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Copia del Twitter de Lucía Méndez, redactora de El Mundo, confirmando en Twitter su participación -‘hemos criticado por escrito’- en la carta contra Arcadi Espada que les adjunté y comenté el pasado sábado.

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Del grado de imbecilidad más alto

Sobre el twitter de Lucía Méndez, que se califica por sí solo, me remito a lo dicho anteayer y también al twitter que yo le envié a ella y al Director de El Mundo, ayer domingo, emulando el texto de la redactora:

Llevo leyendo El Mundo hará pronto 29 años. Su abnegada redacción, a la que sigo desde el primer día, suele mantener el espíritu libremente crítico. Como suscriptor de EM siento apego al diario; de lo contrario, yo sería tan imbécil como le ha parecido a Almagro [Secretario General OEA]  el comportamiento del limitado ZP, amigándose con Maduro.

Por textos como éste huyo, espantado, de su grosero sectarismo de usted, cada vez que me encuentro con su colaboración. Por mi dignidad como lector. Y ya le tengo dicho a la dirección que si usted sigue en el diario yo no renovaré mi suscripción

Por cierto, hablando de imbecilidades, iba a decirles que cualquier día los censores preventivos nos prohibirán usar la palabra ‘imbécil‘ porque su acepción médica se refiere al ‘retraso mental moderado’ [RAE] y me acabo de enterar de que la España del doctor ZPedro presentará una protesta ante la Organización de Estados Americanos [OEA] por las críticas de Almagro a Zapatero…, al que sitúa “en el grado de imbecilidad más alto” por sus gestiones y declaraciones en favor del dictador Maduro.

No se pierdan [ver infra]  la réplica de Arcadi Espada a los anónimos firmantes de la censora carta contra él, ni el texto de Salvador Sostres en ABC sobre tal cuestión; así como tampoco el artículo de Jesús Cacho sobre el español peligro chavista que nos acecha de manos del doctrocito Presidente no electo, capaz, como viene demostrando, de cualquier cosa.

La última: Su Delegada del Gobierno de España en Cataluña, Teresa Cunillera, manifestándose partidaria de un futuro indulto para los golpistas; y su Vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, patrocinando el desencarcelamiento de los golpistas -si el proceso se alargara- que no huyeron con el resto de fugitivos [y, digo yo, que siguen sin fugarse porque, por el momento, les resulta imposible…].

Vds mismos.

EQM

pd “Maricón de España”

Por cierto, en la mismísima RTVE a la carta, he encontrado el archivo con la canción ‘Maricón de España’, que se programó y ofreció a los españoles el 10 de octubre de 1992, gobernando el gran Presidente socialista Felipe González:

Josema Yuste haciendo de Laurén Postigo y Millán Salcedo cantando ‘Maricón de España” como un tal ‘Tony Sevilla’:

Imagino que no se inventarán otro proceso memorístico para ‘limpiar‘ de ‘groserías‘ los archivos de la televisión pública.

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Ilustración de Santiago Sequeiros [Argentina, 1971] para el texto de Arcadi Espada

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Que se pongan hojas (y folios)

Arcadi Espada en El Mundo, 230918

Mi liberada:

Gentes que te conocen me aseguran que la otra tarde sufriste un vahído al leer la nota que escribí sobre la comparecencia del expresidente Aznar en el Congreso y que cuando recobraste (es un decir) el conocimiento empezaste a dar grandes voces hasta que te oyeron todas las letras del alfabeto (y sobre todo del analfabeto) LGTBI y hasta en la Generalidad te oyeron.

De resultas de ello unos y otros me acusan de homófobo y de un posible delito de odio por haber escrito:

«Aznar se equivocó con Rufián. A Rufián hay que contestarle en sede parlamentaria diciéndole: «La polla, mariconazo, cómo prefieres comérmela: ¿de un golpe o por tiempos?», mientras uno va sonriéndose delicadamente en su cara. Pero si se opta por la no significación entonces hay que negarse a responder al gamberrete hasta que aprenda a no comerse los mocos en público».

