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Todos a/en Madrid, el domingo a las 11am !!!

Cuando, asustado el Gobierno ante el revuelo social y político originado -a propósito de la figura de mediación internacional en el ‘diálogo’ con los progolpistas catalanes, exigida por éstos- ha tenido que salir a la palestra la Vicepresidenta Carmen Calvo, para balbucear que se trata de una especie de mero ‘relator‘ que tomaría nota de lo que ‘dialogan’ los partidos catalanes en torno al ‘problema’ catalán, buscando una salida…, es que ZPedro está dispuesto a sobrevivir en el poder al precio de lo que le cueste vender España, es decir, el sujeto constituyente.

Cuando,  el Señor Gabilondo es capaz de denominar ‘boxeador noqueado‘ a un socialista que Preside el Gobierno de España por pactar tal barbaridad con los progolpistas…, días antes de necesitar su apoyo presupuestario y días antes de que se inicie el proceso penal contra los golpistas en el Tribunal Supremo, es que aquí están pasando cosas muy graves.

Cuando, a la vista de lo que está ocurriendo, un histórico socialista exVicepresidente del Gobierno de España como Alfonso Guerra, se cachondea de ZPedro, en un acto publico celebrado en el Congreso de los Diputados, diciendo:

“Los que han negociado tamaño desatino, ¿con qué país equiparan a España? ¿Con Yemen del Sur, con Burkina Faso? Aprobar un presupuesto es vital para un gobierno, mantener la dignidad de la nación es una prioridad que empequeñece la adversidad de una votación contraria a las cuentas del Estado” / Si solo se trata de tomar notas, que lo haga “un funcionario, una secretaria o una grabadora” /  La negociación con los independentistas ha llegado a un punto que “escapa del ámbito de la política para entrar en el del psicoanálisis”. “¿Nadie ahí es capaz de comprender que están calcinando la democracia al atender los requerimientos de un grupo de salteadores de la nación?” /  Las consecuencias de mostrarse “comprensivos con quienes declaran la independencia” en Cataluña son que detrás de ellos habrá movimientos similares en Euskadi, Baleares y el resto de territorios hasta llegar a convertir España en “17 miniEstados” /

El País, concluye que “la nota de humor en el acto la ha puesto Guerra cuando ha querido dejar claro que su libro lo había escrito él”:

“En este mundo hay muchos que escriben y otros ponen el nombre en la solapa”, ha comentado despertando las risas entre el auditorio. “Será todo lo malo que sea, pero es mío”, ha añadido un día después de conocer la próxima publicación de un libro de Pedro Sánchez escrito por Irene Lozano.

En fin. Hay que salir a la calle. A gritar que convoque elecciones inmediatamente. Y que hasta su dimisión se limite a cumplir y hacer cumplir la Ley, particularmente en Cataluña. Y que recuerde que en la Constitución hay un artículo, el 102, que entre otras cosas, establece:

1. La responsabilidad criminal del Presidente y los demás miembros del Gobierno será exigible, en su caso, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo.
2. Si la acusación fuere por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones, sólo podrá ser planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo.

Si lo que está ocurriendo no tiene toda la pinta de estar poniendo en riesgo la seguridad del Estado, no me importaría en absoluto que el Parlamento nos facilitara que el Tribunal Supremo nos sacara de dudas.

Pero, en todo caso, la ciudadanía indignada tiene todo el derecho a manifestar su indignación el próximo domingo día 10 en Madrid, plaza de Colón, 11 am, en una convocatoria simultáneamente consensuada por el Partido Popular, Ciudadanos y VOX, que esperan contar también con aquellos ciudadanos socialistas, podemitas o comunistas que estén en contra del comportamiento de ZPedro como Presidente del Gobierno de España en relación al golpismo independentista.

EQM

De la exposición de Alfonso Guerra, 060219

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Iñaki Gabilondo en El País, 060219

La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, durante la rueda de prensa de ayer en el Palacio de la Moncloa

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Una temeridad de Moncloa

Si esto del relator no es nada, ¿tendríamos que creer que los independistas han aceptado negociar los presupuestos a cambio de nada?

Teodoro León Gross en El País, 060219

La resistencia puede ser una virtud. Sin duda eso explica que el presidente haya escogido el título de Manual de resistencia para su primer volumen de memorias cuando aún está en el cargo. En definitiva se trata de la capacidad de enfrentar presiones, como él hizo tras ser defenestrado en Ferraz, aferrándose a su convicción del “no es no” hasta triunfar en las primarias.

Pero la resistencia puede ser también invirtuosa, cuando se trata de resistencia a aceptar la realidad. O en clave psicoanalítica, acepción que incluye la propia Academia, no reconocer las verdaderas motivaciones. Moncloa puede empeñarse en ningunear la figura del ‘relator’, como si fuese un burócrata inocuo, pero se trata notoriamente de una coartada para tratar de sobrevivir en el poder aferrados a los presupuestos.

