Así se produjo la desvergüenza del desnortado don Simón. Acontinuación, el periodista Luis del Pino se indigna por lo sucedido.

  • El Consejo de Enfermería denuncia “comentarios sexistas y denigrantes” de Fernando Simón

El director de CCAES bromeó sobre “enfermeras infecciosas” en una entrevista en tono distendido. La organización exige que se disculpe

El País, 021120

El Consejo General de Enfermería ha denunciado este domingo “comentarios sexistas y denigrantes” del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, contra las enfermeras en una entrevista online y le han reclamado que se disculpe “de forma inmediata” o recogerá firmas para pedir su reprobación parlamentaria y que el Gobierno le cese del cargo.

En un comunicado, la vicepresidenta primera del Consejo General de Enfermería de España, Pilar Fernández, ha explicado que “resulta intolerable” que “una persona con la responsabilidad” de Simón “se permita intentar denigrar a una profesión tan absolutamente volcada con los pacientes” y “haga bromas y chistes” en una situación de pandemia “que tantas vidas y tanto sufrimiento ha costado”.

La organización se refiere a una entrevista que le realizaron al director del CCAES los hermanos escaladores Iker y Eneko Pou en su canal de Youtube, durante la cual “llegaron a tener un momento de desinhibición machista y retrógrado”.

En la conversación, una charla en tono distendido en la que los tres compartían su afición por la escalada, Eneko Pou bromeaba, tras una respuesta previa de este en la que parecía pronunciar “enfermeras infecciosas” en vez de “enfermedades infecciosas” (minuto 19 del vídeo): “Ha habido una cosa que no nos ha quedado muy clara, si te gustaban las enfermedades infecciosas o las enfermeras infecciosas”.

“No les preguntaba si eran infecciosas o no, eso se veía unos días después”, respondía Simón entre risas. “Yo siempre he tenido mucho miedo a las mujeres, no sé por qué”, continuaba. “Soy muy enamoradizo, y me daban miedo. Pero siempre me he llevado muy bien con hombres y con mujeres, con todo el mundo”.

Por ello, el Consejo de Enfermería le reclama que “tenga la decencia” de “pedir disculpas de forma inmediata” y reconozca “la improcedencia de sus comentarios, chascarrillos y chistes y se abstenga de volver hacerlos nunca más”. “De lo contrario, estamos dispuestas a poner en marcha una recogida de firmas para pedir al Parlamento la reprobación pública de Fernando Simón y al Gobierno su cese inmediato”, ha aclarado Fernández.

Así, ha reclamado que “España se merece que el portavoz de la estrategia contra la actual pandemia sea un experto con mentalidad acorde a los tiempos que vivimos, donde no se bromea con los derechos fundamentales de la mujer”. Además, ha informado que está dispuesta a poner en marcha “una campaña internacional con la ayuda del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) y la OMS para denunciar en todo el mundo” lo que consideran “una vejación a la mujer y a la profesión enfermera”.

La organización cree los comentarios de Simón “son un atentado contra la dignidad de la mujer y contra la dignidad de una profesión sanitaria imprescindible para nuestro sistema sanitario”. Recuerda el colectivo que las enfermeras están siendo fundamentales contra la pandemia y que Simón “se burla de ellas y las menosprecia”.

Fernández ha recordado que las enfermeras llevan “décadas” luchando por deshacerse de “todas las imágenes y estereotipos machistas y retrógrados” de un “colectivo sanitario mayoritariamente femenino”.

“La sociedad ha empezado a comprender que este tipo de tópicos sexistas son hirientes, pero también peligrosos porque somos una profesión sanitaria que vive dedicada en cuerpo y alma al paciente”, ha subrayado el comunicado, que también incide en que las enfermeras son las que mayor porcentaje de agresiones sufren por la “cercanía y accesibilidad continua” al paciente.

