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Que sí, que no, que me abstengo

Yo participo de la opinión de que la glorificada globalización encubre mucha delincuencia social patrocinada por una economía de mercado insaciable contra la ciudadanía y a la que la democracia no le dice nada.

Como nadie actúa contra eso, que es lo principal, me resulta sonrojante que los zopencos de la nueva izquierda sanchista se dedique a perder su tiempo en lapidar a CETA, impulsada por su competidor bolivariano, mientras, por ejemplo, miles de chinos están arrasando el comercio y la economía en España sin otro tratado que el de que sus miles y miles de contenedores se cuelen diariamente por los puertos españoles.

El Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio o Acuerdo Económico y Comercial Global [CETA] es una propuesta de tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá de lo más cabal. Si Canadá no nos resulta razonable, también en cuanto a las condiciones en las que compiten con nosotros, no sé yo con quién podremos llegar a entendernos.

Después de unas negociaciones que han durado siete años, finalmente el Acuerdo fue aprobado por el Consejo de la Unión Europea, fue aprobado por la Eurocámara el pasado 15 de febrero con el apoyo del PSOE; ahora está a la espera de ser ratificado por los parlamentos nacionales de los Estados Miembros, es decir, también de España, que lo votará la semana que viene.

Pues bien, el Grupo Parlamentario Socialista del pluriZPedro, un día después de haber votado otra vez a favor en la Comisión de Exteriores del Congreso, ha hecho saber que de eso nada y que, en la misma línea de Podemos y los Sindicatos, donde dijo Si comunica a la ciudadanía que va a decir que No.

Primero a través de la nueva Presidenta, Cristina Narbona, que alegaba ecológicamente este martes que la propuesta ‘no es de izquierdas‘ y que:

Después hace su aparición la nueva Portavoz del Grupo Parlamentario, la independiente Margarita Robles, quien añade que tendrán que consultarlo con ‘los agentes económicos y sociales‘, que debería haberse pedido informe al Consejo General del Poder Judicial [sic] y que, tranquilos, que se tomará una decisión ponderada.

Y en eso que, casualmente, aparece por Madrid Pierre Moscovici, miembro destacado del Partido Socialista francés, del Partido de los Socialista Europeo [al que pertenece también el PSOE] y actual Comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Fiscalidad y Aduanas en la Comisión Juncker.

Que llama a pluriZPedro, se reúne con él y lo pone a parir. Hoy pueden leer en la prensa el grueso calibre de las calificaciones que le dedica en sus declaraciones a los medios. De todo menos bonito:

Recomendó al PSOE que represente a una “izquierda creíble y europea”. “Ser de izquierdas no es estar contra la globalizacion”. “Un partido de izquierdas tiene que estar a la izquierda si quiere tener la confianza de sus votantes, pero tiene que ser creíble y europeísta si quiere ser un partido de gobierno”. “Aconsejaré a Pedro Sánchez que no siga el camino de los socialistas franceses. Un 6% duele”.  Los partidos con posibilidades de gobierno deben respetar el “patrimonio común” que constituyen ‘las ideas y el proyecto europeístas‘. “Es importante que los grandes partidos españoles guarden el europeísmo”.

El nuevo líder, que recibe llamadas estupefactas hasta de sus propios europarlamentarios, se da cuenta de que, una vez más, ha metido la pata, recula y acaba concediendo que se abstendrán en la votación parlamentaria de la semana que viene.

Ya enseñó la patita populista hace casi tres años, en julio de 2014, en su primera etapa como Secretario General, cuando ya ordenó que el PSOE se apartara del acuerdo clave del Partido de los Socialistas Europeos consistente en que los eurodiputados socialistas votaran a favor del conservador Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea.

Esto es lo que hay: cuando uno da todo lo que puede y es notoriamente poco, resulta ingenuo esperar que dé más. Y, de estas, desgraciadamente, tendremos otras muchas, pierdan cuidado.

EQM

  • La última perla, por ahora: La Secretaria de Cohesión Social del nuevo PSOE, Núria Parlon, aboga por apelar a la comunidad internacional si el Gobierno aplica el artículo 155  rechaza el referéndum de independencia.

Ayer, Pedro Sánchez y Pierre Moscovici, del Partido Socialista fracés y actual Comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Fiscalidad y Aduanas en la Comisión Juncker.

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Otra abstención

Pedro Sánchez ahonda en la confusión con su rechazo a apoyar el tratado con Canadá

Editorial de El País, 230617.

