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Everybody Lies: Big Data, New Data, and What the Internet Can Tell Us About Who We Really Are [Todo el mundo miente: grandes datos, nuevos datos y lo que la Internet puede decirnos acerca de quiénes somos realmente.]. Seth Stephens-Davidowitz [Dey Street Books; 2017]

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GOOGLE sabe qué busca ‘la gente’ [y lo que pregunta]

Ayer Arcadi Espada reflexionaba en El Mundo [ver ut infra] en torno a la verdad que esconden las búsquedas en GOOGLE, a propósito del libro escrito por el filósofo y economista Seth Stephens-Davidowitz y editado este año, Everybody Lies (Todos mienten),  y habitual colaborador de The New York Times.

Estoy convencido de que, a no tardar, tanto los gabinetes demoscópicos como los oficiales -y estatales- Centros de Investigaciones Sociológicas acabarán como maestros en la interpretación del ‘big data’. Mira tú qué ves con mis elefantiásicos datos. Y los correspondientes estadísticos, reflejar tales datos como hechos.

Porque vosotros preguntáis opiniones y nosotros os damos búsquedas reales, intereses concretos y fácticos, curiosidades, satisfechas o no. Ellos, pretenden, prefieren salir con mujeres delgadas, de modo que dentro de nada la propia Carmena acabará reconociendo que sería una absoluta majadería contra corriente que a su Ayuntamiento le diera por establecer en Madrit el Día del Orgullo Obeso, que no gordo, por supuesto. Y ni se le ocurrirá preguntar a ‘la gente‘ sobre ello, enarbolar la necesidad de referéndums al respecto…

También GOOGLE descubre que “la pornografía con escenas de violencia contra las mujeres es muy popular entre las mujeres.”. ¿Masoquismo femenino? ¿Seguro? ¿A ver si nos encontramos ante un buscador heteropatriarcal?

El otro día la diputada podemita, feminista y Presidenta de la Comisión de Mujer [sic] en la Asamblea de Madrid, Clara Serra, filçosofa, escandalizó al ecofeminismo de su propia franquicia diciendo que “la humillación es una cosa que las mujeres pueden desear”, “por humillación quiero decir que existe la fantasía de violación, de sexo con violencia y esto no es una cuestión marginal”. Asunto tan viejo como el sadomasoquismo, que ahora él mismo no sabe dónde meterse ni ellos, los de la corrección político-moral, dónde meterlo…

Y qué me dice de esa de nominada violencia de género que ayer, a buenas horas…, reconocía El País que ni siquiera los sabios, después de mucho investigar, acaban de tener claro en qué se diferencia del resto de las violencias, ya que no parece obedecer a ninguna particularidad que la haga merecedora de desvertebradoras y demonizadoras políticas antimachistas ni antiandrocentristas… .

Con lo fácil que resulta acercarse al Consejo General del Poder Judicial y observar el destrozo social que suponen, en 2015, el choque contra la demagogia, gracias a sus espectaculares datos, reales como la vida misma [pdf]:

176.147 asuntos penales de ‘violencia de género’,
014.529 condenas [abrumadoramente contra extranjeros]

El resto, al cajón. Los medios: “apenas hay denuncias falsas, infundadas, archivadas”…

Tampoco los investigadores dicen ya que sea una lacra erradicable porque no es ni lo uno ni lo otro. Ya hablan de poliedrismo y de reducción. Siguen sin divulgar que somos uno de los países menos violentos de Europa y continúan sin aplicar correctamente los porcentajes [por ejemplo, respecto a los extranjeros no los calculan en relación con la cuantía de extranjeros residentes en España sino la totalidad de la población]; y mantienen, ya dije, el silencio en torno a abrumadora de las denuncias que no acaban en condena y que, imagino, no contribuyen, en absoluto, a disminuir la agresividad circundante.

Sobre tal mediático asunto, Google sabe, pues, en qué consiste la real vulgaridad; sobre qué cuestiones se preocupa la gente a la hora de liquidar, hoy en día, la relación de pareja: basta con buscar sobre procesos de divorcio, custodia de los hijos, pensión compensatoria, uso y disfrute de la vivienda familiar y esas cosas.

Pero volvamos a lo que hoy nos ocupa, que trata de un banco de datos de una envergadura colosal y un ámbito que lo escruta todo.

Google -y, en menor medida, el resto de buscadores- saben qué buscamos, en qué gastamos, por qué preguntamos y desde dónde, localidad, lo hacemos. Con todo lujo de detalles. Por eso la publicidad que recibimos en nuestras redes ae crresponden milimétricamente -y al segundo- con nuestras inquietudes.

