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Thérèse soñando‘ [1938]. Balthus [Francia, 1908-2001]. Museo Metropolitano de Nueva York.

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¿Reacciona Francia?

En medio de la oleada de ‘violencias de género‘ con la que nos instruye TVE en sus telediarios, machaconamente, seguramente por casualidad, estos días he podido disfrutar mi estupefacción gracias a dos preocupantemente sectarios textos publicados por El País y dedicados al linchamiento ecofeminista del gran Wody Allen.

En el primero, del pasado día 5, sin firma y titulado “Woody Allen está obsesionado con las adolescentes“, el diario enarbola, de nuevo, la cruzada contra esa gente tan rara que se siente especialmente atraída por las lolitas -esa etapa femenina que suele extenderse hasta los 18 años- aclarando en el subtitulo que “Un periodista de ‘The Washington Post’ analiza las 56 cajas del archivo personal del director y sostiene que la “misoginia” recorre toda su obra y sus notas“, es decir, que le gustan tanto que es un misógino, esto es, siente aversión a las mujeres.

El segundo, firmado por Claire Dederer, publicado cuatro días después y titulado ‘¿Qué hacer con el arte de hombres monstruosos?‘, se trata de, aprovechando el auge mediático de la caza de brujos machistas, reflexionar en torno a los hombres que “hicieron o dijeron algo horrible y crearon algo maravilloso. ¿Debe la biografía de un artista influir en la apreciación de su obra?“.

Divulga una lista en la que no podía faltar, otra vez, Woody Allen, al que, entre otras cuestiones, llega a acusarle de relaciones sexuales con su actual cónyuge cuando ésta era ‘adolescente‘ y ‘estaba bajo su custodia‘, sin que aporte la menor prueba delictiva o sentencia condenatoria sobre ninguna de las dos cuestiones. Y gratis total, retribución del texto al margen, claro está.

Afortunadamente, Le Monde, ayer, dio un paso decisivo en sentido contrario al publicar el Manifiesto de 100 artistas francesas [que les adjunto traducido infra], que se declaran abiertamente hartas y escandalizadas por esta corriente ecofeminista -conocida internacionalmente también como #metoo– plenamente apoyada por los medios ‘progresistas’ y consistente en convertir a la mujer en una sangrienta víctima de un presunto heteropatriarcado dirigido por una demoníaca falocracia que está siendo desenmascarada gracias al linchamiento generalizado contra hombres afamados que son acusados y condenados públicamente  sin la más mínima posibilidad no ya de responder o defenderse, sino siquiera de sentirse amparados por la presunción de inocencia que rige en toda democracia y que exige la carga de la prueba a quien acusa.

Con ‘delitos’ consistentes, por ejemplo, en acariciar una rodilla, robar un beso, hablar intimidades en una cena de negocios, enviar emails con connotaciones de deseo sexual a una mujer no interesada, es decir, de comportamientos ‘inapropiados’ que pudieron haber sucedido, de ser ciertos, hace veinte años o más y que, faltaría más, les va a suponer su ruina profesional, económica, social y familiar.

Resulta, qué duda cabe, un asunto profundamente trascendental en las actuales relaciones hombre-mujer, de largo recorrido sin duda y que veremos cómo acaba… de mal.

Por eso celebro la aparición de las artistas francesas de la punta de lanza de lo que podría ser -ojalá- el principio de un movimiento reactivo que pare de una vez una locura que persigue destrozar básicas estructuras sociales y relaciones interpersonales por la vía de falsificación de los hechos, la demonización de determinadas conductas y la cimentación de un creciente odio sustitutivo del raciocinio y del sentido común.

EQM

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“Defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual”

Manifiesto de 100 artistas francesas, publicado en Le Monde, 090118

[Traducción del francés por EQM]

La violación es un crimen. Pero el ligoteo insistente o torpe no es un delito, ni la galantería es una agresión machista.

Después del caso Weinstein, ha habido una conciencia legítima de la violencia sexual contra las mujeres, particularmente en el lugar de trabajo donde algunos hombres abusan de su poder. Era necesaria. Pero esta liberación del discurso se convierte hoy en su opuesto: se nos fuerza a hablar correctamente, a silenciar lo que nos enoja y a aquellos que se niegan a cumplir con tales órdenes ¡se les considera traidores, cómplices!