El pasado 15 de febrero, el Parlamento Europeo aprobó por 408 votos a favor, 254 en contra y 33 abstenciones el Tratado Económico y Comercial entre la UE y Canadá, conocido como CETA. El Tratado contó con el voto favorable de los 14 eurodiputados españoles adscritos al grupo socialista europeo, que se implicaron de manera muy intensa en que dicho acuerdo reflejara sus preocupaciones acerca de las cuestiones legales, medioambientales y laborales en disputa.

Las negociaciones, de gran complejidad, han desembocado en un Tratado que marca un hito y que la UE espera convertir en un modelo para otras negociaciones con terceros países. Acuerdos como el CETA ofrecen una vía para poder gobernar la globalización de acuerdo a normas y estándares europeos, por lo que deben ser celebrados, y aún más en un momento dominado por el auge del proteccionismo de Trump y los populismos. Se trata de un acuerdo meritorio y que merece apoyarse.

Así lo entendían hasta ayer los socialistas, y así lo defendió su portavoz en la Comisión de Asuntos Exteriores al anunciar el voto favorable de su grupo en el pleno del Congreso del próximo martes. Sorprende por ello que, tras un anuncio en Twitter de la nueva presidenta del partido, Cristina Narbona, y sin ningún debate previo o explicación detenida, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, haya anunciado que retira el apoyo de su partido a la ratificación parlamentaria de dicho Tratado.

Su decisión ha sido jaleada por los líderes de Podemos, que han celebrado que el nuevo PSOE se sume a sus posiciones proteccionistas en materia comercial y a su caduco discurso antieuropeo sobre la soberanía. Con un matiz: exigen a Sánchez que no se quede a mitad de camino, sino que vote no al CETA y acuda al Tribunal Constitucional para impugnar un Tratado que, sostienen, viola los derechos humanos y amenaza la democracia.

No le falta razón a Pablo Iglesias al señalar las contradicciones en las que cae este nuevo PSOE, que recurre a la abstención para mostrar su firmeza ante el PP y, a la vez, su distancia de Podemos. En último extremo, el PSOE se refugia en una abstención que delata una triste realidad: que más allá del deseo de recibir la bendición ideológica de Podemos como partido de izquierda, carece de una posición propia. No compartimos, pero podríamos llegar a entender, que el PSOE se opusiera al Tratado.

Pero lo que en ningún caso es admisible es que un partido que pretende tener responsabilidades de Gobierno no tenga una opinión clara. Por lo demás, no deja de ser sintómatico que las dos grandes decisiones que ha tenido que tomar el PSOE en la etapa de Sánchez —la moción de censura contra Rajoy y esta sobre el Tratado con Canadá— se hayan resuelto con sendas abstenciones.

El comisario Moscovici, socialista, ha sido claro en su mensaje a Sánchez: ser de izquierdas no es estar en contra de la globalización. El oportunismo no es una política, es una receta segura para el fracaso.

De la portada de El País, 230617

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Moscovici insta a Sánchez a no enfrentar izquierda y globalización

El secretario general socialista confirma al comisario europeo que el PSOE se abstendrá en la votación en el Congreso sobre el acuerdo de comercio con Canadá

Anabel Díez y Luis Doncel en El País, 220617.

El giro en la posición del PSOE sobre el CETA (Tratado de Comercio de la UE y Canadá por sus siglas en inglés), no será pacífico, ni en España ni en Europa. El secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, reconoció este jueves al comisario europeo de Economía, el también socialista Pierre Moscovici, que el PSOE cambiará el sí por la abstención ante las diferencias que observa en el tratado sobre los derechos medioambientales y laborales. Moscovici no ocultó su disgusto y abogó por que los partidos de gobierno respeten “el patrimonio común europeista”. Ser de izquierdas “no es estar contra la globalización”, sentenció.

El azar quiso este jueves que la visita a España del comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, coincidiera con la necesidad de los grupos políticos de manifestarse sobre el CETA, que será votado en el Congreso de los Diputados el próximo jueves. El comisario socialista supo de primera mano la decisión de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, de cambiar el voto del a la abstención, en la reunión que mantuvieron en la sede de las instituciones europeas en Madrid.

