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De verosímiles complejos

La supremacía catalanista, ese complejo de superioridad, está tan arraigada en el complejo de inferioridad del ‘resto de España’ que, en habiendo dos ‘Generalidad’ [la catalanaart 2 del Estatuto de Autonomía de Cataluña (act 2006)- y la valenciana –art 20 del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana (act 2006)-], sólo la primera es conocida como ‘la Generalidad’. La segunda ha tenido que añadir el adjetivo ‘valenciana’ con ese objetivo.

Y los medios españoles, empezando por El País, obedecen, acomplejados, también, desde el primer día.

Más reflexiones en torno al golpe y a los magníficos textos adjuntados infra:

  • En Cataluña no había democracia [¿la hay ya?] porque hace tiempo que el Estado desapareció voluntariamente, para alegría del golpismo.
  • El Estado, por no hacer daño al ‘inocente charnego’ y al silente burgués, ha dispensando de responsabilidad, durante años, al golpista de corazón.
  • La analfabetización, vía pública instrucción golpista, ha tenido ancha es Castilla, gracias a la venalidad del Estado.
  • El asalto contra el Estado se ha producido frente a un poder entreguista, débil, sin convicción, sin proyecto o épica, es decir, con mucho indio y poco vaquero.
  • Tipos de catalanes: golpistas de corazón [orgullo de delincuencia]; charnegos de corazón [complejo de inferioridad]; catalunyenses silenciados [acobardados por la apabullante verborrea épica y la cobarde actitud entreguista del Estado].
  • El procés como asimilación popular del ‘golpismo legítimo’ [derecho a decidir ser delincuentes].
  • El frente golpista como sustituto de la aristrocracia decadente [a ver si -sin perder yo el poder fáctico- éstos logran lo que yo nunca me atreví a hacer].
  • De cómo se abduce al analfabeto sediento de falsedades que justifiquen su propio vacío.
  • Los medios-basura podrían darnos mil ejemplo de cómo saciar de heces políttico-morales los estómagos de millones de catalanes y de españoles todos.

¿Y no les escandaliza que el Mariano diga que es una patraña que Puigdemont le acuse de que esté dispuesto a defender la unidad del país, España a sangre y fuego? ¿Para qué está, entonces, nuestro ejercito y sus deberes constitucionales?

Lo realmente escandaloso es que nuestro Presidente no diga que la legítima defensa del país pasa, si preciso fuere, por el legítimo empleo de la fuerza.

Y todos sabemos lo que eso significa. O eso creía yo.

EQM

Ramón De Veciana, abogado, ex líder de UPyD y descendiente del fundador de los Mossos. Ferrán Sáez, filósofo y académico, ex director del Centro de Estudios de Temas Contemporáneos de la Generalitat. Mercé Vilarrubias, lingüista y autora del libro ‘Sumar y no restar’. Jordi Muñoz, politólogo y profesor en la Universidad de Barcelona. Josep Cuní, periodista catalán. Montserrat Comas, magistrada y portavoz de Jueces para la Democracia en Cataluña. Ana Losada, historiadora y portavoz de la Asamblea por una Escuela Bilingüe de Cataluña. Tomás Rague, abogado, miembro del Real Club de Polo de Barcelona. Joaquím Coll, historiador y ensayista. Ferrán Toutain, escritor y profesor de Humanidades.

Revista de prensa:

Ilustración de Raúl Arias [España, 1969], para el texto

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Indecentes reincidentes

Arcadi Espada en El Mundo, 191117

Mi liberada:

Un empresario medio, alrededor de los quince mil euros mensuales, de unos cincuenta años y al que llevaron a vivir a Cataluña con 20 meses. Un hombre minucioso, controlador, educado y responsable. Aunque con la herida mal curada -tal vez incurable- de un abuelo fusilado por Franco y de un padre que pasó años en campos de concentración franceses. La otra tarde, en un receso laboral, en medio de un grupo de hombres como él, educados, ricos y responsables:

«Lo que debéis tener claro es que yo estoy dispuesto a perder mi empresa y hasta mi vida por una Cataluña independiente. Yo daría todo por eso, menos mis hijos. Menos mis hijos, todo».

