Burrocracia europea

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  • Científicos vuelven a criticar en ‘The Lancet’ el caos con los datos de Covid en España

20Minutos, 101020

La revista científica The Lancet ha vuelto a convertirse en la plataforma elegida por los expertos para exponer públicamente su opinión sobre la gestión de la pandemia de coronavirus en España. Si el pasado mes de agosto una veintena de especialistas pedían una auditoría nacional para examinar cómo se había gestionado la crisis sanitaria, otro grupo de científicos ha exigido ahora por carta una información más precisa sobre los datos de Covid-19 en España, ya que las cifras aportadas hasta la fecha son “insuficientes”.

La misiva, titulada ‘La necesidad de datos detallados de COVID-19 en España’publicada este viernes en The Lancet, la firman Sergi Trias-Llimós, Ainhoa Alustiza, Clara Prats, Aurelio Tobias y Tim Riffe. En ella, los investigadores apuntan que desde el pasado 19 de mayo “no se han proporcionado datos desglosados en las actualizaciones diarias” que realiza el Ministerio de Sanidad. Si bien reconocen que el Centro Nacional de Epidemiología ha mejorado los datos sobre los recuentos totales por región, que “se actualizan y revisan a diario”, los datos específicos por edad “se proporcionan solo en publicaciones semanales, sin detalles geográficos ni correcciones retrospectivas, y con recuentos acumulativos tabulados solo desde mediados de mayo en adelante”.

Asimismo, los cinco expertos reconocen que los datos de Covid-19 que el Ministerio de Sanidad facilita “dependen de las 17 comunidades autónomas de España”. Cinco de estas comunidades, prosiguen, “ofrecen de forma independiente métricas Covid-19 seleccionadas, desglosadas por edad y sexo, pero los datos proporcionados no siempre son comparables en estas pocas regiones”, lamentan.

En este sentido, los firmantes de la carta han recordado cómo otros países del mundo —y citan expresamente a Países Bajos, Alemania, Filipinas y México— han publicado abiertamente “actualizaciones diarias coherentes y exhaustivas de casos y muertes detallados de Covid-19, incluidas las desagregaciones por grupo de edad, sexo y área geográfica”. Para los investigadores, “los datos precisos y detallados son esenciales para comprender la pandemia y orientar las políticas”, aseguran.

Además, desde su punto de vista es “fundamental” examinar las diferencias entre países para “medir el impacto de las diferentes políticas de salud preventiva y para diseñar mejores políticas que reduzcan los riesgos para la salud asociados con la Covid-19″.

Para estos investigadores, los datos que publica España a nivel nacional y por comunidades “son insuficientes para comprender la dinámica de la Covid-19 y tomar medidas“.

Por este motivo, prosiguen, instan a las autoridades sanitarias a que “publiquen actualizaciones diarias consistentes de datos abiertos sobre pruebas, casos, hospitalizaciones, ingresos a unidades de cuidados intensivos, recuperaciones y muertes, incluidas las correcciones de series retrospectivas en curso. Cada una de estas variables debe desglosarse por edad, sexo y detalle geográfico, para monitorear mejor los impactos demográficos de la pandemia y para informar mejor una respuesta de salud pública”, concluyen.

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Pablo, camino del WC para darse un agua y esperar a su presa

Higiene sexual

Santiago González en El Mundo, 120421

España empieza a ser un país fallido por la derogación de la palabra en que se empeñan las clases dirigentes, pongamos que hablo de sanchistas y podemitas, de Pedro y Pablo, su mejor sostén, el segundo mentiroso de España, según Álvarez de Toledo.

La última fue ayer: “que (José Bono) haya dicho de Julio Anguita que era pobre intelectualmente me parece indecente. Esa indecencia engrandece más el ejemplo, político e intelectual, de Julio”. Por qué la indecencia de Bono puede engrandecer a Anguita es gran misterio de la epistemología moderna, teniendo en cuenta lo que este mismo tipo decía del mismo Julio Anguita el 1 de marzo de 2013 en Zaragoza para entretener a la UJCE: “Hay mucha gente que quiere resucitar a Anguita.

Es como el cadáver del Cid. Muchas gracias por los servicios prestados, pero tiene que tomar ejemplo de Joseph Ratzinger: coger un helicóptero, irse a Castelgandolfo, a la mierda o adonde quiera…”

Por aquel entonces era su compañero inseparable Juan Carlos Monedero, ‘Juanqui’ en la intimidad, que el pasado 15 de marzo declaraba ante el juez Escalonilla por una factura que parecía ful: “Seguramente pese a ser doctor en Ciencias Políticas no voy a poder dar clases de cómo se hace bien una factura”.

“Hijo mío, le decía un labrador de mi pueblo a su hijo seminarista; “llevas diez años en el seminario y no has aprendido a aparejar la burra”. No saber hacer una factura y diseñar un sistema financiero, hay que ver.

Monedero le acompañaba en el magreo de sus alumnas, según le contaba una de ellas, Fernanda Freire, a Leyre Iglesias. Juanqui es un sobón sin distinción de credos, no es que lo diga ella; todos hemos visto fotos suyas sobando  a Soraya y a Yolanda.

A la joven Fernanda le tocó la cintura como la hiedra toca altura, agapimú. Pablo Iglesias, el de las miradas lujuriosas de Rita, la partisana, le entró con invitación obscena: “Voy al baño a refrescarme; te espero ahí”. Ella lo cuenta sin dramatismos metoo. Entiende que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Cuando él se fue al lugar de la emboscada, pagó su cerveza y se marchó.

