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Querer y poder

Insisto en mi tesis ya mencionada: ZPedro y su gente -otro aparato más- han dedicado el Congreso a su asamblearia militancia pseudopodemita, para que se vayan contentos a casa. No vaya a ser que esta vez sean ellos mismos los que, defraudados en lo más íntimo, le devuelvan al paro.

Y si, de paso, recoge votos de los huidos con los chavistas y sosiega un tanto a los siempre inquietantes socialistas-nacionalista pro Iceta, mejor que mejor.

Pero sólo los ingenuos desconocen que la política, como arte de lo posible, es otra cosa y, muy a su pesar, en su Ejecutiva hay algunos -pocos, es verdad- que hasta ahí, llegan… y le han dicho al bello que juegue con el lenguaje lo que quiera -sin demasiados excesos, please- pero que no se olvide de que la soberanía sigue residiendo en el pueblo español.

En estos tiempos en que la palabra dada no vale nada -vean vds la de veces que el beatle catalán le ha dicho a Mariano que están dando un golpe- y en que todo es discutido y discutible, soltar barbaridades es ya tan sustancial como enviar un wasap…

En eso consisten los cantos de sirena, basados en la épica de los plurisentimientos nacionalistas, hacia una pluriciudadanía que se aloca por las plurisingularidades pluripreferentes y pluridiscriminatorias, vendidas como lucha por las plurigualdades, incluso de género [asómense vds, verbigracia, a ese 60%-40% de hombres en su recién propuesta y elegida Comisión Ejecutiva].

Si hay que vestir a España, soberana nación, con ropa interior plurinacional, adornada de pluriencajes preferenciales milenariamente fundados…, se viste y punto. Otra cosa sería si a alguien se le ocurriese caer en la cuenta de que tal reforma constitucional exige cumplir las condiciones establecidas por el art 168 de la Constitución Española, que ZPedro sabe que nunca podrán darse.

Una muestra más del socialista pluripayaseo semántico, descerebrado y zpedrista es que al servicial Patxi López, cuando ha llegado la hora de la verdad, no se han atrevido a nombrarle Secretario de Política Pluninacional y lo han dejado en federal… . Eso sí: a su santa, la compañera Begoña Gil, que ya es concejala del Ayuntamiento de Bilbao por el PSE, también la ha metido en el Comité Federal.

EQM

Artículo 168 de la Constitución Española

1. Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución o una parcial que afecte al Título preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, o al Título II, se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

2. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras.

3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación.

Secuencia de ‘El jovencito frankenstein‘ [1974], dirigida por Mel Brooks.

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Un Gobierno Frónkonstin

Santiago González en El Mundo, 190617.

No tengo para olvidar la actuación de Patxi López en el debate de las primarias: “Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?” Fue evidente que no, y es de aplaudir que ahora haya incorporado a alguien que se lo pueda explicar. A Patxi le bastará cambiar los signos de interrogación por otros de admiración: “Pedro, ¡tú sabes lo que es una nación!”

Sánchez ha hecho una Ejecutiva numerosa como un comité central del PCUS, pero hueca como su discurso de ayer a mediodía, una réplica al de Iglesias en el Congreso. Su discurso era la intervención que no pudo hacer en la moción de censura.

Sacó adelante la plurinacionalidad Si ya se liaba con una nación imaginen el cacao que debe de tener con 17. Si esa extravagancia fuera capaz de calmar los pruritos del secesionismo catalán, será incompatible con la soberanía nacional (art.1.2 de la C.E.) y si defiende el concepto de soberanía no satisfará a los separatistas.

Amontonó citas y referencias: Willy Brandt y Txiki Benegas, Pedro Zerolo, Peces Barba y Carme Chacón, Bob Dylan y la Revolución francesa en una intervención bastante inane. Felipe había saludado ¡por plasma! desde la lejana Colombia y todos los secretarios generales pasaron del mitin de clausura del 39º Congreso: Felipe, Almunia, Zapatero y Rubalcaba.

Hablaba para un partido a la altura intelectual y política de su líder. Iratxe García, responsable de Política Internacional había escrito de Helmut Kohl, “gran socialdemócrata, gran europeísta… Una importante pérdida”, error disculpable, si bien se mira. Margaret Thatcher, qué gran líder laborista.

Meritxell Batet, explicaba su concepto de nación en gran entrevista de Leyre Iglesias: “Bueno el mío es dependiendo del contexto en el que hablemos”. Todo estaba ya en Zapatero: “la nación es un concepto discutido y discutible”. A ver, siempre me ha parecido un buen personaje ‘San Manuel Bueno, mártir’. No le afearé yo su agnosticismo, o el relativismo a Zapatero, pero hay dudas que no se pueden sostener en el púlpito si eres el párroco, ni en la política si eres el presidente del Gobierno, ni en el chiste de Eugenio si eres el director del colegio.