Bajemos el octanaje: ni su empresa ni su vida, probablemente. Pero, con toda seguridad, un voto empecinado, obsesivo, irrevocable. Ese hombre y ahora este párrafo de Lluís Bassets, sacado de un artículo que cataloga con pulcritud las catástrofes del momento:

«La mayor inmoralidad del ‘procesismo’ es el engaño sistemático al que sometieron a sus seguidores, esos dos millones de ciudadanos decentes, de buena fe, militantes generosos y catalanistas de corazón, a los que se convenció de la facilidad y la rapidez con que se crearía una república próspera y feliz, europea y pacífica y que se encontraron el fin de semana trágico tras la falsa proclamación de la república con el silencio y la huida de sus dirigentes, que no tenían ningún tipo de plan ni sabían qué hacer a continuación». Y por último estas líneas sintéticas de Alain Touraine, unas entre cientos de líneas canónicas, en ¿Qué es la democracia?: «La principal fortaleza de la democracia radica en la voluntad de los ciudadanos de actuar con responsabilidad en la vida pública».

No existe la responsabilidad colectiva. No existió la responsabilidad de Alemania. Y cómo iba a existir la responsabilidad de Cataluña, si Cataluña está partida por la mitad, y tú eres de una mitad y yo de la otra y sería grotesco que yo tuviera que pagar por tus responsabilidades, que existen, y tú por las mías, ¡si existieran!

Otra cosa es la responsabilidad de los ciudadanos. Está la manera clásica, antiliberal, de tratarla. Los ciudadanos decentes, de buena fe y de mejor corazón, engañados por sus élites. Las ratitas de Hamelín. Dos millones, según Bassets. Humm. Muchas ratitas catalanas, francamente. Es verdad que hay argumentos para sostener la teoría de la hipnosis o de la intoxicación. El principal es la actividad perversa y voraz de los medios de comunicación públicos en un territorio donde no hay medios de comunicación privados. Pero la conclusión que resulta de aceptar esa hipótesis es inquietante.

Si la democracia y su sistema comunicativo pueden producir dos millones de decisivos engañados, la democracia no sirve. Cataluña habrá tenido la fortuna de salvarse gracias a la democracia española; pero es evidente que no ha sido el caso de los Estados Unidos de Trump ni del Brexit, donde el asalto de la mentira a las instituciones ha conseguido imponerse. Entre los principales inconvenientes de la democracia está que no puede defenderse de los asaltos que emplean métodos democráticos, como han hecho en América o en el Reino Unido y han fingido hacer en Cataluña.

La teoría del engaño sistemático deja en un apacible lugar a los ciudadanos. Contra lo que suele decirse, mejor tontos que malvados. El problema es, centrándonos en los catalunyenses, que el engaño es difícilmente sostenible. Los separatistas han hecho, exactamente, lo que han ido prometiendo, con una fidelidad elogiable. Sobre la pertinencia y realismo de lo que iban prometiendo nadie puede negar tampoco que ha habido contrainformaciones avasalladoras.

¿Qué catalunyense no sabía lo que opinaban sobre los planes separatistas el Estado español, la Unión Europea, las principales empresas, el sentido común más imperturbable y la Federación Española de Fútbol? ¿Y qué catalunyense puede ignorar que los planes separatistas pasaban por la burla de la ley? Nada. Ningún engaño.

No hay un solo catalunyense que pueda reprocharle a sus líderes que le mintieran. Del mismo modo es falso, absolutamente, que los líderes no tuvieran un plan para el día después. Todo estaba planeado, en las leyes públicas y en los documentos más o menos confidenciales. Había planes, pero fueron deshechos. Los deshizo la fuerza del Estado: policial, institucional, económica, legal y judicial, por estricto orden de intervención. Es simple: jugaron y perdieron. Otro asunto es que sus cálculos de victoria fueron absurdos y pueriles.

