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  • Adoctrinamiento ‘de género’. 271119:

. Adoctrinamiento ‘de género’. 271119

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Ciudad de Menlo Park, una de las que compone Silicon Valley, referente de la vanguardia en la investigación tecnológica.
Ciudad de Menlo Park, una de las que compone Silicon Valley, referente de la vanguardia en la investigación tecnológica.Getty Image

Diagnóstico urgente de la innovación en España

Mara Balestrini en El País, 150421

Ahora o nunca. Esa debería ser la frase que sonara como un mantra este año en las universidades, los centros de investigación, los departamentos de innovación de las empresas y las start-ups españolas. En juego están los fondos Horizonte Europa de la Comisión Europea, el programa transnacional de investigación e innovación más grande del mundo con un presupuesto de 95.500 millones de euros.

Si a eso le sumamos una parte importante de los fondos del plan de recuperación Next Generation EU destinados a I+D+I en el presupuesto español, la cantidad sería histórica y podría dar al país el impulso que necesita para estar en la vanguardia.

Pero no todo es cuestión de dinero. Con el anterior programa, Horizonte 2020, España ya fue con 4.762 millones el cuarto país más beneficiado por detrás de Alemania, Reino Unido y Francia. Y sin embargo eso no se tradujo en una efervescencia tecnológica. ¿Dónde están todos los productos innovadores made in Spain que deberían haber resultado de la inversión de esos fondos?

La respuesta a esa pregunta parece remitir a un antiguo problema que España no acaba de resolver: la baja transferencia tecnológica y de conocimiento. Es decir, que el proceso de transmitir los resultados de la investigación científica al mercado y a la sociedad en general no acaba de alcanzar un nivel alto.

En la jerga del mundo de la innovación suele hablarse de “la paradoja europea” para explicar la distancia que hay entre la alta producción científica y su escasa materialización en nuevos productos y servicios. Es decir, según esa paradoja, los países europeos, —quizá excluyendo a Alemania y Francia—, son muy buenos en la primera de esas tres letras, en la I de investigación, y no tanto en las dos últimas, en la D de desarrollo y la I de innovación.

España, según distintos ránkings internacionales, ocupa el puesto 11 o 12 a nivel mundial en volumen de producción científica, pero eso no se traduce en una gran industria innovadora. De hecho, a pesar de haber mejorado en muchos ámbitos, en el Cuadro de indicadores de la innovación de la Comisión Europea del 2020 España quedó en el puesto 15 entre 27 en la franja de los “innovadores moderados”, con un rendimiento de I+D por debajo de la media. Resulta claro que para que este conocimiento que se produce en el país pueda ahora transformar la economía antes habrá que revisar las reglas del juego.

Primero hay que desburocratizar la innovación para atraer talento y facilitar el acceso a los fondos de I+D+I por parte de actores más diversos. España tiene el potencial para atraer a investigadores de talento que buscan conjugar trabajo y calidad de vida. Sin embargo, la precariedad de los contratos, la complejidad de los requisitos para los solicitantes y las pocas perspectivas de crecimiento en el ámbito académico desalientan tanto a los investigadores locales como a los extranjeros.

Además, es fundamental modernizar los instrumentos para acceder a fondos para la investigación: la cantidad de publicaciones en revistas indexadas no puede ser el principal indicador para juzgar el valor de un investigador. Por ejemplo, hay disciplinas tecnológicas donde se prioriza la publicación de conferencias, ya que los tiempos de la publicación en revistas son más lentos que el propio avance de la tecnología.

Finalmente, es necesario flexibilizar unos sistemas de solicitud de becas y subvenciones que siguen encasillados en clasificaciones antiguas que dejan fuera trabajos interdisciplinarios, precisamente de donde suele surgir la innovación. En ciertos campos tecnológicos, como la inteligencia artificial y la ciencia de datos, las universidades se enfrentan a una fuga de cerebros si no colaboran proactivamente con la industria.

La inversión pública es vital para desarrollar innovación disruptiva en el largo plazo. Pero no basta con financiar a investigadores. La innovación y, sobre todo, la transferencia tecnológica requieren en segundo lugar de un ecosistema. Suele pensarse que la innovación es siempre fruto de una genialidad, pero lo cierto es que tiene más que ver con el intercambio continuo de conocimiento y la capacidad para preservarlo, compartirlo y fomentarlo.

