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Juan Abreu [escritor; Cuba, 1952]

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2 de agosto de 2017

Les decía ayer, venezolanos, lo de la guerra civil, cosa monstruosa, pero he de ser honesto con ustedes, esa guerra no garantiza nada. Y advertirles que se enfrentan a una organización de asesinos que está entre las más sádicas y brutales del planeta. Sepan que en Cuba hubo también una guerra civil. En cuanto llegaron al poder los castristas los ciudadanos cubanos organizaron una considerable resistencia armada en las ciudades y en las montañas. Fracasó. Fue arrasada. Deben saber venezolanos que los esbirros de la policía secreta castrista (que dirige la represión contra ustedes, venezolanos) son asesinos brutales y despiadados. Si se enfrentan a ellos a sangre y fuego han de tener esto muy en cuenta. Sólo les diré que uno de los métodos del DSE castrista (G-2, en aquellos años) consistía en atar de los pies a la parte posterior de un automóvil a los insurrectos anticastristas, y arrastrarlos por los arrecifes de la costa cubana hasta que sólo quedaba de ellos una masa informe. Menciono una de las torturas atroces y uno (entre muchos) de los métodos atroces de la maquinaria asesina de los órganos represivos castristas a los que habrán de combatir. El enemigo castrista es bárbaro y cruel. Razón de más para matarlos, sí, de acuerdo. Pero sepan a lo que se enfrentan.

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1 de agosto de 2017

Ya es casi inútil hablar de lo de Venezuela. Pero. La furia me inunda (gracias gracias amadas Furias mías) y algo tengo que decir. Posiblemente es tarde ya, venezolanos. Eso es lo primero que tengo que decir. Están solos, además, venezolanos. Nadie los ayudará. Olviden a USA y a Europa y a la ONU etcétera. Mierda. Nadie moverá un dedo por ustedes. Cháchara sí, mucha. Pero la cháchara condenatoria y las sanciones no sirven de nada contra los castristas. ¡Y los que sancionan y chacharean lo saben! Miren a Cuba. Ese es vuestro destino. Veo que han comenzado a huir por todas las fronteras. Al menos ustedes tienen fronteras. Qué suerte. Nosotros teníamos que lanzarnos al mar y allí yacen sepultados miles, decenas de miles. No se sabe cuántos. Y a nadie le importa un carajo: tomen nota. Pero. Venezolanos que decidan no escapar, quedarse, escuchen con la mayor atención, sólo hay una salida para librarse de la esclavitud castrista: la violencia organizada. Si los castristas chavistas matan a cien manifestantes, hay que matar a cien o a doscientos castristas chavistas. Y eso es una guerra civil. ¿Están dispuestos venezolanos a armarse y luchar y matar y morir en una guerra abierta civil o del tipo que sea contra la colonización castrista (olviden a Maduro, Maduro sólo cumple órdenes). Sí, o no. Si la respuesta es no, mi recomendación es que escapen lo antes posible hacia la frontera más próxima. Les digo esto porque simpatizo con ustedes y porque les deseo lo mejor, y porque sé de lo que hablo.

Entrevista de Pablo Iglesias en Venezolana de Televisión, en marzo de 2013, tiempos de Hugo Chavez, entrevistado por Tania Díaz en el programa ‘Dando y Dando‘.

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Hoy Venezuela, modelo alternativo

Santiago González en El Mundo, 310717.

Hoy toca Venezuela, después de la última artimaña de Maduro para implantar una dictadura si los ciudadanos y la comunidad internacional no lo impiden. Había elecciones para una nueva Asamblea Constituyente. Las anteriores (6 de diciembre de 2015) le habían salido mal porque las ganó la oposición, así que Maduro la desposeyó de competencias a favor del Tribunal Supremo adicto y convocó las constituyentes de ayer. Para ello violó la Constitución chavista de 1999, que prevé la convocatoria de elecciones para redactar una nueva Constitución, pero con un requisito previo: que la convocatoria sea sometida a referéndum de los ciudadanos.

Este es el legado de Chávez. ¿En qué consiste? Juan Carlos Monedero, uno de los asesores que llevaron a los dirigentes bolivarianos y al país a esta situación, lo explicaba tal como se lo había contado a él un atleta paralímpico: “Se puede explicar el legado de Chávez en cinco palabras: ‘Chávez, Chávez, Chávez, Chávez y Chávez, ¡carajo!'” Si se han molestado en contar verán que son siete, pero es que lo suyo no es la economía cuantitativa.

