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  • ¿Por qué Francesc de Vinatea tiene una estatua en la plaza del Ayuntamiento?

Las Provincias, 040615

Francesc de Vinatea tiene una estatua en el Ayuntamiento de Valencia. ¿Merece tal distinción? ¿Qué hizo para recibir tal honor? Se trata de un caballero (Morella, 1273 – Valencia, 1333) que llegó a ser jurat de la capital del Reino y en cumplimiento de su cargo se distinguió en defensa de los fueros

Ser nombrado jurado le llevó a protagonizar un enfrentamiento directo con el monarca, algo que en aquellos tiempos podía ser equiparado con alta traición, un delito que acarreba la pena de muerte.

Fue durante el reinado Alfonso IV de Aragón (y II de Valencia), conocido como el Benigno. El monarca había casado en segundas nupcias con la Infanta Leonor, hermana del monarca castellano Alfonso XI. El rey quería tanto a su mujer que decidió otorgar un valioso regalo al infante Alfonso, hijo del primer matrimonio de Leonor.

No se le ocurrió mejor idea que otorgarle las principales villas del Reino de Valencia que estaban bajo la jurisdicción real (y no en poder de un noble). Entre ellas se encontraban Burriana, Morella, Xàtiva, Alzira, Sagunto, Alicante y Castellón. Una decisión que entraba en conflicto con los fueros valencianos en un claro contrafuero.

La decisión real no cayó muy bien en estas villas. Pasar a depender de un noble suponía no estar representadas en las Cortes y con ello la defensa de sus intereses quedaba mermada.

Representantes de estas ciudades acudieron al cap i casal para que se hicieran valer sus derechos y con ellos los fueros del Reino de Valencia. Además de ser un contrafuero, la decisión real atentaba directamente al gobierno pactista que caracterizaba a la Corona de Aragón. El sistema impedía una monarquía autoritaria, ya que el rey, junto a otras muchas facultades, necesitaba la autorización de las Cortes para tomar decisiones tan sensibles e importantes como aumentar los impuestos.

Vinatea fue el encargado de defender las leyes del Reino de Valencia ante el rey, una cuestión algo delicada en la época, ya que el monarca poseía prácticamente derecho de vida y muerte sobre sus súbditos. Afortunadamente el asunto no fue a mayores y el monarca revocó su decisión y los fueros se mantuvieron intactos.

Francesc de Vinatea es conocido, además, por la tajante solución que dio al adulterio de su primera mujer. Tras sorprenderla con su amante, Vinatea recurrió a los usos de la época y los mató. Posteriormente fue absuelto por el rey Jaime II.

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el último Consejo de Ministros que contó con la presencia del líder de Podemos.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, en el último Consejo de Ministros que contó con la presencia del líder de Podemos.EFEPOOL

Más de 2.500 jueces se dirigen a la Comisión Europea para alertar del “riesgo grave de violación del Estado de Derecho” en España

La Asociación Profesional de la Magistratura, la Asociación Francisco de Vitoria y Foro Judicial Independiente denuncian la reforma del CGPJ ante Europa

Ángela Martialay en El Mundo, 130421

Las asociaciones judiciales Asociación Profesional de la Magistratura (APM), Asociación Francisco de Vitoria (AJFV) y Foro Judicial Independiente (FJI), que representan a más de 2.500 jueces de este país, han decidido poner en conocimiento de las autoridades europeas lo que consideran un asalto al Poder Judicial llevado a cabo por el PSOE y Podemos que pone en peligro la separación de poderes en nuestro país.

Denuncian que las reformas que afectan al tercer poder del Estado se están llevando a cabo en la dirección contraria exigida por Bruselas.

Los citados colectivos remitieron ayer una carta a la vicepresidenta de la Unión Europea para Valores y Transparencia Vera Jourová y al comisario Europeo de Justicia Didier Reynders donde exponen la «situación de riesgo claro de violación grave del Estado de derecho en España».

En un hecho con escasos precedentes en democracia, las asociaciones judiciales comienzan explicando que representan a la inmensa mayoría de jueces asociados y que, «con enorme pesar», se ven obligados a recurrir a la Comisión Europea

«para poner en su conocimiento nuestra inquietud ante el actual panorama que se cierne sobre la independencia judicial en España, aun sabiendo que sólo en contadas ocasiones la Unión Europea se pronuncia sobre asuntos de organización interna».

En la misiva, los miembros de la Carrera Judicial sostienen que «a pesar de que la Comisión ha expresado ya su preocupación por la posible limitación de garantías a la independencia judicial en España, se siguen ignorando las recomendaciones que se han ido proponiendo y, desafortunadamente, se continúa en la línea de ir horadando paulatinamente la independencia judicial».

«Nos dirigimos a la Comisión Europea -subrayan- para poner de manifiesto el riesgo a que se ve sometido el Estado de derecho en España a causa de la deriva legislativa por reformas de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) en trámite. La primera reforma, ya en vigor, prevé un apagón del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), al dejarle sin funciones de designación de cargos judiciales en la situación actual y hasta que sean renovados sus componentes.