Quizá Silicon Valley sea el ejemplo más conocido —aunque no exento de problemas—, donde las universidades, los agentes de inversión (desde los llamados business angels hasta los grandes fondos de inversión), las incubadoras, las aceleradoras, las personas con experiencia que ejercen de mentores y hasta los medios especializados y los influencers —y esto incluye un amplio abanico que abarca incluso la revista Wired o las conferencias TED— contribuyen a que la investigación acabe en manos de la gente en forma de productos que se consumen en todo el mundo.

Las spin-offs españolas o incubadoras especializadas, por ejemplo el Collider de Barcelona, por más que se esfuercen, necesitan del resto de los actores, de un ecosistema de innovación para alcanzar transferencia de impacto.

Por último, y lo más importante: la innovación solo es viable en una cultura que mira sin aversión al riesgo y al fracaso. No tiene sentido exigir innovación y al mismo tiempo penalizar siempre que no se haya logrado el éxito. Eso solo lleva a la parálisis.

Las políticas para catapultar la innovación tienen que contar con el acuerdo de los partidos políticos, porque el progreso de un país debería ser un objetivo común y a largo plazo. No hay peor enemigo para impulsar la innovación que un país polarizado.

Mara Balestrini es doctora en Ciencias de la Computación por University College London.

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Un aula vacía en una escuela rural.

La pasividad de América Latina ante la catástrofe educativa

Si el cierre de colegios continúa, la pobreza educativa seguirá creciendo y las oportunidades se concentrarán en unos pocos privilegiados

Alejandro Gaviria EN El País, 150421

El cambio social casi siempre es incremental. Toma tiempo. Décadas incluso. Ocurre con frecuencia de manera invisible, por fuera de los escenarios públicos, los grandes debates y los titulares de la prensa. Así ocurrió en América Latina durante buena parte de este siglo, entre los años 2005 y 2019 aproximadamente. Antes de la llegada de la pandemia.

En el período en cuestión, la desigualdad disminuyó en la mayoría de los países de la región. En los grandes y en los pequeños. En los gobernados por la izquierda y por la derecha. Este hecho ha sido documentado de manera minuciosa por decenas de investigadores sociales. La magnitud del descenso fue notable.

En un país de alta desigualdad como Brasil o Colombia, el ingreso percibido por el 10% más rico pasó de ser 60 veces el ingreso correspondiente al 10% más pobre a ser 40 veces. América Latina siguió siendo la región con más desigualdad del mundo. Pero el progreso distributivo fue el mayor de la accidentada historia económica de la región.

Las causas de los fenómenos sociales siempre son difíciles de desentrañar. Suelen superponerse y confundirse. Pero una de las causas preponderantes de la disminución de la desigualdad fue el avance educativo. Más jóvenes pudieron acceder a la universidad, completar su educación secundaria o recibir algún tipo de educación técnica. La educación contrarrestó en parte los efectos regresivos de la transformación tecnológica y la apertura financiera.

El avance educativo disminuyó los retornos a la educación superior, esto es, diluyó parcialmente los privilegios de los más educados, redujo las brechas salariales que en América Latina parecen más un abismo. El progreso distributivo fue parcial, incompleto, pero mostró al menos una senda hacia unas sociedades más justas. Puso de presente la importancia de la educación.

La pandemia podría borrarlo todo. Buena parte de las escuelas y colegios de la región llevan un año cerrados. Según el Banco Mundial, la pobreza educativa, que mide el porcentaje de niños que no cumplen un requisito mínimo de lectura a los diez años, podría pasar de 51% a 62% en América Latina.

En parte como consecuencia de la deserción escolar, en parte como consecuencia de la falta de aprendizaje. Si el cierre de colegios continúa, la pobreza educativa seguirá creciendo. Las oportunidades se concentrarán en unos pocos privilegiados. La pandemia y las medidas adoptadas estarían decidiendo por adelantado la vida de millones de personas.

Un estudio reciente de la OCDE revela un dato inquietante. Los países con peores resultados en las pruebas PISA, que miden el aprendizaje en lenguaje, matemáticas y ciencia de jóvenes de 15 años, son los mismos que han mantenido los colegios cerrados por más tiempo. Los países de América Latina son paradigmáticos.