Iglesias revela ser un guarro según un relato que tiene el aroma inconfundible de la verdad. Ruby Tuesday, que amén de un título magistral de los Stones es una avezada tuitera, daba ayer un consejo prudente para chicas: “Si te dice ‘voy al baño a refrescarme’, es que ha salido de casa sin ducharse. No te lo folles”.

Deberían tener en cuenta además que este tipo tiene los hábitos de la mantis religiosa: devorar a sus parejas durante la cópula. O en la cúpula, que viene a ser lo mismo. Dirán que en el caso de mantis es la hembra la que se come al macho, pero él es una cosa y su contraria: es el macho alfa o el más femenino de los hombres, según convenga.

Ahora ha dicho que no se postulará para dirigir más el partido, mientras pide la pensión de exvicepresidente, señal de que no piensa ejercer de parlamentario autonómico. ¿Qué pensará de todo esto Irene Montero?¿Yo sí te creo, Fernanda?¿Y de la higiene de su galán? No la tengo por inteligente, pero limpia sí parece.

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No, no, no
Ilustración de LPO [L. Pérez Ortiz; España,, 1957],para el texto

 

No, no, no

El ‘show’ televisivo de Telecinco en torno a la figura de Rocío Carrasco permite a la autora reflexionar en torno a la responsabilidad de las élites mediáticas y a la deriva populista e identitaria de los líderes de la izquierda

Cayetana Álvarez De Toledo en El Mundo, 120421

«LA audiencia de Ya es mediodía decide que, a viernes 19 de marzo, apoya a Antonio David Flores en su conflicto con Rocío Carrasco».

Lo de audiencia en minúsculas tuvo que ser una errata. Debieron escribir Audiencia y añadir Nacional. El programa, dirigido nada menos que por una periodista curtida en los tribunales, había animado a la gente a votar la inocencia o culpabilidad de un hombre. Cuatro días más tarde, tras el exitazo dominical, sus productores volvían a colocar otro rótulo en pantalla:

«Vota. Tras ver el primer programa de Rocío Carrasco, ¿a favor de quién estás: de Antonio David o de Rocío?»

No sé si conmovidos por el testimonio de Rociíto los espectadores de Telecinco cambiaron de opinión ni me interesa. Lo relevante es que una cadena de televisión se erija en tribunal. Bueno, en tribunal. Eso exigiría guardar cierto respeto por los procedimientos y las garantías procesales, empezando por el principio de contradicción. Y aquí nadie se ha tomado el trabajo de examinar no ya la versión del presunto inocente sino la de los jueces: los hechos probados.

Ni siquiera para refutarlos. «¡Que somos tertulianos, oiga, no peritos!» Se nota. Aquí lo único que ha valido, sobre todo en la primera acepción del verbo, son las lágrimas de la presunta víctima. El poder del corazón y el corazón al poder. Abajo los sesos. Aquí el principal condenado es el Estado de derecho. Es decir, usted y yo.

SupervivientesSálvameSalvados… Más que nombres de programas, parecen alusiones a la tesitura del ciudadano en la selva populista. «La culpa es del pueblo», te dicen, «le encanta el circo». Quizá. Aunque habría que liberalizar la oferta mediática y ver qué pasa. Y, en todo caso, la responsabilidad del ciudadano no exime a la élite.

El poder obliga. Y el poder es inmenso. Hace un año, en una entrevista en Onda Cero, dije que había medios en España que hacían negocio con la erosión de la democracia. Cuando Carlos Alsina me preguntó a quién me refería contesté que a La Sexta. Fui prudente. También lo hace Mediaset, el grupo que junto con Atresmedia ostenta el oligopolio de la televisión en España. Y hasta la Televisión Española de Cintora y los impúdicos émulos de TV3, más que vertebradora, invertebrada.

En una democracia, ¿se puede criticar a los medios? Sí, y al Rey y a un gay. Siempre y cuando la crítica esté sometida a la razón. Señalamientos para amedrentar, no. Vídeos contra periodistas para asomar la cabeza en campaña, ahórrenselos. Y, sobre todo, ¿se puede discutir una resolución judicial? Por supuesto. Yo discrepo de la sentencia del 1 de Octubre porque reduce los hechos de Puigdemont y Junqueras a una ensoñación de Puigdemont y Junqueras. Y qué habría sido de tantos inocentes y tantos culpables sin la mirada incisiva, exigente, rigurosa de un periodista durante un proceso judicial o incluso después. J’accuse…! 

Pero ni Rociíto es Dreyfus ni Jorge Javier, Zola. En nuestra atrofiada ágora no se están discutiendo racionalmente los hechos de un caso con el ánimo y la esperanza de llegar a la verdad. Se está instaurando una verdad paralela subjetiva, sentimental, cochambrosa, puramente populista, que enmienda la verdad judicial y la invalida. Es decir, se está liquidando la propia idea de la verdad y, con ella, cualquier posibilidad de mantener una conversación no ya civilizada y constructiva, sino pacífica.

Tu verdad contra la mía y lo resolvemos a gritos. En el mejor de los casos… Es lo que vino a decir el socialista Montilla con esta frase nuclear del proceso separatista catalán: «Los tribunales no pueden juzgar sentimientos». La relación no es casual. No hay caldo de cultivo más favorable a un nuevo despotismo de post-juicio que la identidad.