Pero es propio del puritanismo tomar prestado, en nombre de un llamado bien general, los argumentos de la protección de las mujeres y su emancipación para encadenarla a un estatus de víctimas eternas, de pobres pequeñas cosas bajo la influencia de demoníacos falócratas, como en los viejos tiempos de la brujería. De hecho, #metoo ha puesto en marcha en la prensa y en las redes sociales una campaña de denuncia y acusación pública de individuos que, sin tener la oportunidad de responder o defenderse, han sido puestos exactamente en el mismo plano que los agresores sexuales.

Esta expedita justicia tiene ya sus víctimas, hombres sancionados en el ejercicio de su profesión, obligados a renunciar, etc., sólo por haber tocado una rodilla, intentado robar un beso, hablar sobre cosas “íntimas” en una cena de negocios o enviar mensajes con connotaciones sexuales a una mujer que no se sintió recíprocamente atraída.

Esta fiebre de enviar “cerdos” al matadero, lejos de ayudar a las mujeres a empoderarse, en realidad sirve a los intereses de los enemigos de la libertad sexual, de los extremistas religiosos, los peores reaccionarios, quienes creen, nombre de una concepción sustancial del bien y de la moral victoriana que la acompaña, que las mujeres son seres “aparte“, niños con una cara de adulto, que exigen protección.

En frente, los hombres son impelidos a reconocer su culpabilidad y a encontrar, en el fondo de su conciencia retrospectiva, un “comportamiento inapropiado” que podrían haber tenido hace diez, veinte o treinta años, y del que deben arrepentirse. La confesión pública, la incursión de fiscales autoproclamados en la esfera privada, instaladas como un clima de sociedad totalitaria.

La ola purificadora parece no conocer ningún límite. Tan pronto se censura un desnudo de Egon Schiele en un póster; como se pide la retirada de una pintura de Balthus de un museo, con el argumento de que se trata de una apología de la pedofilia; en la confusión del hombre y su obra, se pide la prohibición de la retrospectiva de Roman Polanski en la Cinémathèque o se obtiene la postergación de la dedicada a Jean-Claude Brisseau.

Una universitaria juzga la película de Michelangelo AntonioniBlow Up des “misógina” e “inaceptable“. A la luz de este revisionismo, John Ford (Centauros del desierto), e incluso Nicolas Poussin (El rapto de las sabinas) están en peligro. Los editores ya nos están pidiendo a algunas de nosotras que hagamos que nuestros personajes masculinos sean menos “sexistas“, que hablemos de sexualidad y amor con menos desmesura, o que garanticemos que los “traumas experimentados por los personajes femeninos” sean más evidentes!

Al borde del ridículo, un proyecto de ley en Suecia quiere imponer un consentimiento explícitamente notificado a cualquier aspirante a ¡tener una relación sexual sexual! Un esfuerzo más y dos adultos que quieran acostarse juntos deberán, previamente, con una “aplicación” en su teléfono móvil, cumplimentar un documento donde las prácticas que aceptan y las que rechazan se enumerarán correctamente.

Ruwen Ogien defendió una libertad de ofensa indispensable para la creación artística. De la misma manera, defendemos una libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual. Ahora estamos suficientemente advertidos para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el torpe intento de ligue con la agresión sexual.

Sobre todo, somos conscientes de que la persona humana no es monolítica: una mujer puede, en el mismo día, dirigir un equipo profesional y disfrutar siendo el objeto sexual de un hombre, sin ser una “zorra” o una vil cómplice del patriarcado. Puede velar por que su salario sea igual al de un hombre, y no sentirse traumatizada para siempre por un frotamiento en el metro, incluso si se considera un delito. Ella incluso puede considerarlo como la expresión de una gran miseria sexual o incluso como un hecho no significativo.

Como mujeres, no nos reconocemos en este feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, toma el rostro del odio a los hombres y a la sexualidad. Creemos que la libertad de decir no a una propuesta sexual no es posible sin la libertad de importunar. Y consideramos que debemos saber cómo responder a esta libertad para molestar a los demás, de otro modo que cerrándonos en el papel de la presa.

