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Dos ejemplos del día

De Blesa

Lamento profundamente la muerte de Miguel Blesa -aún presunto inocente, sin sentencia firme alguna, y exencarcelado a manos de un prevaricador- a pesar de llevar meses de linchamiento antidemocrático, moneda de uso corriente en un país que ha decidido que, eso sí, no condena las filtraciones de un sumario por mucho que ello destroce tanto la capacidad de defensa como el honor del imputado, quien, con frecuencia, no se ve capaz de superar tal fascista expiación preventiva.

De J.M. Villar

Esto da mucho asco: ¿Algún periódico no condenaba preventivamente, ayer, a Ángel María Villar? ¿Por qué casi todos denominaba a la Federación Española de Fútbolorganismo público’ cuando no lo es en absoluto? ¿Qué se intenta agrandar adosándole tal naturaleza?

El Sr. Villar lleva 30 años en el cargo. Me imagino que el Gobierno ha tenido más que tiempo en fiscalizar el uso del dinero público recibido…, sobre todo si tenemos en cuenta que ganas no le han faltado. Y la persecución a Villar viene de antiguo y tiene mucho que ver con el poder que acumulan determinadas asociaciones que, organizadas internacionalmente, tratan de escapar del control del derecho positivo del Estado de que se trate.

Ese ‘Sistema’ sobrevive aquí también porque en Europa la UE ha sido hasta ahora manifiestamente incapaz de regular globalmente ese control, que se le escapa de las manos. Y por lo que concierne al control de la financiación pública, ya me conformaría yo con que nuestra Hacienda pública mantuviera con todos lo receptores de esta naturaleza la misma minuciosidad que nos aplica a los del común a través de la declaración de la renta.

De la corrupción

Una de los indicadores de la decadencia de un país es la paulatina desaparición de valores anteriormente consolidados y la consiguiente aparición de nuevas proposiciones de criterios apartados de toda lógica que tratan de venderse como panaceas y que -y eso es lo peor- demonizan hasta límites infinitos los usos y costumbres desechados.

Hablando de ZPedro, bastaría con recordar sus globos sondas en torno a la desaparición del Ministerio de Defensa u otro una más reciente, esto es, la condonación de la deuda a los golpistas. Tiene muchas y surtiditas. Sin que la ciudadanía chiste siquiera.

Pero yo me quiero hoy referir a las relativas al concepto de corrupción. Se ha pasado, drásticamente, de una práctica social consensuada alrededor de la corrupción al linchamiento selectivo de determinados corruptos por hechos que, siendo anteriores, obedecían a la moral derruida. Y digo selectivos porque por los mismos motivos que a cierta derecha se la trata como ‘organización criminal’ a cierta izquierda se la exonera por revolucionaria.

Y, después, los tiempos del linchamiento para el chivo y su familia: ¿cuánto tiempo para la Pantoja? ¿Cuanto tiempo para Cristina? ¿Cuánto para Rato? Cuánto para Bárcenas? ¿Cuánto para Granados? ¿Cuánto para Rita? ¿Cuanto para Grau? ¿Cuánto puede y debe aguantar el chivo y su familia?

Regenerar un país no es precisamente eso. Porque también es corrupción -y masiva, social- la factura sin IVA, y esa práctica cotidiana sigue impoluta, sin linchamiento alguno. Los usos y costumbres -también el canibalismo mediático- deben evolucionar gracias a la presión política, pero no tirando la casa por la ventana.

Tampoco el concepto de corrupción debe circunscribirse exclusivamente a la moda demonizadora del momento. Multar con 700 euros a un ciudadano que pasea al perro por la playa en pleno invierno es un claro ejemplo de lo que está ocurriendo. Prohibir que un ciudadano se pasee en pelotas por la calle mientras se tolera que cualquiera lo haga con un burka o un nikab, es pura corrupción gubernamental.

Y qué me dicen de la reciente corrupción consistente en que el ciudadano no tenga nin medio para controlar la fiabilidad de los nuevos y ‘ventajosos’ contadores electrónicos que le facturan la luz? ¿Hay alguien del Estado que se haya preocupado por abrir una ventanilla de ‘control de calibración’ y revisión de esa monada de aparatitos?