Medio siglo después de Mayo del 68 y, sobre todo, diez años después de Tony Judt, algunos jóvenes progresistas ilustrados por fin empiezan a asumir que la identidad ha sustituido a la igualdad como el gran tótem de la izquierda y que esto supone una regresión. Ovejero ya no está solo; bienvenido Soto Ivars.

La identidad es el neo-Dios al que la hueca moral dominante nos obliga a rendir pleitesía. Una nueva forma de religión y, como todo separatismo, incompatible con la democracia. Lo dijo Macron en referencia al islamismo: es separatista porque crea una legitimidad paralela a la republicana, que socava la comunidad de los libres e iguales.

Su reflexión es igualmente válida para cualquier expresión identitaria, desde el nacionalismo, centrífugo o centrípeto, hasta el feminismo de tercera ola que tan perfectamente representa nuestra insólita ministra de Igualdad.

«El testimonio de Rocío Carrasco es el de una víctima de violencia de género. #RocíoYoSíTeCreo». No sé si Irene Montero se paró medio segundo a reflexionar antes de dictar su sentencia-tuit. Prefiero pensar que no.

Tampoco lo habrá hecho la portavoz socialista, Adriana Lastra, antes de condenar a un hombre en prime time: «Rocío Carrasco es una mujer valiente, una superviviente. [¡Supervivientes!]. Su testimonio tiene un gran valor para visibilizar la violencia de género. No pararemos hasta que la vida sea segura y libre para todas las mujeres. #RocíoVerdad1».

No se pararon ni pararán, bien. Pero, ¿y si la cabecita que rodara por el plató fuera la del padre, hermano o pareja de alguna de las dos? La del propio Pablo Iglesias, por qué no. Hay que pararse, sí. Concreta y enérgicamente ante estas cinco palabras:

«Yo sí te creo, hermana».

La frase, consigna del nuevo separatismo, lo tiene todo. El «yo» afirma la primacía de lo subjetivo sobre lo objetivo. El «te creo» antepone la opinión, una fe cuasi-mística, al hecho probado. El «hermana» reivindica la identidad colectiva. En este caso, un feminismo que se ha vuelto puritano y pendenciero. Juntos, estos tres elementos impugnan el Estado de derecho y estimulan el conflicto social.

Porque, si las opiniones se convierten en hechos y los hechos en opiniones, cualquier persona implicada en un litigio podría preguntarse: «¿Y por qué sus percepciones valen más que las mías?» Y, con toda la legitimidad de un mundo sin legalidad, lanzarse a la caza de seguidores para afirmar su verdad. Y entonces, ¿quién será inocente? ¿El que movilice más audiencia o consiga más likes?

¿El que llore más fuerte? El que no llora no mama y el que no mama es un gil, cambalache. ¿Y quién será culpable? ¿Lo decidirán en votación, clic, clic, los espectadores del oligopolio? ¿O directamente Irene y Pablo desde la piscina de Galapagar? Y aun decía el sábado El País, por boca de una magistrada, que convendría trasladar el modelo Rociíto a la Justicia ordinaria: testimonio televisado, sin cortes ni apenas injerencias, si acaso unas pocas preguntas planteadas por un psicólogo, para que la mujer pueda «contar libre su verdad». Y el hombre penar en la cárcel sin las garantías de un proceso justo.

QUIZÁ SEA ESTO lo que nos distinga de Francia: aquí el ataque populista al demos se produce desde las propias instituciones del Estado. Por eso, además de una reflexión sobre la responsabilidad de las élites mediáticas, el caso Carrasco exige una lectura política. Otra frase que me trajo problemas: «¿De verdad van ustedes diciendo:

‘Sí, sí, sí, hasta el final?’»

En directo, la futura ministra de Igualdad me acusó de legitimar la violación. Dos años después, el Consejo General del Poder Judicial, por unanimidad todas las ideologías, todos los géneros, emitió contra su proyecto del solo sí es sí un dictamen devastador. Montero contestó: «Será Ley». Debió decir: «Seré Ley».

Pablo Iglesias es un político fracasado. Por eso trabaja para el fracaso de la política. Es decir, para el triunfo del populismo y la demolición de la democracia. Sólo le queda un camino, una vuelta de Tuerka. Lo ha demostrado en Vallecas. Ni él ni sus ministros y portavoces han condenado la violencia contra un adversario político, en este caso Vox.

Al revés. Han jaleado a la turba y justificado sus pedradas. Iglesias aspira a ser un híbrido entre Otegi, Ortuzar y Puigdemont: mis escuadrones en la calle, mis peones en las instituciones y mi poder en las televisiones. Su figura sería marginal y hasta patética si no fuera por la complicidad de Pedro Sánchez y la degradación de las élites.

Pocas veces había sido tan necesario un periodismo de calidad, inmune al cinismo, inasequible a la demagogia, combativo con la ignorancia y comprometido con los hechos. Porque la verdad no es una opinión. Y porque en su fariseísmo y su frivolidad los agitadores mediáticos y políticos del show de Rociíto no juegan con la reputación de un zascandil, sino con la libertad de todos.

Cayetana Álvarez de Toledo es diputada nacional del Partido Popular por Barcelona.