Para aquellos de nosotros que hemos elegido tener hijos, creemos que es mejor criar a nuestras hijas para que estén informadas y sean lo suficientemente conscientes como para vivir sin dejarse intimidar ni culpabilizar. Los accidentes que pueden afectar el cuerpo de una mujer no necesariamente atentan a su dignidad y no deben, por duros que sean a veces, convertirla necesariamente en una víctima perpetua.

Porque no somos reductibles a nuestro cuerpo. Nuestra libertad interior es inviolable. Y esta libertad que valoramos no está exenta de riesgos o responsabilidades.

Sarah Chiche (escritora, psicóloga clínica y psicoanalista)
Catherine Millet (crítica de arte, escritora)
Catherine Robbe-Grillet (actriz y escritora)
Peggy Sastre (autora, periodista y traductora)
Abnousse Shalmani (escritora y periodista)

y 100 primeras firmas más

Nota: los enlaces son de EQM

Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y el Che Guevara, en La Habana, 1960

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Simone de Beauvoir: Nazi, Pedófila y Misógina

Lucian Vâlsan en A Voices of Men en español, 190416

A medida que la voz del sector no feminista de la sociedad empieza a oírse cada vez más, el sector que aún no es consciente de la naturaleza tóxica de esta ideología reacciona con determinados argumentos que no hacen más que poner de manifiesto que el público desconoce todavía la realidad objetiva.

Hace tiempo, un grupo de feministas de cafetería intentaron convencerme de que el feminismo no es tan malo como afirmo; que si leyera algo más sobre feminismo, terminaría por comprenderlo. Como ejemplo de esta tesis, las mencionadas feministas me recomendaron leer las obras de Simone de Beauvoir, marxista-feminista francesa conocida por su libro El segundo sexo. Por supuesto, estas feministas no podían concebir que alguien se hubiese tomado en serio su ideología lo suficiente para leer su literatura, y después, racionalmente,rechazarla por completo. Como ocurre con cualquier otro culto, tal cosa es impensable para los verdaderos creyentes de la secta.

En el título de este post se han hecho varias alegaciones a cerca de la eminente feminista, y lo justo es que las demostremos; eso es exactamente lo que vamos a hacer en las próximas líneas.

Entre 1943 y 1944, durante la ocupación de Francia por los nazis, Simone de Beauvoir trabajaba como directora de sonido de Radio Vichy1. Radio Vichy era la emisora de radio nacional de la llamada zona libre de Francia, tras la capitulación de la República francesa ante la Alemania nazi en 1940. Decimos “la llamada” porque el régimen de Vichy, aunque desde el punto de vista militar fuese en teoría neutral, en realidad colaboraba activamente con el régimen nazi2, y hoy en día todo el mundo reconoce como un hecho que la institución de Radio Vichy era la portavoz de facto de la propaganda nazi en las ondas de radio francesas

Los apologistas de De Beauvoir podrían decir que las circunstancias la obligaron a trabajar allí, igual que muchas otras personas que hoy afirman haber sido obligadas a colaborar con la Securitate durante el régimen comunista. Pero los manuscritos de De Beauvoir de esa época, que se revelaron más tarde, dicen otra cosa.

Incluso autores feministas, como la Dra. Ingrid Galster, que ha dedicado años de su vida a estudiar a Simone de Beauvoir, han tenido que admitir, aunque a regañadientes, que la actitud de De Beauvoir como directora de sonido en la máquina de propaganda nazi era, como mínimo, de colaboracionismo sutil3, y que las circunstancias por las que terminó trabajando allí no se debieron a la coacción, sino que fue una decisión perfectamente consciente. De Beauvoir ya era miembro del sindicato de funcionarios públicos, y podría haber escogido trabajar en un ayuntamiento, por ejemplo. Pero tuvo que elegir un empleo distinto a la enseñanza, porque su carrera como profesora estaba acabada (pese a que poseía la cualificación y el prestigio necesarios para enseñar, ya que había sido la segunda mejor estudiante doctoral de su generación, solo por detrás de su amante Jean-Paul Sartre4).

Los motivos por los que ya no podía dar clase estaban relacionados con la pedofilia y con Jean-Paul Sartre. En 1943, Simone de Beauvoir fue despedida por comportamientos conducentes a la corrupción de un menor5.

