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Del Estado, Derecho y Nación

El 15 de mayo de 2017, Patxi López, en el debate de primarias de los candidatos a la secretaría general del PSOE, espetó a Pedro Sánchez, secamente, una pregunta:

Pero Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?” “Por supuesto”, dijo Sánchez, con el rostro desencajado por el golpe. “¿Qué es?”, insiste Patxi. Sánchez, olvida España, el Estado-Nación al que pertenece, y, en su habitual inseguridad nacida de sus conocidas limitaciones, responde: “un sentimiento que tiene mucha ciudadanía, por ejemplo en Cataluña o por ejemplo en el País Vasco, por razones culturales, históricas o lingüísticas…“.

Patxi, cierra la cuestión replicándole, sin mirarle siquiera a la cara, con una resumida lección de cultura general. Susana Díaz, contempla la escena sin abrir el pico. De esto todavía no hace ni veinticuatro meses… . Recuerden:

Estado: Institución,  que organiza la vida social en un territorio, en forma de convivencia pacífica, gracias al Derecho y a la Nación. La organización jurídica de la sociedad situada dentro de un territorio y basada en la cohesión y unidad de intereses, de ideales y de cultura conformada históricamente por el grupo social que en él habita. Es decir, dotada de territorio, población y soberanía; de una población permanente, un territorio definido y un gobierno que es capaz de mantener control efectivo sobre el territorio correspondiente y de conducir relaciones internacionales con otros Estados.

Nación: El conjunto de personas, pueblo, unidas al Estado como sus soberanos, dándole a éste vida, emoción, sentido común y el poder. Es decir, un sujeto político conformado po una comunidad humana, en el que reside la soberanía constituyente de un Estado, compartiendo características culturales comunes.

Hablamos, pues, de poder, pueblo, territorio, soberanía, organización y control jurídicos, historia, vida social, convivencia pacífica, intereses, ideales, cultura.

Como para jugar con los conceptos.

EQM

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Ilustración de Raúl Arias [España, 1969], para el texto

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Deterioro del Estado en España

Victorio Magariños Blanco [Notario y Académico de la Real Academia Sevillana de Legislación y Jurisprudencia] en El Mundo, 100119

El Estado, institución que organiza la vida social en un territorio con el fin de que la convivencia sea pacífica, tiene como eje el Derecho y como sustrato la nación. El ámbito territorial del Estado nación es el resultado de una evolución histórica que ha costado siglos en cuajar, después de confrontaciones y ajustes. Resultado que ha dado lugar a un ámbito de solidaridad enriquecedora, al espacio más amplio de convivencia pacífica y justicia hasta ahora logrado.

El Estado es en esencia el Derecho que ampara a las personas que nacen bajo su manto o protección; las cuales a su vez, aunque de modo indirecto y muy filtrado, controlan el ejercicio del poder, ínsito a la organización estatal. Pero es la nación, es decir, las personas unidas al Estado por vínculo de nacimiento, base de la soberanía a la que alude el artículo 1 de la Constitución, la que da vida y emoción al Estado.

Dentro del territorio del Estado existen diferencias que han podido ser importantes en otras épocas, en las que la realidad social y económica era distinta y la comunicación difícil. Hoy, sin embargo, han quedado reducidas a ciertas, pocas, peculiaridades, en especial la del idioma. Pese a ello, en los últimos años, se ha forzado, recalcado y amplificado la especial identidad de las regiones; potenciando, paralelamente, el poder de las mismas. Hasta tal punto que se habla de Estado plurinacional, Nación de naciones, Estado federal; abandonado el término autonomía.

El origen de esta evolución política, terminológica y conceptual, que es causa de incertidumbre para entender la estructura del Estado, viene de lejos. Pero la causa inmediata está en la Constitución, cuando habla de la indisoluble unidad de la nación española y a la vez reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran. Mezclando los términos nacionalidad, autonomía y región, en lugar de referir la nacionalidad a la cualidad de las personas que nacen bajo la protección del Estado, como lo hace el Código Civil.

La Constitución agrava la confusión al no fijar claramente las competencias del Estado y permitir que éste pueda transferir a las Comunidades Autónomas facultades relativas a materias de titularidad estatal; dotándolas de instituciones equivalentes a las de un Estado: Asamblea Legislativa, Consejo de Gobierno, Presidente, Tribunal Superior de Justicia.

Esta confusa y errónea regulación, unida a una ley electoral incompatible con una configuración equilibrada del Estado, al permitir que partidos que defienden los intereses de región, que no los generales, contiendan al mismo nivel que los nacionales, ha sido el origen de un proceso de deterioro del Estado, que afecta gravemente a la igualdad y libertad de sus ciudadanos.

Tal error inicial ha sido utilizado por los políticos, que, en ocasiones, por su dificultad para sobresalir en el ámbito nacional, se refugiaron en las regiones, haciendo de ellas verdaderos feudos y un campo abierto para aumentar su cuota de poder. Los políticos potenciaron el sistema autonómico. Lo ensalzaron como un acierto y avance, alentaron su crecimiento, y se sirvieron de él de modo interesado. La crítica del sistema autonómico se consideró herejía.