Fabulososo negocio, pues, que explica perfectamente el porqué de la gratuidad de los servicios, las redes sociales, ofrecidos al ciudadano. Toneladas de información individualmente presuntamente reservada, confidencial, que nadie, ninguna democracia occidental, se ha preocupado por proteger. Toneladas de información colectiva que retrata a la perfección las señas de identidad de los grupos sociales. Un filón.

¿Se imaginan el mercado que tiene tal información? Estados, políticos, servicios de inteligencia, multinacionales, grupos de presión…

Todo el mundo miente, pero sabemos lo que la gente busca y pregunta. Y a quién le interesa saber.

Sobre el precio, ya nos pondremos de acuerdo.

EQM

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Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] en El Mundo, 090717.

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Tu vida secreta

Arcadi Espada en El Mundo, 020717.

Mi liberada:

Traigo malas noticias para ti y tu hipocresía legendaria. Para la gastada ecuación, con tantas incógnitas, que relaciona tus vicios privados y tus virtudes públicas. También son malas noticias para el gremio estadístico. La causa principal de que fallen las encuestas es que la gente miente. Pero desde hace unos veinte años la gente, sobre todo la gente más rica del planeta, responde día a día, en buenas condiciones de intimidad y sinceridad, a una inacabable encuesta sobre sus hábitos de conducta. Una encuesta paradójica en la que la gente pregunta y no responde y en la que, como Sócrates lo dijo, y es cosa verdadera, las preguntas son más importantes que las respuestas. Hablo de las búsquedas en google, naturalmente.

Seth Stephens-Davidowitz, un filósofo que escribe en el Times, ha dedicado los últimos cinco años a indagar sobre las preguntas que la humanidad se hace a través de google. El resultado es un libro Everybody Lies (Todos mienten) y decenas de artículos. Aún no me han traducido el libro, pero hay bastante información sobre las conclusiones a que ha llegado Stephens. Para explicártelas he manejado sus artículos y, sobre todo, dos largas y didácticas entrevistas que un Sean Illing le hizo para una revista Vox. La primera empieza por una contundente conclusión de Stephens: “Google es el suero digital de la verdad”. Y luego detalla sus hallazgos sobre algunos rasgos de conducta de los americanos.

Uno de ellos es muy raro. La posibilidad de que en Estados Unidos se esté dando una epidemia de abortos autoinducidos parece real ante la desmesurada cantidad de búsquedas sobre métodos artesanales de interrupción del embarazo en los estados donde hay más dificultades para abortar. Otra gran conclusión es más previsible, aunque dejara anonadado a nuestro autor. El racismo, especialmente contra negros y musulmanes, supera, por así decirlo, todas las estadísticas oficiales.

Y es el punto álgido de uno de los graves descubrimientos que la humanidad ha hecho sobre sí misma en las dos décadas de la era digital: la gente es más fea y malvada de lo que piensa la gente. “Esta fealdad oculta”, explicaba, “puede predecir muchos comportamientos, particularmente en el ámbito político”. Stephens, en cierta forma, los predijo. Desde el inicio dio a Trump muchas más posibilidades de las que eran convencionales. La base de sus pronósticos estaba en las búsquedas por el lado manchado de la vida y por el gruñido de satisfacción que daba la fealdad al tener por fin una representación política, desacomplejada, retadora, y al más alto nivel.

Por entretenerte y aportar una cierta práctica local a las investigaciones de Sthepens sobre lo manchado, se me ocurrió poner en google la cadena mi marido es y esperar al autocompletado, ese presagio algorítmico que google construye a partir de las búsquedas y de la frecuencia con que en los textos digitalizados aparece proximidad entre los términos. Los cinco primeros resultados, en esta hora mía y de España, fueron:

Mi marido es tonto.
Mi marido es el mejor.
Mi marido es un vago.
Mi marido es muy agresivo verbalmente.
Mi marido es alcohólico.

Como tu maldad no conoce límites, sé que pensarás que, salvo el número dos, son los resultados que da google ¡influido por el historial de búsquedas del ordenador de casal! Pero te desafío a que hagas lo mismo en tu ordenador o en tu teléfono. Y que incluyas también la cadena mi mujer es . ¡Y que elijas la cadena que prefieres!

Mi mujer es frígida.
Mi mujer es una bruja.
Mi mujer es alcohólica.
Mi mujer es muy pesada.
Mi mujer es bipolar.

