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  • Gabilondo ya no tiene credibilidad fiscal

Editorial de El Mundo, 140421

EL CABEZA de lista socialista a las elecciones madrileñas se ha quedado sin credibilidad fiscal. Su promesa de no subir impuestos ha sido refutada tanto por Sánchez como por María Jesús Montero, que han desvelado el hachazo fiscal que preparan, entre otros, contra Madrid.

Mientras el candidato se compromete a no incrementar la tributación, la ministra desmonta su principal lema de campaña de Gabilondo abriéndose a subir los impuestos esta legislatura hasta en 90.000 millones.

El falso argumento de que busca corregir el diferencial de España en recaudación respecto a la media europea se desmorona si atendemos al diferencial en sueldos, paro estructural y economía sumergida.

Pero Sánchez se escudó en las recomendaciones de la UE para justificar una subida que incluye Sociedades, Patrimonio y Sucesiones. El esfuerzo en España recaerá sobre las clases medias y asalariadas empobrecidas por la pandemia que cargarán con el gasto en mayor medida que sus homólogas europeas.

Sánchez se amolda a las mentiras nacionalistas que acusan a Madrid de dumping. Pero bajo el subterfugio de una «armonización», el hachazo fiscal lastrará la recuperación. La entrada en campaña de Sánchez erosiona aún más la posición de Gabilondo.

Nadie puede tomarse en serio al PSOE cuando promete que no tocará el modelo liberal que ha construido la prosperidad de Madrid.

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Ilustración de Raúl Arias [España, 1969] para el texto

Jacobinismo excluyente

El autor sostiene que el proyecto de la II República, de cuya proclamación se cumple hoy el 90 aniversario, fracasó por la intolerancia y por el defecto original de copiar las posiciones radicales del jacobinismo

Plácido Fernández-Viagas Bartolomé en El Mundo, 140421

EN EL argumentario de Pedro Sánchez, que desde luego no es un teórico doctrinal sería ridículo compararlo con Manuel Azaña, ni siquiera con Felipe González, una frase se repite insistentemente en todos sus mítines y declaraciones: los enemigos del Gobierno forman parte «de la derecha aliada con la ultraderecha».

Ahí engloba desde Ciudadanos hasta Vox, incluyendo a los meros opositores intelectuales y de prensa. Todos los que disienten serían poco menos que fascistas. ¿Cree que somos tontos? No, simplemente es consciente de que la actividad política se ha convertido en un terreno abandonado a la simpleza de la mayoría, a su mediocridad, es decir, a la demagogia.

Más grave resulta, según leo en recientes informes de prensa, que nuestro prestigioso ministro de Universidades, y catedrático, se haya atrevido a afirmar literalmente lo siguiente: «Si este Gobierno colapsara, que no lo hará, España se desintegraría». ¿No es consciente de que una idea de este género estuvo en el origen del fracaso de la II República?

Se ha señalado en más de una ocasión que uno de los defectos originales de los republicanos de 1931 derivó de su adscripción ideológica, también temperamental, a los postulados del jacobinismo. Todos sus oponentes serían unos fanáticos, partidarios de la más negra reacción. Nadie ha sabido describirlo con mayor perfección que Hugh Thomas al referirse al estilo personal de los miembros del Gobierno del Frente Popular:

«En junio de 1936 un inquieto grupo de liberales de clase media y de edad madura ocupaba el banco azul, frente al hemiciclo de la Cámara de Diputados […] Los hombres de este Gobierno tenían un fanatismo propio no muy típico de los países de mentalidad práctica que ellos deseaban reproducir en España».

Y añadía:

«En los primeros años de la República, en 1931 y 1932, los ojos de Casares Quiroga [presidente del Gobierno con el Frente Popular] relucían brillantes en su pequeño rostro, ante amigos y enemigos, como los de Saint Just».

De hecho, las referencias y los guiños a la Revolución francesa, sobre todo a su vertiente jacobina, fueron constantes en el republicanismo español. Y no hay mejor expresión de ese pensamiento que la idea expresada por Robespierre en su discurso Sobre el Gobierno representativo, de 10 de mayo de 1793:

«El dominio del pueblo es de un día mientras que el de los tiranos dura siglos».

Para evitar el triunfo de la reacción, sería preciso establecer que «no puede haber libertad para los enemigos de la libertad». Hasta los girondinos, entonces, se convertían en sospechosos destinados a la guillotina.

Desde un punto de vista sociológico resulta de una enorme expresividad la descripción que Pierre Bessand-Massenet realiza de los jacobinos:

«Su comportamiento reflejaría un germen de intolerancia, propio de la naturaleza de ciertos individuos, una voluntad de dominación y de inquisición moral tanto como política, una suerte de inflexibilidad humana elevada al rango de virtud…».

Efectivamente, el jacobinismo se presenta como una dictadura de la Virtud, por tanto, se convence de que está destinado a cumplir una misión nacional-patriótica: restaurar la racionalidad, la justicia, incluso la estética, en el mundo.