O el filtro político: dime de qué partido eres y te diré qué tipo de corrupción vas a perseguir y contra quiénes. O que la corrupción social siga estando bien vista por todos los partidos, no vaya a ser que me quede sin votos:

IVA, pirateo digital, trampas en la declaración de la renta, gastos personales declarados como de empresa, aprobados gratis, absentismo laboral, compraventas con parte en dinero en negro, economía sumergida, denuncias falsas…

Cuando se centra la corrupción en perseguir únicamente los delitos económicos es que no se está pensando en regenerar la sociedad.

EQM

La vergüenza black

Arcadi Espada en El mundo, 190717.

Es posible que Miguel Blesa se haya suicidado. Lo que extraña es que a los pocos minutos de saberse la noticia se dé por evidente el suicidio. ¡Bueno, extraña! La opinión general da por lógico que Blesa se suicidara. Es más, la opinión general, sagazmente interrogada, acabaría confesando que era lo mejor que podía hacer. El suicidio de Blesa funciona en el imaginario público como una confirmación. Y ya metido en la arena suicida qué duda cabe que la opinión general cree saber perfectamente las razones. Ninguna otra que la vergüenza black de ser Blesa.

Nunca había habido mayor necesidad de periódicos.

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Miguel Blesa: “Su casa era su celda”

Jesús Cacho en vozpòpuli, 190717.

“Tranquilo. A la espera del Supremo, que tardará 10 ó 12 meses. Refugiado en la lectura (libros, no prensa), jardinería, fotografía… Ah, y los nietos, que son un premio en la vida. Lo de esta nuestra España ya lo ves, puede convertirse en una pesadilla”. Es el texto del último wasap que Miguel Blesa me dirigió el pasado domingo 7 de mayo, con motivo de un comentario previo por él realizado a propósito de mi columna de opinión de aquel domingo, titulada Un barco a la deriva sostenido por el crecimiento”.

La pregunta obligada del “¿Cómo estás, Miguel?” llevaba aparejada la respuesta forzada del silencio. Miguel Blesa no estaba. Andaba refugiado en su casa (“su casa era su celda” me decía esta mañana una persona muy cercana a él), porque el riesgo de salir a la calle y ser recibido por los insultos, incluso por los intentos de agresión de los parroquianos más levantiscos, era demasiado alto como para exponerse a un paseo a cuerpo gentil.

Con todos sus bienes embargados, su escape consistía en acudir a las fincas de algunos amigos que le seguían invitando a pesar de haber caído en desgracia, porque allí podía dar rienda suelta a su afición favorita, la caza (¡Ay, aquellas fotos terribles de potentado que se exhibe orondo y satisfecho tras los trofeos logrados en África, cazador cazado, que tanto daño hicieron a su imagen a los ojos del pueblo llano), y sobre todo porque allí podía pasear durante horas entre pinos y jaras sin que ningún vecino le saliera al paso garrota en mano al grito de “¡chorizo!”.

Aislado, silenciado, recluido en el monasterio de su casa, pero nunca hundido. Jamás dio la sensación de estar cerca de quebrarse a cuenta de las causas judiciales que tenía abiertas. “Muy al contrario, Miguel llevaba su situación con una integridad, con una fortaleza que me sorprendía a mí mismo”, me aseguraba esta mañana su abogado, Carlos Aguilar, socio del Bufete Albiñana y Suárez de Lezo.

Blesa no había dado en los últimos días la menor señal de estar deprimido, lo cual aumenta los interrogantes de este aparente suicidio difícil de explicar en un hombre que tenía fundadas esperanzas de poder remontar el vuelo de su honor mediante el recurso de casación al Tribunal Supremo de la condena a 6 años que le había sido impuesta por la Audiencia Nacional a cuenta de las tarjetas opacas de Caja Madrid. Él, como la mayoría de los condenados por las famosas “black” –que, por cierto, no fue un invento suyo-, era consciente de haberse convertido en el pagano idóneo, el muñeco sobre el que descargar ese cabreo popular provocado por la dureza de la crisis y la quiebra fraudulenta del sistema de Cajas de Ahorros.