Muestran peores resultados históricos y mayores cierres pandémicos. Es como si existiera una especie de resignación, de pasividad inexplicable sobre el cierre parcial de la educación, en particular de la educación pública y sobre todo de la educación rural.

Incluso buena parte de los políticos llamados progresistas se muestran indiferentes. Hay una suerte de apatía parlamentaria. Las voces de protesta son pocas y aisladas. En Colombia, al menos, las agremiaciones de maestros parecen ocupadas en denigrar la educación pública y obstaculizar cualquier intento de apertura.

La sociedad civil ha levantado su voz, ha señalado con algo de timidez las consecuencias de corto plazo, los problemas de salud mental, nutrición, violencia intrafamiliar y desempleo femenino. Pero los cierres probablemente continuarán por meses. Políticamente parece existir un equilibrio paralizante. América Latina decidió en buena medida darle la espalda a la educación.

La pandemia tendrá consecuencias políticas, económicas y sociales de larga duración. Resulta difícil anticipar su magnitud. Pero la desigualdad probablemente volverá aumentar. Los cambios incrementales del pasado desaparecerán rápidamente. La educación ya no contrarrestará las fuerzas regresivas del cambio técnico y la competencia global.

Por el contrario, las amplificará. Millones quedarán por fuera de las oportunidades y de cualquier forma de esperanza. No se necesita ningún poder de clarividencia para anticipar este resultado. La pasividad de la región ante la catástrofe educativa se traducirá en sociedades más desiguales, más polarizadas y menos justas.

Alejandro Gaviria es exministro de Salud y Protección Social de Colombia y rector de la Universidad de los Andes.

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Hace 15 días se nos ha muerto un mito de la infancia. Lo decía Fausto Fernández en Twitter. Lee Aaker, a quien todos recordamos como el cabo Rusty, el de Tin-tin-tin.

Tonnntos del 15, jueves

Santiago González en su blog, 180421

Irene Montero hacía profesión de fe republicana con un tuit en el que decía: “No hay dos sin tres. Porque fueron, somos; porque somos, serán”. Ya han sido tres. Twitter colgaba la foto del macho alfalfa de Galapagar, acompañado por: 1) Dina 4, 2)Tania y 3) la propia Irene. No sabemos si habrá una cuarta, aunque todo podría ser.

La gran Ignacia de Pano proponía lo que ella llama ‘una encuesta artística horizontal’: ¿De qué orden será la columna tras la que se va a mandar en breve a Irene Montero? De momento parece que va ganando el corintio, con el 45%, seguido por la de orden jónico, con el 29% y el dórico, con el 26.

Ayer fue el día de la 2ª República, el nonagésimo o noventavo para Irene y teniendo en cuenta su desenlace no se entiende muy bien que tenga quien la añore, como para que el ignaro Sánchez se refiera a ella como “vínculo luminoso con nuestro mejor pasado”. Pero tampoco es grave la cosa. También era el día del bocadillo de calamares y El Mundo proporcionaba las mejores 9 pistas en Madrid.

Y hoy, día 15, el indigno ministro del Interior, el único que de verdad está a la altura de su jefe, sigue sin dimitir, pese a la somanta dialéctica que le propinó una Macarena Olona incontenible, desbordada, impresionante. Busquen los ocho minutos de su intervención en Youtube. El pequeño Marlasca caerá. Y caerá por sus subordinados, como le repitió la portavoz de Vox.

Shepherdcillo retomaba una alusión que hacíamos ayer a la pistolera y su desdichado invento de la pobreza menstrual: “Tras la pobreza energética y la pobreza menstrual, a saber qué nuevas pobrezas nos esperan: pobreza de movilidad,(no tengo para gasolina o el autobús) pobreza digital (no me llega para pagar internet y el móvil) pobreza recreativa (no me llega para el cine).

Francisco anotó en mi blog:

Lo importante es la pobreza menstrual, pero si se puede tener pobreza menstrual, ¿es posible la pobreza prostática o la estenosis de epidídimo? Estoy desolado

Oveja churra dijo:Sánchez ha prometido la creación de 800.000 puestos de trabajo. Como Felipe González en 1982. La obsesión de este tío por el plagio no tiene remedio

Chigorin se mostraba posibilista:Bueno, pero mientras sigue presentando el mismo plan no hace más daño.