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El asunto Foucault

 

El asunto Foucault

Guy Sorman en ABC, 120421

De todos los defectos de carácter, la hipocresía me parece el más perverso. Acabo de experimentarlo personalmente al desencadenar una bomba mediática llamada Michel Foucault. Foucault, filósofo francés fallecido de sida en 1985, es uno de los santos de la izquierda universitaria, sin duda el último después de Jean-Paul Sartre.

Michel Foucault es particularmente actual, porque los movimientos transgénero antirracistas y anticoloniales, tanto en Europa como en Estados Unidos, están de su parte. Básicamente, su obra consiste en denunciar los abusos de poder, políticos y sexuales, que se esconden detrás de normas y leyes. Cuestionó, con influencia, los manicomios, porque le parecía que los locos no estaban realmente locos desde el momento en que se redefinió la noción misma de normalidad.

oucault también defendió el derecho al placer sexual de los niños y en 1977 abogó por la legalización de la pedofilia. Nunca se planteó la cuestión del consentimiento, ni de los trastornos psicológicos que la pedofilia puede provocar a sus víctimas. ¿Era Foucault, más allá de sus posiciones teóricas, un pedófilo?

Cuando lo conocí en Túnez, donde estaba enseñando, en 1969, le vi comprar favores a muchachos que debían de tener 10 o 12 años. Lo que más me sorprendió en aquella época, aún más que su pedofilia, fue su colonialismo. En Francia no habría osado comportarse así abiertamente, pero en Túnez, sí. ¿Porque era una antigua colonia?

¿Porque esos niños eran exóticos? Para que conste, medio siglo antes, André Gide había elegido la Argelia colonizada como coto de caza para su pedofilia. Pero Gide confesó y mencionó en sus ‘Memorias’ su incapacidad para controlar su cuerpo, en dolorosa contradicción con su educación cristiana. Foucault, un homosexual declarado, nunca dio explicaciones sobre su pedofilia; nunca se aplicó a sí mismo su método de detectar el abuso de poder. Nos habría gustado leer a Foucault haciendo de Foucault sobre Foucault; nunca sucedió.

Así que lo he hecho yo por él en un capítulo del nuevo libro que acabo de publicar en París, ‘Mon Dictionnaire du Bullshit’ [Mi diccionario de tonterías]. Al revelar la pedofilia activa de Foucault, no esperaba una explosión mediática, porque, en el fondo, no estaba revelando una gran novedad. Sin embargo, ha habido reacciones violentas en todos los países donde Foucault es un gurú: Francia, Alemania, Estados Unidos,

Gran Bretaña, Chile, Argentina… Podemos dividir estas reacciones en dos categorías igualmente simplistas. La derecha, para simplificar, se alegra de que este tótem de la izquierda se derrumbe bajo el peso de su hipocresía; el pseudoliberador era un imperialista pedófilo. La izquierda me ataca a mí, acusándome de haber inventado esta vileza para desestabilizar a Foucault y sus seguidores.

En realidad, mi propósito es completamente diferente. Me limito a constatar que los intelectuales franceses han disfrutado durante mucho tiempo de privilegios de tipo aristocrático. Esto se remonta a Voltaire, teórico de la doble moralidad; creía que la religión y las normas cristianas debían aplicarse al pueblo, pero no a las élites ilustradas. Estos privilegios de la aristocracia del espíritu, y del dinero, por supuesto, han durado desde Voltaire hasta Foucault.

Este último no consideraba que se le pudieran aplicar las leyes, y cuando le parecía que vulneraban su libertad, pedía que las anularan, como las leyes contra la pedofilia, por ejemplo.

Esa era de doble moralidad ha terminado, principalmente bajo la influencia de las redes sociales; la revolución técnica ha precedido a la revolución moral. Un reciente ministro de Cultura francés, Franck Riester, resumió bien la nueva situación.

«El talento -dijo- ya no excusará el crimen». La caída simbólica de Foucault es, por tanto, una nueva manifestación de esta revolución, de la que el #MeToo es otro aspecto: fin de la doble moral, exigencia del consentimiento, derecho a hablar para las víctimas, en primer lugar para las víctimas.

Como cualquier revolución, esta también puede tener consecuencias nefastas: se culpa a personas inocentes, sin pruebas. En esta negación a priori de la inocencia reconocemos cualquier revolución. La revolución también provoca violencia y resistencia; sufro ataques violentos (verbales o escritos, por lo tanto, soportables) por haberme atrevido a atacar a Foucault, aunque en realidad no estoy atacando a Foucault, sino a la hipocresía de la doble moral.

¿Temerán los que protestan perder sus privilegios aristocráticos? Desde luego que sí. Y cualquier revolución suscita una contrarrevolución; recordarán que Catherine Deneuve, el símbolo sexual del cine francés, firmó una petición acusando al #MeToo de querer imponer el ‘puritanismo’ estadounidense frente a la seducción a la francesa. También se me acusa de querer ‘anular’ a Foucault, importar a nuestra Europa tolerante la ‘cultura de la anulación’ en boga en Estados Unidos. También en este caso, mi posición es diferente: animo a leer a Foucault, pero sabiendo quién era, y a interrogarse sobre la relación entre una obra y su creador, eterna pregunta sin respuesta.

La pregunta vale también para André Gide, Paul Gauguin, Miguel Ángel o Marcel Proust. Conocer sus costumbres no impide apreciar su trabajo, sino hacerlo con una mirada informada. Además, no es imprescindible ser un pervertido para convertirse en artista o filósofo; Matisse y Cézanne llevaban vidas burguesas, Romain Rolland y Camus también.

