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  • Podemos: los periodistas ya ha habado demasiado. Hablan Ana Roa y Pablo Iglesias, 120421

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Guillermo Lasso, al centro, partidario de las políticas de libre mercado, derrotó a Andrés Arauz, el candidato escogido por el expresidente Rafael Correa, por la presidencia de Ecuador el 11 de abril. Credit Rodrigo Buendia/Agence France-Presse — Getty Images
Guillermo Lasso, al centro, partidario de las políticas de libre mercado, derrotó a Andrés Arauz, el candidato escogido por el expresidente Rafael Correa, por la presidencia de Ecuador el 11 de abril. Credit Rodrigo Buendia/Agence France-Presse — Getty Images

Los expresidentes de América Latina tienen demasiado poder

Javier Corrales The New York Times, 150421

El domingo, los votantes de Ecuador eligieron a Guillermo Lasso, un exbanquero que está a favor de las políticas de libre mercado, como presidente. Votaron por él en lugar de por Andrés Arauz, un populista de izquierda. Algunos analistas lamentan el fin del progresismo, pero lo que realmente vimos fue un bienvenido golpe a una extraña forma de política del hombre fuerte: el fenómeno de expresidentes que buscan extender su control e influencia eligiendo y respaldando a sus “delfines” en elecciones nacionales.

Arauz fue designado personalmente por el expresidente Rafael Correa, un economista semiautoritario que gobernó Ecuador de 2007 a 2017. La elección no fue solo un referendo sobre el papel del Estado en la economía, sino de manera más fundamental sobre la siguiente pregunta: ¿Qué papel deben desempeñar los expresidentes en la política, si es que acaso deben desempeñar alguno?

En América Latina se ha vuelto normal que exmandatarios impulsen a candidatos sustitutos. Se trata de una forma extraña de caudillismo, o política del hombre fuerte, combinada con continuismo, o continuidad de linaje, pensada para mantener a los rivales al margen.

Los expresidentes son los nuevos caudillos: pretenden extender su mandato a través de los herederos que escogen, algo llamado delfinismo, de “delfín”, el título dado al príncipe heredero al trono de Francia entre los siglos XIV y XIX.

En la última década, al menos siete presidentes elegidos democráticamente en Latinoamérica fueron escogidos por su predecesor. El más reciente, Luis Arce, llegó al poder en Bolivia en 2020, patrocinado por el exmandatario Evo Morales. Estos candidatos sustitutos le deben mucho de su victoria a la bendición de su jefe, la cual tiene un precio: se espera que el nuevo presidente se mantenga leal a los deseos de su patrocinador.

Esta práctica ata con esposas de oro a aquellos recién electos y socava la democracia en el proceso. Más que pasar la estafeta, los expresidentes emiten una especie de contrato de no competencia. En Argentina, una expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, contendió como compañera de fórmula de su candidato presidencial escogido, Alberto Fernández.

Después de ser la primera dama de Argentina y luego convertirse en presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, a la derecha, se convirtió en vicepresidenta de su candidato elegido, Alberto Fernández, a la izquierda. Credit Foto de consorcio de Natacha Pisarenko
Después de ser la primera dama de Argentina y luego de convertirse en presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, a la derecha, se convirtió en vicepresidenta de su candidato elegido, Alberto Fernández, a la izquierda. Credit Foto de consorcio de Natacha Pisarenko

Este estilo actual de política caudillista es la actualización de una actualización. En la versión clásica de la política del hombre fuerte —que dominó la política latinoamericana tras las guerras de independencia del siglo XIX y hasta la década de los setenta— muchos caudillos buscaban mantener su poder al prohibir o amañar las elecciones una vez que llegaban a la presidencia, una maniobra que usó famosamente el dictador mexicano Porfirio Díaz, o simulando golpes de Estado si no podían ganar, una estrategia empleada por el dictador cubano Fulgencio Batista en 1952.

Este modelo clásico de continuismo era traumático. En México y en Cuba, incitó ni más ni menos que dos revoluciones históricas que resonaron en el mundo entero.

Latinoamérica actualizó este modelo de caudillismo. Los golpes de Estado y las prohibiciones de elecciones se volvieron obsoletos en la década de 1980 y, en lugar de abolir la democracia, se volvió usual que los líderes comenzaran a reescribir las constituciones y a manipular las instituciones para permitir la reelección. Comenzó el auge de las reelecciones. Desde Joaquín Balaguer en la República Dominicana en 1986 hasta Sebastián Piñera en Chile en 2017, Latinoamérica tuvo a 15 expresidentes que volvieron a la presidencia.

