.Miguel Ángel Blanco [España, 1968-1997], asesinado por los terroristas de ETA e icono del Espíritu de Ermua.

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Carmena veja al pueblo español, ninguneando el Espíritu de Ermua

A la Carmena, Alcaldesa títere gobernada por Podemos con la complicidad del PSOE como cooperador necesario, no se le ha ocurrido otra cosa que decidir que ella, habitual colgadora, en la fachada del Ayuntamiento de Madrid, de pancartas y banderas en torno a los ‘refugiados‘ o, por ejemplo, al ‘Orgullo Gay‘, no cualga la icónica imagen de Miguel Ángel Blanco aduciendo que eso le obligaría, en lo sucesivo, a colgar todas y cada una de las pancartas relativas a los otros cientos que tambiñen fueron asesinados…

Como si no supiera que Miguel Ángel representa un hito histórico, un antes y un después, un basta ya de la ciudadanía frente a los asesinos: el Espíritu de Ermua.

Ell no debería de sorprendernos en absoluto. Porque, no lo olvidemos: Podemos es la marca negra de un ZPPSOE empeñado en destrozar España. Y la Carmena es una oficianta emblemática de la secta que ha llegado al poder municipal gracias a la complicidad socialista.

Insisto: décadas de militante laicismo analfabetizador, a manos del bipartidismo turnante, han dado esos frutos que permiten, vía votos y complicidades, que una suerte de anarquismo bolivariano vaya allanando el camino hacia el totalitarismo pretendido.

Seguramente conseguiremos evitarlo porque la capacidad suicida de la gran clase media española está limitada por restos, creo que suficientes, de la sensatez perdida.

Pero el daño ya está hecho y durará generaciones.

A la juventud actual -esa que puede alargar su condición de hijo protegido hasta los 40 años o más- le importan un carajo la mayoría de las cuestiones que, con honda preocupación, abordamos en el foro.

También la del icono español contra el terrorismo, Miguel Ángel Blanco.

Y tanto la instrucción familiar media como la educación pública ya hace tiempo que no están para tales trotes…

EQM

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Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 120717., con motivo del XX Aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco.

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Miguel Ángel Blanco Garrido (Ermua, 13 de mayo de 1968Lasarte-Oria, 13 de julio de 1997)1​ fue un político español, concejal de la localidad vizcaína de Ermua por el Partido Popular, entre 1995 y 1997.

El 10 de julio de 1997 fue secuestrado por tres miembros de ETA, que exigieron el acercamiento de los presos de la organización terrorista a las cárceles del País Vasco. Ante la negativa del Gobierno central, la tarde del día 12 fue tiroteado en un descampado, muriendo en la madrugada del día 13.

El «Espíritu de Ermua» es un término que hace referencia al carácter del movimiento cívico espontáneo surgido tras el secuestro y posterior asesinato a manos de ETA de Miguel Ángel Blanco entre los días 10 y 12 de julio de 1997.

El espíritu de Ermua se materializó en manifestaciones espontáneas en toda España como expresión de la solidaridad con el secuestrado en un principio y, por extensión, con todas las víctimas del terrorismo de ETA en más tarde. El movimiento supuso un punto de inflexión en la percepción que la sociedad española tenía de la actitud de la sociedad vasca ante el grupo terrorista, ya que si bien no encontraba mayor apoyo en la sociedad, esta no mostraba un rechazo tajante como sucedió a partir de entonces.

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Portada de ABC, 120717, mostrando alguna de las pancartas que Carmena sí quiere colgar en la fachada del Ayuntamiento de Madrid.

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Carmena y la pasión de Miguel Ángel

Santiago González en su blog, 120712.

A mí, Manuela Carmena me gusta cuando rectifica, porque está como ausente. Lástima que ocurra tan de tarde en tarde, y como esta vez, a regañadientes y con cierta mezquindad. El caso es que hoy, a las 12, a la misma hora en que hace 20 años exactos arrancaba en Bilbao la más grande manifestación contra ETA que se hubiera visto nunca, la alcaldesa de Madrid ha rectificado un poquito al convocar una concentración frente a la sede de la Alcaldía en la que se desplegará una pancarta con el lema: “En el 20º aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Madrid con todas las víctimas del terrorismo”.