•••


Imagen del cuadro completo de Augusto Ferrer Dalmau, El último combate del Glorioso [2014]

Los ingleses lo respetaron más

Arturo Pérez-Reverte en XLSemanal, 311020

Hay torpezas naturales e inevitables, y hay torpezas deliberadas y hasta peligrosas. La decisión del director de la fundación del Museo Naval de Madrid de retirar el cuadro de Ferrer-Dalmau El último combate del Glorioso de las salas de exposición me parece de las segundas, agravada por el hecho de que el responsable sea un almirante de la Armada española.
La reapertura tras la reforma del formidable museo, uno de los más importantes de Europa, es una noticia espléndida, empañada por la polémica tras dejar fuera, precisamente, el cuadro más admirado y fotografiado por los visitantes desde que fue adquirido en 2014 y presentado de forma solemne en un acto presidido por el rey Felipe VI.
La historia del navío Glorioso merece el soberbio lienzo que nuestro más internacional pintor de historia militar le dedicó en su momento. Viniendo en 1747 de La Habana, libró en solitario tres encuentros con doce barcos ingleses de los que hizo volar uno y hundió otro; y en el último, ya hecho polvo y sin munición, se vio obligado a arriar bandera tras un postrer combate que duró tres días y una noche, hazaña que los admirados cronistas británicos, poco inclinados a elogiar a españoles, saludaron con mucho respeto, calificándola de honrosa y extraordinaria.
Con trágica belleza, el magnífico cuadro de Ferrer-Dalmau representa al navío en los momentos finales, desarbolado pero aún arriba la bandera, con los hombres peleando como fieras en la cubierta astillada y llena de humo, rodeado por barcos ingleses de los que –genial detalle del pintor– uno arrastra, indicando quién es el vencedor moral del combate, su propia bandera caída sobre el agua.

Sin embargo, quienes visiten el Museo Naval de Madrid no verán allí tan espectacular cuadro sobre la gesta del Glorioso, sino otro de menos calidad, el de Cortellini, que está lejos de representar lo que fue aquello. Interrogado sobre una decisión que suscitó protestas y recriminaciones, el director de la fundación que preside el museo se justificó con argumentos chocantes en boca de un marino de guerra español.

El cuadro, según él, no encaja en la nueva orientación del lugar, que pretende «mostrar nuestra historia sin complejos y de forma equilibrada». Un equilibrio que –sugirió sin ruborizarse– se logra ocultando derrotas y mostrando victorias. De modo que, en este nuevo planteamiento positivo, el cuadro de Ferrer-Dalmau resulta inadecuado porque, siempre según la almirantesca opinión, «al comandante del Glorioso no le habría gustado verse recordado así».

Ésa es la frase que retengo del asunto: que al comandante del Glorioso no le habría gustado que lo recordaran así. Al escucharla pensé en las victorias y derrotas que jalonan la impresionante historia de España, y en las lecciones que de ellas pueden extraerse: las que nos redimen de tantos siglos de malos gobiernos; la continua lección moral dada por el pobre españolito de a pie, la fiel infantería, la fiel marinería, los paisanos de cachicuerna y trabuco, que allí donde la incompetencia de sus gobernantes los puso en el tajo del carnicero, indefensos ante enemigos poderosos, supieron con tenacidad y coraje, no ya por la patria –concepto a veces manipulado y difuso– sino por dignidad, deber, orgullo o desesperación, compensar con grandeza la miseria que tantas banderas tapaban.

Según lo que apunta ese almirante tan equilibrado y libre de complejos, tampoco a los últimos soldados españoles de Rocroi les habría gustado verse recordados cuando a pie firme esperaban la carga final enemiga, ni a los manolos del Dos de Mayo ser inmortalizados por Goya.

Tampoco les habría gustado verse pintados en su última hora a los héroes de tantas derrotas que, fruto de la incompetencia de sus gobernantes, encajaron solos y sin esperanza, canturreando una jota mientras empalmaban la navaja en Zaragoza, cargando en Annual con los últimos de Alcántara o doblando el bajo del Diamante bajo el fuego de los acorazados yanquis.

Que vaya ahora el almirante de turno a preguntarle a Churruca cómo le gustaría verse recordado mientras se desangraba en Trafalgar, a los últimos de Filipinas cuando al fin se rindieron en Baler, a los marinos muertos en Cavite y Santiago de Cuba, a los pobres soldaditos del Barranco del Lobo y Monte Arruit, a los requetés de Codo y Villalba de los Arcos, a los republicanos caídos en el Ebro, a los paracaidistas masacrados en Ifni, a los legionarios muertos en Edchera…

Que, al menos, los museos otorguen el consuelo de saber que a nadie en la historia lo derrotaron nunca como a un español: la certeza de que ese heroísmo, ese orgullo violento, esa dignidad desesperada y peligrosa, es lo único que tuvimos para compensar tanta estupidez histórica, tanta desmemoria suicida, tanto político irresponsable, tanto almirante mediocre y tanta infamia.