No obstante, el modelo del continuismo a través de la reelección ha enfrentado obstáculos de manera reciente debido a que varios expresidentes se han visto envueltos en problemas legales.

Tan solo en Centroamérica, 21 de 42 expresidentes han tenido problemas legales. En Perú, seis expresidentes de los últimos 30 años han enfrentado cargos de corrupción. En Ecuador, Correa fue sentenciado por recibir financiamiento para su campaña a cambio de contratos estatales. Él afirma que es una víctima de persecución política. Su respuesta fue usar la campaña de Arauz como boleto para recuperar su influencia. En cierto momento de la campaña, el candidato promovió la idea de que un voto por él era un voto por Correa.

Durante la campaña presidencial de Ecuador, el candidato Andrés Arauz promovió la idea de que un voto por él era un voto por el expresidente Rafael Correa. Credit Dolores Ochoa/Associated Press
Durante la campaña presidencial de Ecuador, el candidato Andrés Arauz promovió la idea de que un voto por él era un voto por el expresidente Rafaelv Correa. Credit Dolores Ochoa/Associated Press

Estas complicaciones legales alientan a los expresidentes a tratar de respaldar a sustitutos que, como mínimo, podrían darles un indulto si resultan electos.

Los expresidentes parecen pensar que la versión más reciente del caudillismo libera al país del trauma. El presidente Alberto Fernández aseguró que cuando su jefa, la expresidenta Fernández de Kirchner, lo eligió como su candidato porque, argumentó, el país no necesitaba a alguien como ella, “que divido”, sino a alguien como él, “que suma”. A su vez, Fernández de Kirchner fue elegida heredera por su difunto esposo, el expresidente Néstor Kirchner.

No obstante, esta subrogación política difícilmente resuelve el trauma asociado con su continuismo inherente. De hecho, lo hace más tóxico. Con excepción de los simpatizantes del expresidente, el país ve el truco como lo que es: una tentativa evidente de restauración.

Los problemas del delfinismo van más allá de intensificar la polarización al exacerbar el fanatismo político y puede conducir a consecuencias aún más graves. En el México de antes del año 2000, en el que los presidentes prácticamente escogían personalmente a sus sucesores, los exmandatarios solían seguir la norma de retirarse de la política, por lo que concedían suficiente autonomía al sucesor.

Sin embargo, en la versión más reciente del delfinismo, los sucesores no son tan afortunados. Los expresidentes que los patrocinaron siguen entrometiéndose. Esta interferencia produce tensiones para gobernar. El mandatario en funciones pierde su relevancia de manera prematura, con todos los ojos puestos en las opiniones del presidente anterior, o en algún momento busca romper con su jefe. La separación puede detonar guerras civiles terribles.

Estas rupturas a menudo son inevitables. Los delfines electos enfrentan nuevas realidades con las que sus impulsores nunca lidiaron. Además, con frecuencia tienen que arreglar el desastre que dejaron sus jefes.

Lenín Moreno, el actual presidente de Ecuador, quien fue seleccionado por Correa, tuvo desacuerdos con él respecto a una serie de políticas autoritarias de izquierda impulsadas por revelaciones de corrupción. El resultado fue una lucha de poderes que dividió a la coalición gobernante y entorpeció la capacidad del gobierno de lidiar con la crisis económica y luego con la pandemia de la COVID-19.

Una lucha similar ocurrió en Colombia cuando el entonces presidente Juan Manuel Santos, escogido por Álvaro Uribe, decidió llegar a un acuerdo de paz con las guerrillas, con lo que desafío la postura de Uribe. El resultado fue una especie de guerra civil entre ambos hombres que rivalizó en intensidad con la guerra contra las guerrillas a la que el gobierno intentaba poner fin.

No hay una solución sencilla a este tipo de continuismo. Los partidos deben dejar de poner a sus expresidentes en un pedestal. Necesitan reformar las precandidaturas para asegurarse de que otros líderes, no solo los exmandatarios, tengan los medios para competir de manera interna. Los países latinoamericanos han hecho mucho para garantizar que haya una fuerte competencia entre partidos, pero mucho menos para garantizar la competencia dentro de los partidos.

Nada huele más a oligarquía y corrupción que un expresidente que intenta mantenerse vigente a través de candidatos sustitutos. Y Ecuador ha demostrado que esta manipulación política puede acabar por empoderar precisamente a las mismas ideologías políticas que los expresidentes pretendían contener.