Estos días leía uno de los ensayos del gran Alfonso Berardinelli. De una gran actualidad: Consejos de Balzac a los homosexuales que quieran casarse a toda costa. Los consejos están en la Fisiología del matrimonio. Donde luce esta pregunta con su respuesta: “¿Por qué resulta tan raro que un matrimonio sea feliz? Porque para que este fenómeno moral tenga lugar hacen falta personas maravillosas y las personas maravillosas rara vez coinciden”.

La segunda entrevista era monográfica. Partía de la primera constatación de las investigaciones: nada interesa más a la gente que el sexo. La pregunta sexual más repetida entre las mujeres casadas es si su marido es gay. Añade Stephens: “Y estas preguntas son mucho más numerosas en el profundo Sur, donde mi investigación sugiere que, de hecho, hay más hombres gays casados con mujeres”. El sexo según google confirma también el genio de Josep Pla cuando dijo que, contrariamente a lo que aparentan a los hombres les gustan el vino dulce, la música de Verdi y las mujeres gordas.

Pero nuestro autor añade esta indagación aguda: “La pornografía con mujeres con sobrepeso es sorprendentemente común entre los hombres. Pero los datos de las webs de citas nos dice que casi todos los hombres tratan de salir con mujeres delgadas”. Y ahora prepárate a saber qué cosa difícil es una fantasía. La pornografía con escenas de violencia contra las mujeres es muy popular entre las mujeres. Las mujeres ven mucho más ese tipo de porno que los hombres. Sí, libe. Así son las cosas. Pero voy a darte una salida airosa. Replícame de este modo: “Es natural esa diferencia, porque para los jodidos hombres no es ninguna fantasía”.

Entre las encuestas convencionales que tratan de averiguar los rasgos de la conducta y el conocimiento que se desprenda de las búsquedas googleanas hay notables diferencias. Una, primaria, fundamental, es que detrás de las estadísticas hay una práctica metodológica de muchos años y de resultados probados. Y detrás de las búsquedas de google hay solo una disciplina incipiente. Sin embargo, hay otra diferencia crucial: mientras muchas estadísticas, como las del voto, reflejan intenciones, las búsquedas reflejan hechos.

Se trata de la legendaria distinción stendhaliana entre declarar y mostrar y, en este sentido, google parece llevar la ventaja. En cualquier caso me pareció sensato el consejo de mi estadístico de cabecera, Manu Mostaza, cuando hablamos del asunto: “Lo importante es que los valiosos resultados de google se interpreten por especialistas de las disciplinas más diversas, incluyendo las éticas. En manos del tipo gurú esos resultados acaban convertidos, frecuentemente, en desinformación y basura”.

Todos mienten desencadenará severas meditaciones. Creo que hay una feliz. En realidad todas esas preguntas directas o indirectas que hace un hombre en la soledad azul de su pantalla no se dirigen a google sino al resto de la Humanidad. Lo único que google hace es devolver a los hombres un mensaje optimista y trascendental: nadie está solo. El mensaje coincide, por cierto, con la función más noble de la literatura, que es la de dar cuenta de cómo gozan y sufren los hombres y así trazar entre ellos un vínculo de especie que se sobreponga a toda la palabrería de la diferencia. Piénsalo bien K: tus secretos son los míos.

Pero seguirás ciega tu camino.

A.

Collage de Leonard Giovannini al texto de Arcadi, en el blog de éste, 090717.
[Aquí la imagen del collage, en grande]

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Angry and ugly

Leonard Giovannini en el blog de Arcadi Espada, 090717, acompañando al texto de éste.

Hoy plagiamos el retrato que Dmitri Sinodi-Popov, pintor ruso de origen griego, hizo de la también pintora Serafima Blonskaya. La artista aparece enfadada; en nuestra versión, enfadada y fea.

K estruja la carta con gesto furibundo. El texto de hoy habla de la bestezuela más o menos simpática que habita en cada uno de nosotros, y por lo tanto se refiere también a la k-bestezuela, que es bastante fea. Aunque nuestra lectora sufre menos por contemplar su fealdad que por descubrir que dice la verdad con demasiada frecuencia, más de la que quisiera.

Google ha resultado ser como aquella canción de Frank Zappa: ¿Cuál es la parte más fea de tu cuerpo?, Piensa, piensa… Y cuánto más lo piensa uno, cuanto más se plantea la pregunta, más datos tiene para conocer la respuesta.

Al final no era tan difícil contar la verdad, que en última instancia es revelar la intimidad aunque afecte a otros… ¿Quién piensa en la familia cuando busca en Google? ¡Cada cibernavegante es un Léautaud desencadenado!

Somos bestezuelas, sí, y esta podría ser la salvación de los periódicos: ¡la animalidad sí es una experiencia compartida de ciudadanía!

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique en color blue. También son de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

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