Pero fueron los cálculos de todos: de élites y de pueblo. Es más; mucho más y mucho más importante: si hay alguien realmente engañado en todo el Proceso son las élites. Ese pueblo que iba a dar sus empresas y hasta sus vidas, ¡salvo las de los niños!, no ha sido capaz de perder una sola hora de trabajo por la revolución. No es en las Ramblas sino en el beato de Estremera donde macera una decepción profunda. O sea que tengo que introducir algunas correcciones en aquel párrafo:

«La mayor inmoralidad del ‘procesismo’ es el engaño sistemático al que sometieron a sus líderes -gente decente, de buena fe, militantes generosos y catalanistas de corazón- dos millones de ciudadanos. A esos líderes se les convenció de la facilidad y la rapidez con que se crearía una república próspera y feliz, europea y pacífica y se encontraron el fin de semana trágico tras la falsa proclamación de la república con el silencio y la huida de su pueblo«.

Si el inocente y amado pueblo catalunyense hubiera sido víctima del engaño frío y cruel de sus élites, se le abriría el 21 de diciembre una oportunidad definitiva e implacable de venganza. Los dos millones de catalanistas decentes negarían su voto a los huidos o encarcelados y, bien vagarían por el limbo indiferente de la abstención, bien lo entregarían a todos aquellos que denunciaron la artimaña, el engaño y el delirio del Proceso.

Así las urnas rebosarían de votos constitucionalistas y el pueblo soberano habría deshecho la traición de sus clérigos. Pero tú bien sabes, libe, hija mía, que nada de eso sucederá. Vuestra incurable emoción xenófoba sobrevivirá a todos los hechos rigurosos e indiscutibles; vuestra frivolidad insondable emergerá de nuevo soberana y el certificado de inocencia del que os provee -¡y a la vez se provee!- tanta gente respetable volverá a blindaros frente a cualquier responsabilidad y de la obligación derivada de rendir cuentas, si las cosas vuelven a ponerse graves: incluso las ratitas de Hamelín son las primeras en abandonar el barco.

El pueblo es el fake.

Sigue ciega tu camino.

A.

Collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 191117, sobre ‘Bus Stop‘ [2010], de Max Ginsburg [Francia, 1931]. AQUÍ, en grande.

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Las voces de sus amos

Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 191117, acompañando al texto del periodista.

Hoy plagiamos a Max Ginsburg. Es un tanto difícil localizar a K. Está hacia el centro, atrás, apurando una barreja (pronúnciese barrecha) sin dejar de dirigir a la carta de Arcadi un ojo rencoroso.

Hay algún anacronismo en la escena. Dos de los chuchos no podrían acompañar a K mientras lee la carta de este domingo: uno escapó al extranjero con el rabo entre las patas, confiando en ser esposado con longanizas, y al otro ya le echaron el lazo.

Chuchos, sí. Aunque sea una práctica peligrosa deshumanizar al adversario, esta vez lo exige el guión. Algunos ciudadanos han utilizado a sus dirigentes autonómicos como perros de presa contra el Estado ¡Han encontrado épico echar bestezuelas a la Bestia! Por suerte los canes han resultado ser perrillos falderos o perrazos pachones -Forcadella de Vil, verso suelto, ha devenido su propio dálmata.

¡Servirse de los servidores públicos para atacar a sus conciudadanos! Pero, como en aquel otro episodio de la España negra, son igual de culpables los ejecutores y los instigadores.