Javier Corrales es escritor y profesor de Ciencias Políticas en Amherst College. Su obra más reciente es Fixing Democracy: Why Constitutional Change Often Fails to Enhance Democracy in Latin America.

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Los jueces recurren a la UE

Guillermo Gortázar El Español, 150421

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Hechos y mitos de la Segunda República

Hoy, 14, la II República de los tonnntos

Santiago González en su blog, 150421

Hoy, nonagésimo aniversario de la República. (Noventavo dirían Albertito Garzón y la ninistra Montero). También cumple años el hundimiento del Titanic. 109. Con esos precedentes, Tal día como hoy hace diez años, Zapatero, el lerdo, demostró sus portentosas dotes para la metáfora: “España es un poderoso trasatlántico. Estad tranquilos”.

Te asombrabas justamente de que Sánchez volviera a repetir ayer su itinerario vacuno y su cronificación en el tiempo que dirían en lo de Rociito, 33 millones de vacunados para finales de agosto y que Miguel Angel Oliver no acertara a soplarle que no iba a llegar la vacuna Janssen. Tuvo que ser la periodista de la SER, Inma Carretero, cuarta y última pregunta autorizada, la que se lo aclaró. Adiós, Calendario. Bueno, antes anunció que estábamos vacunando a medio millón de personas al día. Pero si esto era así, los 33 millones de vacunados se deberían alcanzar en 66 días, o sea, el 19 de juniuo, no a finales de agosto.

Edmundo Bal tiene un nuevo motivo para camiseta de campaña. Don Hilarión parafraseaba una película de Stanley Kramer: Edmundo está loco, loco, loco”. Al ha incluido un montaje fotográfico en el que se ve al portavoz de Ciudadanos como un muñeco que empuña un timón amorosamente tutelado por Pedro Sánchez con un título de Raoul Walsh: “Edmundo en sus manos”.

Angel Gabilondo, candidato socialista: “El riesgo de fallecer por Covid en Madrid hoy, es un 54% mayor que el riesgo medio en España”. A qué extremos está llegando el hombre que ya lo han desautorizado Newtral, el invento de Ana Pastor, que lo ha desmentido expresamente y Fernando Simón, que ha dicho que la letalidad en Madrid es similar a la de otras Comunidades Autónomas.

M Gaussage: Gabilondo tiene toda la pinta de quedarse encerrado en una cabina y que no le importe a nadie”.

Parmenio explicaba en mi blog: El hermano de Iñaki basa su campaña en tres líneas argumentarles: no pactará con Podemos, no subirá los impuestos y denunciar que los madrileños tienen un riesgo de morir por COVID un 54% mayor que el resto de españoles. No está mal, tres ideas, tres trolas. Y este es el respetable.

Es una pena que los conservadores estén ocupados tirándose del pelo porque si se organizan un poco e ignoraran a los indigentes intelectuales de Más Madrid y Podemos y se centran en el mentiroso este, en el debate electoral lo revientan.

Irene, nuestra Irene Ceaucescu de Galapagar, tuiteó: “Estamos trabajando para romper con la brecha retributiva. Este 14 de abril entra en vigor el registro retributivo para que las empresas puedan detectar desigualdades por motivos de género. Avanzamos para que  en España mujeres y hombres cobren los mismo por trabajos de igual valor.

Alvaro Bernad le seguía la corriente en Twitter: “Es verdad, Irene, los hombres y las mujeres ganan distinto por trabajos iguales. Un hombre parado y tú hacéis lo mismo: nada. Sin embargo, él no cobra y tú te embolsas 6.238 euros mensuales”.

Esta pobre no sabe que la igualdad de salario por igual trabajo fue establecida hace 41 años, un mes y cuatro días en el Estatuto de los Trabajadores, artículo 28. En la práctica no tiene sentido: ¿Qué empresario contrataría a ningún varón si su trabajo lo puede desarrollar una mujer que cobra menos?

También hace podio la candidata de Errejón, Mónica García, en singular cruzada contra ‘la pobreza menstrual’. Pero hombre mujer, si una mujer carece de recursos para comprar artículos de higiene, a eso se le llama pobreza a secas. Al mismo tiempo se ha grabado un video perreando en la Cadena SER, que es mujer ecléctica y lo cortés no quita lo caliente.

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Pedro Sánchez, durante su intervención en el Pleno.