Yo es que con este personaje tengo las expectativas por los suelos, ya pueden perdonar.

luigi dijo:Las mentiras del barbero; Ivan Redondo, un vendedor de crecepelo que usa peluquín.

El Capitán dijo:«El plan económico más ambicioso y trascendental de la reciente historia de España. La mayor oportunidad desde su entrada en la Unión Europea hace 37 años».

Las matemáticas tampoco es lo suyo. Si entramos en 1986 y estamos en 2021 a mí me sale 35.

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Toni Cantó, junto a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.
Toni Cantó, junto a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso.J.C.H.EFE

Polémica decisión del Constitucional sobre Toni Cantó

El TC optó por la interpretación menos favorable al ejercicio de la participación política de Toni Cantó y Agustín Conde

Editorial de El Mundo, 160421

CUANDO faltan tres días para que dé comienzo la campaña electoral, la batalla por Madrid se ha cobrado ya las primeras víctimas políticas. Es cierto que la exclusión de Toni Cantó y Agustín Conde de las listas del PP para los comicios del próximo 4 de mayo ha sido decisión final del Tribunal Constitucional, pero el inequívoco posicionamiento de la Fiscalía sobre la que Sánchez dice mandar a favor de los intereses del PSOE alimentan la sospecha de una posible politización del caso.

La Fiscalía solicitó al TC que aceptara los argumentos del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 5 de Madrid, que había revocado tras una impugnación de Ángel Gabilondo el visto bueno de la Junta Electoral Provincial a la candidatura de ambos políticos, al considerar, siguiendo la ley electoral de la Comunidad de Madrid, que solo puede ser candidato quien esté incluido «en el censo electoral vigente».

Es decir, el de 1 de enero de 2021, cuando ni Cantó ni Conde estaban censados. En su recurso de amparo ante el TC, el PP esgrimía sin embargo que, al tratarse de un derecho fundamental, no se debía adoptar el criterio más restrictivo sino el más favorable al ejercicio del derecho al sufragio pasivo de cualquier ciudadano, que se recoge en la Constitución. Y que los requisitos para ser candidato deberían reunirse no el día en el que se presentó la candidatura, sino el día de cierre del censo electoral aplicable.

En una polémica decisión, un TC fuertemente dividido (con tres magistrados a favor y otros tres en contra) decidió optar por la interpretación menos favorable al ejercicio de la participación política de Toni Cantó y Agustín Conde. Tuvo que ser el voto de calidad del presidente, Juan José González Rivas, el que inclinase la balanza a favor de la desestimación del recurso de amparo presentado por el PP.

Resulta paradójico que los tribunales europeos permitiesen que Carles Puigdemont, un prófugo de la Justicia española huido y asentado en Waterloo, pudiese presentarse a las elecciones al Parlamento europeo y que nuestro tribunal de garantías haya decidido anteponer el criterio técnico que fija una ley electoral autonómica al derecho de dos ciudadanos a poder presentarse libremente a unas elecciones. No cabe duda de que se trata de dos situaciones distintas, pero es cierto que una parte importante de la doctrina jurídica es partidaria de favorecer siempre el ejercicio y el desarrollo de los derechos fundamentales.

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Alterar o curar, el dilema

Federico de Montalvo Jääskeläinen en

La noticia acerca de la generación de quimeras de células madre humanas inyectadas en embriones de mono no supone en sí mismo una gran novedad, en la medida que la creación de híbridos citoplasmáticos o entidades afines en la investigación es algo que viene ya desarrollándose desde hace varios años.

Incluso, se trata de un fenómeno no extraño en nuestro entorno, en el que, por obra de la propia naturaleza o de la mano humana, los seres híbridos no son tan irreales (las mulas son ejemplo paradigmático), aunque tampoco tan comunes. La novedad, ahora, estaría en que se ha hecho por un tiempo superior a los 20 días de evolución del embrión, aunque anterior al desarrollo del sistema nervioso central, como exige el consenso internacional.

Obviamente, el objetivo de esta concreta investigación no es avanzar hacia la creación de un mundo rodeados no solo de especies animales, sino también de seres híbridos, humanos-animales, sino, nada más lejos de ello, para entender mejor nuestra evolución celular. Es decir, el fin es plausible, porque se muestra como una promesa en el avance de la lucha contra la enfermedad.