La segunda reforma prevista implica una rebaja de las mayorías exigidas en las Cámaras Legislativas para la designación de los vocales judiciales, de manera que los partidos de Gobierno por sí solos puedan decidir la íntegra composición del CGPJ». 

Estas asociaciones de jueces explican que consideran que

«está en juego la separación de poderes y la independencia judicial, que es el apoyo del Estado de Derecho, como garantía de respeto de los derechos humanos, inseparable de los valores de dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, que son fundamentos de nuestra Unión Europea; y como parte de nuestro patrimonio espiritual y moral de la Unión Europea, fundada sobre dichos valores indivisibles y basada en los principios de la democracia y del Estado de Derecho»,

en referencia a la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea.

La APM, AJFV y FJI piden a la Comisión Europea que tome conocimiento de «las reformas legislativas sobre el apagón y desapoderamiento del CGPJ y su colonización por los partidos políticos, que comprometen los nombramientos de altos cargos judiciales, así como toda la actividad gubernativa sobre jueces (disciplinaria, promoción, formación,…), y con ello su independencia e imparcialidad».

«Esta actuación pone en riesgo el Estado de derecho, lo que constituye un riesgo claro de violación grave por parte de España de los valores contemplados en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea y por lo tanto, del propio Derecho de la Unión», aseguran.

Además, sostienen que desde el ámbito de competencia de la Comisión se inste al Gobierno de España a abordar las reformas legislativas que resulten compatibles con las garantías que exige el derecho comunitario.

Los jueces españoles recuerdan que la Comisión Europea, junto con otras instituciones del gigante europeo y sus estados miembros, es «responsable de garantizar el respeto del Estado de derecho como valor fundamental de nuestra Unión y de velar por que se observen la legislación, los valores y los principios de la Unión Europea».

Los togados proponen que, si los partidos políticos no abordan las reformas legislativas necesarias, se valore la procedencia de la aplicación del Reglamento 2020/ 2092 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de diciembre de 2020, sobre la posible condicionalidad de acceso a las ayudas de la Unión al respeto previo a la separación de poderes de los estados miembros.

Por último, los colectivos judiciales piden a Europa que «de no subsanarse la situación denunciada» se inicie el procedimiento previsto en el Tratado de la Unión Europea ante la constatación de «riesgo claro de violación grave por parte del Reino de España, como estado miembro, de los valores contemplados en el artículo 2 y del Estado de derecho».

Tres asociaciones alertan a la Comisión Europea de que está en riesgo el Estado de derecho.

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Que por qué la polarización

Que por qué la polarización

Los españoles tienen motivos para entregarse bien a la cólera o bien al nihilismo

Jorge Bustos en El Mundo, 130421

MADRE mía, la polarización. Aquí no hay quien viva. Ah, los españoles, pueblo atávico, cainismo incurable. Me abochorna este espectáculo. No se puede caer más bajo. Dadme una columna más alta para encaramar a ella mi fino culo de estilita y compadecer desde lo alto al infeliz hormiguero humano afanado en su mutua destrucción. Qué letanía infumable es esta, damas y caballeros.

Qué facilona perspectiva para el opinador, qué pésima literatura se hace con su fariseísmo y cuánta cobardía esconde.

No se trata de gozar en el fango goyesco hasta la cintura, comunismo va, fascismo viene. Pero se diría que no lleva ya tres años gobernando (o lo que sea) España un señor que plagió una tesis, intentó un pucherazo en la ejecutiva de su partido, obtuvo y retuvo el poder gracias a Iglesias, Puigdemont, Junqueras y Otegi y sacó el cadáver podrido de Franco en helicóptero en unas generales.

A quién escandaliza que acuse a Ayuso de falsear datos de contagio o que se ponga a asustar viejas glosando las extenuantes colas que les ha preparado el sadismo del PP. A quién sorprende que Vox no tuviera un solo escaño hasta Sánchez y hoy sea tercera fuerza si hay un edificio entero en Moncloa produciendo chatarra tóxica bajo el rótulo «Fábrica de Polarización: reformistas abstenerse». El mohín unamuniano de sentir dolor de España y pedir las sales no solo es ridículo: es que llega tarde.

La degradación de la esfera pública, notoria, tiene causas materiales muy previas a la posibilidad de que la derecha arrase en Madrid. Todos tienen motivos para entregarse bien a la cólera o bien al nihilismo. Los mayores rezan aguardando el pinchazo después de haber servido de carne de cañón al paso exterminador de la pandemia.

Los jóvenes se debaten entre engrosar el 40% de paro o trabajar por un 50% menos de salario que sus padres. Y sus padres cargan con un peso fiscal creciente y lidian con la presión darwinista de un mercado laboral en reconversión mientras una clase política devorada por el cinismo blinda sus nóminas y declara abolida la rendición de cuentas.