El sancheo es un pez globo

Rafa Latorre en El Mundo, 150421

El verbo cantinflear va a cumplir treinta años en el diccionario. Es probable que la vanidad le haya susurrado a Sánchez que él, como Mario Moreno, también puede aspirar a la gloria de la posteridad idiomática. El sancheo es un discurso inflado como un pez globo. Aprecien este bellísimo ejemplar: el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Una forma de revestir la nada de exuberancia es colgarle tres adjetivos a cada sustantivo como en este sintagma feroz del documento que Sánchez presentó para demorar una explicación: «Crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo». El texto se hincha como un fugu, dentro solo tiene aire o agua pero ocupa mucho espacio y, leído, mucho tiempo.

Que nadie sepa en qué consiste un plan que ha sido presentado nueve veces con gran aparato y discursos de no menos de 40 minutos es una proeza del lenguaje y aun de la zoología. Es también un hito del packaging comparable al que coronó Piero Manzoni, con la diferencia de que la merda d’artista es algo, una buena mierda, pero es algo, y el sancheo contiene un vacío intergaláctico que, como es sabido, es mucho más vacío que el interestelar.

Las escamas del pez globo de la recuperación y la resiliencia son palabras con una raíz irrelevante completada, esto es vaciada, por el sufijo -ción. En una reunión cualquiera de una empresa cualquiera es fácil identificar al charlatán por ese fraseo gutural del on, on, on, una especie de canto difónico mongol en el que se suceden significantes que han perdido su significado, como modernización, dinamización, activación, revitalización, adaptación, concienciación, interacción.

El verbo transmite acción a la frase, es el monarca de la oración, un sustantivo terminado en -ción es un verbo castrado, una palabra sin atributos, un bochorno.

La dinamización o la revitalización serán en todo caso las consecuencias de las reformas, sólo faltaría que una inversión milmillonaria ansiara como retorno la ralentización y la necrosis. Si no hay un cómo, una cortesía elemental obligaría a que el discurso fuera breve pero el sancheo es un prodigio de la oratoria que se basa en el desprecio del que escucha.

Con todo lo descrito, cualquiera pensaría que la genialidad del sancheo radica en su vacía voluptuosidad. No. Lo sublime del sancheo es de fondo y no de forma, pues lo que encubre esta empalagosa mole triunfal de palabras es un rescate. No una conquista o una recompensa por la audacia de unas políticas sino el paliativo de una catástrofe horrible y deprimente.

Y, como es lógico, sujeto a unas condiciones estrictas que el presidente no tiene el coraje de revelar. Cuánto más decorosa era aquella perífrasis mariana de «un préstamo en condiciones ventajosas». Y cuánto nos reímos de aquello.

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Eichmann, durante su juici en Israel.
Eichmann, durante su juici en Israel.

El sesenta aniversario del ‘juicio del siglo’

La autora destaca la importancia del proceso contra el oficial nazi Adolf Eichmann, principal organizador de la deportación de judíos a los campos de exterminio, que estableció principios de Derecho plenamente vigentes hoy

Beatriz Escudero García-Calderón en El Mundo, 150421

HACE EXACTAMENTE 60 años, el mundo entero comenzó a seguir con horrorizada expectación el juicio contra el oficial nazi Adolf Eichmann, principal organizador de la deportación en masa de los judíos a los campos de exterminio. Israel procesaba penalmente por vez primera a uno de los mayores impulsores de lo que en los tenebrosos tiempos del Tercer Reich se denominó la solución final de la cuestión judía (Endlösung der Judenfrage).

El caso Eichmann supondría un antes y un después para el Derecho penal internacional. Y su retransmisión simultánea por las televisiones de 37 países sacudió la conciencia planetaria sobre el Holocausto, la mayor barbarie de la historia de la Humanidad. El 11 de abril de 1961 arrancaba en Jerusalén el entonces llamado juicio del siglo.

Desde el punto de vista jurídico, el interés del caso Eichmann resulta capital. La retransmisión del juicio supuso otorgar publicidad a un proceso penal como no se había hecho hasta entonces, convirtiéndose los televidentes de medio mundo en auténticos fiscalizadores de la función jurisdiccional, en verdaderos observadores imparciales.

Un juicio que pretende ser justo ha se ser, y así se acababa de plasmar en la Declaración de Derechos de la ONU, un juicio público. Además, al otorgarse publicidad al proceso que llevó a Adolf Eichmann a la horca, se buscó, por un lado, generar en los ciudadanos espectadores el más absoluto repudio hacia el Holocausto y, por otro, que se sintieran intimidados a través una sentencia ejemplarizante.

