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Hacia los asamblearios círculos socialistas

Cuando se escribe sobre el candidato más incapaz -y peligroso para el país- que el PSOE ha tenido nunca con la pretensión de recuperar la Secretaría General de su partido, hay que armarse de paciencia también porque, para él, su de anteayer fue Quizás hace 24 horas y ya ha pasado a ser No.

En su actual campaña electoral, consistente en convertir a los militantes en la nueva y asamblearia Gestora del partido -bajo su dirección, faltaría más- sin tener en cuenta, por supuesto, que son los votantes  quienes verdaderamente te dan acceso al poder y a él le han llevado de derrota en derrota, ha tenido la feliz idea de plasmar en un documento titulado Sí es sí: Por una nueva socialdemocracia‘ [pdf], que lleva ya tantas ediciones como cambios incorpora a su ideario a diario.

El último texto, presentado ayer, que él califica como ‘documento definitivo‘ y que en su web invita a leer ‘atentamente‘ y a ‘compartir con todos tus conocidos‘, es un tocho de 60 páginas en formato pdf, con la friolera de 245 puntos, pésimamente escrito, con graves errores incluso en las cabeceras de los distintos apartados y, pásmense, sin siquiera incorporar un sumario o índice que facilite desentrañar el entrecruzado maremagnum.

Pero hay más. Tratándose de un proyecto calificado, insisto, como definitivo y presentado a una semana de las elecciones, la web dice en su presentación que:

Es un documento abierto al debate y las aportaciones de la militancia pero también a los sectores sociales que durante décadas han confiado en el papel transformador del PSOE, y a la juventud, que exige a la política nuevos horizontes. Surge en un tiempo de convulsiones en el que la reconstrucción de la cohesión de los socialistas exige un debate de ideas urgente y reclamado por la militancia sobre la redefinición del proyecto del PSOE y de la socialdemocracia.

O sea: nómbrenme Secretario General que mi modelo es moldeable al gusto de mis fieles. Pero he aquí que acto seguido vuelve sobre sus pasos para indicar sí que es definitivo:

En definitiva es este nuestro programa político, tuyo, mío y de todos aquellos socialistas y simpatizantes que han aportado su granito de arena.

Es decir, que no es un documento abierto sino que, como es lógico, ya está cerrado. Lo cual no significa nada en un personaje que si no te gusta su discurso te lo cambia. De una doctrina, pues, de lo más cambiante, por inexistente. Por ejemplo, piensen en sus ya habituales vaivenes para con los podemitas, con los que, en el marco del progresismo, tan pronto ha confraternizado como se ha distancidoa, en función de cómo estén los sondeos.

Lo mismo ocurre con su concepto de España, en el que lo mismo cabe la soberanía única del pueblo español como la plurinacionalidad ‘cultural’ [sic; punto 139], aplicable, por ejemplo, a esa Cataluña de su entrañable Iceta, Comunidad Autónoma que él se ha encargado de definir como ‘nación’, aun cuando antes, con la misma naturalidad, dijera que no lo era.

Y así todo.

Por si son capaces de asomarse al panfleto y se toman la gran molestia de darle un vistazo a su revoltijo, les dejo ut infra un sumario que desbroza levemente un material que ni siquiera han sabido indizar, ordenar con algo de sensatez, y se quedan tan panchos presentándolo invadido de errores, contradicciones, lugares comunes, demagogia, simplezas y asamblearismo populista.

Y anden con cuidado los militantes o afliliados: el candidato quiere inundar el partido, las agrupaciones locales, de “simpatizantes, los ciudadanos y las organizaciones y plataformas cívicas“. [punto 209]

Por tanto, no se engañen. Ahora les necesita y dice que el partido es de los militantes, pero pregúntenle qué poder orgánico interno y competencias pretende adjudicarles a todos aquellos que anuncia que quiere introducir en la organización para ‘empoderarles’, participen y formen parte del PSOE [punto 209].

¿No se lo creen? Lean, lean más:

“Los simpatizantes serán una parte fundamental de la organización socialista tanto cualitativa como cuantitativamente. Para ser simpatizante del PSOE basta con registrarse como tal en un censo electrónico del PSOE y pagar una cantidad simbólica en el momento de su inscripción. Los simpatizantes, junto a los militantes, podrán participar y votar en la selección de candidatos para las elecciones en las diferentes instituciones representativas a todos los niveles.” [punto 215]

Háganme caso: el que avisa no es traidor.

EQM

Pedro Sánchez en Madrid, con J.L. Ábalos, al fondo

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Veinte años después

Santiago González en El Mundo, 120517.