Marlaska, Ábalos o Celaá deshonran el cargo que todos pagamos mientras en el desván de la memoria cogen polvo las dimisiones de Bermejo, que se fue por cazar sin la licencia en regla; de Asunción, a quien se le escapó Roldán; de Corcuera o Gallardón, que unieron su destino al de sus reformas fallidas; de Mato o Soria, que se tomaron a pecho eso de que no solo hay que ser inocente sino parecerlo. Por no hablar de Màxim Huerta o Montón, protomártires de la desvergüenza sanchista.

Y luego que por qué tanta polarización.

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Preservar las palabras

Son unas elecciones a una comunidad autónoma, donde no se deciden los tipos de interés, la política penitenciaria o la forma de Estado

Félix Ovejero en El Mundo, 130421

EN MI comunidad de vecinos hay un trastornado. Entre podemita y cupero, no estoy seguro. Como es el más rico, seguro que una cosa u otra. Este año le toca presidir. Hace unos días una vecina anciana me llamó para contarme su preocupación por lo que pudiera pasar. Le recordé que aquello no era la OTAN.

Pues algo parecido pienso de la desaforada palabrería de las elecciones madrileñas y sus encendidos dilemas: «Fascismo o democracia»; «Comunismo o libertad». Se trata de unas elecciones a una comunidad autónoma, una administración territorial donde no se deciden los tipos de interés, la política penitenciaria o la forma de Estado, aunque por la trascendencia de las consignas pareciera que se dilucidan los destinos del universo.

La misma imaginería que la Europa de los años veinte con sus consejos obreros, sus escuadrones callejeros y su pistolerismo social. Preocupado por si otra vez andaba en estado lisérgico he echado una ojeada a lo que se va proponiendo y no he visto democracias orgánicas, leyes mordaza, privatización de servicios públicos, consejos obreros o expropiaciones de bancos.

Me he acordado de la historia reciente de nuestro país, de aquellos tiempos que tantos recuerdan como propicios a la concordia y al entendimiento, con una derecha entrañada en franquistas y residuos clericales y una izquierda defensora de la planificación económica y de las nacionalizaciones. Sí, entonces sí se sustanciaban asuntos importantes. Ahora cuesta encontrar a un partidario de subir los impuestos.

Inevitablemente he recordado la extendida tesis del desdibujamiento del trazo izquierda-derecha. Una tesis que niega lo que afirma: para poder hablar de desdibujamiento ha de estar clara la distinción de lo que se desdibuja, ha de tener sentido la conceptualización entre izquierda y derecha.

Por eso creo que es pertinente afirmar que la buena gestora Ayuso, con su ingeniería social y su extraordinario hospital público, ha tramitado política de izquierda. Por eso creo que hoy nuestra izquierda con su inquietante deriva autoritaria, su cultivo de las identidades, su reclamación del derecho civil anterior a la Revolución francesa o su fervor para desmontar el Estado se corresponde con la derecha más clásica, la del diecinueve. ¿Y en economía?

Pues en economía el BCE y lo que dijo el más antikeynesiano de los Premios Nobel, Robert E. Lucas: «En la hora de las trincheras todos somos keynesianos».

Cansado de especular he vuelto a mi triste certidumbre: las palabras, descarriadas, han perdido su sentido. En Sánchez, se entiende: a quien ha convertido su vida en una patraña (¡ay, esa tesis!) nada le importa. Compondrá muecas de niño inclusero pero, no les quepa duda, desde bambalinas tirará de los hilos de la crispación.

Lo de Zapatero, para que me entiendan. Pero ¿y los otros? ¿Por qué se dejan vencer por las palabras? No deberíamos olvidar la enseñanza más importante, y están siendo muchas, de la infamia catalana: las palabras hacen cosas. Hay cosas que existen porque muchos creen y dicen que existen, como sucede cuando coincidimos en que «este papel es dinero». Un Estado viene al mundo cuando muchos (países) dicen que ha venido al mundo.

Confío en que nos salvaremos de este tiempo. El primer paso consiste en preservar el sentido de las palabras de la tribu. Wittgenstein, hombre sentencioso, en sus apuntes publicados bajo el título de Cultura y valor nos recomendaba retirar de vez en cuando algunas palabras de circulación y «mandarlas a limpiar» antes de volver a usarlas.

Quizá sea esta la ocasión. Quizá todavía estamos a tiempo de preservarlas por si llega la hora, cada vez más improbable, de recuperar su recto sentido para las causas justas.

Entretanto no deberíamos olvidar que periódicamente el lenguaje incendiario provoca incendios.

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Un programa de televisión sobre la crisis del coronavirus.
Un programa de televisión sobre la crisis del coronavirus. EM

 

El papel de los expertos mediáticos

Los autores consideran que, a lo largo de la gestión del coronavirus, ha faltado más y mejor ciencia biológica, psicoconductual y médica, y más pedagogía. En cambio, ha sobrado trazo grueso y moralina.

Alberto Puig Higuera  y Sergio A. Fernández Moreno en El Mundo, 130421

SIN GÉNERO de dudas, la ciencia ha estado muy presente desde el inicio de la pandemia. Hace un año nuestra vida cambió por culpa de una entidad biológica, a priori, sumamente peligrosa y transmisible. Las preguntas nos urgían, las respuestas nos acuciaban. 

