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ZPedro recupera la Secretaría General

Quien ha sido la ruina del PSOE recupera su Secretaría General con el apoyo del 50% de los los militantes que han ido a votar. Y no lo olvidemos: el socialista francés Benoît Hamon obtuvo un 58,6% en las primarias y los votantes de las elecciones presidenciales le dieron únicamente el 6%. Los militantes todo el mundo sabe que poco tienen que ver con los votantes.

Se consagra, pues, la división de un partido que tiene el otro partido repartido en un 40% para quienes, vía Susana Díaz, tienen un proyecto antagónico al que lidera ZPedro y otro 10% que patrocina la bucólica fraternidad del superviviente nato: Patxi López, ese corcho flotador en las aguas más bravas.

Susana Díaz ha tardado minutos en advertir públicamente a ZPedro que sus militantes seguirán estando en y con el partido, defendiendo una organización coherente, es decir, representativa, española y antipodemita. Exactamente lo contrario de lo predicado por el vencedor. Y dejando bien claro que su lealtad es para el partido y no para el bello.

Ahora viene el Congreso Federal, con las correspondientes elecciones previas de sus delegados y, lo que es más importante, la aprobación del nuevo proyecto político y la composición de la nueva Comisión Ejecutiva Federal y del nuevo Comité Federal. Después, los Congresos regionales.

Ya veremos cómo transcurre la deriva pero, por el momento, el PSOE está conformado por cuatro pseudocorrientes socialistas: la asamblearia y plurinacional de ZPedro; la española y representativa de Susana Díaz; y las de dame pan y llámame tonto de Patxi López e Izquierda Socialista [esta última como la única formal y legalmente constituida].

¿A quién le viene bien el actual caos? A todos los demás: al tecnócrata Mariano Rajoy; al centro geométrico -que no político- de Ciudadanos y al chavismo totalitario de Podemos. Y, por descontado, al nacionalismo golpista catalán, que pasa a tener más posibilidades de disfrutar del cuponazo vasco.

Notas significativas: La no militante Margarita Robles, ejerciendo en TVE/24h de portavoz sanchista sobre contienda militante. El arruinador ZP que, de derrota en derrota, ha sido borrado del mapa socialista y ya sólo le queda confirmar su fracasado cariño con el dictador Maduro.

Otrosí: El tradicional aparato del partido, repleto de sexagenarios profesionales vitalicios lo va a tener muy crudo y resultará muy interesante ver cómo se parapeta detrás de una Susana Díaz que, todo hay que decirlo, es una no líder carente de capacidad suficiente para le que fue designada, absolutamente huérfana de dotes para hacer pedagogía y que ha sufrido una flagrante derrota frente a un reconocido peligro público.

Zidane consigue la Liga para el Madrid

Los grandes equipos deportivos precisan más de un cohesionador de egos que de superespecialista en tácticas técnicas, por que para lo último basta con que al cohesionador le acompañe un grupo de estrategas que le ayuden a formarse una opinión y a tomar decisiones.

Zidane, además de un gran futbolista de esmeradísima técnica, lleva años conociendo las interioridades del fútbol, de los grandes clubes y de los mejores entrenadores.

El resultado salta a la vista: desde que llegó como un desahuciado, no ha dejado de ganar y transmitir tranquilidad, también con una filosofía zen -no exenta, en absoluto, de firmeza- que inunda de positivismo a todo cainita que se le acerca con ánimo de perjudicar al club.

No diré más. Enhorabuena al madridismo.

EQM

La ley ‘secreta’ para la independencia de Cataluña: La independencia de Cataluña será inmediata si no hay referéndum

Pedro Sánchez comparece tras proclamarse su victoria

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El ‘Brexit’ del PSOE

La victoria de Sánchez profundiza la crisis del Partido Socialista

Editorial de El País, 220517.

La victoria de Pedro Sánchez en las primarias del partido socialista sitúa al PSOE en una de las coyunturas más difíciles de su larga historia. El retorno a la secretaría general de un líder con un legado tan marcado por las derrotas electorales, las divisiones internas y los vaivenes ideológicos no puede sino provocar una profunda preocupación.

La propuesta programática y organizativa de Sánchez ha recogido con suma eficacia otras experiencias de nuestro entorno, desde el Brexit hasta el referéndum colombiano o la victoria de Trump, donde la emoción y la indignación ciega se han contrapuesto exitosamente a la razón, los argumentos y el contraste de los hechos. En este sentido, la victoria de Sánchez no es ajena al contexto político de crisis de la democracia representativa, en el que se imponen con suma facilidad la demagogia, las medias o falsas verdades y las promesas de imposible cumplimiento.

Finalmente España ha sufrido también su momento populista. Y lo ha sufrido en el corazón de un partido esencial para la gobernabilidad de nuestro país, un partido que desde la moderación ha protagonizado algunos de los años más prósperos y renovadores de nuestra historia reciente. Lo mismo le ocurrió en los meses pasados al socialismo francés, que se encuentra al borde de la desaparición de la mano del radical Benoît Hamon.

