Mira que te lo dije

Se veía venir, ante la inconsciencia colectiva de un pueblo español incapaz de alterase un ápice ante aberraciones como las que siguen:

  • Una ley electoral que discrimina positivamente la representación, a favor de los independentistas vascos y catalanes.
  • Las Listas cerradas, esto es, sistema de representación proporcional de listas de partido donde los votantes pueden solo votar por los partidos políticos en su conjunto y por tanto no tienen influencia en el orden proporcionado por el partido en el que los candidatos del partido son elegidos, teniendo decidido previamente quien de entre ellos  recibirán los votos en las elecciones, es decir, los candidatos situados en lo más alto en esta lista tienden a tener siempre un asiento en el parlamento, mientras que los candidatos situados en una posición muy baja en la lista cerrada, no.
  • La anticonstitucional disciplina de partido, yde conformidad con los artículos 2 de la Constitución [“los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo”], y 79.3 [, “el voto de Senadores y Diputados es personal e indelegable”]. La disciplina de partido es la capacidad del portavoz o líder del grupo parlamentario de un partido político para lograr que sus miembros apoyen, imperativamente [con independencia de su propia conciencia o criterio] las políticas del liderazgo de su partido, mediante el correspondiente control férreo de los diputados por tales líderes. Dicho control de éstos.llega a tal punto de presión, por ejemplo, que consigue romper la disciplina partidaria en las votaciones parlamentarias, lo que puede conducir incluso al cambio de grupo parlamentario o a convertirse en independientes [grupo mixto], lo que se conoce, equívocamente, como transfuguismo, cuando simplemente nos solemos encontrar con el voto constitucional  en/de conciencia.
  • Los partidos nacionalistas/independentistas vascos y catalanes, por otra parte, al influir decisivamente con sus sobredimensionados escaños en el poder legislativo, suelen erigirse, con sus respectivos equipos, en los auténticos y principales líderes políticos del arco parlamentario y, en consecuencia, gozan de la habitual capacidad de  intercambiar los correspondientes privilegios, sustancialmente económicos pero también estatutarios e incluso transgresores consitucionalmente.

Se veía venir, pues, y el pueblo vovió a callar como si con él no fuera.

Fatal prospectiva, desde luego, aunque, afortunadamente,  ‘mi pesimismo no es sino una variedad del optimismo'[Jean Cocteau].

No sabemos cómo, pero, no lo duden, resistiremos. Espíritu, tan olvidado últimamente, no nos ha de faltar.

Nota.- El Tratado de Lisboa, firmado por la Unión Europea (UE) en Lisboa el 13 de diciembre de 2007, es el que sustituye a la Constitución para Europa tras el fracasado tratado constitucional de 2004. y, por sipoco fuera, desvincula al cristianismo de la cultural columna vertebral eurpea.

EQM


Hielo en el Palacio Real
Luis Ventoso-ABC, 070120
Las palabras del Rey reafirmando principios básicos ya llaman la atención

La más manida de las supuestas maldiciones chinas en realidad es apócrifa: «Ojalá vivas tiempos interesantes». La inventaron diplomáticos ingleses del XIX atribuyéndosela a los orientales. Pero si vivir en época movida es sinónimo de maldición, en España nos ha mirado un tuerto. En los próximos meses -¿años?- no nos aburriremos jamás. Viviremos acampados en un circo político, la «coalición progresista», con un jefe de pista capaz de defender impávido una idea y su contraria, donde lo que entendíamos por normal pasará a considerarse regresivo y lo que considerábamos inadmisible se instaurará como el nuevo paradigma.

Aunque ayer Madrid gozaba del regalo habitual de su cielo raso y su luz clara, una corriente fría recorría los salones linajudos y ornamentales del Palacio Real. Se celebraba la Pascua Militar, el mismo rito de cada año, pero la atmósfera era muy diferente. En la víspera, la portavoz de Bildu, en su día condenada a un año cárcel por apología del terrorismo, insultaba al Rey desde la tribuna del Congreso. La presidenta de la Cámara, la socialista Batet, y Sánchez fueron incapaces de reprochárselo, de hacer el más nimio gesto en defensa del Jefe del Estado. Necesitan los escaños del partido que fue brazo político de ETA y optaron por un oprobioso silencio. Con tal precedente, suscitaba máxima atención el discurso solemne del Rey ante Sánchez y dos de sus ministros (Marlaska y Robles, del exiguo y menguante sector cabal). Felipe VI, que ha heredado de su madre un temple contenido y que está ya curtido en ejercicio de su alta magistratura, mantuvo su compostura habitual y destacó algo que nunca falta en sus alocuciones de la Pascua: el «compromiso» de las Fuerzas Armadas con España y su Constitución. En condiciones normales, resaltar algo tan obvio resultaría un lugar común. Pero no estamos en condiciones normales. Sánchez será investido hoy como el presidente con menos apoyo de nuestra democracia para formar una coalición con un partido comunista que lleva un lustro clamando por derribar «el Régimen del 78». Todo sostenido por los enemigos más tenaces de España, los separatistas catalanes y vascos, que no solo rechazan la Constitución, sino la existencia misma de la Nación española.

El Rey dijo más cosas elementales. Por ejemplo, elogió cálidamente a la Guardia Civil, «pilar fundamental del desarrollo de nuestro país». Pero también eso deviene en extraordinario, porque Sánchez acaba de pactar con el PNV retirarla de facto de Navarra. Felipe VI ensalzó además a la OTAN y la contribución española a la misma; guiño atlantista que chirriará en los oídos de los ministros Iglesias, Garzón y Montero, que detestan a la Alianza Atlántica y todo lo que representa.

Sánchez vestía el chaqué protolocario. Su rostro era pétreo, tenso, blindado a la más tenue sonrisa. Si lo que llaman «lenguaje corporal» existe, sus miradas láser cuando el Rey recordaba principios básicos de nuestro sistema lo decían todo. Me considero una persona optimista, pero creo que sí, que España tiene un problema: el sentido común se ha vuelto provocativo

​ causado por las ambiciones e intereses que causan los sistemas electorales, en el caso del sistema de elección proporcional la disciplina del partido es tan alta que los miembros del parlamento representan al líder del partido que les concedió un lugar en las listas electorales3​ y no a los electores, en estos países los jefes de partido son personajes muy conocidos por la sociedad; en el sistema electoral mayoritario la disciplina del partido es muy débil o inexistente debido a que no hay listas electorales de partido y los jefes de partido son una figura sin relevancia en la sociedad, aunque en algunos países con este sistema hay leyes que otorgan poder a las cúpulas de los partidos para castigar a los diputados si no siguen la disciplina del partido.

En muchos sistemas políticos, un miembro de cada partido es oficialmente designado o elegido como “látigo” (Whip), cuya función es hacer cumplir la disciplina del partido.

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NOTA.- Enlaces, corchetes, negritas [con perdón] e imágenes son aportados por EQM.