La vicepresidenta Calvo, autora de otras teorías delirantes como la dualidad del ciudadano Sánchez y el presidente Sánchez, considera que se está dando trascendencia a un hecho semántico irrelevante porque un relator solo es alguien que convoca la reunión y deja constancia del diálogo.

En fin, tan asombrosa resulta la hipótesis de la ingenuidad como la hipótesis de la manipulación; pero el lenguaje nunca es inocente aunque la vicepresidenta se quiera apartar de la tradición aristotélica y ubicarse en los Mundos de Yuppi. Y además vaciar las palabras –el viejo Tayllerand ya intuyó que el lenguaje sirve eficazmente para ocultar el pensamiento– no vacía la realidad.

Es de una lógica elemental: si esto del relator no es nada, ¿tendríamos que creer que los independistas han aceptado negociar los presupuestos a cambio de nada?

Eso resulta inverosímil. Pero sobre todo resulta inverosímil cuando se está negociando con quienes han perseguido obsesivamente, a lo largo del procés, un mediador para generar el imaginario de la bilateralidad con un choque de legitimidades en su estrategia persistente, y además eficaz, de internacionalización del conflicto. Esto no se puede ignorar pretendiendo presentar el acuerdo del ‘relator’ como una nadería semántica.

Eso es, por añadidura, irresponsable. Como anotaba Emmanuel Lévinas en Fuera del sujeto, las palabras definen el mundo “en relación con el otro”. Moncloa no puede pretender que ‘relator’ signifique lo que ellos quieran que signifique, porque el independentismo, que se ha caracterizado por manejar muy hábilmente el valor de lo simbólico, se apropiará de esta y le dará su sentido.

La realidad no se pliega a los deseos, ni siquiera a los deseos del poder. Aunque Moncloa decida ignorar oficialmente el documento de 21 puntos de Torra, ese documento está ahí y define a sus interlocutores. Y ahí pueden ver, negro sobre blanco, el maximalismo indepe: España está bajo una cultura franquista con actitudes fascistas impunes, de modo que necesita ser “desfranquizada”; habría que garantizar la independencia judicial y los derechos humanos, con lo que se asume que ahora mismo no es así; y por tanto se reclaman dejar atrás la vía judicial, y contar con mediadores para desarrollar su derecho de autodeterminación.

¿Y Moncloa realmente cree que esto no acabará en el relato del relator? Ese pecado de ingenuidad es imperdonable. En el ámbito internacional nadie entenderá que ‘relator’ es un secretario de actas, como defiende la señora Calvo en su argumentario volatinero, sino al modo de la ONU, como “experto independiente para examinar e informar sobre la situación de un tema específico de derechos humanos”. Ese es uno de los marcos que el secesionismo ha perseguido con más ahínco en un escenario de bilateralidad, y hoy parece más cerca que nunca de lograrlo por la desesperación presupuestaria de Moncloa.

Una censura pertinente

Bieito Rubido, Director de ABC, 060219

Pocas veces como estos días, en la historia reciente de España, ha estado más justificada una moción de censura. La felonía al conjunto de la sociedad que ha perpetrado Sánchez, el menguante líder socialista que puede reducir todavía más el número de escaños en su próxima comparecencia electoral, solo puede ser respondida, desde el ámbito democrático, con una sonora reprobación en el Parlamento.

Además de estar justificada, la moción contra Sánchez se presenta como la gran oportunidad de visualizar una opción de centro-derecha viable y sólida que puede ganar las próximas elecciones y darle estabilidad a este país, paralizado en casi todos sus aspectos oficiales por el narcisismo de un solo personaje.

Es también la ocasión de que Sánchez demuestre su escasa fe en la idea de España y evidencie su dependencia de los separatistas. Además, Casado y Rivera podrían pedir el voto, aunque sea retóricamente, a todos aquellos diputados socialistas que están horrorizados con la deriva de su partido.

Está bien protestar el próximo domingo, pero no olvidemos que las cuestiones de interés nacional se debaten en el Parlamento.

Carta editorial de El Mundo a Pedro Sánchez

060219

Señor presidente. Ostenta usted la responsabilidad de gobernar España por decisión legal de una mayoría de diputados en una moción de censura. Pidió el voto en nombre de la regeneración: para desalojar de Moncloa a Rajoy por no asumir sus responsabilidades en la corrupción del PP. Y se comprometió ante todos los españoles a convocar elecciones a la mayor brevedad posible.

Ocho meses después podemos constatar que usted no solo no ha cumplido ninguno de sus compromisos sino que ha colocado a España en una encrucijada institucional degradante. No podíamos imaginar de alguien que apoyó la aplicación del artículo 155 -y reclamó la actualización del delito de rebelión- que empeorase tanto la situación por culpa de una patética falta de sentido de Estado.

En España no existe el “clamor por el diálogo” que cínicamente invoca Carmen Calvo. En España existe más bien un clamor contra los abusos del nacionalismo, que se ha prevalido con deslealtad continuada de su posición de bisagra para chantajear al Estado a costa de la igualdad de todos los españoles. No otra cosa explica la histórica expulsión del socialismo de la Junta de Andalucía, y el mismo horizonte electoral amenaza a los barones de los que usted parece estar vengándose: le prohibieron pactar con independentistas antes de que dieran un golpe a la Constitución y usted ha pactado con ellos después de darlo.

