelona. Luis Enrique intervino poco después para reforzar el ataque con Alcácer a costa de Rakitic. Había que ayudar a Messi, cuyos disparos no cogían el arco, y poner la pelota en el punto de penalti en busca del rechazo imposible para Buffon.

Quedó parado un partido para los delanteros del Barça y los defensas de la Juve, una mala señal para los medios de Luis Enrique. Los azulgrana quedaron expulsados al banderín de córner y se rindió el Camp Nou. La afición empezó a aclamar a Messi y a aplaudir la bravura de sus muchachos mientras rompía a llorar Neymar.

No hay manera de que Messi marque un gol en los cuartos de final de la Champions y el Barça se quedó a cero en los dos partidos con la Juve. El 10 y el equipo no se acaban de encontrar ni siquera en el Camp Nou y Luis Enrique dejó de ganar su primer partido en la Champions desde que llegó al Camp Nou. Lucho se irá en junio y el club deberá recomponer el proyecto después de renovar y definir el rol que ocupará Messi. Ahora que ha quedado en fuera de juego en Europa, rebanado por la guadaña de la Juve, le queda por afrontar el clásico si quiere mantener sus opciones en la Liga a la espera de la Copa. No será fácil levantar el ánimo pese al aplauso del Camp Nou ni al consuelo de la Juve. Solo cuando acabó el partido se vio que la Vecchia Signora tiene sentimientos.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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