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El doblete del Rey

Santiago González en El Mundo, 290517.

El sábado debió de ser una dura jornada para el Rey de España. Por la mañana presidió el desfile militar del Día de las Fuerzas Armadas, en compañía de la Reina. Con uniforme de capitán general y en su calidad de Jefe Supremo de los tres Ejércitos, asistió Don Felipe al desfile más lucido de los últimos años, con 2.500 efectivos, 160 vehículos y 63 aeronaves.

Al caer la noche le tocaba presidir la final de la Copa de su nombre, ya en solitario, porque la Reina, como las hijas del pueblo, sabe distinguir los eventos a los que asistir de los que no. La esposa de Zapatero ya había mostrado una rara habilidad para seleccionar los actos que debía fijar en su agenda. Uno, hijo del pueblo, al fin y al cabo, lo comprende: ¿para qué voy a ir a un acto en el que se me insulta? No hay duda entre presidir el desfile ordenado y disciplinado de una brigada y asistir al espectáculo de una tropa grosera y semoviente, vociferando contra el patrocinador de un trofeo que sus respectivos equipos se disputan con mucho afán.

El Barça es el equipo que más se parece a España. Es el que ha ganado más copas, aunque reivindique extranjería. Fue también, ex aequo con el Athletic, el que más copas ganó en el franquismo, cuando se llamaba Copa del Generalísimo, empatados a nueve ambos equipos. Jamás en esos 18 años pitaron al jefe del Estado, ni a la Marcha Real, aunque el himno fuera el mismo. Barça y Athletic son los dos equipos cuyas aficiones se entienden mejor a la hora de pitar y abuchear al Rey y al himno nacional en las finales de la Copa del Rey. El equipo catalán no mojó durante la República; el vasco tres veces.

El Alavés no fue el Athletic, pero basta que uno de los dos finalistas sea el Barcelona para que esté garantizada la asonada. Hubo pitos y abucheos en un Vicente Calderón agónico que mostraba calvas en los graderíos. La pitada fue protocolaria, como decía mi querido Camacho en su columna del sábado, y está extrañamente a juego. Las Juntas Generales de Bizkaia han prohibido que la selección española pueda jugar en San Mamés con los votos del PNV, EH Bildu y Podemos. Todos los jugadores del Athletic se perecen porque Lopetegui les llame a la selección, pero ninguno de ellos dirá ni mú por una decisión que forzosamente ha de parecerles estúpida.

Tras un partido jugado entre Francia y Túnez en el Stade de France, en el que se abucheó el himno nacional, Sarkozy hizo saber en 2008 que si en un partido de la selección francesa volviera a pasar lo mismo durante la interpretación de La Marsellesa, el encuentro quedaría suspendido y se reanudaría cuando las autoridades lo determinasen.

El Barça es también un equipo muy español en otro aspecto. Más que un club, un partido. Como cualquier partido tiene a sus figuras en trance judicial: sus dos últimos presidentes, el propio club y sus estrellas relevantes, ya condenadas por delito fiscal: Messi, Mascherano, Neymar y la madre que parió a este último en sentido estricto, née Nadine Gonçalves y procesada desde hace pocos meses.

Uno envidia ese respeto tan francés hacia los símbolos y admiró hasta a un mindundi como Hollande cuando se puso a cantar La Marsellesa en la Asamblea Nacional tras los atentados de París. Creo que el Rey no debería tolerar esa reglada burla a nuestros símbolos y a sí mismo. Y si el Gobierno y la Federación son incapaces de encontrar una solución Sarkozy, sería preferible que plantase a aquella chusma al primer silbido, indicando a los presidentes que le comunicaran al final el nombre del ganador para que la Casa del Rey les enviara el trofeo por SEUR.

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La pitada de protocolo

Ignacio Camacho en ABC, 280517.

· Las autoridades deportivas hacen lo mismo que la clase política y económica: obviar la tensión a ver si se resuelve sola.

Además de despedir al histórico estadio Calderón, triste y arbitrariamente sentenciado, la final de Copa ofrece una vez más el aliciente extra de la tradicional pitada al Rey y al himno nacional, convertida en costumbre casi protocolaria cuando disputan el título el Barça y algún equipo vasco. Ya ni siquiera es objeto de debate; la opinión pública ha terminado por aceptar como una rutina la ofensa impune a los símbolos del Estado.

Este año el decaído espíritu de la afición culé, mortificada por el bajón competitivo y el protagonismo de la directiva en los juzgados, puede rebajar por puro abatimiento la intensidad del agravio; habrá que ver también si el antiespañolismo irreductible cuenta entre los seguidores del Alavés con respaldo mayoritario.

Pero resulta desalentador que sea el estado de ánimo de los alborotadores el que determine si el ultraje se comete con displicencia o con entusiasmo. Es sorprendente la resignación con que las autoridades del deporte y la política se han dado por vencidas en la batallita de los silbatos. Se diría que se conforman con que sea el precio de que el Barcelona participe en una competición nacional que demuestra la evidencia de que Cataluña todavía no se ha desconectado.