Albert Boadella, una imagen de archivo de 1996, posa con una escultura de la cabeza del entonces ‘president’ de la Generalitat, Jordi Pujol. Fot. Iñaki Andrés

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Que febril la mirada

Cayetana A. de Toledo en El Mundo, 181117

El golpe de octubre de 2017 ha cogido a muchos por sorpresa, lánguidos y desprevenidos. Pero hubo personas que sí lo vieron venir. Y que no fueran escuchadas. Estos son extractos de los más importantes textos de oposición al nacionalismo catalán. Datan de hace más de veinte años, nada para el tango pero mucho para España. Y demuestran dos hechos fundamentales: el nacionalismo catalán siempre trabajó contra la democracia. Y la democracia podría haberse defendido.

1. Federico Jiménez Losantos. ‘Lo que queda de España’ (Alcrudo Editor, 1979).

«Hete aquí cómo cerca de dos millones y medio de españoles van a asistir sin darse demasiada cuenta a la segunda parte de una operación político-cultural monstruosa y brutal para la emigración rural española de las últimas décadas: ver cómo sus descendientes se ven obligados a cambiar de lengua y cultura para acceder a la ciudadanía de pleno derecho, y todo ello sin moverse de España».

«No creo que en Cataluña se esté haciendo mucho para entender lo que significan España y el Estado español».

«En unos y en otros, en la izquierda que confunde -también ella- españolismo con franquismo y en la derecha que administra los derechos culturales de las autonomías como mercadería política, echamos de menos la auténtica política de Estado que requiere este momento, en el que está en juego el futuro de tantas cosas».

2. Manifiesto por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña (conocido como Manifiesto de los 2.300). Redactado por Santiago Trancón. Primer firmante, Amando de Miguel. 25 de enero de 1981.

«Los abajo-firmantes queremos hacer saber a la opinión pública las razones de nuestra profunda preocupación por la situación cultural y lingüística de Cataluña».

«No nace nuestra preocupación de posiciones o prejuicios anti-catalanes, sino del profundo conocimiento de hechos que vienen sucediéndose desde hace unos años, en que derechos tales como los referentes al uso público y oficial del castellano, a recibir la enseñanza en la lengua materna o a no ser discriminado por razones de lengua están siendo despreciados, no sólo por personas o grupos particulares, sino por los mismos poderes públicos sin que el Gobierno central o los partidos políticos parezcan dar importancia a este hecho gravísimamente antidemocrático».

3. Josep Tarradellas. Carta al director de La Vanguardia, Horacio Sáenz Guerrero (16 de abril de 1981).

«[Pujol] afirmaba una vez más su conducta nacionalista, que era y todavía es hoy de utilizar todos los medios a su alcance para manifestar públicamente su posición encaminada a hacer posible la victoria de su ideología frente a España».

«Durante estos últimos diez meses todo ha sido bien orquestado para llegar a la ruptura de la política de unidad, de paz y de hermandad aceptada por todos los ciudadanos de Cataluña. El resultado es que, desgraciadamente, hoy podemos afirmar que debido a determinadas propagandas tendenciosas y al espíritu engañador que también late en ellas, volvemos a encontrarnos en una situación que hace recordar otras actitudes deplorables del pasado [en referencia a la proclamación de la República catalana por parte de Lluís Companys en 1934]».

«[Los responsables de la Generalitat] están utilizando un truco muy conocido y muy desacreditado, es decir, el de convertirse en el perseguido, en la víctima. Y así hemos podido leer en ciertas declaraciones que España nos persigue, que nos boicotea, que nos recorta el Estatuto, que nos desprecia, que se deja llevar por antipatías hacia nosotros, que les sabe mal y se arrepienten de haber reconocido nuestros derechos e incluso, hace unos días, llegaron a afirmar que toda la campaña anti-catalana que se realiza va encaminada a expulsarlos de la vida política. Es decir, según ellos, se hace una política «contra Cataluña», olvidando que fueron ellos los que para ocultar su incapacidad política y la falta de ambición por hacer las cosas bien, hace ya diez meses que empezaron una acción que solamente nos podía llevar a la situación en que ahora nos hallamos».

«Es necesario tener el coraje de decirlo, los problemas de la lengua y de la escuela, es la actual Generalitat quien en gran parte los ha provocado, por falta de sentido de responsabilidad y por una alocada política ante el Gobierno».