La economía venezolana padece la inflación más alta del mundo. El FMI la calculó en el 720,5% para este año y prevé que sea del 2.068,5% en 2018. Un 87% de los venezolanos son pobres. Su tasa de criminalidad (91 asesinados por cada 100.000 habitantes) es la más alta del mundo después de El Salvador. De las víctimas correspondientes al año pasado, 4.667 lo fueron a manos de la Policía, según la fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega Díaz. Los venezolanos son los primeros demandantes de asilo en España, con 4.000 peticiones: superan en un tercio a los solicitantes sirios y doblan a los ucranianos.

El legado. Chávez primero, y después Maduro, llegaron a estos resultados con la asesoría de unos politólogos españoles, a los que financiaron con largueza y ayudaron a constituirse en partido, prestándoles hasta el nombre, Podemos, acrónimo de una escisión del MAS en 2002. El ministro de Finanzas, Rafael Isea, se lo argumentaba así a Chávez: “Para que en España puedan crear consensos de fuerzas políticas y movimientos sociales, propiciando en ese país cambios políticos aún más afines al Gobierno bolivariano”.

Se estaban financiando la agit-prop. Errejón, el núcleo irradiador, daba una explicación original a las colas de venezolanos ante los supermercados:

“Desmercantilizando necesidades (la Revolución), la gente tiene más dinero disponible para dedicarlo a otras cosas, como el consumo. El aumento de la capacidad de consumo es producto de la Revolución Bolivariana”.

El jefe, Pablo Iglesias, en una impagable entrevista en Venezolana de Televisión, explicaba las críticas a Maduro en la prensa española:

Les duele, lo odian, no soportan que un conductor de autobús pueda ser el conductor de un país. A ellos les educaron para ser élites, para que los presidentes sean blancos”.

La entrevista terminaba con una consideración para los españoles que viven en Venezuela:

“¡Qué envidia me dan! En estos momentos, tal como están las cosas en Europa, es muy interesante vivir en un país como éste, que puede convertirse en un ejemplo democrático para los ciudadanos del sur de Europa”.

Éste es el guía político y espiritual de su partido y del que encabeza Pedro Sánchez.

Ahora mismo, el militante podemita Alfredo Serrano es el principal asesor económico del Gobierno bolivariano. “El Jesucristo de la Economía”, lo llama Maduro. Lloren hoy por Venezuela y cinco minutos después por nosotros. Ése puede ser nuestro próximo ministro de Hacienda.

Un hombre pasea frente a la casa del preso político venezolano, Leopoldo López, anteayer, en Caracas. Reuters.

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Venezuela: La narcodictadura en el abismo

El autor subraya el impacto emocional que ha suscitado entre la población venezolana el arresto, durante la madrugada, de Leopoldo López y Antonio Ledezma, lo que muestra el rechazo general al régimen chavista

Miguel Henrique Otero, presidente editor del diario venezolano ‘El Nacional‘, en El Mundo, 020817.

Escribo este artículo unas horas después de que los demócratas del mundo hayamos recibido la noticia de que los presos de conciencia Antonio Ledezma y Leopoldo López, que permanecían detenidos en sus respectivos domicilios, fueran nuevamente sacados y trasladados a centros de reclusión. Dentro y fuera de Venezuela, la noticia ha tocado la sensibilidad de quienes siguen la vertiginosa situación que padecen 31 millones de personas.

Ledezma tiene en su haber, entre otras cosas, el haber derrotado en dos procesos electorales a candidatos de Chávez en la ciudad de Caracas. Leopoldo López, por su parte, víctima de un juicio amañado y bufo, ampliamente conocido por la opinión pública, tras 40 meses encerrado, fue devuelto a su casa la madrugada del pasado 8 de julio. Nadie debe olvidar que ha sido condenado a más de 14 años de prisión, sin que medie delito alguno que justifique el castigo que le han impuesto.

La reacción que se ha producido tiene una llamativa calidad emocional. Los venezolanos sentimos que, personas que son nuestras, nos han sido arrancadas en la opacidad de la noche. Es prudente detenerse en lo que significa ese dolor político. Qué significa que esa emoción, que transforma los asuntos públicos en cuestión de la intimidad, sea causada por dos políticos de distinta trayectoria y generación: significa que la lucha en contra de la narcodictadura en Venezuela es el episodio central en la vida de los ciudadanos. Que no hay nada más compartido y movilizador que el afán de la inmensa mayoría de los venezolanos de recuperar las libertades y reconstruir el país.

