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De ignorancias y K. Popper

La verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimiento, sino la negativa a adquirirlo.// Nuestro conocimiento es necesariamente finito, mientras que nuestra ignorancia es necesariamente infinita. [Karl Popper].

EQM

 


Combate entre soldados alemanes y soviéticos en
Mitau [Letonia], verano de 1944.

Nada que hacer

Felix de Azua en El País, 300620

  • Lo que escribe Kempowski sobre los últimos días de la Alemania Nazi, un ‘Gotterdammerung’ en la nieve, es helador

Los habitantes de una vieja mansión, en la Prusia Oriental de 1945, van recibiendo refugiados checos, polacos, ucranianos y cientos de alemanes que huyen hacia el oeste amenazados por el Ejército Rojo que va penetrando por la zona báltica. No hay ruido, no hay violencia, no hay tragedia, apenas hay drama, es un avance lento, silencioso, aterrador, pero la gente no puede hacer otra cosa que huir. En esa fuga van muriendo sin molestar, sin grandes gestos, tan callando. La muerte también se mueve entre los que huyen en decenas de miles de carros. Los oficiales y funcionarios de las SS son quienes organizan la huida, pero también son verdugos de los emigrados.

Lo que escribe Kempowski sobre esos últimos días de la Alemania nazi, un Götterdämmerung en la nieve, es helador. No hay gritos, no hay aspavientos, no hay grandes e inolvidables gestos. Todo es gris, mezquino, vulgar como lo somos todos cuando nos atenaza la muerte. Ni un solo personaje es simpático, amable, heroico. Todos se desploman tan callando. Sólo un niño, egoísta, inconsciente, es posible que sobreviva porque los ángeles terribles “se olvidan de destruirlo”.

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Foto: Pablo Iglesias (i) y Pedro Sánchez, en el Congreso. (EFE)

El Gobierno de coalición sí está en cuestión

JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS en El Confidencial, 300620

  • No se conoce que un dirigente político español, salvo Iglesias, haya escrito que el Gobierno alemán es uno de los “problemas para la democracia en Europa”

En el mismo periódico —’La Vanguardia’— en el que el pasado domingo Pedro Sánchez sostenía que el “pacto PSOE-UP no está en cuestión”, se publicaba, este lunes, una crónica de Pedro Vallín, seguramente uno de los periodistas mejor informados de lo que ocurre en el partido morado, bajo el título “Iglesias, los sapos y las flemas”. Se contaba en el relato que “la apuesta de Podemos por estabilizar el Gobierno y la legislatura enoja a sus bases que temen renuncias nucleares”, advirtiendo, no obstante, que “los morados balancean logros como el IMV y el diálogo social con cesiones en ámbitos de Economía y Hacienda”.

Es muy posible que el presidente del Gobierno no cuestione su pacto con UP. Tampoco le va mal con Podemos e Izquierda Unida. Sobre todo porque ha ganado mucho margen con la sustitución de ERC por Ciudadanos, cuyo portavoz parlamentario, Edmundo Bal, llamó este domingo desde las páginas de ‘El Mundo’ a que el PP se incorporase a la negociación del Presupuesto, instando al Ejecutivo a que no convoque la mesa de diálogo con la Generalitat pactada con los republicanos.

El portavoz naranja no anda descaminado. Ya califiqué la tal mesa como de la “autopsia” del ‘procés’ (25 de junio pasado) porque no va a haber manera de sentar a Torra y representantes de los dos partidos de su Ejecutivo, no tanto porque Moncloa no lo desee —que sí lo desea, aunque para propósitos muy menores respecto de los que pretenden los independentistas— sino porque hay una pelea insuperable entre ERC y JxCAT, en cuyos intersticios se ha colado el muy interesante Partido Nacionalista de Cataluña de Marta Pascal.