Y un desastre parecido se avecina en el laborismo británico, dirigido por el populista Jeremy Corbyn. Sería ilusorio pensar que el PSOE no está en este momento ante un riesgo de la misma naturaleza. En todos los casos, la demagogia —conocida en Podemos o Trump— de los de abajo contra los de arriba se ha impuesto a la evidencia de la verdad, los méritos y la razón. Debemos asumir que esto nos sitúa ante una situación muy difícil para nuestro sistema político.

Sánchez ha construido su campaña sobre dos promesas de imposible cumplimiento. Una, conformar, con la actual configuración del Parlamento, una mayoría de gobierno alternativa al Partido Popular. Pero aunque se haya pretendido convencer a la militancia de que entonces se pudo pero no se quiso, esa mayoría fue imposible en octubre pasado y lo es también ahora, pues el PSOE no tiene la fuerza ni la capacidad de construir una mayoría de gobierno estable.

La segunda promesa ha sido la de redibujar el Partido Socialista como una organización sin instancias intermedias en la que solo existe un líder, el secretario general, y los militantes. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: el PSOE es un partido profundamente descentralizado, tanto desde el punto de vista orgánico como territorial, donde existen múltiples instancias de poder con las que es inevitable contar. No entender ni respetar esa pluralidad y complejidad es lo que le llevó a perder la secretaría general en octubre pasado.

Fue la combinación de esos dos hechos, la imposibilidad de gobernar y la negativa a aceptar las consecuencias, lo que llevó a Pedro Sánchez a perder el apoyo del comité federal y, eventualmente, a dimitir. Las circunstancias no han cambiado, así que Sánchez vuelve al punto de partida de octubre. Con una diferencia crucial: que lo hace después de una serie de giros ideológicos en cuestiones clave (las alianzas con Podemos y el concepto de nación) que le alejan aún más de la posibilidad de gobernar.

En un momento en el que España enfrenta un grave problema territorial en Cataluña, era más necesario que nunca que el PSOE se configurase como un partido estable y capaz de suscitar amplios apoyos. Lamentablemente, el proyecto de Sánchez, en el que no cuenta con nadie que represente el legado de 22 años de Gobierno del PSOE ni ningún poder territorial significativo, aboca al partido a la profundización de una ya gravísima crisis interna.

Como demuestran las debacles electorales que sufren los socialistas en toda Europa, y como ya han experimentado los socialistas en España, los márgenes para la supervivencia y relevancia del proyecto que aspiran a encarnar son de por sí ya muy estrechos.

En esas circunstancias, la confusión ideológica y el modelo de partido asambleario en el que se ha apoyado Sánchez fácilmente podrá desmovilizar aún más a sus votantes y alejar a los socialistas del poder.

Marcelo y Sergio Ramos tras el partido

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Una generación vengada

Manuel Jabois en El País, 210517.

La generación madridista del 78 hizo tres viajes de fin de curso a Tenerife, dos de ellos sin su consentimiento. Fue una generación arruinada en la adolescencia por dos Ligas perdidas, la primera increíble y la segunda cantada. Desde entonces esa generación no tolera los porteros con gorra, los defensas con bigote, los delanteros calvos y, por encima de todas las cosas, los madridistas.

Los madridistas son un pueblo sin rumbo que no cabe en su país, como los holandeses, y a veces terminan asentándose lejos de casa. La paradoja es que el madridista sólo puede volver a su país de una manera: arrebatándole al Madrid un título. Valdano fue la excepción, pues la Liga que le quitó el Tenerife al Madrid fue tan cruel que le hizo falta ganar otra en las mismas circunstancias. Y así fue como a la edad en la que nuestra generación empezaba a perder cursos, virginidad y vergüenza, los madridistas ya estábamos perdiendo ligas, como nuestros padres.

Uno de aquellos jugadores que se fue llorando de Tenerife estaba en el banquillo del Málaga, tan cansado de sonar que avisó de que él era “más madridista que Valdano”, un mensaje que significa que nadie tiene más ganas de volver al Bernabéu que él, o sea de quitarle un título al Real. Con el 0-2 de La Rosaleda y el 0-2 del Camp Nou Míchel lo tenía medio hecho; el Madrid necesita estar contra las cuerdas para ganar y tenerlo todo hecho para perder.

Se impuso, sin embargo, el Madrid irreconocible: el Madrid que sigue un guión de certezas y no de santos milagreros. Fue el mismo Madrid que esta temporada se levantó después de dos palos que en otras épocas, presa de sus desequilibrios internos y su extraña poética del derrumbe, le dejarían sonado como en la Primavera de Queiroz. Al 2-3 del Barça en el último minuto del Bernabéu, con la Liga a la deriva, Zidane respondió sacando a los suplentes en el resto de partidos. Al 2-0 que el Atleti logró en diez minutos el Madrid respondió quedándose el balón e improvisando el control de un partido herido de muerte.

Un directivo afirmaba antes de Málaga: “Es probable que sea el grupo humano de más calidad que hemos tenido en los últimos veinte años”.

A la adolescencia de la generación madridista del 78, educada en colegios de curas de Eindhoven y Milan, Tenerife le abrió los ojos y el propio Madrid, cuando crecimos, se los volvió a cerrar intercalando Ligas sueltas entre Champions Leagues.

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Notas.-

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