Guy Sorman

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Что делать, если ребёнок плохо ест - Лайфхакер

Niño malo

Algo en Sánchez sabe, o más bien intuye, que el noble pueblo es menor de edad, y que los niños niños son

Juan Carlos Girauta en ABC, 120421

Como regla general, lo que diga Sánchez no importa. Si a esto le añadimos la conveniencia de abandonar el periodismo de declaraciones -y no digamos el columnismo de declaraciones- no parece quedar hueco para las últimas tochuras del presidente. Pero es que, encima, el hombre las ha vertido en un acto electoral, maniquí ante maniquíes.

Qué soledad tan sola, que diría aquel. No siendo la arenga de campaña el mejor género para un orador fino y cultivado, pues todo lo circundante aplasta su discurso y lo mantiene pegado al suelo, ¿qué no cabrá esperar de quien se mantiene intelectualmente virgen y, según cuentan las malas lenguas, se resiste a abrir su propia tesis?

Pues bien, con todo y con eso alguna enseñanza obtendremos venciendo tan fundados reparos. ¿Y cómo es eso? Por razón de un rasgo extraordinario que adorna al traje vacío de Moncloa; un atributo -si así puede llamársele- escasísimo; una exacerbación del vicio más feo de los niños más incorregibles de los parvularios más salvajes.

Hablo de la proyección freudiana en su variante paupérrima. Tan lastimosamente despojada de gracia que la propia invocación del escritor de ficción austríaco puede sentar como una bofetada a sus seguidores.

Pedrito rompe el cristal de la ventana, vierte el contenido de la papelera sobre Isabelita y hace caca, impertérrito, sobre el mural de Santiaguín. Cuando la señorita regresa al infantil pandemonio, Pedrito corre a contarle con la respiración entrecortada, la cara encendida, los brazos agitados, que Isabelita le ha volcado encima la papelera, con la cual ha roto a continuación el cristal de la ventana de un golpetazo, para terminar celebrando un incomprensible espectáculo escatológico junto a Santiaguín.

Algo en Sánchez -un sentido poco estudiado por los especialistas, un reflejo evolutivo raro- sabe, o más bien intuye, que el noble pueblo es menor de edad, y que los niños niños son. Que la clase reaccionará como cabe esperar. Prevé que la mayoría sufrirá una inmediata disonancia cognitiva, pero… Pero lo emocional siempre puede más, y Pedrito está ciertamente indignado. Fíjate, si me siento cargado de razón.

En las almas infantiles que han presenciado los hechos ciertos y la denuncia falsa, los límites se difuminarán pronto y, antes de dos minutos, lo realmente percibido habrá quedado sepultado bajo la convincente rabieta del gamberro y mentiroso patológico. El resto lo harán los gritos con que la señorita -notaria de oídas de la realidad- va a amonestar a Isabelita.

Que serán de aúpa, no una regañina cualquiera, no, sino amenazas de expulsión. Porque los hechos son demasiado graves, se dice Pedrito, presa ya de su propia red de mentiras como todo buen farsante. ¡Aquí hay destrozos, aquí hay barbarie! Pedrito se ha subido a un pupitre antes de exclamar lo anterior con los ojos húmedos.

¡Y la clase apesta, caramba! ¡Ayuso no deja de enredar con la vacunación!

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Foto: El presidente del Gobierno Eduardo Dato fotografiado por Kaulak
El presidente del Gobierno Eduardo Dato fotografiado por Kaulak

La memoria democrática: a propósito de Eduardo Dato

Los aniversarios sirven para honrar a quienes han contribuido con su grano de arena, de la dimensión que sea, a construir nuestro país

Francesc de Carreras en El Confidencial, 120421

Hace un mes se cumplió el centenario del atentado terrorista que costó la vida aEduardo Dato. Dada la creciente ignorancia de la historia, debida a la cada vez más escasa atención que se le presta en los planes de estudio de las enseñanzas primaria y secundaria, muchos se preguntarán de quién se trata, qué hizo para que le recordemos y cuál es su importancia y significación en la historia de la España contemporánea.

Los aniversarios sirven para honrar a quienes han contribuido con su grano de arena, de la dimensión que sea, a construir nuestro país. En este caso, la repercusión de esta figura histórica ha estado casi ausente de los medios de comunicación. Resulta meritorio, por tanto, que sea el Gobierno quien se haya preocupado en honrarle.

Más o menos, un español de cultura media, tiene una vaga idea de quienes son Cánovas del Castillo y Sagasta, Maura y Canalejas, para citar personajes políticos de la Restauración de la monarquía, este período de la historia de España que abarca desde 1874 a 1923. Pero no va más allá.

Quizás el conde de Romanones, por ser un personaje popular, o Francisco Cambó por ser el principal líder catalanista de ámbito nacional. Pero difícilmente sabrá ubicar, con un cierto conocimiento, a Francisco Silvela, Manuel Alonso Martínez o Raimundo Fernández Villaverde, a pesar de ser recordados en calles y plazas de Madrid y de otras ciudades, o en dar nombre a estaciones de metro de la capital. Así también Eduardo Dato.

Sin embargo, lo significativo es que en el aniversario de su trágica muerte ha sido recordado dentro del ámbito de lo que se denomina memoria histórica, hoy memoria democrática, competencia de la vicepresidencia primera del Gobierno.