Una vez más, los apologistas de De Beauvoir se apresurarán a decir que el incidente de 1943 fue un hecho aislado, o que, como me llegaron a decir una vez, fue un hecho inventado por la persecución nazi, que no podía soportar que fuese una mujer marxista, independiente y empoderada. Pero nada más lejos de la realidad.

El interés sexual de De Beauvoir por los niños es un tema recurrente en su vida. Estuvo entre los primeros filósofos que intentaron unificar el género literario que había comenzado en la década de 1930 (y que perduró hasta la década de 1980 en la Europa occidental), de la pedofilia pedagógica femenina6. Intentó llevar a cabo esta unificación en su ensayo “Brigitte Bardot y el síndrome de Lolita”, publicado por primer vez en la revista Esquire en 1959, y republicado en multitud de ocasiones hasta mediados de la década de 1970. En dicho ensayo, De Beauvoir glorifica el aspecto físico infantil de Brigitte Bardot, que retiene la inocencia perfecta inherente al mito de la infancia, y después la presenta como un Houdini para las niñas, que las empoderará y liberará de las cadena con las que estaban subyugadas7,8.

El ensayo de 1959 no fue más que el principio. En 1977, De Beauvoir, junto con la mayor parte de la intelectualidad marxista francesa, firmó una petición exigiendo nada más y nada menos que la legalización de la pedofilia, y la puesta en libertad inmediata de tres individuos que cumplían largas sentencias de prisión por abusar sexualmente de varios niños y niñas de entre 11 y 14 años. La petición, firmada entre otros por De Beauvoir y Sartre, se publicó en Le Monde, y entre otras cosas, decía lo siguiente9:

“Tanto tiempo en prisión para investigar un simple asunto de “vicio”, en el que los niños no han sido víctimas de ningún tipo de violencia, sino que, por el contrario, han testificado ante los magistrados que dieron su consentimiento, aunque la ley actual les niegue el derecho a consentir; tanto tiempo en prisión es algo que consideremos escandaloso de por sí. Hoy, el riesgo de ser condenado largas penas de prisión por haber tenido relaciones sexuales con menores, tanto niños como niñas, o por haber fomentado y fotografiado sus juegos sexuales. Creemos que existe una incongruencia entre la designación de “delito”, que sirve para legitimar semejante severidad, y los hechos en sí; y otra todavía mayor entre la ley anticuada y la realidad del día a día de una sociedad que tiende a conocer la sexualidad de los niños y adolescentes […]”

Así que, en opinión de De Beauvoir, los niños de 11 años de la Francia de finales de la década de 1970 eran seres sexuales. Dado que a esa edad la pubertad no se producía ni se produce en la mayoría de niños, nos parece justo considerar que De Beavoir estaba haciendo un alegato en favor de pedofilia, independientemente de la definición de la palabra que se elija.

La petición de 1977 desencadenó un gran debate a nivel social en Francia sobre la edad legal de consentimiento sexual; un debate que los abolicionistas (del que formaban parte De Beauvoir y su amante) consolidaron en el Front de libération des Pédophiles (FLIP, Frente de liberación de los pedófilos), y cuyos propios miembros explicaron claramente sus intenciones en un debate por radio en abril de 1978, en Radio France Culture10. El FLIP sería recordado como pionero en las filas del movimiento pedófilo francés, aunque la propia organización no durase mucho por desavenencias internas11.

Aparte de De Beauvoir y Sartre, hubo otras personas involucradas en la defensa de la pedofilia en esa época, incluidas personas que terminaron gobernando los destinos de Francia: por ejemplo, Bernard Kouchner y Jack Lang, que fueron respectivamente ministro de Sanidad y de Educación (!) a principios de la década de 2000, en la primera legislatura de Jacques Chirac12.