Tal logro científico vuelve a poner en el centro del debate cuáles son los límites éticos de la investigación. Los propios autores del hallazgo afirman que la Ética debe ser indispensablemente atendida a la hora de avanzar en ámbitos como éste de la creación de estas quimeras.

Y ello, nos plantea la pregunta no tanto de qué podemos hacer, sino de qué debemos hacer. Una visión puramente utilitaria que solo atendiera a los fines nos informaría contundentemente a favor de seguir avanzando y de no poner excesivos obstáculos éticos. Pero la Ética no se pregunta tanto por los fines, sino fundamentalmente por los medios para lograrlos y aquí es donde comienzan los problemas.

En términos metafóricos, jugar a ser dioses es extremadamente atractivo para los seres humanos, o al menos para algunos, siendo todos nosotros, disruptivos por naturaleza. Ya decía Camus que el ser humano es la única criatura que rechaza ser lo que es o, como escribiera Fletcher, somos fabricantes, diseñadores y seleccionadores, y cuanto más racional y artificialmente es algo, más humano es.

Y Santo Tomás afirmaba que, siendo la ciencia la perfección del hombre en cuanto hombre, la ciencia es el bien del hombre. Pero el gran filósofo Jurgen Habermas también nos recuerda con acierto que la gran pregunta es si queremos intervenir en el ser humano como un incremento de la libertad necesitado de regulación normativa o como una autoinvestidura de poderes para llevar a cabo unas transformaciones que dependan de las preferencias y no necesiten de ninguna autolimitación.

Y obviamente, el logro del que esta semana se nos da cuenta no parece buscar la alteración de la naturaleza humana. Sin embargo, el problema radica, como nos expresa el dilema del dual use, doble uso en nuestra lengua, que lo importante que debe plantearse el científico hoy en día no es para qué pretende que se usen sus logros e invenciones, sino para qué pueden ser usados.

En el desarrollo de la Ciencia debe atenderse no solo a los fines principales a los que se pretende destinar, sino también a la posibilidad de utilizarse para dañar al ser humano. El dilema surge para el investigador debido a las acciones potenciales de otros, no a las suyas propias.

Y todo lo dicho enlaza con una cuestión más y no menos relevante que nos sugiere este nuevo logro: ¿Por qué estos experimentos se hacen lejos de Europa, y, en muchas ocasiones, en países que no disponen de robustos sistemas éticos y legales?

¿es por razones estrictamente económicas, científicas..? Que cada uno responda como considere oportuno, porque en estos cambiantes tiempos creemos que lo importante no radica en las respuestas, sino en tratar de encontrar las preguntas adecuadas.

Federico de Montalvo Jääskeläinen, presidente del Comité de Bioética de España 

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Francisco Largo Caballero, en 1927.
rancisco Largo Caballero, en 1927. Bibliothèque nationale de France

Ni largo ni caballero

Buena parte de la izquierda tiende a creer que haber perdido la guerra y haber sufrido el consiguiente exilio exime a los suyos de las responsabilidades políticas, personales o penales en las que hubieran podido incurrir

Andrés Trapiello en El Mundo, 160421

ANTEAYER se celebró el nonagésimo aniversario de la proclamación de la Segunda República y este periódico publicó un excelente reportaje de Lucía Núñez y Carlos Salas. Dieron estos a conocer una entrevista extraviada de Largo Caballero en La Prensa de Nueva York, febrero de 1936.

El dirigente socialista anuncia en ella la «Unión de Repúblicas Soviéticas de la Península Ibérica, abarcando toda España y posiblemente Portugal también». La parte enternecedora de aquel propósito es la lírica, ese posiblemente.

Claro que la lírica posiblemente no hubiera bastado y habrían tenido que recurrir a la épica: en Portugal gobernada Oliveira Salazar, un dictador y futuro aliado de Franco. Por lo demás, en esa entrevista nada que no supiéramos:

Franco dio su golpe de Estado el 18 de julio porque Largo Caballero no pudo darlo el 17. Al News Chronicle de Londres había declarado días antes: «La solución para España, un baño de sangre», y «habrá Soviet en España en cuanto caiga Azaña», le había dicho a Edward Knoblaugh, corresponsal de la Associated Press que pasó la entrevista a La Prensa.