Sé que esta carta va a suponer un humillante ejercicio para la mayoría de los lectores de nuestra correspondencia, pero yo me debo a ti y no tengo otro remedio que darte pacientes explicaciones. Han de partir, inevitablemente, de la primera y fundamental evidencia y es que contrariamente a lo que ibas gritando por las esquinas yo no le pregunté al diputado Rufián cómo lo prefería ni le llamé mariconazo. No tenía por qué, ya que el diputado Rufián en las dos veces que hemos dialogado en televisión se ha mostrado siempre como un hombre manso. Luego volveré a ello.

Pero sí indiqué que las dos posibilidades que tenía el presidente Aznar para afrontar el impostado salvajismo parlamentario de Rufián eran negarse a responderle o pagarle con su misma moneda. Ayer llegó a casa el último libro de Julian Baggini Breve historia de la verdad. Empecé a hojearlo y en sus primeras páginas venía la célebre sentencia de Alfred Tarski:

“Toda proposición ‘P’ es verdad si y solo si P es verdad”. Baggini continua, aclarándola con el propio ejemplo de Tarski: “Por ejemplo: ‘La nieve es blanca’ si y solo si la nieve es blanca. (…) ‘P’ entre comillas es un afirmación lingüística, mientras que P sin comillas es una verdad sobre el mundo”.

Pues bien: examina ahora qué grado de verdad puede tener la proposición “Espada llama a Rufián mariconazo y le pregunta cómo prefiere comerle la polla” que es la que, luego de tus iniciáticas voces, empezó a rebosar por las cloacas digitales, cuando no ya la verdad sobre el mundo, sino ni siquiera la propia afirmación lingüística han existido.

Hasta ahora yo no he tenido ninguna necesidad de llamar mariconazo al diputado Rufián. Ahora bien: si por azares del destino hubiera de sufrir alguno de sus interrogatorios parlamentarios habría alguna posibilidad de que le soplara exactamente la frase que le recomendé utilizar al expresidente del Gobierno. Rufián y otros de su cuerda utilizan el parlamento como un teatro y se benefician de que las réplicas no se las dan otros actores, sino burgueses escandalizados que como máximo llegan a afearle su conducta. Hacen mal respondiéndole al modo melifluo. A Rufián hay que ponerle un espejo, al menos una vez en la vida, para que compruebe a dónde se llega por el camino que propone. Depende de cómo yo viniera aquel día pudiera ser que utilizara la palabra mariconazo para dirigirme a su señoría.

Pero quién sabe: tal vez utilizara cabronazo. O el mamalonaso característico del cubano Abreu. Dependiendo del hambre y por paradójico acto reflejo quizá aludiera al comer; pero también podría decirle te voy a joder vivo. En ningún caso ‘P’ podría ser cierto, dada P. Es decir, ninguna de esas palabras tendría la más mínima relación ni con los hábitos sexuales del diputado Rufián ni con sus pactos conyugales ni desde luego con mi interés por él, más allá del que le tengo en lo intelectual. El asunto profundo es con qué afirmación del mundo real tienen que ver esas palabras. Pero esa divagación no está al alcance ni siquiera del LGBTTTIQA-H y ya no digamos de la Ex Generalidad de Cataluña.

Como es natural, el diputado Rufián no se mostró ofendido por mi nota. Es más, explicitó de qué modo le gustaría que un Aznar le comiera. “De un golpe”, escribió en un tuit, informándome de sus preferencias. Al día siguiente apareció donde Ana Rosa. Yo también estaba allí. Despojado de sus ropajes actorales se mostró convencional, como allí acostumbra. Y es que los medios no le permitirían, en su trato directo con ellos, lo que le permite el Parlamento. Aproveché para decirle que sus preferencias no me extrañaban siendo un golpista. Encajó sonriente y dijo: “Ésa ha estado bien”.