“Me voy a reunir con Sánchez, no intentaré convencerle pero sí explicarle que estoy a favor del CETA. Es un buen tratado. Sé que muchos socialistas, incluidos los franceses, están en contra, pero yo tengo una posición de principio no oportunista. Ser de izquierdas no es estar contra la globalizacion”, dijo Moscovici antes de reunirse con Sánchez. Tras la reunión, el PSOE expuso por escrito las razones del desacuerdo con el tratado que adelantó al comisario europeo. “En 1.600 páginas del tratado sólo hay cuatro sobre nuestros derechos medioambientales. Tenemos diferencias en el modo de resolución de las disputas, en el desequilibrio en la protección de los derechos laborales frente a los inversores y en la ausencia de penalizaciones en la violación al tratado”.

Tras el encuentro, el comisario dejó claro su disgusto ante la negativa de los socialistas españoles a respaldar el pacto comercial entre la UE y Canadá. En un almuerzo organizado por el Foro Nueva Economía, el responsable europeo de Asuntos Económicos y Monetarios admitió que su labor no consistía en dar lecciones a los partidos políticos españoles. Asimismo, mostró su convencimiento de que las fuerzas de izquierda son elegidas para impulsar políticas de izquierda. Pero eso no obsta, dijo, para que los partidos con posibilidades de gobierno respeten el “patrimonio común” que constituyen las ideas y el proyecto europeístas. “Es importante que los grandes partidos españoles guarden el europeísmo”, añadió.

“Acuerdo progresista”

Moscovici hizo una clara defensa del complicadísimo pacto que Bruselas cerró con el Gobierno canadiense. En su relato, el que fuera ministro de Economía del Gobierno del presidente francés François Hollande admitió sus reservas ante el tratado que se negocia con Estados Unidos, pero no así respecto al CETA: “Es el mejor acuerdo negociado con un país tercero. Y Canadá es un país amigo con el que compartimos valores como el bilingüismo y el pluralismo”, añadió.

En defensa de Canadá, Moscovici incluso llegó a hacer una comparación entre la simpatía que su primer ministro, Justin Trudeau, despierta en Europa frente a los recelos que genera el presidente estadounidense, Donald Trump. El acuerdo con EE UU, conocido como TTIP, se negoció durante el mandato de Barack Obama.

Ante un grupo de periodistas, en otro de sus muchos encuentros de ayer, Moscovici afirmó que el tratado comercial con Canadá “es el acuerdo más progresista que ha firmado la UE. Protege el medio ambiente, la sanidad, respeta la diversidad cultural y preserva la agricultura europea”.

Antes de reunirse con Sánchez, el comisario hizo otras consideraciones de índole política. En declaraciones a la cadena SER, recomendó al PSOE que represente a una “izquierda creíble y europea”. “Un partido de izquierdas tiene que estar a la izquierda si quiere tener la confianza de sus votantes, pero tiene que ser creíble y europeísta si quiere ser un partido de gobierno”, señaló también después en la sede de la Comisión Europea en Madrid antes del encuentro. También tuvo palabras el comisario europeo para el desastre electoral del Partido Socialista francés. Moscovici sostuvo que su partido se alejó de la izquierda y después se alejó de Europa, y el resultado ha sido que se ha quedado con un 6% de votos. “Aconsejaré a Pedro Sánchez que no siga el camino de los socialistas franceses. Un 6% duele”.

Discrepancias socialistas

En febrero de 2017 los eurodiputados socialistas españoles votaron a favor del tratado con Canadá en medio de una fuerte división de la Cámara europea que atravesó a todos los países y familias ideológicas. Pero se consideraron más ventajas que inconvenientes y salió adelante también con el concurso de los socialistas españoles.

El lunes se oficializará el cambio de voto tras el debate que mantendrá la comisión ejecutiva federal del PSOE. En ese órgano, elegido el pasado domingo en su 39º congreso y cuyos miembros son todos de la confianza de Sánchez, no habrá discrepancias. Esa unanimidad, sin embargo, no existe en el grupo parlamentario aunque están a la espera de que tras esa reunión se trasladen los argumentos del cambio de posición a quienes tienen que votarla en el pleno del Congreso.

EL PSOE QUIERE TRATADOS DE “ABAJO A ARRIBA”

El PSOE es “firme defensor de una relación estrecha con Canadá, pero no hay solo dos caminos: abrir las fronteras, como quiere el PP, o el proteccionismo al que se abraza Unidos Podemos. La vía socialista es la de la izquierda de gobierno: la que combina de manera efectiva los procesos democráticos y los derechos laborales y medioambientales”. 