Como es natural, Núñez y Salas recaban la opinión de algunos historiadores. De derechas, de centro y de izquierda. En estos asuntos, por querencia y por afición, suele uno empezar con los de izquierda. Paul Preston. Siempre hay que leer a Paul Preston. Es una garantía.

Casi nunca defrauda: si puede y le conviene, escamoteará la verdad o la manipulará. Cuántas veces le habremos sorprendido haciendo con los hechos lo que los trileros con la bolita de pan y los tres naipes. ¿Qué dice, qué hace Preston en esta ocasión? Matar al mensajero: «Knoblaugh era de derechas y siempre le interesaba la noticia sensacional más que la verdad exacta.

O sea, como mínimo, era bastante frívolo, por no decir descaradamente deshonesto». A continuación, es verdad (volveremos sobre ello), declara Preston que no tiene de «la inteligencia política de Largo Caballero una opinión muy positiva». Es lo que me pasa a mí con Preston. ¿Y qué? ¿Qué tiene que ver la inteligencia con los hechos?

Como tal vez recuerden, hace unos meses el Ayuntamiento de Madrid, de derechas, acordó desmontar el monumento de Largo Caballero. Lo hizo, para más inri, aplicando una ley de Memoria Histórica aprobada por un gobierno de izquierdas. Gran revuelo (duró unos días). 250 historiadores («¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?», se preguntaba Jardiel Poncela; ¿hay 250 historiadores?, se preguntará cualquiera) protestaron enérgicamente.

Al frente se puso, cómo no, al adalid Paul Preston. Sus declaraciones fueron no ya líricas, no ya épicas; son… dramáticas: «A Largo Caballero se le podría acusar de ser un político incompetente, pero no de ser un asesino». Bien, y si es un político incompetente, ¿por qué se le hizo un monumento (por cierto, tremendo, pavoroso)? ¿Basta con no ser un asesino para tener en Madrid calle o estatua? Es posible, sólo hay que repasar un plano de esta ciudad.

Hace dos o tres años participó uno en un acto sobre la Memoria Histórica con Paco Vázquez, ex alcalde socialista de La Coruña. Contó entonces lo que Tierno Galván, alcalde de Madrid, explicó a los compañeros que exigían desmontar la estatua de Franco tras el 23-F: era una temeridad, pero les resarciría con una de Largo Caballero. Se apaciguaron. A los pocos años desapareció la de Franco, pero la de Largo Caballero, el orondo «Lenin español», siguió en su sitio.

Buena parte de la izquierda, políticos o historiadores, tiende a creer que haber perdido la guerra y haber sufrido el consiguiente exilio exime a los suyos de las responsabilidades políticas, personales o penales en las que hubieran podido incurrir. Y, sí, Largo Caballero fue un incompetente… Por suerte la revolución bolchevique que intentó de todas las maneras no le salió. El baño de sangre le salió mejor, eso sí. De eso, Paul Preston, es de lo que hemos de tratar. No de si el periodista era o no de derechas, no de la inteligencia de Largo Caballero.

A propósito: La Prensa. Núñez y Salas no lo cuentan, quizá no conozcan el dato. Sí lo conocerán los amigos de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. El hermano de esta, amigo personal de Roosevelt, era el propietario de ese influyente medio en la comunidad hispana neoyorquina. Un periódico que defendió la legalidad republicana.

A través de él organizaron el matrimonio Jiménez las colectas pro-niños republicanos. Después se fueron a Puerto Rico. Acabaron en la universidad a las órdenes de Serrano Poncela, implicado en las matanzas de Paracuellos. JRJ. se negó a rendirle pleitesía: «No he llegado hasta aquí para darle la mano a un asesino».

Y, créame, Paul Preston, es poco probable que se la hubiera dado a Largo Caballero, «un cretino en traje bananero» (Chaves Nogales) y presidente de gobierno cuando los Jiménez, Chaves o Clara Campoamor tuvieron que huir de la República y de España para salvar sus vidas.

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El Gobierno bajará del 21% al 4% el IVA de la prensa y libros ...

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Vídeos 

¿Por qué el domingo seremos más libresen estado de Alarma? Con Negre, Balcarce, Santos y https://youtu.be/.160421.

Ambiente en Moratalaz en el mitin de Javier Ortega Smith. 160421.

Humor

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Viñeta de Gallego y Rey en El Mundo, 1160421

 

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