Rufián no, pero hay quien sí se ha ofendido. La reacción de la Generalidad no tiene para mí mayor misterio. Como te pasa a ti, cualquier contacto con la razón les marea. Más sorprendente me parece la reacción de algunos gays. Con paciencia infinita, día tras día, los simplemente mortales soportamos el orgullo que sienten algunas gentes por relacionarse amorosamente con los de su mismo sexo. Es un orgullo pintoresco, del tipo de los que se enorgullecen de hablar una lengua o del color de su piel. Pero real y hasta fatigosamente visible.

No se comprende que dado el orgullo pueda molestarles la palabra mariconazo, incluso -lo que no es nuestro caso- cuando se proponga designar inequívocamente a un homosexual del tipo masculino. A mí, por ejemplo, me llaman a veces españolazo y sin acusar yo orgullo de este azar entre papá y mamá confieso que me entra un agradable calorcito.

Pero en fin: si los g(u)ays se ofenden, que se pongan hojas (catalanismo flagrante del tipo alquilar sillas, que en castizo sería por mí como si te operas o que te la pique un pollo), preferentemente de parra. Nadie pueda negar a nadie el derecho a inventarse una ofensa. Ni tampoco el derecho a vivir de esas ofensas como hacen esos colectivos de ofendidos profesionales, cuya necesidad de invención es doble: además de la ofensa tienen que inventarse, mediante tramposas sinécdoques, el colectivo de ofendidos.

Pero cuando esas ridículas ficciones abandonan su estatuto y pretenden legislar sobre lo que se puede y no se puede decir algo peligroso está sucediendo. Hay una gran diferencia entre replicar (incluyendo la ironía, la sátira y hasta el escarnio) y perseguir; y es la diferencia entre la libertad y el totalitarismo. Pero insisto: que se pongan hojas. Nunca hay que discriminar a nadie, individuo o racimo, privándole de su ganado derecho a ser objeto de burlas. Es lo que tiene escribir para mayores de 18 años.

Respecto de la libertad, los fachitas de mi gran época tenían acuñada una frase inolvidable: «Una cosa es la libertad y otra el libertinaje». Nosotros, básicamente libertinos, nunca pudimos entender tan palúdica distinción. Es un espectáculo memorable verla supurar de nuevo en la carta anónima, a la manera de trols, que al parecer apoyan unos cincuenta trabajadores de este diario donde te echo las cartas, y en la que se afirma que nunca debió permitirse la publicación de mi nota, con sus “palabras soeces, groseras y homófobas”.

Pero, en fin, no voy a negarles yo la libertad de expresión, por más que en su exigencia de tomar medidas -y sobre todo en su tuteo al director- cualquier chucho entrenado husmee el falangismo. Más me sorprendería que entre esos firmantes anónimos hubiera periodistas. Sería un insoportable contrasentido que clamando todo el día contra las fake news hubiesen redactado una para justificar su reaccionaria pulsión heterófoba.

Sigue ciega tu camino

A.

Collage de Leonard Giovannini en el Blog de Arcadi Espada, 230918, sobre la base de Noticia del mundo‘ o Tres monjas leyendo una carta‘, grabado de Celestino Turletti [o de Calderini (?)], reproduciendo una pintura de Francesco Mosso (1849-1877), presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes en Turín, de L’Illustrazione Italiana, n. ° 29, 18 de julio de 1880. Aquí, el collage, en grande.

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Verga ante bergantes

Descripción de Leonard Giovannini sobre su collage, en el Blog de Arcadi Espada, 230918, acompañando al texto del periodista.

Hoy plagiamos un grabado, creemos que de un Comenari (la firma es ilegible), que a su vez es copia de una obra de Francesco Mosso. En nuestra versión, K está leyendo su karta flanqueada a la izquierda por una joven acasofirmante y a la derecha por la mismísima Sor Encarnación de la Generalidad. Visten uniforme de combate de los LGBTTTIQA  y de las JONS, porque su pasatiempo favorito es hablar en nombre de personas que no les han dado permiso para ello.

Si prestamos atención al dibujo acabaremos por descubrir un detalle: al parecer, una de las virgulillas del texto de la karta se ha hipertrofiado hasta hacerse vírgula y de ahí ha crecido a verga, y ahora se alza desafiante ante los rostros censores.