Los políticos atrincherados en las Comunidades Autónomas, aprovechando la dejación y complicidad de los gobiernos estatales, han desarrollado una especial voracidad legislativa. A ciencia y paciencia de los órganos de control, se han elaborado Estatutos que por su contenido son verdaderas Constituciones. Se han saltado límites al desarrollar los derechos forales, promulgando incluso Códigos civiles, que son el más indicativo signo de una nación. Como el de Cataluña que, sin perjuicio de su perfeccionamiento técnico y su mayor adaptación al tiempo de hoy, ha recogido no sólo sus instituciones peculiares, alguna por cierto inactual pero que marca diferencias, sino también todas las relaciones civiles de carácter general.

Además, ante la pereza y desidia estatal, las Comunidades han regulado nuevas situaciones, como las uniones de hecho, por ejemplo, que el Estado ha desatendido, y que debería acoger para su generalización normativa, en aras de una mayor seguridad jurídica.

De este modo, lo que se inició como una construcción política artificial y novedosa en buena parte, ha ido penetrando en la sociedad hasta provocar un sentimiento de nación en cada región. El Estado se ha ido vaciando de competencias necesarias para una construcción armónica y justa de la convivencia, y los ciudadanos perciben que la regulación de las relaciones jurídicas importantes procede de su Comunidad. Con la cual se identifican hasta tal punto que cada vez reconocen menos al Estado de España.

Ente que se va diluyendo y se ve en lontananza como algo distante, relacionado con los poco empáticos Fisco, DGT y ejército. En la realidad se han ido forjando pequeños Estados con un sustrato social cada vez más intenso. Por lo que no es descabellado hablar hoy de Naciones para referirse a las Comunidades Autónomas, y de Estado Federal o de Confederación de Estados, si aquel proceso se consolida.

Esta evolución no es un cataclismo, pero sí un grave retroceso. A la vista están ya los daños. Costo económico desorbitado, a causa de la multiplicación de órganos públicos, funcionarios adscritos y edificios oficiales, compitiendo en lujo entre sí y con el Estado; que la economía española no puede soportar. Encerramiento en la propia región, incompatible con la universalidad del saber y la cultura, a causa de una endogamia docente y profesional, de una enseñanza peculiar y reducida.

Dificultad para la comunicación y, por tanto, para el entendimiento y la transferencia de saberes y recursos. Amiguismo, clientelismo y un nuevo estilo de caciquismo que aflora a causa de un poder cercano excesivo y desequilibrado; y consecuentemente corrupción. No es casualidad que los casos de corrupción más escandalosos procedan de los gobiernos autonómicos.

La competencia normativa desgajada del Estado para resolver problemas generales, en especial la educación, sobre todo en las regiones con lengua propia, ha originado un desquiciamiento social y una lesión de la libertad. La imposición de una lengua particular a todos los habitantes de la región afecta a la dignidad de las personas, al impedir que los que han elegido un determinado territorio de España para realizar su proyecto vital, puedan desarrollar su personalidad a través de la lengua que han oído desde su nacimiento y que es la de la nación.

Imposición excluyente, inmersión forzosa que conduce a un sector de la población a un estrechamiento cultural intolerable en una sociedad avanzada. La cesión de competencia en materia de educación es generalmente reconocida como error letal que conduce a la dilución del Estado.

El proceso político de aislamiento regional llega al colmo cuando se pretende la separación del Estado, como ha sucedido en Cataluña, que ha iniciado un enfrentamiento conflictivo, con ímpetu y caracteres de grave patología social; dejando marginada parte de la población, extraña en su propia tierra. Como si el hecho de habitar un trozo del territorio de España desde hace tiempo pudiera ser fuente de un derecho autónomo y originario a legislar, al modo medieval. En contra del proceso evolutivo de progreso hacia la justicia que supone una ampliación constante de su espacio de aplicación.

El fenómeno catalán avisa de que el aislamiento entre las diversas Comunidades y la autosuficiencia de éstas ante el Estado es un peligro de evolución regresiva que se cierne sobre todo el territorio de España. Más acusado en las regiones con idioma propio. Si sigue este proceso y la dejación y parálisis del Estado continúa, la dilución de éste podría consumarse. Quedando encerrados sus habitantes en espacios reducidos de libertad y justicia, con grave dificultad para el desarrollo de una convivencia solidaria, compatible y amistosa.

Es necesario y urgente que el Estado de España recupere el timón y fije el rumbo, a fin de restablecer un espacio amplio de justicia en su territorio. Lo que exige reducir los órganos autonómicos y una regulación equilibrada de sus competencias, limitándolas a las necesarias para una descentralización eficiente. Conservando las particularidades civiles regionales de manera ponderada; las cuales, dada la evolución social, son cada vez menores, y en algunos casos más acordes con la realidad actual, y, por tanto, extensibles a toda la nación española.