No será en la fachada y durará lo que dure la concentración. Sobraba el matiz, la reducción de la causa al aniversario, el reparto de la solidaridad para diluirla. La pancarta no era “una situación de menosprecio de unas víctimas en relación a otras”. Ella que tiene estudios, debería haber entendido la verdad elemental de Mari Mar Blanco: “Recordar a mi hermano es recordar a todas las víctimas”.

Hace seis meses, la alcaldesa participó en un homenaje a los laboralistas asesinados en Atocha en el Colegio de Abogados de Madrid, donde descubrió una placa de bronce en su memoria. ¿Incurrió usted, abogada, en un acto de menosprecio hacia el estudiante Arturo González, asesinado por la ultraderecha y Mari Luz Nájera, a quien impactó un bote de humo en la cabeza aquellos mismos días?

El 30 de junio de 2002 se inauguró en Madrid un monumento a los abogados de Atocha. Lo propuso CCOO, y lo impulsó un alcalde del PP que no era un sectario como ella. En el sectarismo la acompañan los concejales socialistas de Bilbao y de algunos otros municipios, que declinaron el homenaje con idéntica sinrazón.

Manuela Carmena era hija de un menestral que atendía a la mesocracia franquista de Madrid en su taller de la Gran Vía y que se anunciaba en ABC con un ripio fantástico: “Carmena se llama el sastre/ que viste a la gente bien./ Hace abrigos y hace trajes/ como muy pocos se ven”. Aquella chica estudió Derecho y se hizo comunista en un viaje sin retorno.

Se casó con un arquitecto renombrado, cuyo estudio vino a menos con la crisis. Sus trabajadores despedidos se querellaron porque Eduardo Leira se declaró insolvente tras poner el patrimonio familiar a nombre de su mujer para evitar el riesgo del embargo. Yo pensé que aquello se parecía mucho a un delito de alzamiento de bienes (art. 257 del C.P.), pero no debía de serlo, a ver quién soy yo para opinar semejante cosa cuando un juez profesional ordenó el archivo porque no encontró en ello la causa que señalaba la Fiscalía, delito contra los derechos de sus trabajadores (art. 311 del C.P.).

Esta virtuosa de los dos pesos y dos medidas piensa que los tuits de su concejal sobre las víctimas de ETA y del nazismo son chistes y siempre saca la cara a la chusma de su equipo: Zapata, Mayer, Sánchez Mato, Soto, Valiente, Gª Castaño. Y al frente, ella, con tantos sobrinos como insuficiencias epistemológicas y morales. Después de todo estos son los suyos y Miguel Ángel Blanco solo era un concejal del PP. Joder, qué tropa.

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De izda. a derecha: Santiago González, Philippe Labbé, Manuel Ventero y Cristina Cuesta

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Ayer en La Magdalena, De Hipercor a Miguel Ángel Blanco

Santiago González en su blog, 070712.

Es un hecho que los seres humanos tendemos a fijar en la memoria los acontecimientos que nos han impactado de manera especial, que percibimos como trascendentes. Los dos atentados que enmarcan el asunto en esta mesa redonda, son dos hechos muy relevantes por varios motivos. El primero, el impacto emocional que ambos nos produjeron. El segundo, que ambos acotan una etapa, 10 años, en los que el terrorismo cambia, y también lo hace la sociedad, como pretendo explicar en los próximos minutos.

En este mes de aniversarios he oído muchos análisis en los que predominaba la idea de que la reacción social motivada por el secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco, no solo en Euskadi, sino en toda España marcó un punto de ruptura con la etapa anterior, un antes y un después, o como nos gusta escribir a los periodistas, con mal uso del lenguaje matemático, un punto de inflexión; también la pérdida del control de la calle por los simpatizantes radicales de ETA y el fin del silencio de la sociedad vasca.

Hay elementos de verdad en ello, pero también un exceso de wishful thinking. Los días del secuestro y los que siguieron al asesinato de Miguel Ángel albergaron, sin duda, un proceso notable, que no había conocido precedentes. La gigantesca manifestación del 12 de julio para exigir la libertad del secuestrado, fue la primera en que los asistentes se saltaron la consigna de silencio defendida por los convocantes. Y las calles de Bilbao fueron el clamor de una multitud que gritaba Libertad y el nombre de Miguel Ángel.

