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Estrasburgo avala las devoluciones en caliente de inmigrantes que saltan la valla en Ceuta y Melilla
El tribunal declara que España no vulneró los derechos humanos al expulsar a dos subsaharianos a Marruecos

Estrasburgo ha dado un giro de 180 grados a su postura sobre las devoluciones en caliente que tendrá previsiblemente importantes consecuencias para la legislación española y europea en materia migratoria. El fallo inapelable y por unanimidad de la gran sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) considera, al contrario que una primera sentencia de los jueces de Estrasburgo, que al realizar la devolución sumaria de dos inmigrantes subsaharianos que saltaron la valla de Melilla en 2014, España no violó la prohibición de realizar expulsiones colectivas de la Convención Europea de Derechos Humanos ni tampoco el artículo 13 sobre el derecho a un recurso efectivo.

“El tribunal consideró que los demandantes se pusieron ellos mismos, de hecho, en una situación ilegal cuando intentaron de forma deliberada entrar en territorio español el 13 de agosto de 2014 de una forma no autorizada al escalar las vallas que rodean el enclave español de Melilla en la costa norteafricana”, señala la sentencia, revelada este jueves en la gran sala del tribunal europeo por el presidente de la Corte, el juez griego Linos-Alexandre Sicilianos, que leyó un resumen de apenas cinco minutos del caso ante unas pocas decenas de asistentes. En su decisión, los 17 jueces que revisaron a petición de España la sentencia inicial, que obligaba al Estado español a indemnizar con 5.000 euros a cada uno de los dos demandantes, subrayan que aunque estos disponían sobre el terreno de varias vías para solicitar una entrada regularizada a España, “decidieron no usar los procedimientos legales que existían para entrar en territorio español de manera legal”. Por lo tanto, agrega el tribunal europeo, lo que sucedió después —su arresto por la Guardia Civil y su devolución inmediata y sin que se les permitiera consultar a un abogado o a un médico, entre otros— fue “consecuencia de su propia conducta”. En tanto que el TEDH consideró probado que “la falta de un procedimiento individualizado” para su expulsión fue consecuencia de lo que hicieron los demandantes, los jueces de Estrasburgo “no pueden hacer responsables al Estado de la falta de un recurso legal en Melilla que les permitiera impugnar esa expulsión”, agrega el tribunal.

En el caso N.D. y N.T. contra España, hay que comprender bien que los demandantes entraron por la fuerza a territorio español y utilizando un efecto de masas. No usaron las vías legales, regulares, que existen para demandar asilo en España. Ese es el motivo por el que, teniendo en cuenta esos elementos, el tribunal consideró que no hubo una violación de la Convención de Derechos Humanos y, más precisamente, de un protocolo de la Convención que prohíbe las expulsiones colectivas”, explicó a periodistas tras la lectura de la sentencia el jefe de gabinete de Sicilianos, Patrick Titiun. El caso original solo se refería a la situación concreta de dos subsaharianos, N.D. (Mali, 1986) y N.T. (Costa de Marfil, 1985), que el 13 de agosto de 2014 realizaron junto un grupo de unos 70 migrantes un intento de saltar la valla de Melilla y que fueron expulsados en caliente al tocar territorio español. En la sentencia de 2017, los jueces condenaron las condiciones en que fueron expulsados, pero se limitaron a ordenar a España el pago de una indemnización de 5.000 euros a cada uno de los demandantes.

Preocupado porque pudiera sentar un precedente o afectar a la controvertida práctica de las devoluciones en caliente, que había legalizado en 2015 mediante una disposición adicional en la Ley de Seguridad Ciudadana, la denominada ley mordaza, el Gobierno de Mariano Rajoy decidió recurrir la sentencia. Y Estrasburgo aceptó, algo que ocurre solo “si el asunto plantea una cuestión grave relativa a la interpretación o a la aplicación del convenio o de sus protocolos o una cuestión grave de carácter general”, según estipula el propio Convenio Europeo de Derechos Humanos. De hecho, al recurso español se acabaron uniendo los Gobiernos de Francia, Italia y Bélgica, lo que denota el potencial impacto en la política migratoria europea de la decisión tomada ahora por Estrasburgo.

Paradójicamente, cuando llegó la hora de defender la postura oficial española en Estrasburgo, en una audiencia abierta celebrada en septiembre de 2018, La Moncloa estaba ocupada ya por el socialista Pedro Sánchez, cuyo partido se había pronunciado cuando aún estaba en la oposición en contra de las devoluciones en caliente, práctica que llegó a calificar de inconstitucional. Sin embargo, el nuevo Gobierno decidió seguir adelante con el recurso y esperar al veredicto final europeo para plantear una modificación o eliminación de la controvertida práctica. Algo que, según dejó claro Patrick Titiun, es ahora una decisión exclusivamente de Madrid. “Está en manos del Gobierno español ver qué consecuencias saca de esta decisión”, dijo a EL PAÍS en Estrasburgo. “Si se hubiera decidido que hubo una violación, esto habría tenido consecuencias diferentes”, reconoció. “Pero en lo que se refiere a este caso, no ha habido una violación de la convención”.