«El último combate del Glorioso», el cuadro más difícil de mi amigo Ferrer-Dalma

Arturo Pérez-Reverte en ABC, 191214

Cuando, conversando con Augusto Ferrer-Dalmau se planteó el asunto del cuadro que él planeaba pintar para el Museo Naval, no quedó, desde el principio, la menor duda de que éste debía referirse a la hazaña del Glorioso. A la epopeya del Glorioso.

Era éste un navío de 70 cañones y tenía ese bonito nombre: Glorioso. Un nombre de los que condicionan y obligan. Lo mandaba el capitán don Pedro Mesía de la Cerda, y en 1747 traía de La Habana cuatro millones de pesos en monedas de plata.

El 15 de julio, cerca de las Azores, el navío se topó con un convoy inglés escoltado por tres barcos de guerra que casi lo doblaban en número de cañones: el navío Warwick, la fragata Lark y un bergantín.

En aquel tiempo, un navío de América era una presa codiciada: solía llevar caudales a bordo, así que los ingleses le dieron caza.

Manteniendo el barlovento con mucha pericia marinera, el Glorioso se batió toda la noche, tuvo un respiro al caer el viento durante el día, y volvió a pelear la noche siguiente: primero dejó fuera de combate a la fragata, que se hundió; y tras hora y media de combate con el Warwick en la oscuridad, sin otra luz que los fogonazos artilleros (los españoles dispararon 1.006 cañonazos y 4.400 cartuchos de fusil, que se dice pronto), el navío inglés se retiró con el rabo entre las piernas. Que no siempre Britania, aunque por lo común lo venda con poesías y trompetas, parió leones.

Sin embargo, la odisea del Glorioso no había hecho más que empezar. Siguiendo rumbo a Finisterre, el 14 de agosto volvió a dar con una fuerza británica: el navío Oxford, la fragata Shoreham y la corbeta Falcon.

Como en el caso anterior, los ingleses le fueron encima igual que lobos hambrientos. Pero el comandante Mesía y su gente eran de esa casta de marinos que aprietan los dientes y venden caro el pellejo. Por segunda vez asomaron los cañones y batieron el cobre como los buenos. Como los mejores.

Después de tres horas de combate durísimo, pese a haber perdido el bauprés, una verga y tener la popa hecha astillas, el Glorioso continuó navegando hacia España mientras los ingleses se retiraban con graves daños.

Fondeó el navío en Corcubión, desembarcando los caudales, y volvió a la mar para reparar averías en Cádiz, pues vientos contrarios descartaban El Ferrol. Y el 17 de octubre, a la altura del cabo San Vicente, volvió a encontrarse con una fuerza enemiga. Con su destino.

Esta vez eran cuatro fragatas corsarias con base en Lisboa y bajo el mando del comodoro Walker: King George, Prince Frederick, Princess Amelia y Duke, que sumaban 960 hombres y 120 cañones. Inmediatamente le dieron caza, aunque el español, resabiado, no reveló su nacionalidad (treta común del mar) hasta que la King George se acercó a preguntársela. Entonces Mesía izó pabellón de combate, lo aseguró con un cañonazo, y luego le largó al inglés una andanada que le desmontó dos cañones y el palo mayor.

Siguieron tres horas de carnicería penol a penol, muy bien sostenida por el Glorioso; pero al rato se unieron al combate las otras fragatas y dos navíos de línea ingleses que navegaban cerca, el Darmouth y el Russell. Hagan cuentas: seis barcos y 250 cañones contra los 70 del solitario español, maltrecho y corto de gente y munición por los combates anteriores y la travesía del Atlántico.

Aun así, el comandante Mesía y su tripulación, a quienes a esas alturas (de perdidos al río), daban ya igual seis ingleses que sesenta, se defendieron como gato panza arriba bajo un fuego horroroso durante dos días y una noche. Que también se dice pronto.

Aún tuvieron la satisfacción de acertar en una santabárbara y ver volar al Darmouth, que se fue a pique hecho pavesas con 314 de sus 325 tripulantes. Y al fin, amaneciendo el 19 de octubre (33 muertos y 130 heridos a bordo, el barco desarbolado, chorreando sangre por los imbornales, raso como un pontón y a punto de hundirse), el comandante convocó a los oficiales que seguían vivos, los puso por testigos de que la tripulación había hecho lo imposible, y arrió la bandera.