El pacto PSOE-UP lo cuestiona la oposición, aunque eso, a efectos prácticos, importa poco porque la derecha no es una alternativa con capacidad de moverle la silla a Pedro Sánchez. El cuestionamiento de la coalición es interno. O aguantan las costuras de los morados, o no aguantan. Porque se les están imponiendo, más allá de lo que ellos podían suponer, los criterios del PSOE de Sánchez en todas las materias sensibles. Incluso en las que se atribuyen méritos los de Iglesias: el IMV lo ha elaborado José Luis Escrivá; las leyes propuestas por la ministra de Igualdad, Irene Montero, quedarán por completo retocadas (¿irreconocibles?) en el debate parlamentario; las renuncias de UP en las conclusiones de la comisión de reconstrucción son de gran calado (reforma laboral e impuesto a los ricos) y la situación procesal del secretario general de Podemos es, como se sabe, muy comprometida a propósito de unos hechos que, en principio, no conciernen a la política aunque así han terminado connotados. Esperemos a las decisiones judiciales en ese asunto.

Pero hay un punto clave: estamos viviendo —más aún después de la derrota del partido de Macron en la segunda vuelta de las municipales celebradas el domingo en Francia— en una Europa alemana, bajo el liderazgo indiscutible de Angela Merkel, una socialcristiana con credibilidad en la izquierda. Ese contexto es el peor de todos los posibles para Iglesias aun en la certeza de que el comportamiento germano en la crisis del covid-19 nada tiene que ver con el que mantuvo en la financiera de 2008.

El secretario general de Podemos escribió en 2015 el prólogo al libro ‘El arenque de Bismark’, de Jean-Luc Mélenchon, en la actualidad el representante de la extrema izquierda gala, un personaje populista procedente de las filas del PSF. El libro del político francés (Editorial El Viejo Topo 2015) es un ataque por tierra, mar y aire contra la Alemania de la austeridad que embridó la deriva disidente contra la UE del primer Gobierno de Tsipras. Y el prólogo de Iglesias, ahora vicepresidente segundo del Gobierno, abunda en la tesis del autor.

Escribe el líder de Podemos: “Era necesario que un socialista dijera alto y claro que el SPD se ha convertido en un apéndice de la CDU de Merkel. Era necesario que un socialista dijera que François Hollande se ha dejado clavar la espina del arenque bismarckiano, humillando la dignidad de Francia (…) era necesario que un socialista denunciase que el Gobierno alemán ha intentado derrocar al Gobierno griego de Syriza y a su presidente (…)”.

Iglesias atribuye a la democracia alemana las peores lacras: “Algunos reconocen esta ausencia democrática [de Alemania] cuando preguntan a Podemos, si ganara las elecciones, ¿podríais decirle no a Alemania?”. A lo que el dirigente populista se contesta. “La propia pregunta señala uno de los principales problemas de la democracia en Europa: el Gobierno alemán”. Otros pasajes de este interesante prólogo al libro de Mélenchon situarían al vicepresidente segundo del Gobierno en una posición imposible ante, justamente, la Europa alemana que denigra, que es la que se está imponiendo y cuyo Gobierno apadrina como ningún otro los intereses de España. Porque sería entendible criticar un episodio gubernamental germano, pero tildar al Gobierno de la República Federal como problema para la democracia es un exceso difícil de reconducir.

Sí, el Gobierno está en cuestión. No en la intención —aparente— de Sánchez ni porque lo pretenda remover la oposición. Si no porque sus socios minoritarios cabalgan tantas y tan grandes contradicciones que más que tragarse sapos deben comulgar, desde su lógica ideológica, con ruedas de molino. Y quizá su metabolismo no esté preparado para una digestión tan pesada.

PD. Grecia se ha salvado y en las elecciones generales de julio de 2019 Syriza cedió el Gobierno a los conservadores, que obtuvieron mayoría absoluta.

