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Del sui generis olor en la escalera

Ya saben vd que en el panorama actual, nuestra española sociedad tiene tomada – social, mediática y judicialmente- la matrícula a la violencia, pero de un modo muy especial cuando ésta procede del hombre emparejado que la ejerce sobre su pareja, siempre que sea mujer.

Y me refiero a todo tipo de violencia, es decir, tanto la física como la psicológica.

Esta tipología ha tomado la denominación ‘violencia de género‘ y en tales casos nadie parece tener la menor duda de que el hombre que se presume la ha ejercido está en pleno uso de sus cabales, es presunto culpable, machista y heteropatriarcal y, en consecuencia, deben caer sobre él tanto la carga de la prueba de su inocencia como todos los males del infierno previos al enjuiciamiento: calabozo policial, pena de telediario, orden de alejamiento, pulsera preventiva, linchamiento social y juicio paralelo.

Nada, comparado con lo que le espera si es, finalmente, condenado como culpable incluso de una pelea de pareja: vitalicia ruina total de carácter económico, familiar, laboral, social y emocional, sobre todo si la mujer opta, como consecuencia de la disputa, por el divorcio. La violencia doméstica como modelo de tratamiento sui generis.

Nadie dudará que el ejercicio de la violencia, es decir, de aplicar medios violentos -uso de la fuerza, física o moral- a personas para vencer su resistencia, se aplica habitualmente por unas personas a otras que no reúnen la condición de ser sus parejas y, al tiempo, mujeres.

Pero todos esos otros tipos de violencia, estando tipificados en el Código Penal, no se encuentran en el mismo marco de amparo que cobija la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, porque el legislador considera que la mujer sobre la su pareja o expareja -aun sin convivencia y siempre que ésta sea hombre- ejerce violencia física o psicológica, ‘recibe la manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres‘.

Y eso es así porque el Parlamento ha decidido establecer para estos casos -no para los demás- especiales ‘medidas de protección integral cuya finalidad es prevenir, sancionar y erradicar esta violencia’, que es pública y repetidamente considerada como una lacra social, cuando España es considerada por la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea como uno de los países menos afectados por la violencia física o sexual de los hombres sobre sus parejas [informe oficial 2014]:

europa-2014

Todo esto viene a cuento de sucesos ocurridos últimamente en España y que han tenido a mujeres como a protagonistas en el ejercicio de violentas acciones, mayoritariamente, esta vez, contra ciclistas. Así:

La prensa, como es natural, no se ha cebado en tales noticias, ha evitado el linchamiento y también tratando de relativizar posibles juicios paralelos y acudiendo a argumentos relacionados con la enajenación mental, el crimen pasional o la adicción a las drogas.

Lo cual me parece muy sensato. Porque, como el legislador, yo opino que no nos encontramos ante unas tipologías de violencia que merezcan un marco legal de especial y distinta protección que la establecida por el Código Penal.

Porque no se trata de una lacra; ni es erradicable; ni se debe poner en cuestión la presunción de inocencia; ni el investigado tiene por qué sufrir penas de telediario, minutos institucionales de silencio o juicios paralelos; ni ser objeto de ‘sentencias justicieras’, acabar en manos de ‘justicias populares`o ser recibir el complementario castigo derivado de inducidas ‘alarmas sociales’.

Si, como pretendía Ciudadanos en sus comienzos, a la violencia doméstica le diéramos el mismo tratamiento, el enconamiento actual bajaría de revoluciones. La actual legislación específica es, en mi opinión y penalmente hablando, absolutamente innecesaria porque con utilizar las cuestiones generales de establecimiento de la pena, usando el juego de las circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, sería suficiente.

Y como normativa ‘ejemplarizante’ y preconizante de una imposible erradicación, -arrancar de raíz- o divulgadora de una inexistente criminalidad generalizada de naturaleza machista o heteropatriarcal, la estimo contraproducente y me parecería infinitamente más cercano a la equidad el tratar de que la penalización se establezca en base a circunstancias, agravantes, atenuantes o eximentes. Cuanto antes dejemos de politizar la justicia con iniciativas parlamentarias carentes de sensatez, ponderación y templanza, mucho mejor.

En fin, más nos valdría preocuparnos más en otras violencias, como, por ejemplo, la de tantos ancianos maltratados o en el umbral de la pobreza; con la luz de sus casas, cortada; inmersos en la desatención, por sus hijos; y de los que frecuentemente no hemos enterado que se han muerto porque el olor en la escalera resulta insoportable y un vecino se decide a llamar a los bomberos.

EQM

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tabla-blog-6Ver documento del Consejo General del Poder Judicial [2015;pdf]

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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