Naturalmente, no es un miembro real. Es, si se nos permite, un pene entre comillas; una verga entre virgulillas (se comenta que el miembro real es también una verga entre virgulillas, y aquí no hay paradoja). No entraremos ahora en la cuestión, objeto de encendido debate entre los lógicos desde hace setenta años, de si la P de la sentencia de Tarski es la inicial de polla.

Actualización, 240918; 16:40

Lo de Arcadi

Santiago González en El Mundo y en su blog, 240918

Tengo desde hace tiempo a Arcadi Espada por uno de los más brillantes columnistas del periodismo español. A veces, también por un amigo. Y resulta que Espada se ha metido, no creo que inadvertidamente, en un jardín, cuando escribió una columna acerca de la comparecencia de Aznar sobre la financiación del PP. Criticaba el columnista los modos del diputado Rufián. Y la inadecuada respuesta del compareciente. Con estas palabras: “Aznar se equivocó con Rufián. A Rufián hay que contestarle en sede parlamentaria: “la polla, mariconazo. ¿Cómo prefieres comérmela, de un golpe o por tiempos?”

‘El Español’, digital que dirige Pedro J. Ramírez, publicó el sábado una carta firmada por un número incierto de trabajadores/as de El Mundo a su director (que es el mío) censurando la columna de Espada e instando a tomar medidas no especificadas. No se conocen los nombres de los firmantes salvo uno: Lucía Méndez ha reivindicado su firma en un gesto pertinente. “Nadie enciende una vela para meterla bajo un celemín” escribió San Mateo y nadie firma un manifiesto o una carta al director para que no aparezca su nombre. Y sería interesante que los abajofirmantes se identificaran. ¡Queremos saber! que diría M. Milá.

Lo que me llama la atención del diario de Pedro J. es el empleo de la sinécdoque en los titulares: “La redacción de El Mundo censura la columna de Arcadi Espada…” Y en el subtítulo: “El equipo del periódico de Unidad Editorial envía una carta a la dirección…” Una parte, solo una parte. Citaré un precedente: el mismo día en que un director de El Mundo, David Jiménez, echó a Salvador Sostres tras una carta parecida de parte de la redacción, yo cenaba con Pedro J. Ramírez en casa de Ana Palacio. Y Pedro contó que él había recibido una carta análoga, firmada por un centenar de redactores, pero que no había hecho caso alguno: “La contratación o el despido de columnistas es facultad del director, no de una asamblea de redactores”. Y a mí me pareció que tenía razón.

Pero vayamos al cogollo del meollo. La carta de un sector de la redacción acusa a la columna de Arcadi de “soez, grosera y homófoba”. No entraré en los dos primeros calificativos por falta de espacio, pero ¿homófoba? ¿Es posible que 50 profesionales de la escritura no sepan distinguir el lenguaje figurado del recto? Hasta Rufián demostró más dotes para el distingo al responder en Twitter: “De un golpe, Arcadi”. No me atrevo a pensar que alguno de los 50 justos titulase el lance: “Rufián sale del armario”. Mucho menos aún: “Rufián quiere comerle la polla a Aznar ¡y de un golpe!”.

¿El problema está en el aumentativo?¿Si en vez de ‘mariconazo’ hubiera escrito ‘mariconcete’ sería más aceptable? Qué pena que Cela no llegase a dedicar un tomo de su ‘Diccionario Secreto’ a términos como ‘maricón’ o cabrón’, no forzosamente insultantes. Antonio Burgos escribió en el ‘Triunfo’ de los 70 una aportación a un diccionario sevillano-español, en el que definía la voz ‘hijoputa’ como ‘mala persona’. En cambio, ‘hijo de la gran puta’ era: “mi querido amigo, Antonio, hijo de la gran puta, cuánto tiempo sin verte”. Arcadi, qué cabronazo.

