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La jugada de Benzema

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Ronaldo y Benzema: dos genios silbados

El otro día, en la Champions, frente al Atlético de Madrid apareció Cristiano Ronaldo y demostró una vez más que sigue siendo un genio.

Ayer, Benzema, en el partido de vuelta, cuando el Real Madrid estaba agua al cuello, se inventó una jugada que sólo está al alcance de los genios.

Ambos dos, valga la redundancia de genialidades, cada uno en su estilo, son silbados por parte de la afición blanca cuando no tienen su día.

Ello, siendo en sí mismo tan patológico como inexcrutable, puede explicar por qué su equipo, siendo el Campeón de Europa casi ya por costumbre, jamás tendrá el alma que engrandece aún más, si cabe, al Atlético de Madrid: su afición.

Se lo dice a vds un madridista de toda la vida.

EQM

pd. Le invito a paladear dos textos de Manuel Jabois: el de ayer sobre la gesta de Benzema y el del pasado 20 de abril sobre el gran Ronaldo.

Benzema regatea antes del primer gol del Madrid. Laurence Griffiths Getty / El País

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Benzema para siempre

El francés merecía quedarse en las repeticiones con una jugada así, con una maniobra que resume los mejores años de su carrera

Manuel Jabois en El País, 100517.

Benzema merecía la jugada que hizo en el Calderón. Ningún jugador la merecía como él, después de tantos años. Y después de tantas Champions. Karim Benzema merecía quedarse en las repeticiones con una jugada así, con una maniobra que resume los mejores años de su carrera: arrinconado en una esquina del campo con tres contrarios delante, delante de la portería con tres contrarios detrás.

Ocurrió al final de la primera parte, con el Atlético acumulando fuerzas para la última embestida contra un Madrid tan bien plantado en el campo como descalabrado en el marcador. Cristiano Ronaldo sacó de banda a toda prisa y mandó a Karim Benzema a pelear sin espacio contra Savic, Godín y Giménez; fue un acto de irracionalidad que sólo podía acabar bien con otro.

Uno de esos saques laterales que recordaron al Madrid de Raúl, cuando el 7 recibía a espalda de la defensa. Así se empezó a ganar una Copa de Europa en Glasgow, así se empezó a ganar otra en el Calderón. Esta vez como producto de una jugada milagrosa no del Madrid de Raúl sino de Redondo, cuando el divino 5 tumbó Old Trafford, el teatro de los sueños, con un taconazo legendario que se ha quedado en la historia de la Champions.

Benzema, de espaldas, amagó con buscar apoyos atrás y en la finta se llevó a sus marcas para ponerse de cara a la portería aceptando el envite. El conservador Benzema, tan generoso y con tanto sentido común, saltó por la ventana a medianoche y se subió a la rama de un árbol para irse a la fiesta él solo. El primer movimiento fue hábil pero temerario. Así que se fue encerrando solo llevándose la pelota con él mientras subía la segunda línea del Madrid.

Entonces, en lugar de asistir, encaró. Se fue a por todos, y los fue dejando atrás cambiando la pelota de pie como un trilero de cubilete. Agotado, cuando aún le quedaba un rival, volvió a culebrear en un espacio mínimo, casi invisible, que sólo él abrió, que sólo él encontró porque no había otro jugador en el campo que pudiese hacer algo así. Y si dos segundos antes el Madrid hubiese firmado un córner, dos segundos después marcaba un gol.

Así se clausuró un partido que en el minuto 20 estaba hecho para la gran gloria del Atlético de Madrid: dos goles como dos relámpagos, el estadio como una pira y las emociones desparramadas sobre el césped para despedir el Calderón de Europa con el partido del siglo. Y fue entonces, en ese momento exacto en que los barcos empiezan a hundirse sin remedio, cuando Isco y Modric sujetaron el partido, lo trajeron junto a ellos y empezaron a llevar el volcán rojiblanco al área de Oblak. Al lugar exacto en el que las Copas de Europa las deciden golpes solitarios de genio.

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Cristiano jubila a Ronaldo

En la eliminatoria ante el Bayern descorrió definitivamente el telón: se ha convertido en Hugo Sánchez

Manuel Jabois en El País, 200417.

El público del Santiago Bernabéu, por ingratitud, por impaciencia y por falta de vergüenza, dedicó el martes un par de pitadas a Cristiano Ronaldo, la réplica moderna en el Madrid de Alfredo di Stéfano. Una de las razones por las que en una eliminatoria tan difícil, la peor de las posibles, la afición la toma con su jugador más determinante en los últimos ocho años, y autor de los dos goles en la ida, es que el público espera que Cristiano Ronaldo juegue igual con 32 años que cuando tenía 24.

Le piden que sólo cambie dos cosas: el egoísmo y la vanidad, y que mantenga la velocidad, el regate y la ruptura. Cristiano, que se conoce a sí mismo mejor que nadie (ser narcisista tiene sus ventajas), ha hecho lo contrario: mantiene el egoísmo y la vanidad, y ha cambiado por fuerza mayor la velocidad, el regate y la ruptura.

Cuando CR se acercaba a la treintena, la duda era saber cómo iba a gestionar su decadencia un futbolista de una carrera tan larga y explosiva sostenida, en buena parte, por el físico. Poco a poco, a medida que perdía más carreras y se dejaba el balón atrás, Cristiano ha ido respondiendo a todas las preguntas hasta llegar a la eliminatoria ante el Bayern de Múnich, donde descorrió definitivamente el telón: se ha convertido en Hugo Sánchez. Ha jubilado a Ronaldo, el extremo, y se ha convertido en una versión mejorada del Hugo en su plenitud. De sus cinco goles al Bayern, Cristiano marcó cuatro a un solo toque.

En Alemania los dos remates fueron fulminantes: uno a media altura y otro con los tacos en un plantillazo anticipándose a su marcador, propio del mexicano. En el Bernabéu le cogió la espalda al defensa, apareció por la izquierda del área y realizó el mismo escorzo de Hugo, en la línea de los mejores rematadores de siempre. Otro gesto ya en la prórroga, el de bajarla con el pecho y empalarla con la zurda según le cae, remitió directamente al Manito. Hasta se encaró con la grada, afortunadamente sin llevarse las manos a la entrepierna (si bien Hugo evitó hacérselo al Bernabéu).

Nunca como en esta temporada Cristiano mostró lo que será su decadencia: un nueve puro, un rematador como el Hugo de los 38 goles, todos a un toque. Con la ventaja de haber jubilado a Ronaldo y seguir siendo Cristiano: la misma calidad, la misma ambición y la misma inteligencia sobre el campo para desmarcarse. El Bernabéu pitó a Cristiano por ingrato, pero quizás en los reproches había algo de nostalgia: quieren al chico imparable de las bicicletas. Ronaldo se nos muere, pero en lugar de dejarse ir ha mutado en un Hugo Sánchez mucho mejor que el original. El Madrid pagó 94 millones por dos leyendas, y la segunda ha empezado ahora.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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