Sería imposible colaborar en forma alguna con los partidarios del ancien régime, habría que borrarlos de la historia. Los republicanos españoles no dudaron en imitarlos. Así, una personalidad de tanto relieve como la de D. Manuel Azaña, en el Coliseo Pardiñas de Madrid, en 1934, excluyó de la posibilidad de gobierno a todos los que no hubieran participado en la proclamación de la II República, los consideraba fuera del sistema. Veamos:

«Una cosa es ingresar en la República y otra cosa es gobernar la República. Para gobernar la República hace falta tener en el Parlamento, puesto que en régimen parlamentario estamos, un número suficiente de diputados que pueda mantener un Gobierno; pero esos diputados tienen que haber salido de las urnas con un signo republicano, con un programa republicano y una bandera republicana, diciendo que son republicanos. Presentarse ante los electores con un programa que no es republicano, disimular las convicciones, por lo menos, salir así electos y, luego, para entrar en el poder, reconocer el régimen, yo digo que es la más sucia operación política que se puede pensar [Aplausos]. No es jugar limpio, ni es para eso para lo que están instituidos la Constitución y el régimen parlamentario. No; no están para eso, porque la Constitución y el Parlamento no están para entregar el régimen a sus propios enemigos de anteayer. Ni eso es la Constitución, ni eso es el Parlamento».

Esas palabras iban dirigidas contra la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). En el ánimo de sus fundadores, se trataba de crear en España un partido demócrata-cristiano, lo que así realizaron en 1933 mediante la unificación de distintos grupúsculos de carácter católico. P

ara Hugh Thomas, «el carácter anticlerical de la Constitución» significaba que los miembros de la CEDA rechazaban los principios fundacionales del sistema. Lo cierto es, sin embargo, que Gil Robles sostuvo la nota «accidental» de las estructuras políticas, defendiendo la posibilidad de actuar dentro del régimen.

De hecho, a la hora del Alzamiento, prestigiosos dirigentes cedistas como Luis Lucía rechazaron el golpe militar. Y personalidades tan claramente demócratas como Giménez Fernández se contaron en sus filas.

No se trataba de un partido marginal. Todo lo contrario. Agrupaba a muy importantes sectores de la clase media española. Así, en las elecciones de 1933 ganadas por la derecha, la CEDA obtuvo 117 escaños y se convirtió en el partido mayoritario en las Cortes. En un régimen parlamentario normalizado, la formación del Gobierno se debería haber encargado a José María Gil Robles. No lo hizo así Alcalá Zamora. Se hubiera considerado una traición inaceptable a la Republica.

De hecho,Azaña advirtió en discurso del 11 de febrero de 1934 que «los elementos de CEDA y los agrarios no tienen títulos políticos para ocupar el poder, aunque tengan números en el Parlamento para sostenerse. Esto no se había dicho aún. ¡Pues ya es hora de decirlo!»

Para los partidos republicanos de izquierda, firmantes del Frente Popular, la derecha monárquica, los agrarios y la CEDA eran auténticos enemigos del régimen. Y contra ellos, al igual que contra los «tiranos», todo era lícito. Lo que explica el rechazo que sufrió la formación de Gobierno en octubre de 1934 por el simple hecho de la entrada de tres miembros de la CEDA, plenamente legitimados para ello.

Todas las organizaciones fieles al régimen la consideraron ilícita. Juristas, funcionarios y personalidades independientes mostraron también su escándalo, llegando a dimitir en más de un caso. Lo hicieron, por ejemplo, Álvaro de Albornoz, presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales, y Luis de Zulueta, embajador en Berlín.

Para Izquierda Republicana, el partido de Azaña, «el hecho monstruoso de entregar el Gobierno de la República a sus enemigos era una traición y el partido rompía toda solidaridad con las instituciones del régimen y afirmaba su decisión de acudir a todos los medios para defender la República». La Revolución de Asturias, un auténtico golpe subversivo, fue la consecuencia de este ambiente.

EN PROBLEMA es que los fundadores del régimen no aceptaron la convivencia con la derecha conservadora, ya se tratase de la CEDA, Renovación española o los agrarios. El mismo Alcalá Zamora desconfió permanentemente de los dirigentes democristianos, sin darse cuenta de que ningún gobierno, por progresista que se considere, puede despreciar sistemáticamente a la mayoría.

Tenía razón Gil Robles, que nunca pudo ser calificado de fascista, cuando (en sesión de Cortes) señalaba: «Desengañaos, Sres. Diputados; una masa considerable de la opinión española que, por lo menos, es la mitad de la Nación, no se resigna implacablemente a desaparecer; yo os lo aseguro».

Un proyecto tan modernizador y atractivo como el republicano fracasó por la intolerancia. Esperemos que los miembros de nuestro actual Gobierno no lleguen al mismo nivel de irresponsabilidad. Lo malo es que al fanatismo de entonces se une una enorme mediocridad. Les manca finezza, como diría Giulio Andreotti.