Las hogueras contra Arcadi

Salvador Sostres en ABC, 230918

La plantilla de El Mundo ha escrito otra de sus valientes cartas -todos contra uno, vómito del tumulto- para encenderle la hoguera a Arcadi Espada. A mí me la encendieron unas cuantas veces; también se la han encendido a Dragó últimamente. Arcadi escribió un artículo la semana pasada razonando que las intervenciones quinquis de Rufián en el Congreso merecen un lenguaje igual de barriobajero como respuesta. E incluía un ejemplo ilustrativo y sin duda extraído de los más delicados versos de la poesía provenzal.

En una lectura increíblemente estúpida del artículo, la plantilla de El Mundo le ha escrito una carta a su director para rechazar “las palabras vulgares groseras, y homófobas” de Espada, cuando precisamente el articulista deformó su lenguaje para denunciar a la manera de Valle -los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento- el proceder navajero del diputado de Esquerra.

Con todas las excepciones personales que quepa descontar, no hay en la prensa española ningún colectivo más pernicioso y miserable que los que se autoproclaman “los trabajadores de El Mundo”. Pedrojota les disimulaba la zafiedad con su liderazgo incontestable pero cuando se fue, su extrema inmundicia les quedó al descubierto. Su líder natural fue David Jiménez, que con su sectarismo y su brevedad intelectual le dio una estocada casi mortal al periódico. Quedaron retratados junto a él y casi provocan el cese del negocio los que tanto dicen ser los guardianes de su esencia.

Con Lucía Méndez y Pedro Simón al frente, seguramente los dos periodistas más funestos, hipócritas y arrastrados de España, los llamados “trabajadores de El Mundo” llevan años insultando el legado de Pedrojota y no sólo son incapaces de detectar el talento y la inteligencia sino que arremeten contra todo lo que no está al exacto nivel de su impostura y de su incompetencia: a veces por envidia, a veces por la rabia que genera la impotencia, a veces por el prejuicio totalitario de la corrección política y de la izquierda, a veces por el complejo de inferioridad que les provocan sus prejuicios de señoritas aficionadas, y otras porque simplemente no pillan la metáfora.

La carta contra Arcadi ni llega a ataque a la libertad de expresión, porque es demasiado tonta para que alguien con dos dedos de frente pueda tomarla medianamente en serio, pero es un atentado contra la inteligencia, contra la higiene moral que debería implicar la alfabetización regular en una democracia avanzada y es una vergüenza para El Mundo y para el prestigio y credibilidad que pueda quedarle al periódico. Y además de ser cobarde por arremeter todos contra uno, lo es igualmente, y todavía más, por no ir firmada, y esconderse sus autores y sus supuestos abajofirmentes, en el anonimato del colectivo, como cuando en las peores pesadillas de Europa la turba se juntaba por la noche y la mañana siguiente amanecía con los cristales rotos.

Es curioso -y seguro que materia de profundo análisis para cualquier psiquiatra- cómo los que más se escandalizan por las metáforas sobre el fascismo, y más dicen rechazarlas, son los que de un modo más naíf y vulgar encarnan los peores comportamientos totalitarios.

Recuerdo que cuando también estos cobardes -como hoy tumultuosos y anónimos- firmaron una de sus fatuas contra mí, Pedrojota me llamó para decirme que si algo le faltaba para mantener mi colaboración intacta era precisamente una carta de semejante bajeza. No hay artículo más miserable y estúpido que se haya publicado en los últimos diez en la prensa española que las cartas de estos chicos: esto último no me lo dijo Pedrojota, lo digo yo, con el orgullo de ser lector de Arcadi desde que tengo uso de razón y su amigo desde que una noche en el Hispania decidió hacer una excepción y bajar el listón de su exigencia hasta que cupiera yo.

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez

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¿Un Maduro en ciernes en Moncloa?

Jesús Cacho en vozpópuli, 230918

Es la preocupación que embarga a cada día mayor número de españoles. Lo que hace un mes podía calificarse de boutade, una exageración sin paliativos, desde esta semana aparece como una posibilidad que convendría no desdeñar por estrafalaria que parezca, por extemporánea que pueda sonar a la altura de 2018 y en el marco de la Unión Europea.