Los 15 millones de las “black”, el chocolate del loro, los cacahuetes del festín de un rescate financiero que se ha tragado en torno a 40.000 millones de dinero público, sirvieron para lavar, en el ara de un clima popular intencionadamente alimentado desde los medios, el infinito cabreo de un Juan Español humillado por tanto desafuero.

También esperaba salir bien del caso de los sobresueldos, la denuncia formulada por Anticorrupción en enero de 2015 contra la cúpula de Caja Madrid por supuestos incrementos abusivos del sueldo de sus directivos, ocasionando según la Fiscalía un perjuicio de casi 15 millones a la entidad, un caso que se halla a punto de caramelo tras la apertura de juicio oral el pasado febrero. Contra la cúpula de Caja Madrid no, o no contra toda ella, porque, por sorprendente que pueda parecer, el fiscal solo ha procedido contra Blesa y contra el ex director general Sánchez Barcoj, pero no contra las 28 altos cargos de la entidad beneficiados por la medida, entre ellos los integrantes del Comité de Dirección que la aprobaron.

Y es que Blesa se había convertido en una especie de pim, pam, pum, un muñeco de feria al que resultaba fácil arrear estera, un hombre sin contactos relevantes desde que perdiera la amistad con los Aznar a cuenta de la pretensión del primogénito de hacer negocios a costa de la Caja madrileña.

En todo caso un bancario; nunca un banquero

El mayor delito de Miguel Blesa fue quizá aceptar un cargo para el que no estaba preparado, como no lo estaban la inmensa mayoría de los presidentes que llevaron a las Cajas de Ahorros a la ruina de una politización absurda, reñida con el papel primigenio de unas entidades que habían venido dando una buen servicio a esa clientela de proximidad que siempre se sintió a gusto y bien atendida en sus sucursales.

Blesa fue un producto del dedazo de José María Aznar, otro más, de modo que cuando perdió el favor de ese gran dedo aznariano se convirtió en un don nadie, alguien situado extramuros del establisment patrio que, al mismo tiempo, destilaba una cierta imagen de tipo estirado, siempre tan pintón con su traje a cuestas, un personaje sin agarraderas al que resultó fácil cargar la cuenta de los escándalos financieros patrios.

Un juguete roto. No fue él quien ideó y llevó a cabo la ruinosa fusión de Caja Madrid con la levantina Bancaja, origen de ese desastre posterior denominado Bankia, ni tampoco fue quien sacó Bankia a Bolsa, no obstante lo cual, los valientes chicos de la prensa española, legionarios todos, se tientan la ropa todavía hoy a la hora de contar las miserias del poderoso e influyente, éste sí, Rodrigo Rato, mientras se despachan a gusto a la hora de poner a Blesa de chupa de dómine. Arrearle a Blesa es tan fácil como tirar un penalti sin portero, sobre todo si intencionadamente se olvida que del panal de Caja Madrid chuparon todos durante años y muy a gusto: chupó, por cierto, la derecha, la izquierda, los sindicatos, la prensa, la Corona y hasta el lucero del alba. ¡Que pague Blesa!

Nunca fue un banquero -en todo caso un ejecutivo de banca-, y mucho menos “uno de los hombres más poderosos de España”, esa soberana  tontería que esta mañana se repetía como una letanía por radios y televisiones varias. Fue el mejor amigo de un presidente del Gobierno, uno de los mejores antes de la ruptura de esa amistad, a quien ese presidente del Gobierno colocó en un cargo, un pedazo de cargo, un cargazo, como han hecho todos los presidentes de todos los Gobiernos de la democracia, en un país donde nunca hubo una separación clara entre la política y los negocios, entre lo público y lo privado, origen de gran parte de nuestros problemas colectivos.

Esperemos que la autopsia pueda determinar sin lugar a dudas las causas de esta penosa muerte, y deseemos a su familia mucha fuerza para sobrellevar el trance. Descanse en paz Miguel Blesa.

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Notas.-

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