Pedro Sánchez se me está convirtiendo en un personaje fascinante. Tiene, como el busto de la zorra en la fábula de Samaniego, una cabeza hermosa, pero sin seso. Y esto es evidente, incluso sin necesidad de olerlo. Pedro presentó ayer el programa junto a sus coordinadores, dos tipos a los que uno consideró inteligentes cuando entonces: Tezanos y Manu Escudero, los del Programa 2000. Es un cambio bastante radical respecto al que presentó en febrero.

Paco Pascual, redactor jefe de esta casa, le había hecho una entrevista estupefaciente el pasado 3 de mayo, en faena al alimón con Luis Angel Sanz. Hasta ahora, los políticos nos habían acostumbrado a hemerotecas caducifolias, pero Pedro ha acelerado este fenómeno hasta límites nunca sospechados.

En la misma charla se muestra muy crítico con Podemos, estableciendo con ellos distancias siderales en su programa económico, en materia territorial y organizativa, así como en su concepto de la democracia, pero “si gobernamos con ellos a nivel local y autonómico, ¿por qué no a nivel federal?” En los primeros compases invoca los resultados electorales de Francia para decir que el PSOE tiene que reivindicar su condición de partido de izquierdas. Los entrevistadores le recuerdan los resultados del PSF con el izquierdista Benoît Hamon a la cabeza y él dice entonces que “el sistema francés no es comparable al español”.

¿Cómo no entender a Susana Griso cuando en unos meses pasa de negarle a Cataluña el estatus de nación para reconocérselo después en una nación de naciones y ayer mismo en una nación cultural? “Los políticos tenemos derecho a evolucionar”, dijo y no seré yo quien lo encadene a ideas periclitadas o posiciones erróneas. Uno mismo era comunista hace 38 años, pero la evolución requiere un tiempo para merecer su nombre y saber lo que es España es un requisito básico para quien aspire a gobernarla. Es más, un aspirante a la Presidencia del Gobierno no es un becario; debería traerlo aprendido de casa.

Es verdad que ZP ya anunció el desastre al anunciar que “la nación es un concepto discutido y discutible”, pero su relativismo era un mal menor frente a las rotundas tomas de posición del candidato Sánchez y a sus radicales desmentidos. Lo de Sánchez es peor. Hace tiempo rematé una columna con un dicterio que a mí mismo me pareció muy negativo, “este chico no vale”, pero que en realidad se quedaba muy corto.

Ayer, un diputado socialista por Teruel, Ignacio Urquizu, publicó una tribuna en El País, que sus mentores, Escudero y Tezanos, o quizá Borrell, deberían recortarle, encarecerle su lectura con lápiz de subrayar y preguntarle después para garantizarse su cabal comprensión lectora.

España es una nación de naciones y dice que lo ha aprendido en su bienio de secretario general, periodo en el que ha visitado mucho Cataluña. O sus interlocutores no se expresaron bien o a Pedro le empieza a fallar el oído. Es más probable que sus contertulios le dijesen que “España es una ración de raciones”, por lo que ellos, en la duda, se piden siempre la más grande. Pobre Pedro, pobre PSOE, pobre España.

Ilustración de Eva Vázquez [España, 1970] en El País, 110517.

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Lo que decidimos los socialistas

Nadie fue derrocado de la secretaría general del PSOE, sino que dimitió; no hubo golpe de Estado, sino que el Comité Federal votó. La socialdemocracia del siglo XXI exige algo más que ‘situar al partido en la izquierda’, porque nunca se movió de ahí

Ignacio Urquizu en El País, 110517. Diputado del PSOE por Teruel, portavoz de Universidades en el Congreso y Profesor de Sociología en la UCM (en excedencia).

En los próximos días, los militantes del PSOE estamos llamados a decidir sobre nuestra Secretaría General. Lo hacemos en unas circunstancias excepcionales. Por un lado, preocupados por lo que está sucediendo en Europa. En Grecia, Italia, Holanda o Francia, las formaciones socialistas son muy minoritarias o están disueltas en alguna alianza progresista. Por otro lado, en el terreno doméstico, el PSOE se muestra incapaz de conectar con grupos sociales que son muy representativos de los valores de progreso (jóvenes, personas con estudios superiores o clases urbanas).

Es cierto que las primarias, al tener ingredientes presidencialistas, pueden

acabar en un simple debate de personas. Pero nuestras circunstancias excepcionales exigen de una deliberación más allá de los personalismos y los lugares comunes. Con las tres candidaturas, los socialistas estamos decidiendo sobre tres cuestiones fundamentales.

La primera de ellas es la forma de hacer política. Muchos analistas y representantes políticos todavía no entienden cómo debemos dirigirnos a una sociedad que está mucho más informada y formada que hace unas décadas. Si los que nos escuchan saben más, la consecuencia debería ser una mayor exigencia sobre nosotros mismos. Por ello, cada vez que utilizamos un argumento simplista, una parte de la ciudadanía duda de nosotros y nos resta credibilidad.