«Si reflexionamos fríamente, estoy seguro de que se dará cuenta de cómo se ha perjudicado y se está perjudicando a Cataluña. La división cada día será más profunda y se alejará más y más de nuestros propósitos de consolidar para nosotros y para España la democracia y la libertad a la vez que los equívocos que surgirán entre nosotros serán cada más graves».

4. Mario Vargas Llosa, ‘Psicodrama en España’. Crítica de la obra ‘Operación Ubú’, de Els Joglars. Publicada en varios periódicos. 26 de abril de 1981.

«Al mismo tiempo que el teniente coronel Tejero y sus doscientos guardias civiles irrumpían en el palacio de las Cortes de Madrid para protagonizar el tremebundo espectáculo que, gracias a la televisión, ha dado la vuelta al mundo, en el antiguo y popular barrio de Gracia, en Barcelona, un grupo de actores del Teatro Lliure interpretaba ante un público más reducido -pero no menos hechizado por lo que veía- una farsa concebida y montada por Albert Boadella: Operación Ubú.

Un alto personaje político de Cataluña -«El Excelso»- aquejado de un tic en la cara que estropea sus presentaciones públicas, se pone en manos de un psiquiatra, el doctor Oriol. […] Reticente y angustiado al principio, el Excelso termina por personificar, con total plausibilidad y evidente placer, al sanguinario Ubú, dando libre curso a sus tendencias reprimidas que, en las sesiones psicodramáticas, afloran irresistiblemente por sobre su apariencia de hombre suave, educado, idealista, laborioso y pacífico».

«Su frenética ambición de poder, riqueza y gloria, libre de los frenos conscientes, se desparrama a chorros en la acogedora impunidad de las sesiones que inspira la batuta del doctor Oriol. En un sentido, se trata de una acerba crítica de la visión parroquial, mezquina, auto-complaciente que tiene una cierta clase social catalana. En otro, de una llamada de atención, de corte libertario, sobre los peligros del poder y los cataclismos que puede provocar si no se lo mantiene siempre circunscrito y vigilado».

5. Félix de Azua, «Barcelona es el Titanic». Artículo publicado en ‘El País’. 14 de mayo de 1982.

«El caso es que Barcelona está yéndose a pique. Que sus noches son cada vez más breves, y una tristeza de perdedores de Liga se va amparando en las Ramblas. Que esa insoportable ñoñería que los forasteros llaman seny, y que es un defecto de las capas más prehistóricas de la burguesía catalana, está acabando con la ironía, que es la única virtud del pueblo catalán que ha dado muestras de verdadero talento: la ironía es lo vivificante de Pla, de Foix, de Carner, de Brossa, de Ferrater, y corto por no ponerme pesado».

«Dentro de poco esta ciudad parecerá un colegio de monjas, regentado por un seminarista con libreta de hule y cuadratín de madera, a menos de que las capas más vivas de la ciudad salgan de su estupefacción. […] Pero la astucia de los poderosos nos está devolviendo la misa de doce en Pompeya, el paseo por la Diagonal, el verano en S’Agaró y la esquiva mirada de un proletariado tiznado de hollín espiritual».

6. Josep Tarradellas. Una entrevista de Iván Tubau. ‘Magazine’ de ‘Diario 16’. 15 de agosto de 1982.

«La gente de este país no quiere saber la verdad, quiere que la sigan engañando».

«La política sectaria que hoy se hace, discriminatoria como es evidente, ha hecho que se separen la comunidad catalana y la no catalana».

«Los castellanos llevan 400 años gobernando y nosotros lo único que hacemos es llorar y decir disparates. El arte de gobernar consiste en gobernar, no en gritar cosas que después no podrán cumplirse. Los catalanes siempre perderemos, siempre hemos perdido a través de la historia, porque nos entusiasmamos demasiado, porque no tenemos rigor y creemos que nuestras ilusiones son realidades».