Los españoles contemplan atónitos la deriva de un secretario general y presidente del Gobierno que por primera vez en nuestra historia democrática toma al partido, al Estado y a la Nación como rehenes de su ambición personal. Usted no tiene un plan para España: usted tiene un plan para usted. Consiste en ir camuflando sus cesiones graduales al secesionismo no ya para pagar la hipoteca de la censura pasada, sino para negociar con los mismos acreedores su investidura futura.

¿Es que no se da cuenta de que con esos socios usted jamás podrá reivindicar la búsqueda del bien común porque el perímetro de lo común que ellos trazan no excede sus fronteras autonómicas? ¿Es que todavía no ha aprendido que el socialismo es enemigo histórico del particularismo nacionalista, del supremacismo insolidario? ¿Ignora aún que la Nación española es garantía de la libertad e igualdad de todos bajo el imperio de la ley?

Váyase, señor Sánchez

Los diputados socialistas, al menos los no ‘sanchistas’, deben romper la disciplina de partido anunciando que no apoyarán los Presupuestos si no se produce de inmediato una rectificación en la estrategia del Gobierno frente al independentismo

Editorial de vozpópuli, 060219

Hasta que este desdichado martes de febrero se confirmó que el Gobierno de España aceptaba la exigencia del secesionismo catalán de nombrar un mediador -ahora lo pueden llamar relator, notario o como les parezca, pero no dejará de ser un mediador-, la petición que se hacía a Pedro Sánchez desde los partidos de la oposición era la de que convocara cuanto antes elecciones.

A esa demanda se han ido adhiriendo no pocos observadores, organizaciones sociales, intelectuales y medios de comunicación, convencidos de que era la salida más sensata a una situación política en la que la debilidad del partido gobernante y el permanente chantaje al que, a través suyo, venía sometiendo al conjunto del Estado el independentismo componían un panorama altamente preocupante y por ende insostenible.

Pero el martes todo cambió. El presidente del Gobierno, abriendo la puerta a una de las más inaceptables reclamaciones de Quim Torra, dio otra vuelta de tuerca a la indecente estrategia de acomodar a los deseos del secesionismo catalán su obsesión por mantenerse en el poder.

No hay que ser especialmente perspicaz para llegar a la conclusión de que la internacionalización del “conflicto” ha sido desde siempre uno de los objetivos esenciales del independentismo, y que el paso dado con la asunción y posterior justificación de la figura del “relator” es desde esta perspectiva una extraordinaria conquista de Torra, Junqueras y Puigdemont, quienes a partir de ahora no dudarán en usar a tan estrafalario intermediario como prueba de la existencia de un conflicto entre iguales.

Un intermediario, por cierto, que deberá ejercer sus funciones en el contexto de las 21 reclamaciones que Torra entregó a Sánchez y que, supuestamente, habrán de ser negociadas o al menos discutidas en las reuniones a las que aquél asista. Veintiuna exigencias que inciden en la tesis machacona y torticeramente mantenida por el nacionalismo catalán, y que dibuja una España antidemocrática en la que se juzgan ideas y no hechos.

Veintiún puntos en los que los sucesores de uno de los partidos más corruptos de nuestro país, Convergència Democrática, reclaman “ética política”; en los que los que desprecian los derechos políticos de más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña piden respeto a los derechos humanos; en los que aquellos que han propuesto que en la futura república catalana a la cúpula judicial la nombre directamente el presidente de la Generalitat acusan de falta de independencia a los tribunales españoles.

El listado de reclamaciones del mayordomo de Puigdemont no es más que un infumable y arbitrario panfleto, una colección de sandeces y groseras falsedades. El problema es que al otro lado de la mesa hay un tal Sánchez dispuesto a recoger el guante y al que, llegados a este punto crucial, no se le puede conceder ni un minuto más de margen.

Más allá de la legítimamente airada reacción de los partidos de la oposición, y de las medidas que estos puedan adoptar, los diputados socialistas en el Parlamento, al menos los no ‘sanchistas’, arropados por los dirigentes territoriales del PSOE, deben amenazar con romper la disciplina de partido anunciando que no apoyarán los presupuestos si no se produce de inmediato en este desgraciado asunto una rectificación en toda regla por parte del presidente del Gobierno.

Si queda algo de sentido común en el PSOE, y de sano patriotismo en los que aún creen que por encima de las siglas y las personas hay principios mucho más valiosos a preservar, a lo que deberíamos asistir en las próximas horas es a la reacción en forma de ultimátum de quienes ya han podido constatar sobradamente que su líder parece dispuesto, en su osada mediocridad, a llevarse por delante al socialismo democrático y al entero país. Eso, claro, en el supuesto de que quede algo de dignidad -y de instinto de autodefensa- en la filas del partido que pilotó con acierto la segunda fase de la Transición.

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Notas.-

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