La decisión de Pedro Sánchez de vaciar de competencias al Senado con una treta legalista para obviar el obstáculo que suponía para sus planes de aprobar los PGE para 2019, ha encendido todas las alarmas. Estamos ante un tipo al que no se le pone nada por delante en su afán de hacerse fuerte en el poder. Un amoral sin ningún escrúpulo democrático. Sánchez ha dejado de ser una sorpresa, incluso agradable para quienes estaban hartos de la inanidad de Mariano Rajoy, para convertirse en un peligro para las libertades. Convendría que nadie lo tomara a broma.

Alguien comentaba esta semana en la radio la anécdota vivida en primera persona con Rajoy, cuando el entonces presidente disfrutaba del confort que le proporcionaban los 186 diputados de que dispuso entre 2012 y 2015. Ese alguien le animaba a que tuviera la audacia de cambiar la Ley Electoral. Se trataba de ir a una elección a doble vuelta de forma que Comunidades y Ayuntamientos fuesen gobernados por la lista más votada. Con ese sistema, Manuela Carmena jamás hubiera sido alcaldesa de Madrid.

El interlocutor insistía vehemente, puedes hacerlo, tienes mayoría absoluta, y el gallego taimado, nuestro Sancho entonces a lomos del rocín de Moncloa, le respondió que no, que aunque tuviera mayoría en el Congreso un cambio de tanta trascendencia política no se podía hacer sin contar con el visto bueno del PSOE, con la anuencia del PSOE. Esa es la diferencia entre un demócrata pasmado pero respetuoso con la ley, y un aventurero sin complejos decidido a saltarse a la torera cualquier obstáculo legal que se interponga entre él y sus ambiciones.

El Artículo 66 de la Constitución, Título III, Capítulo Primero, dice textualmente que

“Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado. Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución. Las Cortes Generales son inviolables”.

De donde se deduce que intentar anular las competencias de una de las Cámaras o de ambas es un atentado contra la soberanía del pueblo español, un golpe más o menos disfrazado contra la propia Constitución que recuerda como dos gotas de agua a otro golpe, el  protagonizado por la mayoría separatista del parlamento de Cataluña el 6 de septiembre del año pasado, cuando la tropa indepe impuso una nueva “legalidad” saltándose a la torera la Constitución y el propio Estatuto catalán.

“Exigimos al PSOE que, para llegar a un acuerdo de Presupuestos, lo primero que habría que hacer era arrebatarle al PP su último instrumento de poder en España, que es la capacidad de veto en el Senado. Es una anomalía democrática”.

Es el texto de un tuit que Podemos ha vuelto a publicar estos días.

Para Podemos, los resultados de las elecciones de junio de 2016 que otorgaron al PP la mayoría en el Senado son “una anomalía democrática” con la que hay que acabar de grado o por fuerza, sin esperar a los resultados de unas nuevas generales. Una concepción típicamente bolivariana de la democracia parlamentaria.

“La revolución bolivariana solo triunfará si se extiende por todo el continente americano y, después, por el resto del mundo” (Juan Carlos Monedero).

Para nadie es un secreto que la vanguardia podemita, formada y financiada por Irán y Venezuela, sueña con la idea de reproducir esa experiencia revolucionaria en España. Lo desean tanto que su gran líder se ha comprado ya una dacha de 1,2 millones en la sierra de Madrid, en la esperanza de poder recibir el santo advenimiento del desastre colectivo bien pertrechado de comodidades. Es también evidente que el cóctel de partidos populistas-nacionalistas que entronizó en la Moncloa a Sánchez abocaba más pronto o más tarde a la nación, no solo al Estado, a un estrés sin precedentes, agravado por la herida abierta de un problema como el planteado por el separatismo catalán.