«Lo que hay ahora en Cataluña es una especie de dictadura blanca. Las dictaduras blancas son más peligrosas que las rojas. La blanca no asesina, ni mata, ni mete a la gente en campos de concentración, pero se apodera del país, de este país. Un día u otro esto se acabará, supongo. ¿Y qué se verán obligados a hacer los que vengan detrás? Pues tendrán que deshacer lo que éstos de ahora han hecho. Ésta es la realidad».

7. Manifiesto por la Tolerancia Lingüística, 21 de mayo de 1994. Autor y primer firmante, Antonio Robles.

«La omnipotente propaganda nacionalista, a la que colabora en gran medida parte de la prensa local catalana, ha introducido en la población castellanohablante injustificados sentimientos de culpa, deuda e inferioridad, reduciendo a estos ciudadanos a la falsa categoría de recién llegados, y haciéndoles perder, en gran medida, el sentimiento de autoestima hacía sus valores culturales y su forma de hablar».

«Han convertido la recuperación del catalán en cruzada contra los valores culturales y lingüísticos de buena parte de los ciudadanos de Cataluña. […] Este hecho no sólo traiciona los criterios por los que se regía la recuperación del catalán, sino que borra de la memoria colectiva de nuestros escolares cualquier hecho histórico que no cuadre con los sueños de la ideología nacionalista. Y eso no sirve para educar al niño en los valores de tolerancia, que todo ciudadano necesita para saber respetar y exigir ser respetado en la Cataluña plural de hoy, sino para convertirlo en una marioneta del aventurismo nacionalista».

«Es tan grave esa manipulación del pasado, que una mañana cualquiera pudiera suceder que, sin explicarnos bien cómo ha sido posible, nos miremos en nuestros hijos y no nos reconozcamos».

8. Albert Boadella. ‘El Virus’. Artículo publicado en ‘El País’. 26 de agosto de 1994.

«Esta situación, por su persistencia, empieza a revelarse como una epidemia general».

«El virus provocador fue reactivado hace unas décadas a la sombra de los cultos laboratorios montserratinos y financiado por una banca hasta su extenuación. A pesar de que su composición es simple y algo casera, puede esconder reacciones violentas, como la eliminación sistemática de los anticuerpos discrepantes, algunas veces a través de la compra (directa o con un cargo) y otras con la marginación que presupone el sobrentendido de traidor a la gran causa».

«El virus no inocula simplemente catalanismo, que en mayor o menor grado lo tiene ya cualquier afectado que convive desde hace siglos con esta esquizofrenia de si se es más catalán que español o viceversa. El virus añade un nuevo componente que estimula los genes tribales a fin de restablecer un comportamiento tipo para todo habitante de la tribu, si quiere ser digno de ella».

«Las normas del buen aborigen se sintetizan en un solo principio: por el hecho de ser catalán se tiene la razón. Si uno habla, escribe, pinta, juega, compone o representa en catalán, es de por sí un valor añadido siempre que no se enfrente al jefe de la tribu».

«El gran jefe posee ideas muy concretas de cómo tiene que ser la tribu, y todo aquel que no se ajusta al esquema sufre marginación, es decir, se convierte matemáticamente en enemigo de Cataluña».

«Si son unas viruelas o un sarampión sin consecuencias seremos afortunados, pero mucho me temo que estos virus sintéticos producen lesiones irreversibles. Si es así, a unos cuantos sólo nos quedará la opción de romper la baraja y pedirle asilo político a Rodríguez Ibarra».

9. Arcadi Espada. ‘Contra Catalunya’ (Editorial Flore del viento), 1997.

«Los primeros que confundieron a Pujol con Cataluña fueron los socialistas de Cataluña. Se trató de una gran desgracia para todos. El PSC se sometió a lo dictado por las cien mil personas -no hubo más- que orillaban el camino de Jordi Pujol desde el Parlamento hasta la plaza de Sant Jaume: había otro pueblo fuera de allí. Pudieron ensayar con él una cierta alianza de la razón, si es que no tenían razones sentimentales para aliarse. […] Nunca se dirigieron a ese pueblo y a otros muchos pueblos ausentes aquella tarde y todos esos pueblos consideraron justo no dirigirse tampoco al PSC».