Todos estos hechos convierten a De Beauvoir, ya no en una apologista de la pedofilia, sino en una defensora activa. Sin embargo, lo que la convierte en corruptora fue su actividad, durante la cual reclutaba alumnas, abusaba de ellas y se las pasaba a Jean-Paul Sartre, a veces por separado y a veces en un ménage à trois integrado. El Telegraph escribió lo siguiente en una reseña del libro de Carole Seymour-Jones Simone de Beauvoir? Meet Jean-Paul Sartre, un libro que analiza la relación de De Beauvoir con Sartre13:

Durante largos períodos, la pareja se convertía en un “trío”, aunque ese acuerdo rara vez le iba bien a la tercera parte: al menos dos de las antiguas alumnas de De Beauvoir acabaron siendo amantes suyas, después de Sartre, para que después la pareja cerrase filas una vez desaparecía la diversión […]

Para Seymour-Jones, los romances de De Beauvoir con sus alumnas no eran de origen lésbico, sino pedofílico: las estaba “preparando” para Sartre, una forma de “abuso infantil”.

Para De Beauvoir (al igual que para Sartre) la edad daba igual, siempre que las compañeras fuesen más jóvenes que ella y que Sartre14. A la eminente feminista ni siquiera se le pasó por la cabeza la posibilidad de estar haciendo daño o abusando sexualmente de otros, porque pensaba que “preparar” a las niñas para que Sartre les arrebatara su virginidad (en palabras de Sartre, no mías) era en sí un acto de empoderamiento sexual para esas niñas.

Pero por si los flirteos con el nazismo y la pedofilia no bastan para convenceros del carácter cuestionable de De Beauvoir, echemos una ojeada a sus escritos feministas, que están tan llenos de misoginia que resulta difícil encontrar un equivalente en otros sectores de la sociedad. Este hecho no nos sorprende, si consideramos que el feminismo es en sí una ideología misógina. Pero no divaguemos.

El libro de cabecera de De Beauvoir, El segundo sexo, considerado por las feministas contemporáneas como “notablemente fresco”, decía lo siguiente sobre las mujeres casadas15:

La esposa se alimenta de él como un parásito; pero un parásito no es un maestro triunfante

Más de 25 años después, en 1975, en un diálogo con otra feminista, Betty Friedan, De Beauvoir aclararía su posición más allá de toda duda. En un debate sobre la manera de compensar a las madres que se quedan en casa y cuidan de los hijos, De Beauvoir respondió de manera inequívoca16:

No, no creemos que ninguna mujer deba tener esa opción. Ninguna mujer debería estar autorizada a quedarse en casa y criar a los hijos. La sociedad debería ser completamente diferente. Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si existiese, demasiadas mujeres la elegirían. Es una manera de obligar a las mujeres a ir en una dirección concreta.

¿Entendido? A ojos de esta eminente feminista, las mujeres son criaturas inertes, incapaces de decidir lo que les conviene como adultos responsables. De hecho, únicamente Simone de Beauvoir y su ideología marxista feminista saben lo que es mejor para ellas. Por lo tanto, ninguna mujer debería estar autorizada a elegir nada que contradiga a De Beauvoir.

Durante el mismo diálogo, dice algo todavía más claro17:

En mi opinión, mientras la familia, el mito de la familia, el mito de la maternidad y el instinto maternal no sean destruidos, la mujer seguirá estando oprimida.

De hecho, el odio de De Beauvoir hacia la maternidad y las madres en general es muy evidente a lo largo de todo el libro. Veamos algunos ejemplos:

La maternidad relega a la mujer a una existencia sedentaria; es natural que ella se quede en casa mientras los hombres cazan, pescan y van a la guera 18.

[La madre] es planta y animal, un conjunto de coloides, una incubadora, un huevo; asusta a los niños a quienes les preocupan sus cuerpos, y provoca la risa contenida en los hombres jóvenes porque ella es un ser humano, conciencia y libertad, que se ha convertido en un instrumento pasivo de la vida 19.

Y cuando esta eminente feminista empezaba a criticar el cuerpo de la mujer, nadie podía pararla:

La actitud psíquica evocada por la esclavitud menstrual constituye un gran obstáculo.

[…] el cuerpo de la mujer, y especialmente el de la niña, es un cuerpo “histérico” en el sentido de que, por decirlo así, no hay distancia entre la vida psíquica y su realización fisiológica. La confusión que desencadena el descubrimiento de los problemas de la pubertad, por parte de la niña, los empeora. Debido a que su cuerpo le resulta sospechoso, lo examina con ansiedad y lo considera enfermo20.

Las glándulas mamarias que se desarrollan en la pubertad no tienen función alguna en la economía individual de la mujer: pueden eliminarse en cualquier momento de su vida21.