Es falsa la visión que alimentan las izquierdas, el periodismo cómodo y ciertos burócratas que reducen la situación venezolana al resultado de la polarización. La fórmula que habla de la existencia en Venezuela de “dos bandos” beneficia a la narcodictadura. Sugiere que hay fuerzas equivalentes, que apoyan y rechazan al régimen. Insisto: no hay “dos bandos. Lo que hay es una realidad que no admite eufemismos ni muletillas: alrededor del 90% de la población rechaza al Gobierno y rechaza la Constituyente.

Es esa mayoría incuestionable y determinante la que ha sido tomada por el malestar de lo ocurrido con Ledezma y López. Es esa mayoría la que ha recibido todo el proceso del fraude constituyente como una bofetada. Y es esa mayoría, a la que el narcorégimen pretende doblegar, al costo que sea.

Que hayan irrumpido en los respectivos domicilios en plena madrugada no es más que la repetición de un método. El narcopoder no aplica la ley. De hecho, vive fuera de la ley. Sus métodos son justo los que sugieren las operaciones en contra de Ledezma y de López: nocturnidad, emboscada, ataque a indefensos, despliegue de fuerzas siempre en exceso.

Ese desbordarse, de actuar con violencia planificada, de aplastar física y moralmente a cada ciudadano que exprese alguna forma de disidencia; ese violar las leyes y la Constitución vigente, el debido proceso y los derechos humanos, el sentido común y las lógicas de la convivencia, ese constante violar -hay detenidos a los que han introducido tubos por la vagina o el ano en sesiones de tortura-, es ahora el signo primero y último del narcorégimen.

Violó el Consejo Nacional Electoral el derecho constitucional al voto, en el año 2016, impidiendo la realización del referéndum revocatorio. Violó otra vez el derecho al voto, impidiendo la realización de las elecciones regionales, que debieron celebrarse el pasado diciembre. Violó el Tribunal Supremo de Justicia las leyes, la Constitución y el principio de autonomía de los poderes, al desconocer a la Asamblea Constituyente y dar inicio a una campaña que se ha prolongado en el tiempo y que consiste en emitir decretos y medidas que están fuera del ámbito de sus competencias.

El Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, pero también la Contraloría General de la República y la Defensoría del Pueblo son instituciones dedicadas a violar. Y, al igual que los violadores que actúan aprovechando la noche, injurian, niegan, imponen por la fuerza, atacan por sorpresa, se ensañan en contra de los indefensos.

Hay una trama de lógicas que el narcorégimen ha diseñado para aplastar al país disidente. Para doblegar al 90% de los ciudadanos. Consiste en negar, desconocer, injuriar, humillar, amenazar, amedrentar, perseguir, golpear, robar, atracar, torturar, destruir, herir y matar. Esto es lo que practican funcionarios de una decena de organismos militares, policiales y paramilitares, al servicio del narcorégimen.

En 122 días de protestas consecutivas, estas bandas de criminales han protagonizado escenas como estas: grupos de 10, 12 ó 15 uniformados han atacado a personas discapacitadas, o a mujeres jóvenes, a quienes han pateado o machacado con sus armas, cuando estaban tiradas e inermes en el piso; han golpeado con furia y ventaja a personas de edades entre los 70 y los 87 años; han invadido edificios a la fuerza, roto los vehículos en los estacionamientos, reventado puertas y cristales, destruido rejas de seguridad, arrasado con los bienes dentro de las viviendas, sin una orden de allanamiento; grupos de motorizados han sido filmados en los momentos en que han saltado encima de peatones solos, a los que han golpeado y robado sus pertenencias.

Las sesiones de tortura en las prisiones del régimen, tal como acredita el informe del Instituto Casla presentado ante la Corte Penal Internacional el pasado 21 de julio, demuestra que hay un patrón en las ejecuciones de tortura. Esas prácticas -atención señores de Unidos Podemos- incluyen: colgar a los presos por pies y antebrazos, aplicar descargas eléctricas en los cuerpos heridos, obligar a los presos a ingerir alimentos mezclados con excrementos y gusanos, encerrar a los recién detenidos en pequeños espacios y lanzarles paquetes de polvo tóxico proveniente de bombas lacrimógenas.