De ese modo, fiel como ninguno a su nombre, acabó viaje el navío español Glorioso. Había librado tres combates contra 12 barcos enemigos, de los que hizo volar uno y hundió otro; pero la hazaña final no corresponde sólo a quienes con tanta decencia lo defendieron, sino al navío mismo: remolcado a Lisboa por los vencedores para repararlo e izar en él su pabellón, los destrozos se revelaron tan graves que se negó a flotar y fue desguazado. Ningún inglés navegó jamás a bordo de ese barco.

eso es lo que ha pintado augusto Ferrer-Dalmau, en el cuadro que pueden ver en el Museo Naval. El momento en el que, rodeado de ingleses (uno de ellos, observarán, arrastra su bandera con el palo de mesana desarbolado, por el agua), destrozado el español a cañonazos, casi agotada la munición, con la desagarrada bandera aún ondeando en lo que queda de la arboladura, el Glorioso muerde todavía, peleando sin esperanza y hasta el fin, con los tripulantes en cubierta (fíjense bien en ellos, sobre todo en el oficial erguido en la proa, entre el fuego) vendiendo cara su piel.

Con este lienzo, homenaje a la Armada Española, Augusto Ferrer-Dalmau ha logrado, en mi opinión, su cuadro hasta ahora más difícil. Y también, quizás, el más hermoso.

•••
Hacía años que no se veía una tontería mayor en el Senado.
Hacía años que no se veía una tontería mayor en el Senado. Pool Moncloa / JM Cuadrado

 

El peor enemigo de Sánchez está en Bruselas (y es español)

Álvaro Nieto en Vozpópuli, 021120

ntidemocrático de la propuesta, decidió cancelar su viaje a Madrid para asistir presencialmente a la Conferencia de presidentes autonómicos. Un desplante en toda regla hacia el Gobierno que se ha intentado camuflar alegando razones sanitarias.

Buen cartel

Sánchez ha gozado siempre de buen cartel en Bruselas. Alto, guapo, políglota, su figura gusta en las instituciones comunitarias porque, en apariencia, es lo más europeo que les ha llegado de España en 40 años. Sabedor de que les cae bien, el presidente del Gobierno seguirá prometiendo lo que haga falta con tal de que le suelten la pasta correspondiente para ir tirando.

Y presentará unas previsiones irreales de déficit y deuda que, por supuesto, jamás se cumplirán, como ya ocurrió en 2019, cuando España disparó sus números rojos sin ninguna justificación y para sorpresa de la Unión Europea.

La duda está en saber cuánto tiempo van a permitir en Bruselas este juego de Sánchez. Y lo peor para el presidente del Gobierno es que el día que Von der Leyen quiera saber algo más sobre España se lo va a terminar preguntando al español que tiene más a mano, que no es otro que el comisario europeo de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y que no es precisamente su mejor amigo.

El presidente utilizó vilmente a Borrell en el pasado, y éste lo tiene muy presente. Primero lo puso de ministro como parapeto ante los que desconfiaban de sus convicciones constitucionalistas. Luego lo colocó como cabeza de cartel en las elecciones europeas para aprovechar su fuerte tirón tras haber encabezado las protestas contra el independentismo en Cataluña. Y finalmente lo ha terminado aparcando en Bruselas para que no le haga sombra.

El problema es que esa decisión de Sánchez, la de enviar a Bruselas a su peor enemigo, puede que se le acabe volviendo en contra en algún momento. Si bien es cierto que Borrell guarda un respetuoso silencio sobre todas las decisiones del Gobierno, el político catalán ya ha confesado a sus más allegados que está preocupado por los acontecimientos en España, especialmente por la reforma del Poder Judicial, la posibilidad de que los líderes del ‘procés’ sean indultados o el trato que se dispensa a Bildu como si fuera un partido más.

Por tanto, Sánchez tiene que andar con cuidado. Si Borrell pasa al ataque, es muy probable que el Gobierno pierda el apoyo de la Comisión Europea en un momento en el que las cuentas españolas dependen de las ayudas comunitarias.