Esta es la posición que Pedro Sánchez explicó al comisario europeo Pierre Moscovici para justificar su abstención al CETA y que expresó después públicamente por escrito. “Hay que contar con la sociedad civil. Hagamos los tratados de abajo a arriba. Por eso no ratificaremos el CETA en el Parlamento español. Nuestra posición será la de una abstención motivada con estos argumentos”, le explicó Sánchez. El PSOE ayudará a construir una UE estable, pero de derechos”.

La manera de cumplir con el déficit no es acorde con lo que quiere el PSOE, le explicó al comisario de Economía. “Estamos de acuerdo en la reducción progresiva del déficit, pero no en cómo se está planteando, al igual que en 2012, desde el lado del gasto público”. Sánchez añadió que el PP con sus criterios para el Programa de Estabilidad, en términos de PIB, pretende dejar a España como el país con el gasto social más bajo en Europa.

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No ganamos para sustos: el PSOE se retira del CETA (o no)

Jesús Cacho en vozpòpuli, 220617.

De susto en susto. El PSOE de Pedro Sánchezanunció ayer que retirará su apoyo al Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá, CETA en sus siglas en inglés, en una sorprendente voltereta que hace borrón y cuenta nueva con la postura sostenida hasta ahora por el partido en la materia. ¡Virgen santa! El mundo en vilo. En Ottawa, Justin Trudeau vive desde ayer en completa congoja y en las cancillerías europeas, acorraladas por un terrorismo que no da tregua, cunde el pánico. Pedro nos niega su apoyo.

Pedro es así. Un tipo un poco veleta pero que sabe escuchar. En realidad escucha tanto, con tanta atención, que el último que visita su despacho tiene altas probabilidades de lograr cambiar radicalmente el pensamiento del carismático líder. El caso es que el PSOE –como la mayor parte de la socialdemocracia europea- había venido apoyando el tratado, tanto en el Parlamento Europeo como en el Congreso de los Diputados, donde este mismo martes el grupo socialista apoyó el correspondiente dictamen. Pero, de repente, el cambio, la pirueta, el salto en el vacío.

Parece que el giro se concretará el próximo jueves, cuando en ese mismo Congreso se someta a ratificación un tratado que ya ha sido aprobado por la mayoría de los parlamentos europeos. La recién estrenada portavoz parlamentaria socialista, Margarita Robles, ha sido la encargada de darnos el susto: “La dirección del partido tomará una decisión el próximo lunes en la reunión de su Ejecutiva después de escuchar a sectores sociales y económicos”. De modo que puede que el PSOE, en efecto, retire su apoyo al CETA, o puede que no, vaya usted a saber. Depende de lo que digan esos misteriosos “sectores sociales y económicos”.

¿Y qué sabe el español medio de este acuerdo comercial entre la UE y Canadá? Pues no mucho, la verdad. Desde un punto de vista liberal, lo principal es que el tratado elimina barreras arancelarias entre las partes, favoreciendo el libre comercio y obligando a las empresas a competir, incorporar tecnología, mejorar redes comerciales, etc. A espabilarse, en suma. Sus enemigos son los sectores protegidos que a este lado del Atlántico siguen gozando de alguna ventaja competitiva y se niegan en redondo a perderla. Lógico.

Las ventajas parecen claras en tanto en cuanto el libre intercambio de bienes y servicios favorece un crecimiento que se traslada al PIB, a la riqueza de las naciones. Enemigo del CETA es el amigo Donald Trump y también los extremismos europeos, de derechas y de izquierdas. Al tratado con Canadá se opone Podemos y ahí es donde le duele a un Pedrito que vive en un sinvivir intentando seguir pasos y políticas, ideas e ideicas, de Pablo Iglesias y el partido comunista -neocomunista le dicen ahora- que con mano de hierro dirige. Dicen que han sido Cristina Narbona, la nueva presidenta del PSOE, y Manuel Escudero (un viejo roquero que por encargo de Alfonso Guerra elaboró el famoso Programa 2000), su responsable económico, los encargados de hacer cambiar de opinión a Pedro.

Lo de Narbona, exministra de Medio Ambiente entre 2004 y 2008 (las desaladoras), es de nota, porque ha pasado de la energía nuclear –años comiendo la sopa boba en el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), con un sueldo guapo, guapo- a postularse como abanderada del “desarrollo rural sostenible y del uso energético de la biomasa forestal” en menos de lo que tarda en persignarse un cura loco, de acuerdo con el mensaje que ella misma publicó ayer en su cuenta de Twitter.