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SEAN MACKAOUI
Ilustración de Sean Mackaoui [Suiza, 1969] para el El Mundo

El silencio de José Bono

Martes, 30/Jun/2020 Jaime Ignacio del Burgo an El Mundo

Publiqué en El Mundo en febrero un artículo cuestionando la independencia e imparcialidad del ex presidente Zapatero como mediador en la crisis venezolana por su gran amistad con el dictador Hugo Chávez, con quien concertó la venta de aviones de transporte y de patrulla marítima de salvamento y de rescate, y de patrulleras costeras por la friolera de 1.726 millones de euros. No obstante, las medallas por este gran logro para la industria nacional se las puso José Bono, a la sazón ministro de Defensa. En su Diario de un ministro revela las diversas reuniones secretas mantenidas con Chávez desde el 22 de septiembre de 2004 hasta la firma del macrocontrato el 29 de noviembre de 2005. En su primera entrevista le informó el dictador que se había «encontrado por ahí» con el presidente Zapatero. Había hablado con él de la compra de material bélico y de su deseo de viajar a España, pero «tiene que ser en visita de Estado, y no te olvides que quiero hacer un gesto de amistad y compraros los aviones y las patrulleras, pero los yanquis os van a joder el cuerpo. Llámame cuando quieras, aquí tienes mi número de teléfono celular». Y, más tarde, le volvió a reiterar que «queríamos ayudar a España porque el presidente Zapatero me dijo un día que tenían problemas con los astilleros y entonces orientamos la adquisición de Estado a Estado».

Un personaje clave para el buen fin de la operación fue Raúl Morodo, embajador en Venezuela, amigo íntimo y compañero de fatigas políticas de José. El nombramiento de Morodo fue el 2 de julio de 2004. En tan solo dos meses se había ganado la voluntad del dictador. Después de muchas vicisitudes, el macrocontrato se firmó el 28 de noviembre de 2005. Oculta Bono en su Diario de un ministro que unos días antes de la firma del macrocontrato en el Palacio de Miraflores, sede de la presidencia de la República bolivariana, se había firmado un anexo por el que la empresa pública Navantia, futura constructora de las patrulleras al precio de 1.236 millones de euros, se comprometía al pago de una comisión del 3,5% del valor del contrato (42 millones de euros) por la mediación en la gestación del acuerdo de la empresa Rebazve Holding S.L. Era ésta una empresa fantasma domiciliada en el País Vasco y constituida el 19 de julio de 2006 por Juan Rafael Carvallo López y Pedro Enrique Malave Benavides, ciudadanos venezolanos vinculados al régimen chavista, varios meses después de la firma del contrato. Quedó inscrita en el Registro Mercantil de Bilbao, con un capital de 3.000 euros. En sus cuentas anuales no hay ni rastro del cobro de la comisión pactada. Rebazve fue el instrumento para que el núcleo duro del chavismo obtuviera una suculenta comisión por su gran magnanimidad con España. Ahora sabemos que el perceptor de la comisión habría sido su vicepresidente José Vicente Rangel. Por lo menos 30 millones de euros, aunque su pago se haría de forma escalonada conforme se entregaran por Navantia las patrulleras contratadas.

Para esa supuesta mediación, Rebazve contó con dos subagentes en España. Javier Salas Collante, vinculado al PSOE, que había sido presidente de Iberia y del Instituto Nacional de Industria (INI), hoy SEPI, en tiempos de Felipe González, y Antonio Rodríguez-Andía, subordinado de Salas como presidente de la sociedad estatal Compañía Transatlántica. El éxito de su gestión fue premiado por Rebazve con 12 millones de euros, que tampoco figuran en las cuentas de Rebazve.

Todo lo anterior ya se conoció en 2011 porque el Juzgado de Instrucción núm. 8 de Madrid había abierto diligencias informativas a consecuencia de una denuncia de la Fiscalía Anticorrupción contra Salas y Rodríguez-Andía. La acusación se extendía a Malave y Carvallo, los venezolanos titulares del exiguo capital de Rebazve y administradores mancomunados de la ficticia sociedad vasca. También fueron encausados altos cargos de Navantia, Juan Pedro Gómez Jaén, presidente de Navantia en el momento de la firma y Jesús Arce, ex director comercial. La Audiencia Provincial de Madrid, según informaba El País el 28 de julio de 2014, había revocado alguna de las imputaciones y tirado de las orejas a la Fiscalía Anticorrupción por su ligereza al no presentar las pruebas de sus acusaciones. En enero de 2019, la juez del núm. 8 mantenía la imputación de Gómez y Arce, que al parecer sigue en pie.