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La invasión de los necios. Carmen Posadas
4-5 minutos

Carmen Posadas en xl semanal, febrero-marzo, 2020

Después de varias semanas de comentar con ustedes dislates locales, he decidido ventilarme y viajar un poco. Viajar ilustra, enseña, abre horizontes; en fin, todo eso que se dice. Mi viaje, sin embargo, no ha sido físico, sino más bien intelectual. Sin moverme de casa, he hecho el experimento de leer solo prensa extranjera por ver qué se cuece por ahí fuera. Dos días de viaje astral han sido suficientes para regresar acongojada. Si creen que las noticias que se producen aquí son de aurora boreal, deberían ver las que preocupan más allá de nuestras fronteras. No me detendré en enumerar las que genera el Reino Unido postbrexit; tampoco las que se derivan del impeachment de Trump, del que seguramente saldrá reforzado y en rampa de lanzamiento para repetir mandato. Mi pasmo se deriva más bien de noticias de carácter no político, pero que sirven para retratar el mundo en que vivimos. Como, por ejemplo, la decisión de la Universidad de Yale de suprimir su curso Introducción a la Historia del Arte después de recibir protestas de un grupo de estudiantes woke. Según acabo de enterarme, el palabro woke sirve para describir a personas con ‘conciencia percibida’ sobre cuestiones de justicia racial y social. Bien, pues estas personas se han mostrado muy molestas por la blancura y la masculinidad abrumadoras de las obras de arte, por lo que abogan por que se dé prioridad al estudio de artistas racionalizados (otro palabro que yo creía invento de la renombrada lexicógrafa Irene Montero, qué incultura cósmica la mía) en vez de al de Miguel Ángel, Praxíteles, Picasso y demás machistas de raza blanca. También exigen que se estudie más a fondo el arte de minorías ignoradas como los esquimales o los hotentotes.

Las personas woke del mundo entero están de enhorabuena porque, según otra noticia de estos días, el Rijksmuseum de Ámsterdam ha decidido cambiar los nombres a diversas obras de su colección por otros políticamente aceptables. Por eso, a partir de ahora, el cuadro de Simon Maris Joven negra se llamará Muchacha con abanico, parar no herir sensibilidades. En la misma estela figuran también otros cambios que atañen a la literatura, de modo que Tintín en el Congo ya no lleva título tan brutal, mientras que la novela de Agatha Christie Diez negritos hace tiempo que pasó a llamarse Y no quedó ninguno. Las redes sociales son implacables a la hora de descubrir y denunciar este tipo de conductas machistas y xenófobas condenando al infierno de los impíos incluso a gente que no tenía la menor idea de que podía estar cometiendo una falta de lesa humanidad woke. He aquí otro ejemplo. Hace unos meses la cantante Katy Perry tuvo que pedir públicamente perdón por haberse atrevido a lucir trenzas africanas. «Lo siento muchísimo –explicó Perry–, un amigo woke acaba de explicarme que el pelo de las mujeres de color está empoderado y fue un imperdonable error por mi parte peinarme así». ¿Quién marca en el mundo lo que es correcto y lo que no? ¿Quién reparte carnets de woke presuponiendo que los demás somos todos unos retrógrados chovinistas insensibles a reivindicaciones raciales o sociales? Y, en último término, ¿por qué esas mismas personas que se autoproclaman hipersensibles a tantos imperdonables agravios se comportan con los demás como Torquemadas? En La invasión de los necios, Umberto Eco señaló que el problema reside en que antes las necedades que se decían no pasaban del reducido ámbito de quien las profería. «Ahora y sin embargo –apunta Eco en su ensayo–, las redes sociales han promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad». «Y luego –concluye el autor de El nombre de la rosa– lo peor y más incomprensible del caso es que muchos, que no son el tonto del pueblo, pero no quieren quedar como insensibles, acaban dando por buena toda una sarta de estupideces». Estupideces que, paradójicamente, lo único que consiguen es que a la larga (o no tan larga) se multiplique en las sociedades avanzadas el número de racistas, de supremacistas e incluso de fascistas, aburridos todos de tener que comulgar a diario con tantas tontas tiranías. En otras palabras y para que lo entienda hasta un necio: esto es lo que se llama hacer un pan con unas tortas.

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