Y este es un punto importante a destacar porque este discutible y discutido término, el de memoria histórica, ha sido utilizado en los últimos años más para dividir a los españoles en buenos y malos, según se alineen a izquierda o derecha, que en recordar los hechos históricos con la mayor objetividad posible. Saber historia es, a mi parecer, la base fundamental para entender la política.

Pues bien, quizás con este aniversario las cosas estén clarificándose. En efecto, el Gobierno decidió conmemorar la muerte de Dato en dos sesiones de estudio de su figura celebradas en la Real Academia de Ciencia Morales y Políticas, que actualmente preside don Miguel Herrero de Miñón y que fueron inauguradas por la vicepresidenta primera doña Carmen Calvo, la cual pronunció un breve, pero sustancioso e innovador discurso. Tanto este como las intervenciones íntegras de los ponentes pueden verse en la web de dicha Academia.

“El presente no te sorprende cuando se conoce la historia de España”, fue la frase con la que inició su intervención Carmen Calvo

Contrariamente a lo que se ha entendido hasta ahora por parte de muchos intrigantes de la historia, la vicepresidenta precisó lo que debe entenderse por memoria democrática.

No debe circunscribirse, dijo, al recuerdo de un episodio tan trágico como es la Guerra Civil sino a la larga lucha por la democracia desde la Constitución de Cádiz hasta hoy. Es una memoria, dijo, “para reencontrarnos entre todos, conscientes del gran país que somos y de la historia que tenemos (…), con la que nos podemos identificar más y con la que nos podemos identificar menos” pero en todo caso debe abarcar “el conjunto de esta historia (…) para conocer nuestras fortalezas y debilidades”.

Además, de su reflexión se desprende implícitamente que la memoria no es algo distinto a la historia: “Todos tenemos que estudiar historia”. Y añadió, especialmente los niños y los jóvenes, quizás como una advertencia crítica a los actuales planes de estudio. “El presente no te sorprende cuando se conoce la historia de España”, fue la frase con la que inició su intervención y resume bien su objetivo.

Y como ejemplo de que estas palabras no son vanas, no se las llevará el viento, tenemos como ejemplo esta iniciativa de la vicepresidencia primera de conmemorar la vida y obra de Eduardo Dato, un político del partido conservador que en su dilatada ejecutoria – ministro en diversas ocasiones, tres veces presidente del Gobierno, presidente del Congreso y alcalde de Madrid – fue persona de talante conciliador, para nada extremista, que pese a sus firmes convicciones en línea con la manera de pensar de su partido fue persona que se preocupó por las cuestiones sociales, propuso iniciativas parlamentarias para aprobar leyes sobre accidentes de trabajo, regular las condiciones laborales de mujeres y niños, crear el Instituto Nacional de Previsión y más tarde el primer Ministerio de Trabajo.

Además, continuando la labor iniciada por Canalejas – este del partido liberal, también asesinado por grupos anarquistas – creó la Mancomunidad de Cataluña – ¿le ha rendido homenaje la Generalitat? – y evitó que España participase en la guerra europea. En su debe, quizás, está la equivocada manera de afrontar la grave crisis militar, social y parlamentaria de 1917, así como su derivada, el inicio de la violencia en Cataluña que dio lugar finalmente al golpe de Estado de Primo de Rivera.

Sin embargo, en conclusión, tal como sostuvo Miguel Herrero en la inauguración de estas sesiones académicas, Dato contribuyó al progreso de la democracia porque vio claro que esta no consistía únicamente en la suma de votos, sino que su finalidad era la integración política y este recuerdo de Eduardo Dato era un homenaje a la voluntad de los españoles de vivir juntos, sin importar las distintas ideologías y procedencias.

Si entendemos así la memoria, como historia de la democracia sin discriminación de ideas sino como una larga marcha hacia la libertad y la igualdad entre ciudadanos, habremos contribuido a la concordia entre los españoles.

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+Revista de Prensa

El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

. Entrevista completa a Yolanda Díaz, vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo.090421.

. Entrevista de Eurico Campano a Roberto Centeno. 110421.

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Humor

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Viñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País 120421

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4 pensamientos sobre “Burrocracia europea”

  1. Blas dijo:

    JAUME BAÇÓ ESCRIVÀ, JACOMART

    Baçó, Jaume. Jacomart. Valencia, 1411 – Valencia, 16.VII.1461. Pintor.

    Conocido también como Jacomart, Elías Tormo lo calificó, en 1913, como “el pintor más afamado de la Península al promediar el siglo XV”, calificativo que mantiene todo su vigor y es posible ampliar a Cerdeña e Italia. Su madre ejercía un oficio artístico indeterminado, posiblemente miniaturista, recibiendo encargos de la Corona, mientras que su padre era un sastre flamenco afincado en Valencia hacia 1400.

    En su formación recibió la influencia de Lluís Dalmau, de Gonçal Peris – ver: Blas, EQM, 17/02/2021- o Lluís Alimbrot, de quienes pudo ser discípulo directo. El padre había muerto ya en 1429, y Jacomart era el segundo entre tres hermanos.