Plácido Fernández-Viagas Bartolomé es doctor en Ciencias Políticas. Es autor de Palabras de guerra, sobre los debates parlamentarios en la II República, y ha sido coordinador de la obra Los parlamentarios andaluces en la II República.

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Los mayores primero, por eficacia

El autor recuerda que el coronavirus afecta más y de manera más grave a las personas mayores, por lo que defiende la necesidad de articular medidas orientadas a proteger de manera especial a esta franja de edad

Julio Carabaña en El Mundo, 140421

LO QUE CON más certeza se sabe del Covid-19 desde su llegada es que se agrava con la edad y, muy especialmente, en las edades más avanzadas. Mientras la mayor parte de los niños y jóvenes infectados no desarrollan síntomas, o solo leves, los mayores desarrollan muchos y graves.

Consideremos lo ocurrido en España desde el 10 de mayo de 2020, fecha en la que comenzó el actual sistema de recuento; y el 17 de marzo, fecha del último informe oficial (Renave). Si se trata de jóvenes, de cada 100.000 contagiados han llegado al hospital 99; a la UCI, 5; y a la muerte, uno.

Si se trata de adultos entre los 40 y los 49 años, de cada 100.000 contagiados ha habido 270 ingresos hospitalarios, 24 estancias en UCIs y cinco fallecidos. Si se trata de mayores entre los 60 y los 79 años, de cada 100.000 han llegado al hospital 883; a la UCI, 128; y a la muerte 143. Entre los mayores 80 años, por último, cada 100.000 casos confirmados dieron lugar a 2.179 ingresos en hospitales, 39 en UCIs y 981 en los registros de defunción.

No caben orientaciones más claras ni más urgentes para las intervenciones políticas y para las medidas privadas. Si realmente se trata de salvar vidas o de proteger los hospitales, tienen que ir por riguroso orden de edad.

En el caso de que, por cualquier razón, se diera prioridad a que las UCI no se saturasen cabría insistir más en proteger del Covid-19 a la franja de edad entre los 60 y los 79 años.

Evitar contagios entre los mayores habría sido 22 veces más eficaz que evitarlos entre los jóvenes en términos de ingresos hospitalarios; en términos de muertes, evitar contagios entre los mayores habría sido mil veces más eficaz.

Parece evidente que las medidas de prevención adoptadas han quedado lejos de responder adecuadamente a estas enormes diferencias de gravedad. Tras el confinamiento total de la primera ola y la abigarrada variedad de cierres perimetrales, toques de queda, distancias y ventilación en lugares públicos, las tasas de infección por edades siguen evolucionando de modo casi tan paralelo que cuando no se habían tomado medidas.

No parece sino la conciencia de las diferencias en gravedad y en riesgo de muerte no hubieran influido ni en las medidas del Gobierno ni en las de los propios interesados. Es verdad que puede que haya habido alguna mejora. Con datos de la encuesta del Instituto Carlos III, en mayo de 2020 había desarrollado anticuerpos el 5,2% de la población entre 30 y 49 años, y en torno al 5,8% de los mayores de 60 años.

A fines de noviembre, en la ronda cuatro de esta encuesta la seroprevalencia se había acercado al 10% en todos los mayores de 20 años. En concreto, la tasa de seroconversión (personas con antígenos en noviembre, pero no en mayo) había sido del 3,6 entre las personas de 34 a 49 años y del 3,2% entre las de más de 65 años.

Cabe, pues, estimar que las medidas de prevención, públicas y privadas conjuntamente, afectaron más a los mayores, que de estar un 12% sobre los adultos jóvenes pasaron a estar un 12% por debajo. Pero ahí se acabó el cambio, según confirman las cifras de casos confirmados notificados a Renave.

Entre mayo y noviembre de 2020 los casos confirmados fueron el 3,2% entre los adultos de 30 a 49 años y del 2,5% entre los mayores de 60 años. A finales de febrero, tras la ola del invierno de 2021, habían llegado al 6,4% entre los adultos de 30 a 39 años y al 5,4% entre los mayores de 60. No puede, pues, negarse que la prevención no haya tenido un efecto específico entre los mayores, quizá un 20%. Muy lejos, en todo caso, de las diferencias de gravedad de 1.000 a uno.

Cabría cuestionar que las medidas de seguridad deban ser proporcionales a la gravedad. Si la diferencia fuera solo de muertes, podríamos decir que estamos ante un reflejo del valor que la gente da a su propia vida, pues, al cabo, los principales responsable de la prevención son, incluso a estas edades, los propios interesados.

Podríamos incluso razonar que una relación de 1.000 a uno entre la vida de una persona de 85 y una de 25 es una estimación bastante objetiva de su valor real.

Conviene observar, sin embargo, que los gobernantes, incluso compartiendo este criterio utilitarista exagerado, deberían haber tomado medidas especiales para reducir los contagios entre las edades que saturan las UCI y los hospitales, evitando de este modo que los ancianos coparan los medios de salvar a enfermos más jóvenes de vidas más valiosas.