Algo de esto hay detrás del “no es no”. Cuando se reflexiona sobre ello, vemos que, dado nuestro modelo de investidura y la fragmentación actual del parlamento, la única posibilidad que existe para que el PSOE pudiese votar que no y hubiese un gobierno en este país es que el PP obtuviese por sí mismo 176 escaños. O dicho de otra forma, la principal consecuencia del “no es no” es votar tantas veces como sean necesarias hasta que el PP obtenga una mayoría cómoda.

De hecho, las encuestas de septiembre de 2016 apuntaban esta tendencia. Todas las estimaciones del PSOE estaban entre el 21 y el 22%, el mismo resultado o por debajo del que obtuvimos en las elecciones de junio. En cambio, el PP mostraba un ligero ascenso, situándose en algunas estimaciones en el 35%. La ciudadanía es mucho más inteligente de lo que presuponemos. Si los políticos no éramos capaces de desbloquear la situación, lo habría hecho ella con su voto. La principal consecuencia del “no es no” habría sido un Partido Popular más fuerte y un Partido Socialista más jibarizado.

Algunos podrían contestar que esto no cierto, que unas nuevas elecciones habrían generado una nueva mayoría progresista en el Congreso. No hay ningún dato que avale esta afirmación. Otra posible contestación es que existen mayorías alternativas en el actual parlamento. En el debate de presupuestos, el PP aún no ha alcanzado los 176 escaños. Al margen que bastante tenemos los socialistas con decidir qué hacemos con nuestros 84 diputados, como para decir al resto de grupos parlamentarios qué deben hacer con los suyos. En política, el respeto a los demás es fundamental.

La segunda cuestión en juego es qué entendemos por democracia. Gran parte del debate se ha centrado en la dimisión del anterior Secretario General bajo el argumento de que su legitimidad de origen nació del voto de la militancia. De ahí la controversia en torno al papel desempeñado por el Comité Federal. Esta materia exige abrir una reflexión sobre cómo funcionan los sistemas democráticos. En democracia, tan importante es el origen del poder (las urnas), como el control del poder y la división del poder. Los padres de la democracia norteamericana siempre tuvieron miedo a que aquel que tuviese el poder, pudiese abusar de él. Por ello diseñaron un sistema de pesos y contrapesos que limitara el ejercicio del poder.

Vayamos con un ejemplo. En el XXVIII Congreso del PSOE, Felipe González dimitió porque sus tesis de abandono del marxismo fueron rechazadas. ¿Esto significa que el secretario general fue derrocado por un golpe de estado? ¿Desde cuándo una votación de un órgano de representación es un ejercicio de autoritarismo?

Cargar de emotividad los hechos no nos da más la razón, solo hace la narración más impactante. Pero si de verdad nos preocupa la democracia dentro de nuestro partido, debemos abrir un debate riguroso. Ser Secretario General del PSOE siempre será difícil porque algunos entendemos que en esta tarea hay que ganarse la confianza todos los días. Algunos dicen que esto es ser cuestionado. Pero en democracia, el que tiene el poder siempre será cuestionado por los medios de comunicación y por la ciudadanía. Es esto lo que nos hace más democráticos.

La tercera materia sobre la que decidimos en el PSOE es qué entendemos por socialismo en el siglo XXI. Más allá de eslóganes fáciles como situar al partido en la izquierda, debemos llenar de verdadero contenido esta cuestión. ¿Es lo mismo hacer socialdemocracia en una sociedad de 8.000 dólares de renta per cápita que en una de 30.000? ¿Cómo se gana competitividad en economías abiertas y dentro de una unión monetaria? ¿Es posible desarrollar un proyecto progresista en sociedades cada vez más fragmentadas y polarizadas en sus demandas? ¿Cómo va a evolucionar la idea de ciudadanía en los próximos años? ¿Podemos mejorar la capacidad redistributiva de nuestro estado del bienestar? ¿Cómo vamos a enfrentarnos a la desigualdad territorial? Son cuestiones serias que exigen de algo más que un eslogan.

En definitiva, los socialistas somos herederos del legado que nos han dejado compañeros como Fernando de los Ríos, Julián Besteiro, Indalecio Prieto o Ernest Lluch. No es fácil estar a la altura de tantos y tantos militantes socialistas que hicieron de nuestros valores no solo el principio rector de sus vidas, sino que lo hicieron desde el rigor y la exigencia. Por ello vamos a tener que dar lo mejor de nosotros mismos. La rigurosidad de nuestros argumentos nos permitirá conectar con una nueva sociedad que espera mucho más de los socialistas.