Como en Bruselas no le conocen mucho todavía, se creen que va a realizar las reformas pendientes y que acabará cumpliendo los objetivos de déficit. De lo que tarden en descubrir la triste realidad dependerá que Sánchez consiga acabar la legislatura o, por el contrario, que se estrelle antes de tiempo. Veremos.

•••
Las 10 mujeres asesinadas por violencia de género l RTVE

Interesados en la violencia

  • Insto a Marlaska, sin esperanza, a que preste un servicio público esencial: el desenmascaramiento

Juan Carlos Girauta en ABC, 021120

Sería útil descubrir las identidades políticas de las varias turbamultas que vandalizan nuestras ciudades. Lo escribo en plural, identidades, porque la condición heteróclita de los bárbaros es una de las pocas cosas que parecen claras. Existe el caldo de cultivo para que los desórdenes se contagien como un virus paralelo, para que la anécdota de veinte contenedores crezca hasta la categoría de los disturbios crónicos. A la catalana. Así que, ¿quiénes son, de dónde han salido, qué pretenden?

Insto a Marlaska, sin esperanza, a que preste un servicio público esencial: el desenmascaramiento. Requerirá tácticas de inteligencia que fundamenten, acto seguido, estrategias inteligentes. Una forma rápida de abortar la satisfacción de esa necesidad, empeorando las cosas y enmarañando aún más la

madeja, es seguir el camino que han enfilado los partidos extremistas de gobierno y sus esclavos voluntarios, los que viven pidiendo perdón por existir: señalar al contrario. De creer a Podemos y a Ciudadanos, los violentos son de extrema derecha. Y sin duda los hubo de ese signo, pero no solo.

Las revueltas son todavía leves. Están a años luz de la quema de Barcelona que, por cierto, según las investigaciones de la Guardia Civil, fue organizada por varios empresarios, uno de los cuales ha estado contratado como consejero asesor por varias empresas del Ibex. Pero, por leves que sean, encierran gran peligro por razones sanitarias y socioeconómicas. Porque estamos en la segunda ola de una cruda, recalcitrante pandemia, y porque la sociedad se está depauperando por momentos.

Sin desdeñar factores que no se suelen contemplar y que a menudo prenden la mecha de las catástrofes: el trastorno del hombre callado que, de repente, se ve olvidado de todos, arruinado, postergado, arrojado a los márgenes, quizá pronto vuelto a encerrar en su piso jaula, y cuyo espíritu no encuentra más escapatoria que el ensimismamiento fatal y la paranoia conspirativa. Que algunos de los afectados por dramas sordos dan un paso sin vuelta atrás contra sí mismos es tristemente sabido y, acto seguido, olvidado. Que alguno de ellos dé un paso contra «el sistema» es una cuestión de mera estadística.

Están los que se apuntan a un bombardeo, espontáneos que aprovechan para robar bicis y venderlas. No parecen muy movidos por convicciones políticas. Basta con echar un vistazo a los vídeos disponibles para darse cuanta de la presencia de profesionales de la guerrilla urbana. Y aquí tales profesionales son de extrema izquierda y separatistas. Más que nada porque la guerrilla urbana es una disciplina eminentemente práctica, como la gestión de empresas en Harvard: lo teórico tiene un valor muy relativo. Hay pues una macedonia de cafres inciviles, sin y con motivación política, enloquecidos y cuerdos, indignados y fríos, descerebrados y calculadores. Urge un retrato de grupo, hiperrealista.

•••
Imagen de los disturbios en Barcelona en contra del toque de queda por el coronavirus
Imagen de los disturbios en Barcelona en contra del toque de queda por el coronavirus

Los violentos no son de Vox

  • Los he visto en primera persona. Y no pertenecen a nada que no sea el ejército del crimen que campa a sus anchas en España

Miquel Giménez-Vozpópuli, 021120

Escucho gritos, ruido de explosiones, insultos. “¡La policía tortura y asesina!”, “¡Abajo el capital!”, “¡Fuera fascistas de nuestros barrios!”, todo en catalán. Me asomo al balcón y veo a una multitud de encapuchados tirando a los Mossos vallas, piedras, petardos que estallan de manera mucho más virulenta cuando son arrojados a las hogueras que han encendido. Amenazan a los vecinos que nos hemos asomado. “¡Hijos de puta, meteos en vuestras casas!” nos gritan, también en catalán.