Copio a continuación un párrafo de un artículo mío, publicado en ‘El Nacional’, justo ayer:

“Se dispara a los edificios. Se allanan viviendas sin orden ni justificación alguna. En esos procedimientos, del todo ilegales, roban: los funcionarios actúan como bandas de saqueo. Se usan tanquetas para destruir las instalaciones comunes de edificios y urbanizaciones. Se dispara a mansalva y se mata a diario. De hecho, en los últimos días ha aumentado la letalidad de los ataques a los ciudadanos, tanto a los que protestan como a los que no”.

La lista entera de las violaciones cometidas hasta ahora probablemente ocuparía varias ediciones de este diario. No se sintetiza sólo en las cifras de muertes y heridos: 149 muertos, más de 3.000 heridos, más de 5.000 detenidos. De forma simultánea, Venezuela sigue asolada por el hambre, la enfermedad y la inflación. Los padecimientos de la vida diaria constituyen otro capítulo desolador de las miserias provocadas por un narcorégimen de retórica revolucionaria y de ejecuciones que repiten las más siniestras modalidades del fascismo militarista.

Las medidas en contra de Ledezma y López -el lector no debe olvidar que son centenares los presos de conciencia-, forman parte de la secuencia que he intentado describir en este artículo. Vencido en las urnas en diciembre de 2015, la respuesta ha sido poner en marcha un programa de violaciones en contra de los derechos ciudadanos, de las leyes, de la vida e integridad de las personas.

Es el camino escogido por una banda criminal, acorralada por el rechazo creciente de la sociedad. Empujados hasta el límite, el régimen se ha lanzado al abismo e intenta arrastrar al país entero en su locura. Se trata, y la mortandad de los días recientes lo pone en evidencia -fueron asesinadas 14 personas entre el 26 y el 29 de julio-, de un momento de verdadero peligro, previo al estallido final contra el fondo.

Toca resistir y seguir, mientras el sonoro final se aproxima, veloz e inminente.

Ilustración de Javier Olivares [España, 1964] para el texto.

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Venezuela, una nación secuestrada

Alberto Ruiz-Gallardón en El Mundo, 020817.

En la madrugada de ayer, después de saltar las alarmas al saber que agentes del Sebin -la Stasi bolivariana- habían irrumpido violentamente en los domicilios de Leopoldo López y de Antonio Ledezma para ingresarlos en la prisión militar de Ramo Verde, llamé a los padres de Leopoldo. Él, en Madrid; ella, en Caracas. Ambos destrozados y, a la vez fuertes, valientes, determinados a seguir hasta el final con la lucha por la liberación de su hijo, de todos los presos políticos venezolanos y de su país. Y, una vez más, los dos me dijeron lo mismo: ¡Denúncialo! Que el mundo sepa el horror que la dictadura de Maduro ha impuesto en Venezuela.

Estas líneas son eso, un grito angustiado por la liberación -además de Leopoldo, Antonio y de todos los presos políticos- de una nación secuestrada por una dictadura terrible que reúne dos características insólitas. La primera, la tibieza de buena parte de la comunidad internacional, a la que parece incomodarle llamar a las cosas por su nombre, enfrentarse a la dictadura chavista con la misma contundencia con que lo hicieron antaño con las dictaduras de derechas que hubo en Hispanoamérica. Les cuesta anteponer la libertad de los venezolanos a los intereses económicos de sus países o de sus empresas.

Y, con inmenso dolor, incluyo en mi queja por la equidistancia entre víctimas y verdugos al Vaticano. La Iglesia católica tiene una autoridad ética y moral en Venezuela como ninguna otra institución. Los obispos venezolanos han identificado desde el principio el dolor de su pueblo y han sido héroes frente al tirano. Pero Roma ha abordado el tema como si de una disputa sobre límites territoriales se tratara. La responsabilidad es mayor cuanta más capacidad de resolución se tiene. Fue del formidable código ético cristiano de quien aprendimos que es tan grave la falta por comisión como por omisión.

La segunda aberración de la dictadura venezolana es que tiene, además de la tibieza internacional, un apoyo explícito en España de un partido con ambición de poder: Podemos. Si algún partido en una democracia europea hubiese apoyado en su momento las dictaduras de Videla en Argentina o de Ceausescu en Rumania estoy convencido de que habría sido inmediata y rotundamente abandonado por sus votantes. No sé si los dirigentes de Podemos son libres para condenar la dictadura venezolana sin que les pongan sobre la mesa sus relaciones pretéritas.