Junto a estas cuestiones, en sí mismas de enorme interés, surge otra como destacada y principal: el caso Eichmann supuso el punto de partida para la elaboración de un nuevo tipo de responsabilidad penal. Surgían nuevas modalidades de organización criminal que involucraban a diversos sujetos en relaciones muy complejas, y la estructura del Derecho penal de entonces, construida pensando única y exclusivamente en el autor individual, resultaba inadecuada e insuficiente.

El Tribunal de Israel se mostró favorable a admitir una responsabilidad colectiva cuya aceptación se acabaría imponiendo en Derecho penal internacional. El desarrollo teórico de semejante responsabilidad llegaría de la mano del insigne penalista alemán, entonces joven profesor, Claus Roxin.

Al igual que en todos los juicios de los nazis, en el caso Eichmann resultó decisivo el concepto de obediencia debida. Los acusados alegaban, para eximirse de responsabilidad, haber actuado cumpliendo órdenes de sus superiores (Befehl ist Befehl; una orden es una orden). P

or esa razón, el concepto de obediencia debida, aceptado hasta entonces por la mayor parte de los países europeos, resultó entonces fuertemente cuestionado, hasta el punto de que en los llamados Principios de Núremberg se estableció expresamente que para los crímenes de guerra el hecho de actuar bajo las órdenes del propio Gobierno o de un superior no exime a una persona de su responsabilidad, siempre que esa persona hubiera tenido la posibilidad de actuar de otra forma (Principio IV).

Así, tampoco en este caso se aceptó la eximente de la obediencia debida, pues el Tribunal de Israel consideró que Eichmann sí pudo actuar de otra manera, al no existir, a juicio del Tribunal, un peligro inminente para su vida. Más bien al contrario: Eichmann incluso se había excedido en sus funciones, mostrando, a la par, entusiasmo y ambición.

La condena de Adolf Eichmann no está, sin embargo, exenta de reproches desde un punto de vista jurídico, pues no podemos olvidar que, como en general sucedió con todos los juicios de nazis, para aplicar una suerte de justicia material a la mayor barbarie de la historia de la Humanidad hubo que sacrificar unas cuantas reglas y violar otros tantos principios penales.

En este sentido, Eichmann alegó al igual que habían hecho previamente los nazis de los juicios de Núremberg la prescripción de los delitos que le eran imputados y la irretroactividad de la ley penal. Además, de acuerdo con el principio de territorialidad, Eichmann debía ser juzgado en Alemania y no en Israel, al ser aquél el lugar de la comisión de los delitos.

Ni que decir tiene la condena que merece el hecho de que Eichmann llegara al juicio tras ser secuestrado y torturado por los servicios del Mossad en Argentina, donde vivía con su familia bajo una identidad falsa.

Todo esto se obvió, y el Tribunal de Jerusalén, tras adherirse a la peculiar reinterpretación del principio de legalidad como principio general de equidad realizada por Tribunal Militar Internacional de Núremberg, consideró «justo» el enjuiciamiento de los crímenes, rechazando todas y cada una de las alegaciones de la defensa de Eichmann. Finalmente, la condena sería a la pena de muerte, a pesar de que ni siquiera existía tal pena en Israel. La noche del 31 de mayo de 1962 Eichmann murió ahorcado en la ciudad de Ramla.

Sea como fuere, todas estas cuestiones, aun 60 años después, siguen teniendo plena actualidad: los siempre cuestionados fines de la pena, la repercusión mediática de los juicios, la necesidad de avanzar en las reglas de la extradición para evitar los paraísos de delincuentes, la todavía vigente discusión en torno a la fundamentación de la responsabilidad penal en determinados ámbitos organizativos, el cumplimiento de las órdenes antijurídicas, las relaciones entre el Derecho y la moral, etcétera.

También sigue viva como el día en que se formuló la famosa reflexión acerca de la banalidad del mal que la filósofa Hannah Arendt elaboró a propósito del caso Eichmann y que serviría de subtítulo a su libro Eichmann en Jerusalén. La corresponsal de la revista The New Yorker, además de recoger las sesiones del juicio, dedicó unas páginas a reflexionar acerca de la personalidad de Eichmann, para concluir que no se trataba de un ser malvado, carente de toda ética, como trataban de dibujar los medios de comunicación, sino de una persona corriente.

«Lo más grave», escribió Arendt sembrando la polémica, «era precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales».

Beatriz Escudero García-Calderón es profesora de Derecho penal en CUNEF Universidad.

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El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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. La verdadera biografía de Xi Jinping: entre el mito y la propaganda. 150421.

. Entrevista a Inés Arrimadas en la SER. 150421.
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Humor

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El Roto
iñeta de El Roto [A. Rábago, España 1947] para El País 150421

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