El mal no desea que lo vean actuar. Se reagrupan. La calle, mi calle, es estrecha, como todas en el Barrio Gótico. Podría ser una ratonera a poco que la policía decida cortarles la retirada. Pero los Mossos se lo toman con calma. En ese estira y afloja transcurren veinte minutos que a mí se me hacen eternos. Los violentos han destrozado los cristales del Ayuntamiento de Colau, la que protege a los que, según ella, “tienen derecho a la indignación”.

Los mismos que asaltan un Decathlon para robar bicicletas y patinetes eléctricos que son puestos a la venta inmediatamente en Wallapop. Son los de siempre, los que difícilmente son detenidos. Viven entre nosotros, en nuestras escaleras, compran en las mismas tiendas que nosotros. Pero, al caer la noche, se arrancan los ropajes de vecinos, emergiendo la bestia que llevan dentro.

Están delante de mi casa. Con piedras, con palos, con trozos de metal. Expectantes a lo que haga la Policía, una policía que ya no sabe a qué santo encomendarse debido a la tibieza de sus mandos políticos. Apreteuapreteu, les dijeron a los violentos.

Se sienten amparados por una Generalitat que ha hecho de lo ilegal una forma de vida, tanto en lo que afecta a los asuntos de dinero como a los políticos. Jamás la delincuencia tuvo mejor coartada: “La culpa es de España y su represión”.

Mi vecina de enfrente me indica que ha de salir a comprar no sé qué en la tienda del paquis de la esquina. La noche cae y tiene miedo a que el toque de queda le impida salir.

Otro vecino mira y remira. Es la hora en la que aprovecha para sacar a sus dos perros, sus únicos compañeros, sus únicos seres queridos. Está solo. Los dos no se atreven a bajar a la calle. La calle siempre será de los delincuentes, pienso. Nos la robaron a las personas decentes hace muchos años.

Solo podríamos recuperarla si los políticos tuvieran ese firme propósito. Me llegan al móvil instantáneas estremecedoras. “Muerte a los judíos”, dice una. La han hecho cerca del Call judío, al lado de Sant Jaume.

No son de Vox. No son de extrema derecha. Esa violencia la convocan los de siempre: los cupaires, los de Arran, los comunistas. Sus cachorros están agazapados en mi calle, esperando el asalto final. Oigo voces. “¡Eh, eh, eh, eh, eh!”, habituales cuando la policía detiene a uno de estos secuestradores del espacio público. Han cogido a uno.

Ignoro la relación causa y efecto que eso pueda tener, pero los violentos de extrema izquierda se retiran. Tal vez sea porque son las nueve tocadas de la noche y sus mamás les esperan con la cena a mesa puesta.

Dejan tras de sí un reguero de destrozos que pagaremos los de siempre. Un container incendiado, por ejemplo, seis mil euros. No es ese el arqueo y balance que me preocupa. Lo inquietante es que mi vecina ha decidido no salir por miedo a que estos energúmenos vuelvan.

Mi vecino, tampoco. Sacude la cabeza con una tristeza infinita. Es una persona mayor. Ha vivido toda su vida en este barrio, antaño próspero y cargado de razones históricas, y ahora letrina en la que el alcohol, la droga y la violencia se han hecho las dueñas.

Veo las noticias y dicen que todo lo que pasa en mi ciudad, en Málaga, en Bilbao, en Logroño, es cosa de elementos ultraderechistas y, a lo mejor, algún ultra de izquierdas. Echenique, en un ejercicio de indignidad que lo hace caer todavía mucho más bajo de lo que ya estaba, acusa directamente a Vox.

Claro, los de Abascal se lo pasan estupendamente gritando vivas a ETA, a Terra Lliure, apedreando policías, quemando mobiliario urbano y robando bicicletas para venderlas ipso facto en las redes bajo el nombre de Hussein. He ahí el auténtico incendio de los violentos, el cóctel Molotov más mortífero: habrá gente que se lo crea.

Yo no. Yo lo he visto. Yo lo he oído. Yo lo sufro y padezco a pie de obra. Yo lo cuento. Quizá por eso me odien tanto. Porque al testigo presencial no pueden venderle milongas.

•••

 

••••••••••••••••••

•••

+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

•••

  1. Ver Revista de prensa de El Almendrón
  2. Ver Revista de prensa de la Fundación para la Libertad

•••

Viñeta de Idigoras y Pachi en El Mundo, 021120

•••