De Beauvoir explica a continuación en su libro lo maligna y opresora que es la familia para el desarrollo de una niña. Si el padre tiene la osadía de mostrarse orgulloso y apreciar los éxitos de su hija, no es más que otra muestra de opresión e imposición de vasallaje de la hija hacia el padre22. Pero,si bien el padre escapa relativamente indemne, la madre que se atreve a castigar a su hija recibe una reprimenda todavía peor de la eminente feminista:

Las madres, ya lo veremos, son ciegamente hostiles a la liberación de sus hijas y, más o menos deliberadamente, se esfuerzan por atemorizarlas todavía más; para el niño adolescente, los esfuerzos por volverse hombre se respetan, y se le dan ya mayores libertades. A la niña se la obliga a quedarse en casa; sus actividades externas son supervisadas.

¿Entendido? El hecho de que algunos padres no permitiesen que sus hijas salieran después de cierta hora, en la Francia ocupada por los nazis, en medio de la segunda guerra mundial, constituye opresión. Y recordemos que De Beauvoir se queja de esto (y existen serias dudas de que fuese algo generalizado) mientras niños de 13 y 14 años luchaban en la guerra24, entre otras cosas, para que ella estuviese a salvo y pudiera escribir “filosofía” basura, y propaganda para el régimen nazi, un régimen que también tenía a niños de 14 y 15 años en sus filas25. Me siento tentado a decir que debería haber revisado sus privilegios. Pero no lo voy a decir.

La hipocresía de esta mujer resulta a la vez fascinante y repugnante. Simone de Beauvoir, adorada hoy en día como gran icono del “buen” feminismo de 1960, y estudiada en los “diálogos feministas” de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública de Bucarest (SNSPA), defendió con gran fervor el régimen revolucionario de Ioseb Dzhugashvili (alias Iosif Vissarionovich Stalin), incluso mucho tiempo después de que los horrores del estalinismo se conocieran en la Europa occidental.

En otras palabras: mientras muchos rumanos de la URSS eran deportados al Gulag; mientras la élite intelectual de este país era diezmada en campos de concentración como Râmnicu Sărat, Pitești, or Aiud, y mientras niños de 12 años eran torturados en las cárceles comunistas por conspiración contra el orden socialista26, Simone de Beauvoir publicaba El segundo sexo, donde explicaba cómo la liberación de la mujer está íntimamente relacionada con el destino del socialismo27, al mismo tiempo que negaba, junto con su amante, las atrocidades estalinistas que tenían lugar en ese mismo momento. Y nosotros, los contribuyentes rumanos, pagamos para que los estudiantes vayan a la SNSPA a estudiar a esta indeseable, como si fuera alguien digno de admiración. Aquí tenemos un ejemplo real de misoginia patrocinada por el estado. Pero me da la sensación de que a la élite feminista no le preocupa lo más mínimo.

Queridas feministas de cafetería: si nos recomendáis leer a Simone de Beauvoir como ejemplo de “buena” feminista, solo hay dos explicaciones: o bien no la habéis leído vosotras mismas y la mencionáis solo para parecer cultas o, por el contrario, la habéis leído y estáis de acuerdo con lo que representa, en cuyo caso cualquier persona normal no feminista tendría que estar loco (como mínimo) para pensar que tenéis buenas intenciones.

La temeridad con la que De Beauvoir propone nada menos que la prohibición de ciertas opciones para la mujer, porque dichas opciones no se amoldan a su ideología, es un ejemplo perfecto de utópica trastornada para la que el planeta gira en torno a sí misma. Y si no lo hace, la culpa es del planeta, y hay que prohibirlo. La verdad debe ser prohibida, si es “incorrecta”.

Si las feministas fuesen realmente sinceras al afirmar que pretenden combatir la misoginia y aumentar el espectro de opciones para la mujer, entonces empezarían por desterrar todo el arsenal ideológico de Simone de Beauvoir al basurero de la Historia. Pero no lo hacen, y no lo harán jamás, porque el feminismo, si tiene un buen día, es hipócrita; y en días normales es totalitario por naturaleza y en la práctica; y si tiene un mal día, exige el exterminio del hombre.