Como un remedo de la pasada crisis, donde especialistas y catedráticos en Economía satisfacían dudas y recetaban soluciones, en este último año decenas de expertos, científicos y sanitarios, más o menos vinculados a la microbiología y la epidemiología, aparecieron en nuestras pantallas, en telediarios y en tertulias, dados en hacer lo propio frente esta tremenda crisis.

Pero al igual que lo ocurrido con los expertos económicos, tampoco ahora se han identificado claras voces científicas reconociendo errores propios en la anticipación del embate de esta sorprendente crisis biosanitaria que pocos especialistas científicos preveían que ocurriera.

Esa falta de autocrítica del colectivo, lejos de animar a la prudencia tan característica y propia de la ciencia, espoleó por el contrario múltiples comparecencias de expertos en los medios y redes las más de las veces para bendecir las medidas restrictivas impuestas por las autoridades sanitarias estatales y autonómicas.

La llegada de la vacuna, un éxito innegable de la ciencia aplicada a la industria biotecnológica y cuyos verdaderos protagonistas sí han estado alejados de focos y tertulias, establece un contrapeso positivo extraordinario ante el presunto saldo ligeramente negativo cosechado por la ciencia nacional en su corresponsabilidad alícuota de un dato innegable: el exceso de contagios y el exceso de muertes en nuestro país hasta la llegada de la vacuna.

Citamos algunos presuntos errores no corregidos o no matizados por aquellos expertos más presentes.

Sobre la ventilación. Los datos estadísticos de los primeros meses, más el conocimiento clásico y acumulado hasta esa fecha sobre distintos virus respiratorios, apuntaban con claridad a que la transmisión del Covid-19 era respiratoria-aérea y en espacios concurridos cerrados. Las residencias de mayores y centros hospitalarios probaban la potencia de ese vínculo.

Incomprensiblemente, apenas hubo, durante meses, voces científicas mediáticas animando a la ventilación o aireación de esos espacios cerrados. Algunos profesionales sí empezamos a informar hace un año que esa medida preventiva e intuitiva era fundamental. La reciente reacción de la ciencia mediática viene por fin a corregir ese error que duraba demasiado.

Sobre la transmisión por superficies o fómites. La ciencia no acertó a restar atención a este vínculo epidemiológico que, tan solo probado en condiciones artificiales, no parecía tener la fuerza que se le suponía.

Conceptos biológicos como tegumentos y mucosas no respiratorios, actuando como barreras fisiológicas o partículas virales viables al exterior, no se esgrimieron. Ello aumentó la obsesión por la desinfección de todo tipo de superficies.

Sobre los contagios desde asintomáticos. Esta extendida e incontrovertible creencia dogmática exigía más literatura científica que la avalara definitivamente. Es un error no de apreciación pues hay asintomáticos que pueden contagiar, sino error de magnitud. La probabilidad de contagio probado desde asintomáticos, según la OMS (informes 9 julio y 2 diciembre), no sería alta.

Esta equivocación ha focalizado la gestión centrándola casi por entero en los individuos y en su comportamiento cotidiano combatiéndolo con baterías de medidas restrictivas en sociabilidad y en movilidad.

Todo ello ha provocado el agridulce resultado de un menor freno de contagios y muertes de lo esperado, y un impacto altísimo en salud emocional, afectiva y salud económica familiar. La mayoría de los expertos mediáticos parecen haberse sumado a la corriente general simplificando la multifactorialidad y complejidad de los fenómenos biológicos de transmisión y de nuestra sociabilidad ancestral, sosteniendo que el virus y sus cepas se transmitía rápida y fácilmente desde cualquier persona y a la mínima oportunidad aunque, un año después, el 88% de la población siga sin estar contagiada, generando una alta percepción del riesgo que era, por un lado, necesaria (mantener distancias, evitar aglomeraciones, mascarillas lugares cerrados…) pero, por otro, sobreactuada (mascarillas aire libre, parques cerrados, prohibición abrazos, toques de queda…) y parcial. Aparejando como déficit una percepción del riesgo tristemente baja ante el tándem espacios físicos cerrados y personas con factores de riesgo.

Valga como prueba: los mecanismos preventivos no funcionaban o se diluían en el interior de residencias de mayores y, sobre todo, dentro de domicilios (convivientes, mujeres cuidadoras, ancianos,…) donde los datos de seroconversión (encuesta nacional de seroprevalencia-Ministerio de Sanidad) reflejan que se han dado el mayor porcentaje de contagios.

En definitiva, ha faltado, con los metaestudios en la mano, más y mejor ciencia biológica, psicoconductual y médica, más pedagogía; y ha sobrado trazo grueso y moralina.