Meritxell, mi Meritxell, llevó la grosskoalition a su dormitorio: 11 años con un marido del PP. Esto no sé si se puede decir, pero no será tan grave como escribir “la novia de Pablo”, que como todo el mundo sabe fue elegida portavoz por los círculos de Podemos. Me acojo en todo caso a la excepción que nuestra pequeña Krupskaia estableció al citar dos veces a López del Hierro como “el marido de la ministra de Defensa”.

Adriana Lastra, la número Dos, ayuna de estudios y de cotizaciones a la Seguridad Social fuera del partido. Luego está lo del número Tres, que el sábado explicaba en estas páginas que “La política consiste en hacer posible lo imposible”. La cuadratura del círculo. Y cuando le preguntaba Luis Sanz por la posibilidad de que el PSOE promueva lo que se temía C’s, ‘un Gobierno Frankenstein’ respondió: “Frankenstein está muy asociado al horror.

Para horror el que él (Rivera) mantiene con el Gobierno de Rajoy, No estamos por un Gobierno Frankenstein ni por uno de otro tipo, del conde Drácula, vaya”. No es por el horror, sino por el patchwork, mi admirado Ábalos, y el invento no es de Rivera, sino de Rubalcaba. Pero a lo que cabe esperar de Pedro y la cuadrilla le vendría mejor el nombre de “Un Gobierno Frónkonstin”. A la hora de robar el cerebro para ponerle al monstruo, a Aigor se le cayó el del sabio y se apañó con uno etiquetado ‘A Normal’. Esa es la cosa.

Pedro Sánchez, durante el acto de clausura del Congreso Federal del partido, este domingo. Emilio Naranjo / EFE

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Después de Pedro Sánchez, Pedro Sánchez

El líder del PSOE se presenta como novedad, emprende un lenguaje agresivo y convierte el Congreso del PSOE en un Congreso sobre el PP

Ruben Amón en El País, 190617.

No estaba claro si era un congreso del PSOE o un congreso sobre el PP, especialmente porque la homilía demagógica de Pedro Sánchez -los niños hambrientos, el joven sin trabajo, la enfermera precaria, el anciano sin sustento- enfatizaba el apocalipsis marianista como pretexto o justificación de la catarsis que él mismo representa.

El gran mérito de Pedro Sánchez consiste en haberse introducido como novedad de la política y como revulsivo del socialismo. La memoria de su discurso triunfal alcanzó a convocar el espíritu del 15M -seis años han transcurrido-, pero no a responsabilizarse de su gestión política. Sánchez habla como si no hubiera sido líder del PSOE. Como si no hubiera perdido las elecciones en dos ocasiones consecutivas. Como si no hubiera intentado llegar a la Moncloa. Como si no fuera siquiera Pedro Sánchez.

La operación de amnesia ha funcionado tanto como no lo hizo el susanismo, hasta el extremo de que el propio Sánchez se concedió la dramaturgia de un mitin multitudinario en el mismo escenario que había elegido la presidenta andaluza para su desembarco hace menos de tres meses. Arropaban entonces a Díaz todos los patriarcas y evangelistas del socialismo que ayer decidieron ausentarse.

Por miedo al abucheo. Por discrepancia silenciosa. Por coherencia política. Y porque Pedro Sánchez quería “recogerse” con las bases, proclamarlas como aval abstracto de su política “colectiva” y como marea de la Ejecutiva que el secretario general ha creado a su medida: apareció con la música de Guns and Roses, pistolas y rosas en el reguero del ajuste de cuentas.

Sánchez se ha rodeado de sanchistas, empezando por él mismo. Ha eludido la integración y la pluralidad, incluso le ha concedido a Patxi López el papel de coartada decorativa. Se trataba de reaccionar al escarmiento con que fue evacuado y de asegurarse una estrategia que fomenta el hiperliderazgo providencial.

Es la paradoja de un supuesto modelo asambleario, pero no existe mejor argumento unificador ni mayor poder delegado que la aversión al marianismo. El “no es no” ha convertido a Sánchez en epígono de sí mismo, en razón poderosa de su victoria en las primarias, y prevalece ahora como el combustible de su proyecto inmediato.