Pero lo que pocos, salvo sus más íntimos conocedores, podían sospechar es que Sánchez, líder de un partido que ha gobernado durante casi 22 años, clave en la historia de la Transición, y que ha tenido, con sus luces y sombras, las mismas que el PP, un papel esencial en el mejoramiento de la calidad de vida de los españoles, fuera a mostrarse, víctima de su irrefrenable ambición de poder, tan proclive a dejarse arrastrar por las pulsiones dictatoriales de una minoría que pretende hacer tabla rasa de nuestras instituciones para hacer realidad el experimento de revolución bolivariana en España, esa que tan felices tiene a los venezolanos dentro y fuera de Venezuela.

Y una pregunta recorre hoy en voz baja las cuatro esquinas de la piel de toro. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Sánchez? ¿Alguien que es capaz de vaciar de competencias el Senado, en un golpe sin paliativos contra la Carta Magna, tiene algún tope o norma moral de conducta que le impida, en caso de ver su futuro político en riesgo, atentar contra nuestras libertades?

¿Cuándo se jodió Venezuela?

Hoy es una evidencia que esas libertades están en peligro no porque en el Parlamento se siente un grupo como Podemos, sino porque Sánchez parece haber renegado del PSOE socialdemócrata que conocimos tras la muerte de Franco, para abrazar la causa del populismo rampante dispuesto a todo con tal de conservar el poder. Las condiciones están dadas en la España extraviada de nuestros días, una España que desde 2012 atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad histórica. Raúl Gallegos, corresponsal que fue de Dow Jones y WSJ en Caracas, explica en su libro “¿Cuándo se jodió Venezuela?” las razones que han llevado a la ruina al país con las mayores reservas petroleras y mineras del mundo. La corrupción en el origen del problema.

Como en España. Una clase política roba, y un iluminado llega para decir que eso se va a acabar, porque él se va a encargar de repartir mejor la riqueza nacional. El marco: una población que desconoce el valor del trabajo (“Póngame donde hay; del resto me encargo yo”) y el esfuerzo, acostumbrada a vivir de las rentas del petróleo, y un entorno socio-económico que empuja al Gobierno a gastar a manos llenas para mantener su popularidad y, sobre todo, para fabricarse una clase subsidiada que pronto estará dispuesta a defender a muerte al iluminado ya convertido en dictador.

Un país cuyos gobernantes, de ínfimo nivel cultural, viven instalados en el corto plazo, porque se trata de sobrevivir una semana más en el machito. Como en España: un tipo ignorante de casi todo, pero listo, ni un pelo de tonto, y sobre todo malo, engreído y  soberbio hasta el éxtasis.

Un chavismo reñido con cualquier tipo de planificación a medio o largo plazo, que hace frente a las emergencias con simples parches, con una población narcotizada a la que el Estado resuelve el día a día, un aparato productivo destrozado por las importaciones de todo tipo de productos, un Ejército silente al que el gorila ha hecho de oro, unos empresarios acostumbrados a vivir de la tarifa a la sombra del poder político, siempre en primera posición de saludo, como en España, como en Casa de América, y unos medios de comunicación plagados de periodistas de izquierda radical dispuestos, en su mayoría, a la manipulación ideológica y la ocultación de la verdad, medios en buena medida propiedad de ricos millonarios progres a quienes parece divertir el experimento de pobreza ajena.

Como nuestras televisiones. Lo que no tenía Venezuela es la amenaza añadida de quiebra de su unidad territorial, riesgo muy presente para España y no sólo en Cataluña. Lo único que resta a los enemigos de la libertad de los españoles es el control de la Justicia, aunque están en ello, se han puesto manos a la obra con una ministra del ramo íntima de Garzón (“Querido Emilio”), y de sus Boyes, Villarejos y demás. “Desterrada la Justicia, que es vínculo de las sociedades humanas, muere también la libertad que está unida a ella y vive por ella”, que dijo el gran humanista español Juan Luis Vives.

Es una obviedad aclarar que las medidas de política económica que plantea el Gobierno Sánchez van directamente orientadas a la creación de esa clase popular subsidiada y dispuesta no solo a votarle en unas eventuales generales, sino a apoyar cualquier decisión que implique incluso transgredir la Constitución. Todo dependerá de cómo se mueva este artista de la mentira, para quien leyes y procedimientos son un estorbo, en la cuerda floja de un Gobierno con 84 diputados obligado a satisfacer al alimón las exigencias de populistas y separatistas.