“No lo vamos a apoyar”, ha dicho Narbona. Uno, que es de pueblo, comprende la importancia de ese desarrollo rural sostenible, pero duda mucho de que en mi Tierra de Campos natal mis paisanos puedan labrarse un futuro a base del “uso energético de la biomasa forestal residual”. Que nos lo explique la sabia Narbona. Hombre, podría ser una solución para la paja de los rastrojos que no hay manera de vender ni regalada, pero, insisto, dudo mucho que el futuro de España y los españoles pase por ahí.

La brillante idea salida del magín de Narbona y Escudero pone de manifiesto, en todo caso, la levedad e inconsistencia de este nuevo PSOE podemizado hasta la náusea, un PSOE proteccionista y enemigo de la globalización a quien resulta imposible imaginar ahora mismo como un partido con capacidad para gobernar España, una facción con el marchamo de residual, que ha decidido hacer mangas y capirotes de su pasado reciente como partido de gobierno, con capacidad para mejorar la vida de los españoles a base de políticas sensatas orientadas a ese fin superior que llamamos bien común.

Todo en este nuevo PSOE se reduce a un descarado seguidismo de las anti políticas puestas en práctica por Podemos. Resulta revelador a este respecto que en la Comisión de Exteriores donde el martes se vio el dictamen sobre el CETA, el portavoz socialista, Ignacio López-Amor, fuera increpado por la portavoz de Podemos al grito de “me tienes que demostrar con hechos que el PSOE es un partido de izquierdas” tras su reciente Congreso… Seguidismo de Podemos en un intento desesperado por recuperar en todo o en parte el voto joven que ha abandonado el socialismo para refugiarse en las formulas milagrosas que abandera Iglesias.

Y en la senda de ese seguidismo cabe esperar todo tipo de sorpresas y cualquier barbaridad. Algunas tan hilarantes como el cambio de opinión respecto al CETA. O tan peligrosas como la continuidad de España en la UE o en el euro. Si Iglesias no lo tiene claro, ¿habría de tenerlo Sánchez? ¿Y qué hacemos con la OTAN, por ejemplo? ¿Y con el tratado de no proliferación nuclear? ¿Y con los incontables convenios internacionales suscritos por España a lo largo del tiempo? Porque todo se reduce a ser por lo menos tan de izquierdas como Podemos. Tan radicales como Podemos.

Un partido de ocurrencias insólitas, como esa plurinacionalidad “a la boliviana” que nos propone la diputada Lastra, otras de las estrellas emergentes que giran en torno a un líder que, fuera del Parlamento, vive empeñado en estar todos los días en el “candelabro” con majaderías a cual más extravagantes. En este pozo sin fondo anda metido el PSOE de Sánchez, un PSOE con el que no se va a poder contar a la hora de abordar las grandes cuestiones –algunas tan graves como el envite del secesionismo catalán- que ahora mismo tiene planteadas este desnortado país nuestro.

De donde se infiere que el reciente Congreso del PSOE no solo no ha resuelto los problemas del partido, sino que los ha agravado hasta hacerlos casi insolubles. El viejo PSOE que conocimos ha muerto, y de enterrarlo se va a encargar este estrafalario personaje todo ambición, dispuesto a convertir el partido que rescató Felipe González de la nada en una franquicia, un terminal, un apéndice de Podemos que acabará engullida por los soviets de Iglesias por la sencilla razón de que el original siempre será mejor que la copia a la hora del estrambote radical. Una desgracia para España.

Y a todo esto, ¿votará el nuevo PSOE de Sánchez a favor o en contra de la ratificación por España del tratado de libre comercio con Canadá? Pues qui le sait…! Puede que sí o puede que no. Dependerá de quién entre en el despacho del gran líder en último lugar antes de la votación y le coma el tarro. El País apostaba ayer “con toda probabilidad” por la abstención en la votación del pleno del jueves, un pronóstico absolutamente arriesgado sin haber consultado antes lo que piensan hacer los Pablemos. De modo que puede que sí, puede que no, o todo lo contrario.

Es la imagen de marca de este PSOE zombi. Y así hasta que las urnas pongan a este botarate definitivamente en el sitio en el que no supieron colocarlo los González, Rubalcaba y demás familia de ilustres varones apaleados. Solo que para entonces podría ser demasiado tarde para demasiadas cosas.

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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