    Respecto al sobrenombre de Jacomart, Sanchis Sivera cree que es una contracción de Jaume y Martí o Mateu o bien Marc. Debió de alcanzar pronto fama y prestigio, pues en octubre de 1440 Alfonso V pidió que se trasladara a Nápoles para trabajar a su servicio, permaneciendo allí al menos cinco años, dejando en Valencia diversas obras empezadas (retablos de la iglesia de Burjassot y otro para el portal de la Almoina de la catedral de Valencia, para Francesc Daries, Alfons Roiç de Corella, iglesia de Morella), contratadas antes de trasladarse a Italia. Con el paréntesis de una breve estancia en Valencia en 1446, para llevar consigo a su esposa Magdalena Devesa, residió en Nápoles como pintor real hasta 1451, en que se estableció definitivamente en Valencia.

    No se conserva nada de su estancia en Nápoles, aunque se sabe que en 1442 el rey de Aragón le encargó que pintara un gran cuadro conmemorativo del Milagro de Santa María de la Paz, es decir, la visión que Alfonso V decía que tuvo en un sueño y que le permitió derrotar a Renato de Anjou en la batalla. No se conserva esta tabla, aunque tres obras clave de la pintura italiana de la época reflejan la gran incidencia de Jacomart en el sur de Italia: San Francisco otorgando su regla (obra de Colantonio en el Museo de Capodimonte de Nápoles, durante años atribuida a Jacomart), el anónimo Políptico de San Severino (Museo de Capodimonte) y el Políptico de San Gregorio (obra de Antonello en el Museo Regional de Mesina).

    Desde 1453 hasta su muerte participó en los trabajos de decoración en la catedral de Valencia. Después de su vuelta a Valencia en julio de 1451, retuvo sus derechos vitalicios de pintor de cámara (es calificado de “feel familiar e pintor del senyor rei/ pintor del senyor rei”), y tuvo el honor de poseer escudo de armas en el portal de su casa y el suficiente prestigio para monopolizar la producción pictórica valenciana de aquella época.

    La identificación de sus obras ha planteado numerosos problemas. Durante mucho tiempo la historiografía artística lo ignoró, hasta que, partiendo de un retablo suyo de Catí reconocido como tal, se le atribuyeron obras como el retablo de San Martín, del convento de las monjas agustinas de Segorbe, el retablo de Calixto III en Játiva, así como una tabla de san Francisco conservada en San Lorenzo Maggiore de Nápoles, y otra con san Vicente en el Museo de Artes Decorativas de París. Se le atribuyeron también las tablas de la parroquia de San Juan de Morella, el de san Vicente y san Juan de Morella, el san Vicente y san Ildefonso de la catedral de Valencia, un san Bernardino de la colección Tortosa de Onteniente, y el retablo de las Agustinas de Rubielos de Mora.

    Más tarde, el descubrimiento de la firma de Juan Reixach en el retablo de Santa Úrsula (antes atribuido a Jacomart) procedente de Cubells (Lérida) y conservado en el Museo de Barcelona, permitió considerar con certeza a aquél autor del retablo de Rubielos de Mora, el de san Martín de Segorbe, y el de san Sebastián y santa Elena de Xàtiva, así como la obra de san Lorenzo de Nápoles y el Museo de Artes Decorativas de París, y se ha llegado a la conclusión de que el retablo de Catí lo pintó Reixach.

    Tras esto, las obras que se le pueden atribuir son: San Benito de la catedral de Valencia (1451-1460); Santa Elena y San Sebastián (colegiata de Játiva, después de 1451), Santa Margarita (colección particular en Barcelona, después de 1451), San Jaime y San Gil (Museo de Bellas Artes de Valencia, después de 1451), Retablo de la Santa Cena de la catedral de Segorbe (c. 1451) y Monja canonizada (colección particular en Barcelona, post. 1451). El controvertido retablo de San Lorenzo y San Pedro de Verona de Catí, que, en opinión de Ximo Company, no hay por qué rechazar que sea de Jacomart.

    En el tríptico de Frankfurt am Main dedicado a la Virgen con el Niño, san Miguel y san Jerónimo parece que intervino Jacomart ayudado de otra mano, similar a lo que sucede con el San Jaime de la Pobla de Vallbona. El retablo de Santa Ana de la capilla de Calixto III en Játiva, que tradicionalmente se atribuía a Jacomart, ha resultado ser obra de Pere (o Joan) Reixach (1453), pintor del que se tienen algunas noticias, lo que obliga a revisar la confusa relación profesional que existiría entre Jacomart y Joan Reixach, ahora menos relevante, y explicar tanto el mecanismo de introducción de las formas renacentistas en Valencia en una época tan temprana, como el de la pintura flamenca en Italia. Jacomart representa una figura de gran interés para analizar la pintura valenciana en el tránsito de mundo medieval al Renacimiento.


    Última cena, museo de la catedral de Segorbe.

    Por su parte, Gómez Frechina (2007) le atribuye el San Ildefonso y la Transfiguración de la catedral de Valencia, el díptico de la Anunciación del Museo de Bellas Artes de Valencia, la Coronación del Boston Museum of Art, la Epifanía de la antigua colección Álvares, la Virgen con el Niño y ángeles de la colección Abelló, la Coronación de la Virgen del castillo de Pelesh en Rumanía, un Santiago entronizado de la colección de la duquesa de Parcent, la Virgen con el Niño de la antigua colección de la viuda de Iturbe, la Anunciación de la colección Mascarell de Valencia y la Virgen Anunciada del Museo Civici de Como (Italia), obra en la que combina el naturalismo flamenco con el humanismo mediterráneo. También se le atribuye la Anunciación del Museo de Bellas Artes de Valencia, formada por dos tablas gemelas, a modo de dos grandes puertas.