Como dice la frase de Horacio sobre las horas que se escribía en los relojes de sol ‘Todas hieren; la última mata’. A lo largo de la década que vamos a comentar aquí, se producen varios acontecimientos que podrían sumarse a las causas que conducen a la derrota de la organización terrorista y a su comunicado del 25 de octubre de 2011, pero atribuírselo a una causa concreta constituye un ejemplo canónico de la falacia ‘post hoc ergo propter hoc’, que consiste en creer que cuando dos hechos tienen lugar uno tras otro, lo que pasa después es consecuencia de lo que pasó antes. De hecho, después del asesinato de Miguel Ángel, ETA aún tardaría 14 años en dar fin a su ‘actividad armada’. Perpetró 76 asesinatos más.

Hipercor es el atentado etarra que más víctimas ha producido en toda su historia: 21 muertos y 45 heridos. Los terroristas seleccionaron su objetivo en la creencia de que Hipercor era una empresa de capital francés, objetivo preferente de la banda terrorista desde que el año anterior hubiera aumentado el nivel de colaboración de Francia con España en la lucha antiterrorista, con el procedimiento de entrega inmediata de los terroristas asilados en el país vecino.

El año de Hipercor es claramente el fin del atentado selectivo, del tiro en la nuca, algo que ya estaba previsto por los expertos ya que permitía mayores matanzas con menos riesgo. Fue evidente que se trataba de aumentar el daño entre la población, tan indiscriminada como podía serlo la clientela de un supermercado a las cuatro de la tarde de un sábado.

El artefacto explosivo estaba compuesto por 27 kilos de amonal, 200 litros de líquidos incendiarios, pegamento y escamas de jabón. Algunos expertos han definido la bomba de Hipercor como ‘napalm casero’. El pegamento y el jabón tenían como finalidad pegarse al cuerpo de las víctimas, que no tenían posibilidad de desprenderse de ello ni apagarlo, porque la combustión no necesitaba el oxígeno ambiente, no hacía falta comburente.

Me van a permitir que abra un poco el foco, un par de años por delante para abarcar el comienzo de un cambio de estrategia por parte de ETA. Después lo haré por detrás para evaluar las consecuencias. El recurso al coche-bomba ya se había usado antes.

Fue en 1984 cuando el tiro en la nuca cede paso al coche-bomba, la bomba trampa y la bomba lapa que se adosaba a los bajos del coche de la víctima. Los que explosionaron en 1985 causaron cuatro víctimas. En 1986 el número de víctimas mortales asciende a 18, pero es en 1987 cuando el coche-bomba se revela más letal: Del total de asesinatos perpetrados en este año, que fueron 52, 40 lo fueron por coche-bomba, más de la mitad en Hipercor.

En 1985 se produce también el bautismo de sangre de la Ertzaintza. El 7 de marzo es asesinado en una gasolinera de Vitoria el superintendente de la Ertzaintza, Carlos Díaz Arcocha. Era teniente coronel del Ejército y se se había ofrecido como voluntario para poner en marcha la Policía Autonómica vasca.

ETA reivindicó en su comunicado el asesinato por ser un mando de “las Fuerzas Armadas españolas de ocupación”. No había asesinado al jefe de la Policía vasca sino a un teniente coronel del Ejército español. Este asesinato produjo un pequeño cambio en el nacionalismo vasco. Es entonces cuando el PNV admite por vez primera la legitimidad y la pertinencia de la lucha policial contra ETA.

Carlos Díaz Arcocha es una de las trescientas víctimas del terrorismo etarra cuyo asesinato está sin esclarecer policial y judicialmente. Que el asesinato del jefe de la Policía permanezca impune es un mal asunto para esa Policía y para el Gobierno que la manda. La Ertzaintza nunca podrá quitarse el estigma de haber dejado sin resolver el asesinato de su jefe. Lo dice el protagonista de ‘El Halcón Maltés’, la película, no la novela de Hammett, que tiene el mismo sentido pero es menos explícita. Al final, Bogart detiene a la asesina de su socio. Para pasmo de Mary Astor, que confiaba en la atracción que ejercía sobre él, le explica: “Estamos en el ramo de los detectives y cuando matan a tu socio es muy mala práctica dejar que el asesino se escape. Es malo en todos los sentidos. Es malo para todos los detectives del mundo”.

Bien. Volvamos al mainstream. Decíamos que desde Hipercor hasta el secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco transcurre una década casi exacta: diez años y veinte días, que constituyen el periodo en el que se dan más cambios y estos son más profundos. En estos diez años no solo cambia el know how de los terroristas, hay que examinarlos también por la actividad policial, las acciones de las instituciones y los partidos políticos. En el ecuador de ese periodo se produce una acción policial clave, que lleva el nombre del pueblo francés en la que se produjo: Bidart.