«Aquella tarde los socialistas inauguraron en Cataluña una nítida manera de hacer las cosas en la política: tratar de ponerse delante de las masas, dijeran éstas lo que dijeran, aunque lo que dijeran fuera contra el estilo y las convicciones propias. Encima: ni eran masas ni ellos consiguieron de modo alguno ponerse delante».

«Escribo, según parece, desde lo que llaman aquí el autoodio. Debe de ser un término con un pedigrí interesante. Su formulación es una nueva prueba de la bondad, de la capacidad de cuidado nacionalista. Cuando lo han probado todo ensayan con ese lazareto moral. Bien está: hay soluciones peores. Ahí van quedando los que no supusieron reconocerse, los impedidos, tal vez los deslumbrados: no ser nacionalista ya no es sólo odiar a tu patria. Es odiar a tu patria como a ti mismo, el segundo mandamiento conclusivo de la ley de Dios».

«España ya no genera ruido de patria, pero Cataluña, en estos últimos quince años, poca otra cosa ha generado. No se trata de tambores, ni de clarines, ni siquiera de himnos trémulamente entonados. Se ha tratado, se trata, de una sonsònia: penetrante, continua y monótona. Va repitiendo, en cualquier circunstancia, con la menor excusa, que este país y aquellos de sus habitantes adheridos forman un nirvana provincial donde el error o el mal sólo se apoderan de los otros. No hay novedad: en torno del oasis no se extiende más que el desierto».

‘Contra Catalunya: Una Cronica’ (Coleccion del Viento Terral). Ed. Flor de Viento, 1997. Premio Ciudad de Barcelona de Literatura Castellana. Una crónica híbrida de un tiempo y un lugar. El autor aborda la transición política, la decadencia de las viejas glorias, el pujolismo como sistema, el análisis de algunos gestos de los líderes catalanes, la destrucción del paisaje, la política museística, la vigencia de la prosa de Pla, el folclore clientelista.

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Veinte años de ‘Contra Catalunya’ albert de paco

En 1997, Arcadi Espada publicó su más celebrada blasfemia contra la ufanía imperante en Cataluña.

J.M. Albert de Paco en LD, 181117

1. Se lo oí por primera vez aplicado a Mario Vargas Llosa en un acto de Libres e Iguales. «Nuestro Mario Vargas Llosa», dijo, y así que el posesivo dejó de serlo por entero, evocando, antes que propiedad o adulación, un afable parentesco moral. Andando el tiempo, no hubo un periódico que se resistiera a encabezar el tuit de cualquier noticia que firmaran sus redactores con ese mismo nuestro, confiriendo así a la firma una familiaridad (y una garantía de calidad) de la que de otro modo habría carecido.

Hablamos de un hombre, en fin, que no hace un mes dijo «No, lo que ha ocurrido en Cataluña no ha sido un golpe, sino una revolución», y puso en fila india a todo el periodismo, que seguía creyendo que los golpes son malos y las revoluciones buenas. Como de costumbre, más de un columnista incrustó en su folio esa reflexión, y por seguir honrando a aquélla, sin atribuirle el copyright. El reconocimiento de la autoría ajena es la única marca estilística que nunca le han copiado.

2. En 1997, Arcadi Espada publicó su más celebrada blasfemia contra la ufanía imperante en Cataluña. En un redoble de causticidad la llamó Contra Catalunya, la execración con que el nacionalismo solía desacreditar al discrepante, y cuyas siglas coincidían con las de Crist i Catalunya, semillero del pujolismo. La consigna, voceada por Jordi Pujol desde el balcón del Palau de la Generalitat a propósito del caso Banca Catalana, había sumido a la política y el periodismo locales en una suerte de atonía por la que las críticas devinieron en objeciones, las objeciones en sugerencias y las sugerencias en ruegos y preguntas. La intimidación surtió tal efecto que aquella trama de genuflexiones y sobrentendidos, de murmuraciones y rialletes, terminó por llamarse Oasis.

