.

.

Machacones veraniegos

Estos días, Cristina Cifuentes, Presidenta de la Comunidad de Madrid, ha abierto un artificial debate sobre las vacaciones de los políticos cuando ha dicho que ella no se la tomará porque en agosto, como en su despacho, en ninguna parte.

Al cainismo político de Podemos y al golpismo catalanista, como era de esperar, les ha faltado el tiempo para divulgar a sus militancias lo perversa que es esta pepera, dispuesta a cargarse los derechos vacacionales de los trabajadores, establecidos por la legislación laboral.

Cuando hasta el más tonto sabe, los altos cargos políticos pertenecientes a la cúpula de los distintos Gobiernos del Estado, no están sujetos, en sus derechos y obligaciones, ni a la normativa laboral ni a la funcionarial, tienen dedicación exclusiva y raro es el año que pueden disfrutar del reglamentario mes de vacaciones estivales. Y a Carles Puigdemont ya sabemos que sus altos cargos, cuando quieren irse de vacaciones, no vaya a ser, le dimiten.

Y más este año en el que los golpistas dicen, machaconamente, tienen previsto golpear el 1 de Octubre y el Gobierno de España repite, machaconamente, que están el permanente alerta para impedir el golpe.

Como observarán, toda una delicia de debate político.

EQM

pd. Según cuenta La Vanguardia, El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, envió ayer a la Guardia Civil, en misión de Policía Judicial, a investigar sobre determinada documentación, al Parlamento de Cataluña, la Generalidad catalana y dependencias de la misma.

Y no me parece en absoluto adecuado ni respetuoso con las instituciones que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hagan acto de presencia para hacer su trabajo no sólo sin uniforme [?] sino vestidos de un modo cuyo calificativo dejo en manos de los lectores. Y eso creo que le corresponde vigilar al Sr. Zoido, Ministro del Interior:

vía

Pie de foto.- Ay, Federico García, llama a la Guardia Civil

.

En casa del Tres per Cent

Santiago González en El Mundo, 210717.

Tanta ensoñación de tanques por la Diagonal y cuando tienen un apunte no dicen ni mú. Docena y media de guardias civiles se plantaron ayer en el Parlamento de Cataluña y el Palacio de la Generalidad. “Se han personado” decía delicadamente La Vanguardia. “Visitaron”, podrían haber dicho.

La ocasión permitiría una gran paráfrasis lorquiana, si no fuera porque a los visitados les tocaba el papel de los gitanos:

“El Palau libre de miedo/ multiplicaba sus puertas,/ dieciocho guardias civiles/ entran a saco por ellas./ Los relojes se pararon/ y hasta el coñá en las botellas/ se disfrazó de noviembre/ para no infundir sospechas”.

Quizá fuera más propio dejarse llevar por la analogía tonta: guardias civiles en el Parlament, ¡un tejerazo! Si no fuera por la inversión de los papeles: en la cámara catalana los golpistas estaban dentro.

No ha habido protestas, ya digo. La Generalidad vistió de timbaler del Bruc al pobre Turull y difundió la versión de que había impedido la entrada de los guardias, lo que no era cierto, por más que las televisiones amigas lo difundieron con mucha convicción. En todo caso hay que censurar la falta de estilo de los guardias. En lugar de ir con tricornio, llegaron en plan casual, en camiseta y embozados con pañuelos. Seguramente no se alarmó nadie porque parecían parlamentarios de la CUP.

Hace ya más de 42 años que Jordi Pujol, en compañía de otros, como se diría en prosa judicial, fundó Convergència en el monasterio de Montserrat. Había tradición. En diciembre de 1970 se habían concentrado allí 300 intelectuales y artistas para protestar contra el proceso de Burgos. Hacía casi el doble, 81, que

“en el 18 de julio/ en el patio de un convento/ el Partido Comunista/ funda el Quinto Regimiento”.

La idea de acogerse a sagrado ha gozado siempre de mucho arraigo, hay una cierta metáfora de útero materno en lo de Montserrat.

Debo confesar que en el primer contacto con la noticia me dije: “¡anda, el 155 ya está aquí!” pero no había tal. La épica, como la barca del amor de Maiakovski siempre se estrella contra la vida cotidiana. No era la sedición, sino la mangancia, aquel secreto a voces que Maragall le cantó a Mas en el Parlamento:

“Vostés tenen un problema i aquest problema es diu tres per cent”

y ahora tiene imputado a su mano derecha, o sea, Germà Gordó.

Ese artículo cuya aplicación no les cabe en la cabeza a Margarita Robles ni a Aitor Esteban, no prevé la sustitución de los mossos por guardiaciviles. Uno entiende que si los guardias llegan a presentarse ayer con uniforme, el aguerrido Turull se habría escurrido por las alcantarillas, como Dencàs y la tropa de Companys el 6 de octubre del 34.

El 155 no da para tanto, sino para poner a los mossos bajo las órdenes del delegado de Gobierno, pero cuando el golpista Puigdemont ha puesto al frente de la Policía a alguien que va a hacerle cumplir órdenes ilegales ha llegado la hora. Rajoy no debería preocuparse por tener que explicárselo a Pere Sàntxes (© Dolça Catalunya). No lo va a entender, pero llegado caso, ya se lo explicarán los electores.

••

•••

 

Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique con un color azul. También es cosa de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.

Anuncios