En paralelo al vaciado del Senado, lo que el sanchismo persigue es acabar con la Ley de Estabilidad Presupuestaria, aprobada en 2012 tras la reforma constitucional del artículo 135 que en 2011 lideró Zapatero con el respaldo del PP, según la cual los objetivos de déficit del Gobierno deben ser aprobados por Congreso y Senado. Una ley clave, por cuanto permitió restaurar la confianza de los mercados en España en el peor momento de la crisis, reducir el déficit y propiciar el crecimiento.

A Sánchez le estorba esa ley. Él quiere volver a gastar a manos llenas para lo que ya sabemos. Toda su política fiscal, directamente empeñada en acabar con el ahorro de las familias, es un atentado a la prosperidad colectiva. “Dejen competir, dejen ahorrar y dejen crear riqueza. Estos deberían ser los principios de cualquier Gobierno que quiera promover y fomentar la vía de los ingresos, base de una subsiguiente política de gasto, sea o no acertada” (“Por un crecimiento racional”, Juan María Nin, Ed. Deusto)

La peor de las pestes

El cerco de Podemos se estrecha sobre Sánchez. Tras mantener un llamativo silencio sobre el caso de la tesis plagiada que probablemente ni siquiera escribió él, Iglesias ha entrado en liza al calificar de “cutre” la existencia de “párrafos sin citar” en la misma, asunto por el que el presidente por accidente “tendrá que dar explicaciones”.

Al señor marqués de Galapagar le conviene un Sánchez débil, cada vez más uncido al yugo de los morados, así hasta que llegue el día, que quizá esté muy próximo, en que el líder socialista tenga que elegir entre romper la baraja y alinearse en el bando de los demócratas o echarse definitivamente al monte en brazos de los populistas y demás enemigos de España para emprender el camino sin retorno de esa “revolución bolivariana” que pretende imponerle Podemos.

“El riesgo es que el chavismo llega rápido pero luego resulta extremadamente difícil, por no decir imposible, revertir por medios democráticos” (Raúl Gallegos).

La tantas veces denunciada aquí baja calidad de nuestra democracia se ha convertido en un grave problema de salud democrática que ya no está solo residenciado en Cataluña, donde un nacionalismo (“la peor de las pestes”, como lo definió Stefan Zweig) de tinte supremacista y totalitario, con el que el Gobierno Sánchez está negociando en secreto, pugna por hacerse con el poder al margen de la ley y de la mitad de la población, sino que acaba de instalarse en el corazón de la nación, en el mismo Palacio de la Moncloa. El enemigo está dentro, y fue capaz de afirmar hace justo 5 días que “Soy el presidente del Gobierno y haré lo que quiera en la Cámara”.

Queda la España de la silente sociedad civil, esos millones de españoles -también socialistas, del viejo socialismo reñido con las aventuras de este personaje sin escrúpulos-, dispuestos a defender contra viento y marea sus libertades y su nivel de vida. Quedan ellos, queda el Rey, y quedan un nutrido grupo de jueces. No son poca cosa. Pero tendrán que estar dispuestos a fajarse y echarse a la calle para defender esos principios de manera activa. No valdrá parapetarse tras los visillos viendo desfilar a las hordas de la división, la sinrazón y el odio. El 2 de septiembre escribí aquí que

“Toca movilizarse de nuevo. Toca arremangarse para impedir la tropelía de la vuelta atrás. Toca luchar por la Constitución y la unidad es España, que es tanto como decir por la paz y el progreso. Por los valores de la Ilustración”.

El momento se acerca.

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Notas.-

♫♫ ‘No me llames Dolores, llámame Lola’ ♪♪. De la canción ‘Lola‘ [2004], interpretada por la banda Pastora. Autores de la canción: Dolo Beltrán / Caim Riba. Videoclip en YouTube.

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