El 29 de marzo de 1992 una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía francesa detiene en la citada localidad a la cúpula de la banda terrorista, integrada por Francisco Múgica Garmendia, ‘Pakito’; José Luis Alvarez Santacristina, ‘Txelis’ y Joseba Arregi Erostabe, ‘Fiti’. Aquello tuvo una importancia grande no solo desde el punto de vista policial, sino tambi.én político. Al demostrar que ETA era ‘tocable’, pierde fuerza la idea de que contra el terrorismo no valían las medidas policiales, solo las políticas. Al menos durante cierto tiempo, porque una de las características del lenguaje político nacionalista es el salto atávico por encima de los hechos.

El horror de Hipercor tuvo consecuencias. Los políticos aumentan sus mejorables esfuerzos para alcanzar acuerdos en la lucha contra el terrorismo. El 12 de febrero de 1988, dos meses después del brutal atentado contra la Casa cuartel de Zaragoza, los partidos vascos suscriben el Pacto de Ajuria Enea. Aquel año, hubo un bajón en las estadísticas del terrorismo: de los 52 asesinatos en 1987 se bajó a 19 en 1988.

También produce efectos en el Estado: En 1987 se empezaban a poner las bases para el primer gran intento negociador entre ETA y el Gobierno en las conversaciones entre Txomin Iturbe y Julián San Cristóbal. (tono conversaciones). Txomin Iturbe muere en febrero y es sustituido por Eugenio Etxebeste (Antxon). La conversación se enturbia cuando la banda secuestra, en febrero del 88, al empresario Emiliano Revilla, que permanece en su poder hasta octubre, lo que interrumpe los encuentros. Tras su liberación, previo pago de rescate, prosiguen los contactos y eso cristaliza en la primera negociación, digamos seria, entre ETA y el Gobierno: las conversaciones de Argel, que se extienden a lo largo del primer trimestre de 1989, tiempo en el que no se produce ningún asesinato.

El fracaso de las conversaciones y la vuelta a los asesinatos el 12 de abril, tiene como consecuencia inmediata la deportación de Antxon y los suyos (Carmen y Makario) a la República Dominicana. El 19 de marzo, ante la inminencia de la ruptura de las conversaciones, el lehendakari Ardanza y el Pacto de Ajuria Enea convocan una manifestación en Bilbao bajo el lema: “Paz ahora y para siempre”. Fue la mayor manifestación celebrada hasta entonces en Bilbao, una marcha silenciosa como lo eran todas entonces.

También es determinante en el debilitamiento de la banda la detención de su cúpula en Bidart, la colaboración internacional, el atentado de Hipercor que superó cuantitativa y cualitativamente el horror al que ETA tenía acostumbrada a la población. 1987 es el año cumbre de Henri Parot y su comando Argala, también llamado itinerante, que estaba formado por ciudadanos franceses. El comando que dirige Parot arranca su carrera de atentados a finales de los años 70 y acaba especializándose en el coche-bomba.

Él, que fue condenado a 4.800 años de cárcel por 82 asesinatos, abre y cierra la contabilidad criminal de ETA durante 1987 en la misma plaza, Zaragoza y los dos con coche-bomba. En enero, contra un autobús militar que se dirigía a la Academia, que causó dos muertos. El 11 de diciembre contra la casa cuartel, con un resultado de 11 muertos, entre ellos, dos mujeres y cinco niñas. Y en medio, Hipercor, que no fue obra de Parot, sino del comando Barcelona, formado entonces por Mercedes Ernaga, Domingo Troitiño y Rafael Caride.

 Herri Batasuna había diseñado en 1994 una estrategia que plasma en la Ponencia Oldartzen, que preconizaba la socialización del sufrimiento, en la idea de que los asesinatos de militares y miembros de los cuerpos de seguridad que habían realizado principalmente hasta la fecha no iban a dar resultado. Pero que, si empezaban a atentar contra los políticos y cargos de representación, harían a la sociedad más sensible a sus demandas.

Kas elabora la ponencia Txinaurriak, que abogaba por acciones contra los periodistas, que “se han blindado en nombre de la libertad de expresión y en nombre de la democracia y están causando un dolor tremendo a la izquierda abertzale”.Pero no hay que recurrir a la lucha armada al buen tuntún. El trabajo contra los periodistas y los emdios está sin hacer y las acciones armadas deben ser precedidas por una dinámica de denuncia y presión.