Pero sí estoy convencido de que, hasta el español más indignado, hasta aquellos que han creído la falacia de que la democracia parlamentaria es el problema y no la solución, no está dispuesto a permutar nuestra libertad y nuestra prosperidad por la miseria y el tenebrismo que ha impuesto el régimen apoyado por Podemos. Alguien en esa casa debería analizarlo. Si los españoles identifican que el modelo para España de Podemos es Venezuela, el desafecto electoral será dramático para ellos.

Por contra, el discurso del resto de los representantes políticos españoles -exceptuados los radicales- ha sido rotundo. El Partido Popular, el PSOE, Ciudadanos, han sido enérgicos en la denuncia de la deriva dictatorial de Maduro. El presidente Rajoy ha llevado a la Unión Europea la condena de la dictadura y su vergonzoso fraude electoral a través de la convocatoria de una inconstitucional y antidemocrática Asamblea Constituyente. Y se debe dar una condena similar desde Naciones Unidas.

Mención aparte merece el papel jugado por los presidentes González y Aznar. Cuando se cumplieron tres años del encarcelamiento de Leopoldo López, sus abogados les pedimos a ambos que comparecieran juntos para pedir su libertad. Lo hicieron con un profundo compromiso democrático. Por encima de todas las diferencias políticas lanzaron un mensaje único. Libertad para Venezuela. La vieja política hace emerger valores democráticos que deben ser modelo para las nuevas generaciones.

Ayer fue emocionante escuchar la conversación de Felipe González con la hija de Antonio Ledezma en Antena 3. Ella llorando. Él -identificando a todos los demócratas de España y de América- trasladando fuerza, enorme afecto y confianza en la victoria de la libertad.

Del presidente Zapatero quiero decir algo, mirando hacia delante y no hacia atrás. Por el papel que ha jugado es, en este momento, la persona cuya intervención, rotunda y definitiva, en favor de la libertad de Leopoldo, de Antonio, y de todos los presos políticos, más puede ayudar a desenmascarar la mentira de la dictadura. No es una deshonra haber sido engañado. Al contrario. Fue su confianza, que otros no tuvimos, en la disposición del régimen a una solución dialogada la que le permite ahora -y quizá le obligue- a denunciar la profunda corrupción moral de los dictadores venezolanos.

Desde un análisis jurídico, lo que el régimen bolivariano ha intentado es la institucionalización de la dictadura. A día de hoy es formalmente una democracia aunque de facto sea exactamente lo contrario. Desde que la oposición ganó las elecciones, el régimen militar anuló su capacidad legislativa utilizando a un instrumental Poder Judicial corrompido por el chavismo. Las instituciones que han intentado mantener su independencia han sido sistemáticamente atacadas. El fiscal que acusó a Leopoldo López está arrepentido y huido del país. La Fiscal General amenazada y, sin duda, próximamente destituida.

Lo que el régimen pretende ahora es dar cobertura legal a su dictadura mediante el fraude de la llamada Asamblea Constituyente para cuya convocatoria, incumpliendo lo establecido en la Constitución aprobada bajo el mandato de Chávez, no se ha convocado el referéndum previsto en la Carta Magna usurpando así el presidente Maduro la soberanía nacional al pueblo venezolano.

Con el encarcelamiento de Leopoldo López y de Antonio Ledezma no sólo se ha vuelto a privar de libertad a dos ciudadanos por el solo hecho de pensar distinto que el poder dominante, de alzar su voz en contra de un régimen opresor. Con su detención, se les ha secuestrado a ellos y con ellos a toda una nación. A la República hermana de Venezuela.

La reacción internacional debe ser rotunda y sin vacilaciones. No basta con condenar unas detenciones arbitrarias e ilegales. Es la dictadura quien debe ser excluida del espacio de las naciones libres y democráticas. Y con sanciones a sus dirigentes, no a los ciudadanos que antes que responsables son víctimas de los ocupantes del poder.

No. No puede ser esto una noticia que mañana o pasado mañana quede escorada por la siempre vertiginosa actualidad. Ya no hay excusas. No es sólo por solidaridad. Es por nuestra propia dignidad. Quien mañana calle -sea Gobierno, partido político o ciudadano- será cómplice no sólo de lo que les pasa a los venezolanos hoy; también de lo que nos ocurra a los demócratas en el futuro.

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los otros… guardé silencio, porque yo no lo era. Cuando finalmente vinieron a por mí, no había nadie al que le importara ni que quisiera hacer nada por mí”.

Alberto Ruiz-Gallardón es miembro de la defensa de Leopoldo López.

 

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Notas.-

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