    El 31 de enero de 1460 contrataba un retablo para el convento de San Francisco; el 12 de enero 1462 pintaba unas rejas para el altar mayor de la catedral de Valencia, y el 8 de junio de 1461 contrataba un retablo con san Bartolomé para la parroquia de Jávea.

    Vivía en la calle de San Vicente extramuros, en la parroquia de San Martín, y en junio de 1452 en la elección de consellers fue elegido entre los cuatro que pertenecían a la parroquia de San Martín. Casado con Magdalena, falleció el 16 de julio de 1461, dejándola heredera universal de sus bienes. Fue enterrado en el sepulcro que la familia poseía en el convento de los Dominicos de Valencia, junto a sus padres. Sanchis Sivera publicó un buen número de documentos del citado pintor, incluido el testamento y el inventario de sus bienes.

    Del trabajo comunitario en talleres, al servicio de un ideal religioso, se pasa a un mundo en el que comienzan a imperar el individualismo y el sensualismo apoyado en la perspectiva. Jacomart no supo adaptarse bien a este cambio, que se vislumbraba ya en Nápoles, y por eso regresó al trabajo anónimo de los talleres, lo que hace difícil la atribución de sus obras. Jacomart y Reixach, junto con Lluís Dalmau y Alimbrot, realizan la síntesis de la herencia de Marçal de Sax, Nicolau y Gonçal Peris con la influencia de Flandes y de la escuela de Brujas, señalando una importante corriente dentro de la pintura valenciana. Su pintura genera una nueva ductilidad matérica que confiere un mayor grado de humanización a sus figuras, aunque sigue operando con unos conceptos espaciales e iconográficos de raigambre medieval, amén del gusto por los dorados; la inarticulada forma de resolver los dedos en el retablo de Segorbe, o en otras muchas tablas, se configura todavía al amparo de las convenciones de Dalmau.

    Como señaló Ximo Company, aunque no se puede aceptar que haya sido el primer introductor en Valencia de la moda italiana del Renacimiento, “ningún otro pintor luchó tanto, y con éxito incluso, como Jacomart, para conseguir la unidad de un código pictórico que verdaderamente se hubiera podido titular de ‘pintura valenciana’. Incluso de pintura del Renacimiento”.

    OBRAS:

    • Restos del retablo de la Colegiata de Játiva, encargado por Alfonso de Borja, futuro Calixto III, 1456.

    • Santa Elena y San Sebastián, Colegiata de Játiva.

    • Retablo de San Lorenzo y San Pedro de Verona de Catí (Alto Maestrazgo), 1460.

    • Retablo de la Sala Capitular de la Catedral de Segorbe.

    • Retablo de San Martín, de las Agustinas de Segorbe, (Castellón).

    • San Jaime y San Gil Abad, del Museo Pio V de Valencia.

    • Sant Benedicto, en la Catedral de Valencia.

    • En la Capilla de la Comunión de la iglesia de Santa María de Alcoy se conserva una tabla gótica con la iconografía de la Nuestra Señora de Gracia, atribuida a Jacomart, proveniente de la iglesia de San Agustín, en la misma ciudad.

    • Santiago Apóstol con donante, Museo del Prado.

    • La Virgen con el niño entronizados y rodeados por ángeles músicos. 1450. Forma parte de la Colección Abelló.

    • Tabla de san Francisco, San Lorenzo Maggiore de Nápoles.

    • Retablo de las Agustinas, Rubielos de Mora.

    • Algunas de sus obras pueden encontrarse en el Museo Pio V de Valencia.

    • Última cena, museo de la catedral de Segorbe.

    • San Jaime de la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, Puebla de Vallbona.

    Ftes: Real Academia de la Hisroria: José Hinojosa Montalvo, Wikipedia, varias.

    Blas

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  2. Ruth Carbonell dijo:

    Si algo ha dejado claro este puñetero virus es que la sanidad española estaba en pañales, el gobierno perdidito y sin saber gestionar ni la compra de productos básicos. Y con el tiempo, se ha demostrado que lo de las comunidades autonómicas es un chasco, una decepción, pues solo sirven para incrementar el gasto político y el dedicado a ensalzar sus “múltiples” motivos regionalistas / nacionalistas / secesionistas…
    Pedro Sánchez, nuestro flamante jugador de baloncesto y doctorcito, en una entrevista que le hizo Iñaki López dijo algo que nunca olvidaré: “no triunfé en el baloncesto porque, con mi 1,90, me quedé bajo”. Pue bien, Pedro, con tu gestión de la pandemia te has quedado a la altura de un liliputiense. Y sigues menguando. Esperemos que sea una manera de desaparecer del mapa político cuanto antes. Que Dios nos oiga.

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  3. Ruth, perfecto, pero habría que añadir que además de todo lo que dices P. Sánchez, con la ayuda del oculto Zapatero, sigue siendo un “mendax pathologicus” que acaba de conseguir que la mitad de los jueces españoles denuncie a Europa el riesgo de violación del estado de derecho en España. Casi nada. Un deshonor, impuesto por los defensores de las libertades democráticas españolas, que lleva nuestro presidente en el pecho como si fuera un apestado. La mayor deshonra que puede llevar un presidente Europeo. Una vergüenza para todos los que confiamos en su gestión.

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  4. Reblogueó esto en El Noticiero de Alvarez Galloso.

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