Los científicos y expertos mediáticos, salvo contadas excepciones, han perdido la ocasión de profundizar, afinar y ampliar los esclerotizados enfoques preventivos institucionales, y dirigirlos en mayor medida a los espacios físicos de relación cotidianos bien ventilados (domicilios, residencias, aulas, despachos, vehículos, salas espera…) y a la protección de personas con factores de riesgo, lo que a buen seguro hubiera salvado muchas vidas.

Alberto Puig Higuera es biólogo experto en salud ambiental y Sergio A. Fernández Moreno es biólogo experto en prevención de riesgos y bioseguridad.

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Hoy voy a cambiar: es posible transformarte en la persona que quieres ser
Julia Noni/Trunk Archive

Hoy voy a cambiar: es posible transformarte en la persona que quieres ser

Cuando comenzaron los cierres de emergencia por la pandemia, Catherine Steffel, médica y autora de textos científicos en Madison, Wisconsin, se percató de que su rutina diaria no había cambiado mucho. Le inquietó que su vida normal fuera tan parecida a una cuarentena.

Luego, en enero, su marido de 29 años murió de la nada a causa de un agresivo tipo de cáncer. A su esposo le encantaba navegar y volar aviones, pero Steffel siempre había sido más precavida y orientada al trabajo. En honor a su memoria, Steffel decidió acoger el entusiasmo por la vida que tenía su esposo.

“Debe haber algo más”, pensó. “¿Por qué no lo estoy haciendo?”.

Creó una lista de nuevas actividades para probar cuando fuera seguro hacerlas. Después de que termine por fin la pandemia, planea subirse a un trineo impulsado por perros, soplar vidrio y visitar una granja de alpacas.

Para darles seguimiento a estos planes, Steffel necesitará hacer cambios en su personalidad. Le agota la interacción social, así que tendrá que volverse más extrovertida: algunos de los objetivos de su lista requerirán tomar clases llenas de extraños. También necesitará ser más abierta a las experiencias, otro rasgo que precisará al probar las nuevas actividades.

Steffel ha pasado más tiempo escribiendo en un diario y haciendo yoga para mitigar su ansiedad. También empezó a ver a un terapeuta, de quien espera que le ayude a “identificar a dónde quiero ir y quién quiero ser en el futuro”. En efecto, Steffel terminará la cuarentena como una mujer nueva.

on la muerte de su marido, la vida de Steffel iba a cambiar a pesar de la pandemia. Sin embargo, otras personas también han reevaluado sus futuros en este año brutal. Hay algo en la extrañeza y tensión de la pandemia que parece haber provocado una sacudida en las vidas de algunas personas.

Después de todo, la persona que eras cuando inició la cuarentena no tiene por qué ser la misma de cuando termine. Según los científicos, la gente puede cambiar su personalidad bien entrada la adultez. Además, ¿qué mejor momento de transformación que ahora, cuando nadie te ha visto durante un año y podrían haberse olvidado cómo eras al principio?

Durante mucho tiempo se pensó que la gente tan solo es de cierta manera y que permanecerá así para siempre. El médico griego Hipócrates creía que las personalidades de las personas eran gobernadas por la cantidad de flemas, sangre, bilis negra y bilis amarilla que fluía por sus cuerpos.

Claro está, desde hace tiempo la ciencia moderna ha descartado las nociones de bilis y humores. Y ahora, parece que la idea de que nuestras personalidades son inmutables tampoco es tan verdadera. L

os investigadores han encontrado que, en tan solo unos pocos meses, los adultos pueden cambiar los cinco rasgos que constituyen la personalidad: extroversión, apertura a nuevas experiencias, estabilidad emocional, amabilidad y responsabilidad. De modo muy similar al caso de Steffel, los rasgos están conectados, así que el cambio en uno podría producir un cambio en otro.

Cambiar un rasgo requiere actuar de ciertas maneras que personifiquen ese rasgo, en vez de simplemente pensar en ello. Como dijo Richard Wiseman, profesor de Psicología en la Universidad de Hertfordshire, en The As If Principle: te puedes comportar “como si” fueras la persona que quieres ser. En poco tiempo, tal vez te des cuenta de que eres tú.

Wiseman escribe que George Kelly, un psicólogo reconocido de la década de 1950, fue tan lejos que les pidió a sus clientes que actuaran “papeles” que representaban los rasgos de la personalidad que querían adoptar. Una persona que quería ser más extrovertida tal vez debía apuntarse a hablar en público o ir a bares y hablar con extraños. Después de algunas semanas, muchas personas comenzaron a pensar que los papeles eran ellas mismas.

“Muchos de los clientes de Kelly mencionaron que el nuevo papel parecía como si siempre hubiera sido su verdadero ser y que tan solo hasta ese momento se habían percatado de ello por completo”.

De manera similar, Geraldine Downey, profesora de Psicología en la Universidad de Columbia que estudia el rechazo social, ha encontrado que a la gente excluida socialmente que quiere ser parte de un grupo le va mejor si supone que les va a caer bien a las otras personas. Deben comportarse como si fueran el chico popular. Empezar interacciones sociales esperando lo peor, como lo hace mucha gente con ansiedad social, suele ser una profecía autocumplida.

Esta ciencia detrás del cambio de personalidad se ha concretado por medio de investigaciones de reciente publicación. Por ejemplo, en un estudio, al poner más esfuerzo en sus tareas, los estudiantes se volvieron más responsables: una revocación de la noción popular según la cual los alumnos responsables ponen más esfuerzo en sus tareas. En otro, la gente pudo volverse más extrovertida o responsable en cuatro meses con solo hacer una lista de lo que querían cambiar y qué medidas debían tomar para lograrlo.

Así que, alguien que quiera volverse más extrovertido podría escribir: “Llama a Andrew y dile que almuercen el martes”. Después de suficientes almuerzos con Andrew (y presuntamente también con más gente), las personas se vuelven las extrovertidas que esperaban ser.

La terapia puede servir en este proceso. Consideremos el neuroticismo, un rasgo responsable de la ansiedad y la rumia. El neuroticismo suele disminuir de modo natural con la edad. Sin embargo, una revisión de estudios reveló que un mes de terapia —cualquier tipo de terapia— reducía el neuroticismo casi la mitad de la cantidad que se podría esperar en un declive natural durante el curso de toda una vida. Las personalidades de los individuos permanecieron distintas durante al menos un año después de la terapia.

Después del neuroticismo, la introversión fue el rasgo de la personalidad más modificable, de acuerdo con esta investigación. Como suele suceder, el neuroticismo y la introversión son los dos factores que tienen mayor influencia en la ansiedad social. Si cambias esos dos elementos de tu personalidad, puedes extinguir una gran parte de tu inseguridad personal.

Brent Roberts, un psicólogo de la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign, y el autor principal de esa revisión de estudios, quedó sorprendido de que una ráfaga tan breve de terapia pudiera tener efectos tan considerables.

Roberts cree que la razón de este éxito pudo ser que, cuando una persona alcanza su punto más bajo y se percata de que quiere cambiar, hay algo benéfico en contar con una presencia cálida y reconfortante disponible que brinde apoyo. El terapeuta “te envía un mensaje ambiguo de que eres una persona valiosa”, me dijo. Sirve tener gente en tu esquina, aunque sea porque le pagues por hora.

Para quienes no pueden costear la terapia, pronto podría haber herramientas digitales disponibles. En un estudio reciente de 1500 participantes, Mirjam Stieger, una investigadora posdoctoral de la Universidad Brandeis, encontró que las metas más populares para los cambios de personalidad eran la disminución del neuroticismo, así como el aumento de la responsabilidad o de la extroversión.

Stieger y sus colegas desarrollaron una aplicación que le recuerda a la gente que debe realizar tareas pequeñas para modificar sus personalidades, como “hablar con un extraño cuando vayas al supermercado”. Entonces, la aplicación les pregunta si de verdad tuvieron ese comportamiento.

Stieger encontró que las personalidades de los participantes en el estudio, de hecho, cambiaron, en comparación con un grupo de control que no usó la aplicación. Además, en un seguimiento después de tres meses, los cambios habían permanecido.

Un cambio de disposición pospandémico podría lucir como esto: alguien que llegaba tarde crónicamente antes de la pandemia podría trabajar en ser más responsable o puntual. Una manera de demostrarles a tus amigos qué tanto los extrañaste es comenzar a respetar su tiempo.

O si eres alguien que solía reaccionar con sospecha y enojo cuando un conocido cancelaba planes, podrías probar con ser más afable o perdonar los desprecios sociales menores. Incluso hacer esos planes en primer lugar podría servirte para ser más extrovertido o abierto a las nuevas experiencias.

Además, para los manojos de nervios neuróticos como yo, Stieger sugirió relajarnos durante, digamos, diez minutos todas las noches. Suena como una locura, pero se supone que podría funcionar.

A pesar de la connotación alegre, la amabilidad involucra una mayor empatía y preocupación por los demás. La pandemia ha revelado la desigualdad aterradora de la vida estadounidense y ha provocado que algunas personas —como los padres solteros y los trabajadores esenciales— carguen un peso devastador.

Al ser más amables, podemos intentar recordar la singularidad de la experiencia de cada una de las personas y ser más gentiles el uno con el otro. Aunque la pandemia terminará, sus cicatrices podrían tardar algún tiempo en sanar. Tratar a la gente con paciencia y, sí, amabilidad, ayudará en esa sanación.

Por medio de un aislamiento doloroso, el año que acaba de pasar ha revelado, contra toda lógica, el valor de las amistades y los vínculos sociales. Para quienes quieren conexiones renovadas que se han atrofiado, solidificar amistades que han migrado a Zoom o simplemente vivir de manera distinta, es muy posible lograrlo. Recuerda que tu personalidad es más como una duna de arena que como una piedra.

Olga Khazan es periodista de The Atlantic y autora de Weird, de donde se adaptó este ensayo.

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Un hombre consulta una enciclopedia.
Un hombre consulta una enciclopedia.PACO PUENTES

Qué se debe?

Nos inclinamos a creer que las calumnias políticas y las ‘fake news’ son cosa actual, un invento reciente. Lo cierto es que fue una práctica constante a partir del siglo XVIII

FÉLIX DE AZÚA en El País, 130421

Nos inclinamos a creer que las calumnias políticas y las fake news son cosa actual, un invento reciente. Lo cierto es que fue una práctica constante a partir del siglo XVIII a medida que se adensaba la nueva clase burguesa, centro y diana de todo engaño. Si ahora parece algo nuevo es tan sólo porque ha aparecido un nuevo tipo de ciudadano atontado que se cree las majaderías de internet. No es una práctica nueva, es una clase nueva.

Una de las más hermosas fake news que se pueda estudiar es la que promovió la Encyclopédie Méthodique, enorme producto de colosal influencia en todo Europa. En 1782 publicó un volumen de geografía donde apareció la maldita pregunta:

“¿Qué se debe a España? Desde hace dos siglos, desde hace cuatro, desde hace seis, ¿qué ha hecho por Europa?”. Como es lógico, el texto era un amasijo de calumnias, informes tergiversados, juicios hipócritas y sobre todo falsedades. El problema es que donde más gente lo tomó al pie de la letra fue, naturalmente, en España.

A partir de ese momento comienzan las dos greñas, la de los que la odian y la de quienes se creen obligados a defenderla. Así como las damas madrileñas se vistieron de Carmen (la de Mérimée) con perfecta candidez, así también aparecieron los “rancios” (defensores de España) y los “felones” (traidores afrancesados).

Los dos bandos iniciaban la divisoria entre ilustrados y castizos, liberales y carlistones, las dos Españas en pugna que se dan de bastonazos hasta el día de hoy con Podemitas y Voxistas. Una plaga.

La historia entera y la aparición del primer diario insumiso español, El Censor, así como la figura sulfúrica de Forner, está en ¿Qué se debe a España?, de Francisco Uzcanga. Se lee mejor que una novela porque el autor es un literato de raza.

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Foto: José Ortega y Gasset.
José Ortega y Gasset.

A 90 años de la precoz autodestrucción de la II República

En siete meses, Ortega y Gasset pasó de maldecir la monarquía a pedir la rectificación de la República porque desde el principio no se condujo como un proyecto nacional 

José Antonio Zarzalejos en El Confidencial, 130421

Mañana hará 90 años que se proclamó en España la II República. No fue un acontecimiento revolucionario, como determinada izquierda pretende que se crea y como secunda un sector de la derecha.

El régimen de la Restauración de la monarquía alfonsina (Alfonso XII y XIII) cayó por su propio peso después de unas elecciones municipales celebradas el 12 de abril de 1931 en las que las candidaturas republicanas se impusieron en las capitales de provincia aunque, en conjunto, ganasen las monárquicas. Pero la clase dirigente interpretó —con acierto, todo hay que decirlo— que esos comicios reclamaban un cambio de régimen.

Por eso, Álvaro de Figueroa (*), conde de Romanones, a instancias del rey Alfonso XIII, se dirigió la mañana del 14 de abril de 1931 al domicilio de Gregorio Marañón para, en terreno neutral, parlamentar con Niceto Alcalá Zamora y sellar el armisticio.

El que fuera primer presidente de la II República —no precisamente un izquierdista y con una biografía de amplia colaboración con la monarquía— exigió que el Rey saliese ese mismo día de España “antes de ponerse el sol”. Como Romanones se resistiera —de forma leve y sin convicción—, Alcalá Zamora descargó su argumento definitivo: había recibido una llamada del general Sanjurjo, responsable máximo de la Guardia Civil, adhiriéndose a la causa republicana.

Ahí acabó todo: pocas horas después, Alfonso XIII viajaba a Cartagena rumbo a Marsella después de constatar que había perdido “el amor de su pueblo” y con el propósito de que no se “vertiera una gota de sangre” por su causa. Al día siguiente, 15 de abril, la Reina consorte y sus hijos salieron desde el Escorial hacia el exilio. La II República ya había sido proclamada.

Los sucesos de aquel 14 de abril en Madrid los relató Josep Pla (*) de manera magistral: “Todo el entusiasmo popular tuvo casi siempre un aire de verbena; a veces en la Puerta del Sol, llegó a adquirir una densidad emotiva profunda e inolvidable. La gente estuvo correctísima y la propiedad fue absolutamente respetada.

Alguna anécdota de carácter anticlerical se produjo en los suburbios, pero no puede decirse que aquello acabara dando tono al espectáculo”. Más adelante, el escritor catalán se refería a la caída del régimen en unos términos agónicos, sin presentar resistencia alguna, subrayando que “el Rey (…) ha estado dominado estas últimas horas por una suerte de serenidad terrible e impávida”.

No hubo, pues, ni revolución ni asalto al Palacio Real —pese a que la noche del 14 de abril allí estuvieron instalados hasta la mañana siguiente la Reina, el heredero y los infantes e infantas—, y solo se produjo una explosión de “pulmones rotos y garganta ronca”, en expresión de un Pla que aportó en sus crónicas sobre la II Republica española claves de interpretación de gran valor.

La Restauración fracasó por la suspensión constitucional de 1923 con ocasión del golpe de Miguel Primo de Rivera

La Restauración fracasó por múltiples circunstancias, pero, en particular, por la suspensión constitucional de 1923 con ocasión del golpe de Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, que, con la aquiescencia del Rey, formó un Directorio Militar que duró hasta 1925 —seguido de un Directorio Civil (1925-1930)—.

Durante esos años, la monarquía constitucional dejó de serlo y el Rey se entregó a una pulsión autoritaria al calor de la que surgió la utopía republicana alimentada por la izquierda, sí, pero también por una intelectualidad laica, liberal y abierta sin cuyo concurso el cambio de régimen seguramente no se hubiese producido.

Ortega y Gasset (*) quintaesenció el impulso republicano mediante una larga labor de años en los que disertó y escribió sobre las taras del régimen de la Restauración hasta llegar a 1930 y lanzar aquella consigna irreversible: “Delenda est monarchia”. El filósofo madrileño constituyó en 1931 la Agrupación al Servicio de la República con Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, cuyo primer objetivo fundacional consistió en “movilizar a todos los españoles de oficio intelectual para que formen un copioso contingente de propagandistas y defensores de la República española”.

Ortega creía en una nación de auténticos republicanos, apostaba por un cambio de régimen pacífico y por una República nacional y sin radicalismo. Por eso, el mismo intelectual —el más grande de todos los españoles en el siglo XX— pronto avisó del “no es esto, no esto” en un artículo titulado “El aldabonazo”, publicado el 9 de septiembre de 1931 y cuyo párrafo final decía:

“Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: ‘¡No es esto, no es esto!’. La República es una cosa. El radicalismo es otra. Si no, al tiempo”.

La II República acabó malográndose desde sus mismos principios porque resultó atrapada por el sectarismo y la radicalidad

Pero tres meses después, el 6 de diciembre de 1931, Ortega y Gasset pide abiertamente la “rectificación de la República” en una conferencia pronunciada en el Cinema de la Ópera de Madrid. El texto de la disertación es denso y matizado, pero contiene el diagnóstico que, pocos años después, frustraría el nuevo régimen.

Denunció el filósofo la “chabacanería” que inundaba España, la “flojedad” de mentes y la falta de “disciplina” que observaba. El orador advirtió de que la República no estaba sumando sino restando, por lo que era “preciso rectificar” su perfil.

Denunciaba que a los siete meses de su proclamación, “nos han hecho una República triste y agria” y añadió que en ese tiempo había “caído la temperatura del entusiasmo republicano y trota España, entristecida, por ruta a la deriva. Y esto es lo que hay que rectificar” porque “apenas sobrevenido su triunfo comienza ya a falsearse”.

Con sutileza y cautela, Ortega y Gasset desmenuza el anticlericalismo estéril —él que se proclamó laico y “no católico” y criticó con una dureza extrema a la Iglesia—, la exigencia de “pureza de sangre republicana”, la preferencia por el Comité revolucionario en vez de por un Gobierno y, en fin, el radicalismo que se estaba instalando.

Ortega creía en una nación de republicanos, apostaba por un cambio de régimen pacífico y por una República nacional y sin radicalismo

La II República no puede falsearse: se frustró sola y así lo denunciaron muy pronto las cabezas más relevantes que reclutaron a la intelectualidad para traerla “en unas elecciones, no en una barricada”, como bien recordó el autor de ‘FF’.

Y a ese autor habría que remitirse en este 90 aniversario de la proclamación de la II Republica para entender cómo su “natividad” (sic de Ortega) fue con intención de tránsito nacional y no de vencimiento de “los unos sobre los otros”.

En otros términos, la II República —que pudo haber sido una experiencia de éxito— acabó malográndose desde sus mismos principios temporales porque resultó atrapada por el sectarismo y la radicalidad.

Y al conmemorar la efemérides, habrá que centrarse en lo nuclear de la historia de nuestro país: el disenso, la incapacidad de mantener en el tiempo, con correcciones reformistas y no revolucionarias, nuestro sistema de convivencia.

Serviría pues este abril de 2021 para en esta España democrática —con una Constitución de vigencia constante durante ya casi 43 años— perseverar en los valores de la conciliación, la tolerancia, el respeto y la contribución a la construcción de un proyecto común en el que se combine lo que une y diferencia como un caleidoscopio de nuestra pluralidad. Lo que no consiguió, ni en sus primeros pasos, la II República.

(*) ‘Romanones. La transición fallida a la democracia’. Guillermo Gortazar. Editorial Espasa.

(*) ‘La Segunda República española. Una crónica 1931-1936.’. Josep Pla. Prólogo de Valentí Puig y edición de Xavier Pericay. Editorial Destino.

(*) ‘Obras completas’. José Ortega y Gasset. Tomo IV. 1926-1931. Editorial Taurus.

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