La primera aplicación de Oldartzen fue el 23 de enero de 1995, con el asesinato del teniente de alcalde del Ayuntamiento de San Sebastián, Gregorio Ordóñez. Es el primer concejal asesinado. El Segundo lo fue dos años y medio después. Se llamaba Miguel Ángel Blanco Garrido y era concejal del PP en Ermua. Entre ambos, ETA asesina al dirigente socialista Fernando Múgica Herzog, al catedrático Francisco Tomás y Valiente. Después de Miguel Ángel Blanco seguirían en cascada los concejales: José Luis Caso, José Ignacio Iruretagoyena, Alberto Jiménez Becerril, su esposa Ascensión García Ortiz que era procuradora, Tomás Caballero y Manuel Zamarreño.

El año 99 transcurre sin víctimas por la tregua de Lizarra. Después volvieron a predominar los cargos públicos, principalmente concejales.

Hemos celebrado en días pasados un acontecimiento gozoso: la liberación de Ortega Lara por la Guardia Civil que puso fin al secuestro más largo de la banda. La respuesta, la venganza de ETA, tardaría diez días en producirse y había sido anunciada por el portavoz de HB, Floren Aoiz: “Después de la borrachera viene la resaca”. La resaca fue el secuestro de Miguel Ángel, en realidad un asesinato a cámara lenta y en directo.

El espíritu de Ermua prendió en Euskadi y en España entera. Fue un estallido de ira que tuvo algunas expresiones magníficas. Carlos Totorica, alcalde de Ermua encabezó la manifestación de sus convecinos para llevarles hasta la localidad vecina de Eibar, a 6 km. para disuadirles del ataque a la sede de HB. La Ertzaintza protegió los locales de HB en SS. Los manifestantes les pidieron que se quitaran el verduguillo y lo hicieron y se produjo una escena insólita: los manifestantes abrazaban a los policías y viceversa.

 Aquellos días hubo miedo en el nacionalismo vasco, y no solo en el màs radical. Si hubo un antes y un después, el nacionalismo vasco empezó a actuar para que el ‘después’ se pareciese lo más posible al ‘antes’. El ex lehendakari Carlos Garaikoetxea, fue quien mejor definió el asunto en términos de riesgo: “Si no nos espabilamos, aquí se va a desatar una marea españolista que nos puede barrer a todos”.

Y se espabilaron y el espíritu de Ermua se fue diluyendo suavemente con el paso de los meses, aunque no fuera en vano. El nacionalismo se radicalizó, Ardanza dimitió y fue relevado por Ibarretxe. El PNV pactó con EA ¡y con ETA! en el verano de 1998. ETA impuso a sus interlocutores “el compromiso de pactar con las fuerzas favorables a la construcción de Euskal Herria así como “el compromiso de romper con los partidos (PP y PSOE) que tienen como objetivo la construcción de España y la destrucción de Euskal Herria”.

Aquel comunicado informó el Pacto de Estella, firmado el 12 de septiembre de 1998, entre los partidos, sindicatos y organizaciones sociales nacionalistas, al que ETA respondió con una tregua “unilateral e indefinida” que anuncia el 16 de septiembre de 1998 y que mantendrá hasta el 28 de noviembre de 1999, fecha en la que anuncia su fin para el 3 de diciembre. La banda acusa al PNV y EA de no haber cumplido el compromiso de buscar una estructura institucional única y soberana para Euskadi y romper los acuerdos con el PP y el PSOE.

Durante la tregua se produjo un solo contacto de la banda con el Gobierno a través de tres enviados de Aznar (Zarzalejos, Martí Fluxá y Pedro Arriola) con Mikel Antza y Belén González Peñalva, y el obispo Uriarte de moderador. Fue el 19 de mayo de 1999 en Suiza, duró algo más de dos horas y media y se levantó sin otro acuerdo que el de volver a reunirse, lo que no se produjo.

El 8 de diciembre de 2000 se firma el Pacto Antiterrorista entre el entonces presidente Aznar y Zapatero, que casi cinco meses antes había sido elegido secretario general del PSOE. El pacto se empieza a violar el año siguiente en las conversaciones de Jesús Eguiguren con Arnaldo Otegi, pero esa sería otra historia, como diría Moustache, el barman de ‘Irma la Dulce’.

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Notas.-

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