Esta reconstrucción corresponde en primer lugar a los políticos. Pero también a la sociedad, a través de asociaciones, prensa y demás medios de comunicación. A la espera de que, en su momento, pausada y evolutivamente, se logre otro espacio convivencial de mayor amplitud, un espacio de justicia más extenso, como el que se está gestando, desde hace algún tiempo, en torno a Europa.

Victorio Margariños es notario y académico de la Real Academia Sevillana de Legislación y Jurisprudencia.

Texto sobre el tema, del mismo autor, fechado en 2013 [pdf]:

  • Estado para una sociedad avanzada. Deterioro del estado en España [pdf]. Victorio Magariños Blanco. Académico de la Real Academia Sevillana de Legislación y Jurisprudencia. Notario honorario. Formando parte [54 páginas] de ‘Estudios homenaje a José Luis Mezquita del Cacho‘. Estudios doctrinales. Editado por el Colegio de Notarios de Cataluña; Marcial Pons 2013.

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De las Emanaciones, de Juan Abreu

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Miércoles, 9 de enero de 2019

Mientras preparo el desayuno a veces pongo la televisión y hoy salió el programa de Quintana y había uno de VOX invitado. EL pobre hombre apenas podía hablar lo interrumpían sin parar sobre todo una mujer de rostro plano y cepillado y pelo pajizo que parecía un velociraptor histérico y que supuraba esa falsa e hipócrita indignación progre y mujerista y casi iba a apagar cuando Espada preguntó al de VOX si era nacionalista y el de VOX no supo responder. A veces me gustaría tener un pinganillo (qué palabra) conectado al cerebro de los políticos para ir diciendole a los muy burros lo que tienen que decir. El de VOX contestó mal. Somos patriotas, no somos nacionalistas, dijo.

Esa no era la respuesta. La respuesta era:

Si la democracia española permite partidos comunistas, chavistas, castristas, independentistas, anticapitalistas y hasta partidos de terroristas reciclados ¿por qué no nacionalistas? Por qué un partido nacionalista es el ¡horror! del corazón de las tinieblas. Somos un partido que pone a España primero y pone a los españoles libres e iguales primero. ¿Eso nos hace nacionalistas? Entonces lo somos. Y qué. Durante cuarenta años los españoles libres e iguales han sido relegados por los nacionalismos provinciales y por la corrupta progresía izquierdista y por la corrupta derecha cobarde y servil. Nuestro partido quiere cambiar eso. Cómo. Poniendo a España y a los españoles libres e iguales primero. ¿Eso nos hace nacionalistas? Pues lo somos.

Esa era la respuesta. Detesto el nacionalismo naturalmente viniendo de la Cuba nacionalista y dictatorial. Pero. Eso tenía que haber respondido el de VOX.

¡Que alguien me coloque un pinganillo! ¡Mi reino por un pinganillo!

3824

Martes, 8 de enero de 2019

Ahora por lo de VOX se debate mucho lo de las autonomías. No entiendo por qué la verdad está muy claro que las autonomías deben desaparecer por el bien de los españoles. Tuvieron su oportunidad gracias a la ingenuidad de los llamados padres de la Constitución (voy a dejarlo en ingenuidad aunque creo que al menos dos de los llamados padres de la Constitución eran agentes tribales). Tuvieron su oportunidad las autonomías, y la desperdiciaron. Y demostraron ser un desastre para los españoles libres e iguales. Y los españoles libres e iguales, no se dice lo suficiente, son lo único que otorga sentido al proyecto social español. Sin ciudadanos españoles libres e iguales no hay proyecto social español.

Las autonomías son un despilfarro descomunal y un pozo sin fondo de corrupción. Las autonomías han sido adalides de la tribalización española y han trabajado contra la igualdad de los españoles y la consecuencia de ese obsceno empeño es la existencia de españoles de primera y de segunda y ¡hasta de tercera! Las autonomías han llegado al extremo de conspirar contra el sistema que las permite y contra los españoles libres e iguales y contra la Constitución, y en el caso catalán y vasco ni siquiera se han detenido ante el asesinato político. ¿Autonomías? Ha llegado la hora de que los españoles libres e iguales se deshagan de esa oscurantista potala.

Las autonomías son una peligrosa concesión al tribalismo y al pensamiento mágico de raíces frenológicas.

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Notas.-

Nación.- Del lat. natio, -ōnis ‘lugar de nacimiento’, ‘pueblo, tribu’. 1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno.

Estado.- 5. m. País soberano, reconocido como tal en el orden internacional, asentado en un territorio determinado y dotado de órganos de gobierno propios. 6. m. Forma de organización política, dotada de poder soberano e independiente, que integra la población de un territorio. 7. m. Conjunto de los poderes y órganos de gobierno de un país soberano.

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