Si en este debate de primarias reducimos todo a la comunicación, nos estaremos equivocando. Se puede tener un relato, pero eso no significa ni que sea cierto ni que obtengamos las respuestas correctas. Nadie fue derrocado, sino que dimitió; no hubo un golpe de estado, sino que los miembros del Comité Federal votaron; y la socialdemocracia del siglo XXI exige de algo más que “situar al PSOE en la izquierda”, porque nunca se movió de ese espacio ideológico. De aquí la transcendencia de lo que decidimos: si nos sumamos a la posverdad o empezamos a decir la verdad a la gente.

‘Sí es sí: Por una nueva socialdemocracia’ [mayo, 2017; pdf]

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Índice [elaborado por EQM; la indización y numeración del pdf es cosa de locos]

Preámbulo [pags 2 a 3].

1. El Camino de la Socialdemocracia [pags 4 a 6].

2. El marco estratégico [pags 6 a 10]. 2.1. Los principios y valores del socialismo son la principal línea de continuidad entre la vieja y la nueva socialdemocracia. 2.1.1. Nuestros valores: igualdad, libertad y solidaridad. 2.1.2. Tres nuevos principios de la socialdemocracia: igualdad de género, sostenibilidad ecológica y democracia social. 2.2. Los adversarios del proyecto del PSOE: el capitalismo neoliberal y el conservadurismo del PP. 2.3. Avanzar hacia una nueva sociedad.

[Nota de EQM: en el pdf los apartados 2.1 a 2.3 aparecen erróneamente como 1.1 a 1.3; 2.1.1. y 2.1.2. como 1.1.1 y 1.1.2].

3. Los retos estratégicos de nuestro tiempo [pags 10 a 48].
3.1. Cuatro alteraciones globales que afectan a España. 3.1.1. Detener el cambio climático e impulsar un progreso seguro. 3.1.2. Dar respuestas al envejecimiento de la población. 3.1.3. Políticas realistas y justas ante las grandes migraciones. 3.1.4. Coordinarse frente al terrorismo yihadista.
3.2. Los grandes retos estratégicos sociales y económicos. 3.2.1. Oportunidades de empleo y salario decentes para todos, comenzando por los jóvenes. 3.2.2. La organización del trabajo humano. ¿Hacia una Renta Básica? 3.2.3. Una transición firme a la economía digital, apostando por una economía productiva de base industrial. 3.2.4. Impulsar la economía colaborativa, social y solidaria. 3.2.5. Poner coto al poder abusivo de los oligopolios. 3.2.6. Hacia un nuevo modelo de progreso económico. 3.2.7. Ciudad, territorio, medio rural: un nuevo equilibrio. 3.2.7.1. Medio Rural: la producción de alimentos y más allá. 3.2.7.2. Ciudades Habitables. 3.2.8. La reconstrucción y actualización del Estado de bienestar. 3.2.9. La Educación: la clave del futuro. 3.2.10. Un compromiso con la Investigación y la Ciencia. 3.2.11. La Cultura: eje del país, derecho fundamental y motor de desarrollo. 3.2.12. Impulsar el desarrollo humano sostenible.
3.3. Los grandes retos en la esfera de la política. 3.3.1. El feminismo en la nueva socialdemocracia. 3.3.2. Nuevas políticas de igualdad. 3.3.3. Regenerar la democracia, erradicar la corrupción y proteger los derechos y libertades. 3.3.4. Una sociedad laica. 3.3.5. Un modelo territorial estable y equilibrado. 3.3.6. El municipio como espacio básico de desarrollo de la socialdemocracia. 3.3.7. Reformar la Constitución para reconocer y blindar nuevos derechos y libertades. 3.3.8. Una Alianza Progresista para Europa.

[Nota de EQM: en el pdf el apartado 3.1 aparece errónemanete como 1.1.; 3.1.1. a 3.1.4. como 1.1.1. a 1.1.4; el 3.2 como 1.2; 3.2.1 a 3.2.12 como 1.1.1. a 1.1.12.; 3.3 como 1.3.; 3.3.1. a 3.3.8 como 1.3.1 a 1.3.8].

4. Un modelo de partido para una nueva socialdemocracia [pags 48 a 57]. 4.1. Rendición de cuentas. 4.2. Militantes y simpatizantes. 4.3. Candidaturas del PSOE a las elecciones. 4.4. Financiación: sostenibilidad y transparencia. 4.5. Liderazgos: compartidos e integradores. 4.6. Buenas prácticas democráticas. 4.7. Adaptación de nuestra normativa, adaptación de nuestros procedimientos. 4.8. Alianzas estratégicas básicas.

[Nota de EQM: en el pdf los apartados 4.1 al 4.6 aparecen erróneamente como 1.1 al 1.6].

5. El Psoe que se necesita [pags 57 a 59].

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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