En esa charca impactó Contra Catalunya, un informe levantisco que, además de sancionar el fracaso del pujolismo en todos los órdenes imaginables (de la arquitectura a la museística, del paisaje a la cocina, de la ética a las artes), denunciaba la necesaria cooperación en el estropicio de al menos dos generaciones de intelectuales que, macerados en el suc (el jugo, vocablo con el que Espada designa el líquido amniótico de la corrección política catalana, y cuya sustancia principal fue la supuración residual del PSUC), habían convenido con Pujol en que Cataluña era poco menos que un reducto plusvalítico. Algo más.

El catalán era algo más que una lengua; el Barça, más que un club, y Marta Ferrusola (hasta ese moño llegó la riada), más que una mujer. Análogamente, y en una sobreactuación, los museos no podían ser sino museos nacionales, y de los organismos públicos debía pender un pleonásmico Catalán. Espada desveló el trampantojo y cartografió una Cataluña inédita, cuyos rasgos principales eran el clientelismo, la fealdad y la incuria; un páramo, en suma, donde el único suceso relevante era el fragor urbanístico de la Gran Barcelona. El resto, monte y culebras. O, como él mismo dejó escrito en un reportaje del Brusi, «sol i mosques».

3. Conforme a lo que luego llamó making-of, Espada hablaba sin ambages del proceso mismo de escritura (tantas veces supeditado al calor o al apetito), se refería al imperativo periodístico de ir cosiendo los lugares a las personas; o, en un alarde de narrativa cuántica, sobrevolaba Europa para ir de Montjuic a la barra de un bar de Bruselas, donde un tal Barral, director del MNAC, recogía tickets de entre el serrín para pasarlos como gastos. Y sí, además acuñaba conceptos con una naturalidad asombrosa: achique, Nosaltres SA, suc… útiles semánticos con que descifrar la realidad, tantas veces esquiva a la Academia. Y todo ello sin falsillas ni andamios, como si el texto fuera un fluido eléctrico, una inteligencia a cielo abierto.

4. Decenas de nacionalistas han leído el libro y lo tienen en alta estima. No sólo porque se rindan a la inobjetable brillantez de sus planteamientos; me da que, además, lo consideran un libro patriótico, algo así como un brillante diagnóstico sobre el que erigir la nación del futuro. Debo desengañarles. El regeneracionismo que, bien es verdad, rezuma el comienzo de la obra se diluye a medida que en el viajero va prendiendo la sospecha de que tal vez Catalunya tenga arreglo: es él quien no lo tiene.

5. El libro concitó el desprecio general de sus colegas, pues también ellos (o sobre todo ellos) encarnaban esa fatua Catalunya que decía «quelcom» por no decir «algu». ¡Valiente!, le dijeron los menos. Fue la más sutil de las descortesías. La valentía, después de todo, es una mercancía a l’engròs. Para cuadrar este párrafo, en cambio, hacen falta otra clase de alianzas.

Perdieron. Aquella noche perdieron. Yo pude irme a casa de madrugada sabiendo que el aterrorizado Pernau descansaba en la paz de la victoria. Pude dar un rodeo de madrugada, como me gustaba darlo en mi precaria moto de entonces, un rodeo por la ciudad siguiendo la sentencia de aquellas noches en que estaba uno muy cansado y muy contento y la moto en marcha y el viento me decían al oído, no temas, eres inmortal.

6. En estos años, Espada le ha sacado lustre al estigma con cada uno de sus trabajos. Catalunya, por su parte, sigue hueca, sin más conversación que su pleito crepuscular con España.

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Jordi Pujol

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Notas.-

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