A este respecto se echa de menos que el mundo del fútbol, con su enorme dimensión emocional, se comprometa con la integridad de la nación en la parte que le toca. Por absurdo que parezca, los secesionistas cuentan en su delirio con que los clubes catalanes continúen tras la hipotética ruptura jugando en la Liga española. Otra superchería, otra posverdad, otra trola que, como todas, triunfa cuando nadie la desmiente con suficiente energía clarificadora.

En esta clase de debates de índole sentimental hay argumentos banales de apariencia que sin embargo contienen gran fuerza simbólica, y no es insignificante el del aislamiento en que la independencia sumiría al que presume con razón de ser uno de los grandes equipos de Europa. La Federación y la Liga, empero, rehúyen con apatía pusilánime el envite de exponer a los aficionados de Cataluña una certeza necesaria, antipática e incómoda: la de que al día siguiente de la secesión el Barça triomfant tendría que defender su rutilante liderazgo ante el Mollerussa, el Palamós o el Nástic de Tarragona.

En vez de eso, los dirigentes del deporte español callan y se amoldan. Toleran con encogimiento el fanfarroneo soberanista del Camp Nou, transigen con la exhibición de esteladas y bajan la mirada cuando suenan ante sus narices los abucheos a la Corona. Aceptan el desdén y la afrenta como hábito, declinan su responsabilidad, minimizan el conflicto a ver si el cansancio lo atempera o la repetición lo afloja. Hacen, en suma, lo mismo que el Gobierno y casi toda la élite política y económica: desistir, contemporizar con el desafío, quedarse al margen y esperar que la tensión se rebaje sola.

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La ultima copa monarquica del Barça

Julián Ruiz en su blog, 270517.

No hubo final. Cuando Messi sale de la lámpara de Aladino , se acaba cualquier fiesta,  por maravillosa que la hubieran organizado los bulliciosos alaveses que acudieron tan felices al viejo Manzanares. Por cierto, un estadio que van a derribar por vaya usted a saber que intereses espúrios, para escarnio de los sufridos atléticos, que son penitentes feligreses de los desmanes económicos de sus dirigentes.

Da igual que Luis Enrique demostrara una vez más que es el peor técnico del Barça de los últimos años. Bastante peor que Serra Ferrer y el Tata Martino, incluso. En tres temporadas ha borrado toda identidad, sistema y estilo de un edificio futbolístico que diseñaron Rijkaard y Guardiola. No quedan ni los huesos del esqueleto del edifico. Sólo queda el genio Messi .

Lo peor no es como juega actualmente el Barcelona, con un sistema que ni se parece remotamente a pasadas glorias. Lo peor es lo que viene. Con Iniesta más mayor, sin lateral derecho, sin central, con Busquets en decadencia y con Rakitic que se hace el croata. Por si fuera poco , Neymar es el puro Guadiana y no es un jugador fiable. Mientras muchos barcelonistas de corazón piden la dimisión del imputado Bartomeu , nadie sabe quien será el arquitecto eficaz para construir un nuevo Barcelona. Valverde, con perdón, me parece un técnico insignificante, un modesto arquitecto para construir al nuevo y fantástico Barcelona.

Quiero alzar mi vaso y brindar con fervor a una valiente Alavés, que con el talento de Pellegrino y un equipo de valientes , ha llegado adonde ha llegado. Porque seguro que pensaron que lo imposible era sólo un fantasma de  miedosos y refugio de los cobardes. En cualquier caso, este Alavés ha sido el verdadero as de oro Fournier de la baraja de la Copa. Exuberante el gol de Theo. Maravilloso Alavés , que se convirtió  en un dolor de cabeza terrible para el ridículo Barça de la segunda fase. 

La pena que me queda es que esta puede ser la última Copa del Rey del gran Barcelona , si tal como amenazan , van a centrarse los independistas en la desconexión  del estado español. Siempre digo que cuando alguien dice que se va, es que ya se ha ido. No seré quien que les detenga. Lo que siento es perder a un maravilloso club de fútbol en la Liga, incluso en la Copa de un Rey que no quieren.

Es esperpéntico, surrealista , porque “Spain is different” ver y oír como insultan al rey”, con esas sorprendentes “esteladas” , mientras que silban el himno español, ante la ausencia de autoridad o de justicia por parte de los dirigentes deportivos, civiles o gubernamentales. Grotesco. ¿Se imagina a los ingleses silbar  su “God save the Queen “ e insultar y silbar a su reina”?.

Desde mi vocación con corazón de tigre universal , les deseo mucha suerte a los catalanes que desean la independencia. Es una pena, pero comprendo que sea irreversible. Aún así no me perderé ver  jugar a Messi , porque sería un sacrilegio con la devoción que le profeso . Iré a verle jugar , a pesar de que me tenga que presentar con pasaporte español, aunque  Piqué sea el presidente del “mes que un club, una patria” y con Shakira de embajadora o ministra de asuntos exteriores.

En cuanto a Tele 5 es y su retransmisión fue un disparate ridículo. Un desatino desde la realización hasta sus comentaristas, todos del Barcelona. ¿Quien será el mamarracho de jefe que tolera la retransmisión?. Que se lo pregunten a Berlusconi, aunque este se haya pasado a los chinos. Pagan más.

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Notas.-

El título ‘La Copa del Rey de pitos‘ es idea del gran Luigi.

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