Es decir, aún si los ancianos estuvieran dispuestos a hacer muy poco por salvarse a sí mismos, el Gobierno debería haberlos obligado en nombre de los demás.

Pareció que las cosas iban a cambiar con la llegada de las vacunas. Se anunció que se tomaría la edad como primer criterio, con otros factores de riesgo como complemento. Con el paso del tiempo, sin embargo, los criterios secundarios parecen estar dominando al principal.

Era razonable que fueran primero los ancianos en residencias y quienes los atienden, así como el personal sanitario de primera línea, por su elevado riesgo de contagiarse y también de contagiar. Pero los ancianos están quedando detrás no solo del resto de profesionales de la salud, sino de los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los bomberos y los profesores de primaria y secundaria.

¿Por qué? Son, se dice, sectores esenciales. Pero, ¿qué significa eso, si no se infectan más? ¿Y qué hay de los otros muchos trabajadores esenciales a los que no se ha dado preferencia? Lo de que las vacunas de AstraZeneca son ineficaces en los mayores de 55 años sonaba como el pretexto de los que se vacuna sin tocarles porque pasaban por allí cuando sobraban unas dosis.

Incluso así, también esta vacuna se debería haberse aplicado por orden de edad, comenzando por los de 55 años.

Es, pues, buena noticia, no exenta incluso de justicia poética, que ahora la vacuna de AstraZeneca se vaya a aplicar a los mayores de 60 años, aunque sea en el orden inverso a la gravedad.

Cuando la brigada de AstraZeneca se encuentre con la de las otras marcas y toda la población de más de 60 años haya quedado vacunada, los mismos contagios darán la mitad de trabajo que hasta ahora ha dado a los hospitales, y producirán solo el 7% de los muertos que han producido hasta ahora.

Cuando las muertes caigan tanto y los hospitales se acerquen a su ritmo de trabajo normal, nos inquietarán mucho menos las alzas y las bajas de casos confirmados. Más todavía: la población mayor de 60 años es el 25% de la total; sumándole los de menos edad inmunizados por haber pasado la enfermedad (al menos un 10%) o por haber sido vacunados, nos pondremos en torno a un 40% de inmunizados.

Con este porcentaje de población inmunizada, es muy probable que antes del verano basten las precauciones básicas ya habituales (mascarillas, distancia, higiene) para que los contagios bajen y no vuelvan a subir. Este cálculo u otro muy parecido es el que debe de hacerse el Gobierno para renunciar a la prórroga del estado de alarma. ¡Ojalá esta vez acierte!

Julio Carabaña es catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

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Dieciséis veces os he convocado para no dar explicaciones. ¡Cómo no voy a estar contento!

Un conjunto vacío

Santiago González en su blog, 140421

Sánchez ha vuelto a hacerlo. Un ‘Aló’ más en que se nos aparece en la tele como un orador de baratillo, con logorrea de vendebragas que no pierde ocasión de hacer su propaganda, tal como pregonaba su socio principal antes de que lo ungiera vicepresidente, “entre educación y propaganda, propaganda, sin duda”. Teniendo en cuenta que la Educación es asunto que mangonean entre Isabel Celaá y el catatónico Castells comprenderán que viene a ser lo mismo.

Recordarán la minuciosidad impresionante con que había descrito los plazos de vacunación. Esta semana volvió a repetir cifras y plazos. Por resumir: para finales de agosto estarán vacunados 33 millones de personas. Pero a él no le exijan concordancia.

Ayer, al tiempo que tal decía se jactó de que estamos vacunando a medio millón de personas al día. Vamos a ver corazón, que a ti la tesis en Economía parece que te la plagiaron por letras. Vacunar a 33 millones a ese ritmo lleva 66 días. O sea, que para el 19 de junio estaríamos vacunados los 33 millones (y millonas, claro).

Estuvo inmenso al recordar que hemos recibido dos golpes extraordinarios: la peor recesión económica en 80 años y la peor pandemia del siglo. No hay que apurarse, él tiene un plan, el plan más ambicioso y más trascendental de la reciente historia económica de España, que es al mismo tiempo su mayor oportunidad desde la entrada en la UE.

Impresionante. Llevamos 140.000 fallecidos por la pandemia y la crisis se ha llevado por delante 207.000 empresas y 323.000 autónomos y este inútil considera que estamos en un momento grandioso para labrar nuestro futuro.

Porque el doctor Fraude mostró su entusiasmo por el factor que nos iba a permitir transformar la pandemia en oportunidad de progreso, el gran Plan Marshall que nos iba a permitir acceder al país que queremos para las próximas décadas.

Gracias, naturalmente, a los 140.000 millones que esperamos de Europa como el pueblo elegido esperaba el maná del cielo en su travesía del desierto. No dice el cuándo ni el cómo y ambos serían detalles interesantes habida cuenta de la renuencia de este tío a la concreción. ¿Cuándo?