En el verano de 2017, la fiscal general venezolana Luisa Ortega huyó del paraíso venezolano y entregó a la CIA y a la Interpol un gran número de documentos demostrativos de la corrupción del régimen bolivariano. Entre ellos hay uno titulado: Caso sobreprecio en construcción de buques para la Armada en España. En él se describe el modus operandi para el pago de las comisiones satisfechas por Navantia a cuentas opacas venezolanas para su reparto posterior a la hermandad chavista después de compartir parte del botín con ciudadanos españoles cuya identidad todavía no se ha hecho pública. Dos años después, estalló el escándalo que ha empañado el buen nombre de Raúl Morodo, cuando el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, además de poner al descubierto las actividades fraudulentas de las autoridades chavistas llegó a la conclusión de que su despacho habría blanqueado mediante la facturación de trabajos inexistentes el robo de guante blanco perpetrado por la cúpula bolivariana contra la Petrolífera de Venezuela S.A. (la empresa estatal de petróleo). Al día de hoy, consta en el sumario que el embajador, cesado el 31 de agosto de 2007, y su círculo familiar más íntimo pudieron recibir entre 2011 y 2015 más de 4,5 millones de euros procedentes de PDVSA, sin justificación real. Según el juez y la fiscalía, la única explicación plausible sería que ex embajador español –que cesó el 31 de agosto de 2007– actuara en connivencia con Chávez como lobista ante el Gobierno de Rodríguez Zapatero y la Internacional Socialista.

El asunto se complica aún más con el sospechoso suicidio en Madrid el 21 de julio de 2019 de Juan Carlos Márquez Cabrera, responsable entre 2004 y 2013 de los asuntos jurídicos de PDVSA. Su nombre aparecía como socio de una sociedad panameña utilizada para el trasiego de comisiones. Enterado en EEUU de la operación judicial contra los Morodo, el 17 de julio de 2019 tomó un avión a Madrid a sabiendas de que a su llegada sería detenido, como así fue. Ante el juez Pedraz expresó su deseo de colaborar. Pero no llegó a hacerlo pues cuatro días después apareció ahorcado en un piso de San Sebastián de los Reyes.

Todo esto pone contra las cuerdas a Zapatero y a Bono. El que fuera director de El País, Juan Luis Cebrián, escribió el 15 de junio que si el Gobierno Sánchez es rehén de Maduro (y el viaje con premeditación y nocturnidad de la vicepresidenta Delcy Rodríguez lo demuestra) no es por sus estrechas relaciones con Pablo Iglesias sino «por la naturaleza oculta de las gestiones de Maduro con Zapatero o el origen de los millones de euros depositados en Suiza por su antiguo embajador». Cebrián, quizá por falta de espacio, omitió que quien concertó la comisión del 3,5%, fue Bono, con la colaboración de Morodo y por encargo de Zapatero.

Se ha especulado mucho sobre el origen del enriquecimiento patrimonial del que fuera presidente en Castilla-La Mancha. El 31 de mayo de 2011, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo inadmitió una querella formulada contra el entonces presidente del Congreso sin practicar diligencia de investigación alguna, con este peculiar argumento: «…sin perjuicio de que se pueda atisbar desequilibrio entre los ingresos y bienes según lo que se hace constar en la querella y las deudas y adquisiciones que se relatan en la misma, no aprecia dato de ilicitud en el incremento de patrimonio descrito. El hecho de que tal incremento se constate no determina sin más que su causa u origen sea ilícito». No contento con ello, el Supremo sostiene que el querellado no tenía en sus declaraciones de bienes exigidas por la Comunidad castellano-manchega y las propias Cortes Generales «un deber (penalmente relevante) de reflejar la verdad de los hechos».

Zapatero ha dado explicaciones públicas desvinculándose de cualquier actividad delictiva de su embajador en Caracas. Pero José Bono, habitualmente tan locuaz, guardia silencio. No estaría de más que el interesado incluya una adenda en el Diario de un ministro.

Jaime Ignacio del Burgo es académico correspondiente de las reales academias de Jurisprudencia y Legislación, de Ciencias Morales y Políticas y de la Historia.

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Gallego & Rey en El Mundo,010720