Queridas feministas, vuestra declaración pública de aprecio por Simone de Beauvoir dice más sobre vosotras que cualquier cosa que pueda decir nadie del sector no feminista de la sociedad. Una vez más, habéis demostrado que el mejor argumento anti feminista proviene directamente de las propias feministas. Y por ello, queremos daros las gracias.

Referencias:

Un agradecimiento especial a Marian Atodiresei, que ayudó con la documentación. Imagen: Wikimedia Commons

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1 http://my.telegraph.co.uk/expat/stephenclarke/10151800/10151800/ – Stephen Clarke – The women that France needs to remember – or forget; The Telegraph, published at September 5, 2013
2 https://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/Holocaust/VichyRegime.html – The Holocaust: The French Vichy Regime
3 http://www.lexpress.fr/culture/livre/ce-qu-on-n-ose-pas-voir-sur-beauvoir_822547.html – Dupuis Jérôme – Ce qu’on n’ose pas voir sur Beauvoir; L’Express, published at January 3, 2008
4 http://www.telegraph.co.uk/culture/books/non_fictionreviews/3672534/Simone-de-Beauvoir-Meet-Jean-Paul-Sartre.html – Tim Martin – Simone de Beauvoir? Meet Jean-Paul Sartre; The Telegraph, published at April 12, 2008
5 http://opinionator.blogs.nytimes.com/2013/05/19/savile-beauvoir-and-the-charms-of-the-nymph/ – Andy Martin – The Persistence of the ‘Lolita Syndrome’; The New York Times, published at May 19, 2013
6 ibidem
7 ibidem
8 Simone de Beauvoir – Brigitte Bardot and the Lolita Syndrome (with many half-tone illustrations) p.10; 14 – First Four Square Edition – The New English Library LTD., 1962
9 We received the following communication: Le Monde, January 26, 1977 – https://www.ipce.info/ipceweb/Library/00aug29b1_from_1977.htm
10 Sexual Morality and the Law, Chapter 16 of Politics, Philosophy, Culture –Interviews and Other Writings 1977-1984, p.275
11 Le Mouvement Pédophile en France – http://archive.wikiwix.com/cache/?url=http://bibliobleue.fpc.li/Revues/Gredin/N0/MvtFrance.htm
12 http://www.theguardian.com/world/2001/feb/24/jonhenley – Jon Henley – Calls for legal child sex rebound on luminaries of May 68; The Guardian, published at February 24, 2001
13 Ibidem 4
14 http://www.biographile.com/6-degrees-of-infatuation-an-ode-to-frisky-french-writers/28496/ – Kelsey Osgood – 6 Degrees of Infatuation: An Ode to Frisky French Writers; Biographile, published at February 11, 2014
15 Simone de Beauvoir – El Segundo sexo, p. 378 – traducido por Constance Borde y Sheila Malovany-Chevallier; Vintage Books – Random House Inc., New York, 2009
16 Sexo, sociedad y el dilema femenino – un diálogo entre Simone de Beauvoir y Betty Friedan; Saturday Review, publicat la 14 Iunie 1975 – p. 18 http://64.62.200.70/PERIODICAL/PDF/SaturdayRev-1975jun14/14-24/
17 El dilema femenino, op. cit. p.20
18 El segundo sexo, op. cit. p.70
19 Ibidem p.392-393
20 Ibidem p.257-258
21 Ibidem p.43
22 Ibidem p.255
23 Ibidem p. 258-259
24 Segunda guerra mundial: Reclutamiento y la edad de los soldados – http://histclo.com/essay/war/ww2/age/ww2-age.html
25 Los niños soldado de Hitler – http://www.historyplace.com/worldwar2/hitleryouth/hj-boy-soldiers.htm
26 Târgșor, cárcel comunista para niños – National Romanian Television report (English subtitles included) – http://vimeo.com/73694592
27 El segundo sexo, op. cit. p.60
http://www.avoiceformen.com/feminism/simone-de-beauvoir-a-nazi-a-pedophile-and-a-misogynist/

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Notas.-

Los enlaces en textos propios son aportados por EQM. En los ajenos sólo cuando así se indique con un color azul. También es cosa de EQM, por discutibles razones de legibilidad en internet, el incremento de párrafos en textos ajenos, respetando el contenido, que puede leerse en el original pinchando el enlace correspondiente.


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