La respuesta está entre las seis primeras respuestas del lobo a las preguntas que se le hacían en la revista ‘Hermano Lobo’: “UUUUUUUUU” y la última: “el año que viene, si Dios quiere”.

Baste recordar que no se han cumplido aún once meses desde el día que prometió 200.000 millones de euros. Ya entonces hizo dos aseveraciones que repitió ayer: que se trataba  de “la mayor movilización de recursos de la historia de nuestra democracia” y que “no vamos a dejar a nadie atrás”.

Para llegar a este conjunto vacío, los periodistas tuvieron que pasar el filtro de Oliver: Solo acceden a La Moncloa los 15 primeros en hacer la petición, pero el secretario de Estado abre el plazo cinco minutos antes para los que quiere acreditar.

Ayer solo permitió cuatro preguntas y nadie quiso saber por qué Don Simón le desautorizó sobre el falseamiento de los datos que él mismo había atribuido a la Comunidad de Madrid y desmintió las cifras de muertos que había dado Gabilondo.

Sin embargo, los hechos volvieron a pillarlo a contrapié. La última en preguntar puso en cuestión su lío de las vacunas, al recordarle que no íbamos a tener vacunas Janssen por decisión de EEUU. Confesó que no sabía.

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Ella sobrevivió el Holocausto y nos ayuda a ver lo que jamás debemos olvidar
Pintura de Buba Weisz Sajovits [1906]

Ella sobrevivió el Holocausto y nos ayuda a ver lo que jamás debemos olvidar

Bret L. Stephens The New York Times, 140421

Cuando Buba Weisz Sajovits y su hermana, Icu, llegaron a Veracruz en 1946, su hermana mayor, Bella, las estaba esperando junto al muelle. Bella, quien había vivido en México con su esposo desde la década de 1930, les insistió que no hablaran sobre lo que les pasó en la guerra. La vida debía vivirse con miras al futuro, no al pasado.

Así que Buba —su nombre de pila es Miriam, pero siempre la han llamado por su apodo— vivió viendo hacia adelante. Se casó con otro emigrado sobreviviente de un campamento de concentración, Luis Stillmann, cuya historia relaté en un artículo el año pasado. Tuvieron dos hijas, luego cuatro nietos, luego cinco bisnietos. Ella abrió un salón de belleza, el cual tuvo mucho éxito. Se convirtieron en pilares de la comunidad judía en Ciudad de México. Prosperaron en su camino a la vejez.

Solo había un recordatorio del pasado que Buba no podía borrar, ya que estaba grabado en tinta permanente en la parte interna de su antebrazo izquierdo: A-11147. Ese código alfanumérico se quedó tatuado en su memoria, una frase que luego usaría como título de sus memorias, “Tattooed in My Memory”. Décadas después, cuando ya tenía más de 60 años, decidió dedicarse a la pintura y pronto las imágenes de su pasado cobraron más fuerza.

¿Cómo podemos comprender de verdad un evento como el Holocausto o un lugar como Auschwitz? Yo tengo un estante de libros dedicado a esta pregunta, desde La tradición oculta de Hannah Arendt hasta La noche de Elie Wiesel. También he visitado Auschwitz, he caminado por las infames vías del tren, he recorrido el crematorio, he visto las enormes pilas de zapatos y los repulsivos montones de cabello humano.

Sin embargo, siempre hay una brecha entre lo que sabemos y lo que comprendemos, una brecha que se ensancha cuando no hay manera de salvar la distancia por medio de la experiencia personal. Sabemos que 1,3 millones de personas, de quienes una abrumadora mayoría eran judías, fueron esclavizadas por los nazis en Auschwitz y 1,1 millones de ellas fueron asesinadas, casi todas en cámaras de gas. Tenemos miles de testimonios de sobrevivientes y liberadores del campo de concentración, cantidades inmensas de pruebas documentales y fotográficas, la autobiografía y la declaración jurada firmada de su comandante.

Pero a medida que los detalles se acumulan, informan y a la vez adormecen. La información se vuelve estadística; las estadísticas se vuelven conceptos abstractos. Las memorias personales, como Si esto es un hombre de Primo Levi, rescatan la dimensión humana, pero siempre hay un área de incertidumbre entre la palabra escrita y la imaginación del lector. Las películas como La lista de Schindler también realzan el elemento humano, pero corren el riesgo de caer en la semificcionalización. Pueden hacer que Auschwitz parezca menos, no más, real.*

Cuando Buba comenzó a pintar, “no podía trazar un círculo”, recordó su hija Mónica. “Pero todo lo que hacía en la vida, lo llevaba al límite y lo hacía bien”.

En su ciudad natal de Cluj-Napoca —o Kolozsvár, para sus residentes hablantes de húngaro— en Transilvania, ella fue una velocista campeona en su escuela. El 31 de mayo de 1944, ella, junto con Icu (que se pronuncia Itzu), sus padres, Bernard y Lotte, así como el resto de la población judía fueron deportados a Auschwitz en vagones de ganado, un viaje de humillación y hambre que duró cinco días. Buba, quien tenía 18 años en ese momento, vio a sus padres por última vez en la noche que llegaron al campo, cuando su padre se salió de la fila para entregarles a sus hijas sus diplomas de bachillerato.