No tiene en la cabeza una moción de censura, pero sí aspira a neutralizar al Gobierno del PP, “desmantelar” la actividad legislativa de Mariano Rajoy, convertirse en cerebro extraparlamentario y muñidor de la coreografía opositora. Sánchez se corona líder del PSOE y se proclama como primer antagonista del presidente del Gobierno.

La ambición cuestiona el espacio político que Pablo Iglesias pretendía haberse asegurado y predispone una incendiaria convivencia en la izquierda. A Sánchez no le gusta Iglesias pero necesita a sus votantes. Cortejarlos requiere un viraje ideológico a expensas del caladero del centro, pero el golpe de timón no implica entregarse a Podemos. Significa intentar tratarlo desde una posición de superioridad.

El problema consiste en el peligro de imitar a Iglesias. Su discurso “histórico” del 18J en Ifema parecía inspirarse en el lenguaje beligerante de Podemos y en todos los clichés del sistema corrupto. Condescendía Sánchez con la memoria de Willy Brandt, citaba a los héroes caídos, elogiaba la clarividencia de Carme Chacón, pero la homilía del desquite parecía hecha a la medida del padre Ángel. Que ocupaba un sitio postinero entre los invitados. Y cuya presencia concedía al mitin la excomunión de la casta, no digamos cuando Sánchez se aferró a las rosas para citar en vano a Bob Dylan: “las cosas están cambiando”.

Decepcionante PSOE

El tacticismo y la confusión ideológica dominan el 39º congreso

Editorial de El País, 190617.

Tal y como prometió Pedro Sánchez al acceder a la secretaría general, el 39º congreso del partido socialista ha alumbrado un nuevo PSOE. Este es el caso en el ámbito organizativo, donde la Comisión Ejecutiva Federal resultante del congreso no refleja, en palabras de sus responsables, un esfuerzo de “integración” entre diferentes ámbitos, sensibilidades y territorios, sino de “eficacia”, es decir, de unidad en torno a su líder.

Se trata pues de una ejecutiva hecha a medida de Pedro Sánchez que pone fin al modelo descentralizado e incluyente que tradicionalmente ha inspirado estos procesos en un partido hasta ahora federal en sus esencias y tradiciones organizativas.

Más preocupante resulta, sin embargo, el supuesto giro ideológico adoptado por los socialistas bajo la batuta de su nuevo secretario general, que tiene mucho de retórico y poco de sustantivo. Transcurridos casi 140 años desde su fundación, asombra que se proclame al PSOE como un partido de izquierdas socialdemócrata y, a la vez, se pretenda dicha declaración como una novedad que marca un antes y un después.

Convendría que, en aras de la claridad, Sánchez y su equipo precisaran de qué signo ideológico consideran que fueron los Gobiernos de González y Zapatero y qué políticas hicieron durante sus 21 años en la Moncloa (¿de derechas?, ¿neoliberales?) y en qué exactamente pretende distinguirse de ellos. Pero seguramente sería en vano pues esa definición es solo táctica, como todo en este nuevo PSOE, y solo aspira a atraer a los votantes de Podemos.

Igualmente preocupante resulta la confusión en torno a la cuestión territorial, donde el nuevo PSOE quiere a la vez una cosa, la soberanía nacional única e indivisible en manos de la nación española consagrada en el artículo 2 de la Constitución vigente, y su contraria, es decir, el reconocimiento de una plurinacionalidad resultado de la conformación de España como “nación de naciones”.

Aquí también, un mínimo rigor llevaría a aceptar que una fórmula así es esencialmente contradictoria. Pero otra vez, las aclaraciones que se ofrecen, que devuelven al PSOE a la propuesta federalista formulada por los socialistas en Granada en 2013, muestran que se trata de otro giro táctico, en este caso dirigido a atraer a los nacionalistas.

Así las cosas, lo único evidente en el nuevo PSOE es que combina una hostilidad visceral al PP, un partido esencial si se quiere reformar la Constitución con garantías de éxito, con continuos guiños a Podemos y los independentistas, cuyo compromiso con la Constitución, bien por razones ideológicas o territoriales, es débil cuando no inexistente.

El nuevo PSOE quiere sembrar entre los votantes de izquierda la esperanza de que es posible desalojar a Rajoy de La Moncloa este mismo otoño. Todo ello pese a que, como se ha visto en la investidura, la negociación presupuestaria y la moción de censura, la aritmética parlamentaria actual no dé para ese empeño.

Políticamente, además, es dudoso que un partido tan desdibujado por el tacticismo y la confusión sea capaz de conformar una alternativa viable y a la vez estable al bloque conformado por el PP y Ciudadanos, que la inconsistencia del nuevo PSOE sin duda cimentará al convertirlos en adalides de la estabilidad.

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