A Buba se le asignó un trabajo de fábrica. Este le daba acceso a raciones adicionales de comida, que compartía con sus compañeras de catre. Un día, la llamaron al cubículo de la anciana del pabellón, una prisionera que estaba a cargo de la disciplina en las barracas. La anciana le quitó la ropa a Buba con brusquedad y la empujó a los brazos de un hombre que la estaba esperando.

“Reuní toda la fuerza que tenía y corrí”, narró.

¿Cómo podemos comprender lo que es ser una mujer judía, hambrienta y desnuda que debe correr por su vida para escapar de un violador de Auschwitz? No podemos. Yo no puedo. Pero en 2002, Buba pintó la escena y a través de su pintura pude entrever un destello de lo que significa ser la persona más vulnerable del mundo.

“Sobra decir que perdí mi trabajo y mi ración”, añadió con indiferencia.

A los 14 años, Buba se unió a una protesta escolar contra el decreto alemán que ordenaba que Rumanía le entregara Transilvania a Hungría. Un compañero de clase la apartó de un empujón. “¿Qué haces aquí, judía sucia? Ni siquiera eres rumana”. A la postre, los obligaron a portar estrellas amarillas, les prohibieron la entrada a lugares públicos, los encerraron en sus casas y los llevaron al gueto de Cluj. La deshumanización era tanto el prerrequisito para Auschwitz como su consecuencia directa.

Parece apropiado que uno de los primeros oficiales alemanes que Buba recuerda haber visto en el campo fuera Josef Mengele. “Con una postura más a tono para una ópera”, recuerda; tarareaba la melodía de El Danubio azul mientras les señalaba a los prisioneros en qué fila formarse.

A Icu la formaron en la misma fila que su madre, pero ella la envió de vuelta a la fila de Buba. Es casi una certeza que Lotte Sajovits no lo supo, pero la última decisión deliberada que tomó en su vida salvaría a su hija de la cámara de gas.

En una entrevista que Buba dio en 2017 al Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto, relató su otro encuentro con el infame doctor: “Teníamos que ir —no sé si era un consultorio o un hospital— donde trabajaba Mengele. Era cruel, como no tienes idea. Nos acostaron y no tengo idea de qué ocurrió. Es posible que nos hayan dormido… No puedo saber lo que él hizo después”.

Buba también pintó esto y eligió, en sus propias palabras, “colores fríos”. Pese a su gran escala, la mayor maldad de Auschwitz a fin de cuentas radicaba en el hecho de que el asesinato y la tortura eran clínicos, algo que yo no comprendía del todo hasta que vi la pintura de Buba. Si notan los animales de la escena llevan puestas batas blancas.

Nueve días antes de que el Ejército Rojo liberara a los cautivos de Auschwitz, Buba y su hermana estuvieron entre los 56.000 prisioneros que fueron obligados a marchar 56 kilómetros en pleno invierno. Al menos 15.000 de los que emprendieron el trayecto desde Auschwitz murieron. El resto, junto con Buba e Icu, fue puesto a bordo de trenes hacia Alemania.

Aun cuando prácticamente habían perdido la guerra, la determinación de los nazis por matar judíos no cesaba.

“Las Schutzstaffel nos hicieron formar una sola fila”, narró Buba sobre la marcha. “Eliminaban a una de cada diez mujeres. Yo corrí al lado de Icu para que nos tocara el mismo destino”.

No fue así. Icu y ella fueron liberadas del campo de Bergen-Belsen, el 15 de abril por el ejército británico. Ninguna pintura de Buba me persigue más que en la que aparece ella sola, con la cabeza entre sus brazos escuálidos, el alambre de púas aún frente a ella, la chimenea, aún ardiendo detrás de ella, no muy lejos.

“Me pregunté qué debía hacer con la libertad que acababan de otorgarme”, pensó Buba. “Mi mundo había sido hecho trizas”. ¿Qué mejor que esta imagen para ayudarme a entender lo poco que podría significar la vida para alguien que había perdido tanto?

Buba dejó de pintar hace unos años. Ahora tiene 95 años, una de solo alrededor de 2000 sobrevivientes de Auschwitz que siguen con vida. Su esposo, Luis, quien sobrevivió al campo de Mauthausen, tiene 99. Para mí, ambos personifican lo que significa ser judío: miembro de una religión que valora tanto la vida como la memoria y cree que vivimos mejor, y comprendemos mejor, cuando recordamos bien.

En este mes de conmemoración del Holocausto, vale la pena hacer una pausa y considerar cómo la memoria, y el arte, de una valiente mujer nos ayudan a ver lo que jamás debemos olvidar.

Bret L. Stephens ha sido columnista de opinión del Times desde abril de 2017. Ganó un Premio Pulitzer por sus comentarios en The Wall Street Journal en 2013 y anteriormente fue editor en jefe de The Jerusalem Post.

Ella sobrevivió el Holocausto y nos ayuda a ver lo que jamás debemos olvidar
Pintura de Buba Weisz Sajovits [1906]

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Ni Gabilondo es Illa ni Madrid es Cataluña

José García Domínguez, 140421

No, ni Gabilondo es Illa ni tampoco Madrid resulta ser una Cataluña sin contenedores de basura incendiados. Obviedades, ambas dos, en las que no parecieron reparar los estrategas de la campaña del PSOE.

Porque orientar el hilo conductor de los mensajes electorales a que en la CAM se reprodujese un movimiento similar al que llevó a que el grueso de los antiguos votantes de Ciudadanos se inclinara por el PSC, competir de modo preferente y casi exclusivo en el caladero de los huérfanos mesetarios del centro, implica no entender Madrid. Pero, sobre todo, supone no entender tampoco lo que fue –procede hablar ya siempre en pasado– Ciudadanos.

Porque Ciudadanos nunca fue un partido, sino dos. Por un lado, la organización catalana; por el otro, la del resto del país. Unas únicas siglas, sí, pero bajo ellas dos universos sociológicos que tenían muy poco que ver entre sí. De ahí que en Cataluña todos los votantes de Ciudadanos hayan vuelto ahora al PSC, su partido de toda la vida hasta que a los hermanos Maragall les dio por embarcarse en el viaje a Ítaca con escala en ninguna parte que estaban organizando sus antiguos compañeros de clase en el colegio Virtèlia. Y entiéndase la voz clase en todos los sentidos de su rica polisemia.

Pero el electorado madrileño era otra cosa. Allí, a Ciudadanos le votaban los hijos algo rebeldes, pero solo un poquito, cuyos padres eran del PP de toda la vida. Dos mundos.

La izquierda no nacionalista catalana, por un lado, y la derecha peninsular que se quería más moderna y sofisticada, por el otro. En el fondo, agua y aceite. Por eso a Illa le votaron todos y a Gabilondo no le va a votar nadie. Parece de cajón.

Pero, siendo de cajón, diríase que a Iván Redondo no se le había ocurrido. Al menos, hasta ayer. Porque el anuncio por parte de Montero, una profesional de la política que sabe lo que dice y cuándo decirlo, de la inminente subida de dos tributos tan caros a la izquierda pata negra como Patrimonio y Sucesiones esconde un giro de 180 grados en la campaña madrileña.

Es evidente, han renunciado –por imposible– al centro. Ahora, de aquí al 4-M, su pieza a batir será Más Madrid. Que se vaya preparando Errejón.

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Pedro Sánchez y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, firman el acuerdo de investidura.
Pedro Sánchez y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, firman el acuerdo de investidura.

¿Está virando el PNV hacia el PP?

Pedro José Chacón Delgado-El Español, 140421

Podremos estar en desacuerdo con la y con lo que representa el PNV en la política nacional. Pero faltaríamos a la verdad si no reconociéramos que este partido es, hoy por hoy, el mejor engrasado del panorama político español.

Y eso se evidencia en el hecho de que el PNV está en el meollo de todo lo que pasa en la política española. Y qué decir de la vasca.

Esto ha sido así desde el inicio de la Transición. Pero, más específicamente, y para lo que ahora nos interesa, desde la víspera del 1 de junio de 2018. Cuando de la reunión del órgano directivo del partido (el Euskadi Buru Batzar, formado por una serie de personas perfectamente desconocidas para la inmensa mayoría de los españoles) salió la decisión de tumbar el Gobierno de Mariano Rajoy.

Tampoco se puede decir que el PNV haya gozado siempre de ese orden interno (y de esa influencia nacional) que tiene ahora. Por su dirección han pasado personalidades tan turbulentas como GaraikoetxeaArzalluz e Ibarretxe, que han hecho crujir las cuadernas del partido.

Pero sí lo han conseguido con los dos personajes (tan aparentemente pedestres y grises) que lo encabezan ahora. Andoni Ortuzar desde el partido e Iñigo Urkullu desde el Gobierno vasco. Sin olvidarnos de la influencia en la sombra de Itziar Atutxa, la todopoderosa jefa del partido en Vizcaya, casada con Aitor Esteban, delegado en Madrid.

Existe también un simbolismo ideológico eficaz, y fácil de mantener, que se basa en conmemoraciones sucesivas a lo largo del año alrededor de la figura mítica de Sabino Arana. Personaje nefasto para la convivencia en el País Vasco, pero insustituible para mantener la cohesión del partido. Un personaje sin florituras teóricas y con efectividad sobre la militancia.

Esta tranquilidad interior le otorga al PNV una capacidad para mirar a medio y largo plazo que los demás no tienen, sumidos como andan en turbulencias internas.

¿Se puede dar estabilidad a la política nacional cuando tu objetivo político confeso es dinamitar desde dentro la unidad del Estado?

Si cuanto peor en España mejor para el PNV, ¿por qué Ortuzar se queja, como hizo hace poco, de lo negativos que han sido los nuevos partidos, Unidas Podemos, Ciudadanos y Vox? Partidos a los que acusa de bajar el nivel de la política nacional. ¿Qué le puede importar a él eso, si las pocas transferencias pendientes van viento en popa?

Todos en España entendieron que la decisión del PNV de tumbar a Mariano Rajoy en 2018 fue la clave de este episodio clave de nuestra historia política reciente.

Pero créanme si les digo que, dentro del País Vasco, la opinión general era otra entonces y que se buscaban mil excusas para argumentarla. Hasta tal punto está el votante nacionalista convencido de que lo del PNV sólo consiste en barrer para casa. Nadie en el País Vasco, en fin, entiende o admite que el PNV es un factor de estabilidad para la política nacional. Aunque, efectivamente, sea así del Ebro para abajo.

La posición preeminente del PNV en el ámbito vasco, incluso cuando no disfruta de una mayoría absoluta, se basa en algo que se ignora de forma sistemática en el resto de España. Si los partidos de ámbito estatal atacaran por ahí al PNV, este lo pasaría muy mal. Pero no saben hacerlo.

Me refiero a su manejo magistral del arte del puenteo de los políticos locales.

Son múltiples y legendarios los ejemplos de esto. El último, con motivo de la reciente visita de la flamante vicepresidenta del Gobierno Yolanda Díaz, que vino a engrasar el llamado bloque de investidura y que visitó al PNV en su sede central de Bilbao, la Sabin Etxea.

¿Qué le hubiera impedido a Yolanda Díaz hacerse acompañar por la secretaria general de Unidas Podemos en Euskadi, Miren Gorrotxategi?

La misma Miren Gorrotxategi que puso como eje de su última campaña electoral para las autonómicas una alianza de izquierdas entre PSE, EH Bildu y Unidas Podemos. Su objetivo era arrebatarle al PNV su posición de privilegio pasando por encima de los lazos históricos que ensamblan las políticas del Partido Nacionalista Vasco y el PSE. Para ello contaba con el apoyo entusiasta de EH Bildu.

Ni a Yolanda Díaz ni a ningún otro político de ningún otro partido de ámbito nacional se le suele ocurrir en estos casos convocar a su representante local a este tipo de reuniones. Nada molestaría más al PNV que así lo hicieran.

Pero nadie lo hace. Y así es como el PNV presume de negociar sólo con los primeros espadas y no con los políticos que los partidos nacionales ponen aquí.

El movimiento clave en la actuación política reciente del PNV se produjo antes de la salida de Pablo Iglesias del Gobierno. Las tiranteces entre Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y sus ministros respectivos eran continuas. El PNV se quejó de que esto no podía seguir así. En ese momento, y con las transferencias pendientes ya en vías de negociación, se produce el acercamiento al PP de Pablo Casado y se retoman unas relaciones congeladas desde el verano de 2018.

El PNV dice que así se ayuda al PP a centrarse y se le ponen las cosas más difíciles a Vox. ¿Pero hay que creerles? Lo cierto es que a la única representante de Vox en el Parlamento vasco se le han puesto todas las dificultades posibles con el objetivo de disminuir su capacidad parlamentaria. No la pueden ni ver. Y lo mismo ocurre con el partido madre de Santiago Abascal. Vox es la única formación con la que jamás negociaría el PNV, que tiene tragaderas para todo lo demás.

Como segunda clave está su rivalidad de siempre con EH Bildu. Cuando, por mediación de Pablo Iglesias, se creó una red de complicidades entre Unidas Podemos, ERC y EH Bildu para apoyar al gobierno de coalición de Pedro Sánchez (la causa de que todas las semanas haya acercamientos de militantes de ETA a prisiones próximas al País Vasco) el PNV empezó a sentirse particularmente incómodo.

Su rival de siempre en el País Vasco, la izquierda abertzale, potenciada electoralmente desde el fin del terrorismo de ETA, empezaba a tener influencia en Madrid. Algo insólito en un partido que sueña con dar el sorpaso al PNV algún día.

El papel actual de EH Bildu como aliado de Pedro Sánchez escuece particularmente en Sabin Etxea. Eso nunca le pasaría al PNV con el PP. Pero, claro, el PP está lejos de gobernar.

Y si lo hace con Vox, peor todavía.

*** Pedro José Chacón Delgado es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV/EHU.

 

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Vídeos 

. Carlos García Adanero [Diputado por Navarra] a la ministra Yolanda Díaz: “Póngase a trabajar”. 14042.

. Santiago Abascal en el pleno del Congreso. 140421

. Pablo Casado interviene en el pleno del Congreso en el pleno del Congreso. 140421.

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Humor

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Ilustración de Ricardo [R.Martínez